23128(22-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23128   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 051.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veintidós (22) de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del incriminado  FREDY     ONETH    MARTINEZ    BEJARANO,  contra  la  sentencia  de segundo grado proferida por el Tribunal  Superior  de Quibdó el 10 de agosto de 2004, confirmatoria de la dictada por el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Riosucio  el  28  de  mayo de la referida  anualidad,  por  cuyo  medio  lo  condenó como autor penalmente responsable del  concurso   de   delitos   de   falsedad  ideológica  en  documento  público  y  hurto.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Durante  los  meses  de   abril      y     mayo     de     1997,     FREDY      ONETH       MARTINEZ       BEJARANO,   en   su   condición  de Secretario Judicial  II  de  la Unidad de Fiscalía Seccional de Riosucio (Chocó), ordenó a la Caja  de  Crédito Agrario, Industrial y Minero del mismo municipio, la devolución de  los  depósitos  judiciales  que  por  concepto  de  cauciones prendarias fueron  consignados   a   nombre  de  la  referida  autoridad  dentro  de  los  procesos  adelantados  contra Luis Henry Montoya Ospina, Jorge E.  Lozano  Díaz,  Celestino  Quinto Cuesta y Humberto Polo Mena.   

          Para    tal    efecto,    FREDY    ONETH  MARTINEZ  ordenó  que  el  dinero  fuera  entregado a  Ismene  Vide  Andrade,  Rosmira Rodríguez  y  Aura  del  Carmen Dávila, amigas suyas, como en efecto ocurrió.   

Posteriormente, mediante un anónimo remitido  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  fueron  puestas  en  conocimiento la  referidas  irregularidades,  las  cuales  ya  habían  sido  detectadas  por  la  empleada    judicial    Deissy    Yaneth    Palomino  Carreño, encargada del manejo de los libros contables  en la Unidad de Fiscalía inicialmente mencionada.   

Una vez dispuesta la investigación previa y  luego  de  practicar algunas pruebas, la Fiscalía Seccional de Quibdó declaró  abierta  la instrucción el 27 de diciembre de 2001, en cuyo desarrollo vinculó  mediante   indagatoria   a   FREDY   ONETH   MARTINEZ  BEJARANO.   

Cerrada  la  investigación,  el sumario fue  calificado  el  14  de noviembre de 2002 con resolución de acusación en contra  del   procesado  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y hurto, providencia confirmada en segundo  grado  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Quibdó  mediante resolución del 28 de enero de 2003.   

La  etapa procesal correspondiente al juicio  fue  adelantada  por  el Juzgado Promiscuo Penal del Circuito de Riosucio, donde  una  vez  surtido  el  rito correspondiente se profirió fallo el 28 de abril de  2004,  a  través  del  cual  condenó  a  FREDY ONETH  MARTINEZ  BEJARANO  a  la  pena principal de cinco (5)  años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  como  autor penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  por  el  cual  fue acusado. En la misma  decisión   lo   condenó  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios.   

Al   conocer  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  el  fallo  de  primer  grado, el Tribunal  Superior  de  Quibdó  lo confirmó mediante sentencia del 10 de agosto de 2004,  misma  que  ahora  objeto de recurso extraordinario de casación interpuesto por  el    defensor   de   MARTINEZ   BEJARANO.   

LA DEMANDA  

El recurrente formula un solo cargo contra el  fallo  de  segundo grado por violación indirecta de la ley sustancial, producto  de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  de la prueba  documental.   

          En   punto   de   la   demostración   del  reproche  formulado,  el  casacionista  refiere  que  el  Tribunal  aceptó  la  comisión del concurso de  delitos  imputado  al  procesado,  por  considerar  que  se  trató  de acciones  independientes  y autónomas con capacidad para producir una finalidad buscada y  por  ello  concluyó en el fallo que hubo tantos delitos de falsedad ideológica  como  oficios  dirigidos  a  la  Caja  Agraria; no obstante, aduce el censor, el  Tribunal  se  abstuvo  de  exponer  en  forma pormenorizada las razones de tales  conclusiones.   

          Alega  que  el legislador penal de 1980 adoptó el sistema finalista  alemán  y  no  el  formalista  francés, como en efecto fue reconocido por esta  Sala  en auto del 31 de marzo de 1987 con ponencia del Magistrado Gustavo Gómez  Velásquez,  de  donde concluye que el proceder de su representado corresponde a  un  concurso  aparente  de  tipos penales, el cual debe solucionarse mediante el  principio  de  consunción, a fin de advertir que la elaboración de los oficios  081  y  082  del  29  de  abril  de  1997 y 126 de mayo 28 del mismo año, sólo  constituyen   un   acto   intermedio  del  “proyecto  presuntamente delictivo”.   

          De  acuerdo  con  lo  anterior  concluye  que la elaboración de los  citados  oficios  constituye  un  acto  de los muchos que integraban la conducta  final  de  apropiarse de los valores contenidos en los títulos judiciales y que  por  tanto,  no estructura un proceso de adecuación típica independiente, dado  que  tanto  su  desvalor  de  acción  como  de resultado queda subsumido por el  desvalor correspondiente al delito contra el patrimonio económico.   

          Agrega  que  la  elaboración  de  los  oficios constituía un medio  necesario  para apoderarse de los dineros contenidos en los títulos judiciales,  motivo  por  el  cual  estima que su asistido sólo cometió el delito de hurto,  que  constituía  el  “fin último perseguido por el  sujeto activo”.   

También  afirma  que  el delito de falsedad  ideológica  en documento público requiere que el agente lo cometa en ejercicio  de  sus  funciones,  circunstancia  que  no  se  presenta en este asunto, pues a  FREDY  ONET  MARTINEZ  no le  había  sido  confiada la facultad de librar tales comunicaciones, habida cuenta  que  “la emisión de oficios con contenidos inexactos  o  espurios  no  podían formar parte de la órbita funcional de su competencia,  motivo  por  el  cual  tales conductas no pueden reputarse como actos propios de  las  funciones  o  atribuciones  oficiales  a  él expresamente asignadas por la  Constitución,       la       ley       y       los      reglamentos”.   

          Para  concluir  expone  que  las  orientaciones  de la doctrina y la  jurisprudencia  sobre  el  delito  medio  y  el  delito fin configuran una regla  científica  que  fue  desconocida  por los falladores, omisión que engendra el  error de raciocinio denunciado.   

Con base en lo expuesto, el defensor solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado, para en su lugar, absolver a su asistido  “por  el delito de falsedad ideológica en documento  público”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Encuentra  la  Sala  que  las incorrecciones  técnicas  del  libelo  comienzan  con la omisión de los preceptos sustanciales  que   el  impugnante  estima  quebrantados  de  manera  indirecta,  pues  si  de  conformidad  con  la preceptiva contenida en el numeral 1º del artículo 207 de  la   Ley   600   de   2000,  este  medio  impugnaticio  procede  “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una  norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), es claro  que   la   cita   de   la   disposición  que  se  considera  vulnerada  resulta  imprescindible     (numeral     3º     del     artículo    212    ejusdem).   

Como  el  defensor  postula  el reproche por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  oportuno  se  ofrece precisar que tal  especie  de yerro tiene lugar cuando el juzgador al apreciar la prueba quebranta  las  reglas de la sana crítica, caso en el cual para denunciar su ocurrencia le  correspondía  establecer  qué  dice concretamente el medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los  intereses  de  su  representado,  proceder que no  acometió.   

En efecto, el recurrente no indica los medios  de  prueba que fueron indebidamente valorados, ni señala la apreciación de los  falladores  sobre el particular. Tampoco identifica el principio lógico, la ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  que fue desconocida, pues sólo se  refiere  a  “las  orientaciones que sobre la materia  nos  ha  suministrado  la jurisprudencia y la doctrina, particularmente sobre lo  que  es  el  delito  medio  y el delito fin”, pero no  desarrolla  de  manera  alguna su propuesta, al punto que no expone en qué  consisten      “las     orientaciones”  que  considera  relevantes  para  este asunto, omisiones que le  impiden   tanto   presentar   con   claridad  su  reproche,  como  comprobar  la  configuración  del  error  junto con su trascendencia en el fallo y a la postre  conducen a la inadmisión del cargo.   

Por tanto, si este recurso extraordinario no  puede  ser  sustentado  a través de un escrito de libre formulación, en cuanto  es  preciso  que  la  postulación  y  desarrollo de los yerros se construya por  parte  de  los demandantes de acuerdo con las reglas legales y jurisprudenciales  suficientemente  definidas  sobre  cada  una de sus vicisitudes, observa la Sala  que  el  defensor  no  se  percata de tal rigor y, sin más, postula un error de  apreciación  probatoria,  pero  dirige  su  esfuerzo  a  acreditar  un yerro de  índole  exclusivamente  jurídica,  el  cual  debía  postular  al amparo de la  causal  primera de casación, cuerpo primero, esto es, por violación directa de  la  ley  sustancial,  asumiendo desde luego, las rigurosas exigencias de una tal  censura.   

         Ahora,  si  lo  pretendido  por  el defensor era alegar la falta de  motivación  del  fallo en punto del concurso de delitos contra la fe pública y  el    patrimonio   económico   por   el   cual   fue   condenado   FREDY   ONETH  MARTINEZ,  vicio  que  no  corresponde  a  un  error  de  juicio  sino  de  actividad,  debía  plantear la  violación  del  debido  proceso por defectos de motivación en cargo separado y  guardando  el principio de prioridad, en cuya acreditación debía establecer si  la  irregularidad  se  estructuró  por  ausencia  de  motivación,  motivación  incompleta,  motivación  dialógica  o  ambivalente,  o  sofística o aparente,  acreditando  a  la  par  su  trascendencia en cuanto atañe a la vulneración de  garantías  de  su  asistido,  proceder que no emprendió, motivo adicional para  inadmitir el reparo.   

Así  las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no somete su libelo a las reglas dispuestas para postular y demostrar el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, de acuerdo con el  principio  de  limitación  que  gobierna  el trámite casacional la Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar  las falencias de tal escrito, se impone de  plano  la inadmisión del libelo de conformidad con lo dispuesto en el artículo  213 de la Ley 600 de 2000.   

          Finalmente  es  oportuno  señalar  que  la Sala no advierte que con  ocasión  de este proceso o del fallo objeto de reproche se hayan quebrantado de  manera  alguna los derechos o garantías del procesado  MARTINEZ  BEJARANO,  como  para  que  tal  circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa que  sobre  el particular le confiere el legislador en punto  de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado FREDY  ONETH  MARTINEZ  BEJARANO,  por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria    

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