23118(18-01-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23118  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°   002   

         

Bogotá,   D.   C.,    dieciocho (18) de enero de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario  de   casación   excepcional   interpuesto   por  el  defensor  de  LUIS  ÁNGEL  TORRES  GÓMEZ  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia dictada por  el Juzgado Catorce Penal del  Circuito,  fechada el 18 de junio de 2004,  que al confirmar la emitida por  el  Juzgado  Cincuenta  y Tres Penal Municipal el 19 de abril de ese mismo año,  lo  condenó  a las penas principales de 16 meses de prisión y multa de $1.300,  oo  a  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al pago de  perjuicios,   como   autor   de  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  agravado.   

  H   E   C   H   O  S   

La  Procuraduría  Tercera Delegada para la  Casación Penal los sintetizó de la siguiente manera:   

“A través de la  denuncia  instaurada  por  el señor José Jaime Rojas, se tuvo conocimiento que  Gerardo  Enciso, Inés Garzón, Carlos Julio Enciso y Carmen Beatriz Herrera, le  otorgaron  poder  al  abogado  LUIS  ÁNGEL TORRES GÓMEZ para que reclamara las  prestaciones  al Balneario Los Guaduales de Villeta (Cundinamarca), de propiedad  del  Sindicato de Trabajadores de la Beneficencia de Cundinamarca, derivadas del  proceso  laboral ordinario que cursó ante el Juzgado Doce Laboral del Circuito,  el  cual, culminó con la audiencia de conciliación celebrada el 4 de diciembre  de 1995.   

“Las  pretensiones  de  la  demanda  se  conciliaron  por  la suma de $13.187.000, que fue cancelada así: $4.187.000, al  momento  de  firmar  el acta y dos letras de cambio por valor de $4.500.000 cada  una,  para  ser  cobradas el 12 de abril de 1996 y el 16 de julio de 1996.   Pese  a  que  los  poderdantes  no  fueron  informados  sobre  este  acuerdo, se  enteraron  de  lo  ocurrido cuando acudieron al despacho judicial, razón por la  cual  se  presentaron  a  la  oficina  de su apoderado para que les entregara el  monto  que  les  correspondía  por  los  $4.187.000,  pero éste se negó y les  manifestó  que  la  contraparte  le había entregado esa suma como honorarios y  que  de  las  letras  de  cambio  giradas  iba  a  descontar el 30% a título de  honorarios, desconociendo así el pacto que habían hecho.   

“Más  adelante, cuando el abogado TORRES  GÓMEZ  recibió  el  pago de las dos letras de cambio, no solo insistió en que  los  $4.187.000  inicialmente  recibidos  correspondían a los honorarios que le  entregó   la   entidad   demandada,   sino  que  de  los  $9.000.000  restantes  descontaría  un  30%,  razón por la cual el 1 de marzo de 1997 se instauró la  querella en su contra.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Después     de     una   investigación    preliminar,   la   Fiscalía   Local   24    de    la   Unidad    Segunda   de   Delitos   Querellables   de   Bogotá,   el   28   de   mayo  de   1998,   declaró   la  apertura  de  la   instrucción.   

En   vista  de  que  no  fue  posible  la  comparecencia  del  procesado   Luis Ángel Torres Gómez para que rindiera  indagatoria  pese  a las múltiples citaciones, se ordenó su emplazamiento y el  18  de  febrero  de 1999 se le declaró persona ausente y se le nombró defensor  de oficio.   

Mediante  resolución  del  20  de  agosto  de   1999, se resolvió la situación jurídica a Luis Ángel Torres Gómez  con  medida  de  aseguramiento  de  caución prendaria por el delito de abuso de  confianza,  decisión  que confirmó en su integridad la Fiscalía Delegada ante  el   Tribunal   de   Bogotá   y   Cundinamarca,   el  30  de  agosto  del  año  2000.   

Cerrada  la  investigación, el mérito del  sumario  se  calificó el 22 de febrero de 2001 con resolución de acusación en  contra  del  procesado  Torres  Gómez  por la conducta punible de abuso de  confianza  agravado,  decisión  que  al  ser  recurrida fue confirmada, el 1 de  febrero  de  2002, por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de Bogotá y Cundinamarca.   

El    expediente    pasó   al     Juzgado    Cincuenta    y    Tres    Penal   Municipal   de Bogotá,  que  luego  de  tramitar   el    juicio,    el    19    de   abril   de   2004,    dictó   sentencia   de   primera   instancia   en    la    que    condenó    a    Luis    Ángel  Torres    Gómez    a   las   penas   principales   de   16   meses   de   prisión  y multa  de   $1.300.oo,        a        la       accesoria       de   inhabilitación   para   el   ejercicio  de   derechos   y    funciones    públicas    por    el    mismo   lapso    de    la    pena   privativa    de    la   libertad     y    al    pago    de    perjuicios,   como    autor    del    delito   de    abuso   de   confianza  agravado.   

Apelado  el  fallo  por  el  procesado y su  defensor,  el  Juzgado  Catorce Penal del Circuito de Bogotá, el 18 de junio de  2004, lo confirmó en su integridad.   

El  7  de  septiembre  de  2006,  la  Corte  admitió  la  demanda  de  casación  excepcional.  Emitido  el  concepto  de la  Procuraduría,   se   procede   a   desatar  la  impugnación  propuesta,  así:   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del procesado con base en las  causales   primera   y   tercera   de   casación   presenta   tres   cargos,  a  saber:   

Primer cargo  

El citado profesional del derecho, basado en  la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  juzgador de segunda instancia de  violar  indirectamente la ley sustancial al incurrir en error de hecho por falso  juicio  de existencia, “que condujeron a la falta de  aplicación  de  los  artículos  6,  60,  61, 83, 84, 249, 267 de la Ley 599 de  2000,  y  a  la  vez  una  aplicación  indebida de los artículos 357 y 372 del  Decreto Ley 100 de 1980”.   

Comenta que a su defendido se le imputó la  apropiación  de  un dinero que le fue entregado mediante título no traslaticio  de   dominio,  concerniente  al  primer  pago  efectuado  por  el  Sindicato  de  Trabajadores  de  Cundinamarca dentro del acuerdo conciliatorio respecto de unas  acreencias  laborales  demandadas,  con  el  argumento  que  el dinero apropiado  correspondía  a  honorarios  y  agencias en derecho cuya acreencia le competía  exclusivamente a él.   

Sostiene  que  si  el reproche se encuentra  encaminado,  “a  la  apropiación  de los iniciales  $4.187.000,  que  recibió  desde el 4 de diciembre de 1995, fecha desde la cual  se  produjo  la  apropiación”,  en consecuencia, a  partir  del  momento  indicado,  se  comienza  a  contabilizar  el  término  de  prescripción de la acción penal.   

Resalta  que  en  virtud  del  principio de  favorabilidad,  la  punición  establecida  para el delito de abuso de confianza  agravado  por  la  cuantía  en  los artículos 267 y 249 de la Ley 599 de 2000,  comporta  un  máximo  de  seis años, motivo por el cual resulta más favorable  que  la  reglada por el Decreto Ley 100 de 1980, norma vigente para la época en  que se cometió el delito.   

En  atención  a lo anteriormente expuesto,  señala  que  para  el 4 de diciembre de 2001 había transcurrido el término de  prescripción  contemplado  en la ley para la conducta endilgada a su defendido,  sin   que   se   hubiese   obtenido   la   ejecutoria   de   la  resolución  de  acusación.   

Así mismo, señala que en el presente caso  el  término  de prescripción operaría a los 30 meses de haberse producido los  hechos,  puesto  que,  en  su  criterio,  el  delito  en mención debe sopesarse  respecto  del primer cuarto de punibilidad regulado para esta conducta, esto es,  de  16  a  36  meses  de  prisión, en atención a que no existen circunstancias  diferentes  a  la  cuantía,  que generen una mayor punición; no obstante, como  ningún  término  de prescripción puede ser inferior a cinco años, hasta este  tiempo   se  extendería  el  plazo  para  que  el  Estado  ejerciera  su  poder  inquisitivo.   

En   estas   condiciones,  acota  que  la  prescripción  hubiese  operado para el 16 de julio de 2001, considerando que el  término  empezó  a correr a partir del 16 de julio de 1996, fecha para la cual  debió  pagarse  la  última  letra, comoquiera que para ese día se cumplió el  término  de  cinco  años  establecido  en  el  artículo  83  de la Ley 599 de  2000.   

Por  último, señala que el error de hecho  por  falso juicio de existencia denunciado, se evidencia en el numeral 7º de la  denuncia,  los testimonios de Gerardo Enciso Aldana, Carlos Julio Enciso Pubiano  y  José  Jaime  Rojas,  al  igual  que el acta de conciliación celebrada en el  juzgado laboral.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la   sentencia   recurrida  y,  en  su  lugar,  reconocer  la  presencia  de  la  prescripción de la acción penal.   

Segundo cargo  

De  manera  subsidiaria, el citado defensor  acusa  al Tribunal de violar en forma indirecta la ley sustancial al incurrir en  falso  juicio de existencia, “lo que a su vez llevó  a  la  aplicación  indebida  de los artículos 358 y 372 del Decreto Ley 100 de  1980  y a la vez la falta de aplicación de los artículos 10, 32  y 39 del  Decreto 2700 de 1991; y 6º, 34, 35 y 39 de la Ley 600 de 2000.   

Sostiene que siendo el abuso de confianza un  delito  querellable,  la  respectiva  denuncia  fue  presentada  por  fuera  del  término  que  la Ley señala para proceder en dicho sentido, sin que se hubiera  producido   la   preclusión   de   la   instrucción   o   la   cesación   del  procedimiento.   

Así  mismo,  sostiene  que  la  conducta  atribuida  a  su  asistido  fue  cometida  el 4 de diciembre de 1995 y sólo fue  denunciada  mediante querella hasta el 11 de marzo de 1997, lo que evidencia que  transcurrió  un  lapso  mayor  a  un  año  desde  el momento en que comenzó a  contabilizarse  el  término  de  caducidad  de  la  querella, que en virtud del  principio  de  favorabilidad  se establece en seis meses a partir del momento de  ocurrencia   de  los  hechos,  al  tenor  de  lo  reglado  por  la  Ley  600  de  2000.   

Dice  que  la  anterior   afirmación    se    encuentra    soportada    en    la  denuncia    efectuada   por   el   señor   José   Jaime    Rojas,    al    igual    que    en   los   testimonios   rendidos   por   Gerardo  y  Carlos   Julio   Enciso   quienes  dan  cuenta  que  sólo   a    partir    de   marzo   de   1996,   sin   que   mediara  fuerza   mayor  o  caso  fortuito,   tuvieron       conocimiento       de       la       presunta  apropiación.   

En   estas   condiciones,   sostiene    que    la    falta   de   aplicación   predicada  con  fundamento  al  error  de  hecho,   consiste   en  la  omisión  de  los funcionarios   judiciales   en   decretar  la preclusión de instrucción, por cuanto  se   produjo   una   causal   objetiva  que  impedía  iniciar  y  proseguir  el  proceso.   

En  virtud  de  lo  anteriormente expuesto,  solicita   a   la   Corte   casar   la  decisión  impugnada  y,  en  su  lugar,  “producir  cesación de procedimiento por la causal  objetiva de caducidad de la querella”.   

Tercer cargo  

Esta  vez el defensor de Luis Ángel Torres  Gómez,  de  manera  subsidiaria,  al  amparo de la causal tercera de casación,  acusa  a  la  colegiatura de emitir fallo en un juicio viciado de nulidad, yerro  que,  a  su  juicio, produjo la aplicación indebida de los artículos 358 y 372  del Decreto Ley 100 de 1980.   

Aduce  que  la  acusación  denunciada  se  encuentra  fundamentada  al tenor de lo normado por el numeral 2º del artículo  306  del  Código  de Procedimiento Penal, toda vez que se vinculó al procesado  como  persona  ausente,  no  obstante que se tenía conocimiento del lugar donde  podía  ser ubicado, al igual que sus múltiples solicitudes de ser escuchado en  indagatoria.   

Así  mismo,  asevera  que  dentro  de  la  denuncia  formulada  en  contra de su defendido se ofrecen dos direcciones donde  podía  ser  localizado,  al  igual  que  diversos números de teléfonos fijos,  celulares y beeper.   

No  obstante  lo  comentado en precedencia,  acota  que  a  los  folios  13,  16  y  58  se  observan  varias citaciones, sin  constancia  postal, dirigidas a una dirección diferente de las señaladas en la  denuncia, cuyo origen es desconocido dentro del proceso.   

De  igual forma, asegura que su asistido en  reiteradas  oportunidades informó que en momento alguno ha recibido citaciones,  por  lo  cual,  solicitó  ser  escuchado  en  versión  libre,  ofreciendo  una  dirección  para  efectos de notificación, igual a la originalmente relacionada  en la denuncia, es decir, calle 33 No. 18-18.   

Así  mismo,  asevera  que  aunado  a  las  anteriores  irregularidades,  el representante del Ministerio Público solicitó  a  la  Policía  la búsqueda de su defendido, con el propósito de ser superada  la condición de contumaz.   

Luego  trae a colación múltiples escritos  remitidos  a  direcciones equivocadas donde se cita al procesado a comparecer al  despacho  para  posteriormente resaltar que a pesar de los reiterados yerros, se  decidió emplazar a su prohijado.   

En  estas  condiciones,  acota que sólo se  dirigió  la  citación a la dirección correcta cuando el anterior apoderado de  su    asistido    solicitó    que    su    mandante    fuera    escuchado    en  indagatoria.   

Así, respecto de la citación mencionada en  precedencia, dice el casacionista:   

“…se le citó  en  junio  para  que acudiera en julio, no obstante en mayo habérsele vinculado  como  persona  ausente  en  documentos  que  no tienen el orden que se debe a un  proceso  judicial y no guardan coherencia con lo que corresponde a la legalidad,  amén  de  haber  vulnerado  el  derecho a la defensa material del procesado”.   

De  esta  forma,  comenta que se produjo la  definición  de  situación  jurídica  sin  que  a  el  procesado se le hubiera  otorgado  la  posibilidad de defenderse, obviando las múltiples irregularidades  que   rodearon   su   vinculación,  vulnerándose  así,  según  criterio  del  libelista, el derecho a la defensa material y al debido proceso.   

Luego  de citar jurisprudencia de la Corte  Constitucional  donde  se  resaltan  las  garantías  fundamentales  en comento,  solicita  a  la Corte declarar la nulidad del proceso a partir de la resolución  por  medio  de  la  cual  se  decidió vincular a Luis Ángel Torres Gómez como  persona ausente.   

CONCEPTO  DE  LA  PROCURADURÍA  TERCERA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Primer cargo  

Considera  la  Delegada  que  el argumento  central   del  reproche  no  tiene  posibilidad  de  prosperar,  puesto  que  se  estructuró  en  una propuesta alejada de los parámetros legales que regulan el  fenómeno de la prescripción de la acción penal.   

Señala   que  se  encuentra  plenamente  demostrado  dentro  del  diligenciamiento  que  el  procesado  efectivamente  se  apropió  de  $13.187.000,  de  los  cuales, el 4 de diciembre de 1995, recibió  $4.187.000  como  parte  del  acuerdo  conciliatorio  al  que  se  llegó con el  Sindicato  de  Trabajadores  de  Cundinamarca  y, para el pago de los $9.000.000  restantes,  se  le entregaron dos letras de cambio por valor de $4.500.000, cada  una, para ser cobradas el 12 de abril y el 16 de julio de 1996.   

En estas condiciones, colige que contrario  al  entendimiento  del  casacionista,  el último acto de apropiación es el que  debe  tenerse  en  cuenta  para  efectos de la prescripción, en atención a que  tratándose  de  un  tipo  penal  de  ejecución  instantánea,  en virtud de lo  consagrado   por   el   artículo   84   del   Código   Penal,  “´el  término  de  prescripción de la acción comenzará a correr  desde el día de su consumación´”.   

Sostiene  que a pesar de no concretarse en  la  decisión  recurrida  la fecha en que se consumó la conducta punible, ésta  se  puede  deducir  del análisis efectuado por el a quo al momento de concretar  la calificación jurídica de la conducta.   

De  esta forma, resalta que a partir de la  fecha  en  que  se venció el pago de la última letra de cambio, esto es, el 16  de  julio de 1996 hasta el 1 de febrero de 2002 fecha para la cual la acusación  cobró  ejecutoria,  transcurrió  un  lapso de 5 años, seis meses y diecisiete  días,  inferior, inclusive, a los 6 años que, conforme a lo establecido por la  Ley   599   de   2000,   se  requieren  para  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

Así  mismo, agrega que nada tiene que ver  el  sistema  de  cuartos  introducido  por  la  normatividad  penal vigente para  efectos  de  contabilizar  la prescripción de la acción penal, pues, según lo  reglado  por  el  artículo  61,  se  trata  de  una serie de fundamentos que el  operador   judicial   debe   tener   en  cuenta  al  momento  de  determinar  la  pena.   

En   estas   condiciones,   estima   la  Procuraduría   que   el   reproche  no  está  llamado  a  tener  vocación  de  éxito.   

Segundo cargo  

Respecto   de    la            censura         planteada        por           el            recurrente,       recuerda         la    Procuradora    que   según                lo            dispuesto             por           el            artículo        32            del           Código         de   Procedimiento    Penal          de   1991,                 el            escrito         constitutivo      de           la           querella        debe          presentarse      “dentro        del     término   de   un   año,         contado        desde         el     momento     de   la                  comisión       del   hecho   punible”,   razón  por   la                  cual,         estima       que        no       se           cumple         con          el           requisito       temporal        consagrado       en           la           ley          para     postular        esa       causal         de           improseguibilidad,   en           atención        a        que          el     momento     de           consumación      del   ilícito               fue          el           16           de           julio         de           1996          y   la  denuncia               fue          presentada        el       10           de           marzo         de           1997.   

De  igual  forma, resalta que no obstante  resultar  la  Ley  600  de  2000  más  favorable  en el aspecto deprecado en el  libelo,  la  Corte ha señalado que frente a situaciones jurídicas consolidadas  no  es  posible acudir a la aplicación retroactiva de la ley más benigna a los  intereses  del  procesado,  motivo  por  el  cual, considera que la normatividad  aplicable  al  caso  es  el  Decreto  2700 de 1991.   

En  estas  condiciones,  establece que el  cargo debe ser desestimado.   

Tercer cargo  

Advierte  la  Delegada  que  el libelista  denunció  una  serie  de  irregularidades  que no se reflejan en la foliatura y  que,  por  el  contrario,  resulta  claramente perceptible que el procesado hizo  caso  omiso  a  los  llamados del ente instructor para ser escuchado en versión  libre   y   posteriormente   en   diligencia   de  indagatoria,  “pese  a los esfuerzos que hizo por hacerle creer a la justicia que  estaba interesado en brindar las explicaciones del caso”.   

Afirma  que  tal situación se infiere de  que  la  fiscalía  realizó  todos los esfuerzos por escuchar las explicaciones  del   implicado,   citándolo   a   las   direcciones   conocidas   dentro   del  diligenciamiento,   mientras   éste   “quiso  hacer  creer,  sin  lograrlo”,  que desconocía las  citaciones   efectuadas  por  el  funcionario  judicial,  pues  las  direcciones  registradas   en  las  comunicaciones  telegráficas  fueron  aportadas  por  el  querellante  y  posteriormente  por el mismo Luis Ángel Torres, “en  uno  de  sus escritos, ratificó una de ellas, la calle  33  No.  18-18  donde  ya se le  había dirigido comunicación, sin obtener respuesta”.   

De  igual  forma,  resalta que si bien se  registró  en  una sola oportunidad una dirección equivocada, esa situación no  puede   ser   considerada  como  excusa  para  justificar  la  inasistencia  del  procesado,  dado  que  las  comunicaciones  anteriores  le habían sido enviadas  correctamente.   

Al respecto, dice la Delegada:  

“Tan evidente  fue  la actitud esquiva del procesado, que ni siquiera el DAS pudo aprehenderlo,  pese  a que en el oficio correspondiente se incluyó como lugar de residencia la  calle     33     No.     18-18,     -dirección  que  él  mismo  suministró  para  que fuera citado a  rendir  versión  libre-  y  la  calle  33 No. 20-52  oficina    201,    está   suministrada   por   el  querellante.”   

En  estas  condiciones,  al  no surgir en  criterio  de  la Procuradora motivo que evidencie vulneración de las garantías  fundamentales  y  menos  aún  del derecho de defensa material, la improsperidad  del reproche resulta evidente.   

En   atención  a  las  consideraciones  anteriormente  planteadas,  la  Procuraduría Tercera Delegada para la Casación  Penal solicita a la Corte no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer cargo  

1.  El  defensor del sentenciado, acusa al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera indirecta, la ley sustancial  por  error  de hecho por falso juicio de existencia que condujeron, entre otros, a la  falta  aplicación de los artículos 249 y 267 de la Ley 599 de 2000, por razón  del  principio  de  favorabilidad,  yerro  que  llevó  a que no se declarara la  extinción  de la acción penal por razón de la prescripción desde la etapa de  la instrucción.   

2. Teniendo en cuenta los hechos declarados  como  probados  en el fallo, se observa claramente que la apropiación fue sobre  la  suma  de $13.187.000, emolumentos obtenidos en virtud de la conciliación en  el  proceso  laboral en el que el procesado intervino en calidad de apoderado de  la   parte   demandante,   acuerdo   que  se  llevó  a  cabo  de  la  siguiente  manera:   

a)  La  suma de $4.187.000 en efectivo que  fue  recibido  por  el procesado el mismo día de la audiencia de conciliación,  es decir, el 4 de diciembre de 1995.   

b)  Y dos letras de cambio  por valor  cada  una  de $4.500.000 pagaderas, así: una para el 12 de abril de 1996 y otra  el 16 de julio de 1996.   

Lo  anterior  quiere  decir que el acto de  apropiación   de   la   suma   de   los  $13,187.000,  derivada  de  la  citada  conciliación,  que  constituía la unidad de designio, se llevó a cabo en tres  actos ejecutivos, culminándose el 16 de julio de 1996.   

Por   consiguiente,   se   concluye     que     la     comisión    de    la   conducta     punible     se    consumó    cuando   se     venció     el     pago     del    último   título    valor   entregado    para    soportar    la   conciliación,     esto     es,    el    16    de   julio   de  1996,   fecha   en  la  cual  el   acusado    se    apropió    indebidamente    de    los  dineros.   

Ahora  bien, el artículo 84 de la Ley 599  de  2000 estatuye que, en tratándose de los delitos de ejecución instantánea,  “el   término  de  prescripción  de  la  acción  comenzará   a   correr   desde   el   día   de   su   consumación”.  En  igual sentido refería el artículo 83 del Decreto 100 de  1980.   

De   otro   lado,  como  lo  destaca  el  casacionista,  cuando  la  resolución  de  acusación  adquirió  firmeza ya se  encontraba  rigiendo la Ley 599 de 2002, normativa que ha debido de aplicarse en  este asunto en virtud del principio de favorabilidad.   

Recuérdese  que  la  Unidad  de Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores de Bogotá y Cundinamarca desató el  recurso  de  apelación  interpuesto contra la resolución de acusación el 1 de  febrero  de  2002,  es  decir,  cuando  ya  se  encontraba vigente la Ley 599 de  20001.   

En esas condiciones, el artículo 249 de la  última  normativa  citada  consagra  para  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  una  pena  de prisión de uno (1) a cuatro (4) años; mientras que el  artículo  358  del  Decreto  100 de 1980, consagraba una punición que oscilaba  entre uno (1) y cinco (5) años de prisión.   

En  lo  concerniente a la circunstancia de  agravación  punitiva  por razón del valor de lo apropiado encuentra la Sala la  evidente violación del principio de favorabilidad. Veamos.   

El  artículo 372 del Decreto 100 de 1980,  estipulaba  como  circunstancia  de  agravación  punitiva  cuando  el  hecho se  cometía:   

“1°) Sobre una  cosa  cuyo  valor  fuere  superior a cien mil pesos, o que siendo inferior, haya  ocasionado    grave    daño    a    la   víctima,   atendida   su   situación  económica.”.   

Por su parte el artículo 267 de la Ley 599  de  2000  consagró igualmente dicha circunstancia de agravación pero para cosa  “cuyo  valor  fuere  superior a cien (100) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  o  que siendo inferior, haya ocasionado  grave  daño  a  la  víctima,  atendida  su  situación  económica”.   

Así,  entonces, teniendo en cuenta que en  este  caso el valor de lo apropiado fue de $13.187.000 y toda vez que el salario  mínimo  legal  mensual vigente para el año de 1996 era de $142.125°°, fácil  resulta  concluir  que el monto de la suma ilícitamente apropiada no superó lo  cien  salarios  mínimos,  como  que  sólo  alcanza  a  un  poco más de los 92  salarios mínimos.   

Es  decir,  que  el  valor de lo apropiado  debía superar la suma de $14.212.500.   

En consecuencia, al acusado no se le debió  atribuir   en   la   resolución   de  acusación  la  mencionada  circunstancia  específica  de  agravación punitiva, tendiendo en cuenta lo preceptuado por el  citado artículo 267 de la Ley 599 de 2000.   

Por  ello, surge  evidente,   al    tenor    de    lo   reglado   por   el   artículo    84     de   la   Ley   599   de   2000,    que    el    término    de   extinción   de    la    acción    penal   por   razón   del   fenómeno   de   la   prescripción   operó   el   16   de   julio   de  2001,   fecha   en  la   cual    aun    no   había   cobrado   ejecutoria   la  resolución de  acusación.   

Por  consiguiente, se casará la sentencia  impugnada  y  se  ordenará  la  extinción de la acción penal por razón de la  prescripción  y,  por  lo mismo, se cesará todo procedimiento a favor de Luís  Ángel Torres Gómez.   

Por   último,  cabe  señalar  que  por  sustracción  de  materia  la  Sala  no  abordará  el  estudio  de  los  demás  cargos.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.  Casar  la  sentencia  impugnada.  En consecuencia, declarar  la  extinción de la acción  penal   de  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  por  razón  de  la  prescripción      por      la      que     fuera     condenado     Luís  Ángel  Torres  Gómez  y,  consecuentemente,       cesar      todo procedimiento a su favor.   

2. Contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,   comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 La  Ley 599 de 2000, entró a regir el 24 de julio de 2001.     

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