27519(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27519  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  109                                                                             Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., veintisiete de junio de dos  mil siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Aristóbulo   Fuentes  Fonseca  contra  la  sentencia  anticipada  dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  el  20  de  octubre  de  2006, mediante la cual confirmó la emitida en  primera  instancia  por  el  Juzgado  37  Penal  del  Circuito,  que condenó al  procesado  por  falsedad  material  de  documento público, agravada por el uso.   

Hechos.  

El  2  de  septiembre  de  2004, Aristóbulo    Fuentes   Fonseca,   quien  pretendía  salir  del  país  con  destino  a Madrid (España), presentó a las  autoridades  de  la  policía  metropolitana  aeroportuaria, en el aeropuerto El  Dorado  de  Bogotá,  el  pasaporte  colombiano  AJ 149674, documento que al ser  analizado  por  funcionarios  del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS)  resultó  auténtico,  mas  no  así  la  visa SHENGEN,  estampada  en  la  página novena, que resultó falsa.  Interrogado  el implicado, manifestó haber pagado en Bogotá a un tramitador la  suma de cuatrocientos mil pesos para su obtención.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  Fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó  mediante  indagatoria  al  procesado,  resolvió  su  situación  jurídica,  y el 5 de julio de 2005 calificó el mérito del sumario  con  resolución  de acusación en su contra por falsedad material de particular  en  documento  público,  agravada  por  el  uso, decisión que causó pacífica  ejecutoria   en   esta   instancia   el   1°  de  agosto  siguiente1.   

2.  Hallándose  el  proceso  en  la fase del  juicio,  el  abogado  del  procesado  presentó  un memorial suscrito por éste,  manifestando  su  voluntad  de aceptar los cargos imputados en la resolución de  acusación.  El  Juzgado  de  conocimiento  dictó sentencia anticipada el 26 de  julio  de  2006,   mediante la cual lo condenó a la pena principal de  40  meses  de  prisión  y la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término, como autor responsable el delito imputado en  la  acusación2.   

3.  La  defensa apeló este fallo por estimar  que  en  la  actuación  no  reposaban  los  elementos de juicio suficientes que  acreditaran  la materialidad de la conducta, y para solicitar el otorgamiento de  la  condena  de  ejecución  condicional. El Tribunal, mediante el suyo de 20 de  octubre  de  2006,  que  la defensa recurre en casación, negó las pretensiones  del  impugnante  y  confirmó en consecuencia la decisión impugnada3.   

La         demanda.   

Dos  cargos,  ambos  al  amparo  de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial, presenta el actor contra la sentencia.   

Cargo   primero:  Sostiene  que  las  sentencias  violan  en  forma directa la ley sustancial, por  exclusión  evidente  de  los  artículos  32  y  286  del  Código Penal actual  (artículos 40.4 y 219 del Decreto 100 de 1980).   

Afirma  que  al  ser  analizadas  en  forma  “desprevenida,  objetiva  y concienzuda” las circunstancias en que actuó el  procesado  (personalidad  reveladora  de  profunda  ingenuidad  y  hasta pobreza  espiritual,  escasa instrucción, falta de conciencia de lo que hacía, presión  laboral,   económica   y  familiar),  se  concluye  que  su  conducta  encuadra  perfectamente  en la hipótesis jurídica “de no haber tenido capacidad mental  o  cognoscitiva  de  la  típica  antijuridicidad  de su comportamiento” y que  incurrió  “en  insuperable error de interpretación de la situación fáctica  y  jurídica  respectiva,  con  absoluta  ausencia  de  dolo  y demostrada buena  fe”.   

Argumenta  que  si la jurisprudencia nacional  admite  los  errores  de  interpretación  cometidos  por jueces y fiscales como  estructurantes  de  inculpabilidad,  con  respecto  al  delito  de  prevaricato,  tratándose  de  abogados  experimentados  y  respecto  de quienes se presume el  conocimiento  pleno  de  la  ley,  con  mayor  razón debe admitirse frente “a  ignaros   e  inexpertos  como  el  señor  Aristóbulo  Fuentes Fonseca”.   

Por lo menos habrá de aceptarse que su error  fue  culposo,  porque a lo sumo podría tribuírsele, en sana lógica y equidad,  que  faltó al deber de cuidado al no verificar la procedencia de la visa puesta  en  el pasaporte. Y dado que la falsedad es esencialmente dolosa, necesariamente  quedaría  exento  de  responsabilidad  penal,  por estructurarse en su favor la  causal de inculpabilidad invocada.   

Pide,  en  consecuencia,  casar  la sentencia  impugnada y en su lugar absolver al procesado.   

Cargo segundo: Afirma  que  la  sentencia  viola en forma directa la ley sustancial, por exclusión del  artículo  299  del  Decreto 2700 de 1991 (artículo 283 de la ley 600 de 2000),  de indiscutible contenido sustantivo por aludir a la punibilidad.   

Argumenta  que el procesado, desde su primera  versión  en  el  aeropuerto,  aceptó  el  uso  del  pasaporte,  mas no, ser el  determinador  de  la falsedad material. Sin embargo, los juzgadores de instancia  hicieron  caso  omiso  de las peticiones de la defensa, orientadas a obtener los  beneficios  del  sistema  acusatorio, por haberse facilitado la investigación y  haberse  acogido  a  sentencia anticipada, aspectos que de haber sido tenidos en  cuenta,  habrían  llevado a la aplicación de la reducción de la pena prevista  en el artículo 299 del Código.   

Los juzgadores hicieron también caso omiso de  la  personalidad  del  procesado  y  de  la  naturaleza  y modalidades del hecho  punible,  que  en  un  análisis  de  fondo,  conducen  a  concluir  que  por su  ingenuidad,  escasa  instrucción  y  carencia de toda clase de antecedentes, no  requiere  tratamiento  penitenciario,  máxime  si  se tiene en cuenta que en su  contra  no  concurren  circunstancias  genéricas de agravación punitiva, sino,  por el contrario, circunstancias de atenuación.   

En  aplicación,  por tanto, del principio de  equidad  como  criterio  auxiliar  de  la  actividad  judicial, la pena debe ser  dosificada  partiendo  del  mínimo  previsto para el delito de falsedad por uso  del  artículo  291,  y  al  no  requerirse  tratamiento penitenciario, “justo  resulta  el  otorgamiento  de  la suspensión condicional de la ejecución penal  conforme   a   lo   establecido   en   el   artículo   63  de  la  ley  890  de  2004”.   

Pide  casar la sentencia impugnada y condenar  al  procesado  a  la  pena  mínima prevista para el delito de falsedad por uso,  otorgándole la condena de ejecución condicional.   

SE        CONSIDERA:   

En  tratándose  de  sentencia anticipada, el  interés  jurídico del procesado y  su defensor para impugnar la decisión  de  mérito,  se  vinculan  con  la dosificación de la sanción, los mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la libertad y la extinción del dominio  sobre  bienes,  únicamente, conforme lo establece el artículo 40 de la ley 600  de  2000  en  su inciso décimo, vigente cuando ocurrieron los hechos, que dice:   

“Contra  la  sentencia  procederán  los  recursos  de  ley,  que  podrán interponer el Fiscal General de la Nación o su  Delegado,  el  Ministerio  Público; el procesado y su  defensor   respecto   de   la  dosificación  de  la  pena,  de  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la libertad y la extinción del dominio  sobre   bienes.  La  parte  civil  podrá  interponer  recurso cuando le asista interés jurídico para ello”.   

Esta  limitación  encuentra  justificación  racional  y  legal  en el principio de no retractación  o                     irretractabilidad,  que  implica  para  el  procesado  que  acepta  los  cargos,  y  su  defensor,  renunciar  al derecho de  controvertir     los    aspectos    objeto    de    allanamiento    (materialidad     de     la    conducta    punible    imputada    y  responsabilidad), quedando la facultad de controversia  circunscrita  a  las  decisiones  que  tienen  que  ver con la pena, su forma de  ejecución, y la indemnización de perjuicios.      

En  el  primer  cargo  de  la  demanda,  el  casacionista  plantea  ausencia  de  responsabilidad penal, con fundamento en lo  establecido  en  el  artículo  40.4 del Código Penal de 1980 y 32.10 de la ley  599  de  2000, es decir, por haber obrado el acusado con la convicción errada e  invencible  de  que  no  concurría  en  su conducta un hecho constitutivo de la  descripción  típica,  alegación que por estar claramente orientada a discutir  el  compromiso  penal del procesado en los hechos aceptados, resulta inaceptable  en esta sede, por ausencia de interés jurídico.   

En  la  segunda  censura, presentada también  dentro  del  ámbito  de  la  causal  primera,  por violación directa de la ley  sustancial,  el  actor, dentro del mismo contexto argumentativo,  cuestiona  la  pena  impuesta al procesado por considerarla gravosa, pide el reconocimiento  de  la  rebaja de pena por confesión y demanda el otorgamiento de la condena de  ejecución  condicional,  con  el  argumento de que los juzgadores hicieron caso  omiso  de  hechos  que  indicaban  que  Fuentes Fonseca  colaboró  con la investigación y que no requería de  tratamiento penitenciario.   

Los  temas  que  se plantean en este reproche  guardan  todos  relación  con  la  pena  impuesta y su forma de ejecución. Por  tanto,  en  cuanto  a ellos, el demandante tendría interés para recurrir. Pero  las  alegaciones  que la demanda contiene, se construyen sobre la premisa de que  la  conducta imputada constituye falsedad por uso, y que la tasación de la pena  debe  hacerse  a  partir del mínimo establecido para este delito, planteamiento  que  implica  el  desconocimiento  de los cargos aceptados, que lo fueron por el  delito de falsedad material de particular en documento público.   

Al   margen  de  esta  inconsistencia,  son  evidentes  las  deficiencias  de  fundamentación  que la censura presenta. Para  referenciar  solo  algunas,   dígase  que  cuando  se  plantea  violación  directa  de la ley sustancial, no le es dado al demandante discutir los hechos o  las  conclusiones  probatorias  de  los  fallos de instancia, porque este ataque  presupone    que    los   juzgadores   aceptan   ambos   aspectos   (declaración    de    los    hechos    y   apreciación   de   las  pruebas),  y  que  la  equivocación se presenta en la  aplicación   del   derecho,  es  decir,  en  el  terreno  puramente  jurídico.   

Esta  regla lógica de argumentación en sede  casacional  es  desconocida  por   el  demandante,  quien sustenta el cargo  sobre  el  supuesto  contrario  del  exigido  por  la lógica de la causal, pues  asegura  que  los juzgadores omitieron tener en cuenta elementos probatorios que  indicaban,   de   una   parte,   que  el  procesado  había  colaborado  con  la  investigación,  y  de otra, que se trataba de una persona sin antecedentes, que  no requería de tratamiento penitenciario.   

Además de este desacierto en la selección de  la   causal,   el   libelista,  en  el  desarrollo  del  cargo,  incluye  varias  pretensiones   (imposición   de   la  pena  mínima  establecida  por  al  delito de falsedad por uso, reconocimiento de la rebaja de  pena   por   confesión   y   otorgamiento   de   la   condena   de   ejecución  condicional),   que   por  su  naturaleza  autónoma,  debieron  enunciarse y desarrollarse en forma separada, con indicación, en cada  caso,  de  la  causal  invocada,  el  sentido  de  la  violación  y los errores  jurídicos o probatorios cometidos por los juzgadores.     

Y si los errores derivaban de la apreciación  de  la  prueba, como parece  inferirse de la precaria argumentación que la  censura  contiene,  se  imponía  para  el  censor  la  obligación adicional de  identificar   en   cada   ataque   la   clase  de  error  cometido  (si  de  hecho  por falsos juicios de existencia, falsos juicios de  identidad  o  falso  raciocinio,  o de derecho por falsos juicios de legalidad o  falsos  juicios  de  convicción),  precisar la prueba  sobre  la  cual  recayó  el  error,  demostrar  su  existencia,  y acreditar su  trascendencia,  ejercicio  que  en  el  presente  caso  ni  siquiera se intenta.   

En  síntesis,  el  casacionista  carece  de  interés  jurídico  en  relación con el  cargo primero. Y en cuanto tiene  que  ver  con  el  segundo,  la  demanda  no  reúne  las exigencias mínimas de  claridad,  precisión  y  adecuada fundamentación requeridas para ser declarada  en  forma.  Por  tanto,  se  la  inadmitirá  y  se ordenará su devolución del  proceso  al  Tribunal  de  origen,  en  razón  de  no  advertirse violación de  garantías  fundamentales  que  la  Sala esté en el deber de proteger de manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación presentada por el defensor de Aristóbulo  Fuentes Fonseca.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

                                                Teresa Ruiz Núñez   

Secretaria  

    

1  Folios 40-44 del cuaderno principal 1.   

2  Folios 57-63 ibídem.   

3  Folios 3-8 del cuaderno del Tribunal.     

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