23096(30-03-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23096  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 019  

          Bogotá    D.C.,    marzo    treinta   (30)   de   dos   mil   cinco  (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor de DUBER ARLEY  MURILLO  GARCÍA, contra la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Medellín  de  fecha  julio  21  de 2004, por cuyo medio  confirmó  la  sentencia  condenatoria  dictada  por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  lo  condenó por los delitos de homicidio  agravado    en    la   persona   de   Edgar   Alberto  Arroyave,  hurto calificado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  supuesto fáctico que generó la presente  actuación  fue  declarado  por  el  Tribunal,  en  el  fallo  impugnado,  de la  siguiente manera:   

“El día veinticinco de agosto del año dos  mil  dos  (25-VIII-02),  Edgar Alberto Arroyave Cano, quien se movilizaba en una  motocicleta  Calimatic  175,  de  color  blanco,  en  compañía de su concubina  Marisol  Pérez  Agudelo, a eso de las 10:30 de la noche, se estacionó cerca de  la  estación  Acevedo  del  tren  Metropolitano,  a la espera de que un hermano  suyo,  Jonathan, quien le llevaría un dinero que minutos antes telefónicamente  le  había  solicitado a   su madre;  sorpresivamente aparecieron  dos  individuos  que, sin aviso, dispararon, a corta distancia, un arma de fuego  en  contra  de  la  pareja, cuando Edgar Alberto recibía un pequeño paquete de  manos  de  su  consanguíneo, recibió dos impactos, uno en la región occipital  derecha  y  otro  en  la región escapular del mismo lado, que le ocasionaron la  muerte  cuando  era  trasladado  a la Policlínica Municipal y su compañera una  lesión  en  el  brazo  derecho. Los agresores esperaron el retiro del lesionado  para apoderarse del vehículo velocípedo   

Desde el primer momento la dama identificó a  uno  de  los  atacantes,  precisamente quien accionó el arma de fuego, conocido  con      el      apodo      de      ‘Imbar’,  residente  en  el  barrio Andalucía La Francia y reconocido jefe de la banda de  ‘Los  Triana’             ”.                         

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  se  inició  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro  de  la  cual  fue vinculado mediante indagatoria  DUBER  ARLEY MURILLO GARCÍA,  a  quien  se  le  resolvió  situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención   preventiva   por   los  delitos  de  homicidio  agravado,  lesiones  personales, hurto calificado y porte ilegal de armas.   

         

Cerrado  el  ciclo instructivo, se profirió  resolución  de  acusación  el 19 de noviembre de 2003 en contra del sindicado,  como  presunto  autor  responsable  de  los delitos que sustentaron la medida de  aseguramiento.   

          Ejecutoriada  la  resolución  de acusación, el proceso se envió a  los  juzgados de conocimiento para el trámite de la fase del juicio, la cual le  correspondió  tramitar  al  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de Medellín,  despacho  judicial que, una vez impartido el trámite legal, profirió sentencia  por  cuyo  medio condenó a DUBER ARLEY MURILLO GARCÍA  como  autor  penalmente  responsable de los delitos de  homicidio  agravado, en concurso con hurto calificado y porte ilegal de armas, a  la  pena  principal  de  26  años  y  8  meses  de  prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la pena de prisión y al pago de perjuicios en favor de los  herederos  de  Édgar  Alberto  Arroyave  Cano.   En  la misma decisión se le absolvió por el delito de  lesiones personales agravadas.   

   

Contra la anterior determinación, interpuso  recurso  de  apelación  el defensor del mencionado, por lo que se pronunció el  Tribunal  Superior de la misma ciudad, mediante providencia de fecha 21 de julio  de  2004, confirmándola, con la única modificación consistente en que la pena  accesoria impuesta se fijó en 20 años.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  objeto  del  recurso  extraordinario  de casación por parte del  defensor  del  sindicado,  lo  que  dio  lugar  a  que se allegara al proceso la  demanda sobre cuya admisibilidad formal se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Un  solo  cargo  formula  el  defensor  de  DUBER    ARLEY    MURILLO    GARCÍA    contra  la  sentencia impugnada, con fundamento en la causal primera  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, pues considera que viola en  forma  indirecta  la  ley  sustancial  a consecuencia de un error de hecho en la  apreciación   de   las   pruebas,   el  cual  consistió  en  proferir  condena  “sobre  la  base  de  un  solo  testimonio de cargos  contraviniendo   principios   básicos  que  da  (sic)  estructura      típica      al      juicio     de  responsabilidad”.               

Luego  de  transcribir en el capítulo de la  “demostración”   la  totalidad  de  las  consideraciones  del  ad-quem,  señala,  en el siguiente aparte  referido  a  “el error”, que sobre los mismos hechos y la misma modalidad de  ocurrencia  aceptados en las instancias “la defensa a  (sic)   hecho   su  propia  interpretación que no afecta los supuestos fácticos”.   

Así, “el modo de  ejecución  de  la  conducta en el caso específico que nos ocupa sucedió en un  marco  temporoespacial  y circunstancial completamente ajeno al factor subjetivo  de  los  autores;   no  es  posible  que haya existido una preparación del  acontecimiento;   no  resulta  comprensible que DUBER ARLEY MURILLO GARCÍA  estuviese  justo  en  ese momento esperando justamente al señor ARROYAVE CANO y  su  compañera  para  dicho  propósito  si  tenemos  en  cuenta  el  lugar y el  vehículo en el que se desplazaban”.   

De  acuerdo  con  lo  anterior  “resulta  indiscutible que el ejercicio del trabajo interpretativo  por  parte  del juez, cuando el texto de la ley lo requiere para ser la operante  al  fin  que  persigue,  no puede constituir como parece entenderlo el tribunal,  desconocimiento  del  método teleológico que el mismo sujeto agente constituye  y   desarrolla   durante  la  ejecución  de  la  conducta  que  ocupo  la  idea  criminal”.   

A continuación refiere a una decisión de la  Corte  en  relación  con  el  derecho  que  asiste  al  procesado  para  que se  practiquen  todas  las pruebas que se solicitan y se decretan por el funcionario  pues,   si   ello   no   ocurre,  se  edifica  una  vulneración  a  un  derecho  fundamental.   En la misma providencia, prosigue, se insiste en que el juez  define  si las pruebas solicitadas son pertinentes, conducentes y si contribuyen  al    esclarecimiento    de    los   hechos   y   a   la   responsabilidad   del  procesado.                               

Señala que Bibiana  y        Jonathan  Arroyave, no comparecieron al proceso con el objeto de  corroborar   su  testimonio  y  cita  a  continuación  lo  que  ha  dicho  esta  Corporación  al  respecto  de los llamados testigos de oídas, en el sentido de  que  lo único que hacen es acreditar la existencia de un relato de otra persona  sobre  los  hechos,  por  lo  tanto  no responden al ideal de originalidad, como  ocurre con las versiones inmediatas.   

Resalta algunos apartes que hizo la Fiscalía  y  que  también  contiene  el informe de policía acerca de las condiciones del  lugar  en donde ocurrieron los hechos, constatándose que se trataba de un sitio  solitario y peligroso.    

A renglón seguido destaca lo que precisó el  Tribunal    “a    folio    8”,   en   el   sentido   de   que   “puede  ser  cierto  que el fiscal haya incurrido, en el análisis  del   acervo   probatorio,  y  refiriéndose  a  algunos  medios  de  prueba  en  apreciaciones  equívocas o de errada interpretación, pero no resulta claro que  no  desdoran en manera alguna en la solidez del acervo probatorio”.   

Remata  su  exposición,  precisando que, de  conformidad  con los argumentos anteriores, resulta trascendente el error en que  incurrió    el    Tribunal    al    avalar    el    fallo    del   a-quo  por ignorar la existencia razonable  de  la duda, porque en el proceso no fue posible contrainterrogar a Marisol  Pérez  Agudelo  “y otros aspectos que hubiesen permitido  variar  la  apreciación  sobre  el  inverosímil  testimonio  de cargos, de tal  manera   que   pudiera  variar  el  fallo  que  ahora  en  la  impugnación  nos  convoca”.   

Se   infringieron,  en  consecuencia,  los  principios  orientadores  que  consagran los artículos 232, 233 y 238 de la Ley  600,  motivo  por el cual solicita casar el fallo impugnado y dictar el que deba  reemplazarlo  absolviendo a MURILLO GARCÍA  de  los  delitos  por  los  que  fue  condenado.                   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El único cargo propuesto por el casacionista  no  satisface  los  requisitos formales señalados en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  normatividad  que  regula  este  trámite,  y  en  esa medida se  inadmitirá,  por ser la consecuencia que sobreviene frente a tal supuesto, como  lo  enseña  la siguiente disposición del ordenamiento en mención.  A esa  conclusión se llega de conformidad con las siguientes razones:   

          1.  No  empece  invocar el demandante la causal primera de casación  por  considerar  que  la  sentencia  incurre  en  violación indirecta de la ley  sustancial  a consecuencia de un error de hecho, es lo cierto que en el contexto  de  su  prédica  en  ningún  momento  desarrolla  un planteamiento afín a ese  propósito.   

                 En efecto, de acuerdo con  la  pacífica  jurisprudencia  de  esta  Sala  se  tiene que se incurre en dicha  modalidad  de  error,  por  la  comprobación  fehaciente de que el sentenciador  incurrió  en  los  llamados  falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio, o de  identidad.   Ocurre  el primero cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa el juzgador no obstante resultar incidente de cara al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).  En  los  dos  casos, al igual que en el anterior, debe tratarse de  prueba   trascendente,   esto   es,  que  tenga  la  entidad  de  modificar  las  declaraciones  contenidas  en  la  decisión  de  forma  favorable para quien lo  alega.   

El  recuento anterior permite colegir que el  casacionista  no  desarrolló en el reproche ninguna de las modalidades de error  de  hecho,  el cual, en últimas, simplemente enunció, hasta el punto de que ni  siquiera  determinó  con  claridad  la  prueba  sobre la cual recae el supuesto  yerro.   

2.   Más grave aún, se aprecia que en  el  contexto  del  reproche  el  censor no desarrolló ninguna argumentación en  concreto,  pues  fácil  se  advierte que en medio de una disertación confusa e  ininteligible,  divaga  en  derredor  de varios aspectos, sin que afronte uno en  particular.                    

          De  ese  modo,  obsérvese  como  al  comienzo  de  lo  que denomina  “demostración”,  señala  de  manera  superficial que la sentencia no puede  estar  edificada  sobre un único testimonio de cargos en tanto ello contraviene  “principios    básicos    que   da   (sic)    estructura    al    juicio   de  responsabilidad”,  sin  llegar a extraerse a cuáles  postulados  se  refiere  pues, a continuación, cuando se esperaba los indicara,  se  dedica  a  transcribir  en su totalidad las consideraciones del ad-quem  en  que  se  basó para confirmar  el    fallo   objeto   de   apelación,   sin   que  vuelva  a  abordar  el  tema.                       

          Después,  en  el  siguiente  capítulo  que  rotula “el error”,  indica  que  el “modo de ejecución de la conducta en  el  caso  específico  que  nos  ocupa  sucedió  en un marco termporoespacial y  circunstancial  completamente  ajeno  al  factor  subjetivo  teleológico de los  autores”,  sin que realmente se entienda cuál es el  efecto  concreto  de  esa  aseveración,  pues  de  inmediato  pregona que no es  posible  que  su defendido haya preparado la conducta y que hubiera estado justo  en  el  lugar  en  donde  ocurrió el acontecimiento delictivo, afirmaciones que  emite   sin   ninguna   base   probatoria,   sólo   a  título  de  reflexiones  personales.   

          Posteriormente,  se  desvía  hacia  un  tema  totalmente diverso en  donde  apenas insinúa -porque no hay una petición específica al respecto- una  vulneración  de  garantías  cuando  no se practican pruebas solicitadas por el  procesado  y  que  se decretan por el funcionario judicial, para lo cual se basa  en   apartes   de   una   jurisprudencia,   al  parecer  de  la  Corte,  que  no  identifica.   

Al  respecto, resulta preciso indicar que la  anterior   referencia   no   sólo   contiene   una   propuesta  incompatible  y  contradictoria  con el error que inicialmente atribuye al fallo, cimentada en un  error  de hecho por defectos en la valoración probatoria, y  desconocedora  del  principio  de  autonomía  que exigía abordar ese cuestionamiento en cargo  separado  sino  que,  además,  como  es  la  tónica  generalizada del escrito,  tampoco  desarrolla,  puesto  que  no  indica  a cuáles pruebas se refiere y su  incidencia en el fallo.   

Luego, en otro párrafo igualmente inconexo,  critica  los  testimonios  vertidos  al  proceso  por  los hermanos Bibiana        y        Jonathan  Arroyave,  de quienes señala no  acudieron  al proceso para corroborar sus exposiciones y, acto seguido, alude al  valor  que,  de  acuerdo  con  cita  de  la  Corte,  se  le  debe  otorgar a los  testimonios  de  oídas,  sin  reparar  que  son dos cuestionamientos totalmente  distintos.   La  primera  situación se produce cuando el testimonio exhibe  vacíos  indispensables  de  aclarar  mediante  una  ampliación,  lo cual puede  restarle  mérito,  y  otra  muy  distinta  es  que  se  trate de testimonios no  percibidos  directamente  o  de oídas, los que en todo caso se deben so pesar a  la        luz        de        los       postulados       de       la       sana  crítica.            

Finalmente,    tras   efectuar   algunas  consideraciones  en  torno  a  las condiciones del lugar en donde ocurrieron los  hechos  que  originaron la actuación, basándose en referencias de la Fiscalía  y  del informe de policía judicial, pero sin que se logre establecer qué es lo  que  pretende con tales afirmaciones, concluye que de acuerdo con lo expuesto se  evidencia  el  error  trascendente  en que incurrió el fallador al confirmar el  fallo  del a-quo “ignorando la existencia razonable y  manifiesta    de    la    duda    partiendo    de   las   pruebas”.   

Es  decir,  el  actor  no sólo arriba a una  conclusión  que  no  se extrae de las premisas deficientemente elaboradas, sino  que   además,   en   la  parte  final  refiere  a  un  fenómeno:  “la  duda”,  al cual  ni siquiera  refirió                  tangencialmente                  en                 su  disertación.          

3.    Fácil  se  puede  inferir,  en  consecuencia,  que  el  reproche  se  reduce  a  una  amalgama  de  afirmaciones  deshilvanadas  e  ininteligibles,  de  la  cuales  no  se  puede  inferir con la  claridad  y  precisión que exige el numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  el  motivo que invoca en procura de la casación del fallo impugnado,  razón   por   la   cual   se  impone  su  inadmisión  y la devolución del expediente al despacho de origen,  tal      como      lo      señala     el     artículo     213     ibídem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de garantías fundamentales.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de  DUBER ARLEY MURILLO  GARCÍA,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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