23082(10-12-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23082  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado:  Acta No.  113   

          Bogotá,  D.  C.,  diez  (10)  de  diciembre  del  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 15 de enero del  2004,  el  Juzgado  1°  Penal del Circuito Especializado de Bogotá declaró al  señor    Gabriel    Tarazona    Anteliz  autor penalmente responsable de infringir los artículos 33 y 38.3  de  la  Ley  30  de  1986,  en  concurrencia  con los artículos 220 y 222.2 del  Código  Penal  de 1980. Le impuso las sanciones de 120 meses de prisión, multa  de  40  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por 10 años y le negó la condena  condicional.   

          El  fallo fue recurrido por el defensor y ratificado por el Tribunal  Superior de la misma ciudad el 31 de mayo siguiente.   

          El  mismo  apoderado  acudió  a la casación, que fue concedida. La  Sala   se   pronuncia   sobre   los   presupuestos   formales   de   la  demanda  presentada.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  18  de abril de 1994, José Ignacio Rojas, detenido por tráfico  de  drogas en una cárcel de Miami, Florida (Estados Unidos), dirigió una carta  al cónsul de Colombia en ese país.   

          En  ella  denunció  que  desde  una  oficina  en  las cercanías de  Unicentro   (Bogotá),   Gabriel  Tarazona,  quien  figuraba  como  propietario  de  la misma y atendía en el  teléfono  6120585, engañaba personas –él  incluido- con el fin de exportar cocaína camuflada en paquetes  de  café  o  dulces, o adherida al cuerpo mediante fajas. Aclaró que al llegar  al  aeropuerto  de  Miami,  agentes  de  la Oficina Antidrogas (DEA) tenían sus  datos y eran aprehendidos.   

          A  partir  de esos hechos se identificó y vinculó como procesado a  Gabriel  Tarazona  Anteliz,  quien  fue  aprehendido  el 11 de julio de 1998 cuando intentaba salir del país  identificándose  con  una  cédula de ciudadanía con el nombre de Luis Alberto  Molano  Rodríguez,  documento  que un amigo le había fabricado, previo el pago  de $ 20.000.   

          Adelantada  la  investigación,  el  14  de  diciembre  de  1998  la  fiscalía  lo  acusó  como coautor de infringir el artículo 33 de la Ley 30 de  1986,  con  el  agravante  del  artículo  38.3,  en  concurso  con el delito de  falsedad personal.   

          Recurrida  la decisión, el 15 de febrero de 1999 fue ratificada por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional, con la modificación de que se  procedía  por  un  concurso de infracciones a la Ley 30 de 1986, concurrentes a  la  vez  con  la  falsedad,  no  la  deducida por el A  quo,   sino   la  denominada  material  en  documento  público,  prevista  en  los  artículos  220  y  222.2  del  Código  Penal  de  1980.   

          Luego fueron proferidos los fallos indicados.   

CONSIDERACIONES  

De   la   prescripción   de   la  acción  penal.   

          La   acusación  causó  ejecutoria  con  la  decisión  de  segunda  instancia del 15 de febrero de 1999.   

          En  ella  se  hizo  el  cargo  de falsedad material de particular en  documento  público,  agravada por el uso, delito previsto en los artículos 220  y  222.2  del  Decreto  100  de  1980, que señalaban una sanción máxima de 12  años de prisión.   

          Para  la  misma conducta, los artículos 287 y 290 del Código Penal  vigente  (Ley 599 del 2000), aplicables retroactivamente en virtud del principio  y  derecho fundamental de la favorabilidad, fijan una pena extrema de 9 años de  prisión,  que  para  la  fase del juzgamiento se reducen a 5, contados desde el  momento  en  que  el  pliego  de cargos adquiere firmeza, de conformidad con los  artículos 83 y 86 del mismo Estatuto.   

          El  último  lapso  se  cumplió el 15 de febrero del 2004, esto es,  que  para cuando el Tribunal se pronunció en segunda instancia, el plazo había  expirado.   

          En  esas  condiciones,  la  Sala  debe  aplicar  el artículo 39 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  porque  la acción  penal     no     puede     proseguir     por     haber     prescrito.   

          Como  consecuencia  de  ello,  se  redosificará la pena de prisión  impuesta  para  descontar  los  12  meses  que  el  A  quo  aumentó  en  razón  del  atentado  contra la fe  pública. Quedará entonces en 108 meses.   

Sobre la demanda.  

          De  conformidad  con  el  artículo 213 del Código de Procedimiento  Penal,  la  Sala la inadmitirá pues el casacionista, al confeccionar su libelo,  no  se ciñó a los requisitos previstos en el artículo 212 del mismo Estatuto.  En efecto:   

          1.  Formuló  un  cargo  por  infracción  directa   de  la  ley  sustancial.  Sin  embargo,  del  desarrollo  de  la  censura  se  establece  que  se dirigió por la violación indirecta.   

          2.   Afirmó  que  el  Tribunal  había  incurrido  en  errores  de hecho. Pero no especificó las  especies  correspondientes:  falso  juicio  de  existencia, de identidad o falso  raciocinio.   

            3.  No señaló los yerros cometidos por los servidores judiciales  al  realizar  la  valoración  de  las  pruebas. Dedicó su tiempo a fabricar un  escrito  de  libre factura, trabajo que si bien podría generar consecuencias en  las  instancias normales del proceso, es extraño en sede de casación. Buscaba,  seguramente,  que  al  plantear  a la Corte su personal y subjetiva inteligencia  sobre  el  alcance  que  ha  debido  darse  a  los  elementos  de  juicio, ésta  privilegiara   su   estudio   frente   al  hecho  por  los  funcionarios  de  la  justicia.   

          4.  En  el  denominado  “primer  error”,  ilógicamente  mezcló  enunciados  que  serían  propios  del falso juicio de  identidad   o   del  falso  raciocinio      (“apreciaciones      probatorias  equivocadas”),    con    postulados    relacionados    con   el   falso    juicio    de    existencia   por   omisión   (un  dictamen  técnico  no estimado), y con análisis inherentes al  principio  de  investigación  integral  (no fue ordenada una prueba).   

          Por   sus  causas  y  consecuencias  disímiles,  pues  unas  exigen  sentencia  de reemplazo y otras decisión de reenvío, tales censuras han debido  ser  propuestas  separadamente,  una  como  principal  y  otra u otras a título  de  subsidiarias.   

          5.  En  el “segundo error” no precisó yerro alguno. Simplemente  se  redujo a decir que se había demostrado que un señalamiento hecho por José  Ignacio Rojas en su testimonio era contrario a la verdad.   

          Si  la  Sala  con  criterio  laxo  pudiera  inferir  que apuntaba al  falso  raciocinio,  tampoco  habría  demostrado  el  equívoco  porque no indicó las reglas lógicas, de la  experiencia  o  las  científicas  que  habrían  sido  dejadas  de  lado por el  Ad quem.   

          De  otra  parte,  intercaló en el reproche quejas vinculadas con el  falso  juicio de existencia,  pues,   afirmó,   el   Tribunal   ignoró   un   documento   que   probaba   su  aserto.   

          6.  En el “tercer error” no especificó la clase de falso juicio  cometido  y  no  comprobó la trascendencia que en el sentido del fallo pudieran  tener   las  constancias  que  aportara  y  que  no fueran estimadas por la  justicia.   

          Según  sus  propias  palabras, esa incidencia no podría ser mayor:  el  hecho  de  que  quienes  extendieron  esas  certificaciones  no conocieran a  determinada    persona,    no   significa   indefectiblemente   que   ésta   no  existiera.   

          7.    En    el   “cuarto   error”   no   expresó   ilegalidad   alguna  en  la  valoración  realizada  por  el  Tribunal. Sencillamente, como hizo a lo largo de su escrito,  mostró   su   posición   sobre   el   alcance   que   ha  debido  darse  a  un  testimonio.   

          Desde  otro ángulo, tangencialmente insinuó reparos a la prueba de  indicios.  Pero  no  recordó  la  forma  como  ha debido hacerlo, tema bastante  tratado por la jurisprudencia de la Corte.   

          8.  Cuando  se  ocupó  del  “quinto  error”,  no indicó con la  precisión  y concisión requeridas en qué consistió el mismo. Inconsistencias  menores  sobre  la  descripción  que  varios  testigos  hicieron  del procesado  –si tenía 34 ó 40 años,  si  sus ojos eran color castaño claro o café oscuro-, no demuestran ilegalidad  alguna   cometida   por   el   Ad   quem, que es lo que se debe probar en sede de casación.   

          9.  En  el  “sexto  error” no concretó si reprochaba la postura  judicial  porque la falla obedecía a una “confusión” al valorar la prueba,  o   a   un   descuido   que   condujo   a   que   “se  dejó  de  observar  un  documento”.   

          Esos    aspectos    podrían    referirse    a    un    falso   juicio   de   identidad,   a  un  falso  juicio de existencia,  o  a  un  errado raciocinio.  Pero   la  Sala  no  puede  completar  la  demanda,  ni  logra  desentrañar  su  pensamiento,  entre  otras  cosas  por las fronteras que le fija el principio de limitación.   

          Tampoco  demostró  la  incidencia  de  los  supuestos  yerros en el  contenido  y  sentido del fallo. A más de ello, de sus propias palabras resulta  que  la imputación que se le hiciera a su defendido consistía en que a través  de  otras  personas  ingresaba droga estupefaciente a los Estados Unidos. Que el  señor   Tarazona   Anteliz  hubiese   o   no   viajado  a  ese  país,  parece  que  en  nada  variaría  el  cargo.   

          10.  El  denominado  “séptimo  error”,  no  es  tal.  Que  cada  detenido  en Estados Unidos afirmara que había sido enviado con una cantidad de  estupefaciente,  y  que  ésta difiera entre ellos, sólo apunta a eso: que cada  quien ingresaba una cantidad diferente.   

          Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

          1.  Declarar la prescripción de la acción  penal  que  por el delito de falsedad material en documento público se sigue en  contra   de   Gabriel   Tarazona  Anteliz.     En    consecuencia,    cesar    el  procedimiento   por  imposibilidad  de  proseguir  la  actuación.   

          2.  Disponer  que  la pena de prisión que  debe     cumplir     Tarazona    Anteliz,  en razón de los cargos por infringir la Ley 30 de 1986, será de  108  meses  de  prisión,  y no los 120 impuestos en las sentencias de primera y  segunda instancias.   

         3.   Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada.   

         

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ               ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                      Comisión de servicio   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Comisión de servicio  

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

                                                                                                          Permiso   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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