23012(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  224  

Bogotá D.C.,  catorce (14) de noviembre  de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de SAMIR  PAJOY  SARRIA  contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  11 de junio de 2004,  mediante  la  cual  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado Dieciocho Penal del  Circuito  de la misma ciudad, el 15 de abril del mismo año,  lo condenó a  la  pena  principal  de  28  años  y  9  meses  de  prisión  y a las sanciones  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  20 años, como autor de las conductas punibles de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o  municiones.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“De acuerdo al dicho del señor Samir Pajoy  Sarria,  los  mismos  tuvieron  ocurrencia  el 5 de agosto del 2001 a eso de las  7:30  u  8:00  de  la  noche,  en sector rural  en inmediaciones de la vía  panamericana,  cuando él y su esposa de nombre Clara Inés Guerrero Palacios se  desplazaban  de  la vecina población de Jamundí ocupando  ellos el puesto  trasero  izquierdo  él  y  derecho  ella,  vehículo  que  fue  desviado por su  conductor  hacia  una  carretera destapada lugar en el cual fueron interceptados  por  sujetos  en  motos  quienes  los atracaron a él lo obligaron a apearse del  taxi  y  fue golpeado fuertemente perdiendo el conocimiento mucho tiempo, varias  horas,  y  cuando  despertó  encontró  a  su mujer con un disparo en la cabeza  (región   occipital   izquierda)   auxiliándola  inmediatamente  y  sacándola  arrastrada  hasta  la  panamericana donde fue auxiliado por otro taxi en el cual  se  trasladó   hasta  la clínica Santillana y en la sección de urgencias  entregó  el  cuerpo sin vida de la señora Clara Inés Guerrero Palacios el que  a  su vez ya presentaba rigidez, frió cadavérico, este último hecho reportado  como  acaecido  a las 3:30 de la madrugada del 6 de agosto de 2001 por el centro  asistencial”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Veintitrés  Seccional  Unidad  de  Delitos contra la Vida  y la Integridad  Personal  de  Cali,  el  26  de  junio  de  2003,  acusó  a   Samir  Pajoy  Sarria  por  las  conductas  punibles  de   homicidio agravado y fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones,  decisión  que  fue confirmada el 11 de septiembre de  2003.   

2.   El  Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito  de Cali, el 15 de abril de 2004, dictó sentencia de primera instancia  en  la  que  condenó  al procesado a la pena principal de 28 años y 9 meses de  prisión  y  a  las  accesorias  de inhabilitación para ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el lapso 20 años, como autor de las conductas punibles  de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones.   

3.  Apelado el fallo por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el 11 de junio de 2004, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

   

Contra  la  anterior  decisión,  el  citado  defensor del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presentó  un  único  cargo  contra la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

La  defensa  de  Pajoy  Sarria, basado en la  causal   primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal   de  haber  violado,  “una  norma sustancial  proveniente de error de  hecho  en  la  apreciación  de determinadas pruebas (por  violación de la  sana  crítica,  la  lógica,  al  sentido común y a la ciencia). Artículo 207  num. 1º del C.P.P”.   

Afirma  que  la  errónea apreciación de la  prueba  indiciaria  comienza  cuando  en  la  sentencia  se indica que el tiempo  probable  de  la  muerte  de la víctima es de 36 horas. De igual manera, que el  fallecimiento  de  la mencionada señora fue el 5 de agosto de 2001, a las 20:00  horas   y  trasladada  a  la  clínica,  el  6  de  agosto  a  las  3:30  de  la  mañana.   

Sostiene  que  el  fallo  anota  que  por el  acusado  haberse encontrado en el lugar de los hechos debía aportar la carga de  la  prueba,  cuando  ésta corresponde al Estado, contrariando los principios de  presunción de inocencia.   

Aduce  que  no  comparte  la afirmación del  juzgador,  según la cual, la perdida de memoria de su defendido y, toda vez que  se   encuentra   demostrado   que  la  lesión  hacia  referencia  a  un  trauma  craneoencefálico  leve,  no  pudo  producir  pérdida  de conocimiento de nueve  horas,   en   tanto   que   no   se   indicó   por   los  galenos  “cuanto      tiempo     pudo     o     debió     haber     durado  inconsciente”, situación que lo lleva a predicar el  grado de conocimiento de la duda.    

Aduce   que   el   Tribunal   “desmenuza”  cada una de las versiones  de  Samir  Pajoy  con  el  fin  de  encuadrar sus dichos dentro de la certeza de  responsabilidad.   

Añade  que el hecho que su representando en  la  inspección  judicial “no haya podido precisar el  lugar”      donde     fueron     “atracados”,  tal  situación  no  puede  tomarse  como  indicio  en  contra,  habida  cuenta  que se estaría violando el  principio de presunción de inocencia.   

Argumenta  que  tampoco  puede  tenerse  en  “sentido   estricto   de   la   palabra”  las   declaraciones  que  sobre  los  hechos  realizó  su  defendido,  ni mucho menos pretender que  las versiones coincidan cuando se  le pregunta sobre los mismos hechos.   

Reitera que la certeza de responsabilidad se  dedujo  sólo  de lo “que se extrajo de las versiones  del  imputado”, no habiendo una prueba directa que lo  señale como tal.   

Comenta  que  en  el  acápite  que  llamó  “Recapitulación  de  las  pruebas que obran en  el  proceso”,  el Tribunal concluyó “que  no  hubo  tal atraco y que entonces en últimas, los hechos del  homicidio  se  sucedieron  en  la  residencia o apartamento donde cohabitaban”  su defendido y la víctima.   

Dice  que no comparte la credibilidad que se  les  dio  a  los   testimonios  del  reciclador  que  el día de los hechos  recogió  un  colchón  y  que  señaló  que  no  se lo compraron porque estaba  ensangrentado,   de  William  Guerrero  Castañeda  y  Rafael  Enrique  Alarcón  Urrutia,  las  dos  últimas,  declaraciones  parcializadas,  habida  cuenta que  tenían  interés  en  los  bienes  de  la  occisa.  Así  mismo,  anota que los  testimonios  de  los  familiares  son  de “oídas, de  rumores y de chismes”.   

Por lo expuesto, considera que el Tribunal no  analizó  lo dicho por cada testigo sino que tomó alguno de los argumentos para  sostener  el  grado  de  conocimiento  de  certeza y la participación  del  acusado.   

Además, asevera que no se tuvieron en cuenta  los  testimonios  de personas que indicaban que los esposos, el día 5 de agosto  de  2001,  sí  permanecieron   en  Jamundi,  ni los que indicaban que  entre los conyugues había buena relación de pareja.   

Señala que se vulneraron los artículos 7º  y 232 del Código de Procedimiento Penal.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, dictar sentencia absolutoria.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  El articulo 212 de la Ley 600 de 2000  contempla   los   presupuestos  que  debe  contener  la  demanda  de  casación,  encontrándose,  entre ellos, el de señalar la causal y fundamentar el yerro, a  fin  de  que  la  Sala  pueda   avizorar  la  trascendencia  del  mismo con  respecto  a las conclusiones adoptadas en la sentencia.   

En  tales  condiciones, cuando el reproche se  funda  por  los  senderos  de  la  causal  primera  de  casación por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso raciocinio, corresponde al censor  enunciar y demostrar el vicio de la siguiente manera:   

En  primer lugar, dentro del entendido que la  violación  de  la ley surge de manera mediata, esto es, como consecuencia de la  equivocada  apreciación  de  la  prueba,  lógico es que se señale sobre cuál  elemento de juicio recae el error invocado.   

Como  quiera  que se alega error de hecho por  falso  raciocinio,  de la misma manera compete al casacionista que señale cuál  fue  la  regla  de  la  lógica,  principio  de  la  ciencia  y/o  máxima de la  experiencia  vulnerada,  de qué manera lo fue y su incidencia frente a la parte  conclusiva del fallo.   

Vale  recalcar  que  en  lo  atinente  a  la  trascendencia  del  error  en  la  apreciación  probatoria, necesario es que el  casacionista  tenga para el efecto todos los medios de prueba que sustentaron el  juicio  de  condena, en la medida en que si el mismo resulta inane, la sentencia  permanecerá incólume.   

Finalmente,  con  el  objeto  de  integrar la  proposición  jurídica  completa,  el libelista debe señalar cómo el error en  la  apreciación  de  las  pruebas  condujo  a  aplicar  una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el  asunto  o,  a  excluir otra que sí dirimía el objeto  litigioso desde el plano del juicio de derecho.      

2.  En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  si  bien  es  cierto  que  el  casacionista  invoca el error de hecho por  violación  de  la  reglas  de  la  sana crítica, de todas maneras, como era su  deber,  no  indico  cuál  fue  el  postulado  de la lógica, el principio de la  ciencia  o  la  máxima de la experiencia desconocida en el acto de apreciación  de  la  prueba,  al  punto  que condujo al juzgador a declarar una verdad que no  revela el proceso.   

Dentro  de  la  pluralidad  de argumentos que  exhibe  el  casacionista  con  el  ánimo  de  demostrar  el error invocado como  sustento  de  la  causal  de  casación  por él escogida, muestra inconformidad  sobre  la  credibilidad  que  los juzgadores le dieron a los distintos medios de  prueba,  hipótesis  que  pone  en  evidencia el desconocimiento de las mínimas  reglas   para   demandar,   por  ejemplo,  la  prueba  de  indicio  en  sede  de  casación.   

Como  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia de la  Corte,  en  tratándose  de  la  prueba  de  indicios, cuando el yerro que se le  señala  al  juzgador  recae  sobre el hecho indicador corresponde al censor que  indique  la  naturaleza  del error, es decir, si de hecho o de derecho, el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  de  existencia,  identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Si  la  critica  frente  a  la  construcción  indiciaria  radica  sobre  la  inferencia  lógica  o  respecto  de su gravedad,  concordancia  y convergencia, claro resulta que su censura se debe fundar por el  camino   del   error   de  hecho  por  falso  raciocinio;  y  como  se  señaló  anteriormente,  también comporta que el libelista indique cuál fue la regla de  la  sana  crítica trasgredida y su trascendencia frente a la decisión adoptada  en la sentencia.        

Sin acoger los anteriores derroteros el censor  simplemente  afirma  que  el  Tribunal  apreció, de manera errada, la prueba de  indicios,  al  determinar  que  la muerte de la dama ocurrió treinta seis horas  antes  de  la declaración de su fallecimiento en el centro asistencial, sin que  hubiere  señalado  si el error radicaba sobre el hecho indicador, la inferencia  lógica   o   la   fuerza   persuasiva   del   indicio   frente   a   la  unidad  probatoria.   

Así   mismo,   el   casacionista  también  manifiesta  que  no  comparte  la  afirmación  del Tribunal, según la cual, el  acusado  no  pudo  perder la memoria en los términos planteados en su coartada,  en   tanto   que,   a   su   juicio,   los  expertos  no  manifestaron  nada  al  respecto.   

De  la  misma manera, critica al Tribunal por  haber  “desmenuzado” las  distintas   versiones   que  rindió  el  acusado  con  el  fin  de  deducir  su  responsabilidad en el grado de conocimiento de certeza.   

Finalmente,  manifiesta que no comparte   los  testimonios  sobre  los cuales también dedujo la existencia del hecho y la  responsabilidad del acusado en el citado grado de conocimiento.   

Dicho  de  otra  manera,  de  acuerdo con las  distintas  hipótesis  planteadas por el defensor, en manera alguna evidencia un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  puesto que del discurso argumentativo  sólo  se  advierte   una  forma   personal  de apreciar los medios de  prueba,   obviamente   en   abierta  discrepancia  con  lo  manifestado  en  los  fallos.   

Por manera que, como lo ha dicho la Corte, la  sola  discrepancia  en  cuanto  al  mérito  dado  a  los  medios  de  prueba no  constituye  yerro  demandable en casación, en la medida en que el juzgador goza  de  libertad  para  justipreciar los elementos de juicio, sólo limitado por los  postulados   que informan la sana crítica.   

Además,  no  sobra recordar que la sentencia  llega  amparada  a esta sede por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los hechos declarados como probados en el fallo corresponden con la  actividad  probatoria  desplegada  en  el  proceso,  y  que  la norma sustancial  escogida era la llamada a gobernar el asunto.   

Así,   ante   la   falta   de  claridad  y  precisión,  la censura se inadmitirá.   

Finalmente, otra razón más para inadmitir el  libelo   aunado  a  que  no  se  advierte  violación  alguna  de  los  derechos  fundamentales    o    garantías   de   SAMIR   PAJOY  SARRIA,  que  determine  el  ejercicio  de la facultad  oficiosa  de  índole  legal  que  al  respecto  le asiste a la Sala en punto de  asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor  de  SAMIR    PAJOY   SARRIA.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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