22965(13-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22965  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 055.  

          Bogotá D.C., julio trece (13) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por   la   defensora   del   procesado   DAYRO  GERMÁN  SALAZAR BENAVIDES contra la  sentencia  anticipada   del  Tribunal Superior de Neiva de fecha julio 6 de  2004,  por  cuyo  medio  confirmó  la  dictada por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Pitalito  (Huila),  que  lo  condenó como autor de los delitos de  peculado    por    apropiación    y    falsedad    ideológica   en   documento  público.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  virtud  de  la  denuncia  formulada  por  el  director del Banco  Agrario,   agencia   Isnos   (Huila),   en   contra   del   señor  DAYRO  GERMÁN  SALAZAR  BENAVIDES, se pudo  establecer  que el segundo en su condición de empleado de la entidad financiera  se  apropió  de  dineros  por  la  suma  de  $  15.160.000,oo, a través de los  llamados  “actigiros”,  que enviaba a otras sucursales del mismo banco y que  eran  cobrados  por  sus  familiares,  para  lo  cual  adulteraba  los registros  contables  y  de  computador,  procedimiento  que  llevó  a  cabo entre el 6 de  febrero y el 14 de noviembre de 2002.       

          La   Fiscalía   26  Seccional  de  Pitalito  decretó  la  apertura  de    instrucción  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria a  SALAZAR  BENAVIDES,  a quien  definió  situación jurídica absteniéndose de decretar en su contra medida de  aseguramiento.   

          A  petición  escrita del procesado, en la cual expresó su deseo de  acogerse  a  sentencia  anticipada,  se  llevó  a cabo el 24 de febrero de 2004  diligencia  de  formulación  de cargos, en donde aceptó cargos por los delitos  de   peculado   por   apropiación   y   falsedad   ideológica   en   documento  público.   

          El  proceso  fue  remitido  al Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Pitalito,  despacho  que  profirió sentencia anticipada el 19 de abril de 2004,  por  cuyo  medio  condenó  a  DAYRO  GERMÁN  SALAZAR  BENAVIDES  a  las  penas  principales  de  56 meses de  prisión,  multa  por  valor  de $ 15.160.000,oo e inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad,  al  encontrarlo  autor penalmente responsable de los delitos por los que aceptó  responsabilidad.   En  la  misma decisión, al procesado no se le concedió  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          En  contra  del  proveído  anterior  el  defensor  de  SALAZAR  BENAVIDES  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el cual se pronunció el Tribunal Superior de Neiva mediante  providencia   de   fecha   julio   6   de   2004,   confirmando   la   decisión  impugnada.   

Inconforme  con la determinación de segunda  instancia,  el  defensor  del  sindicado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  que  luego  sustentó  mediante  demanda,  sobre  cuya admisibilidad  formal se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Un  solo  cargo  se  formula  contra  el fallo anticipado de segundo  grado,  con  sustento en la causal primera de casación prevista en el artículo  207   de   la   Ley   600   de   2000,   por   violación   directa  de  la  ley  sustancial.   

          Para  el  actor,  su defendido en la diligencia de indagatoria, cuyo  texto     transcribe    en    lo    que    estima    pertinente,    “subrayó   la   oportunidad   que  se  le  prestaba  para  actuar  inescrupulosamente   al  haber  apreciado  que  sus actos laborales no eran  objeto  de  control y la revisión que sobre las mismas en forma rigurosa debía  desarrollarse diariamente”.   

          Esa  declaración,  en los términos en que fue efectuada, a su modo  de   ver   constituyó   una   confesión,   tal   como  la  ha  concebido  esta  Sala.   

          Lo  anterior, porque de acuerdo con la sentencia de fecha febrero 10  de  1977,  quien  admita  ser  autor  de  un hecho no necesariamente reconoce su  culpabilidad  o  responsabilidad,  pues  de  lo  confesado  se puede extraer una  causal de justificación.   

          En  relación  con  los  requisitos que establece la Ley 600 de 2000  para  la confesión es necesario que sea hecha ante un funcionario judicial, que  la  persona  que  la  realiza  esté asistida por un defensor, que a su vez haya  sido  informada  del  derecho a no declarar contra sí misma, tal como lo prevé  el  artículo  33  de  la  Constitución  Política, y que se haga en forma  consciente y libre.          

          La  falta  de  alguno  de  estos  requisitos,  sostiene, derrumba la  confesión  y  por  lo  tanto  esa  declaración  no  tendrá  “ningún  valor  probatorio”.  Posteriormente,  en el acápite de la “valoración conjunta de  la  prueba”  indica  que el Tribunal al efectuar esa labor  no reconoció  el   aludido   beneficio,   al  tiempo  que  sostiene  que  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia,  esta  figura  debe  representar  un  ahorro de esfuerzo para el  Estado  en  su labor de asumir la carga de la prueba, como lo estableció la Ley  2ª de 1984.   

          Concluye  que  en este caso procede la casación del fallo porque la  sentencia  es  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial  “como  es  la  confesión  en  la  apreciación reducción de pena  (sic) de la injurada tal como  se   dijo   anteriormente   por  reunir  el  requisito  de  que  trata  el  Art.  280”.   

En   consecuencia,  solicita  se  case  la  sentencia  impugnada  “y  en su lugar se profiera el  fallo que corresponda”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Es  evidente  que la demanda objeto de examen, en el único reproche  que   contiene,   desconoce   las   exigencias   técnicas   que   regulan  este  extraordinario    medio    de   impugnación   y   por   ello   se   impone   su  inadmisión.   

          De  acuerdo con lo que indican los numerales 3° y 4° del artículo  212  Ley  600  de  2000, vigente para el momento en que ocurrieron las conductas  por  las  cuales se procede (entre el 6 de febrero y el 14 de noviembre de 2002)  y  para cuando se profirió la sentencia de segunda instancia (julio 6 de 2004),  la   demanda   de  casación  deberá  contener  “La  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas”.   

Pues  bien,  en  el  caso  de  la especie es  indiscutible  que la propuesta del casacionista no se presenta en la forma clara  y  precisa que exige la referida norma y que, ante dicha circunstancia, se ha de  proceder  de  conformidad  con la consecuencia procesal prevista en el artículo  213 ibídem.   

          Para  comenzar,  resulta  oportuno  señalar  que el casacionista no  satisface  los  condicionamientos propios de la causal primera de casación -por  violación  directa  de la ley sustancial- que invoca en procura de demostrar la  ilegalidad del fallo que impugna.       

          Tal  como  lo tiene dicho en forma pacífica la jurisprudencia de la  Sala,  cuando  se  trate de desarrollar violación directa de la ley sustancial,  el  actor  está  obligado a respetar los fundamentos fácticos y probatorios de  la  decisión  impugnada  para así concentrar su atención exclusivamente en el  error  de juicio que sin mediación alguna recae sobre la norma sustancial, pues  si  pretende  ventilar discusiones en derredor de la apreciación de la prueba o  de  los  supuestos  fácticos, para ello cuenta con la causal que por naturaleza  está  predestinada  para  ello,  esto  es,  la  violación  indirecta de la ley  sustancial.   

            Se  pretende  a  través  de  la censura  demostrar  que el fallador incurrió en un yerro por no tomar como confesión, y  por  ende  no  aplicar  los beneficios punitivos pertinentes, la indagatoria que  rindiera   en   el   proceso   DAYRO  GERMÁN  SALAZAR  BENAVIDES,  en  la  cual  aceptó  la  autoría  de la  conducta;  pero  para  ello  el censor se aparta abiertamente de los fundamentos  fácticos  y  probatorios  de  la  sentencia impugnada, en donde expresamente se  negó  la  aplicación de la diminuente, luego de haber sido uno de los aspectos  en  los que se cifró el recurso de apelación interpuesto por la defensa contra  la  sentencia anticipada de primer grado.  Sobre el particular, señaló el  Tribunal en la providencia recurrida lo siguiente:   

          “Como  primera  medida  deberá aclararse si Dayro Germán se hace  acreedor   o   no   a   la  reducción  de  la  pena  en  una  sexta  parte  por  confesión:   los  hechos  fueron conocidos por la autoridad competente por  la  denuncia  presentada  por Javier Méndez Lizcano, director del Banco Agrario  de  Isnos,  el  día  27  de  noviembre  de  2002  en  la  que  da a conocer las  irregularidades  presentadas  en  un giro que iba a ser cobrado por la esposa de  Darío  Germán  Salazar  Benavides  en  el  Banco  Agrario  de  Timaná,  al no  encontrarse  la  copia  de  ese actigiro y al ser descubierto, no le quedó otra  alternativa  que  reconocer  lo  que  había  hecho.   Su  superior además  descubre  otros  giros  que  realizó:   2  para  la  Oficina de la Avenida  Jiménez  en Bogotá, 5 para la de Pitalito, 7 para la de La Plata y, 21 para la  de  Timaná  por  diferentes valores para un total de $ 15.160.000, para lo cual  anexa copia de los listados de dichos giros.   

          Entonces,  lo declarado por Dayro Germán en su indagatoria no puede  tenerse  por  confesión,  pues  el  hecho  fue  conocido  por la denuncia de su  superior  y  no  porque lo hubiera confesado Dayro Germán, éste en la injurada  corroboró  lo  denunciado  por  su superior y pormenorizó el procedimiento que  siguió    para    llevar    a    cabo    las   conductas   punibles…”1          (subrayas         fuera         de         texto).       

    

          Poco  más adelante, en el mismo proveído, también se precisó que  varios  aspectos  de la conducta no fueron admitidos por el indagado, por manera  que  “al  no  confesar otros hechos diferentes a los  denunciados  por  su superior sino por el contrario obviarlos y, al descubrir el  último  de  los  giros  en  el  curso  de su ejecución, mal podría tenerse la  declaración  hecha  por Dayro Germán en su indagatoria como confesión y, como  consecuencia,   no   tiene   derecho   a   la   rebaja  de  pena  en  una  sexta  parte”             

          Es  claro,  como  corolario  de  lo  dicho, que el casacionista toma  distancia  de  los  presupuestos fácticos y probatorios del fallo impugnado que  la  causal  invocada  le obligaba a respetar, de ahí que surja como conclusión  irrefutable  que  la  violación  directa  de  la  ley sustancial no era la vía  apropiada  para  impugnar  la  decisión  de  acuerdo con los planteamientos del  censor  y que, desde esa perspectiva, incurre en un defecto técnico que conduce  a la inadmisión del libelo.   

          Pero  el  casacionista  no  sólo  incurre  en  el  desacierto   enunciativo  de denunciar un yerro bajo una modalidad  equivocada, porque a  partir  de  su  argumentación  fácil se advierte que tampoco desarrolla algún  error   que   tenga   la   entidad   de  socavar  la  legalidad  del  fallo  que  impugna.   

          Ciertamente,  en  todo  lo  extenso  del  reparo  el  demandante  se  limita  a  exponer su criterio subjetivo en punto de  señalar  que  la  indagatoria  de  su  defendido  reúne  los  requisitos de la  confesión  y  que  en esa medida ha debido reconocerse en su favor el beneficio  punitivo  que  prevé  la  ley  en  caso  de  que  concurra,  pero  sin llegar a  demostrar,  como  le correspondía a través de este recurso extraordinario, que  por   el   hecho  de  negarse  su  concesión  se  vulneró  la  ley  de  alguna  manera.   

          Así  las  cosas,  no  bastaba  con  que  el  actor  recabara en los  requisitos  de  la  confesión a partir de su visión personal para concluir que  la   indagatoria   de   su   prohijado  cumplió  con  dichos  condicionamientos  manifestando  su entera oposición al sentir del Tribunal, cuando es bien sabido  que  este  último criterio se impone en virtud de las presunciones de acierto y  legalidad  que  le  gobiernan  en  esta  sede  extraordinaria, de modo que no es  suficiente  con  la  exposición  de una opinión personal para demostrar que el  fallo es ilegal.   

El  criterio  personal  y  generalizado  del  actor,  ha  recalcado  la  Sala,  no  sólo no se adecua a los postulados de los  errores  atacables  en  casación, sino que en últimas también permite colegir  que  no  desarrolló el único propuesto con fundamento en la causal primera por  violación  directa  de  la ley sustancial.  A lo anterior se aúna que con  esa  postura se aparta totalmente de la naturaleza del recurso extraordinario de  casación,  al  concebirlo  simplemente  como una instancia adicional dentro del  proceso.    

                   Los defectos  técnicos   reseñados   que   acusa  el  libelo  impiden  extraer  “de   forma   clara   y  precisa”  los  fundamentos  de  la  causal  y  del  cargo  que  se  invoca, por lo que, como se  señaló  desde  el  comienzo,  la  decisión  que  se ofrece razonable es la de  inadmitirlo;  además, porque el principio de limitación que regenta este medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  legal  se  encuentra en el  artículo   216  de  la  Ley  600  de  2000,  impide  a  la  Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas  en  las  que  incurre  el  casacionista, por lo que se  colige  que  el  cargo  no  reúne  los requisitos formales exigidos legalmente.   

          Lo  anterior  constituye razón suficiente para inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  DAYRO  GERMÁN  SALAZAR  BENAVIDES y devolver el expediente al  despacho   de   origen,   como   lo   indica   el   artículo  213  ibídem.   Adicionalmente,  porque no  se  advierte que se haya incurrido en violación de garantías fundamentales que  reclame la intervención oficiosa de la Sala.   

     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor de DAYRO GERMÁN SALAZAR  BENAVIDES,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Folios 7 y 8 del cuaderno del Tribunal.      

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