22947(13-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22947   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 024.  

         

Bogotá  D.C.,  abril  trece (13) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ALVARO  GOMEZ  MOLINA, contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Cundinamarca  el  2  de mayo de 2004, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Facatativá,  por cuyo medio lo condenó como  coautor  penalmente  responsable  del  concurso de delitos de hurto calificado y  agravado y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  hechos  que  motivaron  esta  investigación fueron debidamente  declarados  por  el  ad quem,  así:   

“Alvaro  Gómez  Molina   tomó   en   arriendo  un  terreno  de  propiedad  de  Vicente  Medina,  aproximadamente  un  mes  antes  de los hechos, ubicado en la finca ‘Mana     de     Quinte’,   vereda  Cubia,  jurisdicción  de  Bojacá,  con  el  supuesto  ánimo de sembrar papa. Días después, el hijo del  propietario  le  informó  que  el  señor Manuel García poseía un tractor que  arrendaba  y  fue así como Gómez Molina se contactó con aquél, acordando una  cita  el  5 de abril de 2000, en el cruce de Mosquera, para después desarrollar  el trabajo”.   

“En  la  fecha y  sitio  mencionados,  se encontraron y se dirigieron al predio donde se llevaba a  cabo  el arado, y aproximadamente hacia las 5 de la tarde, cuando el tractorista  terminaba  sus labores y el dueño de la maquinaria lo esperaba en su vehículo,  fueron  amenazados  con  armas  de  fuego,  amordazados  y  drogados, por cuatro  hombres  que habían sido vistos por los habitantes del sector en compañía del  procesado  Gómez Molina, quienes se apoderaron del tractor marca Kubota, modelo  8030  cuyo  valor  según  el procesado era de $80.000.000, y un automóvil Lada  2121  de  placas  BBH-087  de  $6.000.000, los dos de propiedad de Nestor Manuel  García,  mientras  el  citado  arrendatario  permanecía impávido simulando no  tener  nada  que  ver con lo que sucedía, retirándose sin poner al tanto a los  vecinos    ni    a    las    autoridades    de   lo   que   sucedía”.   

La   Fiscalía  Seccional  de  Facatativá  declaró  abierta  la instrucción el 7 de abril de 2000, en cuyo marco vinculó  mediante    indagatoria   a   ALVARO   GOMEZ   MOLINA  resolviendo  su  situación  jurídica  con  medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  presunto  autor  del  concurso de delitos de hurto calificado y agravado y porte  ilegal de armas de defensa personal.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  9  de agosto de 2000 con resolución de acusación en contra del  procesado  como  presunto  coautor del concurso de delitos que motivó la medida  asegurativa;  providencia confirmada en segundo grado el 20 de octubre del mismo  año por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cundinamarca.   

La  fase del juicio correspondió al Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Facatativá, despacho que una vez surtido el rito  pertinente  profirió  fallo el 12 de noviembre de 2003, por cuyo medio condenó  a  ALVARO  GOMEZ  a  la pena  principal  de  cuatro (4) años y cuatro (4) meses de prisión, a las accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y  privación  del  derecho  a la tenencia y porte de armas por el mismo lapso y al  pago   de   la   correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como  coautor  penalmente   responsable   del   concurso   de   delitos   por   el   cual   fue  acusado.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  negado  el  subrogado penal de la  condena de ejecución condicional y la prisión domiciliaria.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor   del   acusado   GOMEZ   MOLINA  y el Tribunal Superior de Cundinamarca la confirmó mediante fallo  del   25   de   mayo  de  2004,  mismo  que  ahora  es  objeto  de  impugnación  extraordinaria por parte de la defensa.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  postula  tres  cargos  contra  la sentencia de segundo  grado, los cuales desarrolla de la siguiente manera:   

1.            Primer  cargo:  Violación directa de la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del  artículo 201 del estatuto  penal.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  afirma  que  como  no  se  encontró  el  arma utilizada en la  comisión  del  delito contra el patrimonio, no puede establecerse que en verdad  era  un  arma  de fuego de defensa personal, pues la experiencia indica que pudo  tratarse   de  un  arma  de  juguete  con  el  propósito  de  intimidar  a  las  víctimas.   

Concluye que si el artículo 365 del Código  Penal  no  sanciona  al  “que  presuntamente lleve o  porte  un objeto intimidatorio”, era necesario hallar  el  arma  para  que  se pudiera acusar y sancionar a su asistido por el referido  delito.   

          Finalmente  aduce  que  la interpretación errónea de la ley violó  el  debido  proceso  de ALVARO GOMEZ MOLINA,    con    incidencia    en    la    dosificación   de   la   pena  impuesta.   

2.            Segundo  cargo: Violación indirecta del  artículo    7º   del   estatuto   procesal   penal   (principio   in dubio pro reo).   

          Bajo   la  égida  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación,  el  recurrente  afirma  que  los  falladores  desecharon la duda que  respecto  de  la responsabilidad de su asistido campea en la actuación, para lo  cual    destaca    que    no   existe   “testimonio  fehaciente”   acerca   de   que  las  personas  que  cometieron  el  delito de hurto se bajaron del vehículo del procesado cerca del  lugar  de los hechos y que se valoró erradamente “el  testimonio  del  camionero  que  asistió  al  inculpado,  testimonio  que  deja  entrever  que  por  lo  menos  el incupado no tenía, como lo dice el testigo la  aprensión    psicológica   de   la   persona   que   acaba   de   cometer   un  ilícito”.   

          También  indica  que el denunciante no señaló a su procurado como  autor  de  los  hechos,  sino  que le pareció sospechoso en cuanto no era de la  región.   

          ALVARO    GOMEZ    MOLINA   no   sirvió  “como    señuelo    para   el   hurto”,  dice el casacionista, pues de haber sido así, “no  habría llevado el tractor hasta las tierras por el (sic)  arrendadas,  donde era conocido, si  no    (sic)    que    se  hubieran  (sic)  hurtado los  bienes  en el camino hacia el lote” y tampoco habría  llevado   su   camioneta   que   era   “fácilmente  identificable”.   

          No  es  cierto,  continúa, que su defendido hubiera intentado huir,  pues  bien  se  “se  habría podido quedar, donde el  señor  que  lo  auxilió  cuando  se varó, o haber seguido hasta Soacha por el  galón      de      gasolina      que     le     habían     vendido”.   

          Por   tanto,   considera   el  actor  que  en  punto  del  principio  in   dubio   pro   reo,  el  ad     quem    decidió  “no        aplicarlo        o        aplicarlo  incorrectamente”  en  la  sentencia,  dado  que incurrió en un error de  hecho al apreciar las pruebas.   

3.            Tercer  cargo: Nulidad de lo actuado por  aprehensión ilegal del procesado.   

Asevera  el  demandante  que  ALVARO  GOMEZ  fue aprehendido ilegalmente  pues  en  su  contra  no  se había librado orden de captura ni se encontraba en  situación  de  flagrancia  y  sólo  medio  la  sospecha que respecto de aquél  tuvieron  los  policías,  circunstancia  que conculcó su derecho a la libertad  personal y que torna nulo el trámite.   

Con  fundamento en los cargos propuestos, el  defensor solicita a la Sala casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Inicialmente se advierte que el casacionista  no  se  sujeta  a  las  exigencias  del  principio  de  prioridad  que rige este  trámite,  según  el  cual,  primero  deben  ser propuestas las situaciones que  conlleven  nulidad  de  la  actuación  en caso de ser aceptadas y luego las que  devienen  de  las  otras  causales  de  casación, pues comienza por plantear la  violación   directa  de  la  ley  sustancial,  continua  con  la  propuesta  de  conculcación  indirecta  de  la  misma y finalmente solicita la declaratoria de  nulidad de lo actuado.   

Precisado  lo  anterior  acomete  la Sala el  estudio formal de cada uno de los cargos presentados así:   

1.            Primer  cargo:  Violación directa de la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del  artículo 201 del estatuto  penal.   

En  atención a que el demandante estima que  los  falladores  conculcaron directamente el artículo 365 del Código penal por  interpretación  errónea, pues condenaron al procesado pese a que no se adujo a  la  actuación  el  arma con la cual se dice que fueron intimidadas las personas  para   conseguir  el  apoderamiento  de  los  bienes  hurtados,  sin  dificultad  encuentra  la  Sala  que  la defensa carece de interés jurídico para presentar  tal reproche.   

En  efecto,  se  advierte  la ausencia de la  identidad  temática  que  debe  existir  entre  los  fundamentos del recurso de  apelación  del  fallo  de  primer  grado  y  los  planteados  en  sede  de esta  impugnación  extraordinaria, pues si bien el defensor recurrió la sentencia de  primera  instancia, es lo cierto que allí únicamente planteó que ALVARO  GOMEZ no participó en la comisión  del  delito  contra  el  patrimonio,  sin  que  se refiriera de manera alguna al  punible de porte ilegal de armas.   

          Es  decir, en la sustentación del recurso de apelación interpuesto  contra  la sentencia proferida por el a quo  el  defensor no se mostró inconforme con la condena por el delito  de  porte  ilegal  de  armas,  ni  con  la  valoración  judicial de las pruebas  respecto  del  mismo  y  tanto  menos  en  punto  de  la interpretación que los  falladores  dieron al artículo 365 del estatuto penal, como ahora lo plantea en  el libelo de casación.   

Por  tanto,  considera  la  Sala  que  si el  procesado  y  su  defensor se mostraron conformes con lo decidido en el fallo de  primer  grado,  la  defensa carece ahora de interés para habilitarse en sede de  este  recurso  extraordinario  en procura de abordar un tema que no trató en su  momento,  cuya  omisión  privó al ad quem  de  pronunciarse  sobre una tal argumentación y por ello, resulta  improcedente  que  sin  aquel  debate  previo lo proponga ahora en su demanda de  casación,  circunstancia  que  impone  la  inadmisión  del  cargo por falta de  interés  del impugnante, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

2.            Segundo  cargo: Violación indirecta del  artículo    7º   del   estatuto   procesal   penal   (principio   in dubio pro reo).   

Tiene dicho la Sala que cuando lo pretendido  por  el defensor es alegar la duda razonable, le corresponde señalar la vía de  su  impugnación,  esto  es, si se trata de violación directa o indirecta de la  ley  sustancial.  Si  postula  la  primera es su deber demostrar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o la responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia  de  condena con exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el  principio,  cuando  le correspondía en consonancia con su exposición absolver,  reglas que el actor desatendió por completo.   

Pero  si  el vicio denunciado se funda en la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  debe señalar si se trata de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso   juicio   de   legalidad,   acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección, técnica que tampoco utilizó.   

Como  puede  observarse,  el casacionista se  limita  a  cotejar  su  particular  apreciación  de  algunas  pruebas  (informe  policial   suscrito   el   6   de   abril  de  2000,  denuncia  de  Manuel    García,    declaración    de  Vicente Medina y Armando    Santiago    Pabón)   con   la  valoración  de  los  falladores, pero no concreta yerro alguno en el cual hayan  incurrido  estos,  proceder  inadmisible  en  este recurso extraordinario que no  está    instituido    para    prolongar    los    debates   librados   en   las  instancias.   

          Adicional  a  lo  anterior, en manifiesto quebranto del principio de  no  contradicción,  el  recurrente  afirma  que  el ad  quem  “no aplicó o aplicó  incorrectamente”    el    principio   in  dubio  pro  reo  en  la sentencia, sin  percatarse  que  un tal planteamiento entraña una contradicción, pues la falta  de   aplicación  descarta  de  plano  la  aplicación  indebida,  circunstancia  adicional  que  evidencia  la  ausencia  de  rigor técnico en el desarrollo del  reproche.   

          Por  las razones expuestas, la Sala no tiene camino diverso a seguir  que el de inadmitir la censura.   

3.            Tercer  cargo: Nulidad de lo actuado por  aprehensión ilegal del procesado.   

Se  encuentra  establecido  que  si  bien la  acreditación  de  la  causal tercera de casación resulta ser más flexible que  la  requerida  para  demostrar  las  otras  causales,  es  imprescindible que el  demandante  proceda con precisión, claridad y nitidez a identificar la clase de  irregularidad   sustancial   que   determina   la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  el  cargo  objeto de estudio advierte la  Sala  que si bien el censor identifica la irregularidad que enuncia, esto es, la  captura  ilegal  de  su  representado,  no procede a explicar la forma en que se  produjo  la  violación  del  debido  proceso,  esto  es,  de qué manera fueron  socavadas  las bases y estructura del trámite, dado que en virtud del principio  de  trascendencia  que  rige  la  declaratoria de nulidad del proceso, la simple  ocurrencia  de  la incorrección no conduce necesariamente a la invalidación de  lo  actuado,  en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo unos resultados  adversos  y  lesivos  a  los  intereses  y  derechos  del  sindicado, pues de lo  contrario,   el  vicio  carece  de  trascendencia  e  imposibilita  declarar  la  pretendida invalidez.    

En  efecto,  el  defensor  no indica de qué  manera  una  real  o  supuesta  aprehensión  ilegal de su asistido tiene efecto  invalidante  sobre  la  actuación  ulterior,  más  aún  si  para  evitar  tal  irregularidad  se  han  dispuesto mecanismos especiales tales como la acción de  habeas  corpus,  sin que por  tanto, se afecte la legitimidad y validez del trámite adelantado.   

          Es  decir,  la  ilegalidad  denunciada carece de trascendencia en el  fallo  atacado  como  para derruir la dual presunción de acierto y legalidad de  la  que  está  revestido, dado que los errores que ameritan la casación de las  sentencias  no  pueden  consistir  en  meras irregularidades, inconsistencias, o  inclusive  ilegalidades,  habida cuenta que el carácter reparador del instituto  torna  imprescindible  que  se  evidencie  la concreción material y efectiva de  aquellas  en  lo decidido en la determinación reprochada, pues de lo contrario,  como  sucede  en  este  asunto, cualquier corrección que se disponga deviene en  intrascendente.   

Como   se   ha  visto,  es  claro  que  el  casacionista   se   limita  a  enunciar  lo  que  en  su  criterio  estima  como  irregularidad  sustancial,  pero  no  procede  a demostrar que en verdad se haya  quebrantado  el  debido  proceso,  omisión  que  no  se sujeta a las exigencias  dispuestas   por   el   legislador   para  acceder  a  este  medio  impugnaticio  extraordinario   en   punto   de   alegar  y  demostrar  la  causal  tercera  de  casación.   

Finalmente  se  tiene  que  ni  siquiera  el  recurrente   precisa  el  efecto  invalidante  de  la  declaratoria  de  nulidad  solicitada,    razón    de   más   para   inadmitir   el   cargo   objeto   de  estudio.   

En suma, no hay duda que la demanda acusa las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  que  no  pueden  en  modo  alguno ser  subsanadas  por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que  rige   el   trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del trámite violación de derechos o garantías  del  procesado GOMEZ MOLINA,  como  para  que tal circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa  que  sobre el particular le confiere el legislador a la  Sala en punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   a   nombre  del  procesado  ALVARO  GOMEZ  MOLINA, por las razones consignadas en la parte motiva  de esta providencia.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

No hay firma  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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