22935(19-01-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso 22935            

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado  acta  N°   001   

         

Bogotá,    D.    C.,    diecinueve (19) de enero de dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Se     pronuncia     la   Corte    sobre   la   admisibilidad   formal   de   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado de ALDEMAR          PULIDO         MONTAÑO          contra    la   sentencia   proferida   el   5   de   noviembre   de   2003, por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Ibagué, en la que al confirmar la del Juzgado Penal del  Circuito  de  Líbano  (Tolima),  fechada  el  22  de  julio  del mismo año, lo  condenó por el delito de acceso carnal violento.   

  H   E   C   H   O  S   

El     juzgador     de   segunda    instancia   los   sintetizó   de   la   siguiente manera:   

“El   17   de   septiembre   de  2001,  el  C.T.I.   del     Líbano    denunció   ante    la    Fiscalía   Seccional   al   señor   ALDEMAR  PULIDO MONTAÑO por haber  accedido  carnalmente  a su hermana de 15 años de edad, MARITZA FERNANDA PULIDO  MONTAÑO,  quien  resultó  en  estado  de  gravidez  que se complicó y por tal  motivo  fue  trasladada  al  Hospital  Regional  de  este municipio donde le fue  practicado  un  legrado.   El  acceso carnal ocurrió en el mes de abril de  2001    en    una    finca    de   la   vereda   Casaroja   del   municipio   de  Murillo.”   

L  A      D  E  M A N D  A   

Bajo  el título que denominó “LA  SENTENCIA  SE  FUNDAMENTA EN PRUEBAS FALSAS”, resalta  el  actor  algunas  de  las  consideraciones  del fallo de  primera   instancia   en   relación   con  la  valoración  de  los  medios  de  convicción.   

Así, afirma que en la primera versión que  la  víctima  rindió  ante  las autoridades,  acusó a su hermano de haber  abusado  sexualmente  de ella mediante el uso de violencia. Sin embargo, resalta  que   en   posterior   oportunidad,   cambió  radicalmente  el  sentido  de  su  declaración,  al manifestar que la relación fue  realizada bajo su propio  consentimiento ante la propuesta del procesado.   

Igualmente,   refiere   que   su   representado,  en  la  diligencia  de indagatoria,  manifestó   “que  él  no  le  propuso,  sino  que  simplemente  llegaron  al  potrero  y  sin palabras se acariciaron, se besaron y  entraron en contacto carnal”.   

Por ello, aclara que su defendido en ningún  momento  niega  el  hecho  de haber tenido relación sexual con su hermana y que  incluso  se  acogió  a  los beneficios de sentencia anticipada por el delito de  incesto.   

En  consecuencia,  censura  la credibilidad  otorgada  a  los  testimonios  rendidos por la víctima y sus familiares, puesto  que,   en   su  criterio,  los  juzgadores  incurrieron  en  un  “ERROR  DE  HECHO POR FALSO JUICIO DE IDENTIDAD DE LA PRUEBA, ya que  suponen  que  la  primera  versión  es  la  verdadera  y la segunda versión es  falsa”,  situación  que  conllevó  a  que  a  su  representado  se le desconocieran las garantías de presunción de inocencia, de  favorabilidad y de la duda.   

Así  mismo,  dice  que  el  sentenciador  incurrió  en  “ERROR DE HECHO POR FALSO RACIOCINIO  DE  LA PRUEBA”, toda vez que vulneró los postulados  de  la  sana  crítica,  al  presentarse  un  único  testigo  que,  a  pesar de  desvirtuar  efectivamente  su  primera narración,  no se valoró de manera  integral.   

Anota  que  similar  suerte  corrieron  los  testimonios  de los padres y demás hermanos del sentenciado, toda vez que, a su  juicio,  corroboraron  la  segunda  versión rendida por la menor al manifestar,  entre  otras  cosas,  “que  no  llegó  con moretones, aporreada o embarrada, que  la  relación  entre sujeto  activo    y   sujeto   pasivo   siguió   normal”.   

Finaliza,  criticando la posición adoptada  en  las  decisiones que pretende derruir, pues, en su criterio, no es cierto que  la  menor  inicialmente  hubiera  mentido  por  temor  a  las represalias de sus  padres.   

Por  último,  en  el  acápite de pruebas,  anexa  fotocopia de los fallos de primera y segunda instancia y constancia de su  ejecutoria.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

De  manera  reiterada  viene  señalando la  Corte  que para el demandante resulta ineludible el estricto cumplimiento de los  requisitos  formales  y sustanciales contemplados en los artículos 220 y 222 de  la  Ley  600  de 2000, ya que la pretensión de quien acude a esta acción está  dirigida  a  derruir  la inmutabilidad y firmeza que caracterizan las sentencias  ejecutoriadas,  exigencias  que de no ser acatadas conllevan a la inadmisión de  la demanda.   

En  efecto,  el  actor en su escrito no dio  cabal  cumplimiento  a  lo  que  regla el artículo 222 ibídem, toda vez que no  precisó  la  causal en la que apoya su solicitud ni desarrolló los fundamentos  fácticos  y  de  derecho de la misma, exigencias de ineludible cumplimiento que  la  Corte  no  puede entrar a suplir, dado el carácter rogado de la acción, lo  que conlleva necesariamente a la inadmisión del libelo.    

Ahora  bien,  entendiendo  que es la prueba  falsa  el  fundamento  de  la acción, se puede concluir que el actor acude a la  causal  quinta  de revisión, esto es, cuando se demuestre mediante decisión en  firme   que   el   fallo  se  fundamentó  en  prueba  falsa,  hipótesis  cuyos  presupuestos  exigen:  a) que la prueba haya sido el fundamento determinante del  contenido  del  fallo,  b) que se haya proferido por la justicia penal sentencia  en  firme,  o declarado en decisión con los mismos efectos su falsedad y c) que  el  objeto  de  prueba  en  esta  condena  corresponda  exactamente en su causa,  sentido  y alcance, al medio cuya eficacia demostrativa sirvió para producir la  certeza    dentro   del   pronunciamiento   de   condena   cuya   revisión   se  persigue.   

Sin   embargo,   al  no  existir  ninguna  correspondencia   entre   el   escrito  y  las  exigencias  señaladas,  resulta  manifiesta  la  improcedencia  de  la  demanda, toda vez que no basta con que el  actor  alegue  que la decisión se haya fundamentado en prueba falsa para que la  Corte  admita  el  libelo  y  disponga el trámite legal pertinente, sino que se  impone   el   deber   lógico   de   demostrarlo   a   través   de  providencia  ejecutoriada.   

De igual forma, recae sobre el libelista la  labor  de  demostrar  que  los medios de convicción determinados como falsos en  dicha  sentencia,  constituían  el  fundamento  de la decisión que se pretende  modificar  mediante  la acción de revisión y que, de no haberse presentado tal  situación  ilícita dentro del proceso, la solución del asunto habría sido la  absolución de Aldemar Pulido Montaño.   

En   consecuencia,   al   no   allegarse  pronunciamiento  judicial  que  declare  la  falsedad  de  la  prueba  en que se  fundamentó  la  conclusión  del  fallo  demandado, obvio resulta que la causal  invocada no se configura.   

Además,  claro es que el actor no sólo se  aparta  de  los lineamientos en que se ampara este instituto, sino que desconoce  que  el  proceso ya terminó con sentencia ejecutoriada que ha hecho tránsito a  cosa  juzgada  y  que,  por  lo  mismo, no se trata de una instancia más ni del  recurso  de  casación,  como  parece  equivocadamente  entenderlo, en la que se  puedan  discutir  nuevamente  los  aspectos jurídicos o los elementos de juicio  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión  que  tiene  el  carácter  de  definitiva e inmutable.   

En  esas  condiciones,  no  se admitirá la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1. Reconocer al doctor Jorge Hernando Rangel  Echeverry  como apoderado del condenado ALDEMAR PULIDO  MONTAÑO.   

2.   INADMITIR  la  demanda  de  revisión presentada contra el fallo  proferido  el  5  de  noviembre  de  2003,  por el Tribunal Superior de Distrito  Judicial  de  Ibagué,  mediante el cual se condenó a  ALDEMAR  PULIDO  MONTAÑO  por  el  delito  de acceso  carnal violento.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                           JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                             MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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