22863(01-12-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22863  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

          Bogotá   D.C.,   diciembre   primero   (1°)   de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   JOSÉ           JOAQUÍN   RAMÍREZ   PRADA,   contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Cundinamarca de fecha abril 27 del año en  curso,  por cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado Penal del Circuito de  Fusagasugá  del  12  de  noviembre  de  2003, que lo condenó como autor de los  delitos  de  homicidio  en  la persona de Héctor José  Esquivel  Díaz  y  porte  ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  sucesos que originaron la presente actuación fueron declarados  por el Tribunal de la siguiente manera:    

“El   22   de  diciembre  de  2002,  en  la  ‘Ladrillera     Los  Andes’  barrio Pekín Alto  de  Fusagasuga,  José Joaquín Ramírez Prada disparó el revólver que portaba  sin  salvoconducto  contra Héctor José Esquivel Díaz, quien como consecuencia  falleció  por  choque cardiogénico asociado a anemización aguda producida por  laceración  de  la  arteria aorta en su porción intrapericardia”.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, la  Unidad   de   Fiscalías  Delegadas  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Fusagasuga,  dispuso  la  apertura  de  la investigación, dentro de la cual fue  vinculado  mediante  diligencia  de  indagatoria  JOSÉ  JOAQUÍN RAMÍREZ PRADA.   

          Clausurada  la  instrucción, se profirió resolución de acusación  el  24  de  junio  de  2003  en contra del sindicado, como presunto autor de los  delitos  de  homicidio  en concurso con porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

          La  etapa  de juzgamiento correspondió adelantarla al Juzgado Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá,  despacho que, una vez surtido el trámite legal  pertinente,  condenó  al  procesado  el  12  de  noviembre  de 2003, como autor  penalmente   responsable   de   los  delitos  de  homicidio  en  la  persona  de  Héctor  José Esquivel Díaz  en  concurso  con  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, a la pena  principal  de  13 años y 6 meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la prisión y al  pago   de   daños   y   perjuicios   ocasionados   por   la  comisión  de  los  delitos.      

          Impugnada  la  anterior determinación por la defensa del procesado,  el  Tribunal Superior de Cundinamarca, mediante providencia de fecha 27 de abril  del       año       en       curso,       la       confirmó.             

Contra  esta determinación del Tribunal, el  defensor  del procesado interpuso recurso extraordinario de casación.  Con  el  objeto  de  sustentarlo,  allegó  al  proceso  la demanda, sometida en este  momento a estudio sobre su admisibilidad formal.   

LA DEMANDA  

          Un   solo   cargo   formula   el  defensor  técnico  del  procesado  RAMÍREZ  PRADA  contra  el  fallo  de  segundo  grado, con fundamento en la causal primera del artículo 207  del  estatuto  procesal  penal “por ser violatoria de  una  norma  de  derecho  sustancial  proveniente  de  error  de  derecho  en  la  apreciación  de  una prueba que incidió exclusivamente en la conclusión de la  sentencia recurrida”.   

          Sostiene   el   actor   que   el  error  referido  se  concretó  al  “haber   dado   todo   el  valor  probatorio  a  la  declaración  de  la  menor  JESSICA  ELISABETH  ESQUIVEL  LEON”, toda  vez  que, en su sentir, “si bien es  cierto  que para la apreciación de un determinado testimonio, aquélla no está  sujeta  a  tarifa  legal  alguna,  tampoco  se  puede  hacer caso omiso a lo que  enseñan  las  reglas  de la sana crítica, es decir la lógica, la ciencia y la  experiencia  para  darle  al  testimonio el valor real como causal o motivo para  tomar  una  determinación  de fondo, como ha acontecido con el testimonio de le  mentada menor Jessica Elisabeth”.   

          De  esa  manera,  considera  que la apreciación probatoria correcta  sobre  este  testimonio  fue  la  que  le  realizó el fiscal cuando definió la  situación  jurídica  de  RAMÍREZ  PRADA,  absteniéndose  de  imponer en su contra medida de aseguramiento,  la    cual    transcribe    in   extenso.   

          Dicha   consideraciones,   elaboradas   por   el   funcionario   que  inicialmente  se  apersonó  del  caso, son “más que  suficiente  para  desvirtuar  y  dar  por  cierto  lo que ha dicho la mencionada  menor”  y  refutar  el  criterio  que  se  forjó el  Tribunal  en  torno  a esta probanza “ante lo cual no  estamos  de  acuerdo  y  de  ahí  que hayamos invocado la causal anotada por la  errada  apreciación  de  esta  prueba  o  testimonio  que  dio base para que el  Tribunal  Superior  terminara  con  un  fallo  condenatorio en contra de nuestro  defendido”.   

Es   tan  evidente  el  yerro,  indica  el  demandante,  que el mismo Tribunal reconoció que en su dicho la menor incurrió  en  contradicciones,  de allí que “no nos explicamos  cuál  la  razón  jurídica  para darle entera y contundente credibilidad a tal  testimonio”.   

Adicionalmente,   señala   que   llega  a  esta    conclusión  “porque  sencillamente  el  fallo  de primera instancia lo fue con base en el testimonio de Ismael Cárdenas  Molina,  lo  que  la  segunda  instancia  en  su  fallo condenatorio materia del  recurso que estamos sustentando, lo descartó por completo”   

Así   mismo,   indica   que  “es  un hecho cierto que el ad-quem, empleó indebidamente la ley,  valorando  indebidamente  la  prueba  a  que  nos  hemos referido, para concluir  injustamente  con  una  sentencia  desfavorable a los intereses del señor José  Joaquín  Ramírez  Prada,  ya  que  si  se  observa a plenitud los mandamientos  estipulados  en  los  artículos  232,  inciso  primero,  y  238  del Código de  Procedimiento   Penal,   el  fallo  necesariamente  hubiera  sido  de  carácter  absolutorio  y  no se hubiera violado indirectamente la ley en sus artículos 6,  9,  12  y  32  en  su  punto  1 o 6 del Código Penal y en el inciso segundo del  citado   artículo   232,  norma  sustancial,  violación  que  incidió  en  la  aplicación   errónea   del  artículo  103  del  Código  Penal”.   

De  acuerdo con lo expuesto, en el capítulo  de  la  “conclusión  y  la petición”,  solicita que se case el fallo impugnado y en su lugar se profiera  sentencia  absolutoria  en  favor del procesado, “por  haber  actuado ya dentro de un CASO FORTUITO o en un estado de LEGITIMA DEFENSA,  previstas  en las circunstancias de ausencia de responsabilidad en los numerales  1 y 6 del 32 del Código Penal”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  única  censura  que  contiene  la  demanda  objeto  de estudio,  presentada   por   el  defensor  del  procesado  JOSÉ  JOAQUÍN  RAMÍREZ  PRADA, desconoce de manera evidente  los   presupuestos   formales   que   regentan   este  extraordinario  medio  de  impugnación  previstos  en  el artículo 212 del estatuto procesal penal y, por  esa razón, se inadmitirá.    

Para  llegar  a  esa conclusión, la Sala se  apoya  en  los  siguientes argumentos, sustentados a partir de la confrontación  de la demanda con el fallo de segundo grado y con el proceso:   

          El  casacionista incurre en el desacierto de no desarrollar el yerro  que  invoca,  pues  si  bien  alude que en el fallo impugnado se incurrió en un  error  de  derecho  en  la  apreciación  de la prueba, no expone ninguna de las  alternativas que frente a tal posibilidad surgen.   

De  acuerdo  con  lo  que se ha señalado en  forma  pacífica  e inveterada por esta Sala, cuando la propuesta versa sobre un  error  de  derecho  en  la apreciación probatoria, quien lo propone está en el  imperativo  de  demostrar que se incurrió por el fallador en un falso juicio de  legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba sin el cumplimiento de los ritos legales  exigidos  para su formación o aducción al proceso y, el segundo, se produce al  momento  en  que  se  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  que la ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en  los  sistemas  de tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál  fue  el  mérito  otorgado  a  la  probanza  y  el  valor  que la ley le fija en  particular.   

No  sobra  recordar que en cualquiera de los  eventos  reseñados, el casacionista está en la obligación de demostrar que el  yerro  se  concretó  respecto  de  prueba trascendente, de tal suerte que tenga  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

En el único reproche contenido en la demanda  que  concita  la  atención  de  la  Sala,  el  casacionista  no se preocupa por  desarrollar  ninguna  de las dos modalidades vistas, a pesar de que, se reitera,  invoca    violación   indirecta   de   la   ley   sustancial   por   error   de  derecho.   

Tanto  es  así  que el primer argumento que  propone  en  orden  a  fundamentar  esa  pretensión  tiene  cimiento  en que se  apreció  la  prueba  con  violación  de  los  postulados  de la sana crítica,  argumento  que,  tal  como  ya  se  vio,  no  guarda  ninguna  relación con los  modalidades  en  que  es  viable el error de derecho invocado y que tiene cabida  dentro del denominado error de hecho por falso raciocinio.   

Pero, lo más grave de todo es que tampoco se  advierte  que  el  error del casacionista sea sólo nominal y que en el fondo de  su  prédica  desarrolle  algún tipo de dislate de la sentencia recurrida en la  apreciación de las pruebas.   

Por  un  lado,  porque  su  propuesta  no es  consecuente  con  la  violación  de  las  reglas  de  la  sana crítica o falso  raciocinio  que  insinúa,  porque  ni  siquiera  indica  cuál  es el postulado  científico,  principio  de  la  lógica  o  máxima  de  la  experiencia que se  transgredió  con  la  valoración efectuada por el Tribunal en relación con la  única  prueba en que concentra su atención, esto es, al testimonio de la menor  Jessica  Elisabeth  Esquivel,  quien   fuera  testigo  presencial  de  la  muerte  de  su  abuelo  Héctor           José          Esquivel          Díaz.         

Y,  de  otra parte, porque al interior de su  crítica  subyace  únicamente  la  intención de enfrentar su criterio personal  con  el  plasmado  en la sentencia impugnada, sin advertir que tal actitud está  confinada  de  las  lindes  de  este  extraordinario recurso, no sólo porque su  naturaleza  no  consulta  con  el  debate  propio de una tercera instancia, sino  porque  ello  no es suficiente para desvirtuar la doble presunción de acierto y  legalidad que precede al fallo impugnado al llegar a esta sede.   

Lo anterior se patentiza en grado sumo cuando  el  actor  aduce  que  la  valoración  acertada  en  torno a esta prueba fue la  efectuada  por  la  fiscalía  en  la  decisión  por  cuyo  medio se abstuvo de  decretar  medida  de  aseguramiento  en contra de su patrocinado, argumentación  que  transcribe  in  extenso,  que  no  fue  más  que  la  expresión  de un criterio subjetivo sobre su valor  probatorio  de  hecho  insuficiente  para  demostrar  la ilegalidad del que a su  turno plasmó el Tribunal en la providencia impugnada.   

También  es evidente que el actor se aparta  de   los   presupuestos   formales   que  rigen  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  porque  ni siquiera señala la trascendencia del supuesto defecto  de  apreciación  de  la  única  prueba  en  la que basa la censura frente a la  decisión  que  impugna, lo cual adquiere gran importancia si se tiene en cuenta  que  para  llegar  a la conclusión sobre la responsabilidad penal del procesado  en  las conductas punibles endilgadas, el Tribunal no sólo se basó en el dicho  de    la    menor    Jessica   Elizabeth,  nieta  del  occiso,  sino  que,  siguiendo una sólida estructura  conceptual,  comenzó por desvirtuar el dicho del procesado, quien alegó que el  resultado  fue  fruto de un comportamiento defensivo y fortuito, para lo cual se  valió  del  análisis  de  otros  medios  de  prueba,  en especial de carácter  testimonial,  y  lo  mismo hizo para dar crédito al testimonio de la menor, sin  olvidar  que  en  el  mismo  sentido se contó con el dicho del también infante  Oscar  Iván  Esquivel Díaz,  hermano  de  la  citada  y  con los indicios que el sentenciador de primer grado  construyó  en contra del procesado, aspectos que conforman unidad jurídica con  la  decisión  impugnada y que, en consecuencia, también debieron ser rebatidos  por  el  casacionista,  pues  al respecto resulta conveniente recordar que en el  único  tópico  en  donde  no  hay  uniformidad  entre  los dos fallos es en la  declaración    vertida   al   proceso   por   Ismael  Cárdenas, a quien el fallador de primer grado otorgó  plena    credibilidad   mientras   que   el   Tribunal   se   apartó   de   ese  sentir.   

Entonces,  como  con  facilidad  se  puede  apreciar,  es  claro  que  el  censor  tampoco  esboza  la  trascendencia  de su  cuestionamiento,  lo que se torna mayormente incompresible cuando, como se acaba  de  señalar, el fundamento probatorio de la decisión no radicó exclusivamente  en  el  dicho  de  la  menor Jessica Elisabeth Esquivel  Díaz,  al  que  se  dedicó  en  forma  exclusiva  el  reproche.   

Mas  la incorrecciones no cesan ahí, porque  en  punto  de la violación de la ley sustancial no se extrae con claridad cuál  es  la  intención  que  se pretende, pues el demandante refiere a la vez que el  comportamiento  de  su  defendido  fue  en  estado de legítima defensa y que el  resultado  se  produjo como consecuencia de un caso fortuito, sin que se detenga  en  una  de estas excluyentes de responsabilidad en particular o mucho menos las  vincule  al  pretendido defecto de apreciación probatoria que pregona.  La  argumentación,  en  este  sentido, es incompleta.        

          El  principio  de  limitación que regenta este medio extraordinario  de  impugnación,  y  que por vía legal encuentra consagración en el artículo  216  del estatuto procesal penal, impide a esta Sala subsanar las incorrecciones  anotadas en las que incurre el casacionista.   

De  lo  anterior  se desprende que el único  cargo  propuesto  en  el  libelo  presentado  por  el  defensor  de JOSÉ  JOAQUÍN RAMÍREZ PRADA no satisface  los  presupuestos  formales  previstos en el artículo 212 del estatuto procesal  penal,  en  tanto  de  conformidad  con  su numeral 3°, la demanda de casación  deberá  contener  “La enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

Por  tanto, es evidente que la decisión que  corresponde  adoptar  es  la  de inadmitir la demanda presentada por el defensor  del  procesado  RAMÍREZ PRADA  y  devolver  el  expediente  al  despacho  de  origen,  tal  como  lo señala el  artículo         213        ejusdem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro del presente trámite y en la sentencia se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por el defensor de JOSÉ JOAQUÍN RAMÍREZ  PRADA,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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