22743(13-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22743   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 88  

          Bogotá    D.C.,    octubre   trece   (13)   de   dos   mil   cuatro  (2004).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor del procesado JOSE  LEIBER  BELTRAN PERILLA contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Ibagué  el 23 de febrero de 2004, confirmatoria de la dictada por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Melgar el 22 de febrero de 2002, por cuyo  medio   lo   condenó,   junto  con  RUBIELA  TRUJILLO  GUZMAN,  como  autores  penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  culposo  en Edwin  Montes  Pimentel, Yamile Montes Pimentel y Ramiro  Alberto  Alvarez  Borda, y lesiones  personales   culposas   en   Esmeralda   y  Arismendi  Montes  Pimentel.   

         La  Procuradora Segunda Delegada para la Casación Penal sugiere en  su  concepto  declarar la nulidad del fallo impugnado y disponer la cesación de  procedimiento  en  favor  del  procesado  JOSE LEIBER  BELTRAN   PERILLA.  También  solicita  que  se  case  oficiosamente   la   sentencia  con  relación  a  la  incriminada  RUBIELA  TRUJILLO  GUZMAN,  quien no fue  impugnante   pero   se   encuentra   en   los  mismos  supuestos  de  quien  sí  demandó.   

HECHOS  

          Los    sucesos    que   motivaron   este   diligenciamiento   fueron  adecuadamente declarados en el fallo de segundo grado, así:   

El 19 de junio de 1997, aproximadamente a las  9:30  de  la  mañana, “sobre la vía Melgar-Bogotá,  exactamente  400  metros  adelante  del kilómetro 28, en el sitio conocido como  ‘La  Palmara’, el automóvil Chevrolet Corsa, color  azul  perlado,  de  placas  BHK-225, modelo 1996, conducido por Rubiela Trujillo  Guzmán  colisionó  con  el  campero Jeep Willys, carpado, color rojo de placas  AMB-566,  a  cuyo  volante iba Ramiro Alberto Alvarez Borda, siendo este último  automotor  arrollado  por  el bus afiliado a Expreso Palmira, distinguido con el  número  interno  7627,  de  placas  TAP-024,  guiado  por José Leiber Beltrán  Perilla,   quien   también   se   movilizaba   en   igual   sentido”, dando lugar al resultado ya descrito.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con base en el informe de las autoridades de  tránsito,  la Fiscalía Seccional de Melgar declaró abierta la instrucción el  24  de junio de 1997, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a RUBIELA  TRUJILLO  GUZMÁN  y JOSE     LEIBER     BELTRAN     PERILLA,  definiéndoles  su  situación  jurídica  el 3 de septiembre del mismo año con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva, como presuntos autores del  concurso  de  delitos  de  homicidio culposo y lesiones personales culposas, con  derecho  a libertad provisional garantizada mediante caución, que sólo prestó  la primera.   

Cerrada  la  investigación,  el sumario fue  calificado  el  8  de octubre de 1998 con resolución de acusación en contra de  los  procesados como probables  autores  del  concurso  de  delitos  que  motivó  la  imposición  de medida de  aseguramiento;  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de  Ibagué  confirmó  la  acusación mediante providencia del 8 de febrero de 1999  al  conocer  del  recurso  de alzada interpuesto por el defensor de RUBIELA TRUJILLO GUZMÁN.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Melgar,  despacho  que  una  vez realizada la  audiencia  pública profirió sentencia el 22 de febrero de 2002, por cuyo medio  condenó   a   RUBIELA   TRUJILLO  GUZMAN     y    a    JOSE    LEIBER    BELTRAN  PERILLA.  A la primera a la pena principal de cuarenta  y  cuatro  (44)  meses  de  prisión,  multa  de  seis  mil  pesos ($6.000.oo) y  suspensión  en  el  ejercicio  de  la  conducción  de automotores por tres (3)  años,  y  al  segundo  la  pena  principal  de  cuarenta  y  ocho (48) meses de  prisión,  multa  de ocho mil pesos ($8.000.oo) y suspensión en el ejercicio de  la conducción de automotores por cuatro (4) años.   

También los condenó a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso   de   la  sanción  privativa  de  libertad,  y  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios. En la misma decisión les negó  el  subrogado  de la condena de ejecución condicional y les otorgó la prisión  domiciliaria.   

Impugnado el fallo por los defensores de los  acusados,  el Tribunal Superior de Ibagué lo confirmó mediante providencia del  23   de   febrero   de  2004,  contra  la  cual  el  apoderado  de  JOSE   LEIBER  BELTRAN  PERILLA  interpuso  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

         Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación, el defensor del  procesado  JOSE  LEIBER  BELTRAN  PERILLA  plantea un solo cargo, en virtud del cual solicita la nulidad del  fallo  de  segundo  grado,  por considerar que al momento de ser proferido ya se  encontraba  prescrita  la  acción  penal derivada de los delitos por los cuales  fue acusado su asistido.   

         Para   demostrarlo   expone   que  “la  prescripción  de  la  acción  como  derecho  de defensa, hace parte del debido  proceso  constitucional” y que en virtud de él, el  Estado   tiene   unos   límites   dentro   de  los  cuales  debe  adelantar  la  investigación  y  juzgamiento de las conductas delictivas, lo cual se encuentra  conforme  con  la  prohibición  de  dilaciones  injustificadas que figura en el  artículo  29  de  la  Carta Política, así como en el Pacto de Nueva York y la  Convención de San José de Costa Rica.   

         Precisa    que    “la   irregularidad  sustancial  se  presentó  desde  el  8  de febrero de 1999, cuando la Fiscalía  Primera  Delegada  Ante  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  (T),  confirmó la  resolución  de  acusación”,  dado  que si con tal  decisión  se  interrumpió el término prescriptivo y comenzó a contabilizarse  de  nuevo por la mitad de este, sin que sea inferior a cinco (5) años, evidente  resulta  que  en  atención a que el delito de homicidio culposo tenía una pena  máxima  de  seis  (6)  años  de  prisión,  la  prescripción de la acción se  cumplía  a  los  cinco  (5)  años siguientes a la ejecutoria de la acusación,  esto es, el 9 de febrero de 2004.   

         En  cuanto se refiere a los delitos de lesiones personales culposas  en  Esmeralda y Arismendi  Montes  Pimentel se tiene que  como  “en  el evento de una condena no llegarían a  dos  (2)  años  de pena, significaría que la prescripción de la acción penal  en  la  etapa  de  la  instrucción  y  en  la  etapa de juicio, tienen el mismo  término  prescriptivo,  lo  que  quiere  decir  que  prescriben  en  cinco  (5)  años”.   

         De  lo expuesto concluye que si la resolución de acusación cobró  ejecutoria  el  8 de febrero de 1999, la acción penal derivada de los referidos  delitos  prescribió  el  9  de  febrero  de  2004, y por tanto, si el fallo fue  proferido  el 23 de los mismos mes y año, es evidente que para aquel momento ya  se había extinguido la facultad punitiva del Estado.   

         Con  base  en lo anterior, el defensor solicita a la Corte casar el  fallo  atacado  en  el sentido de declarar la nulidad de la sentencia de segunda  instancia,  y  proceder  en consecuencia a declarar la correspondiente cesación  de  procedimiento en favor del incriminado JOSE LEIBER  BELTRAN PERILLA.   

ALEGATOS   DEL   NO  RECURRENTE   

          Dentro  del  traslado  establecido  en el artículo 211 del estatuto  procesal  penal,  el  defensor  de la procesada RUBIELA  TRUJILLO   GUZMAN  se  pronunció  sobre  la  demanda  presentada en los siguientes términos:   

          El  libelo  se sujeta a lo dicho por esta Sala acerca de la técnica  para  invocar  en  casación  la  prescripción  de  la  acción derivada de los  delitos  por  los que se procede, esto es, la causal tercera. Además, indica el  momento  a  partir  del  cual  debe invalidarse lo actuado, dado que, en efecto,  para  cuando  se  produjo  el  fallo  de  segunda instancia ya había operado la  prescripción    de   las   acciones   de   los   delitos   por   los   que   se  procedía.   

          Considera  entonces,  que  la  demanda  se  ajusta  a las exigencias  formales  y  materiales para conseguir la casación del fallo atacado, en cuanto  este violentó las garantías constitucionales.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

         La  Procuradora  Segunda  Delegada para la Casación Penal solicita  en  su  concepto  la  declaratoria  de  invalidación  de la sentencia objeto de  impugnación  y  que  se  decrete  la  cesación  de  procedimiento en favor del  acusado   JOSE  LEIBER  BELTRAN  PERILLA.  También  solicita  que  se  case  oficiosamente  el  fallo  con  relación   a   la   incriminada   RUBIELA  TRUJILLO  GUZMAN,  quien no fue impugnante pero se encuentra en  los mismos supuestos de aquel.   

         Comienza  por exponer que si bien el demandante acierta al plantear  la  nulidad  del fallo con fundamento en la causal tercera de casación, no tuvo  en  cuenta  que la demostración le correspondía hacerla de conformidad con las  reglas que rigen la acreditación de la causal primera.   

         También   destaca   que   el   censor   ubica  equivocadamente  la  irregularidad  que  denuncia  al  momento  de  cobrar  ejecutoria la acusación,  siendo  que,  aquella  tuvo  lugar  cuando  el  Estado  perdió legitimidad para  proferir el fallo.   

         Pese  a  lo  anterior  expresa que tales falencias no dan al traste  con  la  censura,  pues  se  advierte que el fallo atacado sí fue proferido con  posterioridad  a  cuando  ya  había  prescrito la acción penal derivada de los  delitos    por    los    cuales    fue   acusado   el   procesado   BELTRAN PERILLA.   

         Acto  seguido  puntualiza  que  de  acuerdo  con  el artículo 80 y  siguientes  del  estatuto  punitivo,  la  acción  penal derivada de los delitos  prescribe  en  un  término  igual  al  máximo  establecido  en  el  respectivo  precepto,  sin que sea inferior a cinco (5) años, y que una vez ejecutoriada la  resolución  de  acusación  dicho término comienza a contarse por la mitad del  periodo   inicial,   sin   que,   en   todo  caso,  sea  inferior  a  cinco  (5)  años.   

         Entonces  señala  que  como  en  este  asunto  se  procede por los  delitos  de  homicidio  culposo  y  lesiones  personales  culposas, y el primero  tenía  en  el  derogado  estatuto penal una pena de dos (2) a seis (6) años de  prisión,  dado  que la acusación cobró ejecutoria el 8 de febrero de 1999, el  término  prescriptivo  de la acción penal derivada del referido comportamiento  se  cumplió cinco (5) años más tarde, esto es, el 8 de febrero de 2004, antes  de que fuera proferido fallo de segundo grado.   

         Respecto  del otro comportamiento punible, es decir, el de lesiones  personales  culposas,  aduce  la  Delegada  que  en  atención  a  que  la  pena  establecida  en  el  anterior  Código Penal era de dos (2) a siete (7) años de  prisión,  disminuida  en las tres cuartas partes por tratarse de comportamiento  culposo,  el  término  prescriptivo  en  el  juicio  era  de cinco (5) años de  prisión,   los   cuales   se   cumplieron   el   8   de  febrero  del  año  en  curso.   

         De  conformidad  con  lo anotado concluye que si para el momento en  que  el  Tribunal  profirió  el  fallo  se  segunda instancia, la acción penal  derivada  de  los  delitos  por  los  cuales  se  acusó  al procesado ya había  prescrito,   se   incurrió  en  una  irregularidad  sustancial  que  afecta  la  estructura  del  proceso,  en  la  medida  que  ya  el  Estado había perdido su  potestad  sancionatoria  en  este  asunto,  circunstancia que impone declarar la  nulidad  de  la  sentencia  atacada,  declarar  la prescripción de las acciones  penales  de  los  ilícitos  por  los  que  se  procede,  y  por tanto, cesar el  procedimiento adelantado.   

         Finalmente  sugiere  a  la  Corte que de manera oficiosa se case el  fallo    con    relación    a   la   procesada   no   recurrente   RUBIELA  TRUJILLO  GUZMAN,  dado  que se  encuentra en idéntica situación a la del demandante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cuestión previa.  

          Antes  de acometer el estudio del libelo de casación presentada por  el   defensor   del   procesado  JOSE  LEIBER  BELTRAN  PERILLA,  se impone señalar que de conformidad con lo  establecido  en  el  inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, vigente  para  cuando se profirió el fallo de segunda instancia que corresponde al hecho  procesal  relevante que determina la normativa aplicable en punto del recurso de  casación,  este  medio  impugnaticio procede contra las sentencia proferidas en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y por el  Tribunal    Penal    Militar,    cuando    se    proceda   por   “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo  exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          En   punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si  lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como  ya ha sido reiterado, deben evidenciarse con la sola  referencia descriptiva realizada en la sustentación.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida  en  que  no  resulte viable la casación  ordinaria en el caso concreto.   

          Precisado  lo anterior se observa que en este asunto la pena máxima  establecida  tanto en el derogado estatuto penal como en la Ley 599 de 2000 para  el  delito de homicidio culposo es de seis (6) años de prisión (artículos 329  del  Decreto  100  de  1980  y  109  de  la Ley 599 de 2000). Para el punible de  lesiones  personales  culposas  con  incapacidad  de  setenta  (70)  días es de  veintiún  (21)  meses  de  prisión (artículos 332 y 340 del derogado estatuto  sustantivo,  y  112  y  120  del  Código  Penal vigente). Y para el ilícito de  lesiones  personales  culposas con incapacidad definitiva de quince (15) días y  con  secuela permanente de deformidad física, la sanción es de nueve (9) meses  de  prisión  (artículos 333 y 340 del anterior ordenamiento penal, y 113 y 120  del actual).   

Ahora bien, de tiempo atrás ha precisado la  Sala  que  pese  a que se haya declarado “ajustada la  demanda  a  los  requisitos formales y no obstante dársele el trámite de rigor  en  relación  a  ellos,  tal  decisión no ata ni vincula (…) a la Corte, por  cuanto,  (…)  no  puede perderse de vista que una vez ocurrido ello y obtenido  el  concepto  del  Ministerio  Público  lo  que  corresponde es dictar fallo de  mérito  sobre  las  pretensiones  del casacionista, pero para que eso suceda es  necesario   el   cumplimiento   de   ‘las  exigencias  sustantivas  y  procesales previstas en la ley como  supuestos’”1.   

          Así  las  cosas,  sin  esfuerzo se evidencia que si en razón de la  pena  máxima  dispuesta para los delitos por los que se procedió, no podía el  impugnante  acudir  a  este  recurso por la vía ordinaria, sino a través de la  excepcional,  y  que  entonces,  le  correspondía  ofrecer  explícitamente las  razones  por las cuales debía intervenir la Corte de manera discrecional, labor  que  no adelantó, no hay duda que pese a haber sido admitida la demanda y a que  se  haya  recibido  el  correspondiente  concepto del Ministerio Público, al no  cumplir  aquella  con las exigencias establecidas por el legislador para acceder  a  esta  impugnación  extraordinaria,  no hay camino diverso a seguir que el de  desestimarla,  de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600  de 2000.   

          Prescripción de las acciones penal y civil.   

De acuerdo con lo establecido en el artículo  83  de la Ley 599 de 2000 (que corresponde al artículo 80 del anterior estatuto  penal),  durante  la etapa instructiva la acción penal prescribe en un término  igual  al  máximo  de la pena establecida en la ley, pero en ningún caso puede  ser  inferior  a cinco (5) años. Durante la fase de la causa tal lapso comienza  a  contarse  de  nuevo a partir de la ejecutoria de la resolución de acusación  por  un  tiempo  igual a la mitad del establecido para la etapa de instrucción,  sin que pueda tampoco ser inferior a cinco (5) años.   

        Las  conductas  punibles  por  las cuales fue acusado el procesado  JOSE     LEIBER    BELTRAN    PERILLA  se  ejecutaron  bajo  la  vigencia  del Decreto 100 de 1980, que  preveía  en  su  artículo 329 para el punible de homicidio culposo una pena de  dos  (2)  a seis (6) años de prisión, sanción igual a la establecida ahora en  el artículo 109 de la Ley 599 de 2000.   

A su vez, el delito de lesiones personales  culposas    con    incapacidades    como    la    señalada    a    Esmeralda  Montes Pimentel (70 días de  incapacidad)     y     a     Arismendi     Montes  Pimentel  (15  días  de  incapacidad definitiva con  secuela  permanente  de  deformidad  física),  en  el  derogado  estatuto penal  tenían  señaladas penas de seis (6) meses a tres (3) años de prisión para el  primero  (inciso  2º  del artículo 332) y de dos (2) a siete (7) años para el  segundo  (inciso  2º  del  artículo 333); comportamientos que en la Ley 599 de  2000  aparecen  sancionados  con  penas  de uno (1) a tres (3) años de prisión  para  el  primero  (inciso 2º del artículo 112) y de dos (2) a siete (7) años  para  el  segundo  (inciso  2º artículo 113). Sanciones, de conformidad con la  regulación  prevista  en  los dos ordenamientos (artículos 340 del Decreto 100  de  1980 y 120 de la Ley 599 de 2000), deben ser disminuidas en las tres cuartas  partes por tratarse de conductas culposas.   

Por  tanto,  de  acuerdo  con las normas que  vienen  de  citarse,  en  este  caso  el término de prescripción de la acción  penal  derivada de los referidos comportamientos ilícitos en la fase del juicio  es,  sin  lugar  a  dudas,  el  de cinco (5) años, el cual transcurre de manera  independiente  para  cada uno de ellos, de acuerdo a lo establecido expresamente  en el artículo 84 del estatuto penal.   

Así  las  cosas,  si  la  resolución  de  acusación  proferida en contra del incriminado BELTRAN  PERILLA  cobró ejecutoria el 8 de febrero de 1999, es  claro  que  a partir de tal fecha se reinició el nuevo cómputo del término de  prescripción  y,  que,  desde entonces hasta hoy han transcurrido más de cinco  (5)  años.  Y  si ello es así, como en efecto lo es, no a conclusión distinta  puede  llegarse  a  que el fenómeno jurídico de la prescripción de la acción  penal  en  la etapa de la causa hizo presencia el 8 de febrero de 2004, esto es,  antes  de  proferirse  el  fallo  de  segundo  grado,  pues este lo fue el 23 de  febrero del año en curso.   

Lo señalado en precedencia conduce, además,  a  precisar  que  si el Tribunal dictó la sentencia de segunda instancia cuando  ya  había  prescrito  la  acción  penal  derivada de cada una de las conductas  punibles    atribuidas    al    procesado    BELTRAN  PERILLA  en  la  resolución  acusatoria, es claro que  incurrió  en irregularidad sustancial que socava las bases del juzgamiento y la  legitimidad  del  juicio, en la medida que adoptó tal decisión desbordando los  límites  dispuestos  por  el  legislador,  cuando  ya para aquel momento había  fenecido   la   oportunidad   para   que   el   Estado   ejerciera  su  potestad  sancionatoria.   

Tal  irregularidad,  que  por  ello  ostenta  calidad   de   sustancial,  impone  declarar  oficiosamente  la  nulidad  de  la  actuación  surtida  con  posterioridad  al  8  de febrero de 2004, que incluye,  desde  luego,  el  fallo  de  segundo  grado  que,  como atrás se precisó, fue  proferido  el  23 de los mismos mes y año, para proceder, en cambio, a declarar  la  prescripción  de  la  acción  penal  derivada  de los delitos de homicidio  culposo   y   lesiones  personales  culposas  por  los  cuales  fue  acusado  el  incriminado  JOSE  LEIBER  BELTRAN PERILLA   ordenando,   en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en  su  contra  de conformidad con lo establecido en el artículo 39  del estatuto procesal penal.   

Adicional a lo expuesto se tiene que como los  perjudicados  con los comportamientos investigados fueron reconocidos como parte  civil  dentro de este diligenciamiento, en el cual ejercieron la correspondiente  acción,  y  de  conformidad  con lo establecido en el artículo 98 del estatuto  penal,  la  acción  civil prescribe “en tiempo igual  al   de   la   prescripción   de   la   respectiva   acción  penal”,  se  impone  igualmente  declarar  prescrita  la  acción civil  adelantada contra los acusados dentro de esta actuación.   

SITUACION DE LA NO DEMANDANTE  

          Resta   señalar  que  si  la  procesada  no  recurrente  RUBIELA  TRUJILLO  GUZMAN se encuentra en  situación  idéntica  a  la  del  impugnante,  como  quiera  que  vinculada  al  diligenciamiento  fue  acusada  en  la misma decisión por los mismos delitos y,  también  para  cuando  se  profirió el fallo de segundo grado ya se encontraba  prescrita  la  acción  penal  derivada  de  aquellos,  resulta  imperativo  dar  aplicación  a  lo  establecido en el artículo 229 de la Ley 600 de 2000, en el  sentido de hacerle extensivo el sentido de esta decisión.   

          En   consecuencia,   también   respecto   de   ella  se  dispondrá  oficiosamente  la  nulidad  del  fallo proferido en su contra por el Tribunal de  Ibagué,  se  declararán  prescritas  las  acciones  penales  derivadas  de los  ilícitos   de   homicidio   culposo   y  lesiones  personales  culposas  y,  en  consecuencia,  se  dispondrá  la  correspondiente  cesación  del procedimiento  adelantado en su contra.   

          Igualmente  se declarará prescrita la correspondiente acción civil  derivada de los comportamientos por los cuales fue procesada.   

          Dado  que  para  gozar del beneficio de libertad provisional durante  el  curso  del  proceso,  la mencionada ciudadana prestó caución prendaria, se  dispone en virtud de lo decidido su devolución.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley   

RESUELVE  

          1.        DESESTIMAR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JOSE LEIBER  BELTRAN  PERILLA,  por  las  razones  expuestas  en la  anterior motivación.   

2.               CASAR  oficiosamente  la  sentencia  recurrida y, en consecuencia, declarar su nulidad,  por los motivos anotados en esta decisión.   

          3.        DECLARAR  prescritas  las acciones penal y  civil  derivadas  de  los  delitos  de  homicidio  culposo y lesiones personales  culposas   por   las   cuales   fueron   acusados  los  procesados  JOSE  LEIBER BELTRAN PERILLA y RUBIELA TRUJILLO GUZMAN.   

          4.        DECRETAR,  en  consecuencia,  la cesación  del     procedimiento     adelantado    en    contra    de    los    mencionados  ciudadanos.   

         

5.             DEVOLVER  la  caución  prestada  por la incriminada RUBIELA TRUJILLO  GUZMAN     para     acceder     a    la    libertad  provisional.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de   servicio                                        Salvamento parcial de voto   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1   Sentencia  del  25  de abril de 2001. Rad. 15289. M.P. Dr.  Carlos Gálvez Argote, entre otras.     

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