21115(19-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21115   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 043.  

         

Bogotá D.C., mayo diecinueve (19) de dos mil  cuatro (2004)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de casación presentada por el Procurador Judicial 117 Delegado  en  lo Penal, contra la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  Antioquia  el  20  de  febrero  de 2003, mediante la cual confirmó el  fallo  dictado por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado del mismo  lugar  el  26  de  abril  de  2002,  por  cuyo  medio  condenó  a  WILMAR   ALBERTO   CHAVARRIA  JARAMILLO  y  ALIRIO  ANTONIO  AYALA LOPEZ,  como  coautores  penalmente  responsables del concurso de quince (15) delitos de  homicidio agravado y concierto para delinquir.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   hechos   motivo   de   esta  actuación  fueron  adecuadamente  sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“Entre los días  17  y  18 de enero de 2000, en el corregimiento de Ochalí, municipio de Yarumal  (Antioquia),  un  grupo  de  hombres  que  se identificaron como miembros de las  autodefensas  de  Córdoba  y  Urabá,  portando armas de corto y largo alcance,  radios  de  comunicación  y  vistiendo  prendas de uso privativo de las fuerzas  armadas,  sacaron  de  sus casas a algunas personas que se encontraban en listas  previamente   elaboradas,   a   quienes  condujeron  al  atrio  de  la  iglesia,  calificándolos     de     colaboradores     de     la     guerrilla”.   

“Ese  día  las  dejaron  en libertad, pero al siguiente fueron conducidas hasta un sitio cercano  al   cementerio   donde  las  hicieron  tender  en  el  piso  y  les  dispararon  causándoles  la  muerte,  entre  las  que  se  encuentran:  DIANA  MILENA ARIAS  ESPINOSA,  ALCIDES GOMEZ TORRES, GLORIA PATRICIA CHAVARRIA BUILES, WILDER ANDRES  GARCIA  VALBUENA, MARTIN DE JESUS TORRES, ROCIO ANALIDA JARAMILLO, HECTOR HERNAN  PATIÑO,  JHON  JAIRO  BARRIENTOS  PATIÑO,  DIANA  MILENA  ARIAS ESPINOSA, LUIS  EVERARDO  TORRES  ROLDAN, ALVARIO HERNAN TORRES, MARINO ANTONIO URIBE JARAMILLO,  JUVENAL  ANTONIO  TORRES  ROLDAN,  DAIRO  TORRES AREIZA y HUMBERTO ANTONIO MARIN  GARCIA”.   

          La   Fiscalía   Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializado  de  Medellín  declaró abierta la instrucción el 1º de febrero  de   2000,   en   cuyo   marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  ALIRIO  ANTONIO  AYALA LOPEZ y como persona  ausente      a     WILMAR     ALBERTO     CHAVARRIA  JARAMILLO, resolviéndoles su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posibles  coautores  del  concurso  de  delitos  de homicidio  agravado  y  concierto  para delinquir, mediante providencias del 8 de febrero y  30 de junio de 2000, respectivamente.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  20 de septiembre de 2000 con resolución de acusación en contra  de  los procesados, como presuntos coautores del concurso de delitos que motivó  la medida asegurativa.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de Antioquia, despacho que  una  vez  surtido el rito pertinente profirió fallo el 26 de abril de 2002, por  cuyo  medio  condenó  a  ALIRIO  ANTONIO  AYALA LOPEZ  y  WILMAR  ALBERTO CHAVARRIA  JARAMILLO,  a la pena principal de cuarenta (40) años  de  prisión y multa de cuatro mil (4000) salarios mínimos legales mensuales, y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  veinte  (20)  años  como  coautores penalmente responsables del  concurso de delitos por los cuales fueron acusados.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  sindicado  AYALA  LOPEZ y por  la     defensora     del     procesado     CHAVARRIA  JARAMILLO,  y  el  Tribunal  Superior  de Antioquia la  confirmó  mediante  fallo del 20 de febrero de 2003, el cual es ahora objeto de  impugnación extraordinaria por parte del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

Previo  a postular y desarrollar la censura,  el  Procurador  117  Judicial  Delegado  ante  el Tribunal Superior de Antioquia  expone  que  si bien el Ministerio Público no impugnó el fallo de primer grado  y  por  ello,  de  conformidad  con  lo  expuesto  por  esta Sala, carecería de  interés  para  interponer  el  recurso  extraordinario, estima que el yerro que  denuncia  en  punto  del  “desatino  ocurrido  en la  aplicación  del  derecho  sustancial”  se encuentra  “al  mismo  nivel de importancia del de nulidad como  motivo  de  casación”, circunstancia considerada por  la  jurisprudencia “como una de las hipótesis en que  el  sujeto  procesal  aunque no hubiese impugnado el fallo de primera instancia,  podría     intentar     legítimamente    el    recurso    extraordinario    de  casación”.   

          También  anota  que  de  no reconocerse que le asiste interés para  acudir  en  casación,  ello “equivale a que se tenga  el  Ministerio  Público  como si hubiese contribuido a la producción del vicio  que  originó  el protuberante agravio, cuando ni lógica ni jurídicamente ello  cabe considerarlo así”.   

Acto seguido, el impugnante plantea un cargo  único  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, formulado al amparo de la  causal  primera,  cuerpo  primero,  por  violación directa de la ley sustancial  determinado  por  falta  de  aplicación  del  inciso 3º del artículo 29 de la  Constitución  Política  y  del  inciso  2º  del  artículo  6º  del estatuto  procesal  vigente,  y  aplicación  indebida del inciso 3º del artículo 52 del  mismo ordenamiento.   

Para  demostrarlo expone que el a  quo condenó a los procesados a la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  veinte  (20)  años,  providencia  que  fue  confirmada  por  el  Tribunal.   

Refiere  entonces  que si se tiene en cuenta  “que  se suscitó un fenómeno de sucesión de leyes  penales  en  el tiempo, durante el cual tuvo cumplimiento las conductas punibles  por  las que fueron condenados los señores Alirio Antonio Ayala López y Wilmar  Alberto  Chavarría  Jaramillo,  esto es, entre el 17 y 18 de enero de 2000, era  necesario  para  los  juzgadores,  a efectos de la determinación judicial de la  pena   accesoria,   la   realización   de  una  valoración  comparativa  entre  aquellas”.   

Precisa  que  los  funcionarios  judiciales  debieron  advertir “que el artículo 52 de la Ley 599  de  2000,  vigente  a  partir  del  24 de julio de 2001, permite imponer la pena  accesoria  de  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  en  la  misma  proporción de la sanción principal, que para nuestro  caso  sería de cuarenta (40) años, mientras que el artículo 3º de la Ley 365  de   1997,   bajo  cuyo  imperio  sucedieron  los  hechos  punibles  materia  de  juzgamiento,  facultaba  infligir  dicha  pena  en una duración máxima de diez  (10) años”.   

          Por  tanto,  estima  el  demandante  que  en virtud del principio de  favorabilidad  se imponía aplicar de manera ultraactiva la legislación vigente  para  cuando sucedieron los hechos, y no, aplicar retroactivamente el inciso 3º  del  artículo 52 de la Ley 599 de 2000 como ocurrió en la sentencia impugnada,  circunstancia que incide en su legalidad.   

Con  base en lo expuesto, el censor solicita  casar  parcialmente  el  fallo  atacado,  en  el  sentido  de  dosificar la pena  accesoria  de  conformidad  con lo establecido en el artículo 3º de la Ley 365  de 1997.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  artículo  213  del Código de Procedimiento Penal establece que  si  “el demandante carece de interés o la demanda no  reúne  los  requisitos se inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho  de origen”.   

          El  interés  jurídico  del  sujeto procesal constituye presupuesto  para  ejercitar  la  impugnación de lo decidido mediante la utilización de los  recursos,  con el propósito de remover, mejorar, atemperar o reparar un agravio  sufrido  con la providencia que se reprocha, circunstancia que se hace extensiva  a este medio impugnaticio extraordinario.   

          Reiteradamente  ha  expuesto  la  Sala que de manera general, cuando  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,  incluido  desde  luego  el Ministerio  Público,  no  interpone  o  sustenta  en  debida forma el recurso de apelación  contra  el fallo de primer grado, estando en condiciones efectivas de proceder a  ello,  da  muestras  de  conformidad  con  el  mismo,  y en tal medida carece de  interés  para  impugnar  a  través  del  recurso  de casación la sentencia de  segunda  instancia  confirmatoria  de la decisión proferida por el a  quo,  pues  se encuentra imposibilitado  para  invocar  a la hora de nona un presunto o real agravio a fin de legitimarse  para acudir al referido recurso.   

          También  ha  precisado  la  Sala  que  de  manera excepcional puede  concurrir  al recurso de casación el sujeto procesal que sin haber impugnado el  fallo   de   primera  instancia,  se  encuentre  en  alguna  de  las  siguientes  circunstancias:   

          1)        Cuando  se  acredite  que  de  manera  arbitraria  se  le privó del  ejercicio del recurso de instancia.   

          2)        Cuando  la sentencia de segundo grado haya desmejorado su situación  jurídica.   

          3)        Cuando   con   la   consulta   del   fallo   se   le   cause  algún  agravio.   

          4)        Cuando  proponga mediante un libelo de casación en forma la nulidad  del  trámite,  dado  que  la conformidad con el fallo sólo es válida si el se  encuentra   libre  de  incorrecciones  que  afecten  su  legitimidad1.   

          Igualmente  se  ha  puntualizado  con ponencia de quien ahora cumple  igual  cometido, que el “Ministerio Público no está  exento  del  deber  de  apelar  el  fallo  de primer grado, si aspira a adquirir  legitimidad  para un eventual recurso de casación, pues el interés general que  representa  o su reconocida condición de imparcialidad, no trastocan la calidad  de  sujeto  procesal, que debe actuar en igualdad de condiciones respecto de los  demás,  sin  privilegios  que  no hayan sido reconocidos por la propia ley para  fines  de mayor justicia”2.   

Por  consiguiente, si el Ministerio Público  en  este  asunto  ostentó la condición de sujeto procesal en la actuación, no  impugnó  la  sentencia  de primer grado a través del recurso de alzada, no hay  constancia  que tal omisión hubiera sido producto de una especial circunstancia  que  se lo impidiera, no fue desmejorada la situación de los sujetos procesales  con  el  fallo  de  segunda  instancia  en  cuanto  confirmó  la  decisión del  a  quo, y no se propone en el  libelo  la  nulidad  de lo actuado, evidente resulta que carece de interés para  acceder al recurso de casación.   

          En  punto  de  las observaciones que sobre el particular presenta el  impugnante,  baste  señalar  que  no  es  la  trascendencia  del  yerro  lo que  determina  la  salvedad  a  la  regla  general  de  la impugnación del fallo de  primera  instancia  para  acudir en casación, ni se trata de un “formalismo    extralegal”,   en   tanto  menester  resulta  que  en  virtud  del principio de preclusividad de las etapas  procesales,  de  las  formas  propias  del  juicio  y del principio de seguridad  jurídica,  no  se  revivan  oportunidades  que  se  han  dejado transcurrir sin  actuar, salvo en las especiales situaciones ya anotadas.   

          Adicional  a  lo  expuesto  se  tiene  que  no  puede  el Ministerio  Público  aspirar  a  un  tratamiento  preferencial y diferente al de los demás  sujetos  procesales  que  intervienen  en  la  actuación  ni  siquiera  bajo el  pretexto  de  la  defensa del orden jurídico, de las garantías fundamentales o  del  interés  general  que le asiste como representante de la sociedad, pues su  intervención  esta  sometida a las reglas que guían la actividad de los demás  sujetos  procesales,  y en tal medida le corresponde asumir las cargas impuestas  por la ley procesal.   

Sobre  el  particular  ha  dicho la Sala que  “si el agente del Ministerio Público como todos los  demás  sujetos procesales recibe notificación de la sentencia de primer grado,  resulta  incomprensible que decline el deber de defender el orden jurídico o de  activar  el  interés  por los derechos o garantías fundamentales en el momento  oportuno,  esto  es,  cuando  se produce la decisión de primera instancia donde  supuestamente  se  presentan  las  hipótesis  que demandan su cuidado y control  para  intentar  luego su rescate en la extraordinaria sede de casación, a donde  puede  llegar  trocando la paritaria condición de sujeto procesal – que implica  el  sometimiento  a la regulación legal del derecho de postulación – por la de  privilegiado   impugnante   per  saltum”3.   

          Así  las  cosas,  dado que no se cumple con el presupuesto procesal  del  interés  jurídico, se impone la inadmisión del libelo de conformidad con  lo  establecido  en  el  artículo  213  del  estatuto  de  procedimiento penal,  circunstancia  que  conlleva  la  consecuencia  procesal de declarar desierta la  impugnación,  mediante  providencia  que adquiere ejecutoria en la fecha que es  suscrita y no admite recurso alguno.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  presentada  por  el  Procurador  Judicial  117  Delegado  en lo Penal de Antioquia de conformidad con  las razones consignadas en la anterior motivación.   

Contra  este auto no procede recurso alguno.   

Comuníquese   y   cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Providencia   del   24   de  abril  de  2000.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.   

2 Auto  del 23 de septiembre de 2003. M.P. Dra. Marina Pulido de Barón.   

3  Providencia   del   2   de   junio  de  1998.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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