22730(27-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22730  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                      Magistrada ponente:   

                                      MARINA PULIDO DE BARÓN   

Aprobado Acta N° 94.  

Bogotá,  D.  C., octubre veintisiete (27) de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación excepcional presentada por la defensora del  procesado       JAVIER      AURELIO      CÁRDENAS  GUACANEME,  contra  la  sentencia de segunda instancia  proferida  el  12  de  abril  de 2004 por el Tribunal Superior Militar, por cuyo  medio  confirmó  el fallo dictado el 20 de agosto de 2003 por el Juzgado 5° de  Brigadas  con  sede  en  esta  ciudad,  Fuerzas Militares de Colombia, Ejército  Nacional,  que  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable del delito de  ataque al inferior.   

HECHOS  

En  el  fallo  de  segunda  instancia fueron  declarados de la siguiente manera:   

“Rezan los autos  que  el  día  3  de septiembre de 1999, cuando el soldado RODRÍGUEZ GALINDO se  desplazaba  dentro de las instalaciones de la Escuela de Policía Militar N° 13  hacia  el  almacén  de  comunicaciones  para  hacer  aseo,  escuchando un radio  walkman,  se  encontró  con el Te. CÁRDENAS a la sazón oficial de servicio de  la  unidad,  quien  se  le  acercó  con el propósito de quitarle el radio y en  vista  de  que el soldado opuso resistencia para evitar que se lo arrebatara, en  el  forcejeo  el  oficial  le  propinó un rodillazo en los testículos quedando  este  tendido  en  el suelo. Al momento de levantarlo continuó ultrajándolo en  forma brusca y agresiva.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Abierta  la  instrucción  y  escuchado  en  indagatoria  el  Teniente del Ejército Nacional JAVIER  AURELIO   CÁRDENAS   GUACANEME,   luego   de  varias  incidencias  procesales,  el  6  de  abril de 2001 el Juzgado 76 de Instrucción  Penal  Militar  de  Bogotá  resolvió la situación jurídica del vinculado con  medida  de aseguramiento de detención preventiva como presunto autor del delito  de  ataque  al  inferior  en  la  persona  del  soldado  reservista HEVER    DARÍO    RODRÍGUEZ    GALINDO.   

Cerrada  la  investigación, la Fiscalía 26  Militar  ante  Brigadas  de  la  Quinta División del Ejército Nacional de esta  ciudad  el  30  de  noviembre  de 2001 dicta resolución de acusación contra el  sindicado  por  el  mismo delito y grado de participación a que se había hecho  referencia  al  resolverse  la  situación  jurídica,  decisión  que  alcanzó  ejecutoria el 11 de febrero de 2002.   

Correspondió  al Juzgado 5° de Brigadas de  las  Fuerzas  Militares  de  Colombia  –  Ejército  Nacional de Bogotá adelantar el juicio y, celebrada la  corte  marcial,  el  20  de  agosto  de  2003  condenó  al  procesado a la pena  principal  de  dos  (2)  meses  de  prisión,  a  las  accesorias de separación  absoluta  de  la  fuerza  pública  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  tiempo  igual al de la sanción privativa de la libertad, al  hallarlo  autor  penalmente  responsable  de  la  conducta punible materia de la  acusación.  Declaró  que  el acusado continuara disfrutando de su libertad, la  que  a  partir  de  ese  momento  sería  incondicional  y  definitiva  por pena  cumplida.   

El fallo anterior lo apeló la defensora del  acusado  y  el  12  de  abril de 2004 el Tribunal Superior Militar lo confirmó.   

Contra  la decisión de segunda instancia la  misma  recurrente  del  fallo  de  primera  instancia  interpuso  y sustentó el  recurso  de  casación  excepcional  en  la forma como pasa a verse.   

LA DEMANDA  

La  libelista afirma que en consideración a  que  a  su defendido le fue impuesta la pena privativa de la libertad de dos (2)  meses  de prisión, quantum menor al exigido para la casación ordinaria, la que  procede   entonces   es   la   discrecional   en  punto  del  desarrollo  de  la  jurisprudencia y la protección de derechos fundamentales.   

Manifiesta que su propósito es el de que la  Corte  desarrolle  su  jurisprudencia sobre los temas relacionados con el delito  de    ataque   al   inferior,   al   debido   proceso   y   al   “juicio   desvalorativo  de  la  prueba”.   

Enseguida afirma que la Sala no ha tratado la  conducta  punible  ataque  al inferior, delito contra la disciplina, en especial  para  determinar  sus  alcances  y  las  penas  accesorias  a las que se deberá  condenar  al  sujeto  activo  de  tal  infracción.  No  se  explica  cómo a su  defendido  se  le hubiera impuesto la separación absoluta de la fuerza pública  siguiendo  la  tradición  de  que  frente  a esta clase de delitos han generado  “siempre”  por los jueces  militares,  esa  clase  de sanción, sin detenerse a analizar la necesidad de la  pena    y    particularmente    la    prevención    general,    “teniendo   en  cuenta  que  circunstancias  realmente  aberrantes  e  inhumanas se presentan al interior de las filas militares.”   

En relación con la garantía de los derechos  fundamentales  expone  que  los  jueces de instancia al valorar la prueba, no lo  hicieron  en  conjunto  como  lo ordena el artículo 404 del Estatuto Castrense,  pues   le   dieron  gran  relevancia  a  las  declaraciones  de  las  sicólogas  Ursula   Chávez  y  Patricia  Laverde,  a  pesar de las dudas y contradicciones destacadas por la defensa en  la  inspección  judicial  al lugar de los hechos, y, de otra parte, el Tribunal  descalificó   la   retractación  realizada  por  el  ex  soldado  Hever  Darío Rodríguez Galindo, afirmando  su  interés  en  mentir  y  como  una  estrategia  de  perdón hacia el Oficial  investigado,  sin  detenerse  a  analizar  el  ánimo que llevó a la víctima a  replantear su relato inicial.   

En  el  capítulo  que  denomina conclusión  afirma   que   si   el   ad  quem   hubiese  contado  con  desarrollo jurisprudencial sobre el delito de  ataque  al  inferior  y  las  consecuencias  efectivas  de  la pena accesoria de  separación  absoluta  de  la  fuerza  pública, otra hubiera sido la decisión.   

Y  si  hubiese  tomado  en consideración el  principio  in dubio pro reo la  duda la debió resolver favorablemente a su defendido.   

Por  lo  anterior,  solicita  que  se  case  parcialmente    el    fallo    recurrido    y,    en    lugar,   “MODIFICARLO  y abstenerse de SEPARARLO ABSOLUTAMENTE DE LA FUERZA, y  la  correspondiente  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un  tiempo igual al de la pena principal.”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El  artículo  368 del Código Penal Militar  señala  que el recurso de casación procederá contra las sentencias de segunda  instancia,  por  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo  sea  o exceda de seis (6) años aun cuando la sanción impuesta sea una  medida de seguridad.   

En  el  inciso  3° la mencionada preceptiva  señala  que de “manera excepcional, la Sala Penal de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente puede aceptar un recurso de  casación   en  casos  distintos de los arriba mencionados, a solicitud del  Procurador  General  de  la  Nación  o  su  delegado, o del defensor, cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales.”   

Para efectos de la procedencia del recurso de  casación  por  el  quantum punitivo, contrario al pensamiento de la demandante,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  definido  que  no  es la pena fijada al  procesado  en  la  sentencia  la  que  se debe tener en cuenta, sino que como la  regulación  de  la  impugnación  extraordinaria  se  ha  hecho en atención al  “máximo”   de  la  sanción  establecida en la ley, “el cálculo para el  caso  del  delito  circunstanciado  requiere  que el máximo previsto en el tipo  básico  o  especial  se incremente en la mayor cantidad posible señalada en el  tipo  subordinado,  si  se  trata  de  agravante,  o  se disminuya en el límite  inferior    indicado,    cuando   se   refiere   a   una   atenuante1.   

Resulta claro, entonces, que en este caso, no  procede  la  casación  común, en consideración a que la pena prevista para el  delito   por   el  cual  fue  juzgado  y  condenado  el  procesado  JAVIER  AURELIO CÁRDENAS GUACANEME, ataque  al  inferior  tanto  en la normatividad vigente al momento de los hechos como al  dictarse  la  sentencia, tiene fijada pena de prisión que no excede de 6 años.   

En  efecto,  en el artículo 104 del Decreto  2550  de  1988  para la conducta punible de ataque al inferior se fijó una pena  de   prisión   de   “seis  (6)  meses  a  dos  (2)  años”,  preceptiva  aplicable al procesado, en este  caso,     en     virtud     del     principio    de    favorabilidad.   

Y,  en  el  artículo 119 la Ley 522 de 1999  para   el   mismo  delito  señala  una  sanción  de  prisión  “de seis (6) meses a tres (3) años”.   

En  consecuencia, para impugnar la sentencia  de  segunda  instancia  era  necesario  acudir  a  la  casación excepcional que  consagra  el  inciso tercero del citado artículo 368 del Código Penal Militar,  como así lo entendió la defensora del procesado.   

En  tal evento, la jurisprudencia de la Sala  ha  venido sostenido que se hace necesario que el demandante exponga así sea de  manera  sucinta  pero  clara  qué  es  lo  que  pretende  con  la  impugnación  excepcional,  debiendo señalar el derecho fundamental cuya garantía persigue o  el   tema   jurídico   sobre   el  cual  considera  se  hace  indispensable  un  pronunciamiento de autoridad por parte de esta corporación.   

En punto de la casación discrecional compete  al  casacionista  expresar  con claridad y precisión los motivos por los cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya para proveer un pronunciamiento con criterio de  autoridad  respecto  de  un tema jurídico especial, bien para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y a la par servir  de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por  quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como  ya  lo  reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

Además, las razones que aduce el demandante  para  persuadir  a  la  Corte  sobre  la  necesidad de admitir la demanda, deben  guardar  correspondencia  con  los  cargos  que  formule contra la sentencia. Lo  anterior  porque  no  podría entenderse cumplido el requisito de sustentación,  de  manera  que si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre la protección  de  los derechos fundamentales o un específico tema, es apenas elemental que la  censura  le  permita  a  esta  corporación  examinar  en concreto uno o los dos  puntos  que  la  habilitan.  En  otras palabras, debe haber perfecta conformidad  entre   el   fundamento   de   la   casación   excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que  se  formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de  los mismos.   

Es pertinente recordar que, en lo relacionado  con  el  desarrollo  jurisprudencial,  la  Sala  ha  sostenido  que es deber del  casacionista  indicar  si  lo  pretendido  es fijar el alcance interpretativo de  alguna  disposición,  o  la  unificación  de  posiciones disímiles de la  Corte,  o el pronunciamiento sobre un punto concreto que jurisprudencialmente no  ha  sido  suficientemente  desarrollado,  o la actualización de la doctrina, al  tenor   de  las  nuevas  realidades  fácticas  y  jurídicas;  y,  además,  la  incidencia  favorable  de  la  pretensión doctrinaria frente al caso y la ayuda  que   prestaría   a   la   actividad   judicial,   por   trazar  derroteros  de  interpretación   con   criterios   de   autoridad2.   

En  el asunto que concita la atención de la  Sala,  la  demandante creyendo cumplir el requisito de claridad y precisión que  la  postulación  de  la  casación  discrecional  por  la  vía  del desarrollo  jurisprudencial  requiere,  se  limitó  en  la  solicitud  a  plantear  que  su  intención  es  la de que esta corporación se ocupe del tema relativo al delito  de  ataque al inferior por el cual fue condenado su defendido, pero sin precisar  sobre  cuál o cuáles de los elementos del tipo o de la sanción tal preceptiva  ofrece  oscuridad  o ambigüedad que deba ser clarificada, o porque en relación  con  aspectos  jurídicos  de  la  misma  existen  posiciones  jurisprudenciales  encontradas que requieren unificación o actualización.   

En  relación  con el cuestionamiento que la  impugnante  hace  a  la  pena  accesoria  de  separación absoluta de las fuerza  militares  que en las sentencias de instancia le fuera impuesta al procesado, la  defensa  carece  de  interés  jurídico,  pues en este punto falla la identidad  temática  que debe existir entre la apelación y la casación, en la medida que  si  bien  la  defensora del proceso apeló la sentencia de primer grado, omitió  plantear  tal  controversia  en  la sustentación de la alzada impidiendo que el  Tribunal  Superior  Militar  se  ocupara  del  tema que así resulta inadmisible  proponerlo en casación.   

A  las falencias que ofrece el libelo en los  temas  que  habilitan  la  casación  excepcional,  de  por sí suficientes para  inadmitir  el libelo, se suma el no menos grave consistente en que la demandante  soslayó  la  enunciación  de  la  casual  y  la  formulación del cargo, o los  cargos,  con  la  indicación  en  forma  clara  y precisa sus fundamentos y las  normas  que se estimen infringidas, requisito de forma establecido en el numeral  3°  del  artículo  212 del estatuto procesal penal, precepto aplicable en este  caso  en virtud de la previsión contenida en el artículo 372 del Código Penal  Militar  cuando  señala  que  en  el  trámite subsiguiente a la concesión del  recurso    de    casación,   “se   observará   el  procedimiento   previsto   para  tal  efecto  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal.”   

Al  margen  de  la  falencia  anterior,  la  casacionista  se  limitó  a cuestionar desde diferentes aspectos la valoración  probatoria  efectuada  por  los jueces de instancia que llevó a inferir certeza  sobre  la  conducta  punible  investigada  y  la  responsabilidad del procesado,  pretendiendo  que la Sala escoja su criterio por encima del plasmado en el fallo  impugnado,   controversia   que  resulta  inadmisible  en  esta  sede,  dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad con la que están amparados los fallos de  instancia,  con  mayor  razón  cuando en este caso la libelista no acredita los  errores  de  juicio  en  que  ha podido incurrir el ad quem al proferir el fallo  impugnado,  sino  que como se reitera simplemente se contenta con oponerse a las  deducciones  probatorias  del  Tribunal punto que ninguna relación tiene con el  desarrollo jurisprudencial planteado.   

A lo anterior se suma la falta de claridad y  precisión  que  ofrece  el  libelo  que la demandante a pesar de invocar que el  Tribunal  omitió   la  falta  de  aplicación  del  principio in  dubio  pro reo, lo cual llevaría en el  evento  de  prosperar  esta  clase de censura a la Corte a proferir sentencia de  reemplazo  que absuelva al procesado, termina por solicitar que el fallo se case  parcialmente  para  que  en su lugar se abstenga de imponer la pena accesoria de  separación absoluta de la fuerza pública.   

En  consecuencia,  se  debe  concluir que la  recurrente  no  cumplió  la  exigencia  especial  de  sustentar  los motivos de  procedencia  de  la impugnación extraordinaria y la enunciación de la causal o  causales  y  la  formulación  del  cargo  lo  que lleva, a la inadmisión de la  demanda,  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 213 del estatuto  procesal  penal, norma que dice que “Si el demandante  carece  de  interés  o la demanda no reúne los requisitos, se inadmitirá y se  devolverá   el   expediente   al   despacho   de   origen.”    

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación excepcional  presentada  por  la  defensora  del  procesado  JAVIER  AURELIO   CÁRDENAS   GUACANEME,   por   las  razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                     ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                      JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Auto  julio1°/99,  rad.  15537,  M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego; junio22/00, rad.  11149,  M.  P. Fernando E. Arboleda Ripoll y feb.25/04, rad. 21766, M. P. Alvaro  Orlando Pérez Pinzón, entre otros.   

2 Auto  feb.26/0,  rad.  18447,  M.  P.  Jorge  E.  Córdoba  Poveda, entre otros.      

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