22721(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22721   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 77    

Bogotá D.C., quince de septiembre de dos mil  cuatro.   

VISTOS  

Conforme  a  lo normado en el Art. 205 de la  Ley  600  de  2000, examina la  Corte  la  admisibilidad  de la casación discrecional propuesta por el defensor  de   MANUEL  PATIÑO  PARRA,  respecto  de la sentencia de segundo grado proferida por el Juzgado 45 Penal del  Circuito  de  Bogotá el 2 de abril de 2004, por cuyo medio confirmó la condena  de  dos  (2)  años  de  prisión  y  multa  por valor de $50.000.oo impuesta al  procesado  por  el  Juzgado  26  Penal  Municipal  de  la  ciudad,  al  hallarlo  responsable,  en  calidad  de  autor,  de  la  conducta  punible  de  estafa. Al  justiciable  se  le  negó  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la  pena.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  acontecimientos  que dieron origen a la  presente  actuación,  tuvieron  ocurrencia  el  23  de  febrero de 2000 en esta  ciudad  Capital,  fecha  en  la  cual  MANUEL  PATIÑO  PARRA suscribió promesa de compraventa por cuyo medio  se  obligó  a  transferir  el  dominio  del  lote  N°  2  de la manzana 29 que  supuestamente  pertenecía a la Urbanización “Los Nogales” de Suba, a José  Nelson     Moreno     Alarcón,     por     la     suma     de    $9’000.000.oo  representados en la entrega  de  un motor. El promitente comprador vendió a su vez el citado predio a María  Cristina  Abello  Ávila,  pero  como  la  titularidad del terreno se hallaba en  cabeza  de  un  hermano  del  promitente vendedor de nombre Luis Alberto Patiño  Soler,  a  fin de evitar gastos se acordó que éste directamente le escriturara  el  bien  a  la  Sra. Abello Ávila.  Otorgada la correspondiente escritura  pública  y  llevado  a  protocolizar  el  documento  a la Oficina de Registro e  Instrumentos  Públicos de Bogotá, el 12 de marzo de 2001 la dama mencionada en  último  lugar  le  informó  a  Moreno  Alarcón  que, según comunicación del  Departamento  Administrativo de Catastro, la heredad en cuestión era zona verde  -espacio  público-  y  no  había  sido  objeto  de  loteo.  Informado a su vez  PATIÑO   PARRA   de   la  irregularidad en cuestión, nada hizo para solucionar el asunto.   

Fue  así  como Moreno Alarcón instauró la  correspondiente   denuncia   criminal,   y   decretada  la  formal  apertura  de  instrucción   por   la   Fiscalía  114  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  Municipales  de  la ciudad, adscrita a la Unidad 3ª de Patrimonio, PATIÑO    PARRA    fue   vinculado   al  averiguatorio  mediante  la  declaratoria de persona ausente. El citado despacho  mediante  proveído  del  24 de febrero del año anterior, profirió resolución  de  acusación  contra  el  sindicado  en mención como presunto responsable del  delito  de  estafa  previsto  en  el Art. 356 del Dto. 100 de 1980, normatividad  más favorable a los intereses del reo ausente.   

Ejecutoriado el pliego de cargos, del juicio  le  correspondió  conocer al Juzgado 26 Penal Municipal de Bogotá, dependencia  que  luego de evacuar la vista pública, conforme con la acusación profirió el  fallo  de condena al que se hizo alusión en el introito de esta providencia, el  cual  confirmó  integralmente  el  Juzgado  45  Penal  del Circuito de la misma  ciudad, como allí igualmente se anotó.   

LA  DEMANDA   

          1.  Dentro del término legal, el defensor  del  procesado  presentó  demanda  de casación discrecional, y al amparo de lo  previsto  en  el  inciso  tercero del artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal,  solicita  la  admisión  del libelo para la garantía del debido proceso  que  estima  conculcado con el fallo acusado, en cuanto que de manera manifiesta  y   ostensible   se   le   violó  a  su  asistido  el  derecho  que  le  asiste  “al  adelantamiento de una investigación integral,  el  derecho  a la imparcialidad del funcionario en la búsqueda de la prueba, el  derecho  a  la  apreciación  probatoria  solamente de los medios de convicción  legal,  regular  y  oportunamente allegados a la actuación, el derecho a no ser  condenado  cuando  no  exista  en  el proceso la prueba requerida para ello y en  consecuencia  el derecho a que se respete la presunción de inocencia y a que se  le  aplique  una  justicia  justa  conforme  a lo demostrado y establecido en el  proceso”.   

         Tales  falencias, asegura, originan vicios tanto de estructura como  de  garantía,  por  lo que la sentencia atacada se profirió en juicio afectado  de  nulidad.  Como preceptos infringidos denuncia los Arts. 6°, 7°, 20, 232, y  234 del C. de P. Penal.    

Luego de identificar los sujetos procesales y  la  sentencia impugnada, sintetizar los hechos y resumir la actuación procesal,  dos cargos formula el censor contra la sentencia recurrida, así:   

1.1.  El  primero,  al  amparo  de la causal  tercera,  por  considerar  que  el  fallo  impugnado  se  profirió dentro de un  proceso  viciado de nulidad por desconocimiento del debido proceso -Art. 306 del  C.  de  P.  Penal-,  en  cuanto  de  manera  flagrante se conculcó el principio  fundamental  de  investigación integral, vicio que denomina de estructura. Tras  extensa   disertación  acerca  de  la  irregularidad  denunciada  que  dice  se  configuró  en la etapa instructiva en la medida en que sólo se practicaron las  pruebas   tendientes   a   acreditar  “los  aspectos  fácticos    comprometedores   de   la   responsabilidad   de   Manuel   Patiño  Parra”  -las  cuales  relaciona-,  en  tanto omitió  llevar  a  cabo  diligencias  probatorias  que  hubieran  sido  definitivas para  demostrar  que el bien enajenado por el procesado era de propiedad de éste y no  del  Distrito  como se alega, puesto que no existía escritura pública sobre el  mismo,  amén  de  las  inconsistencias  habidas  acerca de la verdadera zona de  cesión de los terrenos de la urbanización Los Nogales de Suba.   

Este  vicio,  igualmente  se presentó en la  etapa  del  juicio,  aduce,  pues,  si bien en la causa el juez del conocimiento  decretó  las  pruebas  que  se  echaban  de  menos, ninguna de ellas practicó,  medios  que de haberse acopiado -los cuales reseña- le hubieran permitido   arribar  a  la  conclusión  acerca  de  la  inexistencia de la conducta punible  imputada   y,   por   consiguiente,   el   fallo   tendría   que   haber   sido  absolutorio.    

         En  consecuencia,  ante  el irrespeto flagrante a la estructura del  debido  proceso,  el  censor  es  del criterio que la garantía quebrantada debe  restablecerse  mediante  la  orden  que disponga “el  adelantamiento  de un nuevo juicio con pleno sometimiento a las normas que rigen  la  estructura del proceso penal colombiano, dentro de los moldes imperativos de  la constitución y la ley.”   

         1.2.  La segunda censura dice relación  con  la violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho derivado de  la  errónea apreciación probatoria, cargo que formula el actor con sustento en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo;  yerros  por  cuyo  medio el sentenciador  desconoció  el contenido de las normas rectoras que consagran los principios de  legalidad  y  presunción  de  inocencia  -Arts. 6° y 7° del Estatuto Procesal  Penal-  y  los  de  la  necesidad  de  la  prueba para condenar -Arts. 232 y 238  ibidem- lo cual conllevó a  la  violación  indirecta  de  los  Arts. 12, 22 y 246 de la Ley 500 de 2000 que  regulan   los   aspectos   sustanciales  de  la  culpabilidad  dolosa  y  de  la  estafa.   

         En  la  fundamentación  del reproche, aduce el casacionista que el  error  atribuido al sentenciador se originó en falsos juicios de existencia por  omisión  y  suposición probatorias. Toda la conducta reprochable al procesado,  sostiene,  gira  en  torno  al  hecho  supuesto  de  que el lote vendido era del  Distrito,  razón  por  la  cual  no podía ser objeto de la negociación que se  adelantó.  Empero,  omitió valorar pruebas -las cuales enumera- que demuestran  que  en  relación  con  la  Urbanización  Los  Nogales de Suba no existe plano  definitivo,   ni  el  lote  enajenado  se  halla  en  zona  de  uso  público  o  comunal.   

         En  relación  con  el  falso  juicio de existencia por suposición  probatoria,  el  censor  lo  hace  consistir  en  el  hecho  de  que  se  le dio  “valor       probatorio      pleno”,  y  en  dicho  elemento  de  convicción se apoya el juicio de  responsabilidad  censurado,  a la respuesta que a solicitud del juez de la causa  emitió  el  Departamento  Administrativo de la Defensoría del Espacio Público  de  la  Alcaldía Mayor de Bogotá, en cuanto a que el predio objeto de la litis  se  considera  bien  de uso público en la medida en que se halla ocupando buena  parte  de  la zona verde y comunal, circunstancia que no era desconocida para el  procesado  como  quiera  que  mediante  el  acta  de aprehensión pertinente, la  Procuraduría  de  Bienes  del  Distrito  demarcó  las  zonas  de uso público,  discriminándolas,  señalamiento  que  se  hizo en el proyecto urbanístico que  presentó el acusado para su aprobación.   

         Ese   documento,   allegado   como   prueba  a  la  actuación  con  posterioridad  a  la  celebración  y  culminación  de  la  vista  pública,  y  hallándose  el  asunto  a  despacho para fallo, “no  podía  ser  tomado  como  medio  de  prueba  para  sobre él hacer descansar la  argumentación  que  condujo al fallo condenatorio”,  porque  no fue conocido oportunamente por los sujetos procesales para efectos de  ejercer  el  derecho  de  contradicción. Y, como jurídicamente debe tenérsele  como  no  existente, al haberse estimado un tal vicio constituye un falso juicio  de                  existencia                  por                  suposición  probatoria.                  

Respecto  de  la  trascendencia  del  vicio  denunciado,  sostiene  el  demandante que si no se hubiese ignorado u omitido el  examen  de  esas  pruebas  legalmente allegadas a la actuación, o no se hubiera  supuesto  las que allí no obraban, el juzgador necesariamente habría llegado a  la  conclusión de que la conducta de su asistido no era penalmente reprochable,  y  por  lo  tanto  ningún  fraude  cometió al patrimonio de quienes se reputan  ofendidos.  Por  contera, se hubiera hecho acreedor a una sentencia de carácter  absolutorio.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Una  vez más reitera la Sala, que frente a la casación excepcional  se  precisan de los mismos requisitos de procedibilidad de la casación común u  ordinaria,  salvo  respecto  de  los  fallos  contra  los  cuales  procede, pues  conforme  a  lo  establecido  en  el inciso 3º del Art. 205 del C. de P. Penal,  dicho  medio  de  impugnación  extraordinario  solamente  puede  proponerse  en  relación  con las sentencias de segunda instancia proferidas por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal  Militar  en procesos  adelantados  por delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo  no exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la misma naturaleza  dictados  por los Juzgados Penales del Circuito sin importar en estos eventos el  quantum     punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para la garantía de los derechos fundamentales, caso  este  en el cual ha de especificarse el derecho fundamental objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues, como lo tiene dicho la Sala:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”  -Auto  del  25 de septiembre de 1997,  Rdo. 13.401, M.P. Jorge Aníbal Gómez Gallego.-   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia  de  segundo  grado  expedida por un Juzgado Penal del Circuito, es lo  cierto  que  apenas  si enuncia en su extenso escrito la pretextada vulneración  del  debido  proceso reseñando para el efecto las supuestas irregularidades que  la  configuran,  empero  la  argumentación  pertinente  se  halla  huérfana de  cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de que a  través  de  la concesión de la casación excepcional acredite su transgresión  y   el   consecuente  agravio  que  para  el  procesado  contiene  la  sentencia  cuestionada,  de  la  cual,  es  menester  precisarlo,  tan  sólo  reseña  sus  fundamentos,  empero  omite  contrastar  la argumentación contenida en el fallo  traducida  en  el  juicio  de  reproche  que  se  pretende descalificar, con las  consecuencias  que  a  su  modo  de  ver  podrían derivarse de las pruebas cuya  preterición   denuncia,   y  cuando  intenta  hacerlo,  lo  realiza  de  manera  fragmentaria.   

         Así,   en   clara  alusión  al  conculcamiento  del  principio  de  investigación  integral,  se  aduce  en  la  demanda  que sólo se averiguó lo  desfavorable   al   acusado,  en  tanto  se  dejaron  de  lado  pruebas  que  lo  favorecían,   omisión   esta   que   repercute   nocivamente   en   el  debido  proceso.   

          Pues  bien,  el principio de la  trascendencia,  rector  de  las  nulidades  -Art.  310-2  del  C.  de  P.  Penal- en lo que dice  relación   con  el  instituto  de  la  casación  discrecional,  significa  que  argumentativamente  debe  mostrarse  la  entidad  de esos vacíos probatorios en  cuanto  limitan  al máximo el ejercicio de la garantía fundamental que se dice  violada.  Valga decir, podría convenirse en la importancia desincriminatoria de  la  prueba  que se echa de menos, e inclusive admitirse, apriorísticamente, que  ella  favorecía  al  procesado.  Empero,  si  se  trata  de  un  deber  de  los  funcionarios   judiciales   -investigación  integral-  cómo  saber  si  éstos  adoptaron  una  conducta  sistemática  de  negación de lo exculpatorio o si se  trata  de  una  actuación  insular?  Hubo incuria del funcionario judicial para  recoger  esa  prueba específica o fueron vanos sus esfuerzos para acopiarla? Es  más,  si  de  antemano  el  recurrente sabe que la prueba extrañada ofrecería  otra  perspectiva  de  responsabilidad,  cómo explicar su eficacia frente a los  medios  que  se dice son el sustento de la sentencia condenatoria? Será que con  la  preterición  de  dichas pruebas, la conclusión del sentenciador se viene a  menos  en  cuanto  a  que  en  el  asunto  a  examen no se trata simplemente del  incumplimiento  de  un  contrato,  sino de un acto que se mostró culminativo de  una  actividad  que  comprendía  el  conocimiento  previo de que el lote que el  procesado  dio  en  venta  pertenecía  al  Distrito,  situación que ocultó al  comprador?     

Cuando  la  nulidad  que  se  reclama  está  referida  a  la violación del principio de investigación integral, tiene dicho  la  Corte  que no basta enumerar las pruebas supuestamente omitidas, sino que es  preciso  señalar  su  fuente,  conducencia, pertinencia y utilidad, amén de su  incidencia  favorable  a  los  intereses  del  procesado  frente  a las premisas  conclusivas  del  fallo,  esto  es,  su  aptitud para refutar la incriminación,  descartar  la  responsabilidad,  invocar la aplicación de diminuentes punitivas  y,  en  general,  procurar  situaciones beneficiosas a la pretensión defensiva;  puesto  que,  como  también  lo  ha  señalado  la  Sala,  la  no  práctica de  determinada    diligencia    no    constituye,    per  se, quebrantamiento de la garantía fundamental que se  reputa  violada,  comoquiera que el funcionario judicial dentro de la órbita de  sus   atribuciones   y  conjugando  los  criterios  de  economía,  celeridad  y  racionalidad,  está facultado para decretar, bien de oficio, ora a petición de  los  sujetos  procesales,  solamente  la  práctica  de  las pruebas que sean de  interés  para la investigación, procurando siempre el mejor conocimiento de la  verdad.  Por consiguiente, la omisión de diligencias inconducentes, dilatorias,  inútiles  o  superfluas, no constituye menoscabo al derecho de defensa, o en su  caso, al debido proceso.   

Finalmente  dígase  que  los  otros reparos  relacionados  con  la  apreciación  de  la  prueba  de  cargo,  por  cuanto  no  significan  una  afrenta directa al derecho fundamental del debido proceso, pues  el  agravio  se  mediatiza por el establecimiento de los errores de juicio en la  estimación  de  las  pruebas,  no pueden tenerse como sustentación válida del  recurso  de casación discrecional.  Este medio de impugnación excepcional  sólo  se  justifica  por  la  urgencia  de  proteger los derechos fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de la demanda dedicado a la  fundamentación  de  la  necesidad  de  que  la  Corte  intervenga para procurar  aquella  garantía.  Los  razonamientos  en  relación con la apreciación de la  prueba,  dada  la indeterminación de los resultados por la posibilidad de meras  discrepancias  valorativas, no pueden ser argumento suficiente para reclamar una  casación sujeta a tan singulares necesidades.   

         Lo  anterior  es suficiente para no acceder al estudio de la demanda  que   el   defensor   del   procesado   ha   instaurado   contra   la  sentencia  impugnada.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  de   casación   discrecional   que   a   nombre   del   procesado  MANUEL   PATIÑO   PARRA   instauró   su  defensor,  de  acuerdo  con las motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente  proveído. Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

         

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                 ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                   JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                    

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                      MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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