21108(13-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21108  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 88  

          Bogotá,   D.  C.,  trece  (13)  de  octubre  del  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

                       Mediante  sentencia  del  11  de  febrero  del  2002,  el  Juzgado  Cuarto Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga  declaró  al  señor  Wilson  García  Maldonado   penalmente responsable, como  autor,   del   concurso   de   delitos  de  homicidio  agravado    y    hurto  calificado           y           agravado  en la modalidad de tentativa.   Le   impuso   la   sanción  principal  de  34 años de prisión, la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas por un tiempo igual al de la pena principal, la obligación  de  indemnizar  los  perjuicios y le negó cualquier mecanismo sustitutivo de la  pena privativa de la libertad.   

                    El fallo fue  apelado  por  la  defensora  y el Procurador 54 Judicial II, ambos en búsqueda,  esencialmente,  de  absolución  por  duda.   

          El  20  de  febrero del 2003, el Tribunal Superior de Bucaramanga lo  ratificó,  excepto  en lo relacionado con el término de la pena accesoria, que  redujo a 10 años.   

                    La defensora  del  procesado  acudió a la casación, que fue concedida. La Sala resuelve, una  vez  recibido  el  concepto  de  la  Señora  Procuradora Segunda Delegada en lo  Penal.   

HECHOS  

         

                         En  la  madrugada  del 4 de noviembre del 2000, en el apartamento ubicado en la calle 57  No.  45-82, edificio Argos, del barrio Terrazas, de la ciudad de Bucaramanga, se  produjo  la  muerte  violenta de Luis Enrique Ortiz y la captura de dos jóvenes  que   se   aprestaban   a   abandonar  el  lugar,  uno  de  ellos,  Wilson García Maldonado.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

         

                   Adelantada la  correspondiente   investigación,   el   2   de   marzo  del  2001  Wilson  García  Maldonado fue acusado como  autor     de     los     delitos    de    homicidio  agravado,     en    concurso    con    hurto   calificado   y  agravado,  en  la  modalidad        de        tentativa.   

                      Luego  se  profirieron las sentencias ya mencionadas.   

LA DEMANDA  

        Cargo         primero,  principal:  sentencia  proferida  en  proceso  viciado de nulidad.   

           Lo  postula  de  acuerdo  con la causal tercera de casación (artículo 207, numeral  1°, del Código de Procedimiento Penal).   

                             Afirma  la existencia de irregularidades sustanciales que afectan el  debido  proceso y el derecho  de   defensa  (artículos  1,306.2.3  y  307  del  Código  de  Procedimiento  Penal),  en  condiciones que  aconsejan   decretar   la   nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de  la  captura  ilegal.   

                    Sostiene que  Wilson  García Maldonado fue  aprehendido  por  la  policía  el  día  de los hechos sin que concurrieran los  presupuestos  de  la  flagrancia ni mediara orden de captura legalmente emitida,  actuaciones  que, conforme lo tienen definido la Corte Constitucional y la Corte  Suprema  de  Justicia, configuran vulneración al debido proceso como componente  del   principio   de   legalidad   y   norma   rectora   del  estatuto  procesal  penal.   

                            La  arbitrariedad  desplegada  por  las  autoridades  de  policía  al momento de la  captura  y la conducta complaciente de la fiscalía derivó en perjuicio para el  procesado  y  lesionó  su  derecho  de defensa hasta hacerlo destinatario de la  pena de 34 años de prisión.   

                         Cargo  segundo,  subsidiario:  violación indirecta de la ley  sustancial.           

                    La sentencia  quebranta  la  ley  sustancial  en forma indirecta, por error de hecho por falso  juicio  de  identidad  que  condujo  a  la inaplicación de los artículos 7º y  232   del Código de Procedimiento Penal. En la sentencia se distorsionó y  cambió  el  sentido  de  la  prueba,  se dejó de lado su análisis global o de  conjunto  y  se  terminó  por resolver la duda contra el procesado, con base en  que  se  otorgó credibilidad a quienes nada vieron, y no al sindicado, víctima  de una agresión.   

                  Destaca que la  sentencia  toma como punto de referencia la declaración de Omar Fermín Rincón  Jaimes,  único  autor  de la conducta punible, quien se empeña en trasladar la  responsabilidad  a  su  defendido,  sin  verificación,  cotejo o confrontación  entre  los  declarantes,  ni reconocimiento  del mérito y significado  de la duda y el principio de la presunción de inocencia.   

                   Agrega que el  error  de  hecho  derivado  de  la distorsión que a la prueba se hizo, llevó a  presumir  la culpabilidad y revertir la duda  contra el procesado. Solicita  casar el fallo y absolver al procesado.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

     A  su juicio, los cargos  formulados en la demanda deben ser rechazados.   

     

          En  relación  con  la nulidad propuesta, por las siguientes razones:   

         a)  La casual tercera de casación exige señalar con claridad cuál  es  la  garantía  desconocida, expresando los fundamentos en que se sustenta la  inconformidad,  su  trascendencia  y  el  estadio procesal desde el cual resulta  afectada   la   actuación,   directrices   que   no  fueron  atendidas  por  la  censora.   

          b) En   el   planteamiento   de  la  nulidad  la  casacionista  señala  vulneración  al  debido  proceso  y  simultáneamente al derecho de defensa, es  decir,  un  vicio  de estructura al lado de un vicio de garantía. Como se sabe,  no  es  posible  esa invocación conjunta con fundamento en los mismos supuestos  de   hecho.   Las   proposiciones   han   debido   ser   presentadas  en  cargos  separados.   

              c)  El reclamo se redujo a la inconformidad respecto de la  captura,  con remisión a conceptos sobre la flagrancia, para concluir que en el  caso  examinado  no  la  hubo. Omitió señalar con precisión la incidencia que  tuvo  tal procedimiento frente al fallo y su capacidad de quebrar su presunción  de  legalidad  y  acierto.  En  forma  aislada  y  sin fundamento, la recurrente  enuncia   que  dicha  situación  tuvo  influjo en la punibilidad irrogada,  asunto alejado del mecanismo extraordinario.   

        d)    Por    lo    demás,    William  García  Maldonado fue sorprendido  en  situación  de  flagrancia, en el apartamento donde yacía desnudo el cuerpo  sin  vida  de  Luis  Enrique  Ortiz,  con  múltiples  heridas causadas con arma  blanca.  Las  prendas  que  vestían  el procesado y el menor que le acompañaba  presentaban  vestigios  de   sangre.  Se  encontró allí un cuchillo y las  cachas  de  otro,  mientras  que  a  los  capturados  se  les halló en poder de  elementos  de  propiedad  del  occiso,  de  donde  se  concluye  la  captura  en  flagrancia,  en  tanto  el  procesado  fue  sorprendido  con objetos y huellas a  partir   de   las  cuales  aparecía  fundadamente  que  momentos  antes  había  participado  en  la  comisión de un delito contra la vida y el conato contra el  patrimonio económico.   

         e) La hipotética  privación  ilegal  de  la  libertad no incide en la validez del proceso como lo  tiene  reconocido  la  jurisprudencia  de  la  Corte  y por tanto,  ninguna  razón  asiste  a  la  defensora en la nulidad que reclama, pues resulta además  que    la    captura    se   sujetó   a   los   lineamentos   propios   de   la  flagrancia.   

         Frente   a   la   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial,  afirma:   

        a)   En  la  falta  de  aplicación  de  los  artículos   7º  y  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal  no  desarrolla  correctamente  el planteamiento y deja al juez de casación la carga de adivinar  en  qué  radica  su  inconformidad,  a  qué clase de duda se refiere, cuál su  trascendencia  en  la construcción del fallo y por qué dicha duda no puede ser  eliminada de manera racional.   

              b)  Las  distorsiones  de la prueba que glosa la recurrente permanecen en el plano de los  meros  enunciados.  Se  limita a expresar que el fallador atendió a la versión  de  Rincón  Jaimes,  sin confrontarla con la restante prueba testimonial, y que  el dictamen médico legal arroja una duda de carácter científico.   

                  c)      Como    la   casación   busca   realizar   un   juicio   sobre   la  constitucionalidad  y  legalidad  de  la  sentencia,  incumbe  a  la  demandante  desvirtuarla  y  enervar  el fallo mediante una proposición clara y concreta de  la  causal  a  la  que  recurre,  con indicación de los vicios de trámite o de  juicio  en  que  incurrió el fallador, tarea que rebasa la simple expresión de  opiniones,  reparos  o  hipótesis sobre lo que fue o debió ser el contenido de  la  decisión.  Con  apoyo  en  la  técnica debe señalar de manera concreta el  defecto  sustancial  de la sentencia con fundamento en alguna de las causales de  casación  y  con  sujeción a las pautas que la ley y la jurisprudencia prevén  en cada caso.   

            d)      Cuando  la  censora  alude  al  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,  divaga  libremente  sobre  la existencia de la duda, la apreciación  insular  de  la  prueba  y la falta de los requisitos para condenar, buscando el  reconocimiento   del  in  dubio  pro  reo  a  partir de una nueva valoración, como si la casación fuera una  tercera  instancia  y sin enunciar cuál es el mérito probatorio que propone en  su reemplazo.   

         

CONSIDERACIONES  

         Sobre la nulidad.   

     De  manera constante, la  Corte   ha  discurrido  sobre  cómo  y  de  qué  manera  deben  exponerse  las  irregularidades  que  se reputan anulatorias de la sentencia. Destaca que cuando  se  acude  a la causal tercera de casación, incumbe al actor concretar la clase  de  nulidad  que  invoca,  los  fundamentos  que  la  sustentan,  las normas que  considera  quebrantadas  y,  por sobre todo, precisar el efecto inmediato que la  irregularidad  tuvo  sobre  el  trámite y el fallo finalmente pronunciado, así  como  el  perjuicio  total causado con la irregularidad y la ventaja o beneficio  específicos  que  obtendría  el  procesado  con  el  decreto  anulatorio  y la  recomposición  del  proceso.  No  es  suficiente,  entonces, el enunciado de la  supuesta  o  evidente  irregularidad, pues sólo aquella que desconoce las bases  del  juzgamiento  o vulnera garantías y derechos fundamentales, puede propiciar  la invalidación del fallo en sede de casación.   

Si  el  demandante  en  esta  sede  postula  violación  al  debido  proceso  y  simultáneamente al derecho de defensa, debe  señalar  la concreta irregularidad sustancial que ha comprometido la validez de  la   actuación   o   el  acto  puntual  que  ha  dificultado  o  cercenado  las  posibilidades defensivas del reo.   

Las directrices recordadas no fueron colmadas  por  la  casacionista,  quien  aglutina   en un mismo cargo el reproche por  quebranto  al debido proceso y al derecho de defensa, que debían ser formulados  autónomamente  o  en  perfecta ilación de fundamento a consecuencia. A más de  ello,  omite significar cuál la trascendencia que frente a la sentencia podría  tener  la  pretendida  captura  ilegal  del  procesado  en  los  albores  de  la  investigación.   

     Asumiendo  en  gracia de  discusión  la  captura  ilegal  del  procesado,  no  se  ve  cuál pueda ser la  incidencia  medular  que esa situación tenga frente a la estructura básica del  proceso,  cuya  indemnidad  no  suele  depender de las actividades encaminadas a  obtener  la  aprehensión del sindicado, independientemente de las consecuencias  adversas  que  el  apresamiento  ilegal  comporte para quien lo ejecuta. Como es  claro,  formalizada  la  situación del sindicado, la irregularidad se agota sin  posibilidades  futuras  de  afectar  por  nulidad  la  validez  de la actuación  entera.   

    A más de lo anterior, la  fundamentación  del  cargo se exhibe antagónica con la objetividad que muestra  la   ocurrencia   histórica   de   la   captura   del   procesado  Wilson  García  Maldonado.  En efecto, del  informe  policial  que  da  cuenta  de  su  aprehensión  se  desprende  que fue  sorprendido  en  el  interior  del  apartamento  donde  momentos antes se había  producido  la  muerte  violenta  de Luis Enrique Ortiz, en circunstancias que no  remiten  a duda sobre el estado de flagrancia en que se produjo la aprehensión.  Sus  ropas  presentaban  vestigios  de  sangre  y  permanecía  en  posesión de  elementos  de  propiedad  de  la  víctima,  rastros indicadores de que momentos  pretéritos   había  participado  en  la  comisión  de  los  ilícitos  y  que  objetivamente    se    avienen    con    la    noción    conceptual    de   flagrancia.   

      Sobre    la    infracción  indirecta.   

   El reproche a la sentencia por error  de  hecho  fundado  en  falso  juicio  de  identidad  imponía a la casacionista  señalar        con        exigente       precisión       el       factum  indicado  por  la  prueba que fue  objeto   de   tergiversación,   desfiguración   o   mutación  por  parte  del  sentenciador,    ya   por   supresión,   agregación   o   fragmentación   del  medio.   

  Más allá de la validez formal de las  disquisiciones  que  la  censora presenta en torno a las nociones conceptuales y  jurídicas     de     la     duda,     el     principio     del     in  dubio  pro  reo  y  la  valoración  global del acervo probatorio,  ninguna  referencia  puntual  formula  respecto del segmento probatorio omitido,  tergiversado o alterado en su cabal significado.   

  La demandante se contrae a sostener, a  partir  de  su  propia  interioridad y criterio, la existencia de perplejidades,  resultado  de  que  los  jueces  confrontaron  la  declaración de Oscar Fermín  Rincón  Jaimes  con los restantes medios de prueba. Pero no fija con claridad a  cuáles  se  refiere,  no indica los puntos de divergencia entre lo afirmado por  el  testigo  de  cargo  y  las  aseveraciones de los demás declarantes, y omite  demostrar  en  qué  dirección  se  produjo  la falencia del sentenciador en la  contemplación material y objetiva de la prueba.   

  Igual sucede con la genérica duda que  la  demandante  encuentra en la pericia médico legal: no se detiene a concretar  el   postulado   o  la  premisa  científica  que  soporta  las  razones  de  la  perplejidad.    

     

           Y   se   equivoca  radicalmente  la  actora  cuando  afirma  que la sentencia gira fundamentalmente  alrededor  de la declaración de Óscar Fermín Rincón Jaimes. Si se observa el  exhaustivo,   detenido   y  juicioso  análisis  probatorio  hecho  en  las  dos  instancias,  fácilmente se corrobora que la prueba se estudió punto por punto,  testimonio  por  testimonio,  indicio  por  indicio, particularizadamente, y que  después,  tras  la  sujeción  a  las  reglas  de la sana crítica –dicho expresamente por los juzgadores-  se  englobó  el  examen y se concluyó en que no existía ninguna duda sobre la  coautoría del procesado.   

             El  trabajo  realizado  por  los  funcionarios  –que,  dicho  sea  de  paso, según las  fundamentación  de  la censora ha debido ser objetado más por falso raciocinio  que  por  falso  juicio  de  identidad-,  entonces,  no se limitó a comparar la  declaración  del  joven  Rincón  Jaimes con las intervenciones de Wilson  García Maldonado para con simpleza  dar  más  crédito  a aquél que a éste. Fue mucho más allá: tomó todos los  testimonios,  los  analizó  a espacio, los parangonó con el resto de la prueba  –flagrancia,   huellas,  indicios,  lugar  revuelto,  hallazgo  de  bienes,  etc.- y arribó a su atinada  conclusión.   

          Es   nítido:   no   incurrió   la  justicia  en  falso  juicio  de  identidad.   

      En   mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

                                 RESUELVE   

No casar la sentencia.  

No procede ningún recurso.  

Notifíquese    y  cúmplase   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO    ESPINOSA    PÉREZ                      ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                                                                                                           Impedido   

ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO     ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS      MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                         Secretaria     

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