22716(11-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22716  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrados Ponentes:   

                    Dr.   MAURO  SOLARTE  PORTILLA   

Dr.   YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

Aprobado Acta #  37  

Bogotá D.C., mayo once (11) de dos mil cinco  (2005).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MARLON  ENRIQUE MUÑOZ  ORTIZ.   

ANTECEDENTES:  

1.  Pasadas las  6  de la tarde del 14 de mayo de 2003 el sacerdote Jairo Alonso Garavito Suárez  llegó  a  la  casa  cural  de  la  Parroquia  Santa  Cruz,  ubicada en Altos de  Yerbabuena  del municipio de Chía (Cundinamarca), acompañado de MARLON ENRIQUE  MUÑOZ  ORTIZ  y JOHN FREDY BERNAL, quienes luego de beber algunas copas con él  lo  amarraron,  lo  estrangularon  y  le  hurtaron  su vehículo, dinero en  efectivo,   el   televisor,   el   equipo   de  sonido,  ropa  y  algunos  otros  enseres.   

2. Al proceso fueron  vinculados  los mencionados a través de indagatoria y el 16 de julio de 2003 la  Fiscalía    les    resolvió    la    situación   jurídica   con   detención  preventiva1.  El  8  de  septiembre siguiente MARLON ENRIQUE MUÑOZ ORTIZ en el  marco  del  trámite  de  sentencia  anticipada  aceptó los cargos de homicidio  agravado    y    hurto    calificado   y   agravado2.  En  actuación  separada  se  siguió el proceso a JOHN FREDY BERNAL.   

3. El Juzgado Penal  del  Circuito  de Zipaquirá (Cundinamarca) condenó a MUÑOZ ORTIZ a 18 años y  8  meses  de prisión, inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  y  al  pago  de  50  salarios mínimos legales  mensuales  a  favor  de  los  padres  de la víctima, por concepto de perjuicios  morales.  Como  no se probaron los materiales el despacho judicial se abstuvo de  tasarlos3. Y,   

4. El apoderado de  la  parte  civil,  con la pretensión de que el ad quem le impusiera una pena de  prisión  mayor  al procesado; y el defensor, quien perseguía el reconocimiento  para  su representado de la rebaja de pena por confesión y la correspondiente a  la  atenuante  punitiva  del  intenso  dolor,  apelaron ese pronunciamiento y el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  a  través de la providencia recurrida en  casación,   expedida   el   31   de   marzo   de   2004,  lo  confirmó  en  su  integridad.   

LA DEMANDA:  

Primer cargo.            

1. Al amparo de la  causal  1ª  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000  señaló  el defensor que el Tribunal, con origen en un error de derecho, violó  directamente  la  ley sustancial por no otorgarle al procesado la rebaja de pena  por confesión prevista en el artículo 283 ibídem.   

2.   En  la  versión  que  el  procesado  suministró  en  la  indagatoria  manifestó “la  intención  de venganza hacia el occiso” por los ultrajes sexuales a que éste  lo  había  sometido  en  el  pasado  y en la audiencia de aceptación de cargos  admitió  la  responsabilidad  penal  “sobreviniendo  como  consecuencia de lo  anterior la confesión”, que no tuvo en cuenta el juzgador.   

La  petición del abogado es, en fin, que se  case la sentencia y se corrija dicha falencia.   

Segundo cargo (Subsidiario).  

1.  En  el acto de  juzgar  el  Tribunal violó directamente, por falta de aplicación, el artículo  57  del  Código  Penal  de  2000.  Y  ese  error  se  presentó “por no darle  credibilidad  al testimonio del ofendido en su última versión que es la que se  acomoda a los descargos rendidos por el procesado…”.   

2.  De conformidad  con  su  indagatoria,  antes  de  cometer  el crimen el sacerdote había abusado  sexualmente  de él y, por la necesidad que tenía de trabajar, tuvo que guardar  silencio  sobre  el  particular pero en su interior “sentía dolor y deseos de  venganza”,  circunstancia  ésta  que  no  se consideró en la sentencia y que  trajo   como   corolario   la   imposición  de  una  sanción  más  severa  al  sentenciado.   

Casar  la sentencia y dictar la de reemplazo  respectiva es la petición final del censor.   

SOLICITUD DE FAVORABILIDAD:  

En  consideración  a que su representado se  sometió  a  sentencia anticipada y se hizo acreedor por ese motivo a una rebaja  de  la  tercera  parte de la pena, en concordancia con el artículo 40 de la ley  600  de  2000,  el  defensor le pidió a la Corte aplicarle por favorabilidad el  artículo  351  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  en el cual se  consagra  una  rebaja  de  hasta la mitad de la pena imponible cuando se produce  aceptación de cargos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Sobre el primer cargo.  

1. Es manifiesto que  no  satisface el requisito de claridad y precisión consagrado en el numeral 3º  del  artículo  212  de  la  ley 600 de 2000, que es el Código de Procedimiento  Penal que rige en el presente caso.   

2. A través de la  causal  1ª  de  casación  que invoca la defensa es viable denunciar errores de  juicio  o  in  iudicando,  los  cuales  pueden  ser  de  naturaleza  jurídica o  probatoria.   

En  el  primer  evento,  que  es la vía que  eligió  el defensor,  no le está permitido al sujeto procesal discutir la  apreciación  probatoria,  pues  en tal hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de  un error estrictamente jurídico, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

3.  A  pesar de la  equivocación  del  censor  consistente en señalar que la violación directa de  la  ley  se  produjo  como  consecuencia  de  un  error  de derecho –que  tiene  ocurrencia,  como se sabe,  cuando  el  Juez  aprecia  pruebas  inválidas o cuando tiene como tales pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad)  o cuando considera que la prueba tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella desconoce el valor o la  eficacia    probatoria    que    la    ley    le   asigna   (falso   juicio   de  convicción)—,    no  discutió  el  tema  probatorio  del  fallo  y  en  esa  medida cabe admitir que  respetó  la  limitación que le imponía la causal de casación al amparo de la  cual lo sustentó.   

Sin embargo, es evidente que no acreditó el  error  jurídico  que  a su parecer condujo al no reconocimiento de la rebaja de  pena por confesión.   

4.  Si se tiene en  cuenta  que  el  éxito  de  un  ataque por vía directa como el examinado está  sujeto  a  que el juzgador haya admitido la existencia de la confesión desde la  primera  versión, que no se trata de un caso de flagrancia y que la misma es el  fundamento  de  la  condena,  resulta  obvio  que el cargo a través del cual se  plantea  una irregularidad así debe demostrar que a esas conclusiones se llegó  en  la  sentencia y que, no obstante, no se aplicó la consecuencia jurídica de  la rebaja punitiva prevista en la ley.   

5.  En  el  caso  examinado  el  impugnante, además de no realizar ningún esfuerzo argumentativo  dirigido  al  cumplimiento de esas exigencias, terminó negando la existencia de  la  confesión  al  colegirse  de  su  escrito  que la misma no se produjo en la  primera  versión  de  su  representado  sino  en  el  trámite  de la sentencia  anticipada.   

Por  ende,  no procede admitir la demanda en  relación con el reproche principal.   

Sobre el segundo cargo.  

1. Su suerte, aunque  por razones diferentes, es igual a la del anterior.   

No  está  en cuestión que el procesado, en  desarrollo  del  trámite  de  sentencia anticipada regulado por el artículo 40  del   Código   de   Procedimiento   Penal   de  2000,  aceptó  voluntariamente  –sin el reconocimiento de  la  atenuante  punitiva de la ira o intenso dolor prevista en el artículo 57 de  la    ley    599   del   mismo   año—,  ser  penalmente responsable de los cargos por los cuales resultó  condenado.   

Al  hacerlo,  en  virtud  del  principio  de  irretractabilidad,  renunció  a  controvertir  la  prueba  y el contenido de la  acusación,  quedando  limitado  su  interés  para  recurrir  en  apelación  y  casación  a  los  aspectos  relacionados  en  uno  de  los  incisos finales del  artículo  40  citado,  es  decir,  respecto  a la dosificación de la pena, los  mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la libertad y la extinción del  dominio sobre bienes.   

El defensor, entonces, en atención a que la  reclamación  hecha  a  través  del  cargo subsidiario desborda esa temática y  traduce  la  retractación  de  los  cargos que libremente aceptó el sindicado,  carece de interés para recurrir.   

2.  La censura, de  todas  formas,  no  satisface  las exigencias lógicas de un cargo de violación  directa  de  la  ley  sustancial. De una parte, porque demostrar por esa vía la  falta  de  aplicación  de la aminorante punitiva hacía necesario acreditar que  el  juzgador dio por establecidos todos los elementos que la configuran y pese a  ello  no  la  reconoció, ejercicio que no efectuó el casacionista; y, de otra,  porque  si su idea era que la incorrección pasó por la prueba, como parece que  enfocó  la  proposición,  omitió  decir  en cuál error de hecho o de derecho  trascendente incurrió el juzgador al apreciarla.   

Sobre      la      solicitud      de  favorabilidad:   

La  competencia  para  la  resolución de la  misma  no  es de la Corte, que sólo la adquirió para verificar el cumplimiento  de  las  formalidades  legales  de  la  demanda  de  casación, sino del Juez de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de Seguridad respectivo, conforme lo dispone el  artículo 79-7 de la ley 600 de 2000.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado MARLON ENRIQUE MUÑOZ  ORTIZ.   

Contra   la  presente  determinación  no  proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

        Permiso   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                             ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                     MAURO SOLARTE  PORTILLA                                      

Salvamento parcial de voto  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Respetuosamente  consigno  mi  discrepancia  parcial  con  la  providencia  que  fue  uniforme  en  punto  de la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación,  no  así  en la respuesta a la solicitud  impetrada  a  la  Corte  durante  el  trámite  del  recurso  extraordinario, de  aplicación     por    favorabilidad    del  nuevo  estatuto  procesal  en  lo  relativo  a  la figura de la  terminación  anticipada  del  proceso  a  que  se sometió en las instancias el  procesado,  invocación  que  hizo  en  procura de una mayor mitigación de  pena.   Este   aparte  se  había   agregado  siguiendo  los  criterios  ya  consolidados de:   

1. La Corte en el  trámite   del   recurso  extraordinario  tiene  competencia  para  responder  a  pretensiones de esta estirpe:   

“Como  viene de explicarse la competencia  de  la  Sala  de  Casación  Penal  es  taxativa  y  limitada  cuando  asume  el  conocimiento  de  un  asunto  en virtud del recurso extraordinario; no obstante,  por   excepción  y  teniendo en cuenta las circunstancias particulares que  han  rodeado  el  proceso  penal  adelantado  al  señor  …,  su  petición es  susceptible  de analizarse ahora, sin diferir el  estudio de la aplicación  de   la   norma   penal   más  favorable  hasta  el  fallo que resuelva el recurso extraordinario, porque se  trata  de  determinar  si   converge  alguna causal objetiva que extinga la  acción                   penal”4.   

2.  La  Corte  ha  permitido     inclusive     “prolongar”  su  competencia  en  aquellos  casos  en  los  que, no obstante  inadmitir  la demanda de casación, ordena el traslado de la actuación para que  la   Procuraduría   General  de  la  Nación  conceptúe  de  fondo5 y luego decide  al   respecto6,  con el destacado propósito de brindar protección a garantías    esenciales,   especialmente  aquellas   de   “aplicación  inmediata”    (art.    85    Const.   Pol.)   como   la   de   favorabilidad  (art.  29  Const. Pol.), al  alero       del       poderoso       argumento      de      la      constitucionalización   tanto  del   proceso  penal  como  de  la competencia del juez penal, mucho más si se actúa  en   sede  casacional, recurso que tiene como primordial fin la salvaguarda  de  garantías fundamentales (arts. 235 Const. Pol, 206 cpp-2000 y 180 cpp-2004)  perfilándose    al   fin   y   al   cabo   como   un   verdadero   recurso de amparo.   

3.  Y, el juez de  ejecución     de     penas     y     medidas    de    seguridad    sólo  puede  ocuparse  del  principio  de  favorabilidad  (arts.  79.7  cpp-2000   y   38.7   cpp-2004),   cuando   esté   en  firme   la   sentencia   condenatoria,   como  no  lo  está    antes  de  que  la  Corte  resuelva  de  fondo  el  extraordinario  recurso.   

4.    La  reticencia  de  ahora,  materializada  en  una  mayoría  simple  de la Sala, ha  impedido  un  pronunciamiento  de  fondo   respaldado  expresamente por los  Magistrados   ESPINOSA,   QUINTERO   y   SOLARTE,   sobre   solicitud  de  tanta  trascendencia,   especialmente   en   este  momento  histórico  de  transición  jurídico-procesal del país, y que se había estructurado así:   

         1). En recientes pronunciamientos la Corte  admitió  la  posibilidad  de aplicar por favorabilidad  las  normas  de  la  ley  906  de  2004 a casos que se  encuentren  gobernados  por el Procedimiento Penal de 2000, bajo las condiciones  de  no  referirse  a  instituciones  propias  del  sistema  acusatorio y que los  referentes  de  hecho  en  los  dos  procedimientos  sean idénticos7,     que  no se cumplen en el evento de  examen como se pasa a ver:   

         2).  En  el  régimen  procesal  de  1991,  especialmente  a  partir  de la vigencia de la ley 81 de 1993, se incorporaron a  la  normativa  nacional  las  figuras  de  la sentencia  anticipada   (art.   37)   y   de   la   audiencia  especial (art. 37A), marcando su  principal  diferencia  la unilateralidad de la primera (aceptación de cargos) y  la  bilateralidad  de  la  segunda (acuerdo)  que  podía  surgir “de oficio o a iniciativa del procesado”.   

         En  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  sobrevivió  la  primera de esas figuras (art.  40).  Y  en  la  ley  906  de  2004 se estableció una modalidad de terminación  anticipada   del   proceso  de  características  similares  a  la  segunda,  bajo la rúbrica del Título II,  Capítulo  Único,  que trata de los preacuerdos, acuerdos y negociaciones entre  la  fiscalía  y  el  imputado  o  acusado,  toda  vez  que demanda transacción,   que   puede   surgir   a  iniciativa  particular  o  del  fiscal  (como  en  la  inicial concepción de la  audiencia   especial)   pero   que,  debido  a  su  naturaleza  de  acto       jurídico      complejo,     reclama     –además   del   allanamiento   a  los  cargos—   acuerdo  para fijar el monto del descuento  punitivo  en  la  oscilación  que  permite  el  “hasta la mitad” de la pena  imponible  consagrado  en  el  artículo  351-1 del Código Procesal de 2004. En  efecto:   

         3).  Según  el  artículo  288-3  de  ese  Estatuto,   el   Fiscal   deberá  expresar  oralmente  en el acto de formulación de la imputación que tiene  lugar     en     audiencia    ante    el    Juez    de    Garantías, la   

“posibilidad del investigado de allanarse  a  la  imputación  y  a  obtener rebaja de pena de conformidad con el artículo  351”.   

         4).    Esa  remisión  encuentra  acomodo  en  el  inciso  1º  del  artículo referido, que  tipifica  la  figura  del allanamiento o aceptación de cargos, no equivalente a  la  sentencia anticipada regulada en la ley 600 de 2000 porque la cantidad de la  rebaja     de     pena     merecida,     que     puede    ser    “hasta  la  mitad  de la pena imponible”,  tiene   que   lograrse   mediante  acuerdo  entre  fiscal-imputado, como no lo exige  el artículo 40 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  que  sólo  demanda manifestación  unilateral que se premia con una rebaja fija.   

         5).    Además,   como   aún   en   las  eventualidades  de  finalización  anticipada  del proceso debe cumplirse con el  esquema  general del proceso y el principio de congruencia de conformidad con el  cual  no  se  puede declarar culpable al acusado por hechos que no consten en la  acusación8,  cuando  se aceptan los cargos imputados también debe tener lugar  la  presentación del escrito de acusación  ante  el Juez de conocimiento, que para el caso es el acuerdo   respectivo   entre   fiscal   e  imputado.   

“La  aceptación  de  los  cargos   determinados  en  la  audiencia  de  formulación de la imputación –dice  el  inciso 1º del artículo 351  citado—,  comporta  una  rebaja  hasta de la mitad de la pena imponible, acuerdo  que     se    consignará    en    el    escrito    de    acusación”.   

         6).  Si  lo anterior es así y se tiene en  cuenta  que  en  la  hipótesis examinada los cargos no se consensúan porque el  procesado  se  allana  a  ellos, el acuerdo  al  cual  se refiere el dispositivo procesal es sobre la rebaja de  pena,  lo  cual  restablece para la figura la característica de la bilateralidad   que   la  distancia  para  hacerla  diferente al supuesto  de  hecho  del  artículo 40 de la Ley 600 de 2000, así por algún sector de la  doctrina  se  le  siga llamando “sentencia anticipada”, como también sucede  con  el  principio  de  oportunidad  no  obstante  la vertebral diferencia de la  figura  en  la codificación del 2000 y la del 2004, tanto que en ésta requiere  la   concurrencia   del   novedoso   Juez   de   garantías   (art.  250  Const.  Pol.)..   

         7).  El  allanamiento  a los cargos en la audiencia de  formulación  de  la  imputación  o  entre  ese momento y la formulación de la  acusación,     implica    un    acuerdo  sobre  el  monto de la rebaja de pena, que no es función del Juez  del    conocimiento    fijarla    sino    que    surge   de   una   negociación  entre las partes frente a la  cual  el  papel del funcionario judicial es aprobar o improbar el acuerdo que en  ese  caso  se  presenta  como  escrito  de  acusación, conforme lo establece el  artículo  343-2  de  la  ley  906  de  2004, a menos que desconozca o quebrante  garantías fundamentales.   

         8). Así las cosas, y más allá de que la  rebaja  de  pena  establecida  en  la  nueva  ley  para  el  allanamiento  a  la  imputación  fue  concebida  en  relación  con  delitos  cuyas penas mínimas y  máximas  se  incrementaron  en  virtud  de  la  ley  890 de 2004 y de que no es  necesariamente  más  ventajoso un descuento de “hasta la mitad”  en un  sistema  donde  no  está  prevista la rebaja de pena por confesión9 que uno fijo de  la  tercera parte con opción de sumarle la rebaja pertinente por confesión, es  manifiesto  que  la  aceptación  de  cargos  de la ley 906 de 2004 no tiene equivalente en la ley 600 de 2000  y,  bajo esa circunstancia, no  es  procedente  aplicar para efecto de la rebaja de pena en sentencia anticipada  lograda  bajo  el  régimen  procesal  antiguo,  el  principio  de  favorabilidad.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

1  .  Folio 26/2.   

2  .  Folio 148/2.   

3 Folio  161/2.   

4 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Cas.  No. 17.283, marzo 19 de 2003, M. P., Dr. ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO.   

5 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Cas.  21.302, agosto 19 de 2004, M. P., Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.   

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Cas.  22.592,   abril   6   de   2005,     M.  P.,  Dra.  MARINA  PULIDO  DE  BARÓN.   

7 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Auto  –   Única   instancia  19.094, mayo 4 de 2005, M.P., Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.   

8  .  Artículo 448 de la ley 906 de 2004.   

9 . En  el   sistema   acusatorio   la   conformidad  del  acusado  guarda  identidad  sustancial  con la confesión  del  procesado.  LUIS  –  ALFREDO   DE   DIEGO   DÍEZ,   La  conformidad  del  acusado,  Valencia,  Edit.  Tirant  lo  Blanch, 1997,  pág. 52.     

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