22604(13-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  22604   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta No. 055.  

         

          Bogotá   D.C.,   julio   trece   (13)  de  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la  demanda  de  casación  discrecional presentada por el apoderado de la parte  civil  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Pamplona el 29  de  abril  de 2004, mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, por cuyo medio absolvió a PEDRO  RAFAEL  CASTRO  BERNAL de los cargos  que   por   el   delito  de  homicidio  culposo  le  fueron  formulados  por  la  Fiscalía.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  18 de julio de 2001,  hacia  las  12:30  horas,  en  la  vía  que de Pamplona conduce a Cúcuta, más  exactamente   en   el  sitio  conocido  como  Puente  Unión,  colisionaron  los  vehículos  Renault  9  Brío,  modelo  1992, color beige, particular, de placas  EJA-448,   conducido   por   el  abogado  Gustavo       Orlando      Alvarado      Bautista,   con  el  de  servicio  público,  autobús Chevrolet, de placas CH-660, afiliado a la empresa  Brasilia,  manejado  por PEDRO  RAFAEL   CASTRO   BERNAL,  a  consecuencia  de  lo  cual resultó lesionado el primero de los nombrados, quien  posteriormente  falleció  en  el Hospital San Juan de Dios de Pamplona, a donde  fue remitido luego del suceso.   

La  Fiscalía  Única  de  Administración  Pública  y  Vida con sede en la referida ciudad, decretó la apertura formal de  la    investigación    penal,   en   cuyo   marco   vinculó   a   PEDRO  RAFAEL  CASTRO  BERNAL, mediante indagatoria.   

Clausurada  la instrucción, se calificó el  mérito  del  sumario  el 2 de mayo de 2003 con preclusión de investigación en  favor  del  procesado,  la  cual  fue  revocada  el  30  de julio de 2003 por la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal de Cúcuta para, en su lugar, proferir en  su   contra   resolución   de   acusación   por   el   delito   de   homicidio  culposo.   

El  juzgamiento le correspondió adelantarlo  al  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pamplona, despacho que una vez surtió  el  trámite  legal  correspondiente,  el 20 de febrero de 2004 dictó sentencia  por  cuyo  medio  absolvió al procesado del cargo imputado en la resolución de  acusación.   

Esta decisión fue impugnada por el apoderado  de  la parte civil, sobre la cual se pronunció el Tribunal Superior de Pamplona  el  29  de  abril siguiente, confirmándola “en todas  sus partes”.   

Inconforme con la anterior determinación, el  representante  de  la   parte  civil  interpuso  recurso  extraordinario de  “casación   opcional”,  concedido  posteriormente  por  el  Tribunal.    

Sobre  la admisión de la demanda presentada  en   sustento   de   la   impugnación,   se   ocupa   la   Sala  mediante  este  proveído.        

LA DEMANDA  

          En  el  capítulo  primero  del  libelo,  el  actor se refiere a los  motivos  que  justifican  acceder al medio extraordinario de impugnación por la  vía  discrecional, de acuerdo con la obligación contenida en el inciso tercero  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

          Así,  en  primer lugar refiere a la defensa de las garantías   fundamentales  de las víctimas, destacando en esa dirección que Colombia es un  Estado  Social  y  Democrático  de derecho en cuyo marco impera su protección,  motivo  por el cual fiscales y jueces deben obrar con lealtad y respeto hacia la  dignidad de la persona humana.   

          Igualmente,  señala  que  este  tipo  de  Estado  se  soporta en el  principio  de legalidad, que impone a los funcionarios el deber de propender por  el  cumplimiento  de  los  fines del derecho, la justicia y la equidad, con  apego   a   la   Constitución,  a  los  instrumentos  internacionales  y  a  la  ley.   

Señala que el error de raciocinio probatorio  se  presenta  cuando  el juzgador vulnera los postulados de la sana crítica, lo  cual  lo  lleva  a  declarar  una  verdad  distinta  a  la que revela el proceso  “hecho  que conculcó el derecho de los perjudicados  a  obtener  el  derecho  la  verdad,  la  justicia  y la reparación del agravio  sufrido”.   

A   continuación,   refiere   que   como  manifestación  del respeto a la dignidad humana se acepta en todos los tratados  internacionales  la  vigencia del principio de igualdad, que aplicado al proceso  penal  se  contrae  a  la  obligación para el funcionario judicial de velar con  igual  celo  por  los  derechos  del  procesado y de la víctima, a fin de que a  ésta  se le repare el perjuicio patrimonial ocasionado, se establezca la verdad  y          el          derecho          a          que          se          haga  justicia.                                    

          Los  anteriores  derechos,  agrega,  “son  los  que  invoco  como vulnerados por el sentenciador de primer y segundo grado,  cuando   al   alejarse  de  la  sana  crítica  en  la  valoración  probatoria,  quebrantaron  con  esta sentencia los derechos fundamentales de los perjudicados  y el ordenamiento jurídico”.   

Por  lo  anterior, solicita se seleccione el  fallo impugnado para que sea estudiado en esta sede.   

En el capítulo cuarto del libelo, se refiere  al  cargo  único  que  propone contra la sentencia, con fundamento en la causal  primera  de casación por violación indirecta de la ley sustancial originada en  un   error   de   hecho   por   falso  raciocinio  en  la  apreciación  de  las  pruebas.   

Previo  a  exponer  los argumentos en que se  sustenta  la prédica, indica que con el fallo se infringieron los artículos 29  y  230  de  la  Constitución Política; así como los artículos 6, 9, 16, 232,  237, 249, 257, 290 y 170 de la Ley 600 de 2000.   

A continuación, indica que si la conclusión  del  dictamen  pericial  fue  enfática,  en  el  sentido  de  que la causa más  probable  del  accidente  fue  una  posible  invasión  por parte el autobús al  carril  contrario, riñe con la lógica que el sentenciador otorgue el beneficio  procesal de la duda.   

Dicha  conclusión,  agrega,  unida  a otros  elementos  de  prueba,  como los destrozos de los vehículos comprometidos en la  colisión,    la    inspección    judicial    al   cadáver   de   Gustavo  Orlando  Alvarado  Bautista  y la  posición  final  del  automóvil  “son elementos de  prueba  suficientes  para  determinar  la  responsabilidad  del  procesado PEDRO  RAFAEL  CASTRO  BERNAL   no  el  estado  de duda que se expresa en el fallo  objeto del recurso”.   

Destaca  también que las conclusiones a las  que  llega  el  fallador resultan “asombrosas” en cuanto vulneran las reglas  de  la  experiencia,  porque  de  haber  ocurrido  los hechos como los acepta el  Tribunal,  la  colisión  entre  los vehículos ha debido ser frontal, según lo  expresa el dictamen físico forense.   

Aceptar una posible invasión de la vía por  parte  del  vehículo  que  conducía  el occiso, reitera, riñe con la lógica,  pues  los  medios  de  prueba  analizados en su conjunto y bajo las reglas de la  sana  crítica  demuestran  lo  contrario, además de que resultan idóneos para  quebrar la presunción de inocencia en favor del procesado.   

Igualmente, prosigue, el sentenciador realiza  “una  interpretación  por  fuera  de la lógica del  dictamen”  al pretender trasladar la respuesta de una  pregunta, efectuada dentro de un contexto, a su conclusión final.   

De   acuerdo  con  lo  anterior,  para  el  casacionista,   “tanto  el  a-quo  como  el  ad-quem  predicaron  la duda y la incertidumbre al momento de adoptar la decisión final,  elaborando  juicios  de  hecho  contrarios  a la lógica a las reglas de la sana  crítica,  razón mas que suficiente para casar esta sentencia y en su reemplazo  se  disponga  por  la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia  la Casación del  fallo”.   

Acto seguido, se refiere a la apreciación de  la  prueba  pericial para concluir que el dictamen rendido por el perito físico  forense  en  cuanto  a sus conclusiones fue claro, preciso y fundado, además de  estar  acorde  con  los demás elementos de prueba que lo confirman ampliamente,  de   modo   que  “el  reconocimiento  del  beneficio  procesal  de  la  duda a su favor, hecho en la sentencia no consulta la realidad  probatoria  y  desconoce  los fines esenciales del Estado y del Estado Social de  Derecho”.   

Aduce  que la conclusión acerca de la causa  más  probable  del accidente dimana del croquis del accidente, de la ubicación  del  autobús,  de  la inspección judicial practicada a los vehículos y de las  fotografías  que  se  les  tomaron;   así  mismo,  de  la declaración de  Fabio  Hernán  Díaz, de la  versión del procesado y de la inspección practicada.   

En  consideración  a  lo expuesto, solicita  casar   la   sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar  ,  se  profiera  sentencia  condenatoria  en  contra  de  CASTRO BERNAL,  por el delito  de homicidio culposo.     

                  

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De conformidad con el artículo 1º de la Ley  553  de  2000  (Diario Oficial No. 43.855 del 15 de enero de 2000, de cuyo texto  sólo     fue    declarada    inexequible    la    expresión    “ejecutoriadas”  mediante sentencia C-252  del  28  de  febrero  de  2001,  con  efectos a partir del 17 de marzo de 2001),  vigente  para  la  época  de  los  hechos  (18  de julio de 2001), disposición  idéntica  a  la que luego fue adoptada por el legislador en el artículo 205 de  la  Ley  600  de  2000  (Diario  Oficial No. 44.097 del 24 de julio de 2000), en  vigor  para  cuando  fue  proferido  el  fallo  de segundo grado (29 de abril de  2004),   es  viable  el  recurso  extraordinario  de  casación  “en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado por los delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de  texto);   sin  embargo,  también  se  estableció  que  la Sala, de manera  excepcional  y  en  forma  discrecional,  puede  admitir la demanda de casación  contra     sentencias     distintas     a     las    mencionadas    “cuando   lo   considere   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los  derechos fundamentales”.   

Pues  bien,  para  el  caso  que  concita la  atención,  se  tiene  que  el  apoderado  de  la  parte  civil  acude a la vía  excepcional  del  recurso  extraordinario,  impugnando oportunamente un fallo de  segunda  instancia  respecto  de  un  delito  que,  de acuerdo con la previsión  normativa  aludida,  no  cumple con el requisito de la pena máxima privativa de  la  libertad  que se exige, en tanto el procesado PEDRO  RAFAEL  CASTRO  BERNAL  fue  absuelto  por la conducta  punible  de  homicidio  culposo que, de acuerdo con el artículo 329 del Decreto  100  de  1980 y luego con el 109 de la Ley 599 de 2000, se sanciona con una pena  máxima      de     seis     (6)     años     de     prisión,     quantum  que  resulta  inferior a los ocho  (8)  años  que  para acceder al recurso extraordinario de casación por la vía  ordinaria o común exige la primera disposición en cita.   

Lo anterior permite colegir que están dados  los  presupuestos  de  procedibilidad  para acceder al recurso extraordinario de  casación  por  la  vía excepcional que propone el apoderado de la parte civil,  pero  ello  no  es suficiente para abordar su estudio, por cuanto, como también  lo  refiere  el  inciso  tercero  de  dicha  disposición,  para  tal  efecto es  indispensable  que  se  solicite  por  cualquiera de los sujetos procesales y la  Sala  “lo  considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.               

Desde  esa  perspectiva,  era imprescindible  para  el demandante convencer a esta Corporación de que existía uno, o los dos  motivos, que la hacen viable.   

Sobre  el  particular, también se ha dicho,  que  tales  argumentos han de estar dirigidos a orientar a la Sala en el sentido  de  hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si se trata  de  reclamar  la  garantía  de un derecho fundamental, al censor le corresponde  precisar   los   derechos   que   fueron   desconocidos,   indicar   las  normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su  salvaguarda. Y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

En  ese  propósito  no  es necesario que el  casacionista   exponga   fórmulas  sacramentales,  ni  que  elabore  un  aparte  específico  para  desarrollarlos,  pues  basta  con  que  puedan  deducirse del  contexto         de         la        demanda1.   

No   obstante  lo  anterior,  lo  que  sin  dificultad  alguna  se  puede observar es que el actor, lejos de plantear que se  conculcó  una  garantía fundamental, como lo indicó en el primer capítulo de  la  demanda,  en  donde  refiere que se desconocieron con la sentencia impugnada  los  derechos de la víctima a obtener una reparación de contenido patrimonial,  el  establecimiento  de  la  verdad  y  a  que  se hiciera justicia, se limita a  cuestionar  la  forma  en que fueron apreciadas las pruebas, pues a su juicio se  incurrió  en  un error de hecho por falso raciocinio al valorarse desconociendo  reglas  de  la  sana  crítica  y  ella  la razón por la cual formula un único  reproche  con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación por violación  indirecta de la ley sustancial.   

Es  claro que los errores en la apreciación  de  la prueba no erigen vulneración de garantías y, por ende, la propuesta que  plantea  el  actor  no tiene la entidad para franquear el acceso a la denominada  casación  discrecional.  Menos  aún la referencia meramente enunciativa a unos  derechos,  como  el  de  dignidad humana, igualdad y legalidad e, incluso los de  las   víctimas   (verdad,   justicia   y   reparación),   pues  para  ello  es  imprescindible  que  se  concrete  la  circunstancia  de  la  cual  se deriva la  afectación  de  una  garantía fundamental y luego de ello si precisar cuál de  los   derechos   de   las   víctimas   aludidos   sufre   menoscabo   ante  esa  situación.   

Como  quiera  que  tales presupuestos fueron  omitidos  por  el  censor,  de  acuerdo  con  lo previsto por la ley en la forma  indicada,  ello impide a la Corte ocuparse de su libelo, que en esas condiciones  no   será   admitido,   tal   como   lo   tiene  definido  la  Sala2.   

Lo   anterior  significa  que  la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el  cargo  único  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado, se  ajusta a los presupuestos técnicos propios de esta sede.   

En  consecuencia,  el  libelo  no reúne los  requisitos  de  forma,  lo  cual  conlleva  la  inadmisión  de  la  demanda, de  conformidad  con lo establecido en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, norma  que   dice   que   si  “la  demanda  no  reúne  los  requisitos,  se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho de  origen.”   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el apoderado de la parte civil, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Véase,  entre  otros,  auto  de  noviembre  18  de 2004, M.P. Dr. Herman Galán  Castellanos, rad. 22780.    

2  Radicado   19448,   auto   de   marzo   11/03,   M.   P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *