22553(25-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22553   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 041.  

Bogotá  D.C.,  mayo veinticinco (25) de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación presentada por la defensora del procesado  JAIME  ALBERTO  ARIAS  HENAO,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Militar el  20  de  febrero  de  2004, mediante la cual fue condenado a la pena principal de  cinco  (5)  años de prisión al encontrarlo responsable en calidad de autor del  delito  de  cohecho  propio,  decisión  que modificó el fallo dictado el 21 de  noviembre  de  2003  por el Juzgado 146 de Primera Instancia del Departamento de  Policía  del  Valle,  por  cuyo medio lo había condenado a la pena de seis (6)  años de prisión como autor del delito de concusión.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a las diez de la mañana del 17 de mayo de 2003, la  patrulla   motorizada   integrada  por  los  agentes  de  policía  JAIME  ALBERTO  ARIAS  HENAO y Fredy  Alexander Giraldo Aristizabal que se  encontraba   realizando   labores   de  vigilancia  en  el  municipio  de  Buga,  interceptó  a  las  menores  Victoria Eugenia Delgado  Morales   y   Yuli  Paulin  Bastidas,  quienes  se desplazaban en una motocicleta,  encontrando  que  la  primera  no tenía licencia de conducción y la segunda no  portaba el respectivo casco protector.   

          Entonces,     el     procesado     ARIAS  HENAO  les  dijo  que  inmovilizaría  la  moto en los  patios  del  tránsito  y  les  impondría  una multa, pero momentos después le  expresó    a    Victoria    Eugenia    que  la  esperaba  en  el  CAI del barrio Jardín y una vez allí le  exigió  y  consiguió que realizara actos sexuales, tocó sus partes íntimas y  luego le solicitó que se marchara.   

          Con   fundamento   en   la   denuncia  presentada  por  Victoria   Eugenia   Delgado  Morales,  el  Juzgado  de  Instrucción  Penal  Militar  del  Valle ordenó la correspondiente  investigación  preliminar  el  19  de  mayo  de  2003 y cuatro días más tarde  declaró  abierta  la instrucción, en cuyo desarrollo  vinculó  mediante  indagatoria  a JAIME ALBERTO ARIAS  HENAO, resolviendo su situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional,  como posible autor del delito de concusión.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario fue  calificado  el  29 de agosto de 2003 con resolución de acusación en contra del  procesado,   por   la   misma  conducta  punible  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  146  de  Primera  Instancia del Departamento de Policía del Valle,  despacho  que  una vez surtido el trámite correspondiente profirió fallo el 21  de  noviembre  de 2003, por cuyo medio condenó a JAIME  ALBERTO  ARIAS  HENAO  a la pena principal de seis (6)  años  de  prisión, multa de cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  cinco  (5)  años  como  autor  penalmente responsable del delito objeto de  acusación.  En  la  misma  providencia  le  fue negado el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  procesado  y  el  Tribunal Superior Militar la modificó mediante  sentencia  del  22  de  abril  de 2004, en el sentido de condenarlo a la pena de  cinco  (5)  años  de  prisión  por el delito de cohecho propio. Dicho fallo es  ahora  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la  defensa.   

LA DEMANDA  

La  defensora aduce inicialmente que como el  artículo  368 de la Ley 522 de 1999 (Código Penal Militar) dispone que procede  el  recurso  de  casación  por la vía ordinaria cuando se trate de delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis  (6)  años de prisión y a su vez, la conducta punible de concusión tiene  una  pena  de  seis  (6)  a  diez (10) años de prisión, es evidente que no hay  lugar a la casación por la vía excepcional.   

          Agrega  que  también  de  acuerdo al artículo 205 de la Ley 600 de  2000  es  viable la impugnación extraordinaria por la vía común, en cuanto el  delito  de  concusión  tiene  una  sanción  superior  a  los ocho (8) años de  prisión,  pero  señala  que  si  en  el fallo de segundo grado se modificó la  adecuación  típica  y  se  sancionó al procesado por el delito de cohecho, el  cual  tiene una pena de cinco (5) a ocho (8) años de prisión, es procedente el  recurso  de  casación  por la vía ordinaria de conformidad con la citada norma  del Código Penal Militar.   

          Sobre  el  particular finalmente solicita de manera subsidiaria a la  Corte  que  en  virtud  del  inciso  final  del  artículo 368 del Código Penal  Militar,  acepte  de  manera  excepcional  el recurso extraordinario interpuesto  “a  fin  de desarrollar la Jurisprudencia Nacional y  se  garantice  a  plenitud  los  derechos fundamentales del señor JAIME ALBERTO  ARIAS HENAO”.   

          Entonces,   la  casacionista  formula  tres  cargos  que  postula  y  desarrolla así:   

          1.        Primer  cargo (principal): Nulidad por violación del debido proceso  y el derecho a la defensa del incriminado.   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de casación, la demandante  expone  que  se violó el derecho de defensa técnica de su asistido pues no fue  informado  acerca de la investigación preliminar que se adelantó en su contra,  circunstancia  que  lo  privó  de  la  oportunidad de ser escuchado en versión  libre,  de  contradecir  las  pruebas  que fueron recaudadas a sus espaldas y de  solicitar  la  práctica  de  medios  probatorios  en  su  favor,  todo  lo cual  determinó también el quebranto de su derecho al debido proceso.   

          También  estima violado el derecho a la presunción de inocencia de  JAIME ALBERTO ARIAS, dado que  se   defirió   a   “un  momento  lejano”  su  defensa,  cuando el Estado ya había acumulado en su contra  el acervo probatorio.   

          Luego   de   citar  apartes  de  jurisprudencia  constitucional,  la  recurrente  afirma  que  fueron  conculcados  los  derechos de su representado a  defenderse  y  ser  escuchado durante la indagación preliminar adelantada en su  contra,  con  lo  cual  resultó  conculcado  su derecho a la defensa técnica y  material,  así  como el debido proceso, igualdad y legalidad, circunstancia que  condujo  a  la  violación  de los artículos 293, 294, 451, 452, 453, 454 y 455  del Código Penal Militar.   

Con  base  en  lo  anterior,  la  impugnante  solicita  a la Corte casar el fallo atacado en el sentido de declarar la nulidad  de  la  actuación  a  partir  de  la  providencia que dispuso la investigación  preliminar  y  que  por  tanto, el Juzgado 158 de Instrucción Penal Militar del  Departamento de Policía del Valle rehaga la actuación viciada.   

2.            Segundo  cargo (subsidiario): Violación  indirecta  de  la  ley sustancial (artículo 29 de la Carta Política) por error  de hecho por falso raciocinio.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, la  defensora  expone  que  se  violaron de manera indirecta los artículos 29 de la  Carta  Política  y  209  del  Código  Penal Militar en el cual se establece el  principio  in  dubio pro reo,  habida  cuenta  que  el  Tribunal  Militar incurrió en error de hecho por falso  raciocinio  al  apreciar  la  prueba  testimonial  de cargo, pues le otorgó una  fuerza    de    convicción    que   vulnera   los   postulados   de   la   sana  crítica.   

          Una  vez  transcribe fragmentos del fallo objeto de impugnación, la  recurrente   afirma   que   en   el   transcurso   del   proceso  se  evidencian  “serias     inconsistencias,     incongruencias,  infirmaciones   y  contradicciones  de  la  prueba  testimonial  arrimada  a  la  foliatura”,  pues la declaración de la víctima fue  desvirtuada  por  lo expuesto por su amiga Yuli Paulín  Bastidas    y    por    el    agente    Fredy Alexander Aristizabal.   

          También    anota    que    si    el   ad  quem  consideró  que  en  la conducta de JAIME  ALBERTO  ARIAS  no se estructuraban  los  elementos  del  delito de concusión, le correspondía absolverlo, disponer  su  libertad  inmediata  y  compulsar  copias  para que fuera investigado por el  delito de cohecho propio.   

          Concluye  que en la actuación existe duda acerca de si el procesado  recibió  o  no  alguna  utilidad  de parte de Victoria  Eugenia   Delgado,   circunstancia  que  imponía  la  aplicación  del principio in dubio pro reo   y   que  permite  advertir  que  el  Tribunal  Militar  incurrió  “en    evidentes    errores    de   hecho   y   de  derecho”.   

          Con  fundamento  en lo expuesto, la demandante solicita la casación  del  fallo  de  segundo  grado,  para  que en su reemplazo se profiera sentencia  absolutoria en favor de su representado.   

3.            Tercer cargo (subsidiario): Incongruencia  entre la acusación y el fallo.   

          De  acuerdo  con  la causal segunda de casación, la defensora aduce  que   si   JAIME   ALBERTO   ARIAS  HENAO  fue  acusado  como  autor  penalmente  responsable  del  delito de  concusión  y  a  su  vez  por  tal  comportamiento  fue  condenado  en  primera  instancia,  el  Tribunal  Militar  violó  el  principio  de  congruencia  entre  acusación   y   fallo   al   condenarlo   como  autor  del  delito  de  cohecho  propio.   

          Puntualiza  que en tal caso, correspondía al Tribunal absolver a su  procurado  por  el  delito  de  concusión  y  compulsar  copias  para que fuera  investigado  por  el  delito  de  cohecho, a fin de garantizar de tal manera sus  derechos   a   la   defensa,   contradicción,   legalidad   y   presunción  de  inocencia.   

          Entonces,  la  recurrente  solicita  a la Corte casar la providencia  objeto  del  recurso extraordinario y en su lugar, proferir fallo absolutorio en  favor   de   JAIME  ALBERTO  ARIAS  HENAO.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  conformidad  con  la preceptiva del inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este medio impugnaticio procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  proferido  por  los  mencionados  tribunales  o el delito por el cual se procede  tiene   pena   privativa  de  la  libertad  inferior  al  quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso 3º del  artículo  205  del  estatuto  procesal  penal  faculta a esta Sala para admitir  discrecionalmente  las  demandas de casación presentadas, en aquellos casos que  “lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

          En  tratándose  de  la casación discrecional compete al demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Ahora bien, si la pretensión del demandante  se  orienta  a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de  demostrar  la  violación e indicar las normas constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como su desconocimiento en el fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  o  común  y  discrecional  o  excepcional) no pueden ser  reclamadas  de manera simultánea, pues son excluyentes, en cuanto la segunda es  subsidiaria  de  la  primera,  es  decir,  sólo  procede en la medida en que no  resulte viable la casación ordinaria.   

         En  el  asunto  que  concita la atención de la Sala se observa que  por  tratarse del delito de cohecho propio, sancionado en el artículo 405 de la  Ley  599 de 2000 con pena privativa de la libertad de cinco (5) a ocho (8) años  de  prisión,  en  punto  del  recurso  de  casación se impone acudir a la vía  discrecional.   

Como   la   censora   al   inicio   de  su  argumentación  aduce  que de acuerdo al artículo 368 del Código Penal Militar  procede  el  recurso de casación por la vía ordinaria, en cuanto el delito por  el  cual  se procede tiene una pena privativa de la libertad cuyo máximo excede  de  seis  (6)  años  de  prisión y a su vez, la conducta punible de concusión  tiene  una  pena  de  seis (6) a diez (10) años de prisión, se impone efectuar  las siguientes precisiones.   

La  primera,  que  de  conformidad  con  el  artículo  535  de  la  Ley  600  de  2000,  se derogó el Decreto 2700 de 1991,  “sus   normas   complementarias   y   todas   las   disposiciones  que  sean  contrarias  a  la  presente  ley”  (subrayas  fuera  de  texto),  por  tanto, sin  dificultad  se  advierte  que si en el artículo 205 de la referida legislación  se  dispone que el recurso de casación por la vía ordinaria procede contra los  fallos  de  segundo  grado  dictados  por  los tribunales superiores de distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años”  (subrayas  fuera  de  texto),  no  hay  duda  que este precepto  derogó el citado por la recurrente.   

          Además,  si  la  sentencia objeto de impugnación extraordinaria es  la  de  segundo  grado  proferida  por el Tribunal Militar, improcedente resulta  tener  en cuenta el delito de concusión por el cual se condenó al procesado en  primera  instancia,  pues  para  efectos  de  establecer  de  acuerdo al máximo  quantum  punitivo  si  es  viable  el  recurso de casación por la vía común o  discrecional,  sólo  se  impone verificar en este asunto la pena dispuesta para  el  delito  de  cohecho  propio, por el cual fue finalmente condenado en segunda  instancia   JAIME   ALBERTO  ARIAS  HENAO.   

          Lo  anterior  es así, en atención a que en virtud del principio de  progresividad  del proceso penal, en virtud del cual, la actividad que se cumple  en  cada  una  de  las  etapas  que  lo componen se adelanta con la finalidad de  alcanzar  mayores  grados en el conocimiento del objeto de la investigación, el  objeto  de  impugnación  en  el  recurso  de  casación recae sobre el fallo de  segundo  grado,  el  cual  configura  un presupuesto esencial para acceder a tal  medio  impugnaticio  y  a  la  vez,  de  acuerdo  al  delito  por el que se haya  procedido,  ya  para condenar o absolver, determina el límite punitivo que a la  postre  señalará  al  censor la vía que debe emprender (común o excepcional)  para  ejercer  el  recurso casacional, resultando impertinente entonces, que con  tal  propósito  se  verifique la sanción del delito por el que se procedió en  el fallo de primer grado.   

Si bien subsidiariamente la censora solicita  se   acepte   de   manera  excepcional  el  recurso  extraordinario  interpuesto  “a  fin de desarrollar la Jurisprudencia Nacional y  se  garantice  a  plenitud  los  derechos fundamentales del señor JAIME ALBERTO  ARIAS  HENAO”, es lo cierto que únicamente procede  a  resumir  y presentar sucintamente los motivos que determinan su inconformidad  con  la sentencia cuestionada, pero no se refiere de manera alguna a las razones  dispuestas  por  el  legislador para que proceda la intervención excepcional de  la  Corte  en  el  asunto,  las  cuales  fueron  resaltadas al comienzo de estas  consideraciones.   

          Así,  pues, no identifica en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no  dice  si  sobre  el particular ya hay pronunciamientos  jurisprudenciales  y,  de ser así, cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y cómo guardan relación con el caso objeto de estudio, omisión que le  impide   identificar   el   punto   dudoso,   la   existencia   de  providencias  contradictorias,  o  el  vacío  que  corresponde  dilucidar  a  través  de  la  jurisprudencia  y  cómo  el  desarrollo  del  concepto reclamado tiene la doble  utilidad  de servir, tanto para este diligenciamiento, como para la solución de  casos similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  o  garantías  del  acusado,  pues  aunque la defensora de manera  general  e  imprecisa  señala  que  se  violaron  sus  derechos  a  la  defensa  técnica y material, debido  proceso,  igualdad  y  legalidad,  en  cuanto  no  fue  informado  acerca de la investigación preliminar que se adelantó en su contra,  no  procede  a  señalar  de  qué manera las posibilidades de intervención que  tuvo  durante  el  curso  del trámite no resultaron suficientes para garantizar  los  derechos  que  estima  conculcados,  circunstancia  que permite advertir la  intrascendencia del reclamo.   

          Como   también   cuestiona   que   no  fue  aplicado  el  principio  in  dubio  pro reo, encuentra  la  Sala  que  la  recurrente  no  señala  con  precisión en que consisten las  “serias     inconsistencias,     incongruencias,  infirmaciones   y  contradicciones  de  la  prueba  testimonial  arrimada  a  la  foliatura”,  ni de qué manera la declaración de la  víctima   fue   desvirtuada   por   lo   expuesto  por  su  amiga  Yuli  Paulín  Bastidas  y  por  el agente  Fredy  Alexander  Aristizabal  y, por ello, el reproche queda ayuno de demostración.   

Dado  que  finalmente alega que se violó el  principio  de congruencia entre acusación y fallo al ser acusado como autor del  delito  de  concusión  pero  resultar  condenado  como autor de cohecho propio,  baste   señalar   que   sobre   el  particular  ha  puntualizado  la  Sala  que  “si  el fallo de reemplazo ha de proferirse conforme  a  los  cargos de la acusación, el recurrente no tendría interés en este caso  porque  de  prosperar  el reproche conduciría a agravar la situación jurídica  del  procesado,  pues  es  contrario  a  la  naturaleza  de la causal invocada y  equivocada  su  petición  de  absolución  por la discordancia que se encuentra  entre  las decisiones judiciales citadas”1.   

          En   efecto,  la  ausencia  de  interés  de  la  impugnante es  palmaria,  pues  la  condena  por el delito de concusión que le fue impuesta al  procesado  en  primera instancia (6 años), resulta más gravosa que la sanción  establecida en el fallo de segundo grado (5 años).   

Lo   anterior   permite  concluir  que  la  demandante  no  cumple  con  los  postulados  requeridos para que resulte viable  admitir  discrecionalmente  el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto,  además  de  que  tampoco  la  Sala  advierte  violación alguna de los derechos  fundamentales  o garantías del procesado JAIME ALBERTO  ARIAS  HENAO, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador a esta Corporación.   

          Si  lo anterior es así, se impone concluir que la demanda acusa las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  que  no  pueden  en  modo  alguno ser  subsanadas  por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que  rige   el   trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional interpuesta por la defensora de JAIME  ALBERTO ARIAS HENAO, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    esta    decisión    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

       Comisión   de  servicio   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia  del  22  de  septiembre  de 2004. Rad. 17050. M.P. Dr. Alfredo Gómez  Quintero.     

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