22540(20-04-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22540  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 034  

Bogotá  D. C., veinte (20) de abril de dos  mil seis (2003).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CARLOS          MARIO          MINDIOLA          SOLANO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Tuvieron  su  origen  el  25  de  mayo  de  2003,  en  el  perímetro  urbano  de la ciudad de  Valledupar               –Cesar–,  siendo  aproximadamente  las  5:30  a.m.,  cuando  llegó  a la distribuidora de  carnes  Distrisasa,  ubicada en la calle 17 N° 15-53 de esta municipalidad, una  camioneta  de  servicio  público  marca Dacia, de placas UWO-896, conducida por  Wingner  Enrique  Álvarez  Ditta,  en  la  que  se movilizaban tres sujetos que  responden  a  los  nombres  de  Carlos Mario Mindiola  Solano,  Lacides  Francisco  Chinchía  Márquez y un  hombre       sin       individualizar       apodado       como      ‘el          gordo’, quienes vestían unas batas blancas  estampadas  con  siglas  de una cooperativa de carniceros. Una vez llegaron, uno  de  ellos se quedó en las afueras del local comercial (Lacides Chinchía) y los  otros  dos  ingresaron al negocio insidiosamente preguntando por cierta cantidad  de  carne,  a lo que el señor Jorge Saade Acosta (propietario) ordenó a uno de  sus  trabajadores trasladar a los presuntos compradores al cuarto frío donde se  encontraban   éstas,  siendo  alias  ‘el   gordo’  quien   se   condujera   maliciosamente   hacia   tal   sitio   y   Carlos  Mario Mindiola Solano permaneció  en  las  oficinas  de  servicio al público que atendía Alfonso de Jesús Saade  Sagra.   

“Cuando  alias  ‘el  gordo’  seleccionó  en  el cuarto frío la  carne  a  comprar  y  una  vez  dejó  a  los  trabajadores en éste para que le  hicieran  los  arreglos,  aprovechó  su  regreso  por  el  corredor  y en forma  intempestiva  sacó  su  arma  de fuego y encañonó a Jorge Saade Acosta, quien  reaccionó   instintivamente   sujetándole   la  mano  que  tenía  el  arma  y  desenfundando  la  suya  para  defenderse  en  instantes  que  el delincuente se  escabullía  del  forcejeo  para  huir desesperadamente; mientras esto sucedía,  Carlos  Mario  Mindiola, el  cual  estaba  en  las  oficinas  de servicio al público, apuntó con su arma de  fuego  a  la vida de Alfonso de Jesús Saade Sagra, quien a pesar de tener en su  escritorio   un   arma   de   fuego   ‘escopeta’ no  logró  defenderse del ataque sorpresivo, quedándose inmóvil, en esos precisos  momentos  Mindiola  Solano,  en  forma  vil y al observar la defensa que ponía Jorge Saade en el pasillo que  conducía  al  cuarto frío, para concretar su impunidad ante el frustrado hurto  que  pretendían  y  para no correr mayor peligro disparar, decidió disparar en  forma  certera en contra de la humanidad de Alfonso de Jesús Saade Sagra, quien  falleciera posteriormente.   

“Los facinerosos  lograron  huir  gracias  a que uno de ellos, el que se había quedado afuera del  local,  desarmara a los vigilantes que se encontraban por el sector, llevándose  las armas de estos consigo”.   

2.  Adelantada la investigación y con  base  en la solicitud elevada por el procesado, el 15 de julio de 2003 se llevó  a  cabo  diligencia  de  formulación  de  cargos, dentro de la cual  Carlos  Mario  Mindiola Solano aceptó,  de  manera  libre  y  voluntaria,  los  cargos  que por los delitos de homicidio  agravado,  hurto  calificado  y agravado en grado de tentativa y porte ilegal de  armas  de  fuego de defensa personal (arts. 104, 239, 240, inciso 2°, 241.10.11  y  365  del  Código  Penal)  le  imputó  la  Fiscalía  Catorce  Seccional  de  Valledupar,  acto  que conllevó al rompimiento de la unidad procesal con el fin  de proseguir la actuación respecto de los demás sindicados.   

3.   El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Valledupar, mediante sentencia anticipada fechada el 8 de agosto de  2003,    condenó    a    Carlos   Mario   Mindiola  Solano  a la pena principal de 26 años de prisión y  a  la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de sus derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  20 años y al pago de los perjuicios, como coautor de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado y agravado en grado de  tentativa y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

3.  Apelado el fallo por el procesado y  sustentado  por  su defensor, el Tribunal Superior de Valledupar, el 15 de enero  de  2004,  lo  confirmó en su integridad. Contra esta determinación, el citado  profesional   del   derecho   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Mindiola  Solano,  luego  de  hacer  una  precisión  conceptual sobre el instituto de la sentencia anticipada prevista en  el  artículo  40  de  la  Ley  600  de 2000, y de recordar que en diligencia de  formulación  de  cargos se imputó a su representado los delitos por los cuales  fue  condenado  por  las  instancias, dice que la Fiscal que conoció del asunto  “hace a su gusto o amaño ruptura de proceso, o sea  que  separa el homicidio de los delitos menores, para así agravar más el monto  de  condena,  a  sabiendas y a pleno conocimiento que la idea era hurtar más no  de  segarle  la  vida  a  nadie,  pero  por  casos  del destino la situación se  complicó     y     se     llevó    a    cabo    dicho    homicidio”.   

Así mismo, siendo evidente que su defendido  se  acogió  a sentencia anticipada, estima que debió imponérsele como pena 17  años  y  4 meses de prisión y no la que finalmente se le fijó, máxime cuando  debió  partirse  del  mínimo  de  las  sanciones que contempla cada uno de los  delitos  imputados,  sin  olvidar  que  Carlos  Mario  Mindiola  carece  de  antecedentes  y “no  ha  pertenecido  a  ningún  grupo  subversivo  al margen de la  ley”.   

Agrega  que  debe  tenerse  “en  cuenta  que  Carlos  Mario  Mindiola  Solano,  desde  el momento de su captura siempre dijo  la  verdad  real  sobre el esclarecimiento de los hechos que el propio autor del  delito   es  el  señor  apodado  el  ‘gordo’ quien  en  la  actualidad  se  encuentra  gozando  de  su  libertad,  quien es el autor  intelectual     de     los     hechos     y    material    ocurridos”.   

Dice que las anteriores explicaciones llevan  a  concluir  que  “se  han violado directamente los  art.  280  y  283  del  C.  P.  P.  al no darle aplicación correcta”.   

De  otra parte, sostiene que los juzgadores  ignoraron  “la  aplicación  al contenido y alcance  legal  de  los  artículos  280  y  283  del  C.  P.  P.  Vigente  (Ley  600  de  2000)”,  pues  no  concedieron  el  “beneficio  allí  contemplado”, lo que  hubiera  implicado  una  mayor rebaja de pena, disminución que también habría  sido  más  amplia  si  se  hubiese  aplicado el artículo 413 ibidem, norma que  contempla beneficios por colaboración.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  dictar “la  sentencia que en derecho corresponda”.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  defensor   del   sentenciado  Carlos  Mario  Mindiola  Solano   no   reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

En  efecto,  como   lo   ha   reiterado     la    Corte,    la    demanda    de   casación   no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,   sino   que  debe  ser  un  escrito  lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo,  al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia en la parte  resolutiva del mismo.   

El   artículo   212   del   Código   de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000) contempla que el libelo deberá contener,  de  manera  clara y precisa, entre otros aspectos, el señalamiento de la causal  que  se  invoca  para  soportar  el  yerro  del juzgador y los fundamentos de la  misma, así como también las normas que se estimen quebrantadas.   

En    la    confección   del   libelo   que  ocupa  la  atención  de   la   Sala,   se  advierte  que  no  se cumplió con lo estatuido en el  numeral  3°  del citado artículo 212, toda vez que no se señaló la causal en  que  se soporta el presunto yerro o yerros cometidos por el juzgador, además de  que  de  su  contenido no se advierte con claridad cuál es la inconformidad con  el fallo impugnado.   

    

Ahora  bien,  si en gracia de discusión se  entendiese  que  la  censura  está  fundada  en  el cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  entendimiento  que  surge cuando el actor afirma que se  “han  violado directamente los artículos 280 y 283  de  la  Ley  600  de  2000”, de todos modos el cargo  así  formulado  quedó  en un simple enunciado, toda vez que el mismo carece de  la  debida  y  clara fundamentación jurídica que permita soportar la petición  de infirmación de la sentencia atacada.   

En  pocas palabras, sin apoyo en una causal  de  casación  específica,  la argumentación del libelista se queda en simples  generalidades,  sin  que  demuestre  un perjuicio concreto con el supuesto vicio  atribuido  al  juzgador  y  la trascendencia del mismo frente a las conclusiones  adoptadas en el fallo.   

Y   si  bien  pudiere  deducirse  que  su  inconformidad  se  centra en la dosificación de la pena impuesta al procesado y  en  la  negativa  de  reconocérsele  la  rebaja por razón de la confesión, de  todos  modos  surge  evidente que tales planteamientos son totalmente huérfanos  de  argumentación  y  sustentación  jurídica  o  probatoria, ya que en manera  alguna  el  censor,  fundado en la correspondiente causal de casación, procuró  ilustrar  a  la  Corte  cuál o cuáles fueron los yerros en que incurrieron los  jueces  de  instancia  en el proceso de individualización y dosificación de la  pena,  ni  explicó los motivos que llevaron al sentenciador a equivocarse en el  momento    en    que    concluyó    que    Mindiola  Solano  no  era acreedor a la disminución de la pena  por confesión.    

Tampoco precisó cómo la planteada ruptura  de  la  unidad procesal, determinación de la Fiscalía de la cual se duele, fue  realizada  con  desconocimiento  de  las  normas  procesales  que  la  rigen, ni  demostró  cómo  tal  acto  perjudicó los intereses de su poderdante, esto es,  que  de  no  haberse  producido  la citada ruptura de la actuación, la sanción  penal impuesta al procesado hubiese sido menor.   

Así  mismo,  en  lo  relacionado  con  su  afirmación,     según   la   cual,   Mindiola  Solano  no sería responsable del delito de homicidio  por  el  cual  fue  condenado,  pues  su  intención  era  cometer  el delito de  hurto,   debe  recordársele  que  fue  su defendido quien, de manera  libre  y  voluntaria, aceptó la  imputación  del  mismo,  motivo  por  el cual no puede ahora retractarse, pues,  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  en el instituto de la  sentencia  anticipada  el  sindicado  renuncia  a  la  controversia  fáctica  y  jurídica  para  allanarse  expresa, voluntaria y libremente a los cargos que le  formule  la fiscalía, aceptando la responsabilidad penal por el hecho imputado.  El  reproche  penal así admitido se rige por el principio de intangibilidad, es  decir,   que   no   le  es  dado  al  procesado  pretender  su  modificación  o  retractación,  aspecto  que  también  conlleva a la ausencia de interés legal  para impugnar el fallo bajo esta argumentación.   

Por    consiguiente,   al   no    reunir    la   demanda   los   presupuestos   legales  de  claridad  y  precisión  y  toda  vez  que  la Corte, en virtud del  principio  de limitación, no puede entrar a complementar al libelista, la misma  se inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  CARLOS  MARIO  MINDIOLA  SOLANO.  En consecuencia, se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   Permiso   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                    TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                           Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *