22509(28-07-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22509   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 64   

          Bogotá D.C., veintiocho de julio de dos mil cuatro.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de   casación   instaurada   por   el   defensor   de   LUIS  ARNOBIO  DEL  RIO JIMÉNEZ, contra el  fallo  del  11  de febrero pasado obra del Tribunal Superior de Buga, Valle, por  cuyo   medio   revocó   la  sentencia  absolutoria  que  el  Juzgado  Penal  de  Descongestión  del Circuito Especializado de dicha ciudad profirió a favor del  procesado  el  9 de octubre de 2003, y en su lugar lo condenó a purgar 12 años  de  prisión  y  a  cubrir  a  título  de  multa  30  salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  como  responsable de infringir los Arts. 33 y 38 de la Ley  30 de 1986.   

  LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal primera, un único cargo formula el censor  contra   la   sentencia  impugnada  en  sede  del  extraordinario  recurso,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial merced a la incursión por parte del  juzgador  en  errores  de hecho por falsos juicios de existencia y de identidad,  como  también  por  error de derecho por falso juicio de legalidad, lo cual dio  lugar  a  la aplicación indebida de los Arts. 33 y 38-3 de la Ley 30 de 1986, y  a  la  falta  de  aplicación  del  Art.  7°  del  C. de P. Penal que regula lo  concerniente   al   principio   de  presunción  de  inocencia,  situación  que  desembocó  en  la violación de los Arts. 9, 12, 21, 22 y 34 del Estatuto Penal  Sustantivo, y 232, 234 y 238 de la legislación procesal penal.   

          En  la  fundamentación  de la censura, previa advertencia de que su  pretensión  no  es  la  de formular alegatos de instancia, y luego de referirse  in   extenso   al  soporte  probatorio  en  el  cual  los  juzgadores  sustentaron los respectivos fallos de  instancia,    el    casacionista    en    lo    que   denomina   “reproches  de la defensa” -que mal pueden  confundirse  con  debates sobre el valor de la prueba o la manera como ella debe  ser  analizada, señala-, critica los argumentos expuestos por el Tribunal en su  declaración   de   condena   que  bien  pueden  sintetizarse  de  la  siguiente  manera:   

          A  voces  de  los Arts. 239, 337 y 338 del C. de P. Penal, la prueba  trasladada  debe cumplir con reglas y solemnidades condicionantes de su validez,  omisión  flagrante  y ostensible que cabe observar respecto de las indagatorias  de  Roberto  Soto Prieto y Fernando Patiño Monsalve, condenados por tráfico de  narcóticos  en país extranjero, concretamente en Alemania, con cuyos dichos se  dio  por establecida la responsabilidad del aquí procesado, pues habiendo ambos  lanzado  cargos  en  sus  injuradas  contra  DEL  RÍO  JIMÉNEZ,  no se les juramentó como lo ordena nuestro  ordenamiento  procesal  penal.  Del mismo modo, se le dio valor de indicios  a  las  versiones  de  agentes  encubiertos,  sin reparar en que la legislación  patria  prohíbe  la  valoración  de  testimonios  de  personas  con reserva de  identidad.   

          Igualmente  aduce  el libelista, que el señalamiento que se hizo de  FAUSTO  DEL  RÍO  como  el  sujeto que proveía de la sustancia alcaloide a los  traficantes,  “difiere en su aspecto morfológico, de  individualización   e   identificación   del   señor  LUIS  ARNOBIO  DEL  RIO  JIMÉNEZ”,   amén   de   que   el   reconocimiento  fotográfico  que  de  aquel  personaje realizó Patiño Monsalve -de FAUSTO DEL  RÍO,   mas   no   de  DEL  RÍO  JIMÉNEZ,  advierte-  en  diligencia practicada en Alemania, no consulta las  exigencias   legales   estipuladas   en   el  Art.  304  de  nuestro  C.  de  P.  Penal.     

Así,  en  el  examen  de la referida prueba  trasladada  sustento  de  la  condena  recurrida  en  casación, “se  incurre  en  suposición  de  prueba”  como   quiera   que   se   identifica   a   FAUSTO  DEL  RÍO  con  LUIS  ARNOBIO  DEL  RÍO,  “forma  de  error  de  hecho por falso juicio de identidad al hacerse  decir  a  la  prueba  lo  que esta no dice”, alega el  demandante,  inferencia  con base en la cual se le dedujo responsabilidad en los  hechos investigados a su defendido.   

         

Ahora,  que  DEL  RÍO  viajó  a Alemania para concertar el despacho de  la  sustancia  estupefaciente,  es  afirmación que nace de la mera imaginación  del  fallador,  pues ello no se compadece con la verdad histórica de los hechos  y  el  papel  protagónico de las personas que intervinieron en la introducción  del  alcaloide  al  país  Europeo,  circunstancia esta que se erige en un nuevo  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad en cuanto que para sustentar la  condena,  se  tergiversa el contenido material de la prueba haciéndole decir lo  que ella no expresa, reitera el censor.   

          En  suma,  las  imputaciones que se derivan de los dichos de Patiño  Monsalve  y Soto Prieto son en contra de FAUSTO DEL RÍO, que no involucran para  nada  a  LUIS  ARNOBIO  DEL  RÍO JIMÉNEZ,   razón  por  la  cual  las  inferencias  judiciales  en  sentido  contrario  carecen  de respaldo probatorio, que aunada a la forma en que aquella  prueba  fue  trasladada, le restan capacidad y eficacia para arribar al grado de  certeza    que    se    requiere   para   proferir   un   fallo   de   carácter  condenatorio.   

          La  justicia  le  ha  negado  cualquier  grado de credibilidad a las  exculpaciones  del  procesado  en  cuanto  dijo no tener vínculos con el delito  imputado,  y  menos  que  se le conociera con el nombre de “FAUSTO” o con el  mote  de  “El  Mexicano”,  sin  esgrimir  pruebas  que  las  controviertan, se duele el actor, pues si bien  admitió  haber  estado en Frankfurt, Alemania, es lo cierto que negó cualquier  contacto  con  Soto  Prieto  o  Alberto  Orozco, personaje este de quien Patiño  Monsalve  afirma  fue  el que lo envió por un dinero al país teutón, en tanto  asegura  que DEL RÍO JIMÉNEZ  -con   quien   actualmente  labora-  es  un  comerciante  de  sanas  costumbres,  desconociendo  que haya estado comprometido en asuntos de narcotráfico. Tampoco  se  le dio importancia por el sentenciador de segunda instancia, al hecho de que  al  acusado  le  hubiesen  hurtado  sus documentos de identidad hacia el año de  1991,  circunstancia  que  ha  podido  dar  lugar a que los mismos hubieran sido  utilizados         para         involucrarlo        en        el        presente  asunto.                 

          Graves  son  pues,  las  falencias de orden probatorio en las que ha  caído  el  fallador,  constitutivas  de  flagrantes errores de hecho por falsos  juicios  de  identidad  por  tergiversación o distorsión de las pruebas de los  hechos  indicadores,  al  ponérselas  a  decir  algo  que  objetivamente  no se  establece  de  ellas, y de errores de derecho por falsos juicios de legalidad al  avalarse  actos  o hechos a través de pruebas trasladadas, en contravía de las  regulaciones  previstas  para el efecto en los Arts. 304, 337 y 338 del C. de P.  Penal, insiste en argüir el demandante.   

          Además,  sin  razones  suficientes,  afirma  el  censor a manera de  colofón,  el  Tribunal  desechó en el fallo recurrido la presencia de la duda,  limitándose  solamente  a sostener que los testimonios de Soto Prieto y Patiño  Monsalve   eran   base   suficiente   para   establecer  la  responsabilidad  de  DEL  RÍO JIMÉNEZ, sin parar  mientes  en  que  en el informe anónimo que daba cuenta de la existencia de una  organización   criminal  dedicada  al  tráfico  de  estupefacientes  a  escala  internacional,  con  sede de operaciones en Frankfurt y de la cual hacían parte  los  personajes  inicialmente  nombrados  -informe  que  dio  lugar  a la formal  apertura  de  instrucción  en  este  asunto,  recuerda-,  por  parte  alguna se  menciona  al  aquí  procesado  como  integrante de esa red de narcotraficantes.   

Y,  como  tampoco  se  halla establecido que  FAUSTO   DEL   RÍO   y   LUIS   ARNOBIO   DEL   RÍO  JIMÉNEZ,  sean  la  misma  persona,  lo cual mal cabe  colegir  de  las  indagatorias de los citados Soto Prieto y Patiño Monsalve, la  imputación  al  acusado deviene infundada e inmotivada, todo lo cual constituye  error   de   hecho  por  falso  juicio  de  identidad  dada  la  interpretación  distorsionada   de   la   prueba,   pues   salvo  la  postura  del  Ad-Quem, repite, no existe prueba eficaz y  contundente  con  la cual predicar que FAUSTO DEL RÍO sea el mismo LUIS  ARNOBIO  DEL  RÍO JIMÉNEZ.  Ni  siquiera  las declaraciones de los agentes infiltrados arrimadas al proceso como  prueba  trasladada,  adquieren  la  categoría  de  indicios como lo pretende el  juzgador,   como  quiera  que  en  el  orden  interno  no  constituyen  pruebas,  erigiéndose  las  mismas  en  garrafal  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad por su irregular aducción.   

          Casar  la  sentencia  impugnada,  y en su lugar proferir el fallo de  reemplazo  por  cuyo  medio se absuelva al justiciable de los cargos endilgados,  es la final petición que el libelista le formula a la Sala.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Una  vez más reitera la Sala que la demanda  por  cuyo  medio  se  sustenta  el recurso extraordinario de casación, no es un  escrito  de  libre factura, pues su contenido está determinado por el objeto de  dicho medio de impugnación y sus fines.   

En efecto, el objeto de la casación es el de  realizar  un  juicio  de  legalidad  sobre  la sentencia de segunda instancia, y  conforme  a lo normado en el Art. 206 del C. de P. Penal debe tener por fines la  efectividad  del  derecho  material  y las garantías debidas a las personas que  intervienen  en  el  proceso  penal,  la reparación de los agravios inferidos a  éstas  con  la  sentencia  acusada,  y  la  unificación  de  la jurisprudencia  nacional.   

Del  mismo  modo,  dentro  de la oportunidad  legal  los  sujetos  procesales  legitimados  para  el  efecto -Art. 209- pueden  interponer  el  recurso  y  presentar  la  correspondiente  demanda,  cuya  sola  presentación  no  habilita  por  sí  misma a la Corte para asumir el examen de  legalidad  pretendido,  pues  se  precisa  del  cumplimiento  de  los requisitos  establecidos   en   el   Art.  212  ibidem,  debido  a  que, en principio, esta Corporación sólo se ocupa de  las causales alegadas por el demandante.   

Ahora  bien, la formulación clara y precisa  del  motivo,  del  cargo,  de  sus  fundamentos  y  de las normas que se estiman  infringidas,  es  lo  que da paso al estudio comparativo entre las razones de la  demanda  y  los fundamentos y presupuestos de la sentencia recurrida, lo cual se  satisface  a  través  de  un  discurso razonado y coherente que le permita a la  Corte  fijar  su  atención  en  los  puntos  materia de controversia, porque en  virtud   del   principio   de   limitación   que   gobierna  la  extraordinaria  impugnación,  a  la  Corporación  le  está  vedado  complementar,  corregir o  aclarar las deficiencias argumentativas del demandante.   

Esos  presupuestos  se hallan ausentes en el  libelo  de  cuyo  examen formal se ocupa la Sala, porque si bien el casacionista  logra  invocar  el  motivo  de  casación,  no  atina  a explicar, y mucho menos  demostrar,  cómo  se  produjeron  los  errores  de  juicio  que  le atribuye al  juzgador.   

En   efecto,   cuando   del  ataque  a  la  apreciación  de  la prueba indiciaria se trata, la jurisprudencia de esta Corte  reiterativamente  viene  sosteniendo  que  en  el desarrollo y demostración del  cargo,  el  censor  debe  especificar  si  el  yerro se cometió respecto de los  medios  demostrativos  de los hechos indicadores, la inferencia lógica, o en el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y  concordancia,     para     llegar     el     juzgador    a    una    conclusión  equivocada.      

Del mismo modo tiene dicho la jurisprudencia  de  la Sala, que si el error radica en la apreciación del hecho indicador, dado  que  éste  necesariamente  ha  de  acreditarse  con otro medio de prueba de los  legalmente  establecidos, necesario resulta postular si el yerro cometido fue de  hecho   -por  haberse  supuesto  un  medio  inexistente,  omitido  apreciar  uno  existente  válidamente en la actuación, o distorsionado su expresión fáctica  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se coligen de su contexto, o  porque  en  su  valoración  se  inobservaron  las  reglas que gobiernan la sana  crítica-;  o  de derecho -por haberse apreciado como prueba del hecho indicador  un  medio  aducido  irregularmente  al  proceso,  o  asignado mérito persuasivo  distinto de aquél prefijado en la ley-.   

Y,  si  el  error  de  hecho  se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el cual se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito persuasivo se apartó de las  leyes  de  la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o  las  reglas  de la  experiencia y el sentido común.   

Empero, además, lo ha repetido la Corte, que  dada  la naturaleza de este medio de prueba, si el yerro se presenta  en la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los distintos  indicios,  y de estos con los demás medios, o al asignar la fuerza demostrativa  en  su  valoración conjunta, ello no puede dejarse de precisar en la demanda, y  acreditar  que la apreciación probatoria que se propone en su reemplazo permite  llegar  a conclusión diversa a la que arribó el sentenciador, pues no se trata  con  el  extraordinario  recurso de dar lugar a anteponer el particular criterio  del  actor  al del fallador, ya que en dicha eventualidad primará siempre éste  como  quiera  que  la sentencia llega a esta sede ungida de la doble presunción  de   acierto   y  legalidad,  correspondiéndole  por  lo  tanto  al  demandante  desvirtuarla.     

       

De ahí que a efecto de demostrar el tipo de  error  cometido  en la apreciación de la prueba indirecta, el casacionista debe  indicar  en  los claros y precisos términos fijados por el Art. 212-3 del C. de  P.  Penal,  en  qué  momento  de  la  construcción  indiciaria se producen los  pretextados  yerros,  si  en  el  hecho  indicador,  o  si  en la inferencia por  violación  de  las reglas de la sana crítica, para lo cual ha de señalar qué  en  concreto  dice  el  medio  demostrativo  del  hecho indicador, cómo hizo la  inferencia  el  juzgador, en qué consistió el yerro, y qué trascendencia tuvo  éste en la parte resolutiva del fallo.   

Nada de lo precisado con antelación realiza  el  censor en relación con el único cargo postulado en su demanda, como no sea  el  ataque  que  indiscriminadamente  realiza  sobre  lo que, si el principio de  limitación  lo  permitiera,  podría  pensarse  se  trata del hecho soporte del  hecho indicador, y la inferencia.   

De  ese jaez, por ejemplo, son sus críticas  en  cuanto  a que el juzgador infirió la responsabilidad del aquí procesado de  suponer  equivocadamente  que  LUIS  ARNOBIO  DEL RÍO  JIMÉNEZ  era  la  misma  persona tenida en el proceso  como   FAUSTO   DEL   RÍO  –error que identifica como  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, cuando lo cierto es que de haberse  configurado   constituiría  un  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  probatoria-,  a  través  del  señalamiento  que de este personaje hicieran los  testigos  de  cargo en un reconocimiento fotográfico que como prueba trasladada  se  trajo  al expediente sin reunir las exigencias sustanciales del Art. 304 del  C.  de  P.  Penal, afirmación esta última que se traduce en la postulación de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad al interior de un mismo  cargo, mixtura de imposible recibo en sede casacional.   

         

          O,   como  al  desgaire  también  lo  pregona,  que  la  violación  indirecta  de  preceptos  sustanciales  se  originó en la tergiversación de la  prueba  de los hechos indicadores -no obstante omite indicar cuáles- porque las  puso   a  decir  lo  que  objetivamente  de  ellas  no  se  establece.  O,  como  peregrinamente  de  la  misma  forma  asevera,  que  las  inferencias judiciales  carecen  de  soporte,  de la capacidad y eficacia necesarias que lleven al grado  de  certeza para edificar una sentencia de condena, sin realizar el más mínimo  esfuerzo  en  indicar  de  qué  manera fueron violentadas las reglas de la sana  crítica  que  tornasen  absurdas e ilógicas las premisas conclusivas del fallo  censurado.   

         

A  pesar  de que el casacionista reseña las  circunstancias  que  según  el  Tribunal vinculan a su defendido con los hechos  que  fueron  materia  de  investigación  -Fls. 147-, nada hace por enseñar que  esos  razonamientos  son  equivocados, como no sea mostrar una postura diversa a  la     asumida     por     el    juzgador    en    la    estimación    de    la  prueba.        

Y,  respecto  de  la  lacónica  e  insular  afirmación  acerca  de  la  falta  de aplicación del Art. 7º de la Ley 600 de  2000,  el  actor omite indicar de qué manera el fallador violó dicha norma que  consagra  el  mentado  principio  de  claro contenido sustancial, bien porque el  Tribunal  después  de  haber  reconocido  el estado de perplejidad que sobre la  responsabilidad  le dejaba la prueba se abstuvo de aplicar las preceptivas allí  contenidas,  evento  en  el cual había lugar a plantear el cargo por la vía de  la  causal  primera  por  violación  directa;  o  bien porque a consecuencia de  supuestos  yerros  cometidos  por el juzgador en la estimación de la prueba, el  fallo  se  queda  sin  los  elementos  de  convicción  suficientes  para forjar  certeza,  resultando  imperativa  la aplicación del in  dubio  pro  reo, caso en el cual resultaría pertinente  el   ataque  por  la  vía  de  la  violación  indirecta,  pues  ella  estaría  mediatizada  por  los  errores  probatorios  en  que  se  finca  la  certeza del  fallador,  situación  esta  que  dadas  las  falencias  de  técnica casacional  advertidas   en   la   postulación   del   reproche,   el   censor   no   logra  evidenciar.   

En   síntesis,  como  el libelo no cumple a satisfacción el requisito  de  precisión  y  claridad,  tanto  en  la  formulación  del  cargo como en la  exposición  de  sus fundamentos a los que se refiere el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  característica  que  le  da  la connotación de mero alegato de  instancia   mas   no   de   demanda   de   casación,  razón  por  la  cual  se  inadmitirá.   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de LUIS  ARNOBIO   DEL  RÍO  JIMÉNEZ  por  su  defensor.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso,  conforme  a las motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este proveído.     

Contra  este  auto no procede recurso alguno  -Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de 2000.   

                

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                    ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                      JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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