22474(11-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22474   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 037.  

         

Bogotá D.C., mayo once (11) de dos mil cinco  (2005).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la  demanda  de  casación  excepcional presentada por el defensor del procesado  MARCO    FIDEL    CIFUENTES   HERNÁNDEZ,  contra la sentencia de segunda instancia proferida por el Juzgado  53  Penal del Circuito de Bogotá de fecha diciembre 5 de 2003, mediante la cual  confirmó  la dictada por el Juzgado 8° Penal Municipal de la misma ciudad, por  cuyo medio lo condenó por el delito de inasistencia alimentaria.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Ante  la  Oficina  de  Asignaciones  de  las  Fiscalías  Locales  de Bogotá, el 20 de enero de 2000, se presentó la señora  Gloría    Nohemí    Hoya    Argüello,  madre  de la menor de edad Andrea Liseth  Cifuentes  Hoya,  con  el  objeto de formular denuncia  penal  en  contra  de  MARCO FIDEL CIFUENTES HERNÁNDEZ  por  el  delito   de  inasistencia  alimentaria,  alegando   que  éste  no  ha  atendido  en  ningún  momento  las  obligaciones  económicas que exige su condición de padre de la referida menor.   

Con fundamento en los hechos denunciados, se  decretó  la  apertura de la instrucción, en cuyo marco fue vinculado, mediante  diligencia   de  indagatoria,  MARCO  FIDEL  CIFUENTES  HERNÁNDEZ,  a quien se resolvió situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria,  como posible autor del  delito de inasistencia alimentaria.   

Clausurada la investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  el 22 de diciembre de 2001, con resolución de acusación  en  contra del procesado por el mismo delito contemplado en la medida detentiva.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado 8° Penal Municipal de Bogotá despacho que, una vez surtió el rito  legal,  dictó  sentencia el 20 de diciembre de 2002, por cuyo medio condenó al  procesado  por  el delito de inasistencia alimentaria a las penas principales de  un  (1)  año   de  prisión  y  multa  por valor de un (1) día de salario  mínimo  legal  mensual  vigente;  a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena privativa de la libertad y;  al  pago  de  perjuicios  materiales  por la suma de $ 1.662.213,oo y morales en  suma    equivalente   a   tres   (3)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

Contra  el anterior fallo, interpuso recurso  de  apelación  la  defensa del procesado, el cual resolvió el Juzgado 53 Penal  del    Circuito    de    Bogotá,    confirmando   la   decisión   “en   su   núcleo  central”,  con  la  modificación  “en el sentido de establecer que, por  la  cuantía de las reparaciones de los perjuicios materiales y morales a que se  condenó   por   la   primera   instancia,   el  plazo  de  esos  resarcimientos  racionalmente  sea  de  seis  (6) meses contados a partir de la notificación de  esta  decisión.   Precisando  que  los  perjuicios  morales  ascienden  al  equivalente  en  pesos   colombianos  a  tres (3) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y,  finalmente,  disponer  que  el  monto de los perjuicios  materiales  es  de  ONCE  MILLONES  SESENTA  Y SIETE MIL SETECIENTOS CINCUENTA Y  CUATRO PESOS ( $11.067.754)…”     

Inconforme con la sentencia del ad-quem,  el  defensor  al  momento  de su  notificación,  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  por  la  vía  excepcional,  el  cual  sustentó  posteriormente  mediante  demanda, sobre cuya  admisibilidad se pronuncia esta Sala.      

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la  causal  primera de casación prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el defensor del procesado MARCO  FIDEL  CIFUENTES  HERNÁNDEZ formula  dos  cargos  contra el fallo impugnado, por violación directa e indirecta de la  ley  sustancial,  respectivamente.   Las  censuras son del siguiente tenor:   

          Cargo  primero,  violación  directa de la ley sustancial, por falta  de  aplicación  del  numeral  10° del artículo 32 del Código Penal, que a su  vez   condujo   a  la  aplicación  indebida  del  323  ibídem:     

          Luego  de  transcribir la primera disposición aludida, concerniente  a  la  causal  excluyente  de  responsabilidad penal cuando el agente incurre en  error  en  torno  a  la  descripción  típica  de  la conducta, y de referir al  desarrollo  jurisprudencial  de la Sala en torno a ella en el auto de 24 de mayo  de  1983;  así como a los elementos que conforman el delito endilgado a su  defendido,  colige  que  su  defendido  actuó  amparado por dicha circunstancia  eximente,  tal  como se demostró en el proceso con fundamento en las siguientes  razones:     

          En  atención  a  que  su  defendido,  señala,  inmediatamente tuvo  conocimiento  del  paradero  de  su hija menor de edad, a través de la denuncia  que  se formulara en su contra, la vinculó al servicio de salud.  También  porque,  de  acuerdo  con  lo señalado en la resolución de acusación, mostró  interés  conciliatorio  y  desde  el  momento  en  que  fue  asesorado  por  la  Personería  Municipal  de Santa María aportó las mesadas alimentarias a favor  de  la  menor;  además, porque el proceder de la querellante fue injusto y  arbitrario,   al   alejar   por   completo   a  la  niña  del  contacto  de  su  padre.     

          Adicionalmente,  su  defendido dejó en claro que incluso se alegró  de  haber  sido  denunciado,  pues de ese modo podía colaborarle a la menor, lo  cual  corresponde  con  sus  declaraciones  en  la indagatoria y en la audiencia  pública,  en  donde  manifestó  estar  convencido  de  no  tener  que  prestar  alimentos  por  estar  impedido  para  comunicarse con su hija y con el hecho de  haber  procurado  un  acuerdo  conciliatorio  e  iniciado el pago de aportes tan  pronto fue contactado.   

          Así,   agrega   que   “La  fiscalía  y  posteriormente   el  fallo  condenatorio,  desestimaron  las  exculpaciones  del  incriminado,   no  obstante  aparecer  de  manera  manifiesta  la  circunstancia  eximente de responsabilidad”.   

          En  ese  estado  de cosas, al estar demostrado que su defendido tuvo  la  “insuperable  percepción”  por  no  conocer  el paradero de su hija por  espacio  de  diez  años  “no estaba obligado  a  prestar   alimentos   y   no   incumplía   de   manera   injustificada  con  el  pago”.   

Solicita,  con fundamento en lo expuesto, se  case  la  sentencia  y,  en su lugar, “ordenar lo que  por ley corresponde”.   

Cargo  segundo, subsidiario, causal primera,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho  por falso juicio de existencia:   

            El  yerro  anterior,  de  acuerdo con el  censor,  se  verificó  respecto  de  la  prueba  que  sirvió  para  tasar  los  perjuicios  materiales  lo  cual condujo a la indebida aplicación del artículo  97 del estatuto sustantivo penal.   

          Previo  a  exponer sus argumentos, transcribe los artículos 97 y 56  de  la  Ley  600  de  2000,  y  señala que la situación allí contenida estaba  regulada  en  el  107  del  anterior ordenamiento.  En cuanto al alcance de  esta  última  disposición,  indica, se  pronunció la Sala en el fallo de  20  de septiembre de 1982, al señalar que existiendo parte civil en el proceso,  no   es   dable   invocar   la   preceptiva  referente  al  modo  de  tasar  los  perjuicios.   

          Tras  reseñar  los  fundamentos  en  que  se apoyó el a-quo    para   determinar   las   sumas  constitutivas  de la condena en perjuicios, alude que este funcionario incurrió  en  un  falso juicio de existencia porque no es cierto que el artículo que cita  del  Código  del  Menor  (155)  se  ocupe  de  fijar  los parámetros del daño  emergente  o del lucro cesante, toda vez que “señala  los  parámetros  para fijar la cuota alimentaria, es decir, fija el monto de la  obligación    dineraria   para   efecto   de   aportes   futuros”.   

Es decir que, según el actor, en el fallo se  confundió  la  fijación  de  cuota  a  pagar  con  el  monto de los perjuicios  producidos  con  una  conducta punible, además de que existiendo parte civil en  el  proceso, a ella corresponde su demostración y el monto específico por cada  rubro, esto es, por concepto de daño emergente y lucro cesante.   

Adicional  a  lo  anterior,  prosigue, no se  demostró  el  valor  de  los  ingresos  habituales  de la querellante y de qué  manera  el  procesado con su conducta ocasionó detrimento a esos ingresos, así  como el valor al que ascendieron para determinar el lucro cesante.   

En  la  demanda  de  constitución  de parte  civil,  continua,  por  razón  del lucro cesante se formuló una pretensión de  trece  millones de pesos, calculándose caprichosamente la suma de un millón de  pesos  por  año  e  incluyéndose un ingreso dejado de percibir por concepto de  intereses y rendimientos comerciales.   

En cuanto al daño emergente se expresó que  el  valor  era  de  diez millones de pesos, confundiéndose los honorarios   profesionales  del  abogado  con el perjuicio que podría  ocasionarse a la  menor  y sin que a lo largo del proceso se aportara  algún medio de prueba  que acreditara esa pretensión.   

De manera que “La  sentencia  de  Primera Instancia pasa por alto la existencia de demanda de parte  civil,  la  obligación  para  ésta  de  demostrar la existencia y monto de los  perjuicios,  y,  sin  referirse  a  las pretensiones formuladas para fundamentar  porque  se  aceptan  o se desestiman, motu propio, decide imponer una condena en  perjuicios  que  incurriendo en falso juicio objetivo de existencia de medios de  prueba que los demuestren”.   

Señala   luego,   que   el   ad-quem, fue más lejos que su inferior en  el  yerro,  pues no aclara los motivos que lo llevan a distanciarse del criterio  de  éste,  específicamente  sobre  el  tópico  de  la  caducidad,  pasando  a  incrementar  el  monto de los perjuicios, sin aclarar si correspondían al lucro  cesante o al daño emergente.   

En los anteriores términos, solicita se case  el  fallo  impugnado  en  cuanto  al  numeral  segundo  de  la  parte resolutiva  “y   en   su   lugar   ordenar   lo   que  por  ley  corresponda”.   

Finalmente,  en  el  último  capítulo  del  libelo,  refiere  al  “interés para que sea admitida  la    casación   excepcional”,   advirtiendo   que  “Se  trata   aquí  de procurar la garantía de  derechos  fundamentales  del  sindicado…como quiera se ha dejado de aplicar el  artículo  32  Numeral 10 del C.P. se ha aplicado indebidamente el 233 del mismo  código  y  se  ha  violado  lo  dispuesto  en  el  97  del  C.P.”,  con  lo  cual, a su juicio, se ha transgredido el debido proceso,  que  incorpora  los  principios de legalidad y culpabilidad, a la vez que se han  desconocido  los  principios  de igualdad y el de acceso a la administración de  justicia.                              CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Sea  lo  primero  advertir que el asunto que concita la atención de  la  Sala  sólo  permite  el  acceso al medio extraordinario de casación por la  denominada  vía  excepcional  o  discrecional,  en  virtud a que analizadas las  diferentes  normatividades procesales que han regulado el recurso a partir de la  fecha  en  que  tuvo  ocurrencia  la conducta por la que se procede, no permiten  acudir a éste por la vía normal o tradicional.   

          En  efecto, la conducta delictiva de inasistencia alimentaria que se  endilga    al   procesado   MARCO   FIDEL   CIFUENTES  HERNÁNDEZ  se  suscitó  desde el 8 de abril de 1987,  fecha   de   nacimiento  de  la  menor  Andrea  Lizeth  Cifuentes  Hoya  y a partir de la cual se le imputa la  omisión  de  suministrarle  los  alimentos  que  por  ley  se  le  exigen en su  condición de padre.   

          Para  ese entonces, se encontraba vigente el Decreto 050 de 1987 que  en  su  artículo  218  restringía la procedencia del recurso extraordinario de  casación   “contra   las   sentencias  de  segunda  instancia   dictadas   por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial,  por   los   delitos  que  tengan  señalada  sanción  privativa   de   la   libertad   cuyo   máximo   sea  o  excede  de  cinco  (5)  años”  (negrillas fuera de  texto).    

En  tales condiciones, el requisito punitivo  para  acceder  al  medio  extraordinario  de  impugnación  no  se  cumplía  en  tratándose  del  delito  de  inasistencia  alimentaria,  cuya  pena máxima, de  acuerdo  con  el artículo 263 del Decreto 100 de 1980, era de tres (3) años de  prisión,  pero  tampoco  se satisface ahora, dado que la misma conducta, que se  sanciona  actualmente  en el artículo 233 de la Ley 599 de 2000, tampoco supera  ese  monto, ni por virtud del inciso primero que mantiene ese mismo quantum, ni por el segundo, aplicable para  los  casos  en  que  “se  cometa  contra un menor de  catorce  (14)  años”, al prever una pena máxima de  cuatro (4) años.   

          Lo  mismo  ocurre  con  el  Decreto 2700 de 1991, cuyo artículo 218  mantuvo  la  misma  exigencia  punitiva  para acceder al recurso extraordinario,  sólo  que  introdujo  la  figura  de  la  casación  discrecional o excepcional  “en     casos     distintos    a    los    arriba  mencionados”  y,  menos aún, con la Ley 81 de 1993,  porque   en   su  artículo  35,  incrementó  el  requisito  para  “los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo    máximo   sea   o   exceda   de   seis   (6)  años”  (negrillas fuera de  texto),   preservando   la   posibilidad  de  acudir  al  recurso  de  casación  excepcional.      

Por supuesto que frente al delito por el que  se  procede la situación se tornó más compleja con la Ley 553 de 2000, habida  cuenta  que,  de  conformidad  con  su artículo 1°, el medio extraordinario de  impugnación  se previó para “los delitos que tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo  exceda     de     ocho     años”    (negrillas  fuera  de  texto).  Vale recordar que este precepto  se  reprodujo  en  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, manteniendo la  casación discrecional    

Se   desprende   del   anterior  recorrido  normativo,  que  la  conducta  delictiva  de  inasistencia alimentaria, desde el  momento  en que aquí se cometió, no cumplía con los presupuestos para acceder  a  la  impugnación  extraordinaria  mediante la vía común, de suerte que para  ello  sólo  se contaba con la posibilidad dispuesta por la denominada casación  discrecional  o  excepcional,  surgida  con  el  Decreto  2700 de 1991, pero que  siempre,  y en todas las normas que han regido desde ese momento, resulta viable  a  condición  de que la Sala “lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales”  y  en  la  medida en que el actor la  persuada                                  en                                 ese  sentido.             

          En  tal  evento,  la jurisprudencia de la Sala ha venido sosteniendo  que  se  hace  necesario  que  el demandante exponga, así sea de manera sucinta  pero  clara,  qué  es lo que pretende con la impugnación excepcional, debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema jurídico  sobre  el  cual  considera se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por parte de esta corporación.   

Así,  los argumentos que deben sustentar la  justificación  han  de  estar  dirigidos a orientar a la Corte en el sentido de  hacerle  ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si se trata de  reclamar  la garantía de un derecho fundamental, al casacionista le corresponde  precisar   los   derechos   que   fueron   desconocidos,   indicar   las  normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su salvaguarda. Y, si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio  se advierte que la sentencia de  segunda  instancia  impugnada  fue proferida por una autoridad judicial distinta  de  aquellas  que permiten acudir a la casación común, en este caso el Juzgado  53  Penal  del  Circuito  de  Bogotá; adicionalmente, el procesado MARCO   FIDEL   CIFUENTES  HERNÁNDEZ  fue  condenado  en  la  misma  decisión  por  el delito de inasistencia alimentaria,  respecto  del cual, como ya se señaló, por virtud de la pena máxima prevista,  tampoco      es      viable      encaminar      el     recurso     por     dicha  alternativa.         

Así  las  cosas,  si  bien es cierto que se  atinó  al  promover  el recurso de casación excepcional, también lo es que el  censor  se  sustrajo a la obligación que se le imponía de persuadir a la Corte  sobre   la  necesidad  de  obtener  un  pronunciamiento  indispensable  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o en procura de la garantía de los derechos  fundamentales.   

Para  ello  no  era suficiente con referir a  estos  motivos  de  manera  genérica,  como  así  lo pretendió al aludir a la  presunta  vulneración  de  garantías  fundamentales  invocando  dos cargos con  fundamento  en  la  causal primera.  En el primero, alegó que se violó en  forma  directa  la  ley sustancial por falta de aplicación del numeral 10° del  artículo  32  del estatuto penal sustantivo, referido a la causal excluyente de  responsabilidad  consistente  en  que  el  agente actuó en error respecto de la  descripción  típica de la conducta lo que condujo a la aplicación indebida de  la  norma  que  contiene el delito de inasistencia alimentaria, en desarrollo de  lo  cual  se  trenza  en  una discusión fáctica y probatoria y, en el segundo,  propone  violación  indirecta de la ley sustancial cuestionando el monto de los  perjuicios  por  los  que  fue condenado su defendido;  aspectos que están  lejos  de  evidenciar vulneración de garantías fundamentales, a lo que se suma  que  tampoco  el  censor  se preocupó por así por demostrarlo, para lo cual le  pareció  suficiente  con  mencionar  en  la  parte  final de su escrito algunos  principios                                de                               rango  constitucional.             

La actitud asumida por el actor deviene inane  frente  a  los propósitos de la casación excepcional, pues uno es el cargo que  se  formula  dentro  del marco de una determinada causal y otro es el motivo que  justifica  la necesidad de ejercer la facultad discrecional para abrir la puerta  que franquee el acceso a la impugnación extraordinaria.   

Tal  situación  significa  que  la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  los  cargos formulados contra el fallo de segundo grado atacado se ajustan a  los presupuestos técnicos propios de esta sede.   

          Lo  anterior  se  constituye  en  razón suficiente para que la Sala  proceda  a la inadmisión de la demanda, de acuerdo con la consecuencia procesal  señalada  por  la ley en el artículo 213 de la Ley 599 de 2000.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro del presente trámite o en la sentencia se  hubiera incurrido en violación de garantías fundamentales.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   MARCO  FIDEL  CIFUENTES HERNÁNDEZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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