22454(28-07-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22454  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado:  Acta No.  64   

          Bogotá,  D.  C.,  veintiocho  (28)  de  julio  del  dos mil cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia del 13 de agosto del  2003,  el  Juzgado  3°  Penal  del  Circuito  de  Neiva declaró a los señores  Ángel  María Cerón Zárate  y   Víctor   Alfonso   Gómez  Sandoval  penalmente  responsables,  el  primero  como cómplice del delito de  tentativa  de  hurto  calificado  agravado, y el segundo como autor de homicidio  culposo.   

          Les  impuso  las  sanciones  principales de 5 y 2 años de prisión,  respectivamente,  y  de  $  6.640.000  de multa para el último, la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por igual  lapso,  y  -a Gómez Sandoval- el deber de indemnizar los perjuicios. Al último  le    concedió    la    condena   condicional,   que   negó   a   Cerón  Zárate,  y  a éste le otorgó la  prisión domiciliaria.   

          Finalmente,   absolvió  a  Ángel  María  Cerón   Zárate  del  cargo  de  homicidio  agravado.   

          El  fallo fue recurrido por el representante del Ministerio Público  y el defensor de Víctor Alfonso Gómez Sandoval.   

          El  9  de  febrero del 2004, el Tribunal Superior de la misma ciudad  revocó   la   absolución  que  en  favor  de  Cerón  Zárate  se  dispuso  en  relación  con  el homicidio  agravado.  En su lugar, lo condenó por esta conducta y le cambió, de cómplice  a  coautor,  el  grado de participación en el hurto. Por tanto, le modificó la  pena,  que fijó en 31 años de prisión, le revocó la sustitución que se hizo  a   prisión   domiciliaria  y  le  asignó  la  carga  de  reparar  los  daños  causados.   

          Al  señor  Gómez  Sandoval  lo  favoreció con absolución, previa  revocatoria de la condena impuesta.   

          El   apoderado  de  Ángel  María  Cerón  Zárate  acudió a la casación, que fue concedida. La  Sala   se   pronuncia   sobre   los   presupuestos   formales   de   la  demanda  presentada.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  las  dependencias  del  Departamento Administrativo de Seguridad  (DAS)  de  Neiva  (Huila) se recibieron “informes de inteligencia” que daban  cuenta  que  el 26 de septiembre del 2002, el comerciante Gentil Antury Cuéllar  habría  de ser víctima de un “atraco” por parte de una “banda de piratas  terrestres”.   

          Enterado,   el  afectado  ofreció  su  colaboración  para  que  se  realizara  un  operativo.  Se le dijo que viajara en el camión de su propiedad,  en  compañía  de  su hijo Eduard Leandro Antury Torres y del trabajador Wilyer  Collazos,  y  que  dentro de la carrocería se esconderían varios detectives. A  una distancia prudencial, irían vehículos oficiales.   

          A  las  2:30  de  la  tarde  de  ese  día, al llegar al sitio “El  Basurero”,  frente  a  la  carretera  que  conduce  hacia  la  cordillera,  el  automotor  detuvo  la  marcha  por  fallas  mecánicas.  A  eso de las 3:45, con  destino   al  sur  pasó  la  camioneta  de  placas  NVM-730,  seguida  por  una  motocicleta.  Sobre las 4:10 hicieron otro tanto en sentido contrario y en forma  intempestiva  frenaron.  Con  armas  de  fuego,  varios sujetos amenazaron a los  ocupantes del camión, anunciando que se trataba de un atraco.   

          En  ese  momento,  los integrantes del DAS reaccionaron y uno de los  sujetos  disparó  en  contra  de Gentil Antury Cuéllar, causándole la muerte,  pero  a  su  vez  fue dado de baja por las autoridades, lo que también sucedió  con un tercero. Dos agentes de la institución resultaron heridos.   

          Los  agresores  restantes  se  dieron  a  la  huida. De regreso a la  ciudad,  los miembros del DAS encontraron una caravana de vehículos que estaban  represados   en  sentido  sur-norte.  Dentro  de  ellos,  estaba  la  camioneta,  conducida  por Ángel María Cerón Zárate,  quien  era la misma persona que la llevaba en el sitio del suceso  y  manifestó  a  los agentes que había participado en el delito, pero obligado  por   los   otros.   Posteriormente,   aclaró   que   lo   había   hecho   por  necesidad.   

          Tales  acontecimientos fueron puestos en conocimiento de la justicia  por  Víctor  Alfonso  Gómez Sandoval, Jefe del Grupo Operativo del DAS y quien  participó en la acción.   

          Adelantada  la  investigación, el 29 de enero del 2003 Cerón  Zárate  fue  acusado como coautor  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado y hurto calificado agravado.  Gómez   Sandoval   lo   fue   por   el   de   homicidio  culposo  por  omisión  impropia.   

          Luego fueron proferidos los fallos indicados.   

CONSIDERACIONES  

          Aclárese,  en  principio,  que al apoderado del señor Ángel  María  Cerón  Zárate  le asiste  interés  para recurrir en casación, a pesar de no haber impugnado la sentencia  de  primera  instancia,  por  cuanto  el  fallo del Ad  quem desmejoró su situación.   

          De  conformidad  con  el  artículo 213 del Código de Procedimiento  Penal,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda,  porque  no  reúne  los  requisitos  previstos en el artículo 212 del mismo Estatuto.   

          Las razones son las siguientes:   

          1.    El    casacionista   formuló   un  primer cargo, con base en la  causal    primera,    cuerpo   segundo,   violación   indirecta   de   la   ley  sustantiva.   

          El      Tribunal      –dijo-   incurrió   en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia:   omitió  la  apreciación  de  las  pruebas de balística y absorción atómica, válidamente  aportadas  al  proceso.  Agregó  que  si  hubieran  sido  valoradas, se habría  impuesto  la  absolución, con base en la aplicación del principio in dubio pro reo.   

          Se observa:   

          No  obstante  la  postulación  precisa  del yerro, el desarrollo se  dirigió  a  aspectos  diversos. En efecto, al recurrente le competía demostrar  que  el  Tribunal  no había contemplado esos dos medios de prueba, así como la  incidencia  que  en  el sentido de la decisión habría tenido la equivocación.  Sin embargo, no lo hizo.   

          Luego  de transcribir apartes de los estudios técnicos mencionados,  concluyó que   

          “…  no  se  determinaron  el proyectil, ni sus características  como  tipo  y  modelo  del  mismo  que  dio  muerte al comerciante GENTIL ANTURY  CUELLAR,  al  no  determinarse  lo  anterior  no  se  pudo  precisar el arma que  disparó  ese  proyectil  y  en consecuencia no se sabe quien era el portador de  dicha arma, si los detectives el DAS o los atracadores”.   

          Esa     deducción     no    se    acerca    a    la    exclusión  probatoria  anunciada. Por el  contrario,  apuntaría  a otro tema, por ejemplo, a una infracción al postulado  de     la    investigación    integral,  cuyo  ataque  debía  hacerse  con  fundamento en la causal  tercera, es decir, con base en la  nulidad.   

          2.   Sobre   el  dictamen  de  absorción  atómica,  el  defensor  citó el párrafo que concluyó en resultados negativos  para  las  muestras  tomadas  al  procesado  y  agregó  que  ello descartaba la  autoría de su cliente en el homicidio.   

          Pero  no  probó  que  si  no  se  hubiera  presentado  la  supuesta  omisión,  el  sentido  de la sentencia habría cambiado en pro de su defendido.  Por  el  contrario,  la narración que hizo en la formulación del segundo cargo  muestra la falta de trascendencia.   

          En  efecto,  resaltó fracciones del fallo que nítidamente enseñan  que  las  conductas  fueron consecuencia de “la compleja actividad criminal de  los  individuos  integrantes  de  la  banda  de  piratas  terrestres.  SUPONÍA,  INDUDABLEMENTE,  en acuerdo o plan común, lo mismo que una actuación por parte  de ellos con división de trabajo criminal”.   

          Emana  de  lo anterior, entonces, que con las propias palabras de la  demanda,  la  sentencia  de  segunda  instancia  imputó la conducta delictiva a  título     de     la     denominada     coautoría  impropia.  Y  en  este  grado  de  participación poco  interesa  el  hecho  concreto llevado a cabo por cada integrante del grupo, pues  que  la actividad de cada uno es predicable de los varios intervinientes, porque  la organización la asume como propia.   

          Si  de  la  demanda  se  desprende  que  el delito fue realizado con  división  funcional  de  tareas, el reproche se debió dirigir a desvirtuar tal  fenómeno,  con  independencia  de quién había percutido el arma que causó el  deceso.   

          3.  En  contra de la claridad y concisión  que  deben  regir  la  confección  de  la  demanda,  el impugnante incurrió en  contradicciones  pues, por ejemplo, afirmó que no se podía precisar si el arma  que  había producido la muerte había sido activada por los agresores o por los  integrantes  del  DAS,  y  más  adelante explicó que el causante del homicidio  probablemente  era  Eduar  Montiel  Díaz,  según  declaración  del hijo de la  víctima,  Leandro  Antury  Torres, quien dijo “Que el atracador que se quedó  al  lado de su padre fue la persona que le disparó o sea uno de los atracadores  muertos”.   

          Es  claro,  así,  que  de  las  propias  palabras del demandante se  deduce  la  inexistencia  de  incertidumbre, toda vez que un medio de prueba, un  testimonio,   la   ha  despejado.  Y  ese  mismo  elemento  de  convicción,  no  desvirtuado  por  la defensa, sería suficiente para sustentar la determinación  judicial.   

          Desde  este  punto  de  vista, en resumen, bien puede decirse que el  cargo propuesto carece de fundamentación.   

          4.  Para  el  actor,  fueron  infringidas  varias  normas  del  Código  de Procedimiento Penal que regulan el trámite que  debe   ser   seguido   para   rendir   un   dictamen   pericial  y  permitir  su  contradicción.   

          En   primer   lugar,   dígase   que  no  especificó  cómo  fueron  desconocidas  esas  formas; y, en segundo término, que tales faltas debían ser  presentadas  como  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad y no como  error de hecho por falso juicio de existencia.   

          5.  Como segundo  cargo,  el  censor se centró en el error de hecho por   

          “…    falso   raciocinio   en   la   inferencia   lógica   por  desconocimiento  de las máximas de la experiencia en el indicio que fue la base  para dictar sentencia de condena por homicidio y hurto…”.   

          Se responde:   

          A  pesar  de  que  expresamente  anotó  que  la  equivocación  del  Ad   quem  estaba  en  la  inferencia  lógica  en  la  construcción  del  indicio,  nada fundamentó sobre el particular.   

         Se  limitó  a reseñar las declaraciones de quienes participaron en  el  delito,  incluida  la  versión  de  su  acudido. Estas pruebas –según  los  resúmenes de la demanda-  en  modo  alguno constituirían medios de prueba indirectos, pues los deponentes  en  forma  inmediata  y  directa refirieron los hechos tal como los percibieron.  También  lo  hizo su acudido, así hubiera explicado su comportamiento con base  en que había sido constreñido a participar.   

         Posteriormente,  hizo  una lista de reglas de la experiencia que, en  su  sentir,  debían  ser  las  aplicadas  al caso concreto; igualmente, afirmó  cuáles  reglas  no  podían  ser  utilizadas.  Sin embargo, no demostró que el  Tribunal  se hubiera equivocado al punto de transgredir radicalmente esas reglas  del diario discurrir.   

         Como   se   sabe,  en  casación  no  basta  la  contraposición  de  criterios.  Es  menester  comprobar  yerros  protuberantes  de  la justicia, con  independencia  de  las  ideas que sobre el tema tenga el censor. En casación se  impone  develar errores y no simplemente oponer deducciones propias y singulares  a las deducciones de los funcionarios judiciales.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

         Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ               ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS              MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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