22446(10-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22446   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 44   

          Bogotá, D.C., diez de mayo de dos mil seis.   

VISTOS  

          Por  determinación  del  5 de febrero de 2004, el Tribunal Superior  de  Armenia  confirmó,  con  modificaciones, el fallo de condena que el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de dicha ciudad profirió el 11 de noviembre  de  2003  contra ORLANDO ANGARITA BARRAGÁN,  y  en  definitiva  le  impuso  como penas principales, 4 años de  prisión  y  el  equivalente a 10 salarios mínimos legales mensuales vigentes a  título   de   multa,   como   infractor   del   otrora   Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes  –Ley 30 de  1986–  en  su  Art.  33,  inciso  1°,  en lugar de los 6 años de prisión y 100 s.m.l.m.v. deducidos por  el  A-Quo  en la sentencia de  primer  grado. En la misma proporción a la de la pena privativa de la libertad,  redujo  la  sanción  accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

Impugnada oportunamente en casación aquella  decisión  por  el defensor del procesado, presentada la correspondiente demanda  y  concedido  el  extraordinario recurso, la Corte declaró ajustado el libelo a  las prescripciones legales.   

Como  la  agencia del Ministerio Público en  cabeza  de  la  señora Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal (E)  ha   emitido   el   concepto  de  rigor,  se  apresta  la  Sala  a  resolver  lo  pertinente.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

          En  desarrollo de labores de inteligencia adelantadas por el Comando  de  Policía  del departamento del Quindío, se pudo establecer que a través de  diferentes  abonados  telefónicos  se  gestaban actividades relacionadas con el  tráfico  de  sustancias  estupefacientes,  hallazgo  que  tuvo  lugar  tras  la  intervención  de  la  línea  457789  ubicada  en  la calle 4ª N° 21-48 de la  nomenclatura  urbana  de  Armenia  que  el  Comandante  de  aquella institución  ordenó  el  11  de  mayo de 1994, y convalidada el 13 siguiente por Resolución  557  de  la  misma  fecha  emitida  por la Fiscalía Regional luego de que se le  pusiera a disposición el informe pertinente.   

          Como   resultado  de  esa  inicial  averiguación,  miembros  de  la  Policía  Judicial  Regional  del  Quindío  dieron captura a Germán Uscátegui  Ulloa  el  5  de  octubre  de  1994,  en  cuyo  poder  se hallaron 260 gramos de  heroína.  En  esa  misma  fecha  se  escuchó  en  indagatoria  al aprehendido,  definiéndosele   su   situación   jurídica   con  imposición  de  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva como presunto autor de violar el Art. 33  de  la Ley 30 de 1986, mediante resolución del 20 de octubre de ese mismo año.  Allí,  el  Fiscal  instructor  también  dispuso  la  captura  de  ORLANDO  ANGARITA BARRAGÁN para escucharlo  en  injurada, luego de lo cual, en proveído del 10 de noviembre de la anualidad  dicha,    le    decretó    detención    preventiva    por   la   ilicitud   en  mención.   

          El   procesado   inicialmente   nombrado   se  acogió  a  sentencia  anticipada,  en  tanto  que respecto del segundo, y después de que se rehiciera  el  trámite  procesal  dada  la nulidad que de lo actuado decretó la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal,  finalmente  el  sumario  se  calificó  el  25 de  septiembre   de   2000   con   resolución   de   acusación  para  ANGARITA  BARRAGÁN  por la misma ilicitud  que  motivó  su  encarcelamiento,  determinación  que  el  Fiscal Ad-Quem  convalidó por la suya del 1° de  marzo  de  2001  al conocer de la impugnación que contra la decisión de primer  grado se interpuso.   

Habiéndole  correspondido  al Juzgado Penal  del  Circuito Especializado de Armenia el trámite del juicio, evacuada la vista  pública  dictó  el  fallo  de  condena  al  que  se  aludió  en  el  acápite  precedente,  cuya impugnación desató la Sala Penal del Tribunal Superior de la  misma  ciudad  impartiéndole confirmación, pero con la modificación a la cual  ya se hizo referencia, como allí también se anotó.   

LA  DEMANDA   

         Violación  indirecta  de la ley sustancial por error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad, que derivó en la aplicación indebida del Art. 33  de  la  Ley  30  de  1986 y del Parágrafo 1°  del  Art.  24 del Dto. 2790 de 1990, modificado por Dto. 099 de  1991,  normatividad  adoptada como legislación permanente mediante el Dto. 2271  de  1991;  y  la falta de aplicación de los Arts. 246, 247, 250 y 351 del C. de  P.  Penal  derogado  -Dto.  2700  de 1991-, es el único cargo que el impugnante  extraordinario  formula  contra  la  sentencia  recurrida,  al  estimar  que  se  apreciaron  como  pruebas  diligencias  para cuya aducción no se observaron las  formalidades establecidas en la ley.   

          En  desarrollo  de  la  censura,  aduce  el  demandante que tras las  labores  de  inteligencia  desplegadas  por  el  Comandante  del Departamento de  Policía    del   Quindío,   se   descubrió  que  desde  varios  abonados  telefónicos  se  llevaban  a  cabo  diálogos  relacionados  con actividades de  narcotráfico,  a  raíz de lo cual el  11 de mayo de 1994 se remitieron al  Fiscal  Regional  asentado  en  el  lugar  los informes 0015 y 0016 mediante los  cuales  se comunicaba que dicho Comando había ordenado la interceptación de la  línea  telefónica  457789  ubicada  en  la calle 4ª N° 21-48 de la ciudad de  Armenia,    dada    la    existencia   de   “serios  motivos”  que  indicaban  que  un  tal  Orlando  dirigía una organización que se  dedicaba al tráfico de heroína.   

          Fue  así  como  el  5  de  octubre  de ese mismo año se capturó a  Germán       Uscátegui       Ulloa,  en cuyo poder  se   le   hallaron  260  gramos  de  la  aludida  sustancia  estupefaciente.  El  aprehendido,    quien   fuera   representado   por   el   aquí  procesado,  ORLANDO  ANGARITA  BARRAGÁN,  posteriormente  se acogió a sentencia anticipada comprometiendo judicialmente a  su propio defensor.        

               Valga   decir,   el   Comando  de  Policía  Quindío  interceptó  el  abonado  telefónico  en  cuestión,  sin  que mediara orden de  autoridad  competente  y  mucho menos autorización de la Dirección Nacional de  Fiscalías,  explica  el  censor,  pues  tan  sólo en virtud de una de aquellas  comunicaciones   mediante  las  cuales  se  solicitaba  al  Fiscal  Regional  se  permitiera  la  interceptación telefónica dicha, efectivamente ello se produjo  a  través  de  la  Resolución 557 del 13 de mayo siguiente, esto es, cuando ya  ello  lo  había  dispuesto  la  Policía  del  Quindío  desde  el  11  de mayo  anterior.   

          La  censura  contra  la  sentencia  recurrida  radica,  entonces, en  haberse  intervenido  ilegalmente  la  línea  telefónica  en  cuestión  y  su  posterior  legalización, pues si la interceptación realizada por el Comando de  Policía  del  departamento  del  Quindío  era  ilegal  por  no  consultar  las  formalidades  establecidas  para  tales  efectos en la normatividad vigente para  esa  época  -Art. 351 del Dto. 2700 de 1991-, dicha medida debió ser levantada  de  inmediato;  pero,  contrariamente,  el  funcionario  judicial  no  sólo  la  convalidó,  sino que con la orden que impartió, la convalidó. De esta manera,  agrega,  se  produjo  “la obtención de la grabación  que  comprometió  la  responsabilidad  de  mi defendido, por ser este el único  medio  de  prueba  obrante  en los autos que compromete la responsabilidad de mi  asistido (…)”   

En  sustento  de  su  tesis, el casacionista  alude  a  un  pronunciamiento de la Corte de fecha 23 de noviembre de 2000, Rdo.  13.255,  para  hacer  hincapié en que en el caso aquí debatido se requería de  la  autorización  de  la  Dirección  Nacional de Fiscalías para proceder a la  interceptación   telefónica   acusada,   argumentos   que,   en   su   sentir,  “llevan   irremediablemente   a   concluir  que  la  grabación  arrimada  a  los  autos  con  su  consiguiente trascripción ha sido  ilegalmente    recaudada   o   ilegalmente   aducida   al   proceso.”   

Así, no existen pruebas legalmente aducidas  al  proceso  que  permitan  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia  que debe  gobernar  toda  actuación  penal  -aduce  el  censor a manera de colofón de su  planteamiento-,   pues  al  descartar  como  tal  la  grabación  magnetofónica  allegada  a  los  autos como prueba única de cargo, la condena se viene a menos  como  quiera  que el fallo atacado tiene por fundamento la prueba denunciada por  ilegal,  no  quedando  otra  sobre  la  cual  edificar  la responsabilidad de su  asistido.   

Casar  la  sentencia recurrida y en su lugar  proferir  fallo  de  carácter absolutorio por no haber en el proceso prueba que  comprometa  la  responsabilidad del procesado, es la solicitud que el impugnante  extraordinario le hace a la Sala.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Luego  de  indicar en qué consiste el vicio denunciado –   violación indirecta de la ley  sustancial   por  incursión  en  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad–  y  la  manera  como  debe  acreditarse, a juicio de la Delegada el actor simplemente se limitó  a   enunciar   la  existencia  del  yerro  pretextado  -desconocimiento  de  los  requisitos  establecidos  en  el  Art.  351  del derogado C. de P. Penal para la  interceptación  de  comunicaciones-,  mas  no  desarrolló  todos  los aspectos  orientados  a  demostrar  su  incidencia en la decisión objeto de censura, pues  solamente  señaló  que  “no hay pruebas legalmente  aducidas  al  proceso  que  permitan  desvirtuar la presunción de inocencia que  deba  gobernar  el  proceso  penal”,  por  lo que al  descartar  la  grabación  magnetofónica de la cual se dedujo su compromiso con  los  hechos investigados, “no queda prueba alguna que  permita    imputar    la   responsabilidad   penal   al   procesado.”   

          No  empece  la deficiencia demostrativa del reproche, en criterio de  la  agencia  del Ministerio Público el falso juicio de legalidad argüido no se  configura,  “no  sólo porque se alude a un precepto  que  no  es  el  llamado a regular el tema de la interceptación en este asunto,  sino  porque  el  acto irregular que se denuncia, carece de la trascendencia que  el recurrente pretende imprimirle.”   

          Luego  de  efectuar  una  reseña procesal cronológica en relación  con  la  actuación  procesal  de  la  cual  se  obtuvo  la prueba acusada, como  también  una  reseña  legislativa  de las diferentes regulaciones que sobre la  interceptación  de  comunicaciones rigieron para la época en que se suscitaron  los  acontecimientos  objeto  de  juzgamiento,  la  Delegada  sostiene  que  ese  fundamento  legal  en  el  que  se  fincó  la  condena  que  ahora  se reprocha  –Dtos.  2790 de 1990,  modificado  por su homólogo 099 de 1991, los que a su vez fueron adoptados como  legislación  permanente  por  el  2271  de  1991;  2699  de  1991,  Art.  47-4;  Parágrafo  1°  del Art. 24  del   citado  Dto.  2271  y,  finalmente,  Art.  351  del  C.  de  P.  Penal  de  1991–, era la aplicable en  el  presente  caso  por tratarse de un asunto de competencia, para ese entonces,  de  la  otrora  denominada  Justicia Regional, pues fue posteriormente cuando la  Corte   Constitucional   mediante   sentencia   C-567   de   1996   declaró  la  inexequibilidad  del inciso final del mencionado Art. 351 del Dto. 2700 de 1991,  precepto  este  que  disponía  que en eventos de flagrancia, las autoridades de  Policía  Judicial  contaban  con  la  facultad  de  intervenir y reproducir las  comunicaciones con la finalidad de buscar pruebas.   

          En  efecto,  en el asunto a examen, la orden impartida por el Fiscal  Regional   a   la  Policía  fue  anterior  a la resolución de apertura de instrucción, la cual se profirió  el   5   de  octubre  de  1994,  en  tanto  que  la  solicitud  y  la  orden  de  interceptación aludidas data del 13 de mayo del mismo año.   

          De  ahí  que  el  procedimiento  observado  en  este  caso  fue  el  correcto,  como  quiera  que  el  Dto.  2271  de 1991, tal como se expuso en las  instancias,  no contemplaba la autorización previa de la Dirección Nacional de  Fiscalías,  siendo  suficiente  la  orden  de  un  Juez, en este evento, la del  Fiscal  Regional,  autorización  que  conforme a lo normado en el Art. 47-4 del  Dto.  2699  de  1991  tampoco se requería, como así lo echa de menos el actor,  pues  cuando  la iniciativa para tomar tan extrema medida partía de la Policía  Judicial,  era  el  Fiscal a cuyo cargo se encontraba el respectivo asunto quien  debía  autorizar  la susodicha interceptación telefónica, tal como lo sostuvo  la   Corte  en  pronunciamiento  realizado  el  22  de  octubre  de  1996,  Rdo.  9579.     

          Por  esa  razón, aduce la Delegada, y dada la regulación reseñada  con  antelación, como la iniciativa partió de la Policía Judicial que en este  caso  ya  venía  adelantando  labores de inteligencia según se desprende de la  información  contenida  en  el  oficio  0015  del  11  de  mayo de 1994, no era  necesaria  la  autorización  del  Director  Nacional de Fiscalías, tal como lo  demanda el censor.   

          Ahora,  producida  la  declaratoria  de  inexequibilidad  del inciso  final  del Art. 351 del Dto. 2700 de 1991, advierte la Delegada, si bien aquella  postura  jurisprudencial varió en orden a la protección efectiva del derecho a  la  intimidad  de  la  manera  como lo concibe la jurisprudencia constitucional,  acorde  con  lo  estipulado en el Art. 15 de la Carta Política, cuyo desarrollo  se  halla  en  el  precepto  legal  inicialmente  citado,  es  lo cierto que los  aspectos  sustanciales  en  el  asunto  a  examen,  tal  como  se  evidencia del  pronunciamiento  realizado  por  la Sala el 21 de julio de 2004, Rdo. 19.819, se  cumplieron   a  cabalidad  en  cuanto  las  interceptaciones  telefónicas  cuya  ilegalidad  se  aduce  fueron  ordenadas  por la autoridad competente -el Fiscal  Regional  de Armenia-, a través de providencia escrita -Resolución 557 de mayo  13/94-  y  con  fundamento  legal  en  tanto que su finalidad era la de procurar  pruebas   judiciales,   amén   de   que  se  realizó  de  manera  técnica  al  identificarse  en  debida  forma  los  abonados  telefónicos  objeto  de  dicha  medida.   

          Por  lo  tanto,  de  acuerdo  con  la  interpretación  hecha  en el  proveído  citado  en  último  lugar acerca de la exigencia normativa de que la  decisión  pertinente  de  intervención  telefónica  debe  ser aprobada por la  Dirección  Nacional  de  Fiscalías  -pronunciamiento  en  el que se destaca la  autonomía   e   independencia  funcionales  de  los  jueces-,  la  agencia  del  Ministerio   Público   es   del   parecer  que  “la  aprobación   por  parte  de  la  Dirección  Nacional  de  Fiscalías  para  la  interceptación  de  comunicaciones  privadas,  no  constituye  un  requisito de  legalidad  de  la  prueba, por lo que no se puede reconocer, como lo pretende el  demandante,  un  error  de derecho determinante de la violación indirecta de la  ley sustancial.”   

          Y,  si  el  Comando  de  Policía  interceptó el ya mentado abonado  telefónico  sin  que  mediara  orden  de  autoridad  competente, que vendría a  concretarse  en  la  posterior autorización del Fiscal Regional, la Delegada es  de  la  opinión  que  tal  irregularidad  no tiene la virtualidad de afectar la  validez  de  las  grabaciones  contentivas  de los diálogos sostenidos entre el  procesado     ANGARITA    BARRAGÁN    y   los   señores   Atalívar   y  Ramón  Moreno,  “porque  estas  se  produjeron  los  días  6  y7 de octubre de 1994,  época  para  la  cual  ya existía la resolución 557 que, como se dijo, había  sido  expedida  desde  el 13 de mayo de 1994, situación que impide predicar que  la  prueba fue aducida al proceso sin el lleno de los requisitos legales, porque  para  ese  momento,  esa  exigencia  ya  se  encontraba  satisfecha.”   

          Pero,  es que además de las susodichas grabaciones magnetofónicas,  cuya  transcripción efectuó el Departamento de Policía y con posterioridad el  Juez  Penal  del  Circuito Especializado que conoció del asunto para proceder a  la    certificación    pertinente,   el   sentenciador   también   dedujo   la  responsabilidad  del  acusado del registro de los mensajes que se encontraron en  el  buscapersonas hallado en  su  poder al momento de su captura, en el que se le solicitaba se comunicara con  el  mencionado  Atalívar,  personaje  este con el que se interceptó una de las  llamadas comprometedoras de su responsabilidad.   

          Del  mismo  modo,  la  uniprocedencia en los patrones lingüísticos  del  procesado,  con  la  voz  registrada  en  los  casetes  contentivos  de los  diálogos  interceptados,  según  lo  determinaron  los  expertos a través del  respectivo   cotejo,  confirma,  aún  más,  el  vínculo  de  aquél  con  las  negociaciones ilícitas relacionadas con el narcotráfico.   

          De  la  argumentación  precedente claro se ve, aduce la agencia del  Ministerio  Público,  que  en  el  asunto  a  examen  no existe duda sobre tres  aspectos  medulares:  La  existencia de orden impartida por autoridad competente  -Fiscal  Regional-  para  el  momento en que se interceptaron las comunicaciones  sostenidas  por  el procesado con Atalívar y Ramón Moreno; que la legislación  vigente  para  esa época no preveía la autorización de la Dirección Nacional  de  Fiscalías  que  el  censor echa de menos; y, finalmente, que a pesar de que  dicha  autorización  se hubiera requerido -Art. 351 del Dto. 2700 de 1991- y la  comunicación  -Art.  301 de la Ley 600 de 2000-, “se  trata  de  una  exigencia  de carácter administrativo cuya ausencia no vicia de  ilegalidad la prueba obtenida.”   

          No  casar  la  sentencia  recurrida, es la sugerencia que finalmente  hace              la              Agente              del             Ministerio  Público.                

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a consecuencia de un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad, que conllevó a la aplicación  indebida  de algunos preceptos y la falta de aplicación de otros -los cuales se  reseñan  en  la  demanda-,  es  el  vicio  que con ocasión del presente asunto  denuncia  el censor, reproche que se hace consistir en la ilegal interceptación  de  un abonado telefónico realizada por el Comando de Policía del departamento  del  Quindío,  sin  observancia  de las formalidades legales que para el efecto  establecía el Art. 351 del C. de P. Penal de 1991.    

El  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad,  bien  se  sabe,  se  presenta  cuando  el  Juzgador al establecer la  existencia  jurídica  de  una  determinada  prueba,  le  otorga  validez porque  considera   que   reúne   los  requisitos  de  incorporación  al  proceso,  no  cumpliéndolos  -que  es  el  caso  que actor denuncia-, o cuando se la niega, a  pesar  de  hallarse  satisfechos  tales  presupuestos.  Dichos aspectos, le  imponen  al  demandante  entrar  a  confrontar  esa  situación  con el sustrato  fáctico soporte de la condena.   

En un tal evento, tiene dicho la Corte que la  impugnación  no  queda  satisfecha  con  la  mera  enunciación  del cargo y el  señalamiento  del  medio  de  prueba censurado, sino que le es indispensable al  demandante  acreditar  que  el juzgador en el examen probatorio le dio validez a  los  elementos  de  convicción  acopiados al proceso sin el cumplimiento de las  formalidades  legales,  y que los mismos fueron determinantes del fallo atacado,  pues,  por  recaer  esa  supuesta  anomalía  en medios de convicción, no puede  olvidarse  que el examen de éstos se hace primero individualmente y después en  conjunto  -Art. 254 del C. de P. Penal de 1991, o 238 de la Ley 600 de 2000-. De  modo  que,  mentalmente  suprimidas  las pruebas cuya ilegalidad se aduce, si no  queda  fundamento  probatorio  en  el  cual  sostener  el fallo condenatorio, su  sentido debe ser diverso al adoptado.   

En  el asunto a examen, como bien lo destaca  el  Ministerio  Público, el censor omitió realizar la confrontación requerida  entre  las prueba tachada de irregular con la restante que obra en el proceso, y  establecer  si  ésta  era insuficiente para sostener la declaración de condena  censurada.   

Sabido  es  que  en  el  planteamiento  de  irregularidades  como  la  aquí  denunciada, indispensable resulta demostrar su  trascendencia  respecto  de  la  decisión  impugnada,  deber  que incumplió el  recurrente  extraordinario  en  cuanto sólo se limitó a afirmar genéricamente  que  los  funcionarios de instancia acogieron como válidos, sin reserva alguna,  los  elementos  de  juicio reputados como ilegítimos, mas pretermitió precisar  cuál  sería  la  conclusión  como  consecuencia del nuevo examen de la prueba  restante, luego de excluir la viciada.   

Al  margen  de  la  falencia  de  técnica  casacional  reseñada  con  antelación,  suficiente  para  dar al traste con la  pretensión  del  libelista,  es  lo  cierto  que  no  le asiste la razón en su  prédica.   

   

Ciertamente,   la   interceptación   de  comunicaciones  como excepción al derecho fundamental a la intimidad personal y  familiar  garantizado  en el Art. 15 de la Carta Política, no es prueba ajena a  regulación  normativa.  Luego,  para  evidenciar  si  es  cierto  o  no  que se  desconocieron  las  formalidades legales establecidas para su incorporación, ha  de  examinarse  las  preceptivas  establecidas en el citado Art. 351, fundamento  normativo  legitimador  de  esta  clase de diligencias, para efecto de delimitar  las  condiciones en que resulta procedente su realización y para individualizar  los  requisitos  que  han de cumplirse para su validez, método mediante el cual  se  establecerá si la exigencia señalada como incumplida por el libelista es o  no  de  orden  legal,  y  por  tanto, presupuesto indispensable para su eficacia  probatoria.   

El  canon  que se reputa infringido, era del  siguiente tenor:   

“Art.  351.-  Interceptación   de   comunicaciones.  El  funcionario  judicial  podrá  ordenar, con el único objeto de  buscar    pruebas   judiciales,   que   se   intercepten   mediante   grabación  magnetofónica  las  comunicaciones telefónicas, radiotelefónicas y similares,  que  se  hagan  o  reciban  y  que se agreguen al expediente las grabaciones que  tengan  interés  para los fines del proceso. Cuando se trate de interceptación  durante  la  etapa  de  la investigación, la decisión debe ser aprobada por la  Dirección   Nacional   de  Fiscalías.  En  todo  caso,  la  decisión  deberá  fundamentarse  por  escrito. Las personas que participen en estas diligencias se  obligan a guardar la debida reserva.   

“Por  ningún  motivo se podrán interceptar las comunicaciones del defensor.   

“El funcionario  dispondrá  la  práctica  de  las  pruebas  necesarias  para  identificar a las  personas  entre  quienes  se  hubiere  realizado  la  comunicación  telefónica  llevada al proceso en grabación.   

“Tales  grabaciones  se trasladarán al expediente, por medio de escrito certificado por  el respectivo funcionario.   

“En  caso  de  flagrancia   las   autoridades   de  policía  judicial  podrán  interceptar  y  reproducir  las  comunicaciones  con  el  objeto  de buscar pruebas.”   

         Como claramente se desprende del plano de  referencia   legal,   la  exclusividad  jurisdiccional  o  régimen  de  reserva  judicial,  como  exigencia  de validez para la interceptación de comunicaciones  telefónicas,  no era absoluta, pues, del último inciso del transcrito precepto  surge  nítida  la  atribución  que  para  la  época  de  los  acontecimientos  investigados,  como  seguidamente  se  verá, le asistía a la Policía Judicial  para  desplegar dicha actividad, con la exclusiva finalidad de procurar pruebas.   

En consecuencia, el reproche del censor por  carecer  de apoyo legal, no cuenta con la entidad suficiente para condicionar la  aptitud  probatoria  de  la  diligencia  así  realizada,  por no tratarse de un  requisito  sustancial  que  tenga  que  ver con la producción o aducción de la  prueba,  sino  de un mecanismo que le permite a las autoridades de la República  el  control  de  actividades  realizadas  al  margen  de la ley, como quiera que  ellas,  acorde  a  las  previsiones  del  inciso  2°  de  la  Carta  Política,  “están  instituidas  para  proteger  a  todas  las  personas  residentes  en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás  derechos  y  libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales  del Estado y de los particulares.”   

Así  las  cosas,  el  último  inciso  del  referido  dispositivo,  se  reitera,  autorizaba  a  las autoridades de Policía  Judicial,  en  casos  de  flagrancia  y  con  el  objeto  de  buscar  pruebas, a  interceptar  y  reproducir  comunicaciones  sin  necesidad de orden judicial. El  evento   sub  examine  cabe  enmarcarse  dentro  de  esta  regulación,  dado  que  se  trataba de un caso de  flagrancia  habida  consideración  de  la  existencia  de  una empresa criminal  dedicada  al  tráfico  de  estupefacientes, delito con carácter de permanencia  hasta  tanto  la  conducta  punible deje de ejecutarse.  Por tal razón, en  desarrollo  de  las  labores de inteligencia que el Departamento de Policía del  Quindío  adelantaba  tendiente a la desmantelación de la banda comprometida en  actividades  de  narcotráfico, sus miembros, conforme con aquellas preceptivas,  estaban  facultados  para  prorrogar las diligencias de interceptación. De ahí  que las actuaciones censuradas conserven su entera validez.   

         Sin  embargo, imperioso resulta precisar que por sentencia del 28 de  noviembre  de  1996 la Corte Constitucional declaró inexequible el inciso final  del  precepto  transcrito,  en cuanto contrariaba el Art. 15 de la Constitución  Política  que  establece  como  garantía  fundamental  la inviolabilidad de la  correspondencia  y  demás  formas  de  comunicación  privada, atributos que se  predican  del  derecho  a  la  intimidad  personal  y familiar, las cuales sólo  “pueden  ser  interceptadas  o  registradas mediante  orden  judicial,  en  los  casos  y  con  las  formalidades  que  establezca  la  ley.”   

Si,  como  lo  manifiesta el demandante, la  intervención  del  abonado  telefónico  que  se  tacha  de ilegal tuvo lugar a  partir  del  11  de  mayo  de  1994,  ello  significa  que para dicha calenda la  facultad  que  le  asistía a la Policía Judicial para, en casos de flagrancia,  proceder  a  la  interceptación  y  reproducción  de las comunicaciones con el  objeto  de  buscar  pruebas,  se  hallaba en pleno vigor, por cuanto solamente a  partir  del  28  de  noviembre  de  1996  la misma fue retirada del ordenamiento  merced   al   aludido   pronunciamiento   de   inexequibilidad   de   la   Corte  Constitucional,    pues,   como   ya  se  anotó,  dada  la  naturaleza  de  permanencia  de  la  actividad  ilícita  denunciada, hasta tanto ella dejara de  ejecutarse la situación de flagrancia resultaba incuestionable.   

Por  manera  que,  si  ningún  reparo cabe  realizar  a  la cuestionada interceptación en los términos que con antelación  vienen   de   precisarse,   menos   puede  hacerse  respecto  de  la  grabación  magnetofónica  que  se  derivó  de aquélla, medio que sometido al tamiz de la  sana    crítica,    como    con   acierto   lo   determinó   el   Ad-Quem,  determinó  la condena que ahora  se ataca.   

       

Por lo tanto, ante la falta de demostración  del reproche, la censura deviene infundada.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

  RESUELVE   

         NO      CASAR       el      fallo  impugnado.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                       JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Permiso   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

         Secretaria     

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