22360(15-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22360  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  068  

Bogotá D. C., quince (15) de septiembre de  dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JOSÉ JAIRO TORO BERMÚDEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“El  23  de  octubre  de  2002,  en  horas  de la noche, en la calle 9 con carrera 65 A de la  ciudad  de  Cali  (Valle), la señora NUBIA ROSA GONZÁLEZ BEDOYA, en compañía  de   sus   dos   hijas   menores   de  edad,  FRANCIA  STELLA  (8 años) y MARIANA XIMENA, se dedicaban a la  labor  de  venta ambulante de dulces, y a eso de las 11 de la noche, mientras la  señora  GONZÁLEZ  BEDOYA  se  desplazó  una cuadra por un lapso breve de tres  minutos,   el   vigilante  del  establecimiento  “Seguros  Liberty”,  señor  JOSÉ JAIRO TORO BERMÚDEZ,  toma    por   la   fuerza   a   la   menor   FRANCIA  STELLA  ingresándola  a  su  sitio  de  trabajo  y,  tapándole  la  boca,  la  ubica  en el baño accediéndola carnalmente, acción  violenta  que  causa  en la menor sangrado en su órgano genital sin que ello le  importara  a su atacante, optando por amenazarla de muerte si llegara a contarle  a su progenitora.   

“Una  vez  la  señora  NUBIA  ROSA  GONZÁLEZ  se entera de lo sucedido a su hija FRANCIA  STELLA  y  viendo  su estado de  ánimo  y  el  sangrando que presentaba, se dirige al mencionado establecimiento  en  busca  del sujeto agresor, al cual una vez llega la autoridad lo aprehenden,  procediendo  además  a  observar  el  lugar  de los hechos, específicamente el  baño  que  indicaba  la  infante,  hallándolo  recién lavado, ante lo cual le  solicitan  al  agresor  que enseñe los pantaloncillos que usaba, encontrándose  con manchas de sangre”.   

2.  El Juzgado Quinto Penal del Circuito de  Cali,  mediante  sentencia del 30 de septiembre de 2003, condenó a José  Jairo  Toro  Bermúdez  a la pena  principal  de  12  años  de  prisión, a la accesoria de rigor y al pago de los  perjuicios,  como  autor  del  delito  de  acceso carnal violento imputado en la  resolución  de  acusación, la cual quedó ejecutoriada el 21 de marzo de dicho  año.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  16  de  diciembre de 2003, lo  confirmó  en  su integridad, decisión contra la cual el citado profesional del  derecho interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Toro  Bermúdez,  al amparo de la causal  primera  de  casación,  acusa la sentencia del Tribunal de ser violatoria de la  ley  sustancial,  toda  vez  que  “le asignó valor  legal  a  la afirmación de uno de los agentes captores en torno a la existencia  de  un  baño  en la edificación custodiada por el acusado, cuando tal hecho no  fue  debidamente  comprobado  mediante  la  realización  de  una  diligencia de  inspección  judicial  oportuna”, máxime cuando, en  su   criterio,   en   el   proceso  existe  prueba  que  indica  “que  ese baño como tal no existía en la edificación ”, pues era objeto de demolición.   

Por   ello,  considera  que  el  Tribunal  “le  asignó  a esta prueba, que es la declaración  de  los  agentes  de la Policía Nacional en torno a la existencia de ese baño,  recién  lavado  según  el  dicho  de los gendarmenes, total validez, sin estar  totalmente  probada  esta circunstancia, pues como se nota, no se realizó nunca  una  inspección judicial a este sitio, prueba esta que se ameritaba dado que el  procesado  no  reconoció  y no aceptó en su injurada rendida momentos después  de  su captura los cargos que se le imputaban, amén de que siempre se insistió  en    que    esa    tasa    del    sanitario    carecía   de   agua”.   

Estima  que  el  sentenciador  de  segunda  instancia  incurrió  en  “un  error  de derecho al  expresar  un  equivocado falso juicio de legalidad”,  yerro  que  surge  cuando  “le  asigna validez a la  declaración  de  unos agentes de policía  entorno a estas circunstancias,  sin  que  la  susodicha  declaración  hubiese  sido  probada  en  el  curso del  debate”.   

En  el  párrafo  siguiente  el  libelista  afirma:   “Existió  por  parte  del  Tribunal  una  interpretación  falsa  de esta prueba que es la declaración de unos agentes de  policía,  en  el  derecho, porque se abandonó la tarifa legal, toda vez que se  le  otorgó  a  esta  prueba  un  valor  que  la  ley  no  le asigna”.   

Asevera  que  la  manera  como fue valorada  “dicha    prueba”  transgredió  lo  preceptuado  en  el artículo 234 del Código de Procedimiento  Penal,  toda  vez  que no “no se averiguó con igual  celo  las  circunstancias que en determinados momentos pudieran haber propiciado  una  declaratoria  de  inocencia  de  José  Toro  Bermúdez, esto es, que si se  practica  inmediatamente esa inspección judicial el despacho hubiera constatado  la   no  existencia  de  dicho  baño  y  esa  omisión  contribuyó”    en    la    declaratoria    de    responsabilidad    de   su  representado.   

Reitera  que  si  se  hubiese  realizado la  mencionada  inspección  judicial,  se  hubiese  demostrado la no existencia del  baño  y,  al  mismo  tiempo,  se  habría  desvirtuado  la versión de la menor  Francia Stella.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, dictar sentencia absolutoria a favor del  procesado.   

ALEGACIÓN   DEL  NO  RECURRENTE   

El  Procurador  62  Judicial  II  de  Cali,  solicita  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada, toda vez que, en su  criterio,  el  proceso  cuenta  con  plural  prueba  que  demuestra, en grado de  certeza,  la autoría y responsabilidad del procesado frente al delito imputado,  sin  que  en  la  aducción  y  valoración  de  los elementos de juicio se haya  presentando  ninguna  irregularidad  que  conduzca  a  la infirmación del fallo  condenatorio.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La demanda de casación presentada a nombre  del  procesado  José Jairo Toro Bermúdez  no  cumple  con  los presupuestos formales, razón por la cual se  inadmitirá.   

En  efecto, el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal  establece,  entre  otros requisitos, la enunciación de la  causal  y la formulación del cargo, debiéndose indicar en forma clara, precisa  y  coherente  sus  fundamentos y las normas que se estimen infringidas. De igual  manera,  se  estatuye  que se pueden presentar varios cargos y excluyentes, pero  en capítulos separados y de manera subsidiaria.   

En  esas condiciones, surge evidente que el  actor   no   distingue  entre  un   alegato  de  instancia  y una  demanda  de  casación,  en  la  que  no  se puede  hacer, de manera libre,  cualquier  cuestionamiento  a una sentencia que por  ser la culminación de  todo  un  proceso,  viene  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que  debe ser un escrito lógico, coherente y sistemático que  busca  restaurar  la  legalidad  del  fallo,  por  lo  cual  sólo es procedente  denunciar  los  errores  cometidos  por  el  fallador,  al tenor de las causales  expresa  y  taxativamente  señaladas  en  la  ley, demostrarlos y evidenciar su  trascendencia en la parte dispositiva del la providencia impugnada.   

Teniendo  en  cuenta  lo  anterior, resulta  fácil  advertir  las  falencias  del libelo desde el simple enunciado, toda vez  que,  en abierta discrepancia con el principio de autonomía, según el cual, al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración  diferentes y producen diversas consecuencias jurídicas, el actor  transita,  de  manera  simultánea,  por  las  causales  primera  y  tercera, al  plantear  errores en la apreciación de la prueba y la transgresión del derecho  de  defensa  por  la no realización de una inspección judicial, reparos que ha  debido   formular   de   manera   separada   y   respetando   el   postulado  de  prioridad.   

De  otra  parte,  si  bien es cierto que el  libelista  fundó el ataque a la sentencia por los senderos de la causal primera  de  casación,  también lo es que no señaló la vía de la transgresión de la  ley sustancial, es decir, si fue de manera directa o indirecta.   

Tampoco  señaló cuáles fueron las normas  sustanciales  infringidas  y su sentido, esto es, si fueron vulneradas por falta  de aplicación o por aplicación indebida.   

Ahora  bien, si se entendiese que el ataque  lo  perfila  por  los senderos de la violación indirecta de la ley sustancial y  comprendiendo  que  se  trata  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de  convicción,  lo que se deduce cuando afirma que “se  abandonó  la  tarifa legal, toda vez que se le otorgó a la prueba un valor que  la  ley  no  le  asigna”, de todos modos olvidó que  esta  clase  de  yerro parte del supuesto de que la prueba erradamente apreciada  tiene predeterminado en la ley un valor demostrativo.   

Así,  incurre  el  juzgador  en este error  cuando  le  niega  a  un determinado medio de convicción el valor que la ley le  señala,  o  le  concede  una  fuerza  persuasiva que no se encuentra legalmente  regulada,  imponiéndose  como carga demostrativa al censor, consecuente con los  postulados  casacionales, el deber de indicar las normas que regulan el medio de  prueba  y  le  asignan  un  específico  valor  o  se  le  niega,  camino que no  emprendió,  como  tampoco  demostró  que  el  juzgador  señaló un valor a la  prueba  que  la  ley no establece ni precisó de manera clara y concreta de qué  pruebas se trata.   

Contrario  al  respeto  de  los parámetros  propios  de  la  mencionada hipótesis, centró su discurso a hacer afirmaciones  tales  como  que  el  baño donde se dice ocurrieron los hechos no existe, o que  debió  practicarse  una  inspección  judicial que corroborara la existencia de  dicho   baño,   o   que  el  procesado  siempre  negó  los  cargos  imputados,  argumentaciones  que,  como  se dijo, no son consecuentes con el anunciado error  de derecho por falso juicio de convicción.   

Observa  la  Sala  que la inconformidad del  actor  radica  en  la  estimación  probatoria  que el juzgador le otorgó a los  medios  de  prueba  y  de  los  cuales  dedujo  el  grado de responsabilidad del  procesado  en  la  conducta punible por la que fue condenado, contraposición de  criterios  que  no  es  susceptible  de ser atacada en esta sede, por cuanto que  dentro  del  sistema  de  apreciación  probatoria que rige, el juzgador goza de  libertad   para   justipreciar   los   medios   de   convicción   allegados  al  proceso.   

Además,  que  el  Tribunal   cometió   “un equivocado juicio de legalidad,  yerro  en  el  que incurre cuando se le asigna validez a la declaración de unos  agentes  de  la policía”,  es  otra   afirmación   deshilvanada   dentro   de  su   confuso   escrito,   pues   desviándose   de   la  inicial   hipótesis   no   solo   se  adentra   de  manera   indebida  en  los  parámetros  propios del error de derecho por falso juicio de  legalidad,  sino  que  también omite ilustrar a la Corte cómo dichos medios de  convicción  fueron  aducidos  con desconocimiento de las normas procedimentales  que  condicionan su validez y cómo tales yerros impidieron la absolución de su  defendido frente a la conducta imputada.   

En otras palabras, sin rumbo definido y sin  la  claridad  y precisión que exige el recurso extraordinario, el libelista, so  pretexto  de  la  existencia  de  unos  presuntos errores de derecho, se limitó  exhibir  su  inconformidad  con la sentencia condenatoria proferida contra de su  defendido  pero  sin  el  debido  respeto  que la ley exige frente a la técnica  casacional,  situación  que,  por virtud del principio de limitación, la Corte  no puede entrar a enmendar o a clarificar.    

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  JOSÉ  JAIRO  TORO  BERMÚDEZ.  En  consecuencia,  se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

                               Comisión de servicio   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                     YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                                 JAVIER DE J. ZAPATA ORTÍZ    

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

                                                               Secretaria   

    

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