22348(04-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22348   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado Acta No. 034.  

          Bogotá D.C., mayo cuatro (4) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  CELIO    ANTONIO   ARROYAVE   GARCÍA   contra   la   sentencia   proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  de  fecha 9 de diciembre de 2003, confirmatoria de la dictada por el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  por cuyo medio lo  condenó  por  los  delitos  de  falso  testimonio;  destrucción,  supresión y  ocultamiento  de  documento  privado  y;  aprovechamiento  de error ajeno o caso  fortuito.    

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL    

          En  el  año  de  1996,  Eduardo de Jesús  Santacruz   Guerrero,  por  un  lado,  y  Celio   de   Jesús   Arroyave  García  y  Gloria Sofía Gómez Quintero  por  el  otro,  celebraron un contrato de compraventa sobre la entidad educativa  denominada  “Centro  Andino de Estudios Técnicos”, con sede en la ciudad de  Bogotá,  siendo  el  primero  de  los  mencionados  vendedor y los dos últimos  compradores.   

El precio se pactó por $ 75.000.000,oo, para  cuyo  pago los compradores otorgaron cinco títulos valores (pagarés) por valor  cada  uno de $ 15.000.000.oo, garantizados, además mediante hipoteca a favor de  Santacruz  Guerrero, sobre un  inmueble de propiedad de los deudores.   

Como   ARROYAVE  GARCÍA     y    Gómez  Quintero   no   cumplieron   con   la   obligación,  Santacruz  Guerrero optó por  contratar  los  servicios  de un abogado, para que iniciara el proceso ejecutivo  hipotecario y así recuperar el monto de la obligación.   

Pactaron, para esos efectos, que el vendedor  enviaría  todos  los  documentos  necesarios  a  la oficina del profesional; no  obstante,  el  5  de  febrero  de  1999 los remitió por correo erradamente a la  dirección  de  sus  deudores,  en paquete que, entre otras cosas, contenía los  títulos valores originales.   

Con  fundamento en lo anterior, los deudores  fueron  citados  por  el  profesional a fin de que absolvieran interrogatorio de  parte  ante  el  juzgado  20 Civil Municipal de Medellín, en donde Arroyave  García  negó haber recibido el  aludido  correo, al tiempo que sostuvo haber cancelado los $ 75.000.000,oo de la  obligación.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  abrió  la  correspondiente  instrucción  penal, dentro de la cual se vinculó,  mediante  diligencia  de  indagatoria,  a CELIO ANTONIO  ARROYAVE  GARCÍA  y a Gloría  Sofía  Gómez  Quintero,  a  quienes  se resolvió su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de caución prendaria por los  delitos  de  falso  testimonio;  aprovechamiento de error ajeno y; destrucción,  supresión   u   ocultamiento   de   documento   privado.      

Clausurada la investigación, se calificó el  mérito  el  sumario  el  5  de octubre de 2001 con resolución de acusación en  contra  de lo procesados por los mismos delitos respecto de los cuales procedió  la medida detentiva.   

Impugnado el anterior proveído, la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Medellín,  el  4 de marzo de 2002, revocó la  resolución  de  acusación  en  cuanto a Gloria Sofía  Gómez  Quintero  decretando en su favor la preclusión  de  la  investigación,  por  lo  que  ordenó  poner  fin  a  la  acción penal  adelantada en su contra.   

El   trámite   del  juicio  correspondió  adelantarlo  al Juzgado Quinto Penal del Circuito de Medellín despacho que, una  vez  surtió  el  rito  legal  pertinente, profirió sentencia el 22 de julio de  2003,  por  medio  de  la cual condenó a CELIO ANTONIO  ARROYAVE  GARCÍA  a  la pena principal de 55 meses de  prisión,  a  la  accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas  por  el  mismo lapso y al pago de perjuicios de acuerdo con las sumas estimadas,  al  hallarlo  responsable  de  los  delitos  de  falso testimonio; destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de  documento  privado  y; aprovechamiento de error  ajeno o caso fortuito.          

El  defensor del procesado interpuso recurso  de  apelación  en  contra  de  la  anterior  decisión  y el Tribunal, mediante  providencia   de   fecha   diciembre   9  de  2003,  la  confirmó  “con      la     REFORMA  en  el  sentido  que  la  pena  impuesta  a Celio Antonio ARROYAVE  GARCÍA  será  de  treinta (30) meses de prisión, de acuerdo con lo anotado en  la parte motiva”.   

Ahora,  el  defensor del sindicado interpone  recurso  extraordinario  de casación contra el último fallo y para sustentarlo  presentó    demanda,    sobre    cuya    admisibilidad    se    pronuncia    la  Sala.       

LA DEMANDA  

Antes  de referir a los cargos que invoca en  contra   del  fallo,  en  el  acápite  de  “la  procedencia  del  recurso  de  casación”,  señala  el  defensor  que  en  este caso la pena privativa de la  libertad  supera  los  8  años  de  prisión,  deducción  a  la  que llega del  artículo 442 de la Ley 599 de 2000.   

En  el  capítulo  IV del libelo, formula un  total   de   trece   cargos   en   contra  del  fallo  impugnado  del  siguiente  tenor:   

Cargo primero:  

Invoca  la  causal  primera  prevista  en el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, “en el sentido  de  que  ‘LA SENTENCIA HA  SIDO     DICTADA     EN    UN    PROCESO    VICIADO    DE    NULIDAD’…”,  situación  que  a su juicio se concreta desde la misma instrucción, por cuanto  “se  denunció  una  conducta  que  sólo llegaba al  grado  de infracción, con previa querella exigible para proceder”.       

Por   tanto,   se   denunció   un  delito  “putativo,    inocuo,    imposible,    y    hasta  provocado”,   esto   último,  señala,  porque  el  presunto  perjudicado  “gozaba  y goza de mecanismos  legales  dentro  del  procedimiento  Civil,  para  impedir  que  los  hechos  se  consumaran”.   

También   indica   que   inicialmente  se  denunció,    “conforme   al   poder”,  el aprovechamiento de error ajeno “con  querella  en  estado de caducidad, por haber transcurrido más de los seis meses  que  ordena el artículo 34 de la Ley 600 de 2000, concordante con norma similar  del  Decreto  100  de  1980”,  lo  cual  generó una  nulidad            que           en           su           criterio           es  insubsanable.         

Cargo segundo:  

Invoca la causal primera del artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000, por violación directa de la ley sustancial a consecuencia  de  la  “indebida  aplicación  del  Decreto  100 de  1980”,  normatividad  bajo la cual se profirieron la  resolución  de  acusación y la sentencia en contra de su defendido, a pesar de  que  no  tenía  vigencia,  de  modo  que “tampoco se  hicieron  las  adecuaciones  pertinentes  para ajustarlas a la nueva Ley 599 del  2000  que  en  su  artículo  474  deroga  el Decreto 100 de 1980”.   Por esta razón, sostiene, la sentencia no está acorde con  la  normatividad  bajo la que se procesó y condenó a su sindicado “y  la TIPICIDAD y ANTIJURIDICIDAD entraron en duda”.   

Así, agrega, “se  juntan  figuras  que  contienen  condena  a pena de prisión, con la que da mera  sanción  económica como lo es el aprovechamiento de error ajeno”,     el    que    además    ya    se    encontraba    “caducado”  al momento de iniciarse la  investigación.   

También   se   violó   el  principio  de  nullum  crimen  sine  lege,  nulla  poena  sine  lege,  porque  no  se  tipificó  la  conducta  acorde con la  normatividad vigente sino con la derogada.   

Cargo     tercero:     

Con base en la misma causal anterior, indica  que  la  sentencia  es  violatoria  en  forma  indirecta  del artículo 29 de la  Constitución   Política,   del   principio   de   favorabilidad   “puesto  que  le aplicaron normatividad desfavorable, derogada por  el  Código  posterior  vigente  al  momento  de  fallar,  lo  cual hace que los  artículos  172,  224 y 361 del Decreto 100 de 1980 que se esgrimen para juzgar,  carezcan  de  vigencia  al  momento  de  proferirse  Resolución de Acusación y  sentencia,  e  inclusive,  ni  se  hace la adecuación pertinente”,  con  lo cual se le dio aplicación a una normatividad inexistente  de acuerdo con el artículo 474 de la Ley 599 de 2000.   

Cargo cuarto:  

Con  sustento  en  la  misma  causal,  aduce  igualmente  que se violó en forma indirecta el artículo 29 de la Constitución  Política  referente  al  debido proceso, dado que no se aplicó el beneficio de  la  duda a favor de su prohijado “respecto a la falta  de  demostración de envío real por correo certificado de los títulos valores,  cuando  el  mismo  recibo  contiene  declaración  en  el  sentido  de que no se  incluyen títulos valores”.   

Como es falsa la anterior declaración, no se  debe  otorgar  credibilidad  a  lo  sostenido  por  el  denunciante “entonces  surge  la duda en el sentido de si se mintió o se dijo  la     verdad”.     Además,    “el  beneficio  de  la duda ordena creer al sindicado o decidir en  su  favor  esta  duda,  lo  que  conlleva  nulidad  desde  el inicio mismo de la  investigación”.   

Cargo    quinto:          

   

Invocando  la causal tercera, refiere que se  incurrió   en   violación  indirecta  de  la  “Ley  constitucional   contenida   en   el  artículo  29  de  la  Carta  ‘El    debido    proceso’     por     falta    de    DEFENSA  TÉCNICA”   porque  el  apoderado  no  propuso  las  nulidades  procesales  a las cuales ha hecho alusión y porque tampoco le fueron  controvertidos  sus  argumentos,  “sino  simplemente  desconocidos  o  desechados;   dejó  de  aplicar  al caso una normatividad  derogada     y     no    hizo    valer    el    debido    proceso”.   

Agrega que también se violó indirectamente  esta  norma  por  cuanto  se aplicó a su defendido una normatividad derogada de  acuerdo  con lo dispuesto en artículo 474 de la Ley 599 de 2000 y en contra del  principio  nullum  crimen  sine lege, nulla poena sine  lege.        

Cargo sexto:  

Con  arraigo en la misma causal, señala que  se  incurrió  en “violación indirecta del artículo  29  de  la  Constitución  que  contiene  el  principio  de  la  PRESUNCIÓN  DE  INOCENCIA,   mismo   que   a   mi   representado   le   fue   invertido   en  su  contra”.   

Cargo       séptimo:    

También con fundamento en idéntica causal,  advierte  que  se  incurrió  en  violación  indirecta  del  artículo 29 de la  Constitución  “en  lo  tocante  con el PRINCIPIO DE  FAVORABILIDAD”,  en  tanto las pruebas favorables al  sindicado  no fueron tenidas en cuenta “y las pruebas  desfavorables,   provenientes   de   testigos  dudosos,  testigos  de  oídas  o  interesados  por  vínculo familiar y laboral con el denunciante, tuvieron total  aceptación       por      parte      de      los      falladores”.   

Cargo        octavo:     

Nuevamente  con  fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, refiere a la nulidad procesal  contenida  en  el  artículo  306  ibídem,  numerales  2°  y  3°,  derivada de haberse incluido como prueba  “interrogatorios aportados y que obran a folios 9 al  12”,  para  endilgar  el falso testimonio, porque se  trata   de  pruebas  ilegalmente  aportadas  a  la  investigación  “por  carecer  de  los  requisitos  que  la  Ley procesal Civil le  exigen  para  su  validez y la Procesal Penal, para ser aportados y tenidos como  pruebas en contra del sindicado”.   

Añade  que  esos  interrogatorios vician de  nulidad  absoluta  el  proceso  “y  sin  ellos no se  hubiera   podido   condenar,   al  sindicado”.   Además,  no  merecen  credibilidad  por  falta  de tales requisitos y porque ni  siquiera  se  invocaron como prueba trasladada, a lo que se suma que no contiene  los anexos que la complementan.   

Por  tanto,  colige  que  el proceso es nulo  “en    todas    sus    modalidades”,  porque  la  querella se encontraba en “estado de caducidad” y  el  falso testimonio no se encontraba  debidamente demostrado con actas que  incumplían   los   requisitos   legales.   Así  las  cosas,  “el  deber  tanto  del  A  QUO  como  del  AD QUEM no era otro que  proferir  resolución  inhibitoria,  decretando la CADUCIDAD de la querella y la  ilegalidad de la prueba aportada”.   

Cargo noveno:  

Invoca  la  causal primera de la misma norma  procesal,  por  violación  directa  del  artículo  9°  de  la Ley 599 de 2000  referida  al concurso de conductas punibles “dado que  las  conductas que se endilgaron a mi representado, no son TIPICAS ni CULPABLES,  además   de   que  con  todas  las  dudas  que  se  presentaron  dentro  de  la  investigación,  la  necesaria  demostración  de  culpabilidad  tampoco se hizo  presente”;  de  allí  que los falladores han debido  absolver a su prohijado por falta de pruebas.   

Cargo décimo:  

Con soporte en la misma causal apunta que se  incurrió  en violación indirecta del artículo 32 de la Ley 599, numeral 10°,  referido       a      “obrar      con      error  invencible”,  porque  aún  en  el evento de que los  documentos  hubiesen  estado en poder del sindicado, pudo haber sido producto de  una  celada  en  su  contra “puesto que si se le va a  cobrar  doblemente  una obligación, él puede eludir por todos los medios dicha  situación   en  legítima  defensa  de  su  patrimonio  y  el  de  su  familia,  injustamente asediado”.   

Por  consiguiente,  a  su  juicio  no  está  demostrado  el  elemento  dolo  que  tipifica  el  delito,  mientras  que ocurre  diferente con la inocencia por falta de pruebas.      

Cargo  decimoprimero:  

Al  amparo de la misma causal, indica que se  incurrió  en  violación indirecta del artículo 2° de la Ley 599, atinente al  principio  de  integración “dado que el beneficio de  la  duda  o  IN  DUBIO,  PRO  REO  no  se  aplicó  al sindicado, sino que se le  invirtió en su contra”.   

Cargo decimosegundo:  

Nuevamente  propone  la  misma  causal  por  violación  indirecta  del  artículo  6°  de  la Ley 599 de 2000, referente al  principio  de  legalidad,  en  concordancia  con el 1° del Decreto 100 de 1980,  puesto   que  no  se  observaron  a  plenitud  las  formas  propias  del  juicio  “dado  que  al procesado no se le respetó el debido  proceso;    los   argumentos   de   la  defensa  no  fueron  analizados  ni  controvertidos,  así como que la defensa no fue técnica… la favorabilidad no  le  fue debidamente aplicada, ni se le reconoció el BENEFICIO DE LA DUDA.   Tampoco  se  tuvo  en  cuenta la circunstancia eximente de responsabilidad penal  consistente  en  que el delito o delitos que se le imputaron son de aquellos que  la   doctrina   denomina   como   PUTATIVOS,   INCOUOS  y  hasta  IMPOSIBLES,  y  PROVOCADOS”.   

Cargo   decimotercero:         

En  este  último  reproche contenido en la  demanda,  el censor, también con sustento en la misma causal, acusa el fallo de  violación   directa   de   la  ley  “por  falta  de  aplicación  de  las  normas  pertinentes, ya aplicar la derogadas desde el año  2000,   al   momento  de  proferir  tanto  la  Resolución  acusatoria  como  la  sentencia”,  las cuales fueron la base de la condena  y de la tasación de la pena.   

Declaración oficiosa:  

En este aparte refiere el impugnante que las  nulidades  aludidas con antelación deben ser objeto de pronunciamiento oficioso  en  procura  de  la  justicia  y  el  debido  proceso.  Así mismo, “ruego  a  la Honorable Sala estudiar oficiosamente la posibilidad  de     otras     nulidades    destacadas    del    estudio    concienzudo    del  historial”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Al  advertir  la  Sala  que  en  su totalidad los cargos adolecen de  ostensibles  defectos  de  técnica  y  de  argumentación, lo cual es requisito  sine  qua  non para tener por  adecuadamente  sustentado  el  recurso  extraordinario  de  casación  y por ser  comunes  tales  falencias,  se procede a su análisis integral, sin perjuicio de  que  en  este  propósito  se  aluda  a los desaciertos particulares que algunos  evidencian.    

          1.   De  conformidad  con  la  preceptiva  del  numeral 3° del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000  (y  en  similar  sentido  el numeral  ídem  del artículo 225 del  Decreto  2700 de 1991), la demanda de casación deberá contener la enunciación  de  la causal “indicando en forma clara y precisa sus  fundamentos”.  En  consecuencia,  procede  la Sala a  analizar   si   las   propuestas   contenidas   en   la   demanda  cumplen  este  requisito.   

          Pues  bien,  en  primer  lugar  se  impone  señalar que la mayoría  están  redactadas  de forma tan deshilvanada que prácticamente se imposibilita  descifrar  su  contenido;   además, son contradictorias puesto que abordan  en  su desarrollo aspectos de naturaleza disímil propios de diversas causales y  que,    en    ocasiones,    tampoco    corresponden   con   el   postulado   que  esgrime.   

Esto  último  se  advierte  desde la misma  argumentación  contenida  en  el  primer cargo, presentado con fundamento en la  causal  primera  de  casación,  porque  a  juicio  del  censor la sentencia fue  dictada  en  un  proceso  viciado  de  nulidad;   propuesta  a  todas luces  incorrecta,  puesto que este motivo corresponde a la causal tercera, conforme lo  señala  expresamente  el  precepto  legal  que  contiene  dichas causales en el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000 (220 del Decreto 2700 de 1991).   

Igual  situación ocurre con la pretensión  contenida  en  el  cargo  quinto,  formulado  al amparo de la causal tercera por  “violación   indirecta  del  artículo  29  de  la  Carta  Política”,  con  fundamento  en  que  se  afectó  el derecho de defensa, y con las de los cargos  sexto  y séptimo, en las cuales utiliza el mismo enunciado, pero proyectando la  vulneración  a  los  principios  de  presunción  de inocencia y favorabilidad,  respectivamente.   

No se remite a duda que esas propuestas son  incompatibles    toda    vez    que   pertenecen   a   causales   de   casación  diversas.    De  esta  manera,  es  inadmisible  concebir que el fallo  incurrió  en  la  causal  tercera por “violación indirecta” de un precepto  constitucional,  pues  este motivo corresponde a la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  prevista  para aquellos casos en que el error se deriva de una  incorrecta apreciación de las pruebas.    

2. Ahora bien, los desaciertos de la demanda  no  se  contraen  a  los  enunciados  de  los cargos, sino que irrumpen con más  fuerza  al  apreciar su desarrollo, pues a pesar de la gran cantidad de censuras  que  propone  el demandante, lo cierto es que analizadas aisladamente en su gran  mayoría  abordan  aspectos  disímiles e inconexos, desconociendo palmariamente  el  denominado  principio de autonomía que regenta este medio extraordinario de  impugnación,  según  el  cual  la  diversidad  de las pretensiones obliga a su  tratamiento    independiente,   para   evitar   precisamente   que   se   tornen  incomprensibles,                            como                           aquí  sucede.              

A través del cargo primero, por ejemplo, es  evidente   que   el   casacionista   no   desarrolla  una  propuesta  coherente,  exponiendo    múltiples  aspectos  totalmente  desarticulados,  tanto  así  que  luego  de invocar la causal primera y de destacar que la sentencia se  dictó  en  un proceso viciado de nulidad, lo que por sí solo ya constituye una  contradicción,  señala  a la par que la conducta, sin especificar cuál de las  tres  por  las  que  fue  condenado  su  defendido,  sólo  llegaba  al grado de  “infracción”,  a  la vez que era necesaria querella para proceder en cuanto  al  delito  de “aprovechamiento de error ajeno” y que se denunció un delito  “putativo,  inocuo,  imposible  y provocado”, planteamientos que no sólo no  relaciona   con   el   enunciado,   sino   que  tampoco  tienen  ilación  entre  sí.              

Lo mismo se puede pregonar en relación con  la  propuesta contenida en el cargo segundo, a través del cual, al amparo de la  causal  primera por violación directa de ley sustancial, alude que se aplicaron  indebidamente  las normas del Decreto 100 de 1980, a pesar de estar vigentes las  de  la  Ley 599 de 2000, pero simultáneamente señala que existe duda en cuanto  a  la  tipicidad  y la antijuridicidad -sin decir en qué se basa para hacer esa  afirmación- y que se violó el principio de legalidad.   

En  la  pretensión  contenida  en el cargo  quinto  también  se  advierte  esta  situación,  pues no obstante referir a la  violación  del  derecho de defensa, al tiempo insiste en el argumento de que se  aplicó   una   normatividad   derogada   y   que  se  violó  el  principio  de  legalidad.        

Otro   reproche  en  el  que  se  detecta  confusión  es  el  presentado a través del cargo octavo, en donde el libelista  aduce  que  se  incurrió en nulidad al otorgarse credibilidad a algunas pruebas  aportadas  ilegalmente  al  proceso,  pero  en  forma  coetánea sostiene que la  querella  se  encontraba  “en  estado de caducidad”, por lo que debieron los  falladores proferir “resolución inhibitoria”.   

La  situación se patentiza aún más en el  cargo  decimosegundo,  porque  el  casacionista, invocando la causal primera por  violación  indirecta  del  artículo  6°  de  la  Ley 599, compendia todos los  puntos tratados en las censuras antecedentes.   

Permite lo anterior inferir que a través de  los   referidos  cargos  no  se  respetó  el  principio  de  autonomía  en  su  formulación,  por  virtud  del cual al demandante, en procura de la claridad de  la  argumentación,  se  le  impone  el  deber  de  proponerlos  por separado en  atención a su diversa naturaleza.       

3.   Del  mismo modo se aprecia que el  libelista  no  se sujetó al denominado principio de prioridad, también regente  en  esta  sede,  que  exige  presentar  los  cargos  de acuerdo con su cobertura  procesal.   Así,  aquellos  que  comporten  eventual  invalidación  de la  actuación  procesal o de la sentencia, necesariamente deben proponerse en forma  prevalente  respecto  de  los  que  no tienen ese alcance, como cuando se alegan  errores  de  juicio  al momento de fallar (causal primera), que no tiene efectos  invalidantes  y,  por  el  contrario,  tienen como presupuesto que la actuación  procesal y la sentencia no son irregulares.   

En  ese  sentido,  si  bien en la propuesta  contenida  en  el  tercer  cargo  se  sugiere  una nulidad (aun cuando invoca la  causal  primera), también lo es que los demás en que plantea dicha alternativa  han  debido  ser propuestos de manera prioritaria y de acuerdo con su incidencia  nociva  para  el proceso. Sin embargo, el censor formula los reproches de manera  desordenada,  alternando los que tienen sustento en la causal primera con los de  la  tercera,  sin  consideración  alguna frente a los efectos que eventualmente  producirían.        

4.  Otro de los aspectos que conducen a  la  decisión  de  inadmitir  el libelo es la evidente carencia de argumentos en  sustento  de  las  pretensiones,  situación que se predica respecto de la mayor  parte    de    las    censuras,    dada    su    excesiva   parquedad   en   ese  sentido.        

Sobre el particular, preciso es señalar que  la  demanda  cuenta con reproches que se circunscriben única y exclusivamente a  formular  el  enunciado  sin  el  debido  acompañamiento de las razones que los  soportan.   Tal  situación  se advierte especialmente en los cargos sexto,  en  el  cual  el casacionista se limita a señalar que se violó el principio de  presunción  de  inocencia  porque  le  fue  “invertido”  en  contra  de  su  representado  -sin  que exponga más fundamentos-; noveno, en el que refiere que  se  violó  de manera directa el artículo 9° de la Ley 599, porque simplemente  las  conductas  endilgadas  a su defendido no son típicas ni culpables y que lo  correcto  en  consecuencia era absolverlo y; el decimosegundo, al indicar que se  violó  el principio de integración sólo porque no se aplicó el beneficio del  indubio   pro   reo   a  su  defendido.           

         

En  punto de este tópico, también resulta  pertinente  precisar que la solicitud de casación oficiosa que el actor incluye  en  el  capítulo  IV  de  la  demanda,  con  la  cual  pareciera  que  pretende  desprenderse  de  la  obligación  que  le  asiste de exponer los motivos que lo  llevan  a  solicitar  el  decaimiento  del  fallo  para  transferirla a la Sala,  desconoce  que  el recurso extraordinario es de naturaleza esencialmente rogada,  y  que  tal  condición  implica  que  el  demandante es el llamado a advertir y  fundamentar  los  errores  en  que se funda la propuesta de ilegalidad del fallo  impugnado;    principio   que  está  estrechamente  vinculado  con  el  de  limitación,  de  acuerdo  con el cual la Corte sólo puede examinar aquello que  éste  impetra,  salvo que advierta una nulidad o surja con carácter ostensible  la  violación  de  garantías  fundamentales,  en  cuyo  caso  excepcionalmente  aplicará  esta  facultad  para  casarlo  por  fuera  del  marco contenido en la  demanda.         

5.  Adicional  a lo expuesto, cabe señalar  que  en  los  reparos  en  que  el censor alude que el proceso está afectado de  nulidad,  como  ocurre  con los cargos primero, quinto y octavo, es evidente que  no  cumple  con  los mínimos condicionamientos que la Sala, de forma reiterada,  ha    concebido    sobre    el   particular.         

Precisamente, ha sido enfática en señalar  que  la  causal  tercera  de  casación no es de libre formulación, de modo que  cuando  se  invoca,  es  necesario  fundamentar  y  demostrar  en  forma clara y  concreta    el    error   in   procedendo,   su  trascendencia  en  las  garantías  fundamentales  o  en  la  estructura  básica del procedimiento, indicándose el momento procesal a partir  del cual se debe invalidar el proceso.   

En  caso de que el derecho que se considera  conculcado  sea  el de defensa, es necesario precisar la actuación procesal que  lo  lesiona  y  la  norma  transgredida,  demostrándose  la incidencia de dicha  violación sobre la garantía constitucional referida.   

En los tres cargos referidos es indiscutible  que  el casacionista no enseña de manera clara los fundamentos de las nulidades  incoadas,  pues  efectúa  una mezcla de argumentos que, como ya se señaló, no  permiten     establecer     hacia     donde     apunta    específicamente    su  inconformidad.   

Esta situación se advierte especialmente en  el   primer  cargo  en  donde  el  actor  involucra  varios  aspectos  de  forma  simultánea  e, incluso, refiere tópicos que no guardan relación con el motivo  de  casación  invocado.   En  la  quinta censura, por su parte, que dirige  inicialmente  a  demostrar  una  presunta  vulneración  del  derecho de defensa  técnica  pero  que luego desvía hacia otras temáticas, no cumple con el deber  de  señalar  la  trascendencia de las actuaciones que en su concepto omitió su  predecesor  frente  a  la  sentencia  objeto  de  ataque,  bastándole con decir  escuetamente  que se edifica en la medida en que no se solicitaron las nulidades  aquí  deprecadas  y  porque  no  fueron controvertidos sus argumentos, lo cual,  resulta   apenas   obvio,   no   configura   una   actitud   atribuible   a   su  antecesor.   

En  lo  que  concierne  con  la  propuesta  contenida  en  el  cargo  octavo,  planteado al amparo de la causal tercera, por  nulidad  derivada  de  los  numerales  2°  y 3° del artículo 306 del estatuto  procesal  y que tiene sustento en que el delito de falso testimonio atribuido en  contra  de  su  defendido  se  estructuró sobre prueba ilegal, es claro que ese  supuesto  no  tiene cabida al interior de la causal invocada, sino en la primera  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial a consecuencia de un error de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad, que no tiene los efectos invalidantes  que   le   otorga  el  censor  (nulidad  absoluta  de  todo  el  proceso).    

6.  Como  si  lo  anterior  fuera  poco, se  advierte  que  en  ninguno  de  los  reproches  planteados el actor discierne en  derredor  de su trascendencia, requisito fundamental de cara a la pretensión de  quebrantar   el   fallo,   como   lo   ha   señalado   en  forma  pacífica  la  Sala.            

Si  el  objeto  de controversia del recurso  extraordinario  de  casación  es  la  sentencia,  a  expensas  de  demostrar su  ilegalidad,  y  lo  que  se  busca  es  que en virtud de esa situación ésta se  modifique  en favor de la situación de quien promueve la impugnación, no basta  con  el  señalamiento del error sino que es imprescindible demostrar igualmente  que   el   mismo   cuenta  con  la  entidad  de  mutarlo  favorablemente,  carga  argumentativa  que  desde  luego  le  compete  al  promotor del recurso, dado su  carácter esencialmente rogado.    

7.  De lo expuesto en precedencia, sin  dificultad  alguna  se  concluye  que la demanda en general está conformada por  una  cantidad  significativa de cargos que no gozan de claridad, son confusos en  tanto  el  actor  en  su  gran  mayoría  incluye  aspectos  inconexos y a veces  incompatibles,  que  en definitiva impiden determinar los fundamentos sobre cuya  base  pretende  derrocar  el  fallo.  Además, las propuestas son meramente  enunciativas,  al  no  contar  con la necesaria, y en algunos casos, ni siquiera  con  una  mínima  argumentación  que  las  respalde;   también son   repetitivas,  al  ensayar  los  mismos  argumentos  en  diferentes reproches sin  importar  el enunciado creando absoluta incertidumbre, además de que se sustrae  a     indicar     su     trascendencia     frente    al    fallo    objeto    de  impugnación.           

Las  falencias  reseñadas permiten colegir  que  el  libelo  objeto de estudio, no satisface los condicionamientos previstos  en  el  artículo  212  de la Ley 600 de 2000 (225 del Decreto 2700 de 1991), en  especial  el  requisito  formal  establecido  en  el  numeral  3° referido a la  presentación  clara  y precisa de la causal que se invoca y de sus fundamentos.   

8.  Acerca de la posibilidad que plantea en  la  demanda  de  que  la  Sala  case  oficiosamente  el fallo pronunciándose en  relación  con  otras  circunstancias  que  en  su  concepto también configuran  irregularidades  del  proceso,  es  preciso  advertir  que esa pretensión dista  significativamente  de  la  filosofía  que  inspira  la  figura,  porque lo que  pretende  el  actor es que se sometan a consideración situaciones que ha debido  formular como cargos independientes.   

9.  Lo  anterior  se  constituye  en razón  suficiente  para  inadmitir  la demanda presentada por el defensor del procesado  CELIO    ANTONIO    ARROYAVE    GARCÍA  y,  en consecuencia, devolver el expediente el despacho de origen,  de  acuerdo con lo previsto en el artículo 213 ibídem  (226  del  Decreto  2700).  Además, porque no se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se hubiera  incurrido            en           vulneración           de           garantías  fundamentales.          

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  casación interpuesta por la defensora de  CELIO    ANTONIO    ARROYAVE    GARCÍA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aclaración de voto  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

ACLARACION DE VOTO  

          Con  el  respeto  que  siempre  he  profesado por las opiniones y el  criterio  ajenos,  procedo  a consignar las razones que me llevaron a aclarar mi  voto  en  relación con la providencia del 4 de mayo del año en curso, por cuyo  medio   la  mayoría  de  la  Sala  estimó  que  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad,   era   viable   que   el   defensor   del  procesado    CELIO    ANTONIO   ARROYAVE   GARCÍA  interpusiera  recurso  extraordinario  de casación por la vía común, dado que  el  máximo  quantum punitivo  establecido  en  la  norma procesal vigente para cuando se cometió el delito de  destrucción,  supresión  y ocultamiento de documento privado así lo permitía  (artículo  218  del  Decreto 2700 de 1991, modificado por el 35 de la Ley 81 de  1993),  mientras  que  el artículo 205 de la Ley 600 de 2000 que regía para el  momento  de  ser proferido el fallo de segundo grado imponía al censor acudir a  la  casación  discrecional, la cual comporta más exigencias en la formulación  y  demostración  de  cargas  adicionales  y  habida  cuenta que respecto de los  demás  delitos  por  los  que  fue  condenado ARROYAVE  GARCÍA,  esto  es, falso testimonio y aprovechamiento  de  error  ajeno  o  caso  fortuito, no procede el recurso extraordinario por la  vía tradicional.   

         Previo  a  consignar  las  razones  por  las  cuales  no comparto el  referido  planteamiento,  bien  está señalar que en virtud del artículo 29 de  la  Carta  Política  que  se  ocupa  de reconocer derecho fundamental al debido  proceso,  “en  materia  penal,  la  ley  permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable”.   

         Si  bien  por regla general la ley rige para las conductas cometidas  durante  su  vigencia,  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad es posible  excepcionar  tal  postulado  mediante  su retroactividad o ultraactividad. En el  primer  caso,  la  norma  es  aplicada a hechos acaecidos antes de que entrara a  regir,  mientras  que  en el segundo, su aplicación tiene lugar cuando ya no se  encuentra  vigente,  respecto de sucesos ocurridos cuando regía, siempre que un  tal  proceder reporte tratamiento benéfico a la situación del sujeto pasivo de  la acción penal.   

         La  aplicación  de  la  ley  penal  permisiva  o  favorable  supone  sucesión  de  leyes  en el tiempo, esto es, que una disposición sea sustituida  por  otra,  o  bien,  que  coexistan  preceptos  de diferentes ordenamientos con  identidad  en  el  objeto de regulación, en cuanto no corresponde a un criterio  de  interpretación  del  mismo  cuerpo  normativo, como cuando entre dos normas  vigentes   se   aplica   una   de  ellas  eliminando  un  concurso  aparente  de  delitos.   

Según el inciso 2° del artículo 6° de la  Ley  600  de  2000,  “La  ley  procesal  de  efectos  sustanciales  permisiva  o  favorable, aun cuando sea posterior a la actuación,  se   aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable”,  norma  que  tiene la condición de rectora, motivo por el cual  es  obligatoria  y  prevalece  “sobre cualquier otra  disposición”  del mencionado estatuto, a la vez que  presta     utilidad     como     “fundamento    de  interpretación”,  de conformidad con lo establecido  en     el     artículo    24    ibídem.   

De conformidad con el artículo 40 de la Ley  153  de  1887, las leyes de carácter procesal tienen vigencia inmediata y rigen  hacia  el  futuro;  no  obstante,  cuando  de  ellas  se derivan “efectos    sustanciales”    para    el  incriminado,  opera  también  el  principio  de  favorabilidad,  como  clara  y  expresamente  lo  establece  el  inciso  2º  del  artículo  6º del mencionado  estatuto procesal penal, según se precisó.   

         Ahora,  respecto  del  derecho  de  acceso  a  la administración de  justicia  se  tiene  que  los recursos ordinarios a los cuales pueden acudir los  sujetos  procesales  están orientados a ejercer un control sobre las decisiones  interlocutorias  adoptadas,  así  como  respecto  de  las de sustanciación que  deban  notificarse  e  inclusive,  a impugnar la sentencia de primer grado, dado  que  la  función  de  las  instancias  se encuentra circunscrita a acreditar el  comportamiento  cometido  y  su  estructura  delictiva,  establecer  el  autor o  partícipes   y   su  responsabilidad  penal,  así  como  adoptar  las  medidas  necesarias para hacer efectivo un eventual fallo de condena.   

          A  diferencia  de  lo anterior, el objeto del recurso extraordinario  de  casación  no  son  las  conductas de los procesados, ni los delitos, ni las  decisiones  judiciales  en  general, sino única y exclusivamente las sentencias  de  segundo  grado, incluidas las de primera instancia cuando ello sea viable en  virtud  del  principio  de  unidad  de  los fallos, a partir de unos propósitos  específicos,  unas  causales  taxativas y unas reglas técnicas puntuales, cuya  decisión  se  adopta  en un nuevo fallo en el cual se determina si se casa o no  la decisión atacada.   

Así  las  cosas,  en  mi sentir no resulta  acertado  establecer  la  norma  procesal  que regula el trámite del recurso de  casación  para  cuando  se cometió el delito, en cuanto no existen para aquél  momento  los  presupuestos  ni  el  objeto  sobre  el  cual  opera tal mecanismo  impugnaticio.   

         En  efecto,  si  el mencionado recurso extraordinario procede contra  fallos  de  segundo  grado,  es  claro que tal decisión se erige en presupuesto  para  acceder a aquél y, por tanto, su ausencia imposibilita de manera absoluta  acudir  a  dicho medio de impugnación; es por ello que el recurso casacional es  de  carácter extraordinario, precisamente porque su objeto es diverso al de las  instancias  y  al  de  los  otros  recursos,  motivo  por  el  cual se denominan  ordinarios.   

         Entonces,  si  es  sólo a partir del fallo de segunda instancia que  resulta  viable  la impugnación extraordinaria, es evidente que la ley procesal  que  regula su trámite, incluidas las condiciones de procedencia, es la vigente  para   cuando   el  ad  quem  profiere  sentencia,  como  en  efecto, fue criterio asumido de manera reiterada  por   la  Sala1   con   anterioridad  a  las  decisiones  que  ahora  variaron  tal  postura.   

          En  el asunto objeto de estudio advierto que en el artículo 224 del  Decreto  100  de 1980 vigente para cuando se cometió el delito de destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de  documento  privado  por  el  cual fue condenado  CELIO    ANTONIO   ARROYAVE   GARCÍA   (en  el  año de 1996) se establecía una sanción de uno (1) a seis  (6)   años   de   prisión,   quantum   punitivo  que  se  mantiene  actualmente  con  el  artículo 293 que  reprime la misma conducta.   

          Ese  máximo  de  pena previsto para este delito impedía acceder al  recurso  extraordinario de casación por la vía común, al igual que las demás  conductas  por  las que fue condenado el     procesado, esto  es,  falso  testimonio  y  aprovechamiento  de  error  ajeno o caso fortuito, de  acuerdo  con  el  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, normatividad vigente para  el  momento  en  que  fue proferido el fallo (9 de diciembre de 2003), según el  cual   es   viable   contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  “en  los procesos que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”  (subrayas   fuera  de  texto),  motivo  por  el  cual  necesariamente  para acudir a este medio extraordinario de  impugnación se  contaba  en  forma  exclusiva  con  la  posibilidad  que  concedía la casación  discrecional  o  excepcional,  prevista  en  el  inciso tercero de la mencionada  preceptiva,  vigente  para  la  fecha  del  fallo  impugnado (Diario Oficial No.  44.097  del  24 de julio de 2000), a condición de que el actor persuadiera a la  Sala  sobre  la necesidad de un pronunciamiento “para  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales”.    

         Adicionalmente  encuentro  que  si el derecho supone como condición  ontológica  la  alteridad  o intersubjetividad, en cuanto no se tienen derechos  por  sí  y  ante  sí  sino  frente  a los demás, es evidente que no existe un  derecho  al recurso de casación en abstracto, sino por el contrario, este tiene  que  ser concreto frente a un supuesto establecido en la ley, que no es otro que  el  fallo  de  segunda  instancia, razón adicional para considerar que la regla  legal  que se ocupa del acceso y condiciones de tal impugnación sólo puede ser  la   vigente   para   cuando  el  ad  quem  dicta  su  sentencia  y no antes, tanto menos, desde el momento en  que se comete el ilícito.   

         Concluyo  entonces,  que  la  mayoría  de la Sala dio vía libre al  recurso  extraordinario  por la vía tradicional y no por la excepcional, como a  mi  juicio  era  lo  debido,  a  la  luz de un aspecto que no era procedente, es  decir,  con  el  argumento  de  dar  valía  al  principio  universal  y derecho  fundamental  a la aplicación de la ley penal más favorable, se desconoció que  en  punto  de  las exigencias cuantitativas para acceder al recurso de casación  no  había  lugar  a  tránsito  de  legislación,  el cual sólo sería posible  analizar  si  hubiera  acaecido  desde  cuando fue proferido el fallo de segundo  grado  y  hasta  el  momento  de  ser  resuelta tal impugnación extraordinaria,  situación que no fue la que sucedió en este asunto.   

          Y   que   si   el   quantum  punitivo  para  acceder al recurso extraordinario de casación está  determinado  por  la  ley  procesal  vigente para cuando se profiera el fallo de  segundo  grado,  no  hay  duda  que si alguna de las leyes sustanciales vigentes  entre  el  momento en el cual se cometió el delito y aquél en el que se decida  sobre  la admisibilidad del recurso extraordinario safisface el mínimo punitivo  establecido  por  el legislador para tener acceso a tal impugnación por la vía  ordinaria, será procedente dar aplicación a tal precepto.   

         Así  las  cosas,  no  se  imponía  en  este  caso el estudio de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CELIO   ANTONIO   ARROYAVE   GARCÍA   de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 218 del Decreto 2700 de 1991,  modificado  por  el 35 de la Ley 81 de 1993, como si se encontrara satisfecho el  mínimo  de  pena  exigido  para  acceder  al  recurso  de casación por la vía  ordinaria,  sino  que  era  menester  evaluar  las exigencias de la impugnación  extraordinaria  de  carácter  discrecional de conformidad con el inciso 3º del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, vigente para cuando se profirió el fallo  de  segundo  grado en cuanto la sanción máxima dispuesta para el delito por el  que se procedía era inferior a ocho (8) años de prisión.   

         En  los  anteriores  términos  dejo consignada la aclaración de mi  voto,  no sin antes expresar que comparto las consideraciones expuestas en orden  a  estimar que el censor incurrió en múltiples desaciertos en la presentación  formal  del  libelo,  las  cuales  conducían  sin  duda a su inadmisión y que,  además,   no  se  advierten  circunstancias  que  impusieran  la  intervención  oficiosa de la Sala.   

        Con toda atención,   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Magistrada   

Fecha   ut  supra.   

    

1 Auto  del  23  de  julio  de  2001.  Rad.  18463. MM.PP. Drs. Edgar Lombana Trujillo y  Alvaro  Pérez  Pinzón.  Auto  del  11  de  marzo de 2003. Rad. 20449. M.P. Dr.  Carlos Gálvez Argote, entre otras.     

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