22292(26-01-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  22292   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado Ponente   

                 JORGE      LUIS      QUINTERO  MILANÉS   

          Aprobado acta N° 002   

Bogotá.   D.  C., veintiséis (26) de enero de dos mil cinco (2005).   

         V I S T O S   

Se  pronuncia  la  Corte  respecto  de  la  extinción  penal  por  razón  de  la  prescripción dentro del trámite que se  adelanta  contra  OSCAR LAUREANO AMAYA MORALES¸  por     la     conducta     punible    de    estafa    agravada.   

H   E   C   H   O  S   

La  providencia  de  segunda  instancia  los  resumió así:   

“Refieren  los  autos,  que  el  ciudadano  español  Magin  Jaurrieta  efectuó inversiones en el Banco Central Hipotecario  sucursal  Bogotá, a través de las cédulas hipotecarias No. 0039210 de octubre  22  de  1984  por  valor  de  $4.776.731.53, que para Julio de 1992 representaba  $29.842.226.36  y  0173035 de agosto 27 de 1987, por valor de $2.332.145, la que  para   Mayo   de  1992  valía  $7.118.627.11.   Los  citados  títulos  se  depositaron  en  la bóveda del banco y el 9 de Diciembre de 1991 se trasladaron  a la caja fuerte de la sección de Promociones e Inversiones.   

“Los documentos salieron de la caja fuerte  donde  se  hallaban  y  de  la  entidad,  sin  que allí exista constancia de su  retiro,  y aparecieron en poder de un individuo que manifestó llamarse Hernando  Restrepo  Lara,  quien  los  vendió  a la firma Aserfi.  La citada empresa  hizo  efectivo  en  el B.C.H. el 26 de mayo de 1992, el título No. 0173035 y el  21  de  julio del mismo año presentó para su cobro la cédula No. 0039210, que  el  banco  no canceló, precisamente por haber notado que no existía constancia  de su salida del mismo en forma regular.”   

A N T E C E D E N T E S   

1.-  Mediante resolución fechada el 21  de  diciembre  de  1995,  la  Fiscalía  189  Seccional  de la Unidad Tercera de  Delitos  contra  la  Administración  Pública  y Administración de Justicia de  Bogotá,  calificó  el mérito sumarial con resolución de acusación en contra  de  Oscar  Laureano  Amaya  Morales,  por  los  delitos de falsedad en documento  privado y estafa agravada por la cuantía.   

Apelada  la  anterior  decisión  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  y  el  defensor del procesado Amaya Morales, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores  de Bogotá y  Cundinamarca, el 29 de diciembre de 1997, la confirmó.   

2.-  El expediente pasó al Jugado 6°  Penal  de  Circuito  de  Bogotá  que,  luego  de  tramitar  el juicio, el 16 de  diciembre  de 2002, dictó sentencia de primera instancia en la que absolvió al  procesado  de  todos los cargos formulados en su contra en el pliego acusatorio.  En  consecuencia,  se  abstuvo  igualmente  de  condenar  al  tercero civilmente  responsable  (Banco  Central Hipotecario en liquidación), al pago de perjuicios  a la parte civil (ASERFI LTDA.)   

3.-   Contra la anterior decisión  el  representante  de  la parte civil interpuso el recurso de apelación, que al  ser  desatado  por el Tribunal Superior de Bogotá, el 15 de octubre de 2003, la  confirmó    parcialmente    y,    en   su   lugar,   adoptó   las   siguientes  decisiones:   

a)  Declaró  la  extinción  de la acción  penal  por  prescripción  en  lo  atinente a la conducta punible de falsedad de  documento privado.   

b)  “Revocar el  numeral  cuarto  del fallo impugnado, que disponía la entrega del título valor  por  intermedio  del  liquidador  del  Banco  Central Hipotecario a favor de los  herederos  del  señor  Magin  Jaurrieta  y  en su lugar se ordena que éste sea  entregado  y  cancelado  al  representante  legal  de  la Compañía Asesores de  Servicios  Financieros  –  ASERFI LTDA-“.   

C) En lo demás lo confirmó.  

4.  Inconforme con la anterior decisión, el  apoderado   del   tercero   civilmente   responsable  interpuso  el  recurso  de  casación.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

1.   Sería  del  caso  que  la  Sala  se  pronunciara  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada a  nombre  del  tercero civilmente responsable, sino observara que la acción penal  por  razón  de  la  conducta  punible  de  estafa  en  la modalidad agravada se  encuentra prescrita.   

En efecto, teniendo en cuenta lo preceptuado  en  los  artículos  246  y  267  de  la Ley 599 de 2000, la conducta punible de  estafa  agravada  tiene  una pena máxima de 12 años de prisión. Por ello, con  base  en  lo estatuido en los artículos 84 y 86 del mismo estatuto, se advierte  que  el  término  prescriptivo  de la acción penal en el juicio es de 6 años,  lapso  que  en este supuesto se cumplió días después de dictarse la sentencia  de segunda instancia.   

De  otro  lado,  vale  recordar  que  en la  resolución  de  acusación  no se adujo que el procesado cometió dicho punible  por  razón  de  las  funciones  de  servidor  público o con ocasión de ellas,  motivo  por  el  cual  no  es posible a ese quantum punitivo hacer el incremento  punitivo  de  una  tercera parte de que trata el artículo 83 del Código Penal.  Tan  es  así que el Tribunal al momento de estudiar la extinción de la acción  penal,   contrario   a  lo  afirmado  por  el  juzgador  de  primera  instancia,  manifestó:    

“No ocurre igual  con  relación a la conducta punible de estafa agravada por la cuantía, pues la  mitad  del  máximo de la pena a imponer, considerando incluso por favorabilidad  la  nueva  normatividad  penal,  corresponde  a 6 años y éste lapso aún no ha  sido superado”.   

En esas condiciones,  se declarará la  extinción  de  la  acción  penal  por  razón  de  la  prescripción,  pues la  calificación  jurídica  dada a los hechos en la sentencia es la que en última  va fijar el marco jurídico para establecer este supuesto.   

Al respecto, la Corte ha dicho:  

“Ya   en  reiterados   pronunciamientos   se  ha  manifestado  no  es  la  resolución  de  acusación  la  que  ha  de marcar la pauta para una prescripción de la acción  penal,  sino  la  calificación  definitiva  que  se imparte en una sentencia de  condena  rituada conforme a las reglas del debido proceso, como debe ser, ya que  hasta  que  se  produzca  el  fallo  de  casación  y mientras  ésta no se  decida,  los  de primera y segunda instancia, que conforman una unidad, gozan de  la   presunción  de  legalidad,  acierto  y  legitimidad.   Esta  ha  sido  posición  de  la  Sala  desde  muy  antaño,  conforme  se  expuso  en fallo de  Casación  de  20  de junio de 1991, del cual fue ponente el Dr. Guillermo Duque  Ruiz y donde, en lo fundamental, se dijo:   

´Conserva también vigencia para esta Sala,  su  doctrina  plasmada  en  la providencia del 25 de Abril de 1977, con ponencia  del  H.  Magistrado  Dr.  Velasco  Guerrero  y  que corre publicada en la Gaceta  Judicial  (tomo  XLV,  segunda  parte,  No.  239 Bis, pág., 218 y ss), pues que  evidentemente  es  la sentencia el último y definitivo acto procesal en el cual  el  Estado  concreta  concluyentemente el cargo que a través de todo el proceso  se     imputó    al  sindicado.   La  acusación  así definida y concretada, es entonces la que  debe  servir  para  determinar si cuando se profirió la resolución acusatoria,  el Estado todavía conservaba la competencia para hacerlo.   

Pero  como  lo  destaca  la  delegada  y lo  considera  la  Corte,  no  obstante  que  el  casacionista  partió  de premisas  exactas,  su  conclusión  fue  desacertada,  porque desconoció precisamente la  concreción  punitiva  que  se hizo en la sentencia, tal como ya se advirtió al  hacer  relación  a la demanda y como lo explicitó el Procurador en la parte de  su concepto extensamente transcrito en este fallo ´   

“Este  antiguo  criterio  ha  permanecido  indemne  en  el  tiempo y la Corte lo ha reiterado continuamente, conforme puede  apreciarse  en  fallo  y  auto  de casación de noviembre 16 de 1993, abril 9 de  1999  y  octubre  26 de este año, de los cuales fueron ponentes los Magistrados  Ricardo  Calvete Rangel, Dídimo Páez Velandía y Alvaro Orlando Pérez Pinzón  respectivamente,   por   lo   que  el  mismo  ha  de  mantenerse”.1   

2.  De  otro lado, la Sala se abstendrá de  pronunciarse  respecto  de  los memoriales presentados por los distintos sujetos  procesales,  toda  vez que  la competencia queda circunscrita a declarar la  extinción de la acción penal.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

DECLARAR  que la  acción  penal  por  el  delito  de  estafa  agravada  al  que  se  contrae este  expediente  y en el que aparece como procesado, OSCAR  LAUREANO     AMAYA     MORALES,    se    encuentra  prescrita.   En  consecuencia,  se  dispone  la  cesación de la actuación  procesal.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al juzgado de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                 EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                 MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Excusa justificada  

                  TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                     Secretaria   

    

1  Auto  del  12  de  diciembre  de 2000.  M.P. Dr.  Carlos Augusto Gálvez Argote.  Rad.  14985     

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