22249(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22249  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 58.  

          Bogotá    D.C.,    junio   treinta   (30)   de   dos   mil   cuatro  (2004).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  GUSTAVO     ADOLFO    ARENAS    CARDONA,  quien  fue condenado por el Tribunal Superior de Medellín, junto  con   Luis  Fernando  Herrera  Sanmartín,  mediante  sentencia  de fecha mayo 4 de 1995, a la pena principal  de  veinticinco  (40)  años de prisión como coautor penalmente responsable del  delito   de   homicidio   en   Carlos  Enrique  Acosta  Bedoya,  al  revocar el fallo absolutorio proferido en  primera  instancia  por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Itagüí.   La  decisión  del Tribunal no se casó por esta Sala, como se  declaró en  el  fallo  del  25  de marzo de 1999, cuando resolvió el recurso extraordinario  interpuesto en su contra.   

HECHOS  

Esta  Corporación  los  compendió  en  la  sentencia  por  cuyo  medio  resolvió  el recurso de casación, de la siguiente  manera:   

“La  noche  del 9 de julio de 1993, cuando  CARLOS  ENRIQUE  ACOSTA  BEDOYA  se  encontraba en la salsamentaria ‘El  Manantial”,  ubicada la calle 81  N°  54-69  de  Itagüí  (Antioquia),  ingresaron tres individuos y le hicieron  cinco  disparos  de  armas  de  fuego,  que  le  ocasionaron la muerte.  Se  sindicó  a  GUSTAVO  ADOLFO ARENAS CARDONA y LUIS FERNANDO HERRERA SANMARTIN de  ser     coautores     del     hecho”.       

ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  contra  de  los  capturados  se  inició  proceso  penal,  en el cual fueron vinculados mediante indagatoria y resuelta su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  los  delitos  de  homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

El  30  de  marzo  de  1994, se calificó el  mérito  del sumario,  con resolución de acusación por los mismos delitos  contemplados  en  la  definición  de situación jurídica.  Impugnada esta  decisión,  el  17  de mayo siguiente, la Fiscalía Delegada ante los Tribunales  Superiores de Antioquia y Medellín, la confirmó.   

La fase de la causa correspondió al Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Itagüí, el cual, mediante sentencia de fecha  mayo  4  de  1995,  absolvió  a  los  procesados  de los cargos imputados en la  resolución de acusación.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la decisión anterior, el Tribunal la revocó integralmente  y,  en  su  lugar,  condenó  a  los  citados a la pena principal de 40 años de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el   término  de 10 años y al pago de perjuicios, al hallarlos penalmente  responsables  del  delito de homicidio agravado;  así mismo, los absolvió  de   la   conducta   de   porte   ilegal   de   armas   de   fuego   de  defensa  personal.   

Recurrida  extraordinariamente  la  anterior  sentencia,  esta  Sala,  mediante  fallo  de  fecha marzo 25 de 1999, dispuso no  casarla.    

Después  de  haber  cobrado  ejecutoria  el  fallo,  el  Juzgado  4°  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad de  Medellín,  en  razón  al  advenimiento del nuevo estatuto penal, determinó la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  en  materia  punitiva e impuso a  GUSTAVO    ADOLFO    ARENAS   CORREA,   la  pena  principal  de  25  años  de  prisión  por  el  delito de  homicidio agravado.   

LA  DEMANDA   

La  acción de revisión se dirige contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Medellín, de fecha mayo 4 de  1995,  por  cuyo  medio  se  revocó la de primer grado de carácter absolutorio  proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Itagüí.   

El  defensor  solicita  la  revisión  con  fundamento  en  el  numeral  3°  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, por  considerar  que  hay  pruebas nuevas, “que establecen  la inocencia de mi representado”.   

Antes  de  referir  a  las pruebas sobre las  cuales  edifica  su  pretensión,  el  demandante hace énfasis en que la única  probanza  que sirvió de fundamento al fallo condenatorio fue la de Alba   Viviana   Rivera  Lara,  compañera  permanente  del occiso, quien revistió la condición de testigo de oídas en el  proceso,   por   cuanto   la   Fiscalía  nunca  logró  demostrar  “de  manera  clara  directa  y  sin lugar a dudas, que lo que esta  (sic)   manifestaba   era  cierto”.   

Dicha  declaración,  continua, “estuvo     plagada     de     contradicciones    y    situaciones  inverosímiles”;   lo  que también se advierte  en  relación  con las rendidas por los demás testigos de oídas, las cuales se  dedica a desarrollar.   

De  lo  expuesto,  concluye que “Lo  anterior es para mostrar que solo del hecho homicida existió  un  solo testigo, que fue el menor de edad, JHOJAN FREDY MOLINA RODRIGUEZ, quien  atendía  en  el momento del crimen, a la clientela”.   

Señala  que  el  referido  testigo ahora es  mayor  de edad y “recuerda perfectamente quien fue el  que  ocasionó  la  muerte de Carlos Enrique Acosta”,  como  lo  plasmó  en la declaración extra proceso que se anexa a la demanda, y  que  no  fue  ARENAS CARDONA,  indica  el  censor,  por  cuanto “se encontraba en su  casa,  según  testimonio  que  se  presentará  en  la persona de JORGE ALBERTO  RESTREPO  HENAO, cuñado del difunto, del mismo modo el testimonio de la Señora  MARIA  RUBI PALACIO DE BEDOYA, prima del interfecto, quien aclara la realidad de  los  hechos  que  dieron  lugar  a  la  muerte  del Acosta Bedoya”.   

En  apoyo  de  su pretensión, el demandante  allega  la  referida   declaración  extra proceso rendida por Johjan  Fredy  Molina  Rodríguez  ante el  Notario  Primero  de  Itagüí,  en  donde  manifiesta que la persona que le dio  muerte  a  Carlos  Enrique  Acosta  Bedoya,  “yo no se el nombre pero a el le dicen  MACO”,   a   quien   describe   como   “flaquito,  altico,  peli  negro,  rapadito  con  ojos  cafés, un  poquito  frentón,  con bosito, donde yo lo volviera a ver sabría quien es pero  no lo he vuelto a ver”.   

Adicionalmente, el libelista solicita que se  escuche   en   declaración   a  Jhojan  Fredy  Molina  Rodríguez,  Jorge Alberto Restrepo Henao y  María  Rubi  Palacio de Bedoya;  de  igual    modo,    que    se    practique   inspección   judicial   “Al  lugar  y  fecha  de  los  hechos, para establecer la realidad  sobre   la  circunstancias  de  Tiempo  Modo  y  lugar  en  que  ocurrieron  los  acontecimientos”.   

Con  base  en  lo  expuesto,  solicita  la  revisión del fallo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La acción de revisión tiene como finalidad  la  remoción  de  la  intangibilidad propia de la cosa juzgada, por lo tanto el  legislador  ha  previsto  para  su  admisibilidad el cumplimiento de rigurosas y  taxativas  exigencias,  que  no son otras que las señaladas en el artículo 222  de la Ley 600 de 2000.   

En  atención  a  que  esta  acción procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  del  actor  allegar  copia  de  las  providencias  de  primera  y segunda  instancia con su respectiva constancia de ejecutoria.   

Cuando la causal invocada es la contenida en  el  numeral 3º del artículo 220 del nuevo estatuto procesal, por la aparición  de  hechos  nuevos  o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para  acreditar la inocencia del  condenado  o  su  irresponsabilidad, tales novedosos elementos probatorios deben  también  ser  aportados  junto  con  la  demanda  y ser idóneos para demostrar  cualquiera de las finalidades antes precisadas.   

En  el asunto objeto de estudio por parte de  la  Sala  pronto  se  advierte que el demandante anexa copia de fallo de segundo  grado  contra  el  cual  dirige  su  pretensión,  y  aparece  constancia  de su  ejecutoria,  con  lo  cual  se  encuentra  satisfecho  uno  de  los presupuestos  esenciales para la admisión de la demanda.   

          No  obstante,  si  bien  al  libelo  se  anexa  la  declaración  de  Johjan    Fredy    Molina    Rodríguez,  de  su  contenido  material  no emerge con nitidez la suficiencia  para  derruir  en la forma prevista de acuerdo con la causal invocada el soporte  probatorio  que  sustenta  la  atribución  de  responsabilidad que se considera  injusta.   

Esto,   por   cuanto   se   trata  de  una  retractación,  pues  en  la  versión que rindió originalmente el citado en el  proceso,  cuando  era  menor  de edad, señaló que no pudo percibir los hechos,  toda  vez  que si bien se encontraba en el establecimiento donde tuvo ocurrencia  el     deceso    violento    de    Carlos    Enrique  Acosta,  para el preciso instante en que se produjeron  los  disparos  que le segaron la vida, se encontraba en el sanitario, situación  que le impidió visualizar al autor del atentado.   

En la versión extraproceso que se allega con  el  libelo,  el  deponente aduce algo totalmente distinto a lo que sostuvo en su  versión  original,  pues ahora sindica en forma directa como autor único de la  muerte    violenta    a    un   sujeto   a   quien   le   decían   “Maco”,  de  quien no conoce su nombre  pero  que,  de  acuerdo con lo que  surge del material probatorio acopiado,  se  trataba  de  otro  individuo  que, junto con los condenados, estaba también  implicado  en  la  conducta,  de quien se sabe falleció con posterioridad y que  respondía     al     nombre    de    Juan    Carlos  Restrepo.   

Como se puede apreciar con claridad, se está  frente  a  un  retractación,  en la medida en que el mismo deponente ofrece dos  versiones  contradictorias  sobre la forma en que tuvieron ocurrencia los hechos  y especialmente en cuanto a la autoría del delito.   

Esta  Sala ha sostenido que la retractación  por  sí  misma no se puede considerar como un hecho que revista incidencia para  variar  sustancialmente  la  atribución  de  responsabilidad  en los fallos, en  tanto  no  se  puede  determinar  en cuál de las versiones enfrentadas está la  verdad,  de  allí  que  en  estos  casos el fallo objeto de revisión permanece  incólume  bajo  la presunción de acierto y legalidad, pues solo cuando se haya  determinado  sin  temor  a  equívocos  que  mintió  en una de tales versiones,  podrá    dársele    trámite    a   la   acción1.               

Por  otro  lado,  la  verdad  de  la segunda  declaración  no  se  puede  establecer  simplemente  por  lo  que  sostiene  el  accionante  al  señalar  que  Jhojan Fredy  “ahora  es  mayor  de  edad y recuerda  perfectamente   quien   fue   el  que  ocasionó  la  muerte  a  Carlos  Enrique  Acosta”;    porque  esa  condición  no  está  necesariamente  relacionada con la fijación del recuerdo, aspecto que, incluso,  llevaría  a  inclinarse  por  la  que  rindió  en el momento más cercano a la  ocurrencia  a  los  hechos  y no por aquélla, cuando han transcurrido casi once  años     desde     su    producción.          

Tampoco  resultan  pertinentes  los  medios  probatorios  que solicita en la demanda con el propósito de desvirtuar la doble  presunción  de  acierto  y legalidad que precede al fallo objeto de revisión y  justifique   remover   la   res  iudicata,  esto  es,  la  recepción  del  testimonio del menor Johjan   Fredy   Molina  Rodríguez,  para  corroborar   lo   dicho   en   la   versión   extra  proceso,  de  Jorge    Alberto    Restrepo    Henao   y  María    Rubi    Palacio    de   Bedoya,   quienes   según  dice,  se  encargarán  de  ratificar  que  su  representado  no estaba en el lugar de los hechos, y menos aún con la práctica  de  una inspección judicial, por cuanto, el único fin que persiguen es revivir  el  debate  probatorio  superado  en  el  proceso  originario,  tópico  que  no  compagina con la teleología de la acción de revisión.   

Es evidente que el demandante olvida que esta  acción  no  está  instituida  para  reabrir  debates de naturaleza jurídica o  fáctica  que  se surtieron en su oportunidad dentro de un proceso ya culminado,  ni  para  volver  a valorar los medios de prueba que sirvieron de pilar al fallo  ejecutoriado,  sino  para remover la decisión que hizo tránsito a cosa juzgada  en  procura  de conseguir una declaratoria opuesta y, en todo caso, favorable al  condenado,  en  razón  del  surgimiento  de  hechos  y  pruebas que ostenten la  calidad exigida por la ley.   

Adicional  a  lo  anterior, el demandante no  tiene  en  cuenta que en la actuación fue debatida a espacio la responsabilidad  de    GUSTAVO   ADOLFO   ARENAS   CARDONA.   

En  efecto,  en  el  fallo de segundo grado,  contra  el  cual  se  dirige  la  acción, se le dio plena credibilidad al dicho  Alba  Viviana  Rivera  Lara,  pues  no  obstante  tratarse  de  una  testigo  de oídas su relato “no  es  una  creación  fantasiosa  y  menos malintencionada para  perjudicar  gratuitamente a GUSTAVO AOLFO y a LUIS FERNANDO (…) no hay ningún  fundamento  lícito para pensar que ALBA VIVIANA, en el mismo instante en que se  realizaba  el,  levantamiento  del  cadáver  de  su  compañero, hubiese tenido  agallas  para  inventarse  una  trastada  como  la  de autos en perjuicio de los  procesados”.           

En ese mismo sentido, también se sostuvo lo  siguiente:   

“respecto    de   las   circunstancias  concomitantes   del   punible,   ALBA   VIVIANA   es   sin   duda   ‘un   testigo   de  oídas’;   pero esa sola razón, como lo  tienen  dicho  la  doctrina  y  la  jurisprudencia  (Corte  Suprema de Justicia,  casación  de  diciembre  2/93,  M.P.  Dr.  Jorge  Carreño Luengas) no le resta  credibilidad  a  sus  afirmaciones, máxime si la misma asegura que vio correr a  los  autores  del  hecho,  uno  de  los  cuales -ADOLFO- aún portaba el arma de  fuego,  y que con antelación en ellos había surgido el móvil de la agresión,  las  amenazas de muerte si no devolvía el revólver o su valor, manifestaciones  cuya  veracidad  no hay ningún motivo serio para poner en tela de juicio.   Más  fácil  pues  le  habría  sido  a  ALBA  VIVIANA ubicarse de una vez como  testigo  en  el  lugar  de los hechos, en lugar de acudir a la sarta de mentiras  que  supone  el  de instancia, involucrando a otras personas que seguramente por  temor  no colaborarían en la aclaración de la verdad del crimen”.   

El  dicho  de la testigo de oídas, además,  fue  confrontado  con  el  de  los  demás  medios  de  prueba  obrantes  en  el  expediente,  por lo que no se puede pretender ahora su resquebrajamiento con las  testimoniales  referidas  y  una inoportuna inspección judicial al lugar de los  hechos,  cuyo  objetivo no es distinto al de discurrir nuevamente sobre aspectos  decantados,  pues  de  acuerdo  con  la  versión de la compañera del occiso, a  pesar  de  ser  una  testigo  de  oídas  en  tanto no pudo ver a la persona que  disparó  el  arma  en  contra de su compañero, no pone en duda la presencia de  GUSTAVO  ADOLFO,  al  verlo  cuando salió corriendo, incluso portando un arma de fuego.   

Por tanto, palmario resulta que los medios de  prueba  ahora aducidos no poseen la novedad pretendida por el defensor, en punto  de  brindar  elementos  de  juicio  sobre  un  aspecto  que  fue suficientemente  debatido y abordado durante las instancias.   

         

          Así  las  cosas,  dado  que  la  acción  de  revisión  según  la  concepción  legislativa  no  constituye  una  prolongación  del  juicio ni una  instancia  adicional  con  virtud  para franquear el acceso a una pretensión de  lograr  enmienda  a  supuestos  errores  de procedimiento o de juicio en los que  pueda  haber  incurrido  el  sentenciador  al  valorar  las pruebas, como parece  entenderlo  el  demandante,  para lo cual se contó con las oportunidades que la  ley  tiene  establecidas en las instancias, y agotadas éstas, con la casación,  es  claro  que  la  demanda  que viene de examinarse no apunta a la finalidad de  este  instituto, sino, apenas, a suscitar una nueva ponderación probatoria, con  base   en   elementos   de  juicio  despojados  de  la  aptitud  requerida  para  ello.   

Por   tanto,   como  el  escrito  incumple  básicamente  la exigencia formal que para su admisión establece el numeral 3º  del  artículo  222  de la Ley 600 del 2000, resulta imperiosa su inadmisión de  conformidad con lo indicado en el artículo 223 del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      RECONOCER personería  al      doctor      Belffort     J.     González  Hernández,    como   apoderado   de   GUSTAVO  ADOLFO  ARENAS  CARDONA, en los  términos   y   para   los   efectos   señalados   en   el  poder  que  le  fue  otorgado.   

         2.                      INADMITIR  la demanda  de  revisión  presentada  por  el  por  el  apoderado  especial  de  GUSTAVO ADOLFO ARENAS CARDONA,   de   conformidad   con  las  razones  consignadas en la anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   Secretaria       

1  Radicación  18275,  auto  de  fecha  septiembre 23 de 2003, M.P. Dr. Jorge Luis  Quintero  Milanés,  y  auto de fecha febrero 8 de 1995, M.P. Dr. Carlos Eduardo  Mejía Escobar.              

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