22177(26-01-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 002.  

Bogotá D.C., veintiséis (26) de enero de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  EMPERATRIZ  HERRERA  CUENCA,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá  el  24 de septiembre de 2003, mediante la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado  Treinta  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad el 28 de junio de  2001,  por  cuyo medio la condenó como autora penalmente responsable del delito  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada por el  uso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El 11 de mayo de 2000 la Fiscal 109 Seccional  de   Bogotá   aprehendió   a   EMPERATRIZ   HERRERA  CUENCA al pretender desempeñarse como defensora de un  procesado  que  se  disponía  a  ampliar  su  indagatoria  en  aquél  despacho  judicial,  para lo cual exhibió una licencia temporal para ejercer como abogada  que  vencía  el  31 de agosto de 2000, cuando en verdad, la licencia que le fue  otorgada  en  razón a culminar sus estudios de derecho había expirado el 24 de  mayo de 1998.   

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco  la  vinculó  mediante indagatoria,  resolviéndole  su  situación  jurídica  el  17  de mayo de 2000 con medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  posible  autora  del  delito  de  falsedad  material  de particular en documento  público agravada por el uso.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  22 de septiembre de 2000 con resolución de acusación en contra  de  la  procesada  como  presunta  autora  delito  que motivó la imposición de  medida de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Treinta Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido  el  rito  correspondiente profirió fallo el 28 de junio de 2001, por cuyo medio  condenó  a  EMPERATRIZ  HERRERA  CUENCA  a  la  pena principal de cuarenta y dos (42) meses de prisión, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso,  como  autora  penalmente responsable del delito por el cual fue acusada,  oportunidad  en  la  cual  le  negó  el  subrogado  de la condena de ejecución  condicional.   

          Impugnado  el  fallo por la defensa, el Tribunal Superior de Bogotá  lo  confirmó  mediante  sentencia  del  24  de  septiembre  de  2003,  pero  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  rebajó  las  penas (principal y  accesoria)  a  treinta  y  ocho  (38)  meses de prisión. Tal decisión es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria   interpuesta  por  el  defensor  de  EMPERATRIZ             HERRERA.   

LA DEMANDA  

El  recurrente formula tres cargos contra el  fallo de segundo grado, los cuales postula y desarrolla así:   

          1.        Primer  cargo:  Falso  juicio  de  existencia  por  suposición  del  dictamen grafológico.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  actor  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  en  cuanto  supuso una prueba que nunca fue practicada, esto es, el  dictamen  practicado  por  el  grafólogo  Pedro Moreno  Sanabria,   quien   se  limitó  a  exponer  que  por  encontrarse  el documento dubitado en fotocopia era imposible establecer de qué  manera se realizó la falsificación.   

          2.        Segundo  cargo:  Falso  juicio  de identidad por tergiversación del  dictamen pericial.   

          También  bajo  la  égida de la causal primera de casación, cuerpo  segundo,    el   recurrente   asevera   que   el   ad  quem  incurrió  en error de hecho por falso juicio de  identidad  por  tergiversación  del contenido fáctico del dictamen pericial al  expresar    “No   se   requiere   tomar   muestras  grafológicas  al  Doctor  SANABRIA  MELO,  cuando  aparece  claro que la única  licencia  temporal expedida a HERRERA CUENCA fue la que caducó el 24 de mayo de  1998.  Basta  la verificación de los registros oficiales, es prueba convincente  de      la      falsedad      de      la      licencia     confutada”.   

          Agrega  que  el  referido dictamen se ocupó únicamente de efectuar  una  confrontación de los registros históricos de la Sala General del Tribunal  y  en  el  cual  el  perito  informa  que  no  aparece  nueva anotación o nueva  solicitud  de  licencia  temporal,  “pero no practica  ningún  método  científico  que  fundamente  que  el  documento  dubitado sea  apócrifo  ya  que  jamás  se  discutió  sobre  la  posible ilegalidad sino la  veracidad”.   

          Concluye  que  el  falso  juicio  de  identidad  radica en que en el  dictamen   se   dijo   que  la  licencia  temporal  exhibida  por  la  procesada  posiblemente   era   falsa   pues   en   la  Secretaría  General  no  aparecía  documentación  que  la  soportara, en tanto que los falladores consideraron que  no  era  necesaria  la  prueba  técnica  en  atención a que con la inspección  judicial  realizada  a  tal  dependencia  del  Tribunal se lograba establecer la  falsedad de la citada licencia.   

          3.        Tercer   cargo:   Falso   juicio  de  existencia  por  omisión  del  testimonio   de  Olinda  Cortés  Sánchez.   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  defensor afirma que el Tribunal incurrió en error de hecho por falso juicio  de   existencia   al   ignorar   que   Olinda  Cortés  Sánchez  declaró  bajo juramento que “VIENDO  DE  CERCA,  SI  ESA  ES  LA FIRMA DEL DOCTOR Y TAMBIEN ES EL  FORMATO UTILIZADO POR EL TRIBUNAL”.   

          Indica  el  actor  que  si  la  referida  declarante llevaba para la  época  de  ocurrencia  de  los  sucesos  cerca  de  once  años laborando en el  Tribunal  de  Bogotá, era necesario apreciar su testimonio al poner de presente  que  era posible que el documento redarguido de falso, hubiera sido expedido por  aquella   Corporación,   como   lo  dijo  la  procesada  desde  cuando  rindió  indagatoria, con lo cual se habría impuesto su absolución.   

          Adicionalmente  dice  que  “esta omisión  de  los  medios de convicción reseñados, absolutamente inexplicable constituye  una  vulneración  de  los  principios constitucionales y legales que regulan la  conducta  de  los  Jueces”,  en  atención  a que el  artículo  250  de  la Carta Política obliga a la Fiscalía investigar tanto lo  favorable  como  lo  desfavorable  y, en tal medida, también ello corresponde a  los jueces, quienes deben guardar imparcialidad en sus decisiones.   

          Destaca  que  la libre apreciación de las pruebas no puede conducir  al  capricho  de  los funcionarios judiciales y que en virtud de ello, no debió  el  Tribunal omitir la valoración de algunos medios probatorios que favorecían  a la procesada.   

Con base en lo expuesto, el defensor solicita  a  la  Sala  casar el fallo atacado y en su lugar proferir sentencia absolutoria  en  favor  de  EMPERATRIZ  HERRERA  CUENCA.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Advierte la Sala, en primer término, que el  recurrente  comienza  por  desatender  en  la  formulación  de  los  cargos  el  principio  de  prioridad,  en cuanto postula tres reproches en el mismo plano de  igualdad  en  cuanto  a  efectos y posibles consecuencias de resultar exitosa la  censura  contenida  en  cada uno de ellos, con lo cual olvida que de conformidad  con  el  mencionado  principio, ante la propuesta plural de censuras corresponde  al  actor  presentarlas  ordenadamente con indicación de aquella que ostenta la  calidad  de  principal  e  igualmente  de  aquellas  que  apenas  alcanzan la de  subsidiarias,  a  fin  de  que  la  Sala  acometa  su estudio de acuerdo con tal  secuencia, dado el carácter rogado de este medio impugnaticio.   

Ya  en  cuanto  a la postulación misma y su  desarrollo, en relación con cada uno de ellos, se tiene:   

          1.        Primer  cargo:  Falso  juicio  de  existencia  por  suposición  del  dictamen grafológico.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por suposición, según lo tiene dicho en forma unánime y reiterada  la  Sala,  tiene  lugar cuando la providencia judicial se edifica con fundamento  en  un medio probatorio trascendente en el sentido de la decisión que nunca fue  allegada  durante  el  trámite investigativo, esto es, porque sin figurar en la  actuación  el  funcionario  judicial  supone  que  allí  aparece y lo tiene en  cuenta  en  el  proceso  de  valoración probatoria con efectos jurídicos en su  proveído,  evento  en  el  cual  corresponde  al  demandante  indicar la prueba  supuesta,  el  mérito  suasorio  que  le  fue  asignado y cómo su marginación  conduce  a  que  la  valoración conjunta de los demás medios de convicción de  lugar  a  una  decisión  diversa a la impugnada y favorable a los intereses del  condenado.   

          En  el  presente  asunto la Sala encuentra que el censor incumple su  deber  de  presentar  el  reproche  con  claridad  y  nitidez,  pues se limita a  señalar  que  el  Tribunal supuso una prueba que nunca fue practicada, esto es,  el    dictamen    del    grafólogo    Pedro   Moreno  Sanabria,  pero  no procede de manera alguna a indicar  en  qué  aparte  de la providencia cuestionada se presentó el yerro, cuál fue  el  valor  probatorio  que  le  fue  otorgado  a  la  prueba supuesta y, lo más  importante,  no  realiza  ningún  esfuerzo  por  acreditar que de no ser por el  denunciado  error,  el  sentido  del  fallo  impugnado  hubiera sido diferente y  favorable  a  los  intereses  de  su  procurado,  todo  lo  cual  denota  que la  postulación   del   cargo   se   torna  meramente  enunciativa  pero  ayuna  de  demostración.   

          Además,   el   impugnante   omite  cualquier  referencia  al  valor  probatorio    que   el   juez   ad   quem  otorgó  a  los  restantes medios de prueba con base en los cuales  fue  sustentado  el fallo de condena que deplora, circunstancia que incide en la  demostración  de  la  trascendencia  del  yerro y que lo despoja de virtud para  derruir  el fallo atacado, más aún, si como se dijo en precedencia, la censura  carece de adecuada fundamentación.   

          Se   impone,   por   tanto,  la  inadmisión  del  cargo  objeto  de  estudio.   

2.            Segundo cargo: Falso juicio de identidad  por tergiversación del dictamen pericial.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  tiene  lugar  cuando  el  juzgador se equivoca al apreciar la prueba,  dado  que,  si  bien  esta  obra  en el proceso, cuando procede a su valoración  distorsiona   su   contenido   material,  bien  por  cercenamiento,  adición  o  tergiversación.  Por  tanto,  en  estos  casos,  el  impugnante está llamado a  señalar  mediante  el  cotejo  objetivo del contenido del medio probatorio y lo  asumido  en  relación  con  el  mismo  en  el  fallo, qué aparte fue omitido o  agregado,  qué  efectos  se produjeron a partir de ello y, especialmente, cuál  es  la  trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  aspecto que no puede tenerse por  cabalmente  demostrado  con  la  simple  exposición  subjetiva del criterio del  actor  acerca  del valor que corresponde al medio de prueba que estima objeto de  un  error  de  hecho  por la naturaleza del que aquí se da cuenta, pues resulta  imprescindible  que,  además  de  acreditar  el  yerro  demuestre  que el mismo  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a  la  aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el error, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto con las demás modificaría sustancialmente el sentido de  la decisión reprochada.   

          Al  auscultar  el  planteamiento del cargo cuya presentación formal  se  analiza,  encuentra  la Sala que el censor incumple tales supuestos legales,  pues  aunque identifica la prueba que estima distorsionada, esto es, el dictamen  pericial  que  obra  en la actuación, no señala cuál fue el aparte cercenado,  tergiversado  o  adicionado  y  tampoco  indica  el efecto que un tal yerro pudo  tener  en  el fallo objeto de impugnación, omisiones que a la postre le impiden  demostrar  que  de  no  ser  por  el  error  que  denuncia, la sentencia hubiera  terminado siendo favorable a los intereses de su representado.   

En efecto, el casacionista encamina su labor  únicamente  a reprochar que el Tribunal considerara a partir de otros medios de  prueba,  tales  como  las informaciones suministradas por la Secretaría General  del  Tribunal de Bogotá sobre la vigencia de la licencia temporal otorgada a la  procesada,  así  como la constancia de culminación de estudios expedida por la  Universidad  Santo  Tomás,  que  podía  concluirse  en  grado  de certeza, sin  necesidad  de  estudio grafológico, que el documento utilizado por EMPERATRIZ  HERRERA CUENCA para fungir como  defensora, era falso.   

Tal  forma  de  planteamiento  es  ajena  al  ámbito  de  esta  impugnación  extraordinaria,  que  no  está instituida para  reabrir  debates  ya  clausurados o para reprochar exclusivamente la valoración  que  de  las  pruebas  efectuaron  los falladores, dado que es imprescindible en  punto  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial identificar errores  trascendentes  de  los  funcionarios judiciales y no simples discrepancias en el  campo  de  la  valoración  probatoria,  por  virtud  de  la dual presunción de  acierto    y    legalidad    con    la   que   llega   amparada   la   decisión  impugnada.   

          En  efecto,  la  simple  disparidad de criterios no constituye yerro  demandable  en  casación,  habida cuenta que dentro del sistema de apreciación  probatoria  que  nos  rige,  es decir, el de la sana crítica, además de que el  fallo   de   instancia   ingresa  al  recurso  extraordinario  amparado  por  la  presunción   de   que  las  probanzas  fueron  bien  apreciadas  y  el  derecho  correctamente  discernido  por  el  sentenciador,  éste  goza  de libertad para  justipreciar  los  elementos  de  juicio sólo limitado por los postulados de la  ciencia,  de  la lógica y de las máximas de la experiencia, cuya transgresión  se  debe  postular  por  los  senderos  del error de hecho por falso raciocinio,  razón  adicional  para  advertir  las  incorrecciones  técnicas  de la censura  objeto de análisis.   

Entonces,  la  inadmisión de este cargo es,  por tanto, la decisión a adoptar.   

         

3.            Tercer cargo: Falso juicio de existencia  por   omisión   del   testimonio  de  Olinda  Cortés  Sánchez.   

Tiene  dicho  la Sala que el falso juicio de  existencia  por omisión se presenta cuando la decisión se estructura con total  marginación  de  un  medio  de  prueba  que ha sido allegado al proceso legal y  oportunamente,  esto  es,  con  observancia  del  debido proceso probatorio, que  resulta  trascendente en el sentido de la decisión. Cuando se invoca esta clase  de  censura  corresponde al demandante identificar el medio omitido, cuál es la  información  que  objetivamente  brinda,  qué  mérito demostrativo debe serle  asignado  y  de  qué  manera  su  ponderación  integrada a la de los restantes  elementos   que  configuran  el  acervo  probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones del fallo censurado.   

          A  través  del presente cargo, el demandante ciertamente identifica  la  prueba  que  estima  omitida,  pues  como  tal  señala  la  declaración de  Olinda Cortés Sánchez, pero  no  expone  las  razones  por  las  cuales  considera  que fue marginada por los  juzgadores  del proceso en valoración, cuando lo que sin dificultad se advierte  es  que  una  tal  afirmación  no  resulta  exacta,  pues  es lo cierto que tal  testimonio  fue  objeto  de  preciso  y  detenido  análisis (fol. 101 y ss c.o.  9).   

En  punto  de acreditar la trascendencia del  cargo   el  demandante  ignora  los  restantes  medios  de  prueba  válidamente  practicados  o incorporados al expediente que sirvieron de fundamento al fallo y  no  demuestra  por qué tenía que habérsele dado al testimonio de Olinda  Cortés el mérito suasorio que él  considera y no el que le otorgó el Tribunal.   

          También  se  observa  que  en  manifiesta  confusión  técnica, el  censor  procede,  sin  más, a deplorar que al no ser apreciadas las pruebas que  indicó    (el    dictamen    pericial   y   el   testimonio   de   Olinda  Cortés),  el  Tribunal  violó el  principio  de  investigación  integral  de  su  asistida, sin percatarse que el  referido  postulado  no  se  refiere  a  la  falta  de valoración de los medios  probatorios,  sino  a que no se hayan practicado o aducido en su momento pruebas  en  favor  y  en  contra  de  la  persona  investigada.  A su vez, olvida que la  violación  de tal principio corresponde adelantarla bajo la égida de la causal  tercera   de   casación,   sustancialmente   diversa  a  la  invocada  en  este  caso.   

Tan  ello es así, que en punto de alegar la  violación  del  principio  de  investigación  integral,  de  tiempo  atrás ha  señalado   la  Sala  que  resulta  insuficiente  relacionar  las  pruebas  cuya  práctica  fue  omitida,  dado  que  es preciso señalar su fuente, conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  amén de su incidencia favorable en los intereses del  procesado  frente  a las conclusiones del fallo, pues la omisión de diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles o superfluas, no constituye menoscabo del  derecho  a  la defensa del incriminado. Además, es necesario en tal caso que el  censor  demuestre  que  las  pruebas  echadas  de menos, al ser cotejadas con el  acervo  probatorio,  trastocan  las conclusiones de los falladores, así como el  sentido  de la sentencia, razón por la cual resulta imprescindible invalidar la  actuación   a   fin   de   allegarlas   y   contar   con   la   posibilidad  de  valorarlas.   

En consecuencia, se impone la inadmisión de  esta censura.   

          Finalmente  es  pertinente expresar que en el desarrollo de los tres  cargos  propuestos  el  defensor  no señaló las normas sustanciales que estima  violadas  indirectamente  por  los  falladores, omisión que denota una vez más  ausencia de técnica en el libelo.   

Así  las cosas, encuentra la Sala que si el  casacionista  no  ajusta  su  demanda  a  las  reglas dispuestas para postular y  demostrar  los  reproches  que  presentó contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

          Adicional  a  lo anterior, tampoco la Sala advierte que se configure  alguna  circunstancia  que,  previo  el  trámite  correspondiente,  amerite  su  intervención oficiosa.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de la procesada EMPERATRIZ  HERRERA CUENCA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

       Excusa  justificada   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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