22098(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22098  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Aprobado Acta No. 14  

Bogotá  D.C.,  siete  de  febrero de dos mil  siete.   

Procede  la  Sala  en  ésta  oportunidad  a  resolver  de  fondo  el  recurso  extraordinario  de casación penal, instaurado  contra  el  fallo de segunda instancia, el que a su turno confirmó el proferido  por  parte  del  Juez  Penal  del  Circuito  de  la Mesa, Cundinamarca; donde se  emitió  fallo  condenatorio  contra  el  señor CAMILO  RODRÍGUEZ                   VARGAS1, por el delito de PECULADO      POR      APROPIACIÓN2, persona que fue sentenciada a  la   pena   principal   de   seis   (6)   años   de  prisión  y  demás  penas  accesorias.   

HECHOS  

CAMILO    RODRÍGUEZ   VARGAS,     se     posesionó    para    el    cargo    de    SECRETARIO             PAGADOR3   del   Colegio  FIDEL                 CANO4,  ubicado  en la municipalidad  de  Tena,  Cundinamarca.  Entre  el periodo noviembre de 1996 a mayo de 1998, se  apropió  de una considerable suma de dinero, la cual correspondía a pensiones,  cooperativa,  matriculas,  grados, expedición de certificados, sistematización  y,     dineros    entregados    a    él    en    cuantía    de    $25´423.469.oo,  por pago de inscripción  de  los alumnos  e incongruencias de dinero en caja; recursos faltantes que  eran  de  propiedad  del  Fondo  de Servicios Docentes del citado colegio.    

Omitió,  en  dicho  lapso,  rendir  informe  contable  alguno,  sobre  balances,  estado  de  egresos  e  ingresos, extractos  bancarios;  haciendo  –con  dicho  comportamiento-  imposible para la institución de educación, conocer el  estado  financiero  en  la  que  se  encontraba.  No  obstante,  los  constantes  requerimientos,  el  hoy sentenciado, informaba que estaba enfermo, e inclusive,  que  se  portaba  agresivo  y  actuaba en forma extraña, cuando se le ponía el  tema.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  Ante el Fiscal  Local  de la Mesa (Cundinamarca), el 18 de junio de 1998, el señor OSWALDO        ROJAS        CHAVEZ5, formula denuncia penal contra  el   señor   CAMILO   RODRÍGUEZ  VARGAS, por los hechos narrados atrás. (Fl. 5, c. o. 1)   

2.-   La  Fiscal  Seccional   05,   adscrita   a   la   Unidad   Especial  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública  y  el  Medio  Ambiente  de Bogotá, el 22 de junio de  1999,  dispuso  mediante  resolución la apertura de la  instrucción. (Fl. 12, c. o. 1)   

3.- El 26 de mayo de  2000,  previo  a haberlo escuchado en injurada (Fl. 81, c. o. 2), se le resuelve  la   situación  jurídica6   al   señor   RODRÍGUEZ   VARGAS,   calificándola  el  instructor  en  forma  provisional  como  PECULADO POR  APROPIACIÓN;  conducta antijurídica por la que se le  profirió     medida    de    aseguramiento    consistente    en    CONMINACIÓN.    (Fl.    1-10,   c.   o.  2)   

4.-   Se  ordena  cerrar  el  ciclo instructivo  el  19  de  junio  de  2000  (Fl.  30, c. o. 2); acto procesal seguido lo fue la  Resolución  de  Acusación,  fechada  17  agosto  de  2000,  por  el  punible  indicado.  (Fl.  38-44,  c. o.  2)   

5.- El 6 de junio de  2001,  el  Juez  Penal  del  Circuito  del lugar, admite demanda de constitución  de parte civil, sustentada a  nombre  de  la  Secretaría  Jurídica  de  la  Gobernación del Departamento de  Cundinamarca. (Fl. 59-62, c. o. 2)   

6.-  Realizada  la  correspondiente  audiencia  pública (Fl. 178 c. o. 2), el Juez de conocimiento,  el   23   de   enero   de   2003,   profirió   contra  el  señor  CAMILO   RODRÍGUEZ  VARGAS,  sentencia   condenatoria  por  el  punible  imputado,  condenándolo  a  la pena principal de seis  (6)  años  de  prisión, multa equivalente al valor de  lo  apropiado  ($  25´423.469.oo)  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena  principal  impuesta. Así mismo  declaró  que  no le asistía derecho a la suspensión condicional de la pena y,  decretó  un  embargo y secuestro pedido por la representante de la parte civil.  (fl. 2|9-229, c. o. 2)   

7.-   Contra  el  proveído  anterior  la  defensa  técnica  del  sentenciado  interpuso  recurso  ordinario  de apelación, el que fue resuelto por parte del Tribunal Superior de  Cundinamarca,  Sala Penal, el 29 de septiembre de 2003; confirmando la sentencia  impugnada. (Fl. 11-36, c. o. Tribunal)   

8.-  El  abogado  defensor  del  sentenciado  discrepó de la decisión adoptada por el Tribunal y  por  ello  impugnó  dicha sentencia condenatoria (Fl. 60, c. o. Tribunal); y, a  su  turno,  sustentó  el  recurso extraordinario de casación penal, el que hoy  analiza y resuelve la Sala, mediante el presente fallo.   

LA DEMANDA  

Bajo  el  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación   penal,   prevista   en   el  numeral  37  del artículo 207 del Código  de           Procedimiento           Penal8,  correlacionada con el 306 de  la  misma  normatividad  que  predice  la vulneración al debido proceso, por la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales,  el  censor ataca el fallo último, indicando que  sobre  él  pesa  un  juicio de nulidad al haberse responsabilizado penalmente a  una persona como imputable cuando en realidad era inimputable.   

La  censura se centra en el desconocimiento u  omisión  de  traslado  del  dictamen pericial emitido por el médico psiquiatra  forense,   a   los   sujetos   procesales,   dejando   con   ello   –según   el   impugnante-   inane  la  posibilidad   procesal   de   solicitar   del   mismo  experticio,  aclaración,  ampliación   o  adición;  para  concluir  que  por  mandato  legal  existe  la  obligación  del  funcionario  judicial  de  correr  traslado como lo demanda la  norma en sí9   

;  sin  que  sea importante -argumenta- si su  representado  consumó  o  no  el  injusto  típico,  estando  en  capacidad  de  comprender  la  ilicitud  de  su comportamiento o no10.  Termina solicitándole a la  Colegiatura,   se   case  el  fallo  atacado  y  proceda  a  la  anulación  del  juicio.   

MINISTERIO PÚBLICO  

Indica la Procuraduría Delegada para ante la  Corporación,  que  el  ser  humano  tiene  aparejado unos derechos y garantías  propias  de  un  modelo  de  Estado  como el que nos cobija, en el entendido que  personas  a  las que se les procese cuenten con una administración de justicia,  protectora,  entre  otros  derechos, diferente al de aquellas otras personas que  se  encuentran  en desventaja o merma de sus capacidades mentales, y en función  de  tales  presupuestos,  infrinjan  las  leyes penales. Por tanto, dicho Estado  debe  propender  a  proporcionarle  un  trato,  quizás,  más  exigente  en sus  derechos  a  los  inimputables con relación a los imputables, los cuales están  en  las  mismas  circunstancias fáctico jurídicas pero diferentes en relación  con el entendimiento del comportamiento ilícito.   

Siendo  ello  así,  les  corresponde  a  los  expertos  determinar  la  calidad  de  imputable o inimputable de la persona que  está  en entredicho jurídico, para concluir si su comportamiento, a la luz del  derecho,  fue  típico  y,  de  ahí,  entender  que pudo o no autorregularse de  acuerdo  a  su  comprensión, a fin de proporcionarle el tratamiento que más se  adecue.   

De  suerte  que,  al  referirse  a  la prueba  pericial,  el  Código  Instrumental,  no  es  puntual  en  determinar  que  los  traslados  no  son  sólo   para  enterar  a las partes, sino también para  garantizar  en forma material las alternativas del ejercicio del contradictorio,  oportunidad  que  es clara hasta antes de finalizada la audiencia pública, como  bien    lo    enseñaba    el    artículo    27011 del C.P.P.   

         

Ahora:  afirma que la irregularidad demandada  no  tiene la entidad suficiente de quebrar el fallo de segunda instancia, por el  hecho  de  no haber descorrido el traslado respectivo del dictamen, ello en sí,  no  constituye  una  nulidad que vulnere la estructura procesal. Así mismo, que  la  validez  de  la  prueba  junto  con  el  principio  de  contradicción no se  afectaron,    si    se    entiende   –como  está  demostrado  en  el  proceso- que el defensor pudo hasta  antes de la audiencia pública atacarlo.   

El  juzgador dejó clara la razón por la que  no   era   viable   condenar   al   señor  RODRÍGUEZ  VARGAS,  como  inimputable,  teniendo  en  cuenta  los  criterios  de  autoridad  y  de  ciencia  expuestos  por  el galeno al emitir su  diagnóstico  psiquiátrico.  Es  así  como, el referido dictamen tomó para su  conclusión   consideraciones   de  la  enfermedad  como  los  antecedentes  del  paciente,  determinando  al  final  que  tal trastorno mental se originó en los  primeros meses de 1998.    

Para  sentenciarlo  el  Tribunal delimitó la  fecha  de afectación a los bienes, entre los años 1996 a 1997; lapso en el que  conceptuó  Medicina  Legal,  que  el  señor RODRIGUEZ  VARGAS   no   padecía   ningún   trastorno  mental.  Destacándose,  eso  sí,  que  hasta  el  23  de abril de 1998, se presentó un  faltante  mínimo  –enero a  abril-.(Fl. 27, c. o. Tribunal)    

Por tanto, las modalidades desplegadas por el  sentenciado  como  la  expedición  y  cobro  de cheques, lo ponían en un lugar  diferente  al  de  una  persona  con  trastorno  mental,  para  ubicarlo como un  funcionario  que  facilitaba  su comportamiento ilícito, concluyendo, que ni en  el  tiempo  en  que  presentó  algún  trastorno  mental  lo  harían pasar por  inimputable.   

Por  último,  la  conciencia  de la ilicitud  estaba  muy  clara en él como lo afirman los testigos al referirse a su actitud  evasiva,  las  mentiras  que  expresaba  y al desaparecer la información que lo  podía  involucrar, cuando se le hablaba del tema financiero de la Institución.   

Con todo, el señor Procurador Cuarto Delegado  para  la  Casación  Penal,  solicita  de  la  Sala, NO  CASAR, la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

El ataque al fallo de segundo nivel expresado  por  el  censor, va encaminado para que la Sala declare la nulidad de lo actuado  por  vulneración  al  debido  proceso, al no haberse ordenado el traslado a los  sujetos  procesales  por  el  término  de tres (3) días, del dictamen pericial  psiquiátrico  forense  de su protegido jurídico, con el fin único de tener la  oportunidad    procesal   para   solicitar   su   aclaración,   ampliación   o  modificación.    

Cuando  el  embate en sede de casación penal  tiene  como  fundamento esencial la vulneración al debido proceso en cualquiera  de  sus  sentidos  programados  por  la  ley; en forma dinámica y hermenéutica  está  Corporación  viene deshilvanando su concreción y afectación. Por ello,  bien   es  sabido  que  se  deben  puntualizar  todas  aquellas  irregularidades  sustanciales  que  lo  desquicien  de  manera  ostensible y puntual; haciéndose  verdadero  énfasis  ya  sea  en  la  estructura  formal  o conceptual, base del  disenso.   

Es  por  ello  importante  para  motivar  el  enfrentamiento  entre lo descrito por la ley y lo actuado en las instancias que,  exista    primero,   una  identificación  clara,  fiel  y meticulosa del acto irregular motivo de ataque;  segundo, deberá –así   mismo-  demostrarse  en  forma  puntual  cómo  dicha  actividad  socavó  la  probidad  de  la  actuación o su  composición    programática   en   su   contenido   formal   o   material,   e  indiscutiblemente  si  se presentó una afectación a las garantías procesales;  tercero, argumentar por qué  razón  la  violación  propuesta  es  irreparable,  tanto como para declarar la  infirmación  del  fallo  atacado;  cuarto,  es indispensable indicarle a la Corte el momento preciso a partir  del cual deberá reponerse el proceso.    

No  tendría  ninguna  eficacia lo enunciado,  sino  se  acopla  con lo disciplinado en el artículo 310 de la Ley 600 de 2000,  referido  a  los  principios  que  integran  la  declaratoria  de las nulidades:  convalidación,         concreción,         trascendencia,         protección,  residualidad.   

         

Pues bien, al censor le interesó indicar que  no   se   presentó   el   traslado   del   dictamen  y  con  ello  –en su sentir- se vilipendió el debido  proceso,  más  no  le  es  esencial como lo anunció que, su defendido sea o no  inimputable.   

El  referido  dictamen  siquiátrica  forense  reposa  en  la  actuación  a  folios 134 a 136 del c. o. 1, en él El Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses, Regional Bogotá, Grupo de  Psiquiatría  y  Psicología  Forenses,  el  27 de septiembre de 1999, concluyó   

“1.-   El  sindicado  examinado,  CAMILO  RODRÍGUEZ  VARGAS,  presentó  para los primeros meses de 1998 (Marzo-Abril) un  trastorno  Mental  Transitorio  con  secuelas (Depresión Mayor) que le impidió  comprender  y  autodeterminarse  en  los  malos  manejos de dineros públicos, a  partir  de  esa  época y nó (sic) con anterioridad a  la misma”.   

“2.- Para la actualidad se encuentra normal  psiquiátricamente”.   (Fdo.   DAGOBERTO   ANTONIO  DÍAZ  OSORIO,  Psiquiatra  Forense,   Código   510-3”.   (Negrillas   y   subrayado   incluido   en   el  texto)   

A fin de rendir su informe, el galeno empleó  la  técnica  de estudio del proceso junto con la evaluación al sentenciado; se  refirió  a  los  antecedentes familiares y personales del mismo, sin desconocer  que    el    señor   RODRÍGUEZ   VARGAS,   desde  el  año  de  1990,  en  forma  esporádica  ha  recibido  tratamiento siquiátrico.   

A  folio  240 del c. o. 1, aparece constancia  elaborada  el día 25 de febrero de 2000, en donde la Fiscalía Seccional Quinta  de  la  Unidad  Especial de Delitos contra la Administración Pública, accede a  la   solicitud   del  defensor  del  indiciado  de  posponer  la  diligencia  de  ampliación  de  indagatoria,  toda vez que la solicitud tiene como fin estudiar  el expediente ya que no lo conocía.   

Al  definírsele  la  situación jurídica al  señor  RODRÍGUEZ VARGAS, el  instructor  hace  especial  hincapié  en  el  contenido  del  dictamen pericial  psiquiátrico  (Fl.  5,  c.  o.  2)  para  fundamentar su decisión de imponerle  medida  de  aseguramiento;  dicha  providencia fue notificada el 2 de junio a su  defensor  y  el  6  del  mismo  mes y año al conminado. (Fl. 10, c. o. 2). Así  mismo,  base  de  la  decisión  de  resolución  de  acusación  en  cabeza del  implicado,  lo  fue el citado dictamen. (Fl. 41 c. o. 2). Los sujetos procesales  en  forma  igual  se  notificaron  de  dicha  decisión:  el  imputado  el  3 de  agosto   de  2000  y  la  defensa técnica el día 22 del mismo mes y   año.   

En  la  audiencia  ante  el Juez, el imputado  aceptó  que  había  sido interrogado por el perito psiquiatra al momento de la  respectiva valoración. (Fl. 178, siguiente, c. o. 2).   

El señor Fiscal asignado al caso, motivó su  petición  de  condena  sobre  la  pericia  de marras, afirmando que durante los  meses    de    octubre    del    1996   a   noviembre   de   1997   –según el experticio psiquiátrico- el  imputado  era consciente de sus actos y no así en los meses entre marzo y abril  de  1998,  siguiendo  el  citado dictamen. (Fl. 179, c. o. 2). Inclusive, en los  alegatos   de  la  defensa  técnica  se  hace  concreta  citación  al  estudio  psiquiátrico  tantas  veces  indicado;  y para atacar el dictamen elaborado por  Medicina  Legal,  la defensa se refirió a otro visible a folio 105 del c. o. 1.   

Así  las  cosas, se evidencia una arremetida  constante  contra  el  varias  veces  citado  examen psiquiátrico; en cada acto  posterior  procesal  se  menciona,  trata  y  estudia. De él emana la medida se  aseguramiento,  la  imputación  y  los  fallos  de  condena.  Todo  gira  a  su  alrededor,  tanto así que la defensa técnica solicitó postergar la diligencia  de injurada para enterarse de todo el contenido procesal.   

Si  bien es cierto, no se evidenció traslado  alguno  del dictamen, no deja de ser menos que dicha falencia no afectó en nada  a  los  sujetos  procesales,  quienes  como se ha venido constatando, estuvieron  enterados  del  mismo  y  se  refirieron  a  él  para  atacarlo; con lo cual se  subsanó  el yerro en mención bajo el amparo de los principios de las nulidades  como son el de convalidación y residualidad.    

El ataque por vía de nulidad debe ser de tal  entidad  que  con  sólo  constatarlo  la  Judicatura, se dé por enterada de su  trascendencia,   lesión   e   irreparabilidad  del  daño  al  interior  de  la  actuación.  No  cualquier  falencia  legal  puede llegar a derrumbar de tajo un  pronunciamiento  judicial,  máxime  si como se ha demostrado, a él confluyeron  todas  las  miradas  y  análisis de los intervinientes en el proceso que hoy se  está decidiendo en sede extraordinaria.   

Y este razonamiento no es nada nuevo por parte  de  la  Corporación,  pues  quien  hoy  está  fungiendo como ponente en otrora  oportunidad    expresó,    sobre    el    punto   motivo   de   discordia,   lo  siguiente:   

“2.  Si  bien es cierto, la preceptiva del  artículo  254-2  del  Código de Procedimiento Penal, dispone correr traslado a  los  sujetos procesales del dictamen pericial por el término de tres (3) días,  para  que  soliciten  su aclaración, ampliación o adición, también es verdad  que  la  omisión  de  dicho  acto procesal carece de la entidad suficiente para  enervar  la  actuación,  pues  tan  solo  constituye  una irregularidad, que no  conculca  las  garantías  fundamentales  de las partes, como lo ha sostenido la  jurisprudencia        de        la        Sala12  dado que, la objeción del  mismo  puede  proponerse  hasta  antes  de  que  finalice la audiencia pública,  obviamente,   rebasando   el   término   de   tres  (3)  días  que  prevé  la  norma”13.   

Como  se  ve,  no  cabe la menor duda que los  sujetos  procesales  que hoy atacan el fallo por carencia del precitado traslado  del  dictamen  pericial psiquiátrico, tuvieron la posibilidad de controvertirlo  hasta  el  día  26 de junio de 2002, fecha en la que finalizó la audiencia. En  consecuencia,  si  el  dictamen  se  elaboró  el día 27 de septiembre de 1999,  tenemos  entonces  que  dejaron  pasar  más  de dos años como oportunidad para  alegar  en instancia dicha falencia (convalidación tácita); no obstante, desde  otros  presupuestos  jurídicos  lo  enfrentaron,  para  abordarlo,  tratarlo  y  atacarlo.   

No Podrán existir declaratorias de nulidades  por  la  razón misma de la propia irregularidad, si en su trasfondo procesal no  se  decantan  y  detectan  en  forma  abrupta  vulneraciones  a  las  garantías  fundamentales  de los intervinientes en el proceso penal. La sola nulidad por la  nulidad  misma  no  tiene  fundamento  protector,  restaurador,  ni  garante  de  derechos.  Debe  acontecer  un  menoscabo profundo y trascendente tanto sobre el  acto  irregular en si mismo considerado como sobre las garantías de los sujetos  procesales;    sin    que   se   hayan   soslayado   los   principios   que   la  amparan.      

También  es sabido que la propia negligencia  determinada  en  la  unidad  de  defensa,  no puede ser fundamento para en forma  posterior  querer  retrotraer  los  actos  procesales a su estado primigenio. Y,  menos  aún, propender por el sostenimiento de una determinada postura jurídica  con desconocimiento de los contenidos jurisprudenciales.   

Y,  desde  luego, menos aún, cuando el mismo  censor  advierte  que lo único que le interesa en casación es que le corran el  traslado,  pero  que  no  le  es  indispensable  si  el  sentenciado consumó la  infracción  al  tipo  penal  en  estado  de  inimputabilidad  o  no14;  con  lo  cual,  además  de  todo  lo  expresado,  deja sin ningún fundamento válido el  ataque,  puesto  que  si  no  es de su interés jurídico confrontar el dictamen  psiquiátrico  de  Medicina  Legal  con otros o tratar de desquiciarlo, entonces  para  qué  pretender  revivir  unos  términos,  si  esa  no  es  su finalidad.   

Si ello es así, en teoría del conocimiento y  en   aquellas   de  los  fines  filosóficos  que  inspiran  un  ataque  de  tal  envergadura,  solo  harían  infructuosos  sus  argumentos,  puesto  que  si  se  requiere  dicho  traslado,  lo  será  –estando  en  el  lado de la defensa- para tratar de demostrar que lo  allí  expuesto  debe ser removido. De no ser ello así, ¿qué sentido tendría  el  traslado?  El  de  validar una literalidad de la norma procesal por la norma  misma,  cuando  al  amparo  del  debido  proceso  y  de  los  postulados  de las  nulidades,  dicha  omisión  se convalidó, hasta el punto, que el tiempo fue su  mayor  aliado  y  jamás  se  objetó.  Por  ello,  en  el fondo, lo que hace el  demandante  es  estar  en  un  todo de acuerdo con lo afirmado y decidido por la  jurisprudencia,  toda  vez  que el dictamen fue motivo de controversia procesal,  tal y como está demostrado en el proceso.   

En  este  orden  de  ideas,  las  falencias  propuestas  al  fallo  de  segunda  instancia  por  el  demandante, no tienen la  entidad  suficiente  para declarar su ilegalidad, pues una irregularidad como la  demandada  es  intrascendente. Por tanto, le asiste la razón al Procurador  Cuarto  Delegado  para la Casación Penal, cuando solicita la no prosperidad del  cargo.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No  casar  el fallo  impugnado.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                 JORGE  LUIS QUINTERO MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                              JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Se  identifica con la C. C. No. 410.744 de Tena (Cundinamarca).   

2  Artículo  133  del  C.P.P.,  Decreto  100  de 1980;  modificado Ley 190 de  1995, artículos 18 y 19.   

3  El  señor      RODRÍGUEZ     VARGAS,  fue  nombrado  mediante  Decreto  número 3745 de 1983 del 20 de  octubre   del   mismo  año,  expedido  por  la  Gobernación  de  Cundinamarca.   

4  Establecimiento educativo del orden Departamental.   

5  Personero Municipal de Tena, Cundinamarca.   

6  Puntualizó  la  Fiscalía  que  el  señor RODRÍGUEZ  VARGAS,   “requería   de   un  tratamiento  legal  especial, por su condición de inimputable”. (Fl. 41, c. o. 2)   

7  “Cuando  la  sentencia  se  haya  dictado  en un juicio viciado de nulidad”.   

8 Ley  600 de 2000.   

9  Artículo  254  C.P.P.  “Cuando  el  funcionario  judicial reciba el dictamen,  procederá  de  la siguiente forma: 1.- verificará si cumple con los requisitos  señalados  en  éste  código… 2.- Si cumple con los requisitos indicados, se  correrá  traslado  a  los  sujetos procesales por el término de tres (3) días  para  que  soliciten su aclaración, ampliación o adición. Para la ampliación  o adición el funcionario judicial fijará un término2:   

10  Folio 76 Cuaderno original Tribunal.   

11  Hoy, artículo 255 C.P.P.   

12  Sentencias,  12682  de  marzo  17  de  1998,  11233  de  enero 21 de 2001, entre  otras.   

13  Sentencia 21055, del 23 de agosto de 2006.   

14  Así  lo  explica el libelista: “aunque se discrepa  de  los  planteamientos del Tribunal en lo relativo al punto de que mi defendido  no  sufría  enfermedad  mental  al  momento  de  la  comisión  de  los  hechos  interpretando  inclinadamente  las  pruebas,  sin  embargo  lo  fundamental para  efectos de la casación no es este aspecto”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *