22059(22-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22059  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta No. 079    

Bogotá, D. C., veintidós de septiembre del  año dos mil cuatro.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor de los procesados JOSÉ  SAÚL  CÁRDENAS  ÁVILA,  MARÍA DEL PILAR CÁRDENAS BARRETO y FLOR CECILIA ZEA  FRANCO.   

Antecedentes.-   

Mediante sentencia proferida el veintiocho de  febrero   del   año   dos  mil  dos,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  Especializado    de    Bogotá,    adoptó,    entre   otras,   las   siguientes  determinaciones:   

-.  CONDENAR  a JOSÉ SAUL CÁRDENAS ÁVILA,  GILBERTO  GÁMEZ CASTAÑEDA, GONZALO JIMÉNEZ MORENO, FILEMÓN ARENAS MARTÍNEZ,  JOSÉ  RIVERA,  LUL ESTEBAN SÁNCHEZ GAMBA, JESÚS LIBARDO BOHÓRQUEZ GUTIÉRREZ  y  PEDRO  NEL  MÉNDEZ,  a  las  penas  principales  de  dieciocho (18) años de  prisión  y  multa  en  cuantía  equivalente  a  quince  mil  (15.000) salarios  mínimos  legales mensuales, y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un período de doce (12) años, como  coautores  responsables de la infracción a  los artículos 33 y 38.3 de la  Ley  30  de  1986,  modificado  por  el  artículo  17 de la Ley 365 de 1997, en  concurso  con  el  punible de concierto para delinquir de que trata el artículo  340 del Código Penal.   

-.    CONDENAR  a  MARÍA  DEL  PILAR  CÁRDENAS  BARRETO,  a  las  penas  principales  de ciento cuatro (104) meses de  prisión  y multa en cuantía de diez mil novecientos cuarenta y uno punto cinco  (10.941.5)   salarios   mínimos   legales   mensuales,   y   la   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de la privación de la libertad, a consecuencia de hallarla  penalmente  responsable  a título de cómplice de infringir los artículos 33 y  38-3 de la Ley 30 de 1986.   

-. CONDENAR a FLOR CECILIA ZEA FRANCO, a las  penas  principales  de setenta y ocho (78) meses de prisión y multa en cuantía  de  ocho mil (8000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, y la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por  término   igual  al  de  la  privación  de  la  libertad,  a  consecuencia  de  encontrarla  penalmente  responsable  a  título  de  cómplice de infringir los  artículos  33  y  38.3  de  la  Ley  30  de  1986  (fls.  176  y  ss. cno. 18).   

Apelado   este   pronunciamiento  por  los  procesados   PEDRO  NEL  MÉNDEZ,  FILEMÓN  ARENAS  y  GILBERTO  GÁMEZ  y  sus  defensores,  la  defensa  de JOSÉ RIVERA, JESÚS LIBARDO BOHÓRQUEZ GUTIÉRREZ,  JOSÉ  SAÚL CÁRDENAS ÁVILA, MARÍA DEL PILAR CÁRDENAS BARRETO y FLOR CECILIA  ZEA  FRANCO  y los procesados LUL ESTEBAN SÁNCHEZ y GONZALO JIMÉNEZ MORENO, el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  el  suyo de  veintidós  de  julio  de  dos  mil  dos,  resolvió confirmarlo, “corrigiendo  únicamente  error  aritmético  respecto  de la multa fijada en 15.000 salarios  mínimos  legales  mensuales  que  quedará  establecida  en 14.000” (fls. 5 y  ss.).   

Contra  este fallo, la defensa de MARÍA DEL  PILAR  CÁRDENAS  BARRETO,  JOSÉ  SAÚL  CÁRDENAS  ÁVILA  y  FLOR CECILIA ZEA  FRANCO,  así  como  los  procesados  JESÚS  LIBARDO BOHÓRQUEZ GUTIÉRREZ, LUL  ESTEBAN  SÁNCHEZ  GAMBA,  GONZALO  JIMÉNEZ MORENO, FILEMÓN ARENAS MARTÍNEZ y  JOSE  RIVERA,  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación el cual fue  concedido  por  el  ad quem (fl. 89 cno. Trib. ) , pero sólo el defensor de los  tres  primeros  presentó la correspondiente demanda sobre cuya admisibilidad se  pronuncia  la  Corte  (fls.  137  y  ss. Ib.), en tanto que el Tribunal declaró  desierto  el recurso propuesto a nombre de JESÚS LIBARDO BOHÓRQUEZ GUTIÉRREZ,  LUL  ESTEBAN  SÁNCHEZ GAMBA, GONZALO JIMÉNEZ MORENO, FILEMÓN ARENAS MARTÍNEZ  y JOSE RIVERA (fls. 321 y ss.).   

La  demanda.-   

Con  apoyo  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación,  el  censor  formula dos cargos contra la sentencia del  Tribunal  en  los  que  la  acusa  de  ser  violatoria,  por  vía indirecta, de  disposiciones de derecho sustancial.   

En   el  primer  cargo,   formulado  como  principal,  el  demandante  sostiene  que  la  sentencia  es  violatoria,  por  vía  indirecta,  de  la ley  sustancial,  por  incurrir en error de hecho por falso juicio de identidad “al  apreciar  de  manera  errada una prueba, por cuanto se da a un único indicio un  valor de plena prueba que no tiene”.   

Anota que las sentencias de primera y segunda  instancia,  tienen  como  fundamento  una  misma  circunstancia  consistente  en  haberse  detectado,  mediante la interceptación de comunicaciones telefónicas,  la   “supuesta”  vinculación  de  JOSÉ  SAÚL  CÁRDENAS   ÁVILA  en  actividades  de  tráfico  de estupefacientes, concretamente en el procesamiento  de  cocaína, considerándosele entonces, como coautor de ese punible y que, por  consiguiente,  su  esposa  FLOR CECILIA ZEA FRANCO y su hermana MARÍA DEL PILAR  CÁRDENAS  BARRETO,  por  el  hecho  de  haber  tenido  comunicación y contacto  directo  con  aquél,  deben  responder como cómplices del delito por el que se  acusa y condena a JOSÉ SAÚL CÁRDENAS ÁVILA.   

De  estos diálogos, los juzgadores infieren  que  necesariamente  todas  las  personas  que  de  una  u  otra  forma tuvieron  conversaciones  telefónicas  con  JOSÉ  SAÚL  son  cómplices  de  los hechos  juzgados.  A  dicho  indicio,  agrega,  se  le da el valor de plena prueba de la  responsabilidad   de   todos  los  sujetos  mencionados  en  las  comunicaciones  telefónicas  interceptadas por las autoridades de policía, como integrantes de  una     organización     dedicada    al    procesamiento    y    tráfico    de  estupefacientes.   

Después  de  transcribir  unos  apartes del  fallo  de  segunda  instancia, sostiene que el error del Tribunal se concreta en  la  equivocada  inferencia  lógica que hace del hecho indicador, “consistente  en  inferir  del  sólo  léxico utilizado de los interlocutores de las llamadas  telefónicas,         la        ‘necesaria  participación’  de  los  condenados” en la comisión de los delitos de tráfico  de  estupefacientes  y  concierto  para  delinquir  “cuando  en realidad dicha  prueba  no  tiene tal capacidad demostrativa no sólo porque es única prueba de  cargo,  sino  porque  no  se  trata  de  un  indicio  necesario  y  ni  siquiera  vehemente”.   

El error noticiado, dice, corresponde a “un  falso  juicio  de  identidad  o, lo que es lo mismo, de una errada conexión del  hecho  indicador con el indicado, lo cual constituye un error de hecho porque el  ad  quem,  al confirmar la decisión impugnada, yerra en la inferencia lógica y  específicamente  en  su fuerza o valor persuasorio, dado que el hecho indicador  no  tiene  el  alcance  o  capacidad  probatoria que le otorgó gratuitamente el  fallador,  y  quien  en  forma  caprichosa  le confiere valor de univocidad a un  hecho que de suyo es equívoco”.   

La  inferencia que los juzgadores realizan a  partir   del   hecho   indicador   consistente  en  la  interceptación  de  las  comunicaciones  telefónicas sostenidas por los procesados, como suficientemente  demostrativo   de  la  responsabilidad  en  el  hallazgo  de  huellas  de  haber  funcionado  un  laboratorio para el procesamiento de cocaína en el municipio de  Santa  María,  y  la  incautación  de  dicha  sustancia  en  la  república de  Venezuela,  “rebasa  todos  los límites de posibilidad y probabilidad lógica  de dicho indicio”.   

Es   cierto  que  sus  defendidos  en  las  conversaciones  telefónicas  interceptadas,  utilizan  un  vocablo propio de la  región  de  su origen, y que los investigadores lo interpretan como si actuasen  en  clave.  No  obstante,  a  su  criterio,  “cuando  hablan  de valumen (sic)  significa,    ‘echar  paja’  y  no  como  lo  descifran    los   analistas   que   ‘es     hacer    cuentas’   ”.   Cuando  mencionan  que  el  Doctor  necesita  veinticinco  millones,  no  se  trata  de  veinticinco  kilos  de  estupefacientes sino de un  préstamo  de  veinticinco  millones que les pide un amigo de los procesados que  es  médico.   Cuando  mencionan  ‘novillos’,  no  se  refieren,  como  lo  dice  la  policía,  a  kilos  de  droga, sino a 17  semovientes  dejados  por  la  guerrilla  en  la finca de sus padres, los cuales  deberían ser trasladados a otro lugar.   

Dice  no desconocer que como consecuencia de  la  incautación  de  sustancias  estupefacientes en la República de Venezuela,  las  autoridades  realizaron  seguimientos  y  conexiones en orden a dar con los  integrantes  de  la  organización  delictiva  y  concluyeron  que  ésta estaba  liderada  por  los  implicados  HERNANDO MARTÍNEZ, LUL ESTEBAN SÁNCHEZ GAMBOA,  JOSÉ  RIVERA,  GILBERTO  GÁMEZ  CASTAÑEDA,  GONZALO JIMÉNEZ MORENO, FILEMÓN  ARENAS,  OCTAVIO  GÁMEZ  BUITRAGO  y  JOSÉ SAÚL CÁRDENAS ÁVILA, “empero a  esas   fuentes  no  se  acompaña  siquiera  una  prueba  fehaciente,  capaz  de  comprometerlos  en  esa actividad  ilícita”. Las supuestas vinculaciones  devienen  de  las  llamadas telefónicas, cuyos analistas, por solas conjeturas,  concluyen en su integración a la organización narcotraficante.   

Después   de   hacer   alusión   a   la  jurisprudencia  constitucional  sobre  el  valor  probatorio  de los informes de  policía,  sostiene  que  las  argumentaciones  ofrecidas por los juzgadores con  relación   a  las  interceptaciones  telefónicas,  carecen  del  más  mínimo  respaldo   probatorio,   máxime   si   de   los  vocablos  utilizados  por  los  interlocutores  no  se  desprende el más leve indicio de haber utilizado claves  para  desorientar  a  las  autoridades, “simple y llanamente expresaron frases  del  común  de  la  región  de  origen,  cuyos  significados  quedaron  atrás  reseñados,    pero   nunca   relacionados   con   el   comercio   ilícito   de  narcóticos”.   

En  el  segundo  cargo,  subsidiario  del  que  precede, manifiesta el  censor  que  la  sentencia  resulta  violatoria,  por  vía indirecta, de la ley  sustancial,  “al apreciar de manera errada una norma, violando el principio de  in  dubio  pro  reo,  como  quiera  que  no  se  logró  demostrar  la  plena  e  indiscutible  responsabilidad  de  mis  defendidos  sobre  los hechos que se les  imputa  y,  por  el  contrario,  concurrieron  al  proceso  pruebas que tienen a  demostrar su inocencia y que no fueron debidamente apreciadas”.   

Expone  a  continuación  algunos  criterios  generales  en  torno  a  la  presunción de inocencia, la certeza requerida para  proferir  sentencia  de  condena,  el  principio  de in dubio pro reo, y la sana  crítica como método de apreciación probatoria.   

En este caso, dice, indiscutiblemente surgen  una  serie  de  inconsistencias  en los informes policivos y el análisis que se  hizo  de  las  llamadas  telefónicas,  de  las cuales se establece una serie de  dudas  y sospechas no capitalizadas por el instructor. “Surge, por ejemplo, la  sospecha  de  que JOSÉ SAÚL CÁRDENAS o alguno de los otros implicados, puedan  estar  dedicados  al  tráfico  de estupefacientes, pero no pasa de ser una mera  ‘sospecha’  que  por  grave que sea  no da  fundamento  legal  y  jurídico  para  declararlos  imputables y responsables de  estos hechos delictuosos”.   

Sostiene  que  en el proceso no se encuentra  acreditado  que  los  procesados  son  responsables  penalmente,  como autores o  partícipes,  de  los hechos investigados, porque la incriminación formulada no  se  halla robustecida con otra clase de prueba idónea y fehaciente de la que se  establezca  que  la  producción,  compra,  tenencia  o transporte de las drogas  alucinógenas  incautadas en territorio venezolano, fue por obra, disposición o  mandato  de  los  implicados.  Tampoco  que  éstos sean integrantes de la red u  organización de personas dedicadas al tráfico de estupefacientes.   

Reitera, entonces, que en este caso no está  probado,  en el grado de certeza requerido  para proferir fallo de condena,  que  los  implicados integran una organización delictiva dedicada a actividades  de   narcotráfico,   como   se   indica   en   los  informes  policivos.  “La  investigación,  en  este  aspecto,  fue  tan  deficiente que ni siquiera logró  establecer  quiénes  integran  y  actúan  como  jefes o cabecillas de la red u  organización     delincuencial     de     que     hablan    los    funcionarios  investigadores”.   

Esta  ausencia de plena prueba para proferir  fallo  de condena, agrega, ha debido conducir al fallador de segunda instancia a  desestimar  la decisión del a quo, y, en consecuencia, absolver a sus asistidos  por  los  cargos  de  tráfico de estupefacientes y concierto para delinquir que  sin   fundamento   les   fueron   deducidos   en   la   sentencia   de   primera  instancia.   

Con  apoyo  en  lo anterior, solicita de la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y absolver a los procesados de los cargos  que      les      fueron     formulados     (fls.     137     y     ss.     cno.  Trib.).                        

                  

Alegato  apreciatorio.-   

Durante  el  término  de traslado para los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  hizo  uso de este derecho el defensor del  procesado  PEDRO  NEL  MÉNDEZ, quien presenta “demanda de casación” contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  formula dos cargos contra ella, solicita  casarla  y  absolver  a  su  patrocinado  de  los delitos imputados en el pliego  enjuiciatorio (fls. 259 y ss.).   

SE  CONSIDERA:   

1.- En relación con la demanda de casación  formulada  a  nombre  de los procesados JOSÉ SAÚL CÁRDENAS ÁVILA, MARÍA DEL  PILAR CÁRDENAS BARRETO y FLOR CECILIA ZEA FRANCO.   

Reiteradamente  ha sido dicho por la Corte,  que  la  casación  no  es  instancia adicional en la que puedan ser presentados  informalmente   argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación  del juicio donde resulte posible  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico  propio  del  trámite regular del  proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia  y  demostración  de haber sido transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos por el artículo 212 del Código de procedimiento penal  a  fin  de  que  pueda  ser admitido por la Corte, entre los que se encuentra la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos del motivo de casación que se aduce.   

Los  errores  de  hecho  en la apreciación  probatoria  que  dan lugar a configurar la causal primera de casación, apartado  segundo,   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  la  consecuente  invalidación   del   fallo   de  mérito,  y  el  proferimiento  del  que  deba  reemplazarlo,  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el  medio;  porque  omite  apreciar  una  prueba  que  obra en el  proceso;  porque la supone existente sin estarlo (falso juicio de existencia); o  cuando  no  obstante  considerarla  legal y oportunamente recaudada, al fijar su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o  adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se establecen de ella (falso  juicio   de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de  los  anteriores  desaciertos,   existiendo  la  prueba  es  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica,  y  al asignarle su mérito persuasivo transgrede los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o las reglas de experiencia, es decir, los  principios  de  la  sana  crítica como método de valoración probatoria (falso  raciocinio).   

Cuando  la  censura se orienta por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete  al  casacionista  demostrar  el  yerro  mediante la indicación correspondiente del fallo donde se  aluda  a  dicho  medio  que  materialmente no obra en el proceso; y si lo es por  omisión  de  ponderar prueba que material y válidamente obra en la actuación,  es  su  deber  concretar  en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué  objetivamente  se  establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que  le corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana crítica, y cómo su estimación conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la actuación, da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar  la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si   se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

Cada una de estas especies de error obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  avenido  a  la  lógica que frente a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,   o  en  otro postulado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además, de acogerse a la vía indirecta, la  misma  naturaleza  rogada que la casación ostenta impone al demandante el deber  de  abordar  la demostración de cómo habría de corregirse el yerro probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte dispositiva  de  la sentencia. Esta tarea comprende un nuevo análisis del acervo probatorio,  valorando  las pruebas omitidas, cercenadas o tergiversadas, o apreciando acorde  con  las  reglas  de  la  sana  crítica  aquellas  en  cuya ponderación fueron  transgredidos  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o los  dictados  de  experiencia;  y excluyendo las supuestas o ilegalmente allegadas o  valoradas.   

El  ejercicio  que viene de anotarse, ha de  ser  llevado  a  cabo  por  el  demandante  no  de  manera insular, sino de modo  conjunto  en  confrontación  con  lo  acreditado  por las pruebas acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración.  Todo  ello  en orden a hacer evidente la falta de aplicación o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo,   la   finalidad   de   la   causal   primera   en  el  ejercicio  de  la  casación.     

En  este  caso,  no obstante los derroteros  amplia  y  repetidamente  trazados  por  la  jurisprudencia en torno al tema, el  libelista no se ajusta a ellos, en términos que pasa a precisarse.   

Si  bien  enuncia  la  primera censura como  violación  indirecta  de  disposiciones  de derecho sustancial aduciendo que el  sentenciador  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación  de  la  prueba  de  las grabaciones magnetofónicas obtenidas como  resultado  de  la  interceptación de las conversaciones telefónicas sostenidas  por  los  acusados  en  el  presente  caso, por parte alguna se da a la tarea de  indicar  qué  expresamente  dicen  los medios cuya apreciación cuestiona, qué  dijo  de  ellos  el  juzgador,  de  qué  manera se les tergiversó, adicionó o  cercenó  en  su  expresión  fáctica  objetiva, cómo habría de corregirse el  desacierto  en  sede  extraordinaria  y  cómo ello daría lugar a modificar los  supuestos  fácticos  en  que  se sustentó el fallo y, por ende la declaración  del  derecho  en sentido sustancialmente distinto y opuesto a la contenida en la  parte resolutiva de la decisión objeto del recurso extraordinario.   

En  lugar  de  confrontar  la prueba con el  fallo  a  fin de demostrar la configuración del yerro que pretende noticiar, se  dedica  el  censor  a  sostener  que  “el error del Tribunal se concreta en la  equivocada  inferencia  lógica  que hace del hecho indicador”, con lo cual da  en  sugerir  que el desacierto denunciado no es de identidad sino de raciocinio,  el  cual,  a  más  de  no enunciar expresamente, tampoco demuestra con el rigor  técnico y lógico exigido en sede extraordinaria.     

Así  no logra saberse si el desacierto del  Tribunal  consistió en tergiversar la prueba de los hechos indicadores, o si no  obstante  haberla  apreciado  en  su  exacta  dimensión  fáctica, falló en el  proceso  de  inferencia  lógica  o  al asignarle mérito persuasivo, nada de lo  cual  puede  suponer  la  Corte  sin transgredir el principio de limitación que  rige su actuación.   

Sucede,  además,  que en muestra elocuente  del  particular  concepto  que  se  tiene  del  instrumento  a que se acude, sin  postular  un  cargo  distinto,  el  censor  sugiere que los informes de policía  judicial   que   contienen   las   transliteraciones   de   las   conversaciones  telefónicas,  tampoco  pueden  ser  consideradas  como medios de prueba, con lo  cual  desvía  la  censura hacia el ámbito en que opera el error de derecho por  falso  juicio de legalidad, y genera mayor confusión sobre el verdadero sentido  y alcance de la propuesta impugnatoria.   

    

Con la pretensión por que se desentrañe el  sentido  y  fin  de  la  demanda,  y  oficiosamente  la  Corte  revise  el fallo  impugnado,  se  dedica  la demandante a atribuir particular mérito persuasivo a  algunos  de  los medios allegados, pero sin demostrar que ellos hubieren sido el  fundamento  de  la  decisión  que  combate,  ni  que al apreciarlos el juzgador  hubiere   incurrido  en  errores  de  hecho  o  de  derecho,  y  por  tal  vía,  transgredido  la ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida,  que es el objeto del juicio en casación.   

Esto   es  lo  que  se  establece  cuando  manifiesta  que  los  investigadores  dieron  una connotación diversa de la que  pregona  a  algunos  de  los  apartes  de las conversaciones telefónicas de sus  asistidos,  y  sostiene  que  se  trata “de una evidente y clara equivocación  judicial  en  los alcances de dicha prueba, pues lo que se está controvirtiendo  es  justamente ‘el mayor  alcance  probatorio’ que  el  fallador  hace  del  hecho  indicador  aducido,  sin  que  con ello se esté  atacando,   como   efectivamente   no   se  ataca,  el  contenido  fáctico  del  mismo…”.   

Los  defectos  de  orden  técnico  y  de  fundamentación  que  el  segundo  cargo  ostenta,  no  son menos elocuentes. No  obstante  acudir  a  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación, para  denunciar  la violación indirecta del precepto que recoge el principio in dubio  pro   reo,   nada   informa   sobre   la  prueba  o  pruebas  sobre  las  cuales  específicamente  pudo  haberse  concretado  algún  tipo de error de hecho o de  derecho,  y  tampoco  menciona  éste, con lo cual deja la propuesta en su sólo  enunciado,    pues   no   la   desarrolla   pese   a   la   extensión   de   su  alegato.   

Siendo  ostensibles  los  defectos  que  la  demanda  acusa,  ya que, como se deja visto, de ella no se desentraña precisa y  claramente  los  fundamentos  de  la  causal  invocada,  y  no pudiendo la Corte  corregirla  por  virtud  del  principio  de limitación que rige su trámite, lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar  la  devolución  del expediente al despacho de origen, conforme así se establece de  los  artículos  197  del  decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de 2000. Las  decisiones  a  tomar surten efectos a partir de su notificación, y contra ellas  no procede recurso alguno.   

2.- Respecto del alegato del sujeto procesal  no recurrente.   

El  traslado a las partes no recurrentes es  una  oportunidad  que  la  ley  le  otorga  a  quienes no impugnaron el fallo en  casación  para  que  se  pronuncien  sobre la demanda, bien para oponerse a sus  pretensiones  o  para  coadyuvarlas, mas no para controvertir la legalidad de la  sentencia  por  iniciativa  propia, como lo hace el defensor del procesado PEDRO  NEL  MÉNDEZ en su escrito, puesto que esta facultad sólo la tienen quienes han  interpuesto el recurso, no siendo éste el caso de su representado.   

          

Ninguna consideración, por tanto, ameritan  sus  alegaciones,  máxime si se tiene en cuenta que por fuera de la oportunidad  legalmente  prevista  y  sin  haber  manifestado  voluntad alguna de recurrir en  casación,  pretende  que la Corte case la sentencia y absuelva a su asistido de  los cargos formulados.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los  procesados  JOSÉ  SAÚL  CÁRDENAS  ÁVILA, MARÍA DEL PILAR CÁRDENAS BARRETO y FLOR CECILIA ZEA FRANCO,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia se  DECLARA   DESIERTO  el  recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO            ALVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN              JORGE        L.       QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS             MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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