22050(27-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22050   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 045.  

          Bogotá   D.C.,   mayo   veintisiete   (27)   de   dos   mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  GUILLEN    RICARDO    BUSTOS    BARRAGAN,  quien  fue  condenado  por  el Juzgado Cuarenta y Nueve Penal del  Circuito  de  Bogotá,  junto  con  GERMAN  COLMENARES  CAMACHO, a la pena principal de veinticinco (25) años  y  seis  (6) meses de prisión como coautores penalmente responsables del delito  de    homicidio    en    José    Antonio    Suárez  Robayo, providencia que fue confirmada por el Tribunal  Superior de la misma ciudad mediante fallo del 11 de julio de 1999.   

HECHOS  

Aproximadamente  a las 11:45 de la noche del  24  de  diciembre de 1996, en la carrera 109 B con calle 65 B, Barrio Villas del  Dorado,   de   esta   ciudad,   se   presentó   una  riña  entre  GUILLEN   RICARDO  BUSTOS  y  GERMAN    COLMENARES    CAMACHO,   contra  Jorge Suárez Contreras. Como  este  era  golpeado  violentamente,  dos  familiares  que lo acompañaban fueron  hasta  su  residencia a pedir ayuda, razón por la cual se presentó en el lugar  de   los  sucesos  su  padre,  José  Antonio  Suárez  Robayo,  el  cual  también  fue agredido hasta quedar  inmóvil  en el pavimento. Inmediatamente fue trasladado a un centro asistencial  a donde llegó sin vida.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  base  en  el  informe policivo que daba  cuenta  de  los hechos relatados en precedencia y de la inspección del cadáver  de    José   Antonio   Suárez   Robayo,   la   Fiscalía   Seccional   de   Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción  el  25  de  diciembre  de  1996,  en  cuyo marco vinculó mediante  indagatoria     a     GUILLEN     RICARDO    BUSTOS  BARRAGAN  y GERMAN COLMENARES  CAMACHO   definiéndoles   su   situación  jurídica  absteniéndose  de  imponerles medida de aseguramiento. Posteriormente, el 10 de  febrero  de  1997  es  revocada  la anterior decisión y se decide afectar a los  procesados   con  medida  asegurativa  de  carácter  detentivo  como  presuntos  coautores del delito de homicidio.   

Cerrada  la investigación, el 28 de mayo de  1997  se  calificó  el mérito del sumario con resolución de acusación contra  los  incriminados  como  posibles  coautores  del  referido  delito, providencia  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Bogotá el 20 de  octubre siguiente.   

La etapa del juicio correspondió al Juzgado  Cuarenta  y  Nueve  Penal  del  Circuito  de  esta ciudad, despacho que luego de  surtir  el  rito pertinente profirió sentencia el 16 de marzo de 1999, por cuyo  medio  condenó  a  GUILLEN RICARDO BUSTOS  y  GERMAN COLMENARES CAMACHO  a  la pena principal de veinticinco (25) años y seis (6) meses de  prisión  como coautores penalmente responsable de los delitos por los que se le  acusó,  fallo  confirmado  el  11  de  junio  del mismo año por el Tribunal de  Bogotá.   

LA  DEMANDA   

La  acción de revisión se dirige contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá que confirmó el fallo  de primer grado.   

El  defensor  solicita  la  revisión  con  fundamento  en  el  numeral  3°  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, por  considerar  que  hay  pruebas  nuevas,  no  conocidas  en  la  instrucción o el  juzgamiento,  en  virtud  de  las  cuales se establece que la víctima falleció  como  consecuencia  de “una alteración de naturaleza  biológica,  al  parecer de perfil cardiovascular”, y  no como consecuencia de la conducta de su patrocinado.   

Para  apoyar  su  pretensión  allegó  dos  declaraciones  rendidas  ante  el  Notario  Cuarto  del  Círculo de Bogotá por  Pablo  Emilio Cuellar Pinzón  y  Nubia  Rocío  Camacho, en  las  cuales  el  primero  refiere  que  encontrándose  en  la  droguería de su  propiedad  se  percató  del  desarrollo de los sucesos aquí investigados y que  observó   cuando   José   Antonio   Suárez  Robayo  “QUE  LLEVABA (sic)  EL  REVOLVER  DECIA  QUE DEJARAN DE  PELEAR  Y  AMENAZABA  A  LOS  MUCHACHOS  DE  LA  BICICLETA PERO EL SE MIRABA MUY  NERVIOSO     Y     DE     UN     MOMENTO     A    OTRO    EMPESO    (sic)  A ECHAR PARA ATRÁS Y QUEDO SENTADO  AL   PIE   DE   UN   POSTE   Y   TENIA  COMO  SIGNOS  DE  UN  ATAQUE”.   

A  su  vez,  Nubia  Rocío  Camacho  declaró que estando en la droguería  observó  el  desarrollo  de  la riña, y vio “cuando  apareció  un  señor  en  la  esquina  todo  agitado  asustado  alto de 1.70 de  estatura  más  o  menos,  medio canoso de unos cuarenta y cinco cincuenta años  gordo   y   colorado”,   el   cual  “traía  en  la mano un revólver plateado y grande y al ver al grupo  de  la pelea él se metió en el pleito a intervenir por su hijo y sus sobrinas,  amenazando  a  los  muchachos de la bicicleta con el revólver en la mano, de un  momento  a  otro  el  señor cayó de para atrás al piso golpeándose la cabeza  con  el  orillo  del  andén  y  el  cuerpo  quedó  sobre  la calle”.   

A partir de lo expuesto, el defensor señala  que   “los  nuevos  y  extraprocesales  testigos  de  excepción,  en sus versiones de un modo concluyente apuntan a establecer que el  decesó    (sic)   de   el  (sic)  señor Suarez Robayo,  nunca   obedecio   (sic)  a  agresión  alguna  proveniente  de  mi  patrocinado  y  su  coenjuiciado  German  Colmenares  sino  al  inminente  síncope  cardiaco,  el  cual  provocó  que se  golpeara  en  su  cabeza  contra el suelo, situación esta que de modo natural y  sencillamente      razonable      explica     la     aparición     –   no   se   sabe   si   post  mortem  –   del   hematoma  que  presentó  el  interfecto  en  su región occipito parietal izquierda, golpe que  acompañado  del  trauma  vascular  sufrido  por  el  señor  Suárez Robayo, le  acarreó la muerte”.   

          Adicionalmente  requiere  que  se  escuche  en  declaración  a  los  citados  testigos  y  que  se  practique  un  nuevo  dictamen  médico  a fin de  establecer  si la equimosis encontrada en la región occipito parietal izquierda  pudo  o  no  ser compatible con la caída súbita de la víctima “o  para esclarecer si los presuntos puños y puntapies inferidos por  mi  patrocinado  a  la  víctima  junto  con  su  coenjuiciado GERMAN COLMENARES  CAMACHO,  solo  iban dirigidos a lesionar la región occipito parietal izquierda  del hoy obitado”.   

          También  demanda  que se practiquen las pruebas no recepcionadas en  la  audiencia  pública,  pese  a  haber  sido  decretadas  por  el a quo.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el  apoderado  especial del sentenciado  solicita la revisión del fallo de segundo grado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Como  la  acción  de  revisión  tiene como  finalidad  la  remoción  de  la  intangibilidad  propia  de la cosa juzgada, el  legislador  ha  previsto  como  condición  de  admisibilidad el cumplimiento de  rigurosas  y  taxativas  exigencias,  que  no son otras que las señaladas en el  artículo 222 de la Ley 600 de 2000.   

En  atención  a  que  esta  acción procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  del  actor  allegar  copia  de  las  providencias  de  primera  y segunda  instancia con su respectiva constancia de ejecutoria.   

Cuando la causal invocada es la contenida en  el  numeral 3º del artículo 220 del nuevo estatuto procesal, por la aparición  de  hechos  nuevos  o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para  acreditar la inocencia del  condenado  o  su  irresponsabilidad, tales novedosos elementos probatorios deben  ser  aportados  junto con la demanda y ser idóneos para demostrar cualquiera de  las finalidades antes precisadas.   

En  el asunto objeto de estudio por parte de  la  Sala  pronto  se  advierte  que  el demandante anexa copias de los fallos de  primero  y  segundo grado, y aparece constancia de su ejecutoria, con lo cual se  encuentra  satisfecho uno de los presupuestos esenciales para la admisión de la  demanda.   

          No  obstante,  si  bien  al  libelo  se  anexan las declaraciones de  Pablo  Emilio Cuellar Pinzón  y  Nubia Rocío Camacho, de su  contenido  material  no  emerge  nítido  su anunciado carácter novedoso, ni la  suficiencia  para  derruir en la forma prevista en la causal invocada el soporte  probatorio  que  sustenta  la  atribución  de  responsabilidad que se considera  injusta.   

Es  pertinente  señalar  que en punto de la  causal  tercera de revisión, el nuevo aporte probatorio debe tener aptitud para  variar  sustancialmente  la  atribución  de  responsabilidad  del procesado que  determinó  su  condena,  virtud  de  la  cual carecen los elementos probatorios  allegados  en  este  asunto, que nada trascendental informan de manera directa o  indirecta  respecto  de la inocencia del condenado, en cuanto únicamente están  orientados  en  forma  vaga,  y  por demás contradictoria, a sugerir, según el  primero,   que   la  víctima  “EMPESO  (sic)  A ECHAR PARA ATRÁS Y QUEDO SENTADO  AL   PIE   DE   UN   POSTE   Y   TENIA  COMO  SIGNOS  DE  UN  ATAQUE”,   en   tanto   que   la  segunda  expresa  que  “cayó  de  para  atrás al piso golpeándose la cabeza con el orillo  del  andén  y el cuerpo quedó sobre la calle”, pese  a   que   se   encontraban   en   el   mismo   sitio   de   percepción  de  los  sucesos.   

Por  consiguiente,  no es verdad lo afirmado  por   el   defensor   en   el  sentido  de  que  de  las  citadas  declaraciones  “de  un modo concluyente apuntan a establecer que el  decesó    (sic)   de   el  (sic)  señor Suarez Robayo,  nunca   obedecio   (sic)  a  agresión  alguna  proveniente  de  mi  patrocinado  y  su  coenjuiciado  German  Colmenares  sino  al  inminente  síncope  cardiaco,  el  cual  provocó  que se  golpeara  en  su  cabeza  contra  el  suelo”, pues lo  cierto  es  que  inclusive  entre  sí, las declaraciones aportadas son diversas  sobre  el  mismo suceso y se contradicen, circunstancia que denota que no tienen  la  virtud  de  señalar de manera concluyente la inocencia del condenado, y que  obviamente  carecen de la más mínima aptitud para disponer la revisión que se  demanda.   

          Adicional  a lo anterior, el demandante no tiene en cuenta que en la  actuación  fue  debatida  a espacio y científicamente la causa de la muerte de  la víctima.   

En  efecto,  en  el fallo de primer grado se  anotó:  “Contrario a lo afirmado por la defensa este  examen  médico  de  manera  contundente  estableció las causas de la muerte de  SUAREZ  ROBAYO,  y  el resultado que arrojó encuentra total consonancia con las  versiones  de  los  testigos  que  aseguraron  que  dicha  persona fue objeto de  agresiones  físicas  el  día de su muerte, basta no más volver al examen para  observar   que   en  el  cuero  cabelludo  el  occiso  presentaba     hematoma    reciente    en    región    occipito    –   parietal   izquierda,   lo   cual  demuestra  que  recibió  golpes  con  elemento  contundente  y que fueron estas  lesiones  que  recibió en la cabeza y cuello que causaron su deceso,  se  evidencia  además  que  fue violento el ataque, amén que se  presentó     luxación     de    C1    y    C2,    es    decir,    ‘distensión  violenta  que hace que la  cápsula  se rompa y a través de ella salgan los huesos, que pierden totalmente  la  relación  anatómica  por  el  desalojamiento  que  se  produce’,  tipo  de  lesión  difícil, sino imposible que se produzca por una caída desde su propia  altura,  idea  que  pretende radicar la defensa cuando  manifiesta  que  si  se  presentó  algún  tipo  de lesión muy seguramente fue  cuando  el  occiso  cayó al piso” (subrayas fuera de  texto).   

          A  su  vez,  en  la  sentencia de segunda instancia se dijo sobre el  particular:  “Toda la descripción referida deja ver,  sin  ninguna  duda para esta Sala de Decisión, que la  causa  de la muerte estribó en los golpes contundentes que se produjeron contra  la    integridad    física    de   Suárez   Robayo,  ocasionándole  el  shock  medular  secundario  a  trauma  raquimedular alto por  mecanismo    contundente”   (subrayas   fuera   de  texto).   

Por tanto, palmario resulta que los medios de  prueba  ahora aducidos no poseen la novedad pretendida por el defensor, en punto  de  brindar  elementos  de  juicio  sobre  un  tópico  que  fue suficientemente  debatido y abordado durante las instancias.   

Es evidente que el demandante olvida que esta  acción  no  está  instituida  para  reabrir  debates de naturaleza jurídica o  fáctica  que  se surtieron en su oportunidad dentro de un proceso ya culminado,  ni  para  volver  a valorar los medios de prueba que sirvieron de pilar al fallo  ejecutoriado,  sino  para remover la decisión que hizo tránsito a cosa juzgada  en  procura  de conseguir una declaratoria opuesta y, en todo caso, favorable al  condenado,  en  razón  del  surgimiento  de  hechos  y  pruebas que ostenten la  calidad exigida por la ley.   

          Ahora  bien,  si  lo pretendido por el defensor era señalar que los  testigos  de  cargo  faltaron  a  la  verdad  acerca  de  la  manera  en  que se  desarrollaron   los   hechos  que  culminaron  con  la  muerte  de  José   Antonio   Suárez   Robayo,   era  imperioso  que acudiera a la causal quinta de revisión, acreditándola mediante  una providencia ejecutoriada que así lo declarara.   

          En   atención   a  que  el  apoderado  del  procesado  BUSTOS  BARRAGAN refiere que existen dudas  acerca  de  la  causa de la muerte de la víctima, baste expresar, que tal clase  de  controversia le correspondía debatirla a través del recurso extraordinario  de casación.   

          Así  las  cosas,  dado  que  la  acción  de  revisión  según  la  concepción  legislativa  no  constituye  una  prolongación  del  juicio ni una  instancia  adicional  con  virtud  para franquear el acceso a una pretensión de  lograr  enmienda  a  supuestos  errores  de procedimiento o de juicio en los que  pueda  haber  incurrido  el  sentenciador  al  valorar  las pruebas, como parece  entenderlo  el  demandante,  para lo cual se contó con las oportunidades que la  ley  tiene  establecidas  en  las instancias, y agotadas estas, con la casación  bien  ordinaria,  ora  discrecional,  es  claro  que  la  demanda  que  viene de  examinarse  no apunta a la finalidad de este instituto, sino, apenas, a suscitar  una  nueva  ponderación  probatoria, con base en elementos de juicio despojados  de la aptitud requerida para ello.   

Por   tanto,   como  el  escrito  incumple  básicamente  la exigencia formal que para su admisión establece el numeral 3º  del  artículo  222  de la Ley 600 del 2000, resulta imperiosa su inadmisión de  conformidad con lo indicado en el artículo 223 del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      RECONOCER personería al doctor Jesús Libárdy  Colmenares  Sayago,  como  apoderado del señor GUILLEN  RICARDO  BUSTOS  BARRAGAN, en los términos y para los  efectos señalados en el poder que le fue otorgado.   

         2.                      INADMITIR  la  demanda  de revisión presentada  por  el  por  el  apoderado  especial  de GUILLEN    RICARDO    BUSTOS   BARRAGAN,  de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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