22050(26-01-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22050   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 002.  

          Bogotá   D.C.,   veintiséis   (26)  de  enero  de  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a  resolver el recurso de  reposición  presentado  a  través de apoderado por el sentenciado GUILLEN  RICARDO BUSTOS BARRAGAN, contra la  providencia    por   cuyo   medio   esta   Sala   inadmitió   la   demanda   de  revisión.   

EL FALLO DEMANDADO  

Mediante  sentencia del 16 de marzo de 1999,  el   Juzgado  Cuarenta  y  Nueve  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  condenó  a  GUILLEN  RICARDO  BUSTOS  y  GERMAN  COLMENARES  CAMACHO a  la  pena  principal  de veinticinco (25) años y seis (6) meses de prisión como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  en José  Antonio  Suárez Robayo, providencia  confirmada  por  el  Tribunal Superior de la misma ciudad a través de fallo del  11 de julio del referido año.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  el  numeral tercero del  artículo  220  del  estatuto  procesal  penal,  el  apoderado  del  sentenciado  solicita  la  revisión  del fallo por considerar que existen pruebas nuevas, no  conocidas  durante  la  instrucción y el juzgamiento, con base en las cuales se  establece   que   la   víctima   falleció   en   virtud   de   “una  alteración  de  naturaleza  biológica,  al  parecer de perfil  cardiovascular”   y  no  como  consecuencia  de  la  conducta de su patrocinado.   

En  apoyo  de  su  pretensión  allegó  las  declaraciones  rendidas  ante  Notario por Pablo Emilio  Cuellar   Pinzón  y  Nubia  Rocío  Camacho, quienes refieren que se percataron del  desarrollo  de  los  sucesos  investigados  y  que el primero observó cuando la  víctima,   que   estaba   muy   nerviosa,   “EMPESO  (sic)  A ECHAR PARA ATRÁS Y  QUEDO  SENTADO  AL  PIE DE UN POSTE Y TENIA COMO SIGNOS DE UN ATAQUE”.   La   segunda  afirma,  respecto  de  la  misma  persona,  que  “de un momento a otro el señor cayó de para atrás  al  piso  golpeándose  la  cabeza  con  el orillo del andén y el cuerpo quedó  sobre la calle”.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

          A  través  de  auto  del  27  de  mayo del año anterior, esta Sala  inadmitió   la   referida   demanda   de   revisión  por  considerar  que  las  declaraciones  aportadas  no  ostentaban  el carácter de novedosas que exige la  ley,  ni  contaban  con virtud suficiente para derruir el soporte probatorio que  sustenta  la atribución de responsabilidad que el demandante considera injusta,  en  cuanto  nada trascendental informaban de manera directa o indirecta respecto  de  la  inocencia del condenado, en tanto que sólo señalan de forma vaga y por  demás  contradictoria  que  la  víctima  sufrió  un  ataque  y que al caer se  golpeó  en  su  cabeza con el andén existente en el lugar donde ocurrieron los  hechos.   

          Además,  porque la causa de la muerte de la víctima fue debatida a  lo   largo   de   la   actuación   ampliamente  con  fundamento  en  la  prueba  técnico-científica allegada a los autos.   

FUNDAMENTO DE LA IMPUGNACIÓN  

Inconforme  con  la  referida  decisión, el  apoderado  del  sentenciado  interpuso  recurso  de  reposición  para que fuera  revocada, con base en los siguientes argumentos:   

Acerca de que los medios de prueba aportados  no  resultan novedosos ni suficientes para derruir las conclusiones expuestas en  el  fallo  de  condena,  afirma  que  como de aquellos se vislumbra un acontecer  fáctico  diverso  al  establecido  en  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia,  conduce  a establecer que la víctima no murió como consecuencia de  los   múltiples  golpes  propinados  por  su  asistido,  sino  por  la  súbita  aparición de una alteración biológica en sus funciones vitales.   

          Precisa  que  la  intempestiva  muerte  de  la víctima obedeció al  golpe  que  sufrió  en  la región occipito parietal al caer y golpearse con un  andén  en  el  lugar  de  los  sucesos,  pues  dos  son  los  momentos  que las  declaraciones    extraproceso   de   Emilio   Cuellar  Pinzón   y   Nubia  Rocío  Camacho  permiten  reconstruir.  El  primero,  cuando  José  Antonio Suárez Robayo  comenzó  a  tambalear  hacia  atrás  y  la  gente decía que había sufrido un  infarto  o  un ataque. El segundo, cuando al caer golpeó su cabeza con el borde  del andén.   

          Por  ello  concluye  que,  contrario a lo expuesto en la providencia  impugnada,  no se advierte incongruencia entre una y otra declaración, sino que  por  el  contrario,  ambas  convergen, son concordantes y concluyentes e imponen  dilucidar  la  nueva realidad fáctica que informan, dando lugar a los supuestos  que determinan la procedencia de la acción de revisión.   

          En  cuanto al protocolo de necropsia realizado el 26 de diciembre de  1996,  esto  es,  a treinta y tres horas y cuarenta y cinco minutos de la muerte  de  la  víctima  afirma  que  se registra “equimosis  reciente”  en  el examen externo del cuello, la cual  no   podía   ser   tan   reciente   si   ya   había   transcurrido  el  tiempo  mencionado.   

          Además,  que  como  se  anotó  en  dicho  protocolo  que el torax,  espalda,  abdomen  y  genitales  externos  aparecían  sin  alteraciones,  no se  explica  por  qué  no se mencionaron las huellas derivadas de los golpes que en  todas  partes  el  cuerpo  dijeron  los  testigos  había  sufrido  José  Antonio  Suárez  por  parte de sus  agresores.   

          Destaca  que sólo en las extremidades se registró una escoriación  a  la  altura  del  tercio superior de la pierna izquierda, así como en la mano  derecha  y  en  las  cara  anterior  del  muslo, las cuales carecían, según su  criterio, de aptitud para poner en peligro la vida del agredido.   

          Igualmente  el  impugnante  señala  que si se encontró al examinar  internamente  el cadáver un hematoma en la región occipito parietal izquierda,  “es  imposible  científicamente  que  corresponda a  golpes externos”.   

          Por  ello  considera  que  corresponde  establecer  si  la muerte de  José  Antonio Suárez Robayo  se  produjo  por  causa de una alteración biológica en sus funciones vitales o  bien  como consecuencia de los golpes propinados por su defendido, lo cual sólo  puede  ser  dilucidado  mediante  un  nuevo  experticio,  no  practicado  en  su  oportunidad y con las nuevas pruebas aportadas a esta acción.   

          Resalta  que  lo  anterior  es así, si se tiene en cuenta que en el  informe  de policía suscrito por José Miguel Gordillo  Gáfaro  se  anotó que el médico de turno en el CAMI  de  Engativa  dijo que la muerte de la víctima se produjo por un posible ataque  cardiaco,  lo  cual  concuerda  con  lo  expuesto  por  algunos declarantes como  Esperanza Pita Infante, quien  escuchó   que  a  José  Antonio  Suárez le había dado un infarto.   

          Finalmente  expresa  que  en este asunto surge una duda razonable en  punto  de  la  responsabilidad  de  su  asistido  ante  la  ausencia  de certeza  probatoria,  que  se  impone  reconocer  para  salvaguardar  la  presunción  de  inocencia     de     GUILLEN     RICARDO     BUSTOS  BARRAGAN, aspecto que se corresponde con la naturaleza  de la acción de revisión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Reiteradamente  ha  expuesto  la Sala que el  recurso  de  reposición  constituye  un medio otorgado por la ley a los sujetos  procesales,  para  que  provoquen  un nuevo examen de la providencia a partir de  los  argumentos expuestos en la sustentación, a fin de que el funcionario tenga  la  oportunidad  de  corregir los errores en que haya podido incurrir. Por ello,  el  impugnante  está  obligado a señalar de manera clara y precisa los motivos  por  los  cuales  estima que se debe revocar, modificar o aclarar la providencia  recurrida,  lo  cual  le  implica  abordar  puntualmente  los  fundamentos de la  decisión  atacada,  con  el  propósito  de  conseguir que esta sea cambiada en  alguno de los sentidos ya indicados.   

En  el asunto objeto de estudio encuentra la  Sala   que   el   apoderado   del   condenado   BUSTOS  BARRAGAN no logra desvirtuar las razones que motivaron  la inadmisión de la demanda de revisión.   

En efecto, no es exacto que las declaraciones  de  Emilio  Cuellar Pinzón y  Nubia    Rocío   Camacho  acrediten  un acontecer fáctico diverso al declarado en el fallo cuya revisión  se  solicita,  esto  es,  que  la  víctima  falleció  como consecuencia de una  alteración  biológica  en  sus  funciones vitales, pues entre lo declarado por  uno    y    otro    de   los   testigos   mencionados   existen   incongruencias  trascendentes.   

Al  auscultar el eventual aporte novedoso de  las  declaraciones  rendidas  por  Pablo Emilio Cuellar  Pinzón   y   Nubia  Rocío  Camacho ante el Notario Cuarto del Círculo de Bogotá  en  punto  de  la  causa  que produjo la muerte a José  Antonio  Suárez se advierte que, el primero, se limita  a   expresar   que   la   víctima  intervino  en  la  riña  suscitada  con  la  participación  de  su hijo y amenazó a los muchachos con un revólver para que  cesaran  la  contienda,  pero  “DE UN MOMENTO A OTRO  EMPESO  (sic)  A  ECHAR PARA  ATRÁS  Y  QUEDO  SENTADO  AL PIE DE UN POSTE Y TENIA  COMO   SIGNOS  DE  UN  ATAQUE”  (subrayas  fuera  de  texto).   

          Como  sin dificultad se observa, el testigo nada informa en punto de  la  causa  por  la  cual  falleció la víctima, pues la referencia a un posible  “ATAQUE”, no pasa de ser  un  comentario  especulativo carente de demostración científica, que, además,  es  desvirtuado  por  la prueba técnica que obra en la actuación y con base en  la  cual  se  acreditó  la  materialidad  del  delito de homicidio, esto es, el  protocolo  de  necropsia,  en el cual se concluyó que la muerte de José  Antonio  Suárez fue consecuencia de  un  “schock medular secundario a trauma raquimedular  alto  por  mecanismo  contundente”  y  no  a un paro  cardiaco o ataque, como sin éxito lo plantea el impugnante.   

Además  se  tiene  que  lo  expuesto por el  mencionado  declarante  no  conduce  a  explicar  de  manera  alguna el hematoma  localizado  en  la región occipito parietal de la víctima, razón de más para  descartar  un  aporte novedoso en punto de la acreditación del devenir fáctico  del suceso investigado o de las causas del deceso del occiso.   

          Tampoco  la  declaración  objeto  de  análisis concuerda de manera  alguna  con  los  resultados  del  examen  interno  practicado  al  cadáver del  interfecto,  según los cuales presentaba en la columna cervical “marcada  hemorragia  en músculos de la región posterior de cuello,  luxación   de   C1   –  C2”   y   en   la   médula   espinal  se  hallaron  “contusiones   hemorrágicas   y   hemorragia   en  ‘parches’      en     duramadre”.   

En  cuanto  se  refiere  a  la  declaración  rendida    por   Nubia   Rocío   Camacho  es  evidente  que  su  dicho  apunta  a señalar que vio cuando la  víctima  intervino  en  la  pelea  sosteniendo  un  revólver  en su mano y que  “de  un  momento a otro el  señor  cayó  de  para  atrás al piso golpeándose la cabeza con el orillo del  andén  y  el cuerpo quedó sobre la calle” (subrayas fuera de texto).   

          Sin  embargo  en cuanto a tal testimonio extra procesal se tiene, en  primer  término,  que  esta  declarante  se  encontraba  en  el mismo lugar que  Pablo  Emilio  Cuellar, esto  es,  en  la  droguería  ubicada  en  la  carrera  109  B  No. 65 B –  86  de  esta ciudad, su relato no es  concordante  con  el  de  este  último,  como que bien diverso resulta observar  desde  el  mismo sitio y a la misma distancia que una persona cae hacia atrás y  se  golpea  la  cabeza  con  el  borde  de  un andén, a que la misma persona se  tambalee hacia atrás y se siente en el andén.   

          En  segundo  término se advierte que la caída de la víctima hacia  atrás  relatada  por  la  testigo,  no coincide con lo expuesto al interior del  trámite  por  otros declarantes que percibieron el suceso investigado, amén de  que  deja  sin  explicación  las  escoriaciones  y  otras  lesiones  que fueron  halladas  en  el  cuerpo  del  occiso,  con  base en las cuales se acreditó que  efectivamente   fue  agredido  por  los  sentenciados  y  no  como  Nubia  Rocío  Camacho lo dice que aquellos  “en   ningún   momento   lo   tocaron,   el  cayó  solo”.   

          Finalmente,  si  se estableció mediante prueba pericial que además  del  hematoma  en  la región occipito parietal la víctima presentaba luxación  en  las  vértebras  cervicales  C1  y C2 y también hemorragia en los músculos  posteriores  del  cuello,  es evidente que todo ello no pudo haber sido producto  simple  y  llano  de una caída, sino que encuentra explicación en la agresión  de  los sentenciados que fue expuesta por otros declarantes dentro del curso del  proceso y con base en los cuales se profirió el fallo de condena.   

          Así  las  cosas, es claro que la prueba  testimonial  aportada  por  el  actor,  además  de no ostentar la condición de  novedosa,  resulta  contradictoria e incongruente entre sí, como se precisó en  precedencia  al  analizar  las  declaraciones  de Pablo  Emilio     Cuellar     Pinzón    y    Nubia  Rocío  Camacho que la conforman, y  no    acredita    que    el    supuesto   fáctico   imputado   a   GUILLEN  RICARDO  BUSTOS  BARRAGAN a partir  del  cual  se  dedujo  su  responsabilidad  penal,  haya sido diverso a como fue  declarado por los falladores.   

          En  punto  del  valor suasorio del protocolo de necropsia practicado  al  cadáver  de  la víctima treinta y tres horas después de su fallecimiento,  considera  la  Sala  que  tal  temática  no  puede  ser abordada por vía de la  presente  impugnación,  pues  lo  que  aquí  se  debatió  a  través del auto  recurrido  es  si  las pruebas aportadas que se dicen novedosas en verdad tienen  tal  condición  y  si,  además  de  ello,  cuentan con entidad suficiente para  denotar  que  en  el  fallo  de  condena se adoptó una decisión injusta que se  impone  enmendar  y  no,  para  que con el pretexto de impugnar la decisión por  cuyo  medio  de  inadmitió la demanda de revisión, se reabran debates sobre la  apreciación  de  las  pruebas  que  para  este  momento  se encuentran más que  concluidos  y que no guardan relación con la causal de revisión invocada, dado  el  carácter  de  cosa  juzgada  que  adquirió  el  fallo  cuya  rescisión se  pretende.   

          Además,  se  trata  de  planteamientos  defensivos  que  durante el  debate  propio de las instancias fueron respondidos, toda vez que en el fallo de  primer  grado,  sobre  el  particular  se  precisó  que  en  el “concepto  médico, fruto de la diligencia de necropsia practicada al  interfecto   es   claro  al  describir  las  lesiones  que  fueron  causadas  para  aquel  día, también las  cicatrices   que   como  consecuencia  de  pasadas  lesiones  presentaba  en  su  humanidad” (subrayas fuera de texto).   

          Igualmente,  acerca de que en la inspección judicial al cadáver no  se  daba  cuenta  de  las  lesiones  que sufrió la víctima, baste señalar que  sobre   ello   el   a   quo  puntualizó  atinadamente  que “nunca esta diligencia  podrá  tener  por  objeto  establecer  la causa de la muerte (…). Por ende en  desarrollo  de esta labor el funcionario que atendió la diligencia escribió la  única  lesión  visible,  remitiendo el cuerpo a las autoridades médicas donde  se       practicaría       la       correspondiente       necropsia”.   

          Ahora  bien,  respecto  de  lo  anotado  en  el  informe de policía  suscrito    por   José   Miguel   Gordillo   Gáfaro  en  el sentido de que un médico del CAMI de Engativá  dijo  que la muerte de la víctima se produjo por un posible ataque cardiaco, lo  cual  concuerda  con  lo  expuesto  por  algunos  declarantes  como Esperanza   Pita   Infante,  es  necesario  indicar  que  tales  observaciones  no  tienen  la  virtud  de derruir el aporte  probatorio  del  protocolo  de necropsia en el cual se establece con claridad la  causa  del  deceso de José Antonio Suárez,  esto es, en razón a los múltiples golpes que recibió en cabeza  y cuello.   

          Como   finalmente   el  impugnante  expresa  que  con  base  en  sus  planteamientos  se  concluye  que  existe  una  duda  razonable  en  punto de la  responsabilidad  de  su asistido ante la ausencia de certeza probatoria, la Sala  estima  oportuno  recordar, de una parte, que las pruebas aportadas carecían de  la  condición  de novedosas y de trascendentes, como ya se dijo y, de otra, que  esta  acción  no  fue  concebida  por el legislador como un recurso más ni una  instancia  adicional  a  las  ordinarias,  a  la  cual  pueda  acudirse  con  el  propósito  de  reabrir  procesos  judiciales  concluidos con decisiones de cosa  juzgada  o  de  revivir debates probatorios y jurídicos fallidos, puesto que su  finalidad    está    determinada    por    la   necesidad   de   enmendar   una  injusticia.   

          Lo  anterior  constituye  razón  suficiente  para  que  la  Sala no  reponga   la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  revisión  que  en  tal  oportunidad  se  analizó  desde  la  óptica  de las exigencias previstas en el  artículo 222 del estatuto procesal penal.   

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

NO   REPONER  la  providencia impugnada.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

Excusa justificada  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

        Excusa  justificada   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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