22025(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22025  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 58  

Bogotá  D.C.,  junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004)   

          Se  pronuncia  la Corte con respecto a la admisibilidad formal de la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor del procesado Jesús  María  Clavijo  Clavijo, contra la  providencia  proferida  el  día  27  de agosto de 2003, por medio de la cual el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  lo declaró responsable del delito tentado de  concierto para delinquir.   

HECHOS  

          Así fueron narrados en el curso de las instancias:   

          “Los  albores  de la investigación tuvieron como punto de partida  el  haber compulsado copias del expediente 545 de la Unidad de derechos Humanos,  en  donde  se  ha  investigado  un  determinado  número de miembros de un grupo  paramilitar,  autodefensa  o  de  limpieza  social,  que poseía o posee aún su  accionar    en    la   vasta   zona   del   Nororiente   del   Departamento   de  Antioquia.   

          “Estas  organizaciones  al  margen  de  la  ley,  tal  y  como  se  desprende  del  material  probatorio  arrimado  a  lo largo de toda la encuesta,  surgen   como  consecuencia  del  anuncio  hecho  por  uno  de  sus  reconocidos  organizadores  a  nivel  nacional  de las así mismo denominadas “Autodefensas  Unidas  de  Colombia”  o  paramilitares,  individuo Carlos Castaño Gil, quien  contando  con  el  apoyo de las personas con mayores ingresos económicos, entre  ellos  ganaderos  y  comerciantes,  creó  la  necesidad  de  establecer  en ese  específico  sector,  no  solamente  con  la  finalidad de combatir a los grupos  insurgentes,  sino  también  de llevar a cabo acciones de limpieza social sobre  personas   consideradas   por   una  parte  de  la  población  como  individuos  indeseables     (viciosos,    atracadores,    cuatreros,    violadores,    entre  otros).”   

          “Uno  de  los  cabecillas  del  ala  militar  que comenzó a hacer  presencia  en la zona desde el año 1996, ha sido Ricardo López Mora a quien se  llamaba  con  los  alias  de  Robert o La Marrana, individuo que desertó de las  filas  de  las FARC y quien procedía de la zona de Urabá de este departamento,  persona  esta  que  fue aprehendida el 23 de enero de 1998 en el Municipio de La  ceja,  siendo  señalado,  en  conjunto  con  un grupo de aproximadamente veinte  sujetos,  de ser el autor material de varios homicidios en las localidades de La  Ceja,  Sonsón,  La  Unión,  Rionegro,  Cocorná,  entre otros municipios de la  aludida región del Oriente.   

          Esa  detención  permitió  develar  las  estrechas  relaciones  que  mantenía  este  sujeto,  quien  se  declaró  confeso  de  ser paramilitar, con  algunos  miembros  del ejército y la Policía nacional. En ningún momento este  individuo   delató   a  miembros  de  estas  instituciones  del  estado  en  su  mancomunidad  ilícita  de  sus actos, sino mas bien, fue la relación de varios  mensajes  telefónicos  entablados  entre  el sujeto Ricardo López Mora y otros  miembros  de  esa organización delictiva con personal activo de diversos rangos  del Ejército, como de la Policía Nacional.”   

          “Esas   pruebas   técnicas   aunadas  a  varios  testimonios,  se  constituyeron  en  la  prueba  fundante para erigir resolución de acusación en  contra  del  soldado  voluntario  Carlos Mario escudero  Cano;  el  teniente  Coronel del Ejército  Jesús  María Clavijo Clavijo  y el  sargento   de   la   Policía   William  Mora  López  como  autores  del  hecho  punible  de  Concierto para  delinquir,  en la modalidad de organizar, fomentar o promover grupos de justicia  privada  según  hechos  registrados en el oriente del departamento de Antioquia  durante los años 1996 y 1997.”   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.-  La  Fiscalía ordenó compulsar copias de la investigación UDH  545  de  la  Unidad de derechos Humanos de la Fiscalía general de la Nación, y  con base en ellas abrió investigación penal.   

          2.-  La  Fiscalía  ordenó  la  vinculación  del  Teniente Coronel  Jesús María Clavijo Clavijo  mediante  diligencia  de  indagatoria,  contra  quien  el  14  de  marzo de 2000  profirió  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva y libró orden de  captura en su contra.   

          3.-  Cerrada  la fase instructiva, la Fiscalía mediante providencia  del  8  de  marzo  de  2001  acusó  al  sindicado de la comisión del delito de  Concierto  para  delinquir  en  la  modalidad  de organizar, fomentar o promover  grupos  de  justicia  privada,  junto  a  Carlos Mario  Escudero  Cano y William Mora  López,  la  cual  fue  confirmada  por  la  Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante el tribunal Superior de Bogotá el día 21 de mayo del  mismo año.   

          4.-   El   Juzgado  Primero  penal  del  Circuito  especializado  de  Medellín  avocó  el  conocimiento  del  proceso  y mediante sentencia del 9 de  enero  de 2003 condenó a Jesús María Clavijo Clavijo  a  la  pena  principal  de  136  meses  de prisión al  declararlo  penalmente  responsable  del  delito  que  le  fue  imputado  en  la  resolución de acusación.   

          5.-  El  tribunal  Superior  de  Antioquia confirmó la sentencia de  primera instancia mediante decisión del 27 de agosto de 2003.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en  la  causal  primera cuerpo segundo de casación  (artículo  207  numeral  1,  inciso  2 del código de  procedimiento  penal), el demandante acusa la sentencia  de  ser  violatoria  de  normas  de  derecho  sustancial  al  haber incurrido el  tribunal  en  errores de hecho por falsos juicio de legalidad en la apreciación  de las pruebas.   

          Según  el  censor,  el  falso  juicio de legalidad se manifiesta al  haber  apreciado  los testimonios de los señores José  Alirio     Arcila     Vásquez    y    Jesús   Giraldo   Yépez,  aportados  al  proceso  como  prueba  trasladada y que sirvieron de apoyo de la declaración de  condena en contra del procesado.   

          Después  de  destacar el contenido del artículo 239 del Código de  procedimiento  penal,  el  libelista  señala  que  frente al concepto de prueba  trasladada  no basta con predicar su traslado, sino que “resulta necesario que  con  ella,  como  perteneciente  al  expediente,  se  respete  íntegramente  la  legalidad procedimental, mejor llamada debido proceso penal.”   

          En  ese sentido, considera que se afecta el derecho de defensa si la  prueba  no  pudo  ser  controvertida  en  el  proceso  penal, no obstante que su  incorporación hubiese sido válida.   

          A  su  juicio,  el sentenciador no podía valorar los testimonios de  José  Alirio Arcila Vásquez  y  Oswaldo  Giraldo Yépez, y  al  hacerlo  desconoció  “que  respecto  de  ellas  no  era  posible realizar  apreciación  alguna  y que debían separarse del juzgamiento, en atención a su  propia  ineficacia,  ineptitud  e  invalidez  en  razón del conculcamiento a la  norma  constitucional  del  debido  proceso  contenida  en  el  artículo 29 del  ordenamiento Superior.”   

          De  haberse  omitido  esas pruebas el examen del material probatorio  habría   conducido  a  la  aplicación  del  principio  de  in  dubio  pro  reo  (artículo    7   del   código   de   procedimiento  penal),   en   armonía  con  el  de  presunción  de  inocencia,    dando    lugar    al    proferimiento    de   una   sentencia   de  absolución.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La demanda, como enseguida se verá, no puede  admitirse.  En  efecto,  si  las decisiones judiciales deben fundarse en pruebas  legal,  regular  y  oportunamente  allegadas  al proceso, según el principio de  legalidad  consagrado en el artículo 239 del Código de procedimiento penal, no  cabe  duda  que  el  error  de  derecho (debido proceso  probatorio)  perturba  los  fines  de  la disposición  citada.  En consecuencia, si se presentan esa clase de defectos en la actuación  procesal,  le corresponde al casacionista en orden a denunciar la ilegalidad del  fallo,  indicar  las normas que “establecen los requisitos para la aportación  de  la  prueba  cuestionada  y  que se dicen omitidos, y cómo a través de esta  violación  medio,  se  verificó  efectivamente  la  transgresión de una norma  sustancial  como  violación  fin,  y  en  qué  sentido,  lo  cual  impera  ser  igualmente  precisado  por  el  censor” (Sentencia  de  julio  12/94,  M.P. Ricardo Calvete Rangel. De igual  manera,   sentencia  del  3  de  abril  de  2000.  M.  P.  Jorge  Anibal  Gómez  Gallego).   

Sin embargo, el ejercicio argumentativo de la  demanda  carece  de esos presupuestos, pues no señala cuál fue la norma que el  tribunal  ignoró  y no especifica en forma clara y coherente, como corresponde,  si  el  defecto  se presentó al aportar o al aducir el medio probatorio, de tal  manera  que  su  discurso  se  reduce a las citas jurisprudenciales que sobre el  tema   se   han   elaborado,   pero   sin   conexión  alguna  con  la  realidad  procesal.   

Ahora, si de lo que se trataba era de mostrar  el  error  en que incurrió el tribunal al valorar pruebas ilegalmente allegadas  al     proceso     (aspecto    positivo),  concediéndoles  una validez jurídica que no ostentan, ha debido  el  demandante,  como  ya  se  refirió,  identificar  las pruebas indebidamente  apreciadas  –  como  lo  hizo  -,  las  formalidades  que  ignoró  y las normas  vulneradas  –  que  solo mencionó en el marco de la teoría general, pero no en  el  caso  particular – y la  trascendencia  y  proyección  que  el  juzgador  les  confirió  en el fallo al  apreciarlas,    pese   a   la   inmanencia   de   sus   defectos.   (Cfr.  Sentencia  del  22  de  agosto  de  2002.  M.P. Edgar Lombana  Trujillo)   

          No  obstante,  el  censor  simplemente enunció los medios y afirmó  que  de  no  haber  sido  analizados  la  sentencia  hubiese sido favorable a su  defendido,  pero sin demostrar la entidad del defecto que atribuye al tribunal y  sin  especificar  porqué  los  testimonios  de  José  Alirio     Arcila     Vásquez    y    Oswaldo     Giraldo     Yépez    fueron  indebidamente  incorporados  al  proceso  como  prueba  trasladada y los efectos  nocivos que tuvieron en la declaración final.   

          Claro,  porque al ser el recurso de casación una crítica vinculada  a  la  sentencia,  ha  debido  el censor demostrar la trascendencia del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, lo cual se logra precisando cómo de no  haber  tenido  en  cuenta  la  prueba  ilegal, el sentido del fallo habría sido  distinto,  luego  de comparar la interpretación probatoria que hizo el tribunal  y  la  que debió realizar sin consideración a la prueba sobre la cual recae el  vicio.           

En  su  lugar  – según se deduce de la  demanda  -,  lo  que  le  preocupa  al  demandante  no  es  la  forma  cómo  se  incorporaron  las  pruebas al proceso, sino la imposibilidad que tuvo la defensa  de  controvertirlas  y  de contradecirlas, después de haber sido aportadas a la  actuación.  En efecto, si esto último es lo que pretendía denunciar, el cargo  no  podía  estar  ligado  a  la  causal primera por supuestos falsos juicios de  legalidad,  sino  a la ineficacia de la actuación procesal por supuestos vicios  que  afectarían  el  derecho de defensa, no desde luego por la simple razón de  impedir  el  contra interrogatorio de los testigos, sino por la imposibilidad de  contradecir  la prueba y de refutarla, todo lo cual corresponde al ámbito de la  causal  tercera  y  no al de la primera.            

          No  se  puede,  entonces,  por lo explicado, salvo a riesgo de pasar  por  alto  el  principio  de autonomía de las causales, plantear bajo una misma  cuerda   cargos   relacionados  con  la  vulneración  del  derecho  de  defensa  (errores  in procedendo), con  errores  vinculados  con  falsos  juicio de legalidad (  errores in iudicando)   

         

Todo  lo anterior demuestra que el demandante  no  adecuó la demanda a las exigencias técnicas que imponen los artículos 207  y   212   del   Código  procesal   penal  y  que,  en  consecuencia,  debe  inadmitirse.   

          Por  lo  tanto,  LA  SALA  DE  CASACION PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación interpuesta por el defensor de  Jesús     María    Clavijo    Clavijo.    Contra    la    presente    decisión    no   procede   ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

HERMAN GALAN CASTELLANOS  

JORGE A GOMEZ GALLEGO      ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO     ALVARO O PEREZ PINZON   

MARINA PULIDO DE BARON  JORGE L QUINTERO  MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS              MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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