22026(01-12-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22026   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá D.C., diciembre primero (1º) de dos  mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSE  MARIA  BARCELO  PAEZ,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Pereira  el  30 de septiembre de 2003, mediante la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad el 24 de  julio  del  referido  año,  por  cuyo medio lo condenó, junto con Jhon  Fredy  Muñoz Barco, como coautor del  concurso  de  delitos  de  secuestro  simple agravado y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los   sucesos   que  motivaron  este  proceso  fueron  adecuadamente  declarados en el fallo de segundo grado así:   

“Junto con otros  individuos,  JOSE  MARIA  BARCELO y JHON FREDY MUÑOZ BARCO, fueron a la casa de  ALBA   ROCIO   CASTRILLON,   ubicada   en   la   Cra.  28  No.  65  –  10  barrio La Independencia, lugar en  donde  se  encontraba  de  visita  JOSE  ROBINSON  GONZALEZ,  lo  encañonaron y  esposaron,  para  luego  llevárselo en un vehículo taxi con rumbo desconocido,  siendo  interceptados  por la policía, luego de ser avisada por la señora ALBA  ROCIO,  capturando  a  los  procesados.  Hechos  ocurridos  el  28  de  abril de  2001”.   

Con  fundamento  en el informe de policía a  través  del  cual  fueron  puestos  a disposición de la Fiscalía Seccional de  Pereira  los  aprehendidos, el 29 de abril de 2001 se dispuso la correspondiente  apertura  de  la  instrucción, en cuyo marco se vinculó mediante indagatoria a  JOSE  MARIA  BARCELO  PAEZ,  Jhon  Fredy Muñoz Barco,  Wilson  Ossa  Arango  y  Jhon  William  Valdez Pulgarín resolviéndoles su situación  jurídica  el  7  de  mayo  siguiente  con medida de aseguramiento de detención  preventiva  para  los  tres  primeros,  como  posibles  autores  del concurso de  delitos  de  secuestro  simple  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa   personal   y   absteniéndose   de   imponer   tal   medida   para  el  último.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  5  de septiembre de 2001 con resolución de acusación en contra  de   los   procesados   BARCELO  PAEZ,  Muñoz  Barco  y  Ossa  Arango como  presuntos  coautores  del  concurso  de delitos que motivó la  imposición  de  medida  de aseguramiento. En la misma oportunidad se dispuso la  preclusión   de   la   investigación  adelantada  en  contra  de  Jhon William Valdez Pulgarín.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Pererira,  despacho  que una vez  realizada  la audiencia preparatoria y al entrar en vigencia la Ley 733 de 2002,  remitió  el  expediente al Juzgado Único Penal de Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  el  cual  concedió a los acusados libertad provisional el 20 de  marzo  del  año  mencionado,  de conformidad con lo dispuesto en el numeral 5º  del artículo 365 del estatuto procesal penal.   

Posteriormente la actuación fue remitida al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Pereira en razón de lo establecido en el  artículo  1º  del  Decreto 2001 de 2002 en donde se recibió el registro civil  de  defunción  de  Wilson Jaime Ossa Arana.  Luego,  el  trámite  fue  devuelto  al  Juzgado  Único Penal de  Circuito  Especializado  por haber sido declarada inexequible la declaratoria de  conmoción  interior  con  fundamento  en la cual se había proferido el decreto  citado anteriormente.   

Una  vez  realizada  la  vista  pública, el  último  de  los mencionados despachos judiciales profirió fallo el 24 de julio  de  2003,  por cuyo medio condenó a JOSE MARIA BARCELO  PAEZ  y  Jhon  Fredy Muñóz  Barco  a la pena principal de ocho (8) años y seis (6)  meses  de  prisión  y  multa  de  ciento  diez  (110) salarios mínimos legales  mensuales.  También los condenó a la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  libertad  y  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización de  perjuicios,  como  coautores penalmente responsables del concurso de delitos por  el  cual  fueron  acusados, negándoles el subrogado de la condena de ejecución  condicional.   

          Impugnada   la  sentencia  por  los  defensores  de  los  procesados  BARCELO  PAEZ  y  Muñóz  Barco,  el Tribunal Superior de  Pereira  la  confirmó  mediante  fallo del 30 de septiembre de 2003, la cual es  ahora  objeto  de  impugnación  extraordinaria  interpuesta por el defensor del  primero de los nombrados.   

LA DEMANDA  

El  recurrente  formula dos cargos contra el  fallo de segundo grado, los cuales postula y desarrolla así:   

          1.        Primer  cargo  (principal):  Nulidad  por  violación del derecho de  defensa.   

          Al  amparo  de  la  causal tercera de casación, el actor afirma que  desde  que  su  asistido rindió indagatoria el 29 de abril de 2001, hasta el 19  de  mayo  de  2003  cuando  asumió  su  representación,  careció  de  defensa  técnica,   pues   si   bien  se  le  designó  defensor  de  oficio  en  varias  oportunidades,  lo  cierto  es  que  los profesionales no adelantaron actuación  alguna,  no  interpusieron  recursos, no solicitaron la práctica de pruebas, no  dialogaron  con  el  procesado  y  posteriormente renunciaron, circunstancia que  “representa  una  verdadera violación al Derecho de  Defensa  del  sindicado y genera una NULIDAD DE ORDEN CONSTITUCIONAL”.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho por falso raciocinio.   

Bajo  la  égida  de  la  causal  segunda de  casación,  cuerpo segundo, el censor afirma que se violaron los artículos 29 y  32  numeral  11 del Código Penal, pues su procurado laboró durante más de dos  años  en  el  convulsionado  sector  de  la  Galería de Pereira, en el cual se  cometen  con  bastante  frecuencia  delitos  de  homicidio,  lesiones  y hurtos,  teniendo  él  en  su  condición  de  vigilante  el deber de capturar a quienes  atentaban  contra  el  patrimonio  económico,  motivo  por  el cual contaba con  esposas  y  armas,  siendo  vista  su  actividad  como  beneficiosa para toda la  comunidad.   

          Agrega  que, como a uno de los comerciantes del sector, Carlos   Angel   Torres  Ruiz,  le  fueron  hurtadas  dos armas de fuego y cerca de dos millones y medio de pesos, presentó  la  correspondiente  denuncia  pero  no  obtuvo  apoyo  de  las  autoridades  de  policía,  razón  por  la  cual  acudió  a JOSE MARIA  BARCELO   para  que  aprehendiera  en  el  barrio  La  Independencia   a  uno  de  los  autores  del  referido  ilícito,  esto  es,  a  José    Robinson    González    Osorio,  como  en  efecto  sucedió,  siendo  sorprendido  y privado de su  libertad cuando lo conducía hacia un CAI.   

          De  lo  expuesto  concluye que aparte de la intención de entregar a  José  Robinson  González a  las  autoridades,  su  asistido no tenía interés diferente para aprehenderlo y  que  si  se  encontraba  convencido  que en su comportamiento no cometía delito  alguno,  debe  reconocerse que actuó dentro de los supuestos establecidos en el  numeral  11  del  artículo  32  del  estatuto  penal,  pues  si bien su actitud  “fue  temeraria,  no estuvo enmarcada por el dolo de  secuestrar  a  una  persona, sino de someter a un delincuente armado”.   

          Con  base  en lo anterior, el demandante solicita a la Sala declarar  “la   nulidad   del   proceso  desde  la  etapa  de  instrucción”  y  subsidiariamente, declarar que los  falladores  “incurrieron  en violación indirecta de  la  ley  sustancial  por error de hecho por falso raciocinio, para lo cual emita  sentencia       de       fondo,       corrigiendo      el      yerro”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.        Con  relación  al  primer cargo (principal): Nulidad por violación  del derecho de defensa.   

Reiteradamente ha puntualizado la Sala que si  bien  la  acreditación  de  la  causal  tercera  de  casación resulta ser más  flexible  que  la requerida para demostrar las otras causales, es imprescindible  que  el  demandante  proceda con precisión, claridad y nitidez a identificar la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y  lo  más  importante,  acreditar  que  la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  relación  con  esta  censura,  pronto  advierte  la Sala que, contrariando las reglas técnicas expuestas, el discurrir  del  casacionista  resulta  vago  e  impreciso,  en  cuanto no señala de manera  detallada  de  qué  manera  se  produjo  la lesión al derecho de defensa de su  representado,   pues   simplemente   afirma  que  los  defensores  de  turno  no  adelantaron  actuación  alguna,  no  interpusieron  recursos, no solicitaron la  práctica   de   pruebas,  no  dialogaron  con  el  procesado  y  posteriormente  renunciaron.   

Sobre  el  particular  resulta  suficiente  expresar,  como  lo  tiene precisado la jurisprudencia, que no puede tenerse por  acreditada  la  causal  de  nulidad  por  violación  del  derecho  a la defensa  técnica  a  partir  exclusivamente  de la crítica que eleva el profesional del  derecho  que  ingresa  al  proceso  una vez proferido el fallo de segundo grado,  pues  ello  no pasa de constituir una postura procesal asumida desde una óptica  muy  particular  y  en  todo  caso  elaborada  mediante  un  examen ex  post,  que lejos está de configurar la  vulneración   señalada,  si  se  tiene  en  cuenta  que  en  atención  a  las  particularidades  de  cada  proceso  y la forma en que cada defensor enfrenta su  cometido  profesional,  no  es  posible  aceptar  una  sola y precisa estrategia  defensiva    en    punto    de    analizar   la   labor   asistencial   que   se  cuestiona.   

          Además,  la  falta  de concreción en punto de acreditar la lesión  al   derecho   de  defensa  del  acusado,  impide  al  impugnante  demostrar  su  importancia,  omisión  que de conformidad con el principio de trascendencia que  rige  la  declaratoria  de  invalidez  de la actuación, determina que cualquier  reclamo  resulta  inane,  como  que  no  basta con señalar que el procesado fue  asistido  sucesivamente  por  varios  defensores  o  que  estos  no trazaron una  adecuada  estrategia  defensiva  para  tener  como  acreditada la violación del  derecho de defensa técnica.   

          Tampoco  el censor se detiene a señalar desde dónde se produciría  el  efecto  invalidatorio  de la actuación en caso de prosperar el reproche que  postula,  razón  de  más  para  evidenciar  la  ausencia  de  técnica  en  la  presentación del reproche que torna imperativa su inadmisión.   

Adicional  a  lo  anterior,  en  punto  de  establecer  que las garantías y derechos del procesado no han sido conculcados,  considera  la  Sala  que al verificar el desarrollo de la actuación procesal se  arriba  a  la  conclusión  de que el acusado no fue abandonado en la asistencia  letrada, por las siguientes razones:   

En la diligencia de indagatoria realizada el  29  de  abril  de  2001  designó defensor de confianza, posteriormente, el 3 de  mayo  siguiente  otorgó poder a otro profesional, el cual solicitó el traslado  de   centro   carcelario,  se  notificó  personalmente  de  la  resolución  de  situación  jurídica,  solicitó  la  expedición  de  copias  de  lo  actuado,  deprecó  la  práctica  de  varias  pruebas  y se notificó personalmente de la  decisión  por  cuyo medio se accedió parcialmente al decreto de algunos de los  medios probatorios solicitados.   

Luego,  el  3  de julio de 2003 el procesado  otorgó   poder   a   una  abogada,  la  cual  solicitó  copias,  se  notificó  personalmente  de  la  resolución  de  cierre  de  la  instrucción y presentó  renuncia  el  13  de  agosto  siguiente,  de  lo  cual fue enterado el acusado y  entonces,  la  Fiscalía  le  designó  defensor  de  oficio, reconocido el 3 de  septiembre  y  a  quien  se  le puso de presente que estaba en curso el término  para  que  los  sujetos  procesales  presentaran  alegatos precalificatorios, se  notificó  personalmente  de la resolución acusatoria y el 10 de septiembre del  mismo  año  presentó  renuncia  a  su encargo profesional, día en que el ente  acusador  nombró otro abogado de oficio, el cual fue reconocido tres días más  tarde,  se  notificó de la acusación y renunció el 19 de noviembre siguiente,  razón  por  la  que al otro día se designó una profesional, la cual intervino  en   la   audiencia  preparatoria  y  después  renunció  el  29  de  enero  de  2002.   

          Entonces,  la funcionaria judicial que conocía del juicio solicitó  a  la  Defensoría  Pública  la  designación de un abogado, quien se notificó  personalmente  del  auto  que  fijó  fecha  y  hora  para la realización de la  audiencia  pública, así como de aquél por cuyo medio le fue otorgada libertad  provisional    a   JOSE   MARIA   BARCELO.  Posteriormente el procesado designó defensor de confianza, quien  intervino  en  la  audiencia  pública,  se notificó personalmente del fallo de  primer  grado,  interpuso  y sustentó recurso de apelación contra el mismo, se  notificó   de   la   sentencia   de   segunda  instancia  e  interpuso  recurso  extraordinario de casación.   

Del  anterior recuento procesal se evidencia  que  carecen  de  fundamento  los  argumentos del demandante, pues a lo largo de  toda  la  actuación,  desde la diligencia de injurada hasta ahora, el procesado  JOSE  MARIA  BARCELO  PAEZ ha  contado  con  la  asistencia de diferentes profesionales del derecho, los cuales  han  intervenido  activamente  en  el  trámite,  circunstancia que evidencia la  ausencia de violación a su derecho de defensa técnica.   

          De  lo expuesto puede concluirse, sin lugar a duda, que el procesado  JOSE  MARIA  BARCELO PAEZ sí  estuvo  asistido  técnicamente por profesionales del derecho durante las etapas  de  instrucción  y  juzgamiento, quienes ejercieron su labor contando para ello  con  oportunidades  reales  de  intervención  y  de  acuerdo a la estrategia de  defensa  que  se  trazaron,  la  cual  no  puede a la hora de nona aducirse como  motivo   para   deprecar   la   nulidad   de   la   actuación   procesal   así  cumplida.   

          Por las razones expuestas, se inadmite esta censura.   

          2.        Respecto  del  segundo  cargo (subsidiario): Violación indirecta de  la ley sustancial por error de hecho por falso raciocinio.   

Habida  cuenta  que el demandante postula el  error   de   hecho   por  falso  raciocinio,  es  pertinente  señalar  que  por  configurarse  tal  yerro  cuando  los falladores al valorar la prueba extraen de  ella  conclusiones  que  violan  las  reglas  de  la  sana  crítica, compete al  casacionista  establecer  qué  dice  concretamente el medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso y favorable a los intereses de su representado.   

No  obstante, pronto se advierte que ninguna  de  tales  exigencias satisfizo el impugnante, en cuanto únicamente dirigió su  esfuerzo  a plantear su propia percepción de las pruebas, apoyándose para ello  en  la particular valoración de las circunstancias que rodearon la aprehensión  de  su  defendido,  pero  sin acreditar que los falladores incurrieron en algún  error.   

En  efecto,  en  sede  de casación no basta  oponer  a la providencia reprochada los planteamientos del impugnante, pues como  tantas  veces  ha  sido  dicho,  resulta  imprescindible identificar y acreditar  yerros  trascendentes  de  los  falladores  en  punto de alguna o algunas de las  varias   especies  de  error  que  pueden  presentarse,  o  bien,  demostrar  la  violación  de  la  estructura  del  trámite  o de las garantías debidas a los  intervinientes,  labor  que  no  fue  emprendida  por  el defensor en manifiesto  desconocimiento  de  la  dual presunción de acierto y legalidad de la sentencia  impugnada.   

          Adicionalmente  se  observa  que  el  censor  postula  la violación  indirecta  del  numeral  11 del artículo 32 del estatuto penal que se ocupa del  error  de  prohibición,  pero  no  distingue  siquiera si se trató de un yerro  vencible  o  invencible,  omisión  que a la postre conduce a que no concrete el  sentido  del  fallo  de reemplazo que pretende, bien absolutorio por ausencia de  culpabilidad  por  la  presencia  de  un  error  de prohibición invencible, ora  condenatorio  con  rebaja  de  la  pena  a  la mitad por tratarse de un error de  prohibición vencible.   

          Ahora,  también  el  defensor  señala como violado el artículo 29  del  Código  Penal  que  regula  el  instituto  de  la  autoría, pero como sin  dificultad  se  observa,  en  el  desarrollo de la censura no orienta su labor a  demostrar el quebranto indirecto del referido precepto.   

          Igualmente,  en  punto  de  la  violación  indirecta  de las normas  citadas,  el  actor  no  atina  a señalar si fueron dejadas de aplicar o fueron  aplicadas indebidamente.   

Tampoco  acredita por qué considera que los  falladores  equivocaron  la  valoración  de las pruebas, pues no identifica los  medios  de  convicción  sobre  los  cuales recayó la incorrecta apreciación y  tanto  menos  indica  la  ley  científica, el postulado lógica o la máxima de  experiencia  que  fue  desconocida,  proceder que deja ayuna de demostración la  censura,  a  la  vez  que  le  impide  probar que al prescindir de las falencias  denunciadas,  el fallo atacado sería diferente y en todo caso beneficioso a los  intereses de su mandante.   

          Así  las  cosas, imperioso resulta que también este cargo debe ser  inadmitido.   

Por  tanto, no hay duda que la demanda acusa  las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  que no pueden en modo alguno ser  subsanadas  por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que  rige   el   trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado JOSE  MARIA  BARCELO  PAEZ, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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