21770(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21770  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado  acta  número  58   

Bogotá,  D.C., junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004)   

Le corresponde a la Corte pronunciarse acerca  de   la   admisibilidad   formal   de  las  demandas  de  casación  excepcional  interpuestas    por    los    defensores    de   los   procesados   ENNIO    JOSE    FUENTES,   SONIA  MONTENEGRO  TRIANA  y  JANETH   VIRACACHA   SANDOVAL,  contra  la  sentencia  proferida  el  2  de  agosto  de  1999,  por el tribunal Superior del  Distrito  judicial  de  Bogotá,  por medio de la cual los declaró responsables  del delito de homicidio culposo.   

HECHOS  

La   menor   Erika   Andrea   Villalba  fue  hospitalizada  en  la Clínica del Niño de esta ciudad el día 22 de septiembre  de  1996  por  orden  del  médico  Martín  Larrota  Diaz, para someterla a una  “anoplastia”  como  consecuencia  de  una  malformación  genética  de  ano  imperforado  y  cierre  de  colostomía  que  le  había sido practicada en otra  institución.  Para  la  realización  del proceso médico se le recomendó a la  madre  adquirir el medicamento “polietileno Glicol” (Colyte), que el médico  tratante   y   el  cirujano  pediátrico  Rafael  García  Gutiérrez  acordaron  suministrarle  a  la  menor  durante  ese  día, lo que no se pudo cumplir al no  encontrar  el  medicamento  en la clínica, debiendo por tal motivo efectuarle a  la   paciente   procedimiento   de   limpieza   mediante  irrigación  de  suero  fisiológico al 9% por sonda nasogástrica.   

No  obstante,  las  enfermeras  SONIA  MONTENEGRO  TRIANA  y  JANETH  VIRACACHA SANDOVAL, le comentaron a  la  madre  de  la menor de esa situación y le sugirieron comprar el medicamento  que  hacía  falta,  para  en  seguida  suministrárselo a la niña en forma por  demás  equivocada,  ocasionando  su  muerte,  la  cual probablemente se hubiera  podido  impedir  si  el médico especialista ENNIO JOSE  FUENTES  la hubiera valorado oportunamente como era su  deber.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

El  26  de noviembre de 1996 la Fiscalía 54  Seccional  abrió investigación penal y ordenó vincular a las enfermeras jefes  Lucy  del  Pilar  Bejarano  y  Sonia  Amparo Montenegro, y a los médicos Rafael  García  Gutiérrez,  José  Gustavo Murcia y Ennio Fuentes, y el 12 de marzo de  1997  se abstuvo de imponerles medida de aseguramiento.            

El 23 de junio de 1997 se ordenó vincular a  Janeth  Viracacha  Sandoval, a quien el 21 de agosto del mismo año se le impuso  medida  de  aseguramiento  por  la comisión del delito de homicidio culposo, la  cual se hizo extensiva a Sonia Amparo Montenegro.   

El  28  de  agosto  del  año  siguiente, la  fiscalía  acusó  a  Sonia  Amparo Montenegro, Janeth Viracacha Sandoval, Ennio  Fuentes  y  Rafael  García, y la precluyó a favor de los demás co procesados;  el  2  de  agosto  de  1999  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá confirmó la decisión.   

El  10  de  octubre de 2002, el Juzgado 37  Penal  del  Circuito  condenó  a  Sonia  Amparo  Montenegro,  Janeth  Viracacha  Sandoval  y  Ennio  Fuentes  a  la  pena  principal  de  24 meses de prisión, y  absolvió a Rafael García   

.  

El Tribunal Superior de Bogotá confirmó la  decisión  mediante  la  sentencia  que  hoy  se  recurre  mediante  el  recurso  excepcional de casación.   

LAS DEMANDAS DE CASACION  

1.- Demanda a nombre  de ENNIO JOSE FUENTES   

El demandante considera que es necesario para  el  desarrollo  de  la jurisprudencia que la Corte se pronuncie sobre la teoría  de   la   imputación   objetiva   y   su   incidencia   en  la  responsabilidad  médica.   

Además porque un derecho penal que se acople  con  la  noción  de  estado democrático y social de derecho es contrario a las  desviaciones  que,  por hacerle el juego a la causalidad, terminan por consentir  que la responsabilidad es eminentemente objetiva.   

Causal Primera  

El  libelista  presenta dos cargos contra la  sentencia al amparo de la causal primera de casación:   

Primer   cargo:  violación  directa  de  la  ley  sustancial  al  interpretar  erróneamente los  artículos 12 y 25 del código penal.   

Estima el libelista que para el derecho no es  esencial  el sentido naturalístico de la conducta sino el normativo, razón por  la  cual  se  requiere  demostrar  la  relación entre la creación de un riesgo  jurídicamente  desaprobado  y  la producción del resultado lesivo y relevante,  en  lugar  de  la  simple relación de causalidad como argumento de enlace entre  acción y resultado.   

En  ese  margen,  dice, no es suficiente con  haber  demostrado  que  el procesado no valoró a la paciente la noche del 23 de  septiembre,  ya que ella fue atendida el día de su muerte a las 2 de la mañana  por  el  médico  anestesiólogo, encontrándola en perfecto estado de salud, de  tal  manera  que  la  relación  entre  la omisión y la muerte de la niña solo  puede ser aceptada en el marco de las reglas de la causalidad.   

          En  consecuencia,  el  tribunal  erró  al no verificar la relación  entre  la  omisión  del  médico y la muerte de la paciente, de acuerdo con las  reglas de la imputación objetiva.   

             Segundo  cargo:  violación de la ley sustancial al incurrir el  juzgador en error de hecho por falso juicio de identidad.   

             Aduce   el  censor  que  el  tribunal no valoró adecuadamente el contenido de la diligencia  de  indagatoria  de  su defendido, la de José Gustavo Murcia Celis, la historia  clínica de la fallecida y los dictámenes de medicina legal.   

             De   allí  concluye  que el tribunal no comprendió lo que es una valoración anestésica y  que  si  lo  hubiese  comprendido  la  solución  habría  sido diversa a la que  finalmente propició.   

           Este  error  a  su  juicio se proyecta en la decisión al no haber tenido en cuenta la  valoración  anestésica  con  el  dictamen de medicina legal, que indica que la  paciente   murió   por  desequilibrio  electrolítico  y  por  deshidratación.   

            Además,  insiste, si se probó que la paciente fue valorada a eso de las dos de  la  mañana,  el  procesado  actuó  bajo  el  principio de confianza, y por esa  razón  no  tenía  la  dominabilidad del acto, de tal manera que no se le puede  imputar la producción del resultado a una omisión intrascendente.   

          Causal tercera   

          Cargo  único: Subsidiariamente, con apoyo  en  la  causal  tercera, presenta un cargo, al considerar que el proceso es nulo  por  contener  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso,  derivadas  del  hecho  de  desconocer la ejecutoria formal de la resolución por  medio  de  la  cual  se  definió la situación jurídica y sus efectos, pues en  ella  se  abstuvo  el  funcionario de imponerle medida de aseguramiento, y luego  sin  mas  se  le  acusó  del  comportamiento  por  el cual fue condenado.    

            2.-  Demanda  a  nombre  de  SONIA AMPARO MONTENGRO   

          Cargo  Unico   

           Acusa  a  la  sentencia  de violar indirectamente normas de derecho sustancial, al incurrir en  error de hecho por falso juicio de existencia.   

            El   censor  señala  que se le atribuyó a su defendida “una causalidad aberrante”, como  quiera  que no existe nexo objetivo ni subjetivo entre su acción y la muerte de  la  menor;  y  que de igual manera no se probó la violación del deber objetivo  de cuidado, pues ella obró según órdenes superiores.   

           A  su juicio  no  se  hizo una valoración sistemática de las diferentes pruebas que obran en  el  proceso  y  en  especial  de  la  confesión  del  médico  tratante, de los  dictámenes  referentes  a la improcedencia del medicamento y de los testimonios  de médicos y personas vinculadas con la institución.   

           Señala  que  una   interpretación   correcta   del  material  probatorio  hubiese  permitido  imputarle  la  conducta  a  los médicos tratantes y no a su defendida, quien se  limitó   a   suministrar   el   medicamento,  como  era  su  deber.   

           3.-  Demanda  a nombre de YANETH VIRACACHA SANDOVAL   

         El  recurrente  considera  necesario  que  la  Corte  desarrolle  la  incidencia  en  la  teoría  del  delito  de  los  conceptos  de  acción  y  de  imputación  que la sentencia desconoce, citando para ese fin los textos legales  relacionados   con   la   temática   que   él   cree   que   la   Corte   debe  tratar.   

            Además,  a  su  juicio,  la  Corte  debe  ocuparse  de  la  demanda  con el fin de restaurar  garantías  fundamentales  de  la  procesada,  conculcadas  al  no  haberse dado  traslado  del  dictamen  médico  relacionado  con  la  historia  clínica de la  menor.   

          Causal primera   

          Primer  cargo:  Acusa  a  la  sentencia  de haber incurrido en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  al  cercenar el testimonio  de  María  Eugenia  Mayorga  Melo,  debido  a  que  en la sentencia se afirma que ella entendió la orden del  médico,  cuando  lo  cierto  es  que  en  apartes  de  la  declaración dijo no  comprender las órdenes que se le dieron.   

           Destaca  que  una  lectura  detenida  de  la  historia  clínica  y  de  la declaración de la  enfermera   Mayorga   Melo,   permite  establecer  que  sólo  después  de  los  lamentables  hechos  se  instruyó al personal de la clínica acerca de la forma  como  se  debe  suministrar  el medicamento, lo cual implica que no se lo podía  exigir  a  su  defendida que obrara de acuerdo con un conocimiento que no tenía  para esa época.   

              

          Segundo  cargo:  Haber  incurrido  en  error de hecho por falso  juicio  de  existencia  al omitir el análisis del dictamen pericial relacionado  con  el  estudio  grafológico  de  la historia clínica, con lo cual se habría  demostrado  de  manera  suficiente  que ella no entendió la orden dada y por lo  tanto que no incurrió en negligencia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Si  se  tiene  en  cuenta  que  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá profirió la sentencia bajo la vigencia del actual código  de  procedimiento penal (ley 600 de 2000), la única posibilidad de controvertir  su  validez  es  a través del recurso excepcional de casación, como quiera que  según  los  trazos  del  artículo  205  la  impugnación  en  principio  está  reservada  “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda instancia por los  tribunales  superiores  de distrito judicial y el Tribunal Penal Militar, en los  procesos  que  se  hubiesen adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de ocho años, aun cuando la  sanción haya sido una medida de seguridad.”   

          Como  excepción,  para casos como el que ahora se estudia, la misma norma dispone que  “de  manera  excepcional, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, puede  admitir    la    demanda    de    casación   contra   sentencias   de   segunda  instancia   distintas a  las  arriba  mencionadas,  a  solicitud de cualquiera de los sujetos procesales,  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía   de  los  derechos  fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos   exigidos  en  la  ley.”          

            De   manera  que  no  basta con que el recurrente amolde la demanda a las exigencias de forma  indicadas  en  el  artículo 212 de la ley 600 de 2000, pues a mas de ello tiene  la  carga  de  señalar  cual  el  derecho  fundamental vulnerado y la garantía  reclamada,  o  por  qué el tópico que se indica es vital para el desarrollo de  la jurisprudencia.   

         Aparte  de los defectos formales de las demandas, lo que a ellas les  es  común es su deficiencia argumentativa en orden a lograr que la Corte ejerza  su  facultad  discrecional, como se verá a continuación, cuando no su absoluta  falta  de  mención  al  propósito que se busca, como es palmario en la demanda  presentada a nombre de Sonia Amparo Montenegro.   

          En  las otras, se ha señalado por parte de los censores que estiman  de  importancia  que  la  Corte  se ocupe de la relación entre la teoría de la  imputación objetiva y la responsabilidad médica.   

           No  obstante  la  actualidad del tema y las diferentes interpretaciones sobre la temática que  tanto  doctrinaria  como  jurisprudencialmente se han expuesto, la verdad es que  no  basta  para  cumplir  con el presupuesto que el artículo 205 del código de  procedimiento  penal  exige,  con  mencionar su importancia o su novedad, ni con  explicar  cuál  es el punto de vista del recurrente. No, se requiere indicar en  qué  forma  la  decisión de la Corporación al asumir el estudio de la demanda  permitirá  establecer  criterios  jurisprudenciales que al tiempo que resuelvan  el  caso  concreto,  servirán  de criterio auxiliar para posteriores decisiones  judiciales,  en  el propósito de unificar la jurisprudencia penal. 1   

          Que  el tema sea actual tampoco puede ser razón única y suficiente  para  que  la  Corte  aborde  su  estudio,  ni  tampoco  el que existan las más  variadas  interpretaciones  sobre  el  punto,  pues  la  ciencia  del derecho es  precisamente  polémica  y  novedosa,  de  tal  manera  que  si  se aceptan esos  argumentos  tan  genéricos,  prácticamente  se  abriría la puerta para que la  casación  discrecional  o  excepcional se vuelva tan común que las diferencias  entre   ella   y   la   ordinaria   no   tendrían  razón  de  ser  ni  sentido  alguno.   

          De  otra  parte,  las  teorías sobre la causalidad y la imputación  jurídica  del  resultado  no  son ajenas a las decisiones de la Corte, y en ese  sentido los libelistas pasan por alto que:   

          “…  antes  y  después  de  la  vigencia  de  la  ley  599  de  2000,  han  existido  pronunciamientos  de  la sala en punto de la causalidad y como ella no basta por  si  sola  para  la imputación jurídica del resultado, en tanto que establecida  la  causación  material  del  resultado,  resulta imperativo por mandato legal,  entender  que la imputación no podrá ser simplemente causal sino que esta debe  ser  jurídica,  en  tanto  se  requiere tener como fuente para establecerla, la  prohibición  típica,  a  la  cual  se impone igualmente fijarle su sentido, el  cual  no  podrá  ser  abstracto  sino tener en cuenta su objeto de protección,  esto  es  el  bien  jurídico  que  con  la misma se pretende tutelar y bajo tal  sustento  determinar  si  la  acción  objeto  de  análisis  corresponde  a  la  prohibida,  es  decir  si  con  ella se ha puesto en peligro o vulnerado el bien  jurídico  protegido,  lo  cual exige recurrir a criterios valorativo normativos  que  jurídico  socialmente  confronten  la  conducta  en  cuestión  dentro del  alcance   típico   del   supuesto  de  hecho.”  2   

   De  manera que los argumentos de los  demandantes  son insuficientes en orden a que se admita la casación y aborde el  tema,  pues  como  se  ha  indicado,  en  diversos  pronunciamientos la Corte ha  delineado  el  perfil  de la fórmula de imputación contenida en el artículo 9  del  código penal, de su comprensión y del papel reductor de la causalidad que  le es propio.     

           Ello,  pues,  es    suficiente    motivo   para   que   la   Corte   inadmita   las   demandas  presentadas.   

Pero  por  fuera  de  ello,  en la demanda a  nombre  de Ennio José Fuentes, se incurre en una deficiencia adicional, pues el  actor  en  forma  subsidiaria, quebrando el principio de prioridad, cuestiona la  indebida  e  ilegal  construcción  del  proceso,  lo  que por supuesto no tiene  relación  con  el  motivo  aducido  como  fundamento de la discrecionalidad que  solicita   que   la   Corte   ejerza   para   aprehender   el   estudio   de  la  demanda.   

                                                         Lo   mismo  ocurre  con la demanda propuesta a nombre de Janeth Viracacha Sandoval, como que  con  la  pretensión por que se restauren garantías fundamentales supuestamente  transgredidas,  cuestiona  el  proceso y su validez por no haberse dado traslado  del  dictamen  médico relacionado con la historia clínica de la menor, pasando  por  alto  que ya se tiene por bien sabido que los dictámenes se pueden objetar  hasta    antes    de   que   finalice   la   audiencia   pública   (artículo  255  del  código  de procedimiento penal),  y  que  esa  omisión,  de presentarse, carece de incidencia en la  validez  del  proceso  y  de  la  importancia  que  el casacionista le confiere.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE   

Inadmitir   las   demandas   de   casación  excepcional   presentadas   a  nombre  de  ENNIO  JOSE  FUENTES,  SONIA  MONTENEGRO  TRIANA  y  JANETH  VIRACACHA  SANDOVAL,   por   las   razones   expuestas  en  esta  decisión.   

No proceden recursos.  

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

HERMAN GALAN CASTELLANOS  

JORGE A GOMEZ GALLEGO      ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO     ALVARO O PEREZ PINZON   

MARINA        PULIDO        DE  BARON      JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS       MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cfr.  Sentencia  de  abril 9 de 2002. Radicado 16226.  M.P. Carlos Mejía Escobar   

2  Casación   discrecional   19998.  Mayo  27  de  2003.  M-P.  Marina  Pulido  de  Barón   

    Cfr.  Radicación  14815,  noviembre  15 de  2000. M.P. Carlos Gálvez Argote   

           Radicación 15065, marzo 121 de 2002. M.P. Carlos Gálvez Argote   

           Radicación   16547,  noviembre  19  de  2002,  M.P.  Fernando  Arboleda  Ripoll   

           Radicación   12742,   abril   4   de   2003,   M.P.   Albvaro   Orlando  Pérez  Pinzòn.     

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