21716(02-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21716  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    Dr.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                     Aprobado Acta #  46   

Bogotá D.C., junio dos (2) de dos mil cuatro  (2004).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado  JORGE  ISAAC  ORJUELA  MORENO.   

ANTECEDENTES:  

1.   El  18  de  diciembre  de  2001, en la oficina 402 de la carrera 7ª #13-63 de Bogotá, Ciro  Francisco  Ramírez  Pérez  fue  agredido  repetidamente con arma blanca y como  consecuencia de las lesiones recibidas falleció.   

Ese hecho se le imputó a JORGE ISAAC ORJUELA  MORENO,  quien  fue  aprehendido  el  mismo día cuando pretendía huir de dicho  inmueble,  llevando  consigo una bolsa cuyo contenido eran, entre otros objetos,  dos armas de fuego, un cuchillo, municiones y joyas.   

2. La Fiscalía lo  vinculó  al  proceso  a  través  de  indagatoria,  le  resolvió la situación  jurídica  con  detención  preventiva  y  el  8  de  abril de 2002 lo acusó en  calidad  de autor de las conductas punibles de homicidio agravado, hurto y porte  ilegal de armas.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  Juzgado  12 Penal del Circuito de Bogotá, mediante sentencia del 4  de  febrero de 2003, lo condenó a 26 años de prisión, inhabilitación para el  ejercicio   de derechos y funciones públicas por el término de 20 años y  al  pago  en  concreto  de  los  perjuicios  materiales causados con el atentado  contra la vida. Y,   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal Superior de Bogotá, a través del  fallo  impugnado  en  casación, expedido el 29 de mayo de 2003, lo confirmó en  su integridad.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos.  

1. El primero  se  encuentra  fundamentado en la  causal  1ª  de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta de los  artículos 103, 104, 239, 240, 358 y 365 del código Penal.   

Para  el  defensor,  la  falta  de peritazgo  “decadactilar”  a los elementos incautados impidió determinar quién fue el  verdadero  autor  del  crimen,  el cual se le atribuyó a su representado por el  simple  hecho  de  llevar  esos  objetos  en  una  bolsa, pasándose por alto la  explicación  satisfactoria  que  suministró sobre la razón de esa situación.   

1.1. El Tribunal, de  otra parte, no tuvo en cuenta las siguientes circunstancias:   

    

* Que  ORJUELA   no   pudo   ser  el  homicida  por  disponer  “de  cierta  solvencia  económica”.     

    

* Las  joyas  decomisadas  cuestan  entre 2 y 3 millones de pesos. De dónde, entonces,  resultan 15 o 20 millones de pesos?     

    

* En  la  indagatoria  su  representado  refirió  que  en  los elementos puestos a su  disposición  no  estaban  una  cadena  suya  y  otra de “el paisa”, lo cual  significa   que   el   último   estuvo   en   la   oficina  donde  sucedió  el  crimen.     

    

* Según   Stella   Pineda,   esposa   del   occiso,   cuando   habló  telefónicamente  con  él  por  última  vez  el  día  de los hechos, escuchó  “voces  como  de  hombre”, lo cual significa que en ese momento ORJUELA y el  paisa conversaban.     

    

* “El  ascensorista  Niño  –es      cita     textual—dice  que  don  Pacho  subió  solo,  no  iba  ORJUELA como pretende  hacerlo  ver  Zipaquirá (Bustos). Sucede, empero que una persona no conocida va  con  otro  que  sí  lo es en el edificio, por tal razón dice Niño que él iba  solo.   Indudable  que  el  paisa  subió  con  don  Pacho  a  la  402  a  la  1  P.M.”.     

    

* De  haberse  hurtado  su defendido las joyas, las habría llevado en sus bolsillos y  el  revólver  en  la  cintura,  para que nadie notara nada. No hubiera subido y  bajado las escaleras “buscando al paisa”.     

Concluye que esas eventualidades “demeritan  la  autoría  de  los  ilícitos”  en  cabeza  de  su  asistido, a quien se le  declaró   responsable   por   “la   simple   apariencia   del   porte  de  la  bolsa”   

1.2.   Aduce  el  casacionista,  finalmente,  que  el  juzgador no tuvo en cuenta el testimonio de  Stella  Pineda,  quien afirmó que escuchó voces de hombre en la oficina cuando  habló  por  teléfono  con  su  esposo;   la exposición de ORJUELA, quien  indicó  que  el  paisa  también  estuvo  en  el lugar del crimen;  y, por  último,  la  declaración  del  vigilante  Niño,  quien  expresó  que  “don  Pacho” subió solo.   

Las dos declaraciones, en cuanto concuerdan,  no  deben  desecharse.  Así,  pues,  “probado”  que  el  paisa estuvo en la  oficina  402,  es claro que ORJUELA MORENO resultó condenado por delitos que no  cometió.   

2.  Con apoyo en la  causal   3ª   de   casación,   denuncia   el   defensor   en  el  segundo   reproche  que  se  incurrió  en  nulidad   por   violación   del   debido   proceso  al  omitirse  “la  prueba  decadactilar” a la cual se refirió en el cargo anterior.   

Solicita  el abogado, en fin, que se case la  sentencia impugnada y se dicte el de reemplazo respectivo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.   Se   viola  indirectamente   la   ley   sustancial,  como  es  sabido,  por  errores  en  la  apreciación  probatoria,  que  pueden  ser  de hecho o de derecho. Los primeros  tienen  lugar  cuando  el  juzgador  supone  u  omite  pruebas  (falso juicio de  existencia),  cuando distorsiona o altera su contenido material (falso juicio de  identidad),  o  cuando  realiza la apreciación probatoria con desbordamiento de  la  sana  crítica (falso raciocinio).  Los errores de derecho tienen lugar  cuando  el  Juez  aprecia  pruebas  inválidas o cuando tiene como tales pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad)  o cuando considera que la prueba tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella desconoce el valor o la  eficacia    probatoria    que    la    ley    le   asigna   (falso   juicio   de  convicción).   

El sujeto procesal, al proponer cualquiera de  dichas  equivocaciones  en  casación, tiene la carga lógica de precisarla y la  de  demostrarle  a  la  Corte su trascendencia, es decir, que de no haber tenido  ocurrencia  el error, otra hubiera sido la sentencia, lo cual le impone el deber  lógico de confrontar y desvirtuar sus términos.   

Son  las  exigencias  formales de claridad y  precisión  en  la  presentación  del cargo previstas en el artículo 211-3 del  Código  de  Procedimiento  Penal, evidentemente incumplidas por el censor en la  formulación de la primera censura, como se verá enseguida.   

2.  Es cierto  que  con  fundamento  en  la  segunda parte de la causal primera de casación le  atribuyó   al   Tribunal   haber  incurrido  en  “error  de  hecho”  en  la  apreciación  probatoria,  pero  no  especificó  su  modalidad ni se deduce del  contenido  del  cargo,  en  el  cual  en  realidad  no  denuncia  ningún  yerro  probatorio  sino  que  se  limita a oponerse a la conclusión del fallo acusado,  indicando  que  no se tuvieron en cuenta una serie de juicios probatorios que lo  único  que  denotan  es  su inconformidad con la apreciación de las evidencias  realizada  por el juzgador, cuyo debate –como  se  sabe—  es  improcedente  a  través  del  recurso extraordinario de casación porque el  mismo  no  es  una  tercera  instancia  del  proceso  penal,  sino  un mecanismo  instituido para juzgar la legalidad de la sentencia.   

3.  Un  defecto  adicional  en  el  cual incurre el recurrente tiene que ver con la transgresión  de  la  regla de no contradicción que rige en casación, al incluir un problema  de  nulidad  en  el reproche, que de todas maneras no desarrolla y reitera en el  segundo cargo.   

La irregularidad procesal que plantea, aunque  no  lo  diga  expresamente,  tiene  que  ver  con la posible transgresión de la  garantía  constitucional  de  investigación  integral,  cuya  proposición  en  casación  le  implica como deber al demandante precisar qué pruebas se dejaron  de  traer  al  proceso  y demostrar su pertinencia, conducencia y utilidad, así  como  la  trascendencia  de  la omisión, es decir la acreditación de que si el  juzgador   hubiera  contado  con  ellas,  el  sentido  del  fallo  habría  sido  diferente.   

En  el  presente caso el defensor se limitó  únicamente  a  señalar  como  prueba  omitida  el peritazgo dactilar sobre los  objetos  decomisados,  absteniéndose  de  acreditar,  de  cara  a los términos  lógicos     del     fallo,    cómo    el    mismo    habría    conducido    a  desvirtuarlos.   

Así   las   cosas,   la  demanda  resulta  inadmisible.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   a   nombre   del  procesado  JORGE  ISAAC  ORJUELA  MORENO.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                           JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                     MAURO SOLARTE  PORTILLA                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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