21715(03-11-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 21715  

                            CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA   

                                               SALA DE CASACIÓN PENAL   

                              MAGISTRADO  PONENTE   

                            HERMAN GALÁN  CASTELLANOS   

                            APROBADO ACTA  No. 095   

                           Bogotá, D.C.,  tres (3) de noviembre de dos mil cuatro (2004).   

                                   Resuelve  la  Corte  la  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado  FRANCISCO  PÉREZ  JIMÉNEZ,  contra  la  sentencia proferida  el 18 de diciembre  de 2002  por  el  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  la  cual confirmó el fallo  dictado  por  el Juzgado 47 Penal del Circuito de esta ciudad, que lo condenó a  30  meses  de  prisión,  multa  en  cuantía  de  5 unidades, salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  lapso igual al de la pena principal, al hallarlo responsable del delito  de estafa agravada en concurso con falsedad personal.   

         HECHOS   

          La  sentencia  proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  precisó  los  hechos  que  dieron lugar al proceso penal  adelantado   en   contra  de  JOSÉ  FRANCISCO  PÉREZ  JIMÉNEZ, así.   

“Se  encuentra  establecido que el señor  JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ    JIMÉNEZ  simulando  la  calidad  de  abogado, convenció al señor JUAN DE  DIOS  PÁEZ  FRANCO  de la iniciación del cobro jurídico de un dinero que para  la  fecha  le  adeudaba  el  supuesto CONSORCIO FINACIERO S.A., empresa ficticia  creada  por  aquel  y sus compinches para lograr que el prenombrado PÁEZ FRANCO  le  hiciera  entrega  real y efectiva de una considerable suma de dinero a raíz  de la compraventa de una retroexcavadora.   

Mediante  escritos,  telegramas,  llamadas  telefónicas   y   supuestas   denuncias,   demandas   y  decisiones  judiciales  paulatinamente  alcanzó la meta propuesta, esto es, apropiarse del dinero de su  víctima  de  turno  pues  con  su  ingeniosa  imaginación  alcanzó a crear un  proceso  en  el  cual  se  embargó,  secuestró,  remató  y  adjudicó un bien  inmueble  propiedad  del  CONSORCIO FINANCERO S.A., con el cual se le hizo creer  no  sólo  se  cancelaría  el  dinero defraudado sino que resultaría ventajoso  para  PÁEZ FRANCO ya que adquiría por un bajo costo, cuarenta y cinco millones  de  pesos  $45.000.000,  un  inmueble  avaluado  en  la  suma  de ciento ochenta  millones de pesos”.   

“Con   palabrería  bonita  y  escritos  contentivos  de falsedades el procesado se apropio de treinta y tres millones de  pesos,  que  ingenuamente le entregara JUAN DE DIOS, en espera de ver resarcidos  los daños ocasionados por el llamado CONSORCIO FINANCIERO”.   

         ACTUACIÓN PROCESAL   

          La  Fiscalía  Quinta  de  la  Unidad de  Patrimonio   Económico   con   sede   en  Bogotá,  el  29  de  enero  de  1997  ordenó     investigar  preliminarmente  los  hechos denunciados por el abogado MANUEL DE DIEGO RAGA. El  19  de  noviembre  de  1997 la Fiscalía 105 Seccional de la misma Unidad abrió  diligencias  previas  con  base  en  las  copias remitidas por el Juzgado Octavo  Civil  del  Circuito de Bogotá, despacho que posteriormente dispuso la apertura  de  investigación  penal  en contra de JOSÉ FRANCISCO  PÉREZ  JIMÉNEZ.  La  primera  de  las diligencias en  mención fue acumulada a esta actuación.   

                 Para   la   vinculación   de  JOSÉ   FRANCISCO   PÉREZ   JIMÉNEZ   se  dispuso  su  captura,  la que por no haberse logrado dio lugar a  que  se  le  declarara  persona  ausente  y  designara apoderado de oficio (T.P.  16.654  del  C.S.  de la J.) con el cual prosiguió el trámite del sumario (fl.  119  a  129, cd. 1). Mediante resolución del 21 de febrero de 2001 se le impuso  al   procesado  medida  de  aseguramiento  consistente  en  caución  prendaria,  imputándole  los  delitos  de estafa agravada por la cuantía (artículos 356 y  372  del  C.P.  de  1980),  en  concurso  con  falsedad  personal (artículo 227  ibídem),   resolución   en   la  que  se  ordenó  cerrar  la  investigación,  formulándose  resolución de acusación el 25 de abril de 2001, por los delitos  imputados   en   la   providencia   que  resolvió  situación  jurídica.    

          El  22  de  mayo de 2001 el defensor del procesado manifestó que se  había  posesionado como servidor público desde el 2 de febrero de 2001, razón  por  la  cual  se encontraba inhabilitado para notificarse de la providencia que  calificó  el  mérito  del  sumario,  por lo que se designó como apoderado del  procesado  al  profesional del derecho con T.P. 52.767 del C. S. de la J., quien  se   posesionó  el  15  de  junio  de  2001,  fecha  en  la  que  se  notificó  personalmente de la resolución de acusación.   

          El  Juzgado  47  Penal  del  Circuito de  Bogotá   corrió   el   traslado   del  artículo  446  del  C.P.P.,  enterando  telegráficamente  a los sujetos procesados, realizó la audiencia preparatoria,  a  la  que  no  concurrió  el  defensor,  habiéndose  decretado de oficio como  pruebas  la recepción de las declaraciones de GLORIA y LEONOR PÁEZ, FLOR INÉS  CASTRO,  JORGE HUMBERTO REY y JAIRO ERNESTO PÁEZ PÁEZ, además ordenó allegar  copia  de  la  hoja  de  vida  del  procesado y realizar un cotejo grafológico,  prueba  ésta  última  que  no  se practicó porque el material remitido no era  apto para la peritación.   

               El  3  de  octubre  de  2001  se  admitió  demanda  de  parte  civil y el 26 del mismo mes se realizó la primera  sesión  de  la  audiencia  pública,  a  la  que  concurrió  el defensor,  sesión en la que se recibió declaración a JAIRO PAÉZ PÁEZ.   

          El  18  de  diciembre  de  2001  se tuvo  conocimiento  que  el  procesado JOSÉ FRANCISCO PÉREZ  JIMÉNEZ  estaba privado de la libertad por cuenta del  Juzgado  45  Penal  del Circuito de Bogotá, despacho que profirió en su contra  condena  por  los  delitos de falsedad y estafa, ordenándose enterarlo sobre el  estado   del   proceso.   El  inculpado  presentó  escrito  en  el  que  hacía  consideraciones  sobre su vida personal y familiar, aceptando haber incurrido en  errores   y   solicitó   consideración   para  su  situación  al  momento  de  fallar.   

          El  26 de febrero de 2002 se reanudó la  audiencia  pública,  a  la que compareció el sindicado, a quien se le recibió  indagatoria,  versión en la que admitió haber recibido poder para adelantar un  proceso  ejecutivo  y  pago  de  honorarios, así como la suma de $8.000.000 por  parte  de  JUAN  DE  DIOS  PÁEZ  FRANCO,  alegando  haberlo  hecho en estado de  necesidad,  además  solicitó  disculpas  por  el error cometido y reclamó, en  caso  de  condena,  la sustitución de la pena por el subrogado de la condena de  ejecución  condicional.  En  la  diligencia  se recibieron las declaraciones de  GLORIA  INÉS  CASTRO PÁEZ, MARYLIN MÉNDEZ CRUZ, LEONOR PÁEZ y JORGE HUMBERTO  REY  MONTAÑEZ. El defensor presentó sus alegaciones por escrito (fl. 101 y ss,  cd.  2) en el que señaló que en cumplimiento del principio de lealtad procesal  no  podía  desconocer la verdad demostrada en el expediente, pues la prueba era  indicativa  de  la  autoría  intelectual y material del proceso respecto de los  delitos  imputados  en  la  resolución  de acusación, por lo que no encontraba  otra  alternativa  que proferir sentencia condenatoria, debiéndose dosificar la  pena  por favorabilidad con base en el Decreto 100 de 1980, pues consideró más  gravoso el nuevo código penal.     

          El  6  de  marzo  de  2001  el procesado  cuestiona  las  alegaciones  del  debate  oral presentadas por la fiscalía y la  parte  civil  y solicita al juzgado la aplicación de los principios rectores de  la  ley  penal, la prescripción de la acción penal, la aplicación de la norma  más favorable y la prisión domiciliaria.   

         

                               La sentencia  de  primera  instancia proferida por el Juzgado 47 Penal del Circuito de Bogotá  fue  impugnada  por el procesado y su nuevo defensor (T.P. 79.608 del C.S. de la  J.),  decisión  que  el  Tribunal prohijó y a la cual se hizo referencia en el  primer  capítulo  de esta providencia. Contra la sentencia de segundo grado, el  defensor      de     JOSÉ     FRANCISCO     PÉREZ  JIMÉNEZ  interpuso casación, presentada la demanda y  obtenido  el concepto del procurador Delegado, procede la Sala a resolver lo que  en derecho corresponde.   

                     

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la causal 1ª de casación, el demandante acusa  la  sentencia  de  segunda  instancia de haber incurrido en error de derecho por  indebida  aplicación  de  los artículos 26 y 227 del C.P. de 1980, al no tener  en  cuenta  que  la  conducta  del  procesado  se  subsumía en el artículo 356  ibídem,  tipo  penal  de mayor riqueza descriptiva y que recogía las formas de  engaño  a que alude el primero de los tipos penales en mención, con lo cual se  desconoció  el  principio de consunción y el non bis  in ídem.   

              El juzgador escindió la conducta  del  procesado para imputarle estafa por haberse atribuido la calidad de abogado  que  no  tenía  y  aducir  la  existencia  de  un  proceso  ejecutivo que nunca  promovió  en  los  juzgados  civiles  del  circuito  de  Bogotá,  acusándolo,  además,  por  falsedad  personal, por asumir la condición de abogado litigante  que nunca ha tenido.   

               El presente caso corresponde a un  concurso  aparente  de  tipos  que  se  resuelve  aplicando  los  principios  de  especialidad,  subsidiariedad  y  consunción,  como  lo  señaló  la  Sala  de  Casación Penal, en sentencia del 18 de febrero de 2000.   

              El  censor  se apoya en doctrina  nacional  para sostener que el atentado contra la fe pública corresponde más a  una  defraudación  patrimonial,  al  ánimo de atribuirse calidades o suplantar  personas,  medio engañoso para inducir en error a la víctima, lo que es propio  de una tentativa de estafa.    

                             Para  el  demandante  la  conducta  descrita en el artículo 227 del  decreto  100  de  1980  se  subsume  en  el  delito  de estafa, hace parte de su  estructura  la suplantación o atribución de calidades por parte del procesado,  aspectos  que  en  este  caso  constituyen la inducción en error a PÁEZ FRANCO  para que se despojara de una suma de dinero.      

               Solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada,  declarando  la  inexistencia  del concurso efectivo de la  falsedad   personal   y   la  estafa  por  el  que  fue  condenado  JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ    JIMÉNEZ,  absolviéndosele por el delito de falsedad personal.   

              CONCEPTO      DEL     MINISTERIO  PÚBLICO   

          La  Procuradora  Segunda  Delegada en lo  Penal  sugiere  a  la  Corte  desestimar  la  demanda  y  casar oficiosamente la  sentencia, aduciendo como fundamentos:   

               El  delito  de  estafa no recoge  integralmente   el   delito   de   falsedad  personal,  son  conductas  punibles  autónomas,  con  el primero de los reatos se protege el patrimonio económico y  con el segundo la fe pública.   

          En  el  asunto  sub  éxamine,      JOSÉ      FRANCISCO     PÉREZ  JIMÉNEZ  fue  condenado  por  el  delito  de falsedad  personal  en  tanto  se atribuyó la calidad de abogado, sin estar inscrito como  tal,  exhibiendo  la  T.P.  31.554  que  corresponde a JAIME MONROY CARRILLO. El  haberse  atribuido  la  profesión  de abogado fue determinante para que JUAN DE  DIOS  PÁEZ  FRANCO  le  otorgara  poder para que a su nombre adelantara proceso  ejecutivo  contra  el  Consorcio  Financiero  S.A.,  le  pagara  honorarios y le  entregara  recursos  para  el  remate  de  un  bien  inmueble que le había sido  adjudicado  en  el supuesto proceso ejecutivo. El provecho ilícito obtenido por  el inculpado, quebrantó el patrimonio económico de la víctima.   

          En  consecuencia, para la Procuraduría, no se vislumbra el concurso  aparente  que  predica  el actor entre los delitos de estafa agravada y falsedad  personal.   

          Señala  la  Delegada  que  en  la audiencia preparatoria se ordenó  expedir  copias  para investigar el delito de falsedad material de particular en  documento  público,  documentos  adulterados  en  agosto de 1996, sin que en el  expediente   exista   constancia   de   haberse   dado   cumplimiento   a  dicha  orden.   

          Solicita  a  la  Sala  casar  de  oficio  la sentencia recurrida por  haberse  vulnerado  el  derecho  de  defensa  del  procesado,  la  presencia del  defensor  de oficio fue nominal, pues se notificó únicamente de la resolución  que  cerró  la  investigación  del  27  de  febrero de 2001 e informó en mayo  siguiente  que  el  2  de  marzo anterior se había posesionado como funcionario  público.   

          En  el lapso anterior a la calificación del sumario el procesado no  estuvo   representado   por  un  profesional  del  derecho  que  defendiera  sus  intereses, por la inhabilidad de su apoderado.    

          El  defensor  en  la causa no intervino en el traslado para pruebas,  no  compareció  a la audiencia preparatoria y en el la audiencia de juzgamiento  no  ejerció  actos  de  contradicción,  aceptó  la  condena  del  procesado y  reclamó  la  aplicación  del  Código  Penal  de  1980  por favorabilidad, sin  considerar la versión que dio el procesado en el debate oral.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                           1.  En  la  demanda  de  casación  se  plantea por el demandante como  problema  jurídico  si  el  delito  de falsedad personal puede concursar con el  delito  de  estafa,  en  tanto que la Procuradora Delegada sugiere oficiosamente  casar    la    sentencia     por   violación   al   derecho   de   defensa  técnica.   

              2. Por  virtud   del   principio  de  prioridad,  sabida   la   cobertura   procesal   que  comprende  la  pretensión  invalidatoria  que  sugiere  a  la  Sala  la  Procuradora Segunda Delegada en lo  Penal,  se  atenderá  el  punto  relativo  a la nulidad oficiosa, por cuanto de  prosperar  ésta  involucraría  la   afectación  de  buena  parte  de  la  actuación  procesal y haría innecesario resolver sobre el cargo por violación  directa  que  el  demandante  le  atribuye al fallo de segunda instancia bajo el  argumento  de  la  existencia  de  un  concurso  aparente  entre  los delitos de  falsedad  personal y estafa, ilícitos por los cuales fue condenado JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ    JIMÉNEZ,  pretensión  ésta  que  en  caso  de  salir  avante  sólo  afectaría  la  sentencia.   

               3.   La  Delegada  plantea  la casación oficiosa por ausencia de defensa técnica de  JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ    JIMÉNEZ,  a  quien  el  apoderado  abandonó desde el traslado del término  para  presentar  alegatos  precalificatorios,  inactividad que se repitió en la  causa,  sin  que tal proceder corresponda a una estrategia defensiva, por lo que  se debe invalidar lo actuado desde el cierre de investigación.   

         4. El menoscabo del derecho de defensa ha  de  ser  sustancial  para  que  constituya  un  vicio  que deba ser corregido en  casación  por  la  Corte, trascendencia que se percibe siguiendo los principios  definidos  por  la  ley  (Título  VI,  Capítulo Único del Libro I del C.P.P.)  y   la  doctrina   en materia de nulidades. Sobresale especialmente en  ellos  lo  repetitivo  que  fue  el  legislador  en  cuanto que la validez de la  actuación  no  puede  admitirse  en  detrimento  del  derecho  de defensa, como  garantía  procesal  que  es,  así  el  acto  cumpla  la  finalidad o el sujeto  reclamante  haya  coadyuvado  con  su conducta o anuencia en la formación de la  irregularidad  sustancial.  En  tales  casos  la  nulidad  es la única forma de  enmendar  el vicio, dado que no es posible de otra manera resolver el conflicto,  debiéndose regresar las cosas a su cauce normal.   

                                    El  ordenamiento  jurídico internacional, como el Pacto de Derechos  Civiles  y  Políticos (Ley 74 de 1968, artículo 14) o la Convención Americana  de  Derechos  Humanos  (Ley  16 de 1972, artículo 8°), los artículos 29 de la  Constitución   Política  y  1°  del  C.P.P.  prevén  para  el  procesado  la  asistencia  por  un defensor técnico como un derecho irrenunciable. Igualmente,  no  cabe  duda,  que normativa, jurisprudencial y doctrinariamente, el   abogado   escogido   por  él,  o  de  oficio,  durante  “la  investigación   y  el  juzgamiento”  para  cumplir  dicha  tarea,  es   un   derecho  fundamental,  cuyo  desconocimiento  encarna  un  vicio  que  se erige como causal de nulidad, según lo  dispone el numeral 3° del artículo 304 del C.P.P.   

                                               El  funcionario  judicial  debe garantizar y más que ello asegurar  en  todo  momento  que el derecho de defensa se ejerza  de manera absoluta,  real,  continua  y  unitaria  en  el  proceso,  a través de sus formas técnica  (letrada   o   experta)  y  material  (autodefensa),  garantía  de la que simultáneamente gozan el binomio  abogado  defensor   y  procesado,  en  el  sumario  y la causa,  dado  que  por  tratarse  de  una prerrogativa intangible no pueda  renunciarse a ella.   

                                            La  llamada  defensa  técnica  la  ejerce  un  abogado, persona con  sapiencia  jurídica y por tanto idónea para afrontar con solvencia un proceso,  en  este  caso  de  carácter  penal,  en  procura  de  una decisión ajustada a  derecho.   La   omisión  injustificada  de  gestión de asistencia jurídica para el inculpado durante el  proceso  por  parte  del  defensor  técnico,  genera  la  invalidación  de  la  actuación  cuando  su  inactividad  o  silencio  es trascendente, la que por no  corregirse   oportunamente,   afecte  las  garantías  procesales  o  las  bases  fundamentales del sumario o la causa.   

                  Bajo  estos  parámetros  se  examinará si el proceso adelantado en  contra  de  JOSÉ FRANCISCO PÉREZ JIMÉNEZ  está  viciado  de  nulidad,  por  desconocimiento  del derecho de  defensa técnica.   

         5. El derecho de  defensa  técnica  corresponde  examinarse  como  una  unidad  durante  el  rito  procesal  hasta  su  finalización  y  de  manera integral han de analizarse las  gestiones  cumplidas  por  los  varios  defensores  que  actuaron  a  nombre del  inculpado,  pues ésta es la situación que incumbe a este proceso, ya que desde  que    se    vinculó    JOSÉ    FRANCISCO   PÉREZ  JIMÉNEZ  como  sujeto  procesal  y  hasta el trámite  casacional,  ha  estado  asistido,  en  su  orden  y en las diferentes fases del  proceso,  por  los  apoderados con tarjeta profesional números 16.654, 52.767 y  79.608 del C.S. de la J.   

                                               5.1. En el presente caso, el profesional  del  derecho  con  T.P. 16.654 que asistió al procesado en la fase del sumario,  al  posesionarse  como  funcionario  público  el  2  de  marzo  de 2001, quedó  inhabilitado  para  presentar  alegatos  calificatorios,  irregularidad  que  no  resulta  trascendente  en  este caso, dado que tal omisión no incidió en   la  orientación de la decisión, además de que en la causa, el defensor con su  gestión  podía  haber  encausado  probatoriamente la investigación conforme a  los  intereses  del  procesado  una  vez  éste rindió indagatoria en el debate  oral.   

                                               5.2.  El  defensor con T.P. 52.767,  se  posesionó  del cargo, se notificó personalmente de la  providencia  que  calificó  el  sumario y a partir de  esta  actuación  asumió  una  actitud pasiva, pues guardó silencio durante el  traslado   del   artículo   446  del  C.P.P.,  no  concurrió  a  la  audiencia  preparatoria  y  en  el  debate oral, no contrainterrogó los testimonios que se  recibieron  para encarar sus versiones con las afirmaciones que acababa de hacer  el  procesado,  no sugirió la práctica de las pruebas sobrevinientes a la  indagatoria  que  rindió  el procesado, relacionadas con el estado de necesidad  alegado   y   los  cuestionamientos  que  hizo  PÉREZ  JIMÉNEZ  a la cuantía del  provecho  económico  obtenido,  quien  admitió  haber  recibido de la víctima  solamente  $8.000.000,  aspecto  que  tiene incidencia en la dosificación de la  pena.   

                                               Las   pruebas   que   debieron  reclamarse  se  relacionan  con  la  ampliación  del  interrogatorio  al  procesado  en  la  audiencia pública para  precisar   los  factores  específicos  del  alegado  estado  de  necesidad,  el  testimonio  de la esposa y los hijos del procesado para verificar el supuesto de  “las  circunstancias”  de  hambre  en  el  hogar  y  contrainterrogar  a los  testigos  de  cargo  recepcionados  en la audiencia, en relación con los hechos  que  expresamente  no  aceptó el procesado, específicamente con la autoría de  los  escritos  relacionados  a  los  folios  76  y 80 (cd. causa) y las sumas de  dinero  que  negó  haber recibido (fl. 77, cd. id.), aspectos con trascendencia  en  las  pretensiones  expresadas  por el sindicado en el debate público. Tales  pruebas,  aunque  no  fueron  solicitadas  en  el traslado del artículo 446 del  C.P.P.  anterior,  vigente  para  la fecha en que se surtió dicho trámite, era  viable  decretarlas  y  practicarlas  en  el  juicio  oral como sobrevinientes y  trascendentes   en   el   resultado   del  proceso,  como  se  dejó  señalado.   

                                               Respecto  a  la  posibilidad  de  autorizar  la  incorporación  de  pruebas  conocidas en el expediente en las condiciones señaladas en el párrafo  anterior,  la  Sala con ponencia de quien cumple en esta oportunidad la función  de          ponente,           señaló1   

:  

“Respecto  a  la posibilidad de solicitar  pruebas  que  se  deriven  de  las practicadas en la etapa del juicio, es decir,  sobrevinientes,  la  nueva normatividad procesal, de aplicación inmediata, dado  su  carácter  instrumental,  no  reprodujo  el inciso 2º del artículo 448 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991, que establecía: “Si de las pruebas  practicadas  en  las  oportunidades  indicadas  en el inciso anterior, surgieren  otras   necesarias  para  el  esclarecimiento  de  los  hechos deberán ser  solicitadas  y  practicadas  antes  de  que  finalice la audiencia pública” y  agregaba  “De  oficio el Juez podrá decretar las que considere necesarias”.   

“Sobre el particular, solo se encuentra la  mención  que  hace el artículo 401 ibídem respecto a la posibilidad que tiene  el  Juez  de decretar pruebas de oficio, así como la facultad que le concede el  legislador  en  el  artículo  409  de  la  citada  codificación al indicar que  “Corresponde  al  juez la dirección de la audiencia pública. En ella tendrá  amplias  facultades  para tomar las determinaciones que estime necesarias con el  fin de lograr el esclarecimiento de los hechos…”   

De las anteriores revisiones se colige, que  la  jurisprudencia  de  la  Corte  invocada no puede ser aplicada al caso que se  analiza   por  haberse  desarrollado  el  juicio  bajo   unas  nuevas   disposiciones  legales  de  aplicación  inmediata, lo cual obliga a analizar el  punto  dentro  de  ese  contexto.  Del  que  se deduce que, una vez agotadas las  oportunidades  que  tienen  los sujetos procesales para solicitar pruebas (a las  que  se  hizo  mención),  el  juez como director de la audiencia pública puede  ordenar  su  práctica  en cuanto sean necesarias para lograr el esclarecimiento  de  los  hechos (artículo 409), es decir, que la facultad dispositiva que se le  concede  debe  ser  ejercida  con ese propósito, a la cual indudablemente puede  acudir,  aun  a  instancia de los sujetos procesales, hasta antes de que conceda  el   uso   de  al  palabra  a  los  sujetos  procesales  para  que  inicien  las  intervenciones  finales,  como  quiera  que  el  juez también está sometido al  debido  proceso,  esto es, al cumplimiento de las previsiones legales de las que  se   deriva  que  terminado  el  período  probatorio  se  dará  inicio  a  las  intervenciones de los sujetos procesales (artículo 407).   

“Por consiguiente, el juez podrá decretar  pruebas  de oficio en la audiencia de juzgamiento para lograr el esclarecimiento  de  los  hechos  cuando  decida  sobre las pedidas por las partes en el traslado  subsiguiente  a  la  variación  de  la calificación jurídica efectuada por el  fiscal   a   iniciativa   propia   o   por   sugerencia  del   juez  y,  finalmente, cuando concluido el período probatorio, estime  que   hay  prueba  sobreviniente a las ordenadas y practicadas en el juicio  que  resulta  necesaria  para  establecer  la  verdad  de  los  hechos objeto de  juzgamiento”.   

                  5.3.   Se  advierte  en  este  asunto  la  ausencia  de  manifestaciones  materiales  en  la  causa  por parte del defensor  técnico,  objetivamente  no  existen  elementos  de  juicio  para  deducir  que  ejerció  control  de  la  actuación,  o  que realizó gestiones que condujeran  lógicamente  a  entender  que estuvo presente durante el desarrollo procesal y,  por   tanto,  resulta  de  recibo  deducir  que  de haberlo hecho, luego de  asistir  al  procesado  en  la  indagatoria  en  la  audiencia pública, hubiese  asumido  una actitud diferente ante la práctica de las pruebas y otros hubiesen  sido  los  elementos  de  juicio  con los que hubiese enriquecido el escrito que  llevó  al  debate,  pues  ha  de  tenerse  en  cuenta  que la intervención del  defensor  se limitó a hacer un resumen de los hechos, a citar por denominación  algunas  pruebas  practicadas,  sin  hacer referencia a su contenido ni hacer un  examen  de  conjunto  de  los medios allegados. Advirtió solamente que ante los  hechos  revelados  por las pruebas tenía el deber de obrar con lealtad procesal  y  contribuir  con  la administración de justicia, aceptando la responsabilidad  penal      de     JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ  JIMENÉZ  por  los delitos imputados en la resolución  de  acusación,  sugiriendo  que  por  favorabilidad se aplicaran las normas del  código  penal  anterior,  omitiendo  toda  consideración  a las propuestas del  procesado  en  la  diligencia  de  descargos,  en  relación  con  el  estado de  necesidad,  la  cuantía  de  la  estafa  y  el  otorgamiento  de  la condena de  ejecución  condicional.  La  defensa  no examinó ni analizó a profundidad los  factores  que  dieron  lugar  a  la vinculación del procesado, el alcance de la  indagatoria,  la  prueba  de cargo y el mérito suficiente para la decisión que  debía  adoptarse,  conforme  a los intereses expresados en la actuación por el  sindicado.   

                    

                                     5.4.  Se  deduce  del registro procesal que el apoderado del  procesado  en la causa, tuvo la oportunidad, sin obstáculos ni limitaciones, de  ejercer  la defensa técnica de la manera como en derecho correspondía, de ahí  que  su falta de actividad no  es  compatible  con ninguna táctica o estrategia, ni de postular, ni de ejercer  una  oposición  expresa,  dejó  de  hacer  valer  los  aspectos  que  de haber  contradicho   podrían  generar  consecuencias  favorables  para  el  sindicado.   

                                              6.  En consecuencia, la  conducta  procesal  del  defensor  en  la  causa constituye una irregularidad de  carácter  sustancial,  la  que  comprometió  la  defensa  técnica  debida  al  procesado,  debiéndose invalidar lo actuado para que se rehaga el proceso desde  la  actuación  posterior  a  la ejecutoria de la resolución de acusación a la  que  hace  referencia  el  artículo  400  del  C.P.P.,  decisión con la que se  salvaguarda  el derecho fundamental quebrantado y que la Corte, en su condición  de juez constitucional en sede de casación, ordena restablecer.   

                                       7.   Como  precisiones  debe  señalarse  que  el  procesado  se  encuentra  en  detención  domiciliaria  por  cuenta  de  otro  proceso y a órdenes del Juzgado Tercero de  Ejecución  de  Penas  de esta ciudad (fl. 138, cd.2) y que dada la fecha en que  se   ejecutorió  la  resolución  de  acusación  la  acción  penal  no  está  prescrita.  De  otra  parte, el juez de la causa debe hacer las averiguaciones y  estudios  pertinentes  para  resolver  la inquietud planteada por la Delegada en  cuanto  a  la  expedición  de  copias  para  investigar  el  delito de falsedad  material de particular en documento público.   

                                                A  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la República de  Colombia y por autoridad de la ley,   

   

                               

RESUELVE:  

                 1.  Desestimar la demanda de casación.    

               2. Casar  oficiosamente la sentencia impugnada.   

          3.  Declarar  la nulidad de lo actuado con  posterioridad  a  la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación, para que se  rehaga  el  trámite  y  se  restablezcan  las garantías procesales en favor de  JOSÉ    FRANCISCO    PÉREZ    JIMÉNEZ,   en   los  términos  señalados  en  el  numeral  sexto  de  los  considerandos de esta providencia.   

                   Cópiese,    notifíquese,  devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                                  ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                                               ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                                   JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                           MAURO  SOLARTE PORTILLA   

                                               TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                        Secretaria     

1  C.S.de  J.,  Auto de 2ª Insta., Rdo. 22.692., aprobado con acta No. 072, del 25  de   agosto   de   2004,   Mg.   Pon.  HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *