21636(11-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21636   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 067.  

         

Bogotá  D.C.,  agosto  once (11) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MIGUEL    ANTONIO    GONZALEZ    SALGADO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el 25 de febrero de 2003, mediante la cual  confirmó  el  fallo  dictado  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de  Facatativá  el  25  de noviembre de 2002, por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente  responsable del delito de homicidio culposo agravado en Jorge         Hernando        Fernández        Montaño.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Aproximadamente  a  las  9:30  de  la noche del 28 de abril de 2001,  cuando    Jorge    Hernando   Fernández  se desplazaba en una bicicleta por la vía que del Rosal conduce a  Facatativá,  fue  arrollado  por  el  campero Toyota conducido por MIGUEL  ANTONIO  GONZALEZ  SALGADO, a quien  le  fue  dictaminado  segundo grado de embriaguez, arrastrando a la víctima por  espacio  de  425  metros  y  causándole  múltiples  lesiones que produjeron su  fallecimiento en el lugar de los sucesos.   

          La   Fiscalía   Seccional   de   Facatativá  declaró  abierta  la  instrucción   el  29  de  abril  de  2001,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria     a     MIGUEL    ANTONIO    GONZALEZ  SALGADO,  resolviendo  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional    como    posible   autor   del   delito   de   homicidio   culposo  agravado.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el 1º de agosto de 2001 con resolución de acusación en contra del  procesado  GONZALEZ  SALGADO,  como  presunto  autor  del  delito  que motivó la medida asegurativa. Impugnada  esta  providencia  por  la  defensa,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Superior de Cundinamarca la confirmó el 17 de septiembre de 2001.   

          La  fase  del  juicio  correspondió  adelantarla al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Facatativá,  despacho  que  una  vez  surtido el rito  pertinente  profirió  fallo el 25 de noviembre de 2002, por cuyo medio condenó  a   MIGUEL   ANTONIO   GONZALEZ   SALGADO,  a  la  pena  principal  de cuarenta y dos (42) meses de prisión,  multa  de  diez  mil  pesos  ($10.000.oo)  y  suspensión  del  ejercicio  de la  conducción  de vehículos por cuatro (4) años, a la accesoria de interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo tiempo de la sanción privativa  de  libertad, y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  autor  penalmente  responsable  del delito de homicidio agravado en Jorge         Hernando        Fernández        Montaño.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  sindicado,  y  el Tribunal Superior de Cundinamarca la confirmó,  pero  rebajó  la  pena privativa de la libertad a cuarenta (40) meses, y redujo  el  monto  de  la indemnización de perjuicios, mediante fallo del 25 de febrero  de  2003,  el  cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria por parte del  asesor    técnico   de   MIGUEL   ANTONIO   GONZALEZ  SALGADO.   

LA DEMANDA  

El  defensor formula un solo cargo contra el  fallo  de  segundo  grado,  al  amparo  de  la  causal tercera de casación, por  violación  de  los  derechos  al  debido  proceso  y  defensa,  que  desarrolla  así:   

Aduce  que  su  asistido  refirió  en  la  indagatoria  que sufría diabetes, y que desde el inicio de la investigación se  estableció  que  “conducía  en  avanzado estado de  embriaguez,   hasta  el  punto  que  arrastró  el  cuerpo  del  occiso  durante  cuatrocientos  veinticinco  metros  (425), sin percatarse del hecho dantesco que  ejecutaba”,    y   señala   que   “quien   arrastra   con   su   vehículo   a   una  persona,  en  las  circunstancias  descritas  en  el expediente, da muestras de alteración mental,  máxime  si  se  tiene en cuenta que la diabetes es una enfermedad que se debe a  lesión   de   la   hipófisis   o   de  ciertos  centros  nerviosos”.   

Por   tanto,   concluye   “que  la  investigación suministra información suficiente como para  suponer  razonadamente  que  el  procesado  pudo  haber actuado en situación de  inimputabilidad”,   y   que   si   el  a  quo  y  el  Tribunal  negaron la prueba  solicitada   para  acreditar  tal  situación  por  considerarla  extemporánea,  violaron el artículo 29 de la Carta Política.   

          También  asevera  que al no probarse el estado de imputabilidad del  incriminado  de  violaron  los  artículos  250  de  la  Constitución  y 20 del  estatuto  procesal penal, así como el derecho a la defensa y contradicción, en  cuanto  “resultaba imperioso, y aún lo es ahora, la  diligencia  pericial,  para  tratar de descubrir la existencia o no de trastorno  mental  en  el  procesado  al  momento  de la consumación de la conducta y para  verificar  el  actual estado de su personalidad”, con  lo  cual  se  evidencia la comprobada existencia de irregularidades sustanciales  que  afectan  el debido proceso, que deben ser corregidas con la declaratoria de  nulidad  a  partir  de  la  audiencia preparatoria, a fin de practicar la prueba  pericial echada de menos.   

Con  base  en  lo  anterior, el casacionista  solicita  a  la  Corte  casar el fallo atacado y disponer la invalidación de lo  actuado a partir de la audiencia preparatoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Reiteradamente  ha  precisado la Sala que si  bien  la  demostración  de  la  causal  tercera  de  casación resulta ser más  flexible  que la requerida para acreditar las demás causales, es imprescindible  que  el censor proceda de manera precisa, clara y nítida a identificar la clase  de  incorrección  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar los preceptos que considera violados y expresar  la  razón de su quebranto, especificar el momento de la actuación a partir del  cual  se  produjo  el vicio, así como la cobertura de la nulidad, demostrar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado, y lo  más   importante,   acreditar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  el  cargo  objeto de estudio advierte la  Sala  que  el  actor  incurre  en  varias  faltas a la técnica casacional, pues  señala  que el fallo impugnado violó el derecho al debido proceso y el derecho  a  la  defensa  de  su  asistido,  sin  percatarse  que se trata de dos ámbitos  diversos  precisamente  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del debido  proceso,  constituye un vicio de estructura (falta de competencia, pretermisión  de  las formas propias del juicio, etc.), y el segundo, el quebranto del derecho  a  la  defensa,  engendra  afectación de la garantía, motivo por el cual no es  posible  invocarlos  de manera sincrónica, en igualdad de condiciones y por las  mismas razones.   

Adicional a lo anterior se tiene que en punto  de   la  violación  del  principio  de  investigación  integral  ha  dicho  la  Sala1  que  resulta  insuficiente  relacionar  las  pruebas supuestamente  omitidas,  dado  que  es  preciso señalar su fuente, conducencia, pertinencia y  utilidad,  amén  de  su  incidencia  favorable  en  los intereses del procesado  frente   a   las  conclusiones  del  fallo,  pues  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles o superfluas, no constituye menoscabo del  derecho a la defensa del incriminado.   

          Además,  es  necesario  en tal caso que el censor demuestre que las  pruebas  echadas  de menos, al ser cotejadas con el acervo probatorio, trastocan  las  conclusiones  de  los  falladores,  así  como  el sentido de la sentencia,  razón  por  la  cual  resulta  imprescindible  invalidar la actuación a fin de  allegarlas y contar con la posibilidad de valorarlas.   

          En  este  asunto  se  observa  que  si bien el demandante señala el  medio  probatorio  que  considera  omitido,  esto  es,  el  dictamen orientado a  establecer  si  el acusado tenía la condición de imputable o de inimputable al  momento  de  la  comisión del delito, no procede a señalar en detalle por qué  era  ineludible  la  práctica  de  la  referida  prueba,  en cuanto se limita a  señalar  que  como  su  representado  es diabético, se encontraba en estado de  embriaguez  cuando  cometió  el  delito,  y  arrastró  a  la  víctima  con su  vehículo      por      cerca      de      425      metros,      “pudo  haber  actuado  en  situación  de  inimputabilidad”      (subrayas     fuera     de  texto).   

          Es   evidente   que  el  reproche  del  actor  parte  de  enunciados  especulativos,  que no se ocupan de los medios probatorios obrantes válidamente  en  el  proceso,  ni de las respuestas suministradas por los funcionarios en las  instancias  sobre el particular, y que por ende no cumplen con los postulados de  claridad,     nitidez     y     especialmente     trascendencia     del    vicio  denunciado.   

Sin  duda,  resulta  insuficiente  que  el  defensor  intente  mediante  un  escrito  de  libre  formulación  y  carente de  técnica,  exponer  su  personal  percepción  de  las  pruebas  obrantes  en la  actuación  y, sin más, como en este asunto, señale que se violó el principio  de  investigación integral, pues un tal proceder deja ayuno de demostración el  reproche,  se sustrae a la obligación de señalar su injerencia en la sentencia  atacada,  e  impide  a  la  Corte  emprender su estudio a fin de pronunciarse de  fondo.   

Tampoco  el impugnante procede a explicar la  forma  en  que se produjo la violación del debido proceso, y cómo ello condujo  a  socavar las bases y la estructura del trámite, ni señala de qué manera fue  violado el derecho de defensa de su procurado.    

          Palmario  resulta  entonces,  que  el  defensor  olvida el carácter  extraordinario   de   este   trámite,   en   el  cual  no  son  de  recibo  las  argumentaciones  libres  y  espontáneas  de  los  demandantes,  en tanto que es  preciso  que la formulación se someta a las reglas taxativamente señaladas por  el  legislador,  en punto de denunciar errores trascendentes de los funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado garantías de los sujetos procesales,  vulnerando  directa  o  indirectamente  normas sustanciales, o desconociendo las  bases fundamentales de la instrucción o el juzgamiento.   

Así   las  cosas,  ante  las  ostensibles  falencias  técnicas  de la demanda, que no pueden en modo alguno ser subsanadas  por  la  Corte,  pues  ello  lo  impide  el principio de limitación que rige el  trámite  casacional,  se  impone  de plano su inadmisión de conformidad con lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   MIGUEL  ANTONIO  GONZALEZ  SALGADO, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Auto  del  12  de  marzo  de  2001.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego, entre  otras.     

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