21626(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21626   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 13  

Bogotá,  D.  C., veinticinco (25) de febrero  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es  procedente admitir la demanda de casación  presentada  por el defensor de RICARDO ALBERTO BARRERA  HIGUERA  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  31  de  octubre  del  2002,  que  lo condenó como se  precisará enseguida.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          Durante  el año de 1995 se supo, gracias a la interceptación de la  línea  telefónica  instalada en la vivienda del suboficial de la Fuerza Aérea  JOSÉ   VICENTE  PAYARES  HINCAPIÉ,  que  a  él  y  a  otros  miembros  de  la  institución  se  les  ofreció  y  recibieron  dinero  para  que los radares no  detectaran  los  vuelos  ilegales  realizados  por  avionetas  que transportaban  estupefacientes.   

          A   la   investigación   fueron   vinculados,  además  de  PAYARES  HINCAPIÉ,   los   señores   JAIME   AMAYAK   RUSSA  MARTÍNEZ  y  RICARDO  ALBERTO  BARRERA HIGUERA, quienes  mediante  resolución  del  23  de  agosto de 1999 fueron acusados por un fiscal  especializado  de  Bogotá  por el delito de  concierto para narcotráfico,  los  dos  primeros,  además  de  cohecho  propio  y enriquecimiento ilícito el  primero  y  cohecho  por  dar  u  ofrecer  los dos últimos, providencia que fue  confirmada  el  2  de  mayo  del  2000  por  un fiscal delegado ante el Tribunal  Superior de la misma ciudad.   

          Concluida  la  etapa  del  juicio,  el  20  de diciembre del 2001 el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá condenó a PAYARES  HINCAPIÉ  a  106  meses  de prisión y multa por 25.5 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes para 1995 por los delitos que se le imputaron, excepto el de  enriquecimiento  ilícito,  cargo  del que fue absuelto; a RUSSA MARTÍNEZ a 106  meses  de  prisión y multa por 29.6 salarios mínimos legales mensuales por las  conductas   que   le   valieron   el   vocatorio  a  juicio,  y  a  RICARDO  ALBERTO BARRERA HIGUERA, también  por  las  mismas  ilicitudes,  a  48 meses de prisión y multa por 66.6 salarios  mínimos  legales  mensuales.  A  todos,  además,  se  les  inhabilitó para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por tiempo igual al de la pena  privativa de libertad.   

          Estas  decisiones, impugnadas por los procesados, fueron confirmadas  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  31 de octubre del 2002, excepto en  cuanto  a  BARRERA  HIGUERA,  cuya  pena  se  fijó  en  45 meses de prisión y multa por valor de 60 salarios  mínimos.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal  tercera  de  casación,  el  defensor de  RICARDO    ALBERTO    BARRERA   HIGUERA    formuló   dos   cargos   contra   la   sentencia   de   segunda  instancia:   

          El  primero,  por  violación  del debido  proceso,  porque  el  Tribunal  resolvió el recurso de apelación teniendo a su  disposición  un  expediente incompleto pues no le fueron remitidos los soportes  magnéticos  de  las  grabaciones  interceptadas.  Y  no obstante que los demás  sindicados  escucharon  e  identificaron  sus  voces  en  la  ampliación de las  injuradas  que  se  realizó  en  junio  de 1996, la indagatoria de BARRERA  HIGUERA  giró  en  torno  a las  transcripciones de los casetes.   

          La  pérdida de esas grabaciones afecta los principios de publicidad  y  contradicción  de  la  prueba,  y  también  el derecho a la igualdad porque  mientras  a  BARRERA  se le  negó  la  posibilidad  de  conocer  en  la  indagatoria la grabación del 27 de  agosto  de 1995, los demás procesados pudieron escucharlas todas y la fiscalía  logró las transcripciones que pretendía.   

          Incompleto  el  expediente  por  la  pérdida de unos casetes que la  jurisprudencia  de  la  Corte Suprema de Justicia considera documentos privados,  los  juzgadores no estuvieron en condiciones de valorar la prueba en conjunto ni  de  apreciar  las  grabaciones,  en  especial  la  del  27 de agosto de 1995. En  consecuencia,  no se reunía la prueba para adoptar una decisión de fondo o, en  términos  de  la  Corte  Constitucional,  se incurrió en una vía de hecho por  defecto  fáctico, que se presenta cuando el juez carece del sustento probatorio  suficiente para aplicar la ley sustancial.   

          Que  el  expediente  no  estaba completo, aparece demostrado con una  constancia  expedida  por  el  juzgado  a  petición de la defensa, en la que se  expresa  que para surtir el recurso de apelación interpuesto contra el fallo de  primer  grado  únicamente se remitieron al Tribunal los cuadernos originales de  la  actuación  principal  y  de  la segunda instancia, de manera que los anexos  sólo  se  harían  llegar  si  el  Tribunal  los requería, lo que en efecto no  ocurrió.  Se  privó  así  al  Ad  quem  de la posibilidad de conocer la mitad del proceso contenida en los  12  cuadernos  anexos,  lo  que  afecta  el  fallo  por  “falta de motivación  básica”.   

          La   trascendencia   de   la  irregularidad  la  hace  consistir  el  demandante    en    que    la    condena   impuesta   al   señor   BARRERA  está vinculada tácitamente a la  transcripción  de la grabación del 27 de agosto de 1995 y a los testimonios de  los  oficiales  Bucheli  y  Cárdenas. La discusión no radica, aclara, “en el  mayor  o  menor  valor  probatorio  de los elementos de convicción arribados al  paginario”,  aunque  anota  que la prueba testimonial tenida en cuenta “para  judicializar  los  informes  policiales,  no  es  concluyente  para  detectar la  voz”.   

          Finalmente,  solicita  se  case la sentencia y se declare la nulidad  de lo actuado a partir de la audiencia pública, inclusive.   

El  segundo  cargo            cuestiona  el  fallo por  carecer  de  la  debida  motivación  respecto  de  la prueba indiciaria, lo que  dificulta   su   ataque   y   constituye   transgresión  del  proceso  como  es  debido.   

Para   desarrollar   la   censura,  aclara  inicialmente  que  en  este  caso  no  es  admisible  considerar  integradas las  sentencias  de primera y segunda instancias, porque ésta se refirió sólo a la  conversación  telefónica  del  27  de  agosto de 1995, última realizada entre  Pallares     Hincapié     y    BARRERA,  y  por eso se dice en ella que “… solamente una conversación  se  detectó,  la  cual  incluso  fue aceptada por los dos interlocutores en sus  respectivas  injuradas…”, de manera que los falladores tienen divergencia en  la imputación fáctica.   

La   de  segunda  instancia  contiene  una  argumentación  lacónica  y  registra,  entre  las  variables  de  la  falta de  motivación  a  que  se  ha  referido  la  Corte  Suprema,  una  fundamentación  incompleta.   

Tres irregularidades destaca el libelista en  ese sentido:   

a.  Para  concluir  que  entre  PAYARES  y  BARRERA   “existió  un  acuerdo”,  el  Tribunal advierte la existencia del hecho indicador a partir de  las  manifestaciones  que  hicieron  aquellos  en  sus indagatorias, en lugar de  analizar  el  conjunto  de  factores  que  explican  las  contradicciones en que  incurrieron  los  coprocesados,  dejando  por tanto en suspenso la búsqueda del  alcance de la regla de la experiencia judicial deducida.   

b.   Es   defectuosa  la  motivación  del  Ad  quem cuando dice que el  conocimiento   pronto   y  oportuno  de  la  información  suministrada  por  el  controlador  de  vuelo  era  “censurable”,  pues  tal expresión es general,  abstracta e inexacta.   

c.  No  realizó  ningún estudio indiciario  para  sostener  que  “por  ello  existía  la  promesa  o  la  dación  de  un  beneficio”,  lo que deja la conclusión como una petición de principio porque  nada  dice  del  hecho indicador ni de la regla de la experiencia judicial, y le  impide  a  la defensa hacer cualquier planteamiento sobre la prueba que apreció  o no el fallador.   

Concluye   que   la  sentencia  carece  de  motivación  porque  no  se  hizo  “el  análisis  indiciario  de  uno  de los  elementos  que  estructura  el delito de cohecho”, tema que debió ser tratado  por  el  Ad quem para cumplir  con   lo   dispuesto   por   el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

          Por  lo  tanto, solicita que se case el fallo recurrido y se decrete  la nulidad del proceso a partir de la sentencia.   

  CONSIDERACIONES   

          El  numeral  3º.  del  artículo  212  del Código de Procedimiento  Penal dispone que la demanda de casación debe contener   

          “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          Esta  exigencia  supone,  cuando  el  reproche  se  formula desde la  perspectiva  de  la  causal  tercera,  que la censura se desarrolle acatando los  principios  que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades,  en especial el  contenido  en  el  numeral  2º.  del artículo 310 del Código de Procedimiento  Penal,  conocido  como el de trascendencia, según el cual   

          “Quien  alegue  la  nulidad  debe  demostrar que la irregularidad  sustancial  afecta  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción y el juzgamiento”.   

No  se  trata  simplemente  de  demostrar la  existencia  de  un  vicio,  sino  que  es  preciso además acreditar no sólo su  naturaleza  sustancial sino  también  –en el caso que  se  examina-  que  materialmente  afectó garantías de los sujetos procesales.   

          Si   afectar,  según  la  5ª.  acepción que trae el Diccionario de la Lengua Española en su  21ª.     edición,     significa     “menoscabar,     perjudicar,     influir  desfavorablemente”,     no    es    suficiente    apenas    la    amenaza   de  lesión,  el  peligro de deterioro o merma, sino que es  indispensable  que  en todo caso se produzca, como realidad cierta, no eventual,  la causación de un daño.   

          En     esta     medida,    el    primer  cargo  deviene incompleto en su fundamentación porque  el  demandante  no  acreditó de qué manera pudo producirse la real afectación  de    las    garantías    del    señor    BARRERA  HIGUERA  por  la  inexistencia  de  los  casetes  que  guardaban  las  grabaciones  de  las  llamadas  interceptadas,  si  en todo caso  conoció  la  transcripción  de  la  que  se  estima fundamental y –según  cita  textual del fallo, hecha  por el recurrente- aceptó su contenido.   

          Igual  ocurre  con  la otra irregularidad denunciada -no enviarse al  Tribunal  la  totalidad  del  expediente-  porque  del  solo  hecho  de no haber  examinado  el  Ad  quem  los  anexos  no puede concluirse que no se hubiese valorado toda la prueba. Debía el  censor  –cosa que no hizo-  indicar  en  concreto  qué  especiales  piezas que forzosamente tenían que ser  revisadas  contenían  los  legajos  no  remitidos y demostrar la incidencia que  tuvo su falta de apreciación en el sentido de la decisión.   

          Y  aun  habiendo procedido de esta manera, no era la nulidad la vía  adecuada  para  plantear  la  crítica,  sino a través del cuerpo segundo de la  causal  primera,  por  violación indirecta de la ley sustancial en la modalidad  de error de hecho por falso juicio de existencia.   

          Con      relación      al     segundo  cargo,  en el que lamenta el censor que el Tribunal no  hubiera  motivado  debidamente  la  construcción  indiciaria  que  dio  lugar a  confirmar  la  sentencia  de condena, precisando la prueba del hecho indicador o  exponiendo   la  regla  de  la  experiencia  judicial  que  permitía  hacer  la  inferencia,  su  desacertado planteamiento y la postulación del cargo al amparo  de  una  causal  que  no corresponde, conducirá también a la inadmisión de la  demanda.   

          De  las  tres  irregularidades  que  destaca, el reproche que dirige  contra  la primera se centra en la valoración que hizo el Tribunal de la prueba  del  hecho  indicador, en cuanto no profundizó en las razones que motivaron las  contradicciones  en  que  incurrieron los procesados, censura que, referida a la  apreciación  probatoria,  debió  formularse  por  la  vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial.   

          La  segunda  crítica resulta incompleta, porque ningún significado  o  implicación desfavorable respecto de la determinación de responsabilidad de  BARRERA  HIGUERA  dijo  el  demandante  haberse  derivado del calificativo de “censurable” que le dio el  Tribunal  al  suministro  inmediato de información que PAYARES le transmitía a  aquél.  En  estas  condiciones,  cualquier  ataque  sobre  este  punto  resulta  intrascendente.   

          Respecto  de  la  última  irregularidad,  si la censura va dirigida  contra  la  falta  de  prueba  del  hecho  indicador  que  permitiera inferir la  existencia  de  promesa  o  beneficio  por la información que PAYARES le daba a  BARRERA,  o  lo  que  es lo  mismo,  a  haberse  construido  un  indicio  a  partir  de  un  hecho  indicador  inexistente,  el  cargo  no  debía  proponerse como motivación incompleta sino  como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho, en la  modalidad de falso juicio de existencia por suposición.   

         

En estas condiciones, como la formulación de  la  segunda  censura  también  incumple  las  exigencias  del artículo 212 del  Código de Procedimiento Penal, la demanda será inadmitida.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor de RICARDO ALBERTO BARRERA  HIGUERA.  En  consecuencia,  se  ordena  devolver  el  expediente al Tribunal de origen.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS               JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                                             MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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