21602(19-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21602   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 069.  

         

Bogotá  D.C.,  diecinueve (19) de agosto de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JULIAN   ROMERO   PIÑEROS,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá  el  25  de  abril  de  2003, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  Veintinueve  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 30 de julio de 2002, por  cuyo  medio  se  lo  condenó,  a la pena principal de veinticinco (25) años de  prisión,  como autor penalmente responsable del delito de homicidio agravado en  el  menor  Jeferson Ricardo Suárez Varón.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  hechos  motivo  de  esta  investigación  fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el ad quem,  así:   

“El 1º de octubre  del  año 2000, NIDIA MARIBEL VARÓN ARIAS, se dirigió en compañía de su hijo  de  32  meses  JEFERSON RICARDO SUÁREZ VARÓN, a la residencia de JULIAN ROMERO  PIÑEROS,  con  quien  sostenía  una  relación sentimental, departieron algún  tiempo,  la  madre  salió  a  comprar  un cigarrillo y un queso (Alpinito) y al  regresar  encuentra  a  su descendiente sudoroso, en malas condiciones de salud,  decaído  y,  en compañía de aquél, lo llevó a la Clínica San Pedro Claver,  pero  pese  a los esfuerzos por salvarle la vida, falleció como consecuencia de  múltiples traumatismos”.   

La Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  correspondiente  investigación previa, y posteriormente, el 19 de abril de 2001  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  NYDIA  MARIBEL  VARON ARIAS y  JULIAN ROMERO PIÑEROS, y les  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  derecho a libertad provisional, pero al momento de calificar el  sumario  el  21 de agosto de 2001, profirió preclusión de la investigación en  favor  de  la  primera, y al segundo lo acusó como presunto autor del delito de  homicidio  agravado.  Impugnada  esta  providencia  por la defensa, la Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó el 8 de octubre del  mismo año.   

          La  fase del juicio correspondió adelantarla al Juzgado Veintinueve  Penal  del  Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido el rito pertinente  profirió  fallo  el  30 de julio de 2002, por cuyo medio condenó a   JULIAN   ROMERO  PIÑEROS,  a  la  pena  principal   de   veinticinco   (25)   años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de funciones públicas por veinte (20) años  y   al   pago  de  la  correspondiente  indemnización,  como  autor  penalmente  responsable   del   delito  de  homicidio  agravado  en  el  niño  Jeferson          Ricardo         Suárez         Varón.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  procesado,  y  el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó, pero  dosificó  la  pena accesoria en diez (10) años, mediante fallo del 25 de abril  de 2003, el cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El casacionista formula seis cargos contra el  fallo que postula y desarrolla así:   

Primer   cargo  (principal):  Nulidad  por  violación del debido proceso.   

Presenta este reproche al amparo de la causal  tercera  de  casación,  por considerar que se violaron los artículos 2º, 6º,  7º,  20, 232 y 234 del estatuto procesal, así como el artículo 29 de la Carta  Política.   

Señala   que   fueron   quebrantados  los  principios  de  integración,  legalidad, presunción de inocencia, in  dubio pro reo, investigación integral,  necesidad  de  la  prueba  e  imparcialidad, dado que tanto el procesado como la  madre  del  menor  expusieron  en  la  audiencia  pública que quien cometió el  delito  de  homicidio  investigado  fue  Héctor Cepeda  Corredor,  alias  “El  Simio”,  pese  a lo cual no  fueron  objeto  de  verificación  tales  afirmaciones,  y por el contrario, los  falladores  consideraron  que  correspondían  a  una  posición acomodada de la  defensa.   

          Agrega   que   no   se   verificó   “la  posibilidad  de  variar  la  calificación  jurídica  por aquello de subsistir,  luego   de   concluida  la  etapa  de  pruebas  en  la  audiencia,  imputaciones  subjetivas,  lo  que  impelía a la suspensión de la Vista Pública”.   

          Con  base  en  lo expuesto el casacionista solicita la nulidad de lo  actuado   “a  partir  de  la  culminación,  en  la  Audiencia   Pública,   del   recaudo   de   pruebas  para  que  a  (sic)    seguida   se   proceda   a   la  verificación     –o  infirmación–   de  las  citas”.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  directa  de  los  artículos  103  y  104  del Código Penal, y 232 del estatuto  procesal penal.   

          Señala  el  censor  que  el  fallo  atacado violó directamente los  artículos   señalados,   por   “errores  de  hecho  trascendentes  y  manifiestos  en  la  valoración probatoria, referida ésta al  factor  de  culpabilidad”  por apreciación errónea  de:  i)  “las circunstancias en que se irrogaron los  sucesos    materia    del   informativo   y   la   exégesis   exculpativa   del  Encartado”;   ii)  “las  circunstancias  (hallazgos) determinadas en el protocolo de autopsia”;  iii) “circunstancias antecedentes y  concomitantes  la  luctuoso  acontecer”, en cuanto se  imputó   la   conducta   por   dolo  eventual  y  se  descarto  “la  culpa  culposa”; iv) “las  circunstancias  en  que  se  irrogaron  los  aconteceres,  pues  omitiendo  aceptar  la  culpa  culposa  como forma de culpabilidad, al tiempo se  achacan   causales   específicas   de   agravación  del  homicidio”.   

Considera violados las normas mencionadas de  manera  directa,  y  que ello “no hubiese ocurrido si  el     acervo     probatorio     hubiese     sido     decantado    o    valorado  correctamente”.   

          Agrega  que se condenó al procesado “sin  estar  probado,  de manera fehaciente, indudable y sin lugar a equívocos que en  el   acriminado   evidentemente   se  dio  la  intención  de  matar”,  y  expone  que  la  condena  fue  proferida  con  base  en  el  establecimiento  de la responsabilidad objetiva, la cual se encuentra proscrita,  en   tanto   no   basta   verificar   la  simple  relación  causa  – efecto.   

Y destaca que “si  de  alguien, como en el caso del Sr. ROMERO PIÑEROS, podría decirse que aparte  de  no querer la causación de un daño confiaba en que sus juegos no llegaran a  esos   extremos,  en  otras  palabras,  actuaba  sin  esperar  que  una  lesión  cualquiera  no  se  irrogara,  cabe entonces afirmar que el dolo debe entenderse  excluído”.   

          Con  fundamento  en  lo anotado, el casacionista solicita a la Corte  “desestimar  el  fallo  de  condena deprecado por la  comisión,  con  culpa  dolosa  (por  dolo  eventual)  de  homicidio  agravado y  concluya  en que ha lugar a casar el fallo de segunda instancia impugnado, para,  en   su   lugar,  proferir  el  fallo  sustitutivo  que  corresponda”.   

Tercer   cargo  (subsidiario):  Violación  directa  de  los artículos 23 y 109 del Código Penal, y 7º y 232 del estatuto  procesal penal.   

Para demostrarlo, aduce el impugnante que los  falladores   incurrieron   en   “errores  de  hecho  trascendentes  y  manifiestos  en la valoración de la prueba, referida ésta al  factor  culpabilidad,  por errónea apreciación de”:  i)  “las  circunstancias  en  que  se  irrogaron los  sucesos  materia  del  informativo  y la exégesis exculpativa del Encartado, de  donde       se       infiere      –erradamente–  la   culpa   con   representación   –o     dolo     eventual–  en  el accionar del sujeto agente”; ii)  “las  circunstancias,  pues  omite  aceptar la culpa  culposa  como  forma  de culpabilidad y, al tiempo, se achaca responsabilidad, a  título  de dolo eventual”; iii) las pruebas obrantes  “pues  pese  a  admitir  que  se desconoce a ciencia  cierta  como (sic) se causaron  unas   lesiones,  no  obstante  la  duda”,  profiere  condena  en  atención  a que el procesado estaba presente al momento de ocurrir  los  sucesos,  “cuya  exégesis  rechaza”.   

          Concluye,  entonces,  que  se  encuentra  acreditada  la  violación  directa  de  la  ley  por  errores  de  hecho,  y  por  ello solicita a la Corte  desestimar   la   sentencia   atacada,  y  proceda  a  casarla,  “para,   en   su   lugar,   proferir   el   fallo   sustitutivo   que  corresponda”.   

Cuarto   cargo  (subsidiario):  Violación  directa  de  los artículos 22 y 104 del Código Penal, y 7º y 232 del estatuto  procesal penal.   

          Argumenta  el  censor  que el Tribunal incurrió en errores de hecho  “bajo   un   entendimiento  falso  de  la  realidad  procesal” al condenar a su asistido por el delito de  homicidio  agravado,  cuando  en  verdad correspondía a un homicidio culposo, y  precisa  que  “en  lo  relacionado a los Fundamentos  Probatorios  de  los  Fallos  Instanciales,  acá  también  hacemos  eco  de lo  brevemente   notado   sobre   ellos   en   los   cargos   anteriores”.   

          También  afirma  que  “no se consideró  que  para afirmar la irrogación de un homicidio doloso agravado (y no aludir al  homicidio  en  la modalidad de culpa culposa), se debía contar con, sin lugar a  duda,  la prueba de la intención de matar, con los agravantes endilgados, en el  sujeto agente”.   

          Una  vez  más,  el defensor solicita a la Corte desestimar el fallo  atacado,   casarlo   y   proferir  la  sentencia  sustitutiva  que  corresponda.   

Quinto   cargo  (subsidiario):  Violación  indirecta  de los artículos 23 y 109 del Código Penal, 7º, y 232 del estatuto  procesal penal y 29 de la Carta Política.   

          Asevera   el   casacionista   que   el  ad  quem  incurrió en “errores  de  hecho  trascendentes  y manifiestos en la valoración probatoria”,  así: i) “por aducir que hay prueba  de  la  intencionalidad  de  que  se  asistió  (¿?)  el  acusado  al  (sic) en  desarrollo   de  una  actividad  lúdica”;  ii)  por  “inferir equivocadamente que las lesiones fatales no  provinieron  de  un mero hecho accidental y si solo si (sin otro medio de prueba  fehaciente)   se  concluye  en  la  ocurrencia  de  propósito  criminal  en  el  Acusado”;     iii)     porque     “dizque   en   autos   se   halló   la   demostración  necesaria  e  incuestionable  de  que la conducta reprochada halla adecuación bajo el título  de  dolo eventual, descartando la culpa culposa”; iv)  “pues  omitiendo aceptar la culpa culposa como forma  de  culpabilidad”,  pese  a  las  dudas  existentes,  condenó por homicidio doloso agravado.   

          También  indica  que  se  tuvo  en  cuenta el informe de Patología  Forense,  así  como  la  declaración  de  un  galeno  para descartar un suceso  accidental  y  no  se  otorgó  credibilidad  a  lo expuesto por el incriminado,  “pese  a  que,  por  así decirlo, él fue el único  testigo   de   su   propio   accionar   lesivo   y  que  su  exégesis  no  tuvo  contradictores”, y “sobre  esa  base,  a  su  vez,  equivocadamente, se afirma, sin tapujo ni rubor, que se  cuenta   con   prueba   fehaciente   de  culpa  dolosa  (sic)”.   

          De conformidad con lo expuesto, el censor  solicita  a  la Corte casar el fallo impugnado, y en su lugar proferir el que en  derecho corresponda.   

Sexto   cargo   (subsidiario):  Violación  indirecta  de  los artículos 23 y 109 del Código Penal, 7º y 232 del estatuto  procesal penal y 29 de la Carta Política.   

          El  impugnante  expresa que el Tribunal incurrió en “error   de   derecho,   por  falso  juicio  de  convicción  y/o  de  raciocinio”  al  otorgar  al  dictamen de patología  forense  un  valor  que no le corresponde, en cuanto concluyó que el delito era  doloso,  “descartando  la  exégesis exculpativa del  Acusado  respecto a que en manera, momento y forma ningunas quiso causar daño y  mucho       menos      fatal/mortal,      al      menor      obitado”.   

          Para  demostrar  el  reproche  expone  que  reitera  lo dicho en los  cargos  anteriores, y aduce que “la duda expresada en  la  sentencia deprecada era (y sigue siendo) razonable, máxime considerando que  una  peritación  en  manera,  momento  y  forma ningunas puede permitir arribar  –sin duda- a concluir que  la  conducta  comportamental  reprochable y punible de una persona humana se dio  de  esta  o  tal o cual manera, desechando, de paso, lo narrado al paginario por  el   único   testigo   de   lo   acontecido:   el   propio  acusado”,    pues   “su   exégesis   merece  credibilidad”.   

          Adicional  a  lo  anterior afirma que “la  duda  campea  y  aún  sigue  (y continuará) rondando por los autos”,   lo  cual  “viene  implicando  muy  graves  consecuencias  para  el  Encartado, tan de suyo inteligibles que, con el  debido      respeto,      nos      abstenemos      de     relacionar”.   

          De  acuerdo  con  lo anotado, el censor solicita a la Corte casar el  fallo atacado y proferir el que en derecho corresponda.   

          También  solicita  finalmente  que  se conceda a su representado la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  o  la  prisión  domiciliaria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer   cargo  (principal):  Nulidad  por  violación del debido proceso.   

Reiteradamente ha puntualizado la Sala que si  bien  la  acreditación  de  la  causal  tercera  de  casación resulta ser más  flexible  que  la requerida para demostrar las otras causales, es imprescindible  que  el  demandante  proceda con precisión, claridad y nitidez a identificar la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado,  y  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  el  cargo  objeto de estudio advierte la  Sala  que  el  actor  incurre en varias faltas a la técnica casacional, pues de  manera  sincrónica,  en  igualdad  de  condiciones  y  por  las  mismas razones  denuncia   la   violación   de   los  principios  de  integración,  legalidad,  presunción  de inocencia, in dubio pro reo,  investigación  integral, necesidad de la prueba e imparcialidad,  que  corresponden a ámbitos y alcances sustancialmente diversos, lo cual impone  su  presentación  separada,  so  pena de incurrir en quebranto del principio de  claridad y nitidez que rige este trámite.   

Tampoco  el  casacionista  se  sujeta  a las  exigencias   del   principio   de   prioridad   que   regla  este  procedimiento  extraordinario,  según  el  cual,  primero deben ser propuestas las situaciones  que  conlleven nulidad de la actuación en caso de ser aceptadas y luego las que  devienen  de  las  otras  causales  de  casación;  pero, cuando de la propuesta  plural  de  circunstancias  generadoras  de  nulidad  se trata, como en el cargo  analizado,  es  preciso  que  el  demandante  las  proponga  en  riguroso orden,  postulando  como  principal  aquella que entraña mayor cobertura de afectación  para lo actuado en caso de prosperar.   

Además,  en  evidente confusión, el censor  señala  que  no se varió la calificación jurídica del delito en la audiencia  pública,  pero  no  adelanta esfuerzo alguno para señalar con exactitud a qué  circunstancia  se  refiere,  como  para  que  la  Fiscalía estuviera obligada a  proceder a ello.   

          Igualmente  se  tiene,  que  el  defensor  alude  a  que  no  fueron  verificadas  las  citas del procesado expuestas en la vista pública, pero no se  detiene  a  señalar de qué manera ello podría desvirtuar los medios de prueba  que  comprometían  la  responsabilidad  del  acusado, con base en los cuales se  edificó  el  fallo  de  condena,  circunstancia  que  deja sin demostración la  trascendencia   de  la  referida  verificación,  y  que  a  la  postre  permite  evidenciar la falta de técnica en la presentación de la censura.   

Por    lo    anterior,   el   cargo   se  inadmite.   

Cargos segundo, tercero y cuarto: Violación  directa  de  los  artículos 22, 23, 103, 104 y 109 del Código Penal, 7º y 232  del estatuto procesal penal y 29 de la Carta Política.   

          Habida  cuenta  que  los  cargos  señalados  adolecen  de similares  falencias  técnicas,  por razones de economía procesal la Sala se pronunciará  de manera conjunta sobre los motivos de su inadmisión.   

          Para  comenzar  es  oportuno  indicar  que  básicamente en el cargo  segundo,   el   demandante  alude  a  la  “exégesis  exculpativa    del    Encartado”,   “la   culpa  culposa”  y  “la  culpa  dolosa”,  términos,  que por  decir  lo  menos,  resultan  exóticos  en  el  lenguaje propio de la dogmática  jurídico penal, y denotan confusión conceptual.   

Ahora bien, en el desarrollo de los referidos  cargos  se  observa  que  el  demandante  se  desentiende  por  completo  de las  exigencias  que  de tiempo atrás han sido puntualizadas respecto de la técnica  para  plantear en casación la violación directa de la ley sustancial, en tanto  que  constituye  requisito  ineludible  que  el  actor  acepte íntegramente los  hechos  tal como fueron acreditados en el fallo atacado, así como la validez de  las    pruebas    y   la   valoración   que   de   las   mismas   realizó   el  juzgador.   

Ello  es  así,  en  consideración a que la  censura   que   por   esta   vía   se  formula  es  exclusiva  y  rigurosamente  jurídico-conceptual,   donde   el  debate  tiene por objeto de manera  estricta  y cerrada la disposición legal pura e independiente, pues no se trata  de   un  asunto  de  valoración  probatoria,  sino  de  falta  de  aplicación,  aplicación indebida o interpretación errónea de la ley.   

Lo  anotado  implica  que el censor no puede  sustraerse  a  la  valoración  judicial  de  las  pruebas contenida en el fallo  atacado,  esto  es, a la forma en que los juzgadores asumieron el aporte de cada  una  de  ellas  o  a la valoración que les asignaron para adoptar su decisión,  sino  que tiene el deber de demostrar que pese a la correcta apreciación de los  medios   probatorios   que  fueron  tenidos  como  válidos  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales, estos violaron preceptos sustanciales en la medida que  no   dieron  a  los  elementos  fácticos  que  tuvieron  como  demostrados,  la  respectiva consecuencia jurídica señalada por el legislador.   

Así,  pues,  si bien el defensor plantea la  violación  directa  de  preceptos  sustanciales,  deja  de  lado la censura que  postuló,  y encamina su escrito a señalar sin distinción alguna toda clase de  irregularidades  en  punto  de  la  valoración  de las pruebas (indagatoria del  acusado,  protocolo de necropsia, informe de Patología Forense y testimonio del  médico, entre otras).   

Si  la  censura estaba orientada a reprochar  adiciones  u omisiones fragmentarias de las pruebas por parte de los falladores,  competía  al  censor  plantear  el  cargo  por  violación  indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, y expresar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello, y lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio del impugnante, pues menester resulta que materialmente  acredite  que el error condujo a la falta de aplicación, aplicación indebida o  interpretación   errónea   de  la  ley  sustancial  en  el  fallo,  pero  esto  exclusivamente a partir de la valoración realizada en este.   

Ahora,  si  la  denuncia del casacionista se  refería  a  una  indebida valoración de las pruebas obrantes en la actuación,  le  correspondía  establecer  qué dice concretamente el medio probatorio, qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los  intereses  de  su  representado,  deberes  que no  asumió.   

Si  lo pretendido por el defensor era alegar  la  duda  razonable,  le correspondía señalar la vía de su impugnación, esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si postulaba la primera  era  su  deber demostrar que el fallador reconoció en las consideraciones de la  providencia   atacada   la   existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la  conducta o la responsabilidad del  procesado,  y  pese  a  ello,  profirió  sentencia  de  condena  con exclusión  evidente  de  la  disposición  normativa  que  contiene el principio, cuando le  correspondía  en  consonancia  con su exposición absolver, reglas que el actor  desatendió por completo.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso   juicio   de   legalidad,   acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección, técnica que tampoco utilizó.   

         

Aún  más, si la pretensión del impugnante  se  orientaba  a  denunciar el quebranto del artículo 29 de la Carta Política,  bien  por  la existencia de irregularidades que afectaran el debido proceso, ora  por  incorrecciones lesivas del derecho de defensa de su asistido, debía acudir  a  la  causal tercera de casación, con las exigencias planteadas al estudiar el  cargo primero de su libelo, labor que no emprendió.   

         Como  fácil  puede  observarse,  se  trata  de un escrito ambiguo,  desorganizado,  reiterativo,  sin  un  hilo conductor, que aborda diversos temas  sin  la  seriedad  y  rigor propios de este trámite, que no acredita nada de lo  expuesto,  y que pretende, sin más, que se impute y condene al procesado por el  delito  de  homicidio culposo y no por el punible de homicidio doloso, sin tener  en cuenta el recaudo probatorio en conjunto.   

En  efecto,  el  demandante  no  se sujetó a ninguna de las exigencias de técnica señaladas en  precedencia,  sino  que  en  punto  de los cargos aquí analizados presentó una  alegación  libre, falencia que conduce de manera imperativa a su inadmisión de  acuerdo a lo establecido en la normativa procesal penal.   

Quinto   cargo  (subsidiario):  Violación  indirecta  de los artículos 23 y 109 del Código Penal, 7º, y 232 del estatuto  procesal penal y 29 de la Carta Política.   

          En  cuanto  atañe a este reproche, las falencias técnicas respecto  de  la claridad y nitidez con que debe ser presentada la censura comienzan en la  misma  incoherencia  de  la  exposición,  para  lo  cual basta resaltar algunos  apartes  del  libelo,  como  cuando  expresa  que el ad  quem  incurrió  en  errores  de hecho “por  aducir  que hay prueba de la intencionalidad de que se asistió  (¿?)  el  acusado  al  (sic) en desarrollo de una actividad lúdica”,  o bien cuando afirma que “dizque en  autos  se  halló la demostración necesaria e incuestionable de que la conducta  reprochada  halla  adecuación  bajo el título de dolo eventual, descartando la  culpa  culposa”,  y  finalmente,  al  afirmar que se  descartó  la  injurada  del  procesado  y “sobre esa  base,  a  su vez, equivocadamente, se afirma, sin tapujo ni rubor, que se cuenta  con   prueba  fehaciente  de  culpa  dolosa  (sic)”,  expresiones  ininteligibles  que  imposibilitan a la Sala bordar el conocimiento  de fondo del asunto.   

          Pero  además  de lo anterior, el casacionista no señala la especie  de  error  que  postula,  omisión  que a la postre le imposibilita demostrar la  censura,  quedando  sus observaciones en el ámbito de un simple y llano alegato  de  instancia  en  el  cual se limita a exponer su particular valoración de las  pruebas  sin  detenerse  a  indicar  y  demostrar  yerros  trascendentes  en los  falladores,  proceder  inadmisible  en  este  recurso  extraordinario, en cuanto  desconoce  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo objeto de  reproche.   

          Las    falencias    señaladas    imponen    la    inadmisión   del  cargo.   

Sexto   cargo   (subsidiario):  Violación  indirecta  de  los artículos 23 y 109 del Código Penal, 7º y 232 del estatuto  procesal penal y 29 de la Carta Política.   

          En  la  presentación  y  desarrollo  de  este  reparo,  el defensor  incurre  nuevamente  en  inconsistencias  y  confusiones,  pues  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  en  “error de derecho, por falso  juicio   de  convicción  y/o  de  raciocinio”,  sin  percatarse  que  uno  y otro corresponden a diversas especies de yerro, al punto  que  el  primero  es un error de derecho, mientras que el segundo es un error de  hecho.   

          A  su  vez,  en virtud del principio de autonomía de los cargos, no  puede  ser  aducida  la  ocurrencia de uno y otro con los mismos argumentos y de  manera   sincrónica,   dado   que   corresponden   a  ámbitos  sustancialmente  diversos.   

Así,  pues,  el  error  de  hecho por falso  raciocinio  se configura cuando los falladores en la apreciación de las pruebas  han  incurrido  en  violación de los postulados de la sana crítica, caso en el  cual  al  demandante  le  corresponde  indicar  la ley científica, el principio  lógico  o  la regla de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo y  cuál  debe  ser su adecuada consideración, además, demostrar la trascendencia  del  error  en  punto  de  determinar  un fallo esencialmente diverso, y en todo  caso,  favorable  al  procesado.  Reglas  técnicas  a  las que no se sujetó el  defensor en su libelo.    

          Ahora  bien,  el  error  de  derecho por falso juicio de convicción  tiene  lugar  cuando  existiendo tarifa legal en punto de la apreciación de las  pruebas,  se  niega  al medio demostrativo el valor que la ley le ha conferido o  se  le  otorga  un  mérito  diferente  al  atribuido  legalmente; por tanto, en  atención  a  que  en  el estatuto procesal penal no se conserva este método de  apreciación  probatoria,  por  regla  general,  salvo  contadas excepciones, la  denuncia  de  ésta  clase  de  yerros  no  tiene  cabida en sede del recurso de  casación.   

          Evidente  resulta, entonces, que el censor nuevamente se desentiende  de   las   reglas   técnicas   de   postulación  y  desarrollo  del  reproche,  circunstancia  que  no  deja  a  la  Sala camino diferente a seguir que el de la  inadmisión del cargo.   

Unido a lo anterior, en manifiesto olvido del  carácter  rogado  de  esta  impugnación,  ni  siquiera  el  demandante atina a  señalar  a  la  Sala  en  cada  uno  de  sus  reparos,  el sentido del fallo de  reemplazo  que  solicita,  circunstancia  adicional que evidencia la ausencia de  rigor y técnica en su libelo.   

          Sin  duda, el impugnante olvida que este trámite es extraordinario,  y  que,  por ello, no son de recibo las argumentaciones libres y espontáneas de  los  demandantes,  en  tanto  que es preciso que la formulación se someta a las  reglas  taxativamente  señaladas  por  el  legislador,  en  punto  de denunciar  errores   trascendentes  de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado   garantías   de   los   sujetos   procesales,  vulnerando  directa  o  indirectamente  normas  sustanciales, o desconociendo las bases fundamentales de  la instrucción o el juzgamiento.   

Por  tanto,  si  la demanda acusa las graves  falencias  técnicas destacadas, que no pueden en modo alguno ser subsanadas por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que rige el trámite  casacional,  se  impone  de plano su inadmisión de conformidad con lo dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta   por   el   defensores   de   JULIAN  ROMERO  PIÑEROS,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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