21588(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21588   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 13  

Bogotá,  D.  C., veinticinco (25) de febrero  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si es procedente admitir las demandas de casación  presentadas  por  la defensora de JESÚS OLMEDO URBANO  ORDÓÑEZ,   RICHARD   HUMBERTO   AZA   ARCINIÉGAS  y  FERNANDO    SILVIO    PAREDES    OBANDO  contra  la  sentencia  del  17 de febrero del 2003, dictada por el  Tribunal  Superior de Pasto, que los condenó por los delitos que se precisarán  enseguida.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          El  10  de  noviembre de 1999, miembros de la Sijín del distrito de  policía  de  Ipiales  capturaron  a  Paulo  Osberto  Salazar  Portilla, Otoniel  Ramírez   Ortiz,   Javier  Vargas  Calderón  y  José  Julio  Ruales  Rosales.  Trasladados  a  sitios diferentes el primero y los otros tres, aquél fue dejado  en  libertad al día siguiente después de ser repetidamente torturado, en tanto  que  a  los  otros  tres  se  les  exigió  la suma de 25 millones de pesos para  liberarlos,   aunque   finalmente   acordaron   sólo   7  millones,  para  cuya  consecución  permitieron la salida de Ramírez y Ruales. No obstante que Vargas  logró  escapar,  en  la  tarde del 11 de noviembre se entregó esa suma pero no  fueron  devueltos  algunos  documentos  y  un arma con salvoconducto a nombre de  Salazar   Portilla,   elementos   que   más   tarde   Ramírez   Ortiz  convino  telefónicamente  con  el  CS  JESÚS  OLMEDO  URBANO  ORDÓÑEZ  le  fueran entregados en un establecimiento  abierto  al  público  de  la  ciudad  de  Pasto,  lugar donde fue capturado por  miembros del C. T. I. que ya habían sido enterados de los hechos.   

          Vinculados  igualmente  a  la investigación los agentes de policía  RICHARD  HUMBERTO  AZA  ARCINIÉGAS,  FERNANDO SILVIO  PAREDES  OBANDO,  JULIO CÉSAR ROSALES y GERMÁN JAIRO  CORAL  MONCAYO, el 19 de noviembre del 2001 los cinco procesados fueron acusados  por  un  fiscal  especializado de Pasto por los delitos de tortura, concusión y  empleo ilegal de la fuerza pública.   

          El  23  de  septiembre  del  2002,  el  Juzgado  Penal  del Circuito  Especializado  condenó  a  PAREDES OBANDO  a  la  pena de 5 años y 8 meses de prisión y a 5 años y medio a  los  demás  e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo  término,  por  los  delitos  de  tortura y concusión, y los absolvió del otro  cargo.   

          El  fallo,  apelado  por  los  defensores  de  los  procesados,  fue  modificado  por el Tribunal Superior el 17 de febrero del 2003, en el sentido de  revocar  en  su totalidad la condena impuesta a CORAL y a ROSALES; con relación  a   AZA   ARCINIÉGAS   y  PAREDES    OBANDO,   los  absolvió   por  el  delito  de  concusión  y  confirmó  por  el  de  tortura,  fijándoles  pena  de  5 años de prisión. Igualmente, absolvió a URBANO  ORDÓÑEZ  del cargo por tortura,  confirmó  la  condena  por  el  de  concusión  y  le impuso pena de 4 años de  prisión  y  multa  por  50  salarios  mínimos  legales mensuales. A todos, los  inhabilitó  por  un  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de libertad.   

LA DEMANDAS  

          La   defensora  de  los  procesados  presentó  sendas  demandas  de  casación.   Idénticas   las   correspondientes  a  los  señores  RICHARD   HUMBERTO   AZA   ARCINIÉGAS  y  SILVIO    FERNANDO    PAREDES    OBANDO,  se  advierte  que  en  ambas  se  formularon dos cargos contra la  sentencia de segunda instancia:   

          El   primero,  con  apoyo  en  la  causal  tercera de casación, porque  el  fallo  se  dictó  en un juicio viciado de nulidad pues tanto a AZA      como      a     PAREDES  se  les escuchó en indagatoria,  previniéndoles  que  debían decir la verdad de acuerdo con una norma que desde  1998  había sido declarada inexequible por la Corte Constitucional en sentencia  con  efectos  erga omnes, que  hizo tránsito a cosa juzgada constitucional.   

          El  error  es  trascendente  porque,  teniendo  en cuenta el momento  psicológico  que  atravesaban  los imputados, semejante exhortación en boca de  la   autoridad  judicial  constituía  “una  velada  amenaza”,      como      lo     dijo     aquella  Corporación.   

          El  segundo  reproche se formuló con base  en  el cuerpo segundo de la causal primera,   por   error   de   hecho   en   la   modalidad  de  falso   juicio  de  existencia  pues  las  supuestas  torturas  infligidas  a  Salazar Portilla no fueron demostradas en el  proceso,  ya  que  no  existe  prueba  pericial  que acredite las lesiones ni la  posible  incapacidad que de ellas se derivara. Tampoco se tuvieron en cuenta las  constancias  y  declaraciones  de  los funcionarios judiciales que recibieron la  denuncia,  quienes  aseguraron que Salazar no presentaba ningún tipo de lesión  y se desplazaba normalmente.   

          Es  evidente  que  de  haber  recibido  los  puños y puntapiés que  relata  en  la  denuncia  y haber sido colgado del cuello para balancearlo en un  precipicio,  la  víctima  tendría  señales  que  hubieran sido detectadas con  facilidad por quienes la escucharon en esa ocasión.   

          Debe  tenerse  en  cuenta,  además,  que  Salazar no compareció al  Instituto  de  Medicina  Legal,  a  donde fue remitido para que se evaluaran las  lesiones  sufridas, y que se fugó del sitio donde estuvo retenido, inclusive se  lanzó  desde  un tercer piso según dijo, lo que debía causarle alguna herida.   

          De  otro  lado,  agrega  la  demandante,  los  testimonios de Miriam  Eliana  e  Ingrid  Milena  Ruales  son  interesados  no sólo por la amistad con  Salazar  sino  por tratarse de las hijas de otro de los ofendidos, de manera que  esta  prueba no es inconcusa, como lo afirma el Tribunal sino, por el contrario,  aparece  desvirtuada  por  el  testimonio  de  la  funcionaria  judicial  que la  contradice plenamente.   

          Tampoco  se  puede  admitir  que  la  valoración  de  los elementos  relacionados  con  un  supuesto  atentado  contra la libertad individual permita  acreditar   la   existencia   de  la  tortura,  como  sostiene  el  Ad  quem,  porque esa ilicitud no les fue  imputada  a los procesados, de manera que “mal puede, entonces, aseverarse que  por   haber   incurrido   en  conducta  penal  diferente,  queda  demostrada  la  tortura”.   

          Por  lo  tanto, concluye, se debe casar la sentencia impugnada y, en  su  lugar,  declarar  la  nulidad  de  lo actuado o, en subsidio, absolver a los  procesados.   

          La  demanda  formulada  a favor de JESÚS  OLMEDO  URBANO  ORDÓÑEZ,  por  su parte, contiene un  cargo   único   que   la  impugnante   hace   consistir   en   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial,  porque  los  hechos  probados  no  se  adecuan al tipo de la concusión sino al del cohecho impropio,  en  tanto no fue el procesado quien exigió dinero sino los denunciantes quienes  lo    ofrecieron,    como   lo   demuestran   las   grabaciones   aportadas   al  proceso.   

          En  ellas,  quien  ha  sido  identificado  como el cabo URBANO  ORDÓÑEZ  dice a su interlocutor  que  ellos  fueron  quienes  le ofrecieron, afirmación que de inmediato aceptó  Ramírez.    En    otra    ocasión,    el    interlocutor    de    URBANO  le  dice  que  lo  suyo  eran  7  millones que “yo le di para que me soltaran”.   

          Por  lo  tanto,  si  a  las grabaciones se les ha dado crédito para  declarar  la  responsabilidad  del procesado, el mismo valor se les debe otorgar  en cuanto al ofrecimiento del dinero.   

En  la  sentencia impugnada, sin embargo, se  afirma  que el procesado exigió y recibió la suma de 7 millones de pesos, pero  en  el  proceso  no  obra prueba de ese hecho sino del que tipifica el delito de  cohecho  impropio.  Así se desprende de lo dicho por el coprocesado Jairo Coral  Moncayo  y  por  Otoniel  Ramírez,  si  bien los cargos que los retenidos hacen  contra  los  policiales,  como  lo  señaló  el  Tribunal,  “deben  verse con  reserva,  como que es de su interés agravar las circunstancias que rodearon los  punibles     a    fin    de    hacer    más    gravosas    las    consecuencias  punitivas”.   

          Solicita  que,  en consecuencia, se case la sentencia recurrida y en  su   reemplazo   se   absuelva   al   señor   URBANO  ORDÓÑEZ,  en  aplicación del principio non bis in ídem.   

  CONSIDERACIONES   

          La  Sala inadmitirá las demandas y ordenará devolver el expediente  al  Tribunal  de  origen,  porque no reúnen los requisitos simplemente formales  exigidos  por el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal. Estas son las  razones:   

          1.   Demandas   presentadas   a  nombre  de  RICHARD  HUMBERTO  AZA  ARCINIÉGAS y FERNANDO SILVIO PAREDES OBANDO.   

          a.     Con    relación    al    primer  cargo,  la  propuesta  incumple el mandato del numeral  3º.  del  artículo  212 del estatuto procesal, según el cual es necesario que  la demanda de casación contenga   

          “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”,   

requisito  que  no se satisface, tratándose  del  tercer  motivo  de  casación,  con  la sola identificación del vicio y la  demostración  de su existencia, porque es indispensable desarrollar el reproche  con   observancia  de  los  principios  que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades,  en  especial  el  contenido en el numeral 2º. del artículo 310 del  Código   de   Procedimiento   Penal,   conocido   como   el   de   trascendencia, según el cual   

          “Quien  alegue  la  nulidad  debe  demostrar que la irregularidad  sustancial  afecta  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción y el juzgamiento”.   

          En  este  caso,  la  demandante simplemente afirma que el denunciado   

“…no es un error intrascendente y tiene  la   entidad   suficiente  como  para  afectar  el  derecho  de  defensa  y,  en  consecuencia,  el  debido  proceso. Teniendo en cuenta las consideraciones de la  Corte  Constitucional,  el momento psicológico por el cual atravesaba el Señor  FERNANDO  SILVIO  PAREDES OBANDO (igual dice de RICHARD HUMBERTO AZA ARCINIEGAS,  se  anota),  sumado  a  su  desconocimiento absoluto de las ciencias jurídicas,  hacen  que  tal llamado, en boca de la autoridad judicial, constituya, como bien  lo  ha  dicho  la Honorable Corporación “una velada  amenaza”,   

pero  se  abstiene  de  señalar en concreto  cuál  fue la incidencia de esa exhortación a decir verdad, en la espontaneidad  y  en la libertad con que los procesados realizaron la exposición de los hechos  de acuerdo con el interrogatorio que se les formuló.   

          Por  eso,  aunque  formalmente   el   vicio   se  habría  configurado,  la  advertencia  no  tuvo  –o,  por  lo menos, no lo  informó  así  la demandante en parte alguna de los libelos- capacidad bastante  para  que  los  indagados se sintieran constreñidos a decir toda la verdad, aun  la  que  les  resultase  perjudicial,  es  decir, compelidos a confesar, que fue  precisamente   el   derecho   constitucional   cuya  protección  determinó  la  declaratoria  de inexequibilidad parcial del artículo 357 del anterior estatuto  procesal, dispuesta por sentencia C-621 del 4 de noviembre de 1998.   

          Si   afectar,  según  la  5ª.  acepción que trae el Diccionario de la Lengua Española en su  21ª.     edición,     significa     “menoscabar,     perjudicar,     influir  desfavorablemente”,  es  lo  cierto  que  la  casacionista  no dedicó ningún  esfuerzo  a  intentar  demostrar  que  la  exhortación  a  decir verdad hubiese  afectado  garantías de los  procesados,  tema  que  le era forzoso desarrollar para cumplir con la exigencia  de   fundamentar   el   cargo  de  nulidad.  El  cargo,  entonces,  carece de fundamento.   

          2.   En  la  segunda  censura  se  reprocha  un  falso  juicio  de existencia i) por suposición,  porque  el  Tribunal  tuvo  por demostrada la tortura no obstante la ausencia de  prueba  pericial  que  acreditara  las  lesiones,  y  ii)  por omisión, pues no  valoró  las  constancias  y  declaraciones  de  los funcionarios judiciales que  recibieron  la  denuncia,  quienes  no  advirtieron  huellas  de violencia en el  cuerpo de la víctima.   

          Así   presentado   el  ataque,  le  correspondía  a  la  libelista  establecer  la  incidencia  del  yerro  en el sentido de la decisión, tarea que  debía  acometer  realizando  una  nueva valoración de toda la prueba recaudada  que,   excluyendo  la  inexistente  e  incluyendo  la  no  apreciada,  condujera  inevitablemente   a   adoptar   un   fallo   favorable   a   los  intereses  que  representa.   

          No  procedió  así la demandante, quien más bien optó por ensayar  sus   propias   conclusiones   para   oponerlas   a   las  que  el  Ad  quem obtuvo de la apreciación de los  testimonios  de  las  hermanas  Miriam  Eliana  e  Ingrid  Milena Ruales, que la  casacionista  desecha  simplemente por tratarse de amigas de la víctima e hijas  de  otro afectado por la acción de los procesados, con lo que redujo el cargo a  un  problema  de pura credibilidad, que no es admisible plantear en casación ya  que,  no  demostrados yerros protuberantes acreditables a la justicia, que es lo  que  corresponde  al  censor,  siempre  habrá  de  prevalecer  el  criterio del  fallador1.    

          2.   Demanda   presentada   a   nombre   de  JESÚS  OLMEDO  URBANO  ORDÓÑEZ.   

         

          Cuando  se  postula  el  cargo  al  amparo  de  la causal primera de  casación,  cuerpo primero, esto es, la violación directa de la ley sustancial,  el  censor  está  obligado  a  aceptar  la  apreciación  de  la  prueba  y  la  declaración  de  los  hechos  que contiene el fallo recurrido, de manera que la  demanda    se   oriente   exclusivamente    a    realizar    un    estudio   puramente   jurídico   de   la  sentencia.   

          Esta  preceptiva fue desatendida por la casacionista, quien reprocha  que   las  grabaciones  de  algunas  conversaciones  sostenidas  con  el  señor  URBANO  sólo  se  hubieran  valorado  para  deducirle  responsabilidad,  pero  no  para establecer de quién  partió   la   iniciativa   de   canjear   por   dinero   la   libertad  de  los  retenidos.   

          Argumentos como que   

          “En  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  da por sentada la  existencia  de  prueba  suficiente  para decir que la conducta desplegada por el  señor    JESÚS    URBANO    ORDÓÑEZ  es de tal entidad que no deja duda alguna sobre el tipo delictual  de  la  concusión;  sin  embargo,  otras  son  las  probanzas  que  obran en el  expediente,  es  decir, todo apunta a demostrar que la adecuación típica es la  del cohecho impropio”   

o   cuestionar  que  en  la  sentencia  se  afirme   

          “que    el   señor   JESÚS   URBANO  ORDÓÑEZ  exigió  y  recibió  la  suma  de  siete  millones de pesos…”   

   

riñen  por  completo con la técnica que la  lógica  aconseja  emplear cuando el ataque se dirige a demostrar un yerro en la  aplicación  inmediata de la  normatividad llamada a regir el caso.   

          Por  lo  tanto,  si  lo  que  la  demandante pretendía era destacar  supuestos  errores  en  la  valoración  de la prueba que llevaron al fallador a  concluir  que  existía  concusión cuando en realidad los medios de convicción  recaudados  demostraban  que  no  hubo exigencia sino ofrecimiento de dinero, el  cargo  debió  postularlo  desde la perspectiva de la violación indirecta de la  ley   sustancial,   bajo  alguna  o  algunas  de  sus  modalidades  y  especies.   

          Lo  brevemente  expuesto  es  suficiente  para decidir en el sentido  inicialmente anotado en las “Consideraciones” de este auto.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR   las  demandas  de  casación  presentadas  por  la defensora de JESÚS OLMEDO URBANO  ORDÓÑEZ,   RICHARD   HUMBERTO   AZA   ARCINIÉGAS  y  FERNANDO    SILVIO    PAREDES    OBANDO.  En  consecuencia, se ordena devolver el expediente al Tribunal de  origen.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese    y  cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS            JORGE ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO                                     ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                                             MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE   L.  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr.,  entre  otras,  las  sentencias de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  fechadas 12 de junio del 2003, radicado 17.180; 1º. de agosto del  2002,  radicado  13.326;  y  17  de enero del 2002, radicado 14.957, M. P. Edgar  Lombana Trujillo.     

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