21541(01-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 74.  

         

Bogotá D.C., septiembre primero (1°) de dos  mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  del  procesado  FERNANDO   BUITRAGO  CASAS,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá  el  10  de febrero de 2003, mediante la cual confirmó el fallo dictado  por  el  Juzgado  Treinta  y dos Penal del Circuito de la misma ciudad del 31 de  octubre  de  2001,  por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable  del  delito de concusión, con la única modificación de reducir el monto de la  pena   a   purgar   a   48   meses   de   prisión   y   multa  de  50  salarios  mínimos.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  Tribunal de la siguiente manera:    

“El 27 de septiembre de 1999, LIDA HEMILET  CALA  CELIS, representante de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, en su  denuncia  aportó  copias de investigación disciplinaria N° 720  de 1998,  que  se  siguió  en  contra  de  FENANDO  BUITRAGO,  empleado de la Sección de  Mantenimiento  de  Teléfonos  Públicos, y que culminó con resolución fechada  el  21  de  diciembre  de  1998,  mediante  la  cual  el Presidente confirmó la  decisión  de  primera  instancia, que le terminó el contrato, anotando además  que nunca compareció y fue declarado persona ausente.   

Refiere que los hechos ocurrieron en marzo de  1996,  cuando  BUITRAGO,  a  cambio  de la suma de ciento cincuenta mil pesos ($  150.000),  trasladó  ilegalmente  de  la  carrera  27M  N°  71 K-28, la línea  gratuita  de teléfono mensajero N° 7654922, del tipo que la entidad tiene para  favorecer  personas  con  dificultad  de  acceso  a  la telefonía privada, y lo  instaló  en  la  residencia  de  MARIA  ELVIRA  BARBOSA DE GARAY, ubicada en la  vereda  Quiba  Tierra  Colorada,  y se halló además con una derivación.   Añadió  que  se  comprobó lo enunciado pues se hizo una visita al terreno, se  oyeron  testimonios  y  se  revisaron  las órdenes de trabajo en el sector, por  esos              días              allí              laboraba              el  implicado”            

Con  fundamento en los hechos anteriores, la  Fiscalía  Seccional  de Bogotá declaró abierta la instrucción, en cuyo marco  vinculó,   mediante   declaratoria   de   persona   ausente,   a   FERNANDO  BUITRAGO  CASAS,  resolviendo su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva sin  derecho  a  libertad  provisional,  como posible autor del delito de concusión.   

Una  vez cerrada la instrucción, el sumario  fue  calificado  el 25 de abril de 2001, con resolución de acusación en contra  del procesado, como presunto autor del delito referido.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Treinta  y  dos Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito pertinente, profirió fallo el 31 de octubre de 2001, por cuyo  medio  condenó  a FERNANDO BUITRAGO CASAS,  a  la  pena principal de cincuenta y dos (52) meses de prisión y  multa   de  cincuenta  y  cinco  (55)  salarios  mínimos,  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como autor  penalmente responsable del delito por el cual se le acusó.   

La  decisión  anterior fue impugnada por la  defensora  del  sindicado,  y  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la confirmó  mediante  fallo  del  10  de  febrero  de  2003,  con  la  única  modificación  consistente  en  reducir  el  monto  de la pena a imponer a cuarenta y ocho (48)  meses  de prisión y multa de cincuenta (50) salarios mínimos, la cual es ahora  objeto  de impugnación extraordinaria por parte de la defensora de FERNANDO BUITRAGO CASAS.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  legal en la causal tercera de casación prevista en  el  artículo  207  del estatuto procesal penal, la defensora formula dos cargos  contra  el fallo impugnado, pues considera que fue proferido dentro de un juicio  viciado   de   nulidad.    Los   reproches  propuestos  son  del  siguiente  tenor:   

          Cargo primero, violación al derecho de defensa:   

          La  recurrente  lo  hace  consistir en que su defendido “a  pesar  de  haber  sido  imputado  conocido, no se le notificó  acerca  de  la  resolución  de  apertura  de  Ia  instrucción para que pudiera  ejercer  su  derecho de defensa, tal como lo establece el inciso 5 del artículo  81  de  la Ley 190 de 1995. De esa manera también se quebrantó el artículo 29  de la Constitución Nacional”.   

          Señala  la  actora  que  al  interponer el recurso de apelación en  contra   de   la   sentencia   de  primer  grado  invocó  la  misma  causal  de  nulidad,   sin  embargo  el  Tribunal  no  aceptó  sus  planteamientos con  fundamento   en   que   a  BUITRAGO  CASAS,  para  ese  entonces  imputado,  se  le  citó, emplazó, declaró  persona  ausente  y se le designó defensor, sin que se hubiera reclamado alguna  anomalía,   tampoco  lo  hizo  cuando  finalmente  se  hizo presente en el  proceso   y   estaba  al  tanto  de  las  actuaciones  seguidas  en  su  contra,  “además  de  que  cualquier  falla  sobre  el punto  quedaba convalidada”.     

          A   juicio   de   la  demandante,  el  Tribunal  omitió  considerar  “que  para  la  época en que produjo la Resolución  que  definió  la  situación jurídica del sindicado Fernando Buitrago Casas no  contaba  con defensa técnica, al punto que por ello se produjo la nulidad de la  Resolución del 25 de octubre de 2000”.   

Concluye  de lo expuesto que se concretó la  causal   de   nulidad  advertida,  “sobre  todas  la  actuaciones  posteriores al 17 de diciembre de 1999”,  fecha  en  que  se  decretó  la  apertura  de  instrucción,  lo  que impone la  casación total de fallo.   

          Cargo     segundo,     nulidad     por    violación    al    debido  proceso:   

          En  criterio  de  la  demandante se evidenció el yerro, en tanto el  fallo  impugnado se fundó “para la imposición de la  condenas,   en   ‘Prueba  Trasladada’ que no reunió  los  requisitos  y  condiciones exigidas por el artículo 29 de la Constitución  Política,  quebrantándose,  de  contera, lo establecido en los artículos 232,  233,  234,  235,  236,  237,  238  y  239   del  Código  de  Procedimiento  Penal”.   

          Para  sostener  su  prédica  se  basa  en que el artículo 29 de la  Carta  Política es claro en señalar que “es nula de  pleno    derecho    la    prueba    obtenida    con    violación   del   debido  proceso”.   

Aduce  que  la  prueba  trasladada  a  este  proceso,  para  el  caso  constituida por la actuación disciplinaria adelantada  por  la  Empresa  de Telecomunicaciones de Bogotá en contra de su defendido, no  puede  ser  considerada como prueba legal, porque “no  se  permitió  el derecho a controvertirla”, toda vez  que  se  allegó  al  proceso  sin cumplir con los requisitos establecidos en el  artículo  239 del estatuto procesal penal.   

          Dichos   elementos   de   prueba,   de  otro  lado,  tampoco  fueron  ratificados,  ni  practicados  por  la fiscalía instructora, además de que son  “fotocopias  simples” que  no    pueden    ser    valoradas    como    prueba    trasladada,   “pues  como se ve, fue incorporada al expediente con violación de  los    principios    que    regulan    el   régimen   probatorio   en   materia  penal”,  tales  como los de necesidad, postulación,  contradicción,  publicidad  y  valoración;   así  como los de actuación  judicial   en   sus   dos   instancias   y  el  de  originalidad  de  la  prueba  documental.   

          Concluye,  al  igual  que  en  la anterior censura, señalando que a  consecuencia  del yerro advertido, se vició de nulidad la actuación procesal a  partir  de  la fecha en que se abrió la investigación de fecha 17 de diciembre  de 1999.   

          Por  consiguiente,  reclama  que se case totalmente la sentencia con  el   objeto  de  que  se  decrete  la  nulidad  del  proceso  en  los  términos  referidos.     CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Inicialmente  resulta  oportuno  señalar  que  el  inciso  1º  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, vigente para cuando se profirió el fallo  de  segunda  instancia que corresponde al hecho procesal relevante que determina  la  normativa  aplicable  en  punto del recurso de casación, establece que este  medio  impugnaticio procede contra las sentencia proferidas en segunda instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial y por el Tribunal Penal  Militar,  cuando  se  proceda por “delitos que tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo  exceda   de   ocho   años”   (subrayas   fuera  de  texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          En   punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si  lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida  en  que  no  resulte viable la casación  ordinaria en el caso concreto.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio se advierte que si bien el fallo  impugnado  fue  proferido  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Bogotá,  el  procesado  BUITRAGO  CASAS  fue  condenado  por  el  delito  de  concusión,  de  acuerdo con el  artículo  140  del  Decreto  100 de 1980, modificado por el 21 de la Ley 190 de  1995,  para  el  cual  correspondía  una pena de cuatro (4) a ocho (8) años de  prisión.   

          No  obstante,  la  normativa  vigente al momento de ser proferido el  fallo  objeto  de  reproche  (10  de febrero de 2003), es la Ley 599 de 2000 que  dispone  en su artículo 404 para el delito de concusión una pena de seis (6) a  diez  (10)  años  de  prisión,  precepto  que no fue aplicado por la elemental  consideración  de que la nueva previsión punitiva le resultaba más onerosa al  procesado  que  la  vigente  al  momento  de  los  hechos, pero que en punto del  quantum  mínimo  establecido  para  acceder al recurso de casación por la vía  común  resulta  insuficiente,  pues,  se  reitera,  es  necesario  que  la pena  privativa de la libertad sea superior a ocho (8) años.   

Sobre  el particular ha expuesto la Sala que  “la  normatividad  aplicable  a  la  casación es la  vigente  para  el  momento  en  que,  por  razón del proferimiento del fallo de  segunda  instancia,  se  ejercita el derecho de impugnación, el cual se vincula  inescindiblemente  a  la  naturaleza  rogada  del instrumento, y, por ende, a la  facultad  dispositiva atribuida a las partes de perseguir el desquiciamiento del  fallo  de  segunda  instancia  con  ocasión  del agravio inferido, pero siempre  dentro   de  un  marco  de  oportunidad”,  dado  que  “el  objeto  de la impugnación extraordinaria no es  otro  distinto  que  la  sentencia de segunda instancia, calificada por la parte  como  lesiva  del  ordenamiento  jurídico y, consecuentemente, de sus intereses  particulares,   siendo,   por   tanto,  el  fallo  proferido  por  el  ad  quem,  ‘el   hecho’  que da origen a la decisión del juez  de  casación,  en  orden  a  que  se  restaure  la  vigencia  del  ordenamiento  jurídico,  y  se  corrija  el agravio inferido a la parte que a dicho mecanismo  acude”1  (negrillas  y  subrayas en el  texto).   

          En  la misma providencia, en punto del principio de favorabilidad se  precisó  que  en  materia  de  casación no resulta aplicable la ley vigente al  momento   de   la   ocurrencia   de   los   hechos,  en  cuanto  “no  se  trata  en  este  caso  de  resolver  un asunto relativo a la  aplicación  o  no  del  principio de  favorabilidad por no versar sobre la  calificación  jurídica  de  la conducta o respecto de la duración o modalidad  de  la  pena  correspondiente,  ni  de la concurrencia legislativa sobre el acto  mismo  de  impugnación,  sino  del tránsito legislativo de normas de carácter  procesal  entre la época de ocurrencia de los hechos y aquella de finalización  del  proceso, y en relación con el trámite a seguir con posterioridad a ésta,  pues  (…)  el  derecho  de  acudir en casación, se  mantiene,  sólo  que  en  este  caso,  para  el  momento  de interposición del  recurso,   por   vía   distinta   de  la  común:  la  discrecional” (subrayas fuera de texto).   

Precisado  lo  anterior,  sin  dificultad se  observa  que  la  censora escogió la vía ordinaria para demandar en casación,  sin  percatarse que dado el quantum punitivo (no superior a 8 años de prisión)  del  ilícito  por  el  que  se  procede  y fue condenado, sólo le quedaba como  posibilidad  acudir  a  esta  impugnación  por la vía discrecional, asumiendo,  desde  luego,  las  obligaciones  y exigencias dispuestas por el legislador para  ello,  que  no acometió, pues no planteó de ninguna manera las razones por las  cuales  debía  intervenir la Corte de manera excepcional, esto es, para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  una determinada  temática,  bien  para  unificar posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar un tópico aún no desarrollado; o que se tratara de asegurar  la garantía de derechos fundamentales de su procurado.   

          Lo  anterior constituye razón suficiente para que la Sala proceda a  la  inadmisión  de la demanda, que es la consecuencia procesal señalada por la  ley en el artículo 213 de la Ley 599 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por   la   defensora   de   FERNANDO  BUITRAGO  CASAS, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PEREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Aclaración    de    voto                                                        Salvamento de voto   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

SALVAMENTO DE VOTO  

                                                               Ref.: Casación 21.541   

                                                                          MP Dra Marina Pulido de Barón   

           Sind.   Fernando  Buitrago  Casas                  

Atendiendo a que en anteriores oportunidades  he  debido  apartarme  de  decisiones de similar talante, hoy reitero la cordial  discrepancia ajustando al caso concreto lo ya dicho:   

Como   presupuestos   de  este  respetuoso  salvamento  de  voto  ha de recordarse: (i)  que  FERNANDO  BUITRAGO  CASAS  fue  condenado  por  el  delito de  concusión,  por  cuya  comisión el legislador preveía una pena de 4 a 8 años  de  prisión  (art.  140  CP,  modificado  por  el  21  de  la Ley 190 de 1995),  ejecutado     en     marzo    de    1996.    De    igual    modo    (ii)  que  para  la fecha de comisión del  hecho  la  ley  procesal  penal  (art. 218 Decreto 2700/91 modificado por la Ley  81/93,  24)  establecía  que  el  recurso  de  casación  procedía respecto de  delitos  que  tuvieran señalada pena de prisión cuyo máximo fuera o excediera  de   seis   (6)   años.   Asimismo  (iii)  que  cuando  la  sentencia  de  segunda  instancia se profirió ya  regía  el  actual  código  de  procedimiento penal; y finalmente, (iv) que este estatuto señala como baremo  punitivo  para acceder a la casación ordinaria que el delito tenga señalado un  máximo superior a los ocho años de prisión.   

Así,   conjugadas   las   disposiciones  inicialmente  reseñadas, BUITRAGO CASAS podía acceder sin obstáculo alguno al  extraordinario  recurso, dado que -además- la sentencia había sido dictada por  un  tribunal  superior en segunda instancia. De distinta manera lo consideró la  Sala  mayoritaria  al  precisar  que  es  esta providencia la que se reputa como  referente  para la interposición del recurso de casación y -a la par con ella-  la  normatividad procesal vigente para ese momento, radicando en tal presupuesto  la  inadmisión  de  la demanda pues el censor no acudió a la forma excepcional  que impone requisitos adicionales un tanto más severos.   

Con  el  proceder  de la Sala mayoritaria se  incurrió  -a mi entender- en un error al omitir la aplicación del principio de  favorabilidad,   acerca   de   cuya  consagración  constitucional  nadie  tiene  dudas.   

En  efecto,  aquel  principio  -expresado de  manera  genérica-  gira  alrededor  de la legalidad del delito, de la pena, del  juez  y  del  procedimiento,  siendo  imperativo  aceptar  que  este cuarteto de  garantías  debe  ser previo a la comisión de una conducta punible, pues de ese  modo lo impone la Carta Política.   

Igualmente  he  tenido claro que cometido un  delito,  toda  la  normatividad  que lo regula en su descripción típica, en su  sanción,  en  su  juez  natural  y en su procedimiento, acompañan ad  infinitum  a ese comportamiento y a su  autor,  salvo  que  con  posterioridad  surja  norma  nueva  que  favorablemente  modifique  tales  atributos,  para  que ésta sea aplicada retroactivamente, tal  como  lo  autoriza  la Constitución. En cambio, lo que sí rechaza ésta es que  se  aplique  retroactivamente  una nueva normatividad con efectos desfavorables,  situación   que   -mutatis   mutandis-  fue  la que utilizó la Sala mayoritaria al acudir al actual código  (Ley  600  de  2000)  que  empezó  a  regir cinco años después de cometida la  conducta que originó finalmente la condena.   

La  favorabilidad,  como se sabe, constituye  una  excepción  al  principio  de  la  irretroactividad  de la ley, pudiéndose  aplicar  en  su acogimiento una ley posterior al hecho cometido (retroactividad)  o   prorrogarle   sus   efectos   aún   por  encima  de  su  derogatoria  o  su  inexequibilidad  (ultractividad),  siempre  que en algún momento haya regido la  actuación  y  que  -desde  luego-  sea,  en  uno u otro caso, más favorable al  sindicado o condenado.   

Como fundamento de mi disenso y hoy más por  razón  de su consagración normativa (art. 6 CPP), debo resaltar que -de cara a  la  favorabilidad- la ley penal sustancial debe recibir igual tratamiento que la  procesal  de  efectos  sustanciales.  Por esa razón no puede dársele a una y a  otra  valoraciones  y  aplicaciones  distintas;  están  en  un  mismo  plano de  igualdad.  De ahí que, quizá para un mejor entendimiento (y sin que en honor a  la  verdad  constituya  algo  nuevo  frente  a  la  Carta  Política) el código  próximo  a regir (art. 6) prevé que “Nadie podrá ser investigado ni juzgado  sino  conforme a la ley procesal vigente al momento de  los  hechos”  (se  resalta),  con  lo  cual no puede  desconocerse  lo  que  al comienzo se decía, esto es, que -entre otros factores  previos  al  delito-  el procedimiento (y con mayor razón las normas procesales  de  efectos  sustanciales)  lo  acompaña por siempre, así como al delincuente,  con  la  excepción  igualmente  señalada.  Esa misma consideración tiene a mi  juicio cabida frente a la legislación actual.   

De  ahí  que  no  pueda  aceptar  que  al  demandante  FERNANDO  BUITRAGO  se le haya desconocido su derecho a acceder a la  casación  ordinaria  de  acuerdo  con  la  ley  adjetiva  vigente al momento de  cometer  el  delito  y  en  cambio  sí  se  le  enrostre  la aplicación de una  posterior  norma  restrictiva, que si bien es procesal surgen claros sus efectos  sustanciales,  como  que  afecta el acceso a un medio de impugnación consagrado  legalmente  y por contera a otra instancia, desde luego entendida desde el punto  de vista funcional.   

De otro lado, se dirá -como se recordó en  las  discusiones de Sala- que ha de mirarse el hecho jurídica (o procesalmente)  relevante,  y  que  éste  -para  el  caso- lo constituye el proferimiento de la  sentencia  de  segunda  instancia,  dado  que  antes  de ella la casación sólo  configuraría  una  mera  expectativa.  En  la  misma  situación  estaría  -se  contesta-  quien sin haber sido condenado aún no pudiera invocar la imposición  de  la  pena  menor vigente a la hora del delito, con desprecio por la mayor que  rija  a  la hora de la condena. Es claro que en esta última hipótesis el hecho  relevante   es   la   sentencia   y   para   ese   momento   ya   rige  una  ley  desfavorable.   

Ahora, si se quiere, para efectos prácticos  y  de  justicia, mírense dos  ejemplos, caracterizados por la presencia de  normas  procesales  de  efectos sustanciales, en los que -sin duda- habríase de  aplicar  la  favorabilidad; los mismos en los que -conforme al pensamiento de la  Sala mayoritaria- tendría que descartarse su aplicación:   

1.- El día del hecho punible le ley regula  ocho  causales  de excarcelación, una de ellas por vencimiento de términos por  no  celebración  oportuna  de la audiencia pública. Cuando este presupuesto se  da  (en  el  juicio)  ha desaparecido normativamente la causal. Será posible -y  jurídico-  negar  la  libertad  con  base  en  el  citado  argumento  del hecho  procesalmente relevante?   

2.-   Igualmente,  ¿tendrá  cabida  esa  hipótesis  restrictiva cuando al dictarse la sentencia de primera instancia una  nueva  ley ha eliminado cualquier recurso contra ella, contrario a la apelación  que  sí  la  permitía  la  ley  vigente  el  día  del hecho? ¿Se le dirá al  condenado   que  no  tiene  acceso  a  la  segunda  instancia  porque  el  hecho  jurídicamente  relevante  (la  sentencia) está regido por una normatividad que  excluye esa impugnación?   

Para  el  suscrito magistrado en ninguna de  las  eventualidades  anteriores  llama  a  dudas  la  aplicación  de  la  norma  favorable,  que no es otra que la vigente al momento de la comisión del delito,  perdiendo  cualquier  efecto el hecho jurídicamente relevante, en contra de que  lo  piensa la Sala mayoritaria. Esta solución propuesta debió gobernar la dada  al  caso  propuesto en la demanda de casación de cuya decisión me aparto, vale  decir,   que  en  mi  sentir  debió  estudiarse  la  demanda  con  miras  a  su  ajuste.   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

    

1  Sentencia  del  1º de noviembre de 2001. Rad. 17946. M.P. Dr. Fernando Arboleda  Ripoll.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *