21251(02-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21251   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 046.  

         

Bogotá D.C., junio dos (2) de dos mil cuatro  (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  GILDARDO   BUITRAGO  ANTIA,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Armenia  (Quindío)  el  7 de marzo de 2003, mediante la cual confirmó el fallo  dictado  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad el 10 de  diciembre   de  2002,  por  cuyo  medio  lo  condenó,  junto  con  JHON  FREDY  ALVARAN  AMAYA,  como coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de homicidio en Jairo  Castaño  Duque  y  porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Aproximadamente  a la una de la mañana del 24 de diciembre de 2000,  en  los asentamientos temporales Alianza Dos Mil, ubicados en la carrilera Santa  Elena  en el Barrio Miraflores de Armenia, cuando Jairo  Castaño  Duque reclamó a varios individuos por haber  agredido  a  su  hermano  Jorge  Guillermo,  fue  herido por dos de ellos con proyectil de arma de fuego y con  elemento  cortopunzante,  respectivamente,  a  causa  de  lo  cual se produjo se  deceso momentos después.   

          Luego  de  la  práctica  de  algunas  diligencias  preliminares, la  Fiscalía  Seccional  de  Armenia  declaró  abierta  la  instrucción  el  7 de  septiembre  de  2001, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a GILDARDO   BUITRAGO   ANTIA  y  JHON FREDY ALVARAN AMAYA, resolviéndoles  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posibles  autores  del concurso de  delitos   de   homicidio   y   porte   ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  15  de  enero de 2002 con resolución de acusación en contra de  los  procesados, como presuntos coautores del concurso de delitos que motivó la  medida  asegurativa.  Impugnada  esta  providencia  por  la  defensa del acusado  BUITRAGO  ANTIA, la Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Armenia la confirmó mediante resolución  del 5 de marzo de 2002.   

          La  fase  del  juicio  correspondió  adelantarla al Juzgado Primero  Penal  del  Circuito de Armenia, despacho que una vez surtido el rito pertinente  profirió   fallo   el  10  de  diciembre  de  2002,  por  cuyo  medio  condenó  a     GILDARDO    BUITRAGO    ANTIA    y  JHON  FREDY  ALVARAN  AMAYA,  a  la pena principal de dieciséis (16) años y seis (6) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, para el primero, y a veintidós (22)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión  e  inhabilitación y a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  años  para  el  segundo,  así  como  al  pago  solidario de la correspondiente  indemnización   de  perjuicios,  como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso de delitos por el cual se les acusó.   

La  decisión anterior fue impugnada por los  defensores  de  los  sindicados,  y el Tribunal Superior de Armenia la confirmó  mediante  fallo  del 7 de marzo de 2003, el cual es ahora objeto de impugnación  extraordinaria    por    parte    del    asesor    técnico    de   GILDARDO BUITRAGO ANTIA.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  defensor formula un solo cargo por violación indirecta de  la  ley sustancial “POR ERROR DE HECHO MEDIANTE FALSO  JUICIO  DE  IDENTIDAD  AL  TERGIVERSAR  Y/O  SUPONER  EL CONTENIDO DEL HECHO QUE  EVIDENCIA  LA  PRUEBA  EN  OSTENSIBLE  ALEJAMIENTO  DE LOS POSTULADOS DE LA SANA  CRITICA     QUE     SE    REQUIERE    AL    EVALUAR    UNA    PRUEBA”.   

          Para  demostrarlo  expone  que  de  conformidad con las reglas de la  sana  crítica  los testimonios deben ser “coherentes  y  coordinados  con  cada  uno  de  ellos  mismos,  entre  ellos mismos y con la  descripción    cronológico-espacio-temporal   que   se   acepto   (sic),  de tal manera que si se evidencian  irregularidades  de  coordinación y coherencia entre estas pruebas en variables  importantes,   el   juicio   al  que  se  llego  (sic)  esta   (sic)  distorsionado     el     hecho     que    se    esta    (sic)  suponiendo  y/o  evidenciando de la  prueba,  que  es  precisamente  de lo que aquí se acusa el fallo demandado, él  como  ya se dijo evidencio de una prueba (testimonio e identificación de álbum  fotográfico  hecho  pro  la  testigo MARIA TRINIDAD CASTAÑO DUQUE)”.   

Agrega  que  “al  respecto  no  aplica el fallo acusado el mandato que regla ello como lo es el ya  citado  Artículo 238 del C.P.P., una fácil comparación y/o evaluación que no  se   hizo   pone   en   evidencia   variadas   y  múltiples  consideraciones  e  inconsistencias  sobre  estos  aspectos  enunciados  que de haberse apreciado en  gala  de  una  buena sana crítica hubieran puesto en evidencia que el hecho que  se  reputa  probado  en  el  fallo  por  esta  prueba  no  se  puede  colegir de  ella”.   

          Destaca  que  si la testigo María Trinidad  Castaño  dijo  en  su  primera  declaración  que los  agresores  golpearon  en el mentón a Paola,  su sobrina, no se entiende por qué posteriormente afirmó que no  vio cuando la atacaron.   

También señala que la declarante citada en  su  testimonio  inicial  manifestó no recordar las características físicas de  quienes  causaron  la  muerte  a  la  víctima,  pero  en declaración posterior  describió     pormenorizadamente     a     GILDARDO  BUITRAGO  y  lo  reconoció en el álbum fotográfico,  motivo  por  el  cual,  al ser tenida en cuenta este testimonio en la sentencia,  los   falladores  incurrieron  en  “error  de  hecho  mediante  juicio  de identidad al tergiversar y/o suponer el contenido del hecho  que  evidencia  la prueba en ostensible alejamiento de los postulados de la sana  crítica    que    se    requieren    al    evaluar    una    prueba”.   

Señala el censor que la testigo Paula  Andrea  Sánchez no fue lesionada en  el  mentón  por  los  agresores  por reclamarles la muerte de la víctima, sino  porque  le  empujó la mano a uno de ellos cuando apuntaba con un revólver a su  padre,  Rosemberg Sánchez, y  que  además,  cuando  se  produjo  el  ataque  que  culminó  con  la muerte de  Jairo  Castaño  Duque,  la  declarante se encontraba lejos del escenario.   

Por  lo  anotado se pregunta el casacionista  “en  qué  instante  cronológicamente  hablando  la  testigo  MARIA  TRINIDAD  CASTAÑO DUQUE estuvo al lado y al momento en que a la  víctima   le   dispararon  como  para  estar  en  condiciones  de  reconocer  e  individualizar  al  responsable  en  un  escenario  donde, como lo indican estos  mismos       testigos       eran       muchos      los      armados?”.   

          También   asevera   el  impugnante  que  ninguno  de  los  testigos  familiares  de  la  víctima  informó acerca de la identidad del agresor, y que  fue    solo   seis   meses   más   tarde   que   la   declarante   María   Trinidad   Castaño  efectuó  el  señalamiento,  sin  que se sepa por qué razón no suministró tal información  inicialmente a las autoridades encargadas de la investigación.   

Igualmente señala que la citada testigo dijo  que  la  agresión  a  Jairo Castaño Duque  se  produjo  porque  le  pretendían  robar  veinte mil pesos y un  reloj.   

De  lo  anotado  concluye  el  censor que la  declarante   María   Trinidad   Castaño  no  estaba en condiciones de señalar a su defendido como el autor  de    la   muerte   de   Jairo   Castaño.   

El  defensor anota que si todos los testigos  refieren  que  el  sitio  donde  ocurrieron los sucesos era oscuro y contaba con  poca  iluminación,  no  podía  la testigo tantas veces mencionada declarar que  había  lámparas  y  que el lugar se encontraba bien iluminado, con lo cual los  sentenciadores    violaron    las    reglas    de    la    sana   crítica   del  testimonio.   

          De  igual  forma  el impugnante afirma que en el fallo no se explica  ni  se  evalúa  por  qué  en  la  reconstrucción  de  los hechos investigados  “sería  un  completo  imposible ubicar a la señora  MARIA   TRINIDAD   CASTAÑO  DUQUE  en  el  lugar  y  en  el  instante  que  sus  declaraciones  indican”, al punto que de lo expuesto  por  la  testigo  “sale  una  reconstrucción de los  hechos  diferente,  donde las personas que están al lado al momento crucial del  disparo  y lo que sucede alrededor de este son totalmente diferentes”.   

          Finalmente   expone   que   no  se  explica  por  qué  Paula   Andrea  y  el  padre  de  esta  no  percibieron  lo  que  la  declarante  María  Trinidad  Castaño informó.   

          Entonces,  el  demandante  precisa  que  en el fallo se incurrió en  “un  error de hecho por falso juicio de identidad al  haber  concluido,  de  manera errada o tergiversada, de una prueba de hecho (que  el  procesado-casacionista  fue  identificado  por  una  testigo presencial, por  percepción  directa,  ya  que  este  testigo  tuvo  oportunidad  y  condiciones  mínimas  necesarias  para  ello,  para  percibir  de manera directa que él fue  quien  disparó  en  contra  de la humanidad de la víctima) que dicha prueba no  evidenciaba,  ello  como  consecuencia  de no haberse dado una recta y plausible  aplicación  al  Artículo  238  del  C.P.P.  de acuerdo a las reglas de la sana  crítica”.   

          Por  lo  expuesto,  el  defensor  solicita a la Corte casar el fallo  impugnado  y  emitir  “en su reemplazo las decisiones  que son oportunas y procedentes”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Las  falencias  de  técnica  en la demanda  comienzan  en  la  misma  indicación  de  la  norma  sustancial que el defensor  considera  violada  de  manera  indirecta,  pues  menciona  el artículo 238 del  estatuto  procesal  penal,  el cual se refiere a la apreciación de las pruebas,  precepto  que  no tiene la calidad de norma sustantiva, pues como reiteradamente  lo  ha  dicho  la  Sala,  con  independencia  del  ordenamiento  en  el  cual se  encuentren  ubicadas,  sólo tienen el carácter de normas sustanciales aquellas  que  describen  conductas  delictivas o hacen referencia a la punibilidad o a la  responsabilidad;  a su vez, son normas procesales aquellas que sirven como medio  o instrumento para arribar a los fines de las primeras.   

Por  tanto, la citada disposición no es de  naturaleza  sustancial,  con lo cual olvida el demandante que de conformidad con  la  preceptiva  contenida  en  el numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  la casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria  de  una  norma  de  derecho sustancial”,  cuya  cita  resulta  imprescindible  (numeral 3º del artículo 212 ejusdem).   

Como el impugnante fundamenta su reproche en  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, por un error de hecho, oportuno  se  ofrece  precisar que sobre tal especie de yerros la Sala ha puntualizado que  se  presentan  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, bien sea  porque  obrando  en  el  proceso omite valorarla (falso juicio de existencia por  omisión);  ya porque sin figurar en la actuación supone que allí aparece y la  tiene  en  cuenta  en su decisión (falso juicio de existencia por suposición);  ora   porque   al   considerarla   distorsiona   su   contenido   cercenándola,  adicionándola  o tergiversándola (falso juicio de identidad); también, cuando  sin  incurrir  en  alguno  de  los  yerros referidos deriva del medio probatorio  deducciones  que  contravienen  los principios de la sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia (falso raciocinio).   

Aunque  el  censor  inicialmente  postula un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación de las  pruebas,    especialmente    respecto    del    testimonio    de    María  Trinidad  Castaño,  no  procede a  indicar  los  apartes cercenados, adicionados o tergiversados, circunstancia que  deja  sin  comprobación  la  configuración  del yerro, y a la postre le impide  acreditar  su  trascendencia  en  el  fallo,  omisión que unida a la confusión  argumentativa, deja ayuno de demostración el cargo.   

Además,  no  expresa  las  razones  por las  cuales  los  otros medios probatorios que sirvieron de fundamento a la sentencia  de condena, también debían ser desechados.   

Adicional a lo expuesto se tiene que en punto  de   la   crítica   a   la   valoración   del   testimonio   de   María  Trinidad Castaño por violación de  las  reglas  de la sana crítica (artículo 238 del estatuto procesal penal), el  censor  ingresa  en el discurrir propio del falso raciocinio, caso en el cual le  competía  establecer  qué  dice  concretamente  tal  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica,  o  el  supuesto de  experiencia  que debió considerarse, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  correcta  apreciación  de  aquella  pruebas, con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso y opuesto al censurado, deberes que no acometió.   

Por  el contrario, como si se tratara de una  alegato  de  instancia,  el  demandante  dirigió  su  actividad  a  cotejar  su  particular  valoración de dicho testimonio con la apreciación otorgada por los  falladores,  desconociendo  la  dual  presunción  de  acierto y legalidad de la  sentencia impugnada.   

Evidente   resulta  que  en  este  recurso  extraordinario  no  pueden  efectuarse  censuras  generales, vagas e imprecisas,  tales  como  que  los  falladores  violaron las reglas de la sana crítica, pues  menester  resulta  que  la denuncia de yerros sea concreta, y en especial que se  demuestre,  tanto su configuración efectiva, no presunta, como su trascendencia  en  la  sentencia  impugnada,  labores desatendidas por el casacionista quien se  limitó   a   analizar   fragmentariamente   el   testimonio   de   María       Trinidad       Castaño,  desentendiéndose  de  la  valoración  conjunta  de las pruebas que por mandato  legal adelantaron los sentenciadores.   

En manifiesto olvido del carácter rogado de  esta  impugnación,  ni  siquiera  el  demandante  atina a señalar a la Sala el  sentido  del  fallo  de  reemplazo  que  demanda,  circunstancia  adicional  que  evidencia la ausencia de rigor y de técnica en su libelo.   

Tampoco el defensor señala norma sustancial  alguna  que  estime  conculcada, y tanto menos expone de manera razonada de qué  forma  se  presentó su quebranto, como que ello es al fin al cabo el fundamento  de este recurso.   

Si  de  conformidad  con  el  principio  de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial  por errores de hecho, identificar la especie de yerro que reprocha y  conforme  a  ello desarrollar la censura, no se aviene al referido principio que  respecto  de  la  misma  prueba  y en el mismo reproche, o en otro postulado sin  señalar  su prioridad, se confunda la argumentación y acreditación propias de  errores de distinta especie, como ha ocurrido en este asunto.   

         Es  evidente  que             el  impugnante  olvida  que  este  trámite  es  extraordinario,  y que, por tanto, no son de recibo las argumentaciones libres y  espontáneas  de los demandantes, en tanto que es preciso que la formulación se  someta  a  las  reglas  taxativamente  señaladas por el legislador, en punto de  denunciar  errores  trascendentes  de  los  funcionarios judiciales que pudieron  haber  afectado  garantías  de  los  sujetos  procesales,  vulnerando directa o  indirectamente  normas  sustanciales, o desconociendo las bases fundamentales de  la instrucción o el juzgamiento.   

Por  tanto, no hay duda que la demanda acusa  las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  que no pueden en modo alguno ser  subsanadas  por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que  rige   el   trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   GILDARDO  BUITRAGO  ANTIA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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