21466(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21466  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 13  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de febrero  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

      Procede   la   Sala  a  pronunciarse  sobre la posibilidad de admitir la demanda de casación instaurada  por   el   defensor   de  Eleanor  Díaz  de  Marocco  contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,  mediante  la  cual  fue  condenada  por el delito de  estafa.   

                        HECHOS   

1.  Entre Antonio  Manuel  Cepeda,  Humberto  Castañeda, Rosalba Gualdrón,  Miryam Serrano y  Eleanor  Díaz  de  Marocco,  fue celebrado un contrato de intercambio académico.   

2.  El objeto del  negocio  jurídico  consistía en que la señora Díaz  de  Marocco  se  comprometía  a  que las hijas de los  contratantes,  durante  once  (11)  meses,  adelantaran  en  Fort Jones (Estados  Unidos),  por  la  suma  de  seis  mil  quinientos  dólares  (US$  6.500),  con  alojamiento  en  casas  de  familia de la ciudad, un curso de inglés intensivo.   

3. Los planes no se  cumplieron.  Las  menores  llegaron  a  la  ciudad de Tulsa y allí iniciaron un  curso  de  inglés en un instituto distinto al que constaba en el contrato. Pero  como   la   señora   Díaz  de  Marocco  le adeudaba a esta institución la suma de siete mil dólares (US$  7.000), no les entregaron los certificados correspondientes.   

4. Eleanor Díaz, a  raíz   de   estos  contratiempos,  optó  por  enviar  las  jóvenes  a  Miami,  recomendadas  a Juan Jaime Rodríguez, persona que les consiguió alojamiento en  casas  de  familia de escaso recursos económicos, es decir, de características  distintas a las que se habían convenido en el contrato.   

5.  Los padres de  las  estudiantes,  finalmente,  cuando  se  enteraron  de  que Lucía Cock, y no  Eleanor  Díaz  de  Marocco,  era  la  representante  de  ISE, la empresa que los había contactado, asumieron  por su cuenta la solución del problema.    

                     ACTUACIÓN PROCESAL   

  1.  El  16  de  abril  de  1999,  la  Fiscalía  Tercera  Seccional de  Bucaramanga,   Unidad   de   Delitos   contra    el  Patrimonio,  acusó  a  Eleanor Díaz de Marocco por  el   delito   de   estafa.   

2.  El Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Bucaramanga, despacho al  que  por  competencia  le  correspondió adelantar la etapa del juicio, el 14 de  febrero del 2000 la halló penalmente responsable de esa conducta.   

           3.  Contra  la  sentencia,  su  defensor  interpuso  el recurso de apelación y la Sala Penal del Tribunal de Bucaramanga,  el   13  de  agosto  del  2001,  al  conocer  de  la  decisión,  la  confirmó.   

Posteriormente,  el mismo sujeto procesal se  dirigió a la casación.   

                 

LA DEMANDA  

            El   censor  formula,  al  amparo  de  la causal primera de casación (artículo 207, numeral  1°,  cuerpo  segundo,  del Código de Procedimiento Penal), un cargo contra los  fundamentos probatorios de la sentencia.   

Cargo único.  

El  Tribunal,  al dejar de reconocer que los  hechos  atribuidos  a la sentenciada no se hallaban debidamente probados, lo que  implicaba   admitir  en  su  favor  el  in  dubio  pro  reo, incurrió en un error de  hecho por falso juicio de identidad.   

Así lo sustenta:  

1. El Tribunal les  otorgó   plena   credibilidad  a  las   declaraciones  de  las  siguientes  personas:    Iván   Ortega   Motta,   Antonio   Cepeda   Arciniégas,   Rosalba  Gualdrón,   Miryam  Serrano,  Humberto  Castañeda, Nancy Flórez y Lucía  Cock.   

Así  mismo, le dio crédito al contenido de  los  siguientes  documentos:  los  contratos  firmados  entre los ofendidos y la  sentenciada   y   la   inspección   judicial  practicada  a  las  oficinas  del  ISE.   

2. En cambio,   las   explicaciones   que  Eleanor  Díaz  le  suministró  al  instructor  en  la indagatoria, por cuanto le  parecieron contradictorias y confusas, no las estimó convincentes.   

3. La falta de una  adecuada   apreciación  de  estas  dos  clases   de  pruebas  –las   que   inculpan   a  la  señora  Díaz  de  Marocco y las que  la  ponen  a  salvo de toda responsabilidad en los hechos investigados-, condujo  al Tribunal a incurrir en los siguientes errores:   

a. Dio por sentado,  por  no  reconocer  que entre la sentenciada y los ofendidos mediaba un contrato  de  prestación de servicios, que la conducta de Díaz  de   Marocco   se   acomodaba   perfectamente   a  la  descripción  típica  contenida en el artículo 356 del decreto 100 de 1980. El  hecho  de que el objeto de este pacto no hubiera colmado las expectativas de los  contratantes,     no     desdibuja     la     naturaleza     civil     de     su  comportamiento.   

b. Del hecho de que  la  señora  Lucía  Cock  hubiera  revelado  no tener ningún tipo de relación  comercial  con Eleanor Díaz,  no  podía  colegirse  la  existencia  de  artificios  o  engaños  para dar por  estructurado    el   delito   de   estafa.  La  verdad  es  que  la sentenciada cumplió, aunque no de manera  satisfactoria,  con lo pactado: las menores, al fin de cuentas,  viajaron a  los  Estados  Unidos  y  pudieron,  bajo  circunstancias  distintas,  cursar sus  estudios    de    inglés.    Por   eso   la   conducta   de   Eleanor  Díaz  debió ser calificada, no  como  delictiva,  sino  como aquella en la que incurre quien deja de cumplir las  cláusulas de un contrato civil o comercial.   

c.  A  partir de los elementos probatorios allegados al proceso, si el  sentenciador  no  los  hubiera  desfigurado, podía llegarse a la conclusión de  que   la   sentenciada   no  había  incurrido  en  el  delito  de  estafa. Pero el Tribunal, equivocadamente,  rotuló   como   artificio  y  engaño  lo  que  se  ajustaba  perfectamente  al  incumplimiento de los términos de un negocio jurídico.   

Si el Tribunal hubiera valorado correctamente  las  pruebas, enfrentando las declaraciones de los ofendidos a las explicaciones  de  la  sentenciada,  habría  inferido  que  respecto  de la configuración del  delito  de estafa existía una  duda que impedía su tipificación de manera cierta e inequívoca.   

d. Por ese motivo,  el  juzgador  incurrió  en un error de hecho por falso  juicio  de  identidad.  Las  pruebas  no  ofrecían la  fuerza  de  convicción  suficiente  para  afirmar  con certeza que Eleanor  Díaz,  con  su  comportamiento,  había descrito los elementos estructurales del delito de estafa.   

Frente  a  la incertidumbre que surgía de  estos  elementos  de  convicción,  el  Tribunal  prefirió  dar  aplicación al  artículo  246  del  Código Penal, en lugar de fundar su sentencia en  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política  y  7°  y  399  del Código de  Procedimiento Penal.   

                   CONSIDERACIONES    

La  Corte  no  admitirá la demanda, por las  siguientes razones:   

1. Si de equivocada  apreciación  o valoración   de  la  prueba  se  trataba  –como  lo dice en algunos  apartes  de  su  escrito-,  al  actor  le competía cimentar sus reproches en la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho producto de  falso raciocinio. No lo hizo.  Y  tampoco  hizo  lo  que  seguiría  si  hubiera  atinado lo inicial, es decir,  comprobar  que  el Tribunal habría vulnerado las reglas de la sana crítica por  aplicación  inaceptable  de  la  lógica,  la  ciencia o la experiencia diaria.  Esto,  lo  dejó  de  lado,  como  sucedió  con otro requisito subsiguiente del  ataque  sustentado  en  el falso raciocinio:  demostrar cómo se habría debido trabajar la lógica, la ciencia  o el diario discurrir.   

2.  El demandante  hizo    hincapié    en    el    falso   juicio   de  identidad.  Pero  no  realizó lo que estrictamente le  competía.   Como   esta  forma  de  yerro  se  relaciona  con  la  contemplación      o     miramiento           objetivo  de  la prueba, debía tomar cada  medio  e indicar cómo lo habría recortado,   ampliado  o  sectorizado  el  Tribunal y,  luego,   globalizar   los   equívocos,  comparar  con  el  resto  del  material  probatorio,  y  comprobar  que aquello que quedara en el plano de las evidencias  era  insuficiente  para  cimentar una sentencia condenatoria. O, como lo esboza,  que  las  pruebas  no  acusadas  y  correctas, parangonadas con las perturbadas,  daban lugar a la incertidumbre. Esta tarea no fue desplegada.   

En lugar de ello, de  modo  genérico  afirmó  que  el  fallador, al operar  sobre        esos       elementos       de       convicción,       tergiversó  su  sentido.  Esta  forma  de  discurrir,  impide  a  la  Corte  abordar  el  estudio  del  vicio hallado en la  apreciación  probatoria.  Por  ese  motivo, y porque se aparta del principio  de  precisión  y  claridad que  debe  presidir  no sólo el señalamiento de los cargos sino su fundamentación,  no es de recibo en sede de casación.   

3. En casación, se  sabe,  fundamentalmente  el  impugnante  tiene  que  señalar  y roborar errores  patentes,  protuberantes,  manifiestos, pues es una sede que se ocupa en esencia  de  la  legalidad  de  la sentencia. No basta, entonces, idear una hipótesis de  trabajo,  en  este caso sobre la prueba, y colocarla frente al estudio que de la  misma  ha  hecho  el  Tribunal, algo así como para decir a la Corte que observe  las  dos  posibilidades  analíticas  y  se  incline  por  la  elaborada  por el  casacionista.  En  casación ya no se discute como en las instancias comunes. En  casación  es  imprescindible,  repítese,  demostrar  errores  tan grandes, que  suprimidos obligan al cambio de sentencia.   

La  parte negativa del anterior párrafo fue  la  seguida  por  el  actor:  ensayó  su  propia  manera de ver las cosas en el  ámbito  de  la  prueba,  su  influencia  en  la configuración de los elementos  típicos   de   la   estafa,  la  estructuración  del  suceso  como  un  asunto  estrictamente  civil o privado, el incumplimiento parcial de unas cláusulas del  convenio   y   su  conclusión  en  el  in  dubio  pro  reo.   

Pero  no  demostró  un  solo  equívoco del  Tribunal.   

                                                                                                                                          

               En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  presentada  por  el defensor de Eleanor Díaz  de Marocco.   

Contra este auto, no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS   JORGE  ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                ÉDGAR        LOMBANA  TRUJILLO   

               No hay firma   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN    MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   MAURO SOLARTE PORTILLA   

            

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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