21356(06-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21356  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado  acta  número  021   

Bogotá.  D.C.,  seis (6) de abril de dos mil  cinco (2005).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por   el   defensor   del   procesado   Max   Barraza  Sanjuan en contra de la sentencia de segunda instancia  proferida  el  21  de  enero de 2003 por la Sala de decisión penal del Tribunal  Superior  de  Cartagena,  mediante  la  cual  condenó  al  procesado  a la pena  principal  de  60  meses  de  prisión y multa de 43.34 salarios mínimo legales  mensuales  vigentes,  al  declararlo  responsable  de la comisión del delito de  concusión.   

HECHOS  

          Por  allá  en los primeros días del mes de agosto de 2001, se hizo  presente   en   la   residencia   de   Jesús  María  Villalobos,  el  señor  Max  Barraza  Sanjuan, quien  se  desempeñaba  como  Técnico judicial de la Dirección de  Fiscalías  de  Cartagena,  identificándose,  sin  serlo,  como  Fiscal  de  la  Nación,  en  compañía  de  una  joven que se hacía pasar como secretaria del  despacho y un personaje conocido como “el coco.”   

          Los   tres  le  dijeron  a  Villalobos  que  su  hijo,  Jesús  María  Villalobos  Osorio, estaba  vinculado  a  un  proceso  por narcotráfico y que si no se le enviaba una plata  tendría  problemas  con  la  justicia;  de  la  ciudad  de  Bogotá vendrían a  detenerlo  y  a  confiscarle  sus  bienes,  salvo  que les entregara una platica  grande   a   cambio   de   una  intervención  que  les  evitara  contratiempos.   

          Villalobos  no  les  creyó  en  principio,  pero  como  aquellos le  exhibieron  una  serie  de documentos que hablaban del compromiso de su hijo con  la  justicia y ante las presiones de que fue objeto, terminó por entregarles un  millón de pesos.   

El 5 de septiembre – pese a que fue advertido  que  el  5  de  octubre  le  llegaría  una  citación  a  su  hijo, con la cual  entrarían  a  resolver  el  problema -, nuevamente Max  Antonio  Barraza  Sanjuan  se  comunicó  con él para  solicitarle  esta  vez  veinte  millones  de  pesos  como  contraprestación  al  servicio que estaba en capacidad de ofrecerle.   

Luego  de  acordar con el funcionario que le  entregaría  cuatro  millones de pesos en su residencia el 7 de septiembre, como  se  lo  aconsejaron  las  autoridades a las cuales enteró de semejantes hechos,  Max   Barraza  Sanjuan  fue  capturado  en  flagrancia  cuando  recibía  el  dinero que le había exigido al  ciudadano.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.   Con base en el informe que hacía  conocer  de  la  captura  en  flagrancia de Max Barraza  Sanjuan  (también  fueron aprehendidos Alfredo Zapata  Valiente  y  Nolys  Ramos  Barrera),  la Fiscalía 40 delegada ante los Juzgados  penales    del    circuito,   abrió   investigación  penal  el  día  10  de  septiembre  de 2001 y ordenó  escuchar en diligencia de indagatoria a los capturados.   

          2.  El 17 de septiembre del mismo año, la  Fiscalía    mencionada    resolvió    la    situación    jurídica   de   los  indagados,  imponiéndole en  lo   que   respecta   a   Barraza  Sanjuan,  medida  de  aseguramiento de detención preventiva como autor del  delito de concusión (fs., 137).   

          3.     El     procesado    Barraza   Sanjuan,   coadyuvado   por  su  defensor,  aceptó  someterse  a  la figura de la sentencia anticipada, por cuya  razón  se  llevó  a cabo la diligencia de formulación y aceptación de cargos  el  día 21 de diciembre de 2001, en la cual se le imputó a título de autor la  comisión  del delito de concusión, que el sindicado aceptó sin reparos. (fs.,  312)   

          4.  El Juzgado cuarto penal del circuito de  Cartagena,   mediante   sentencia   del  26  de febrero de 2002, condenó al procesado a la pena principal de  5  años  y  cuatro meses de prisión, a la accesoria de multa en cuantía de 70  salarios  mínimos legales mensuales vigentes y a la interdicción de derechos y  funciones públicas por seis años (fs., 18 cuaderno juzgado).   

          5.  Apelada la decisión, el 21 de enero de  2003  el  Tribunal  la  modificó, imponiéndole al procesado la pena de sesenta  meses   de   prisión   y   43.34   salarios   mínimos  legales  a  título  de  multa.   

          6.   Contra  esta  última  decisión  la  defensa del sindicado recurre en casación.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en  la causal segunda del artículo 207 del código  de  procedimiento  penal,  se  formula  un  cargo contra la sentencia de segunda  instancia.   

          Según  el  demandante,  el  Tribunal  desconoció  el  principio de  congruencia  que  impone  que  la  sentencia esté en consonancia con los cargos  formulados en la resolución de acusación.   

En efecto, de conformidad con el artículo  40  del código de procedimiento penal, no le es dable al funcionario desconocer  los  derechos  y  beneficios  que  se  derivan  de  la aceptación de los cargos  formulados,  lo  cual  ciertamente  se ignora en la sentencia cuando en lugar de  ser  consecuente  con la imputación formulada y aceptada, termina por deducirle  al  sindicado  circunstancias  que  no  se  tuvieron  en  cuenta  a  la  hora de  formularle los cargos que él consintió.   

              Así,   pese   a   que  el  artículo  40  del  código  de  procedimiento  penal  dispone  que  se dictará la sentencia de “acuerdo a los  hechos  y circunstancias aceptadas”, los jueces “resolvieron excederse en la  dosificación  punitiva  actuando  de manera caprichosa y conforme a imperativos  personales  que  no atañen al sano juicio y racional apreciación de los hechos  conforme a las reglas de la sana crítica.”   

          Tal  pena  es consecuencia de la consideración de agravantes que no  fueron  consignadas  en  la  diligencia  de  formulación  de  cargos  y que les  permitieron  a  los  jueces  incrementar  la  pena, cuando en verdad ello no era  posible,   si   se   hubiese   atendido   el   principio  de  congruencia.  Esta  manifestación  del desatino de los funcionarios se concreta, en últimas, en el  hecho  de  que  tuvieron  en  cuenta,  como  causal de agravación genérica, la  supuesta  condición  privilegiada  que  el  sindicado  ocupaba  en la sociedad,  siendo  que  “requisito  esencial  y elemento conformante del tipo penal es la  calidad de servidor público.”   

          En  conclusión,  al haberse desconocido el principio de congruencia  se  incrementó  la  pena, en tal forma que de conformidad con la causal segunda  del  artículo  207 del código de procedimiento penal, se impone casar el fallo  y  en  su  lugar  disponer  la  redosificación de la pena sin incluir la causal  genérica de agravación indicada.   

CONCEPTO   DE   LA   PROCURADORA   PRIMERA  DELEGADA   

          En  síntesis,  lo  que  el  demandante  aduce  con fundamento en la  causal  segunda  de  casación,  es  que en el fallo atacado se “infringió el  principio  de  congruencia  en  razón  a  que  se  tuvo  en  cuenta  la  causal  genérica   agravante  por  la posición distinguida del acusado sin que en  la  formulación  y  aceptación  de  cargos  se  hubiera  contemplado en manera  alguna.”   

          Le  asiste  razón al demandante. Claro, porque el Tribunal superior  de  Cartagena  advirtió  que  en  la formulación y aceptación de cargos no se  hizo  referencia a la circunstancia de mayor punibilidad cuestionada, aun cuando  consideró  irrelevante  el  hecho de que el juez de instancia la hubiese tenido  en  cuenta  al  momento  de  dosificar  la  pena,  dado  que a su juicio ello no  implicaba desconocer el principio de congruencia.   

            Tal  conclusión,  la apoya el Tribunal en la jurisprudencia de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  según  la cual las circunstancias de agravación  “como  norma  general,  deben  ser imputadas en el pliego de cargos, salvo las  objetivas,  esto  es,  aquellas  evidentes  en  la  sola  narración del aspecto  fáctico  del  proceso, por lo cual se hace innecesaria su mención expresa como  agravante   en   la   respectiva   resolución  de  acusación.”  1   

          De  tal  especie  consideró el ad quem la posición distinguida del  procesado  en  la  sociedad  (abogado  vinculado  a  la  Fiscalía como técnico  judicial)  y  al  estimar  ese supuesto como agravante, se ubicó en los cuartos  medios  en  cuanto  al  ámbito  de  punibilidad, “dada la concurrencia de una  circunstancia  de  mayor  y otra de menor punibilidad”, cuando no le era dable  hacerlo.   

          Si  bien  es  cierto ese había sido el criterio imperante, desde el  23   de   septiembre   de  2003,  con  Ponencia  del  Magistrado  Herman  Galán  Castellanos,  la  Sala  penal  amplió su criterio modificando su postura, en lo  esencial en los siguientes términos:   

                  “Y es que,  en  este  campo  punitivo  dentro  del  código penal actual, las circunstancias  genéricas   de   agravación,   tienen   una   repercusión  importante,  tanto  cualitativa  como  cuantitativa  en la pena, que en el régimen anterior podría  no  tener la misma connotación, dada la discrecionalidad concedida al juez para  aumentar  la  pena  dentro de los límites de la norma que tipifica el tipo y la  pena  aplicable.  Empero,  conforme  al  artículo  61  del  actual,  el ámbito  punitivo  puede  moverse  hasta  los  cuartos  medios  y aún al cuarto máximo,  cuando  solo  concurran  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  lo  cual eleva  considerablemente  la  pena  cuando por la naturaleza de la conducta punible, la  pena  principal  es significativamente alta. Por esta razón, la acusación debe  ser  lo  suficientemente  explícita,  cuando  al  concretar  el  auto  aluda  a  circunstancias  tales  como  la  posición  distinguida,  el motivo abyecto, los  móviles  de intolerancia o discriminación o cualquiera otro de los mencionados  en  el  artículo  58,  pues  estas no surgen de la discrecionalidad, puesto que  para  que  cumplan  sus  efectos,  deben  estar  supeditadas  a  la apreciación  probatoria     y,    sobretodo,    a    la    discusión,    contradicción    y  debate.”   

                        “Lo  anterior  es conveniente precisarlo en este caso concreto, para expresar, que si  en  la resolución de acusación y en la acusación en general, no se le imputó  expresamente  al  procesado  la  circunstancia  de  agravación  prevista  en el  artículo  58.9  del código penal, tampoco se tendrá en cuenta en la sentencia  en  respeto  de  la  aludida  congruencia,  que  es  estructural  en  el  debido  proceso.”   2    

          De  manera  que  a  partir  de  esta  decisión  se  exige que en la  resolución  de acusación se concrete la imputación del delito o delitos, como  de  igual  manera toda causal de agravación, ya sea genérica o específica, al  punto  que  el solo enunciado del supuesto fáctico es insuficiente para deducir  la agravante en la sentencia.   

          De  este  modo,  atendiendo la carencia de circunstancias genéricas  de  mayor  punibilidad  y  la  existencia  de  la  atenuante relativa a la buena  conducta  anterior,  se  impone  casar  la sentencia y redosificar la pena en el  marco del cuarto mínimo, como tal se solicita.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Estima  la  Corte  que  el  cargo  está llamado a prosperar por las  razones que en seguida se expondrán:   

          Primero: En principio, quien manifiesta su  deseo  de  someterse  al  trámite  de  la  sentencia  anticipada, al aceptar su  responsabilidad  en  los cargos que se le formulan, renuncia a la posibilidad de  controvertir  la  decisión  con  fundamento en su manifestación de voluntad de  aceptar consecuencias que le son desfavorables.   

          La  diligencia  de  formulación  y aceptación de cargos es por esa  razón  intangible,  de  manera  que  no pueden ni el fiscal ni el juez variar o  adicionar  la  acusación  en  los aspectos ya aceptados, salvo, según criterio  mayoritario,  que  sea  para  favorecer al acusado. 3  Se  puede si, claro, impugnar  la  decisión  en todo aquello que se relacione con la dosificación de la pena,  los  mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y la extinción  de       dominio       sobre      bienes,      4  y  también  por  supuesto en  todo  aquello  que  dice  relación  con  la  posible  violación  de garantías  fundamentales.    

          Siendo  fiel  a  ese concepto de irretractabilidad, el demandante no  desconoce  el  núcleo  de la imputación, sino que denuncia la ilegalidad de la  sentencia  que  se manifiesta en la graduación de la pena, como consecuencia de  la  vulneración del principio de congruencia, que también es parte estructural  del  debido  proceso, pero que por su especial configuración tiene un contenido  propio  (garantiza  la  unidad  jurídica  y conceptual del proceso, delimita el  ámbito  en  que  se  desenvuelve  el  juicio y fija las pautas del proceso como  contradictorio)5,  pues se refiere solo a posibles defectos que alteran la necesaria  equivalencia   entre   la  acusación  y  la  sentencia  y  nada  mas  que  eso.                       

         

De éste modo, el demandante está legitimado  para  denunciar  la ilegalidad del fallo, pues discute no la responsabilidad del  procesado,  sino  los excesos del juzgador a la hora de enlazar la sentencia con  los presupuestos de la acusación.   

Segundo:   La  congruencia  o  equivalencia entre la acusación y la sentencia, sea que aquella  esté     contenida     en     la     resolución     acusatoria    (artículo  395  del  código  de  procedimiento  penal)  o  en  la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos  (artículo   40   idem)  -,  corresponde  a la estructura material del debido proceso, que cuando se infringe  tiene  por  sede  la  causal  segunda  de  casación,  razón por la cual, “su  planteamiento  le  implica  al demandante demostrar a la Corte que los hechos de  la  sentencia  o su adecuación legal, incluidas naturalmente las circunstancias  del   delito,  no  corresponden  a  los  del  pliego  de  cargos  sino  que  los  desbordan.”  6    

En  ese  orden,  acierta el demandante, como  también  lo  destaca el Ministerio Público, cuando acusa a la sentencia de ser  violatoria  del  principio de congruencia, pues en la diligencia de formulación  de  cargos,  que  a  su  vez se apoya en la definición de situación jurídica,  nada  se  dijo  con respecto a la posición distinguida del procesado, como para  que  luego  se  considerase  esa  circunstancia  de  mayor  punibilidad  en  las  sentencias de instancia.   

Tercero:   Con  relación  a  ese  específico punto, que se constituye en el núcleo central de  la   ilegalidad   que   se   denuncia,   se   expresó   en   la   sentencia  lo  siguiente:   

“Precisamente,    el   principio   de  congruencia,  hace  referencia  a  la  incompetencia  del juez para modificar la  resolución  de  acusación,  debido  a  que  el  fallador  no  puede  variarla,  adicionarla,  introducirle  modificaciones,  etc.  Sin embargo, en lo atinente a  las  circunstancias  de agravación punitiva, la jurisprudencia ha señalado que  es  necesario  distinguir entre las genéricas y las específicas (Corte Suprema  de  Justicia,  sala  de  casación penal, radicación 10746 de febrero de 1998 y  11248  de abril de 1998). Con relación a las agravantes genéricas, el criterio  de  la  sala penal de la Corte Suprema de Justicia ha sido el de que, como norma  general,  deben  ser imputadas en el pliego de cargos, salvo las objetivas, esto  es,  aquellas evidentes con la sola narración del aspecto fáctico del proceso,  por  lo  cual  se  hace  innecesaria  su  mención  expresa como agravante en la  respectiva resolución de acusación.” (fs., 20 Tribunal)   

Si  bien  en  la  decisión  a  la cual hace  referencia  el Tribunal, la Corte expresó que las circunstancias objetivas como  tales  corresponden  y deben expresarse de acuerdo a su manifestación fáctica,  también  lo  es  que  resaltó  el  imperioso deber, para guardar la coherencia  necesaria,  de  que  la  acusación no debía dejar campo a la duda acerca de su  configuración  y  de  los  elementos  que  la  estructuran,  de modo tal que se  supiese  sin ambages que esa circunstancia había quedado consignada como fuente  de mayor punibilidad. En efecto, en ella se expresó:   

                     “En los  mas  recientes  pronunciamientos, ha sido entendido que tanto las circunstancias  objetivas  como  las subjetivas deben estar sometidas, en mayor o menor grado, a  juicios  de  valor,  y que frente a esta realidad, ambas especies deben aparecer  imputadas  en  la  resolución  de acusación, o su equivalente, para que puedan  ser  objeto  de  deducción  en  la  sentencia,  no  siendo necesario que se las  identifique  por  su nominación jurídica, o que sean citadas las disposiciones  que  las  describen  y  señalan sus explicaciones punitivas (aunque lo ideal es  que  esto suceda), sino que el supuesto fáctico aparezca claramente definido en  ella,  y  que  no  existe  la  menor  duda acerca de su imputación (Cfr,  Casaciones  de  diciembre  18  de 2000 y febrero 21 de 2001,  M.P. Carlos Augusto Galvez Argote).”   

         

         Y finalmente expresó:   

                        “En  síntesis,  se  tiene  que  la  Corte,  en  la  actualidad,  es del criterio que  todas  las  circunstancias  que  impliquen incremento  punitivo,   específicas   o   genéricas,  valorativas  o  no  valorativas,  en  cualquiera  de  sus modalidades, deben hacer parte de la imputación fáctica de  la  acusación  para  que  puedan  ser  deducidas  en  la  sentencia,  siendo  suficiente  para  que  esta  exigencia  se cumpla que el  supuesto  de  hecho  que las estructura aparezca claramente definido en ella, de  surte  que  su  imputación  surja  inequívoca de su contenido.” 7  (resaltado  fuera de texto)   

          Apoyado   en   estas   decisiones,   el   Tribunal   construyó   la  circunstancia  de  agravación,  para  él  objetiva,  referida  a  la posición  distinguida  que  el procesado ocupaba en la sociedad, toda vez que el sindicado  se  desempeñaba  como  Técnico  judicial  de  la  Dirección  de Fiscalías de  Cartagena.   Es  decir,  este  supuesto  que  está  claramente  probado  en  el  expediente  y  que  dice relación con la calidad de servidor público inherente  al   tipo   penal   de   concusión,   el   Tribunal  lo  edificó,  a  su  vez,  axiomáticamente, en condición objetiva de mayor punibilidad.   

          Para  demostrar  este  aserto,  conviene transcribir los principales  aparte  de  la  diligencia  de formulación de cargos, en la cual se expresó lo  siguiente:   

                        “La  conducta  del sindicado se adecua al tipo penal de concusión, artículo 404 del  código  penal,  en atención a su calidad de funcionario público y al accionar  desplegado.  La  pena  del punible de concusión corresponde a (sic) seis a diez  años  de  prisión  y  multa  de  50  a 100 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  de   5   a   8   años.   Antijuridicidad.   El  comportamiento  de  Max  Barraza  Sanjuan  es  antijurídico  pues  se lesionó el bien  jurídico  de  la  administración pública no apareciendo causal que justifique  tal      comportamiento.      Imputabilidad     y  culpabilidad.  Los  elementos  de juicio aportados al  proceso  permiten  afirmar que Barra Sanjuan en el momento de la realización de  la  conducta  se  hayaba  (sic)  en  condiciones que le permitían comprender la  ilicitud   de   su   comportamiento   y  de  determinarse  de  acuerdo  con  esa  comprensión.  Sin  duda,  Barra  Sanjuan realizó el hecho con conocimiento del  significado   antijurídico   y   con  el  propósito  de  llevarlo  a  cabo.”  (fs.,  311  y  312)            

Sobre    esta    base    el    Juzgado  concluyó:   

                        “El  sentenciador  solo  podrá  moverse  dentro del cuarto mínimo cuando no existan  atenuantes  ni  agravantes o concurran únicamente circunstancias de atenuación  punitiva,  dentro  de  los  cuartos  medios  cuando  concurran circunstancias de  atenuación  y  agravación  punitivas,  y  dentro  del  cuarto  máximo  cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación  punitivas,  al hacer la  dosimetría  penal  en el delito de concusión de 6 a 10 años de prisión y, al  convertir  el  mínimo  y  el máximo de dicha penalidad se debe tener en cuenta  que  la  conducta  se realizó por promesa remuneratoria, la posición que ocupa  el    funcionario    en    la    sociedad   por   el   cargo   respectivo,   nos  da….”   

El  Tribunal  al  conocer  el  recurso  de  apelación, argumentó lo siguiente sobre esa temática:   

         “En  el  asunto  que  se revisa, no vulnera el fallador de primer  grado  el  mentado  principio de congruencia, pues aun  cuando  tal circunstancia de mayor punibilidad no se señaló expresamente en el  pliego  de  cargos,  la  misma  se  deduce  de  los  hechos  relacionados  en el  expediente,     por     ser     de     aquellas     denominadas     ‘objetivas’, que no requieren  –  según  lo enseña la rectora de la  jurisprudencia  penal  –  consagración   explícita.”   (fs.,  20  cuaderno  Tribunal. Resaltado fuera de texto)   

          Como  se comprende, en la diligencia de formulación de cargos no se  mencionó  la  agravante, ni fáctica ni jurídicamente, sino que ella se dedujo  a  posteriori,  primero en el confuso lenguaje de la sentencia de primer grado y  luego  en  el  mas  elaborado  pero  igualmente  equivocado  de  la  de  segunda  instancia,  con  lo  cual  se eludió el principio de congruencia y la necesaria  lealtad  que él expresa como garantía para la realización material del debido  proceso.   

          Cuando      menos      –   y  esa  es  la  lectura  que  debe  hacerse  de  los  textos  jurisprudenciales  –, las  circunstancias  de  mayor punibilidad reclaman una fundamentación acorde con su  naturaleza,  de manera que por mas objetivas que ellas sean no están exentas de  juicios  de  valor, aun cuando ciertamente unas requieran, por su configuración  subjetiva,  de  un plus adicional, sin que en todo caso, en unas y otras no sea,  hoy  por  hoy,  necesario  la  imputación fáctica y jurídica, en atención al  marcado   perfil  normativo  de  la  imputación.  8   

          En  ese  contexto,  nótese  que  la  posición  distinguida  en  la  sociedad  requiere de precisos juicios de valor acerca del papel que una persona  desempeña  en la sociedad, de modo tal que esa situación pueda ser considerada  como  fuente  de  un  mayor  juicio  de  exigibilidad  personal  y social.    

          Advertido,  entonces, que el Tribunal no dictó el fallo en armonía  con  la  acusación,  en  lo que respecta a la agravante que construyó desde su  particular   –  y  único  – punto de vista, la sala  casará   el   fallo   y  dictará  el  de  reemplazo  (numeral   1   del  artículo  217  del  código  de  procedimiento penal).   

          Cuarto:  Erigida  la  Corte en Tribunal de  instancia,  observa  que  el  delito de concusión que le imputó a Barraza  Sanjuan tiene asignada una pena de  seis  (6)  a  diez  (10)  años de prisión, multa de 50 a 100 salarios mínimos  legales  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas  de cinco (5) a ocho (8) años.   

          Al   no   habérsele   formulado   ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad,  la  pena  debe  asignarse,  de conformidad con el artículo 61 del  código  penal,  en  el  primer  cuarto,  es  decir, entre seis y siete años de  prisión.   

          El  conocimiento que tenía el servidor público, dada su condición  de  abogado y de técnico judicial de la Fiscalía General de la Nación, revela  la  manifiesta  intensidad del dolo, la cual se expresa en el mayor desvalor del  injusto,  pues  precisamente  por ese conocimiento y condición, el daño que se  le  causa  a  la  administración  pública y a la de justicia en especial, como  garante  de  la imparcialidad en el marco de honestidad en la resolución de los  conflictos,  se  traduce  en  la  defraudación real y cierta de esa expectativa  social.   

          En  consecuencia,  en  atención  a  esos supuestos, partiendo de 72  meses  que es la pena mínima, la pena será de 78 meses de prisión, cifra a la  cual  se le descontará la tercera parte por virtud de la aceptación de cargos,  para un total de 52 meses de prisión.   

Con  base  en  esos  mismos  argumentos  y  guarismos,  la  pena de multa será de 36.11 salarios mínimos, que corresponden  a  54.16  salarios que sería la pena mínima, menos 18.05 salarios de descuento  por la tercera parte a que tiene derecho.   

En el caso de la Interdicción de derechos y  funciones  públicas,  siguiendo  esos mismos parámetros, el tiempo será de 49  meses y ocho días.   

Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  ADMINISTRANDO  JUSTICIA  EN  NOMBRE DE LA  REPUBLICA DE COLOMBIA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY,   

RESUELVE  

Primero:  Casar la  sentencia de fecha y origen impugnada.   

Segundo:   En  consecuencia,   condénase   a   Max  Antonio  Barraza  Sanjuan,  a la penas de 52 meses de prisión, multa de  36.  11  salarios  mínimos  legales  e  interdicción  de  derechos y funciones  públicas por un lapso de 49 meses y ocho días.   

En  lo  demás  se  mantiene la decisión de  primera instancia.   

Cópiese,  Notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ      HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                      EDGAR                  LOMBANA  TRUJILLO        

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de casación penal, sentencia del 4 de abril de 2001,  M.P. Fernando Arboleda Ripoll.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de casación penal, sentencia del 23 de septiembre de  2003, M.P. Herman Galán Castellanos.   

3 Cfr,  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  casación  penal,  sentencia  del 18 de  diciembre   de   2003,  radicado  17308,  M.P.  Jorge  Luis  Quintero  Milanés.   

4 Cfr,  con  mayor  detalle,  Corte  Suprema  de  Justicia, auto del 6 de junio de 2004,  radicado 22160, M.P. Edgar Lombana Trujillo.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  del 27 de marzo de 2003, radicado 18171, M.P.  Jorge Anibal Gómez Gallego.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  casación  penal, sentencia del 12 de julio de  2001, radicado 11288, M.P. Carlos Eduardo Mejía escobar.   

7 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de casación penal, sentencia del 4 de abril de 2001,  M.P. Fernando Arboleda Ripoll.   

8 Cfr.,  en  este  sentido, sentencia del 25 de febrero de 2004, Sala de casación penal,  radicado 16170, M.P. Alfredo Gómez Quintero.     

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