21345(11-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21345  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 67.  

          Bogotá    D.C.,    agosto    once    (11)   de   dos   mil   cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   LUIS   FERNANDO  SAID  LOZANO,  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior de Ibagué, de fecha marzo 20 de 2003, por cuyo  medio  confirmó  la  dictada  por el Juzgado 5º Penal del Circuito de la misma  ciudad  que  lo condenó como coautor del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  y  autor  de  falsedad  material de particular en documento  público, falsedad en documento privado y falsedad personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   sucesos  que  originaron  la  presente  investigación  fueron  declarados por el Tribunal de la siguiente manera:    

“El  Gobernador  del  departamento del Tolima  suscribió  el  contrato  281  de  18  de  septiembre  de  1996  con el supuesto  contratista  JUAN  CARLOS  CORTÉS quien afirma que no pactó, ni suscribió tal  documento,  así  como tampoco los complementarios para culminar la transacción  con  la  entrega de la obra y el pago del precio, cuando no ejecutó obra alguna  y  esta  fue realizada por el procesado LUIS FERNANDO SAID LOZANO del mismo modo  que  suscribió  por  aquél  (sobrino  político  suyo)  en  la  documentación  pertinente,  incluidas  las  cuentas  de  cobro por $ 39.611.058,24 y 5207 por $  25.665.147,90  y  la  autorización a un tercero para el cobro, argumentando que  recibió autorización verbal al efecto”.     

          La    Fiscalía   Seccional   de   Ibagué   declaró   abierta   la  investigación,  en  cuyo  marco se dictó medida de aseguramiento de detención  de   preventiva   contra  LUIS  FERNANDO  SAID  LOZANO  como  presunto determinador del delito de contrato sin  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  y  falsedad ideológica en documento  público,  así mismo como autor de falsedad material de particular en documento  público y en documento privado.   

          Clausurada  la  instrucción, se profirió resolución de acusación  en  contra  del  sindicado,  en  calidad  de  coautor del primero de los delitos  arriba  mencionados  y  autor  de  los  restantes  que  sustentaron la medida de  aseguramiento,  la  cual  confirmó  posteriormente  un  Fiscal Delegado ante el  Tribunal Superior de Ibagué, el 21 de junio de 2001.   

          La  etapa  de  juzgamiento  correspondió  al  Juzgado 5º Penal del  Circuito  de  Ibagué, el cual condenó al procesado como coautor de los delitos  de  contrato  sin el cumplimiento de los requisitos formales y autor material de  falsedad  material  de  particular  en documento público, falsedad en documento  privado  y  falsedad  personal, a las penas principales de 4 años de prisión y  multa  por  valor de 15,5 salarios mínimos y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la  libertad,  al  tiempo  que  no  le  concedió  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  le  sustituyó  la  pena  de  prisión por prisión  domiciliaria.      

          Impugnada  la  anterior  decisión  por la defensa del procesado, se  confirmó  por  el Tribunal Superior de la misma ciudad, mediante providencia de  fecha  marzo  20  de 2003, contra la cual se interpuso recurso extraordinario de  casación.   En  orden  a  sustentarlo,  se  allegó  al proceso la demanda  objeto de estudio.   

LA DEMANDA  

          Un   solo   cargo   formula   el  defensor  técnico  del  procesado  SAID  LOZANO contra el fallo  de   segundo   grado,   el   cual   enuncia   y   fundamenta   de  la  siguiente  manera:   

          “Con  base  en  la causal primera de casación, acuso la sentencia  de  ser  violatoria  de  la  ley sustancial, de manera  directa  por  aplicación  indebida   de  diversas  normas  de  la  legislación  constitucional y penal  integral  y  por  falta  de  aplicación de  otras  normas  superiores  y  punitivas.   En un intento de  claridad   de   la   petición,   la  concreción  de  las  normas  indebidamente  aplicadas y/o no aplicadas,  se  hará  de  manera específica frente a cada uno de los tipos penales por los  cuales  se  convocó a juicio al Doctor SAID LOZANO”.  (negrillas y subrayas tomadas del texto original).   

          Así,  el actor clasifica su pretensión  por  etapas  atendiendo  a  las  diversas  conductas  punibles  imputadas  a  su  prohijado.  En  la  primera,  se  refiere  a  la  celebración  de  contrato sin  cumplimiento  de los requisitos legales, respecto del cual señala que en lo que  concierne  con  la  inocencia  de  su  defendido “las  inferencias  de los juzgadores en frente al material aportado son ya definitivas  y  que  no  es  procedente su cuestionamiento.  La defensa no las comparte,  pero   legalmente   no   es   ya  la  oportunidad  de  debatirlas”.                   

          En  cuanto  a  la  adecuación  típica  correcta,  estima  que como  “no  se  trata  de servidor público” son    inaplicables   los  artículos  63  del  estatuto  penal  derogado  y el 20 del vigente, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 56-3  de  la   Ley  80 de 1993 y aplicable el párrafo final del artículo 30 del  actual  estatuto  de  las  penas,  que  refiere  a  la  complicidad  y  también  “  inaplicable la norma contenida en el artículo 29  del citado Código Penal vigente”.   

          En  la  demostración  del  reproche,  el  casacionista recuerda, en  primer  lugar,  una parte del artículo 29 de la Carta Política, en torno a los  principios  de  legalidad  y favorabilidad de la ley penal;  así como  de  las  disposiciones  legales, tanto del estatuto actual como del anterior que  lo   reproducen   y   del   230   ibídem.   

          Señala  que  la  defensa se esmeró en demostrar que a SAID  LOZANO “no  se  le puede atribuir, hoy por hoy, la calidad ficta de servidor público por el  hecho   de   ser   contratista   de   la   administración   departamental   del  Tolima”,  punto  que  no  reviste  de claridad en la  sentencia,  pues,  de  una  parte, no aparece definido y, de otra, no se sabe si  surge  por  el  hecho  de  haber  confirmado  la  de  primer  grado, con lo cual  “prohija   la  conclusión  de  que  no  tiene  tal  calidad”.   

          Si  es  lo primero, prosigue, reprocha al fallo falta de aplicación  del  indicado  artículo  30,  por no haber procedido a la disminución punitiva  correspondiente               al              cómplice.      

Para  el demandante, el juzgado expresamente  aceptó  la  tesis  de  que el contratista no es servidor público, “pero  discrepó  de  la  consideración  según  la  cual  al  no  ostentar    esa   calidad,   no   puede   ser   autor,   sino   determinador   o  cómplice”.    Por   su   parte,  el  Tribunal  “parece  concluir  que  la defensa yerra tanto en la  consideración  de la falta de calidad para ser autor, como en la consideración  de  que no es servidor público.  No obstante al confirmar integralmente el  fallo,   su   apreciación  no  incide,  en  contra  del  condenado  en  primera  instancia”,  lo  cual,  en  su sentir constituye una  incoherencia.   

El  actor insiste en que su defendido no fue  autor   sino   cómplice,   en   soporte  de  ello  transcribe   in  extenso  los argumentos que expuso en  la  apelación  del  fallo  de  primer grado que no merecieron a su juicio mayor  detenimiento  y  que  tampoco  eran  novedosos  en  tanto  los  había planteado  también  en  la  audiencia de juzgamiento.  Indica, además, que para este  tipo  de  responsabilidad  es procedente, como lo señaló esta Corporación, la  deducción  punitiva  de  una  cuarta  parte  prevista  en  el inciso cuarto del  artículo 30 del estatuto sancionatorio.   

Acto   seguido,  colige  que  “En  este  estado  cobra  relevancia  la  favorabilidad en materia  penal,  de  rango  constitucional  y  legal,  pues  si  bien  al  momento  de la  suscripción  de  los  contratos  de  marras,  era aplicable el artículo 63 del  Código  Penal  entonces  vigente,  en armonía con la Ley 80 de 1993, artículo  56-3,    pues    el    contratista    era   penalmente   estimado   ‘servidor  público  o  particular  que  ejerce      funciones     públicas’  al momento del juzgamiento no lo era, por las razones ya debatidas  y  aceptadas, siéndole más favorable la estimación del simple particular a la  ficta condición de servidor público”.   

Como conclusión de lo expuesto, destaca que  se  impone casar la sentencia “y al proferir el fallo  de  reemplazo  ordenar  que  se  trata  de celebración indebida de contrato sin  cumplimiento  de  formalidades,  en grado de complicidad y cometida por quien no  ostenta   la   calidad   exigida   por   el  sujeto  activo  por  la  ley.   Consecuentemente    se    volverá    a    dosificar    le   pena”.   

En  el  ámbito  de  la punibilidad el actor  precisa    que    también   es   aplicable   por   favorabilidad   “el  mandato  contenido  en  la ley penal vigente al momento de la  comisión  de  los  hechos,  artículo  146  del  Código Penal 1980, pues tiene  mayores  exigencias  y  menor pena pecuniaria” frente  al   actual  410.   A  continuación  realiza  una  dosificación  optativa  teniendo  a  su defendido como cómplice y reconociéndole el descuento previsto  en  el párrafo 4° del artículo 30 para el interviniente en quien no concurren  las  calidades  especiales  exigidas  en  el tipo.        

En  la  llamada segunda etapa, que dedica al  delito  de falsedad ideológica en documento público, el libelista sostiene que  el  fallador  de primer grado, no obstante expresar que su defendido no tiene la  calidad  de  sujeto  activo calificado, le impuso pena por el delito de falsedad  personal,   de   acuerdo   con   el   artículo   227   del   anterior  estatuto  penal.   

En la demostración aduce que si su defendido  no   es  servidor  público  tampoco  se  le  puede  imputar  este  tipo  penal,  “Pero  lo  que  resulta  insólito  lo  es  que  sin  fórmula  de juicio, se desplace la imputación a otro tipo penal, sin análisis  alguno  respecto  de  la estructura del tipo, ni de los grados de culpabilidad o  de  posibles  formas de no responsabilidad, y sobre todo sin acatar que se trata  de un tipo penal subsidiario”.   

Lo anterior erige, a su juicio, vulneración  del  debido  proceso,  de  la  favorabilidad  “y  la  motivación  de las decisiones judiciales”, por falta  de  aplicación, lo que imposibilitó el derecho a la defensa, de contradicción  y   de   invocación   de   pruebas,   además   de  violar  la  presunción  de  inocencia.   

Como el tipo penal por el cual fue condenado  es  subsidiario, lo que se presenta es un concurso aparente de tipos penales que  ameritaba   la  aplicación  del  principio  de  subsidiariedad,  por  lo  cual,  “De  manera  directa, se aplicaron indebidamente las  normas  penales  consagradas en los artículos 26 y 27 del código Penal de 1980  (artículo   31   del   Código  Penal  2000),  al  incrementar  la  punibilidad  indebidamente  como  si  se tratara de un fenómeno concursal y el artículo 227  del  Código  Penal  1980  (artículo 296 del código Penal 2000, al concluir la  existencia  de  un  tipo penal que por mandato de la ley está subsumido en otro  tipo penal”.   

Por  la  falta  de motivación advertida, el  casacionista  concluye  que  se  aplicó  indebidamente  la  norma referida a la  falsedad   personal  del  artículo  227  del  estatuto  penal  anterior  y  las  referentes    a    la    autoría    y    coautoría    del    29   ibídem.      Esas    “vulneraciones”    determinan    la  necesidad  de  casar  el  fallo  y proferir el de reemplazo en el sentido de que  “no  se  da el tipo penal de falsedad ideológica en  documento    público    y   que   no   procede   la   sanción   por   falsedad  personal”, con lo cual no se afecta la dosificación  punitiva     que     propuso    previamente.        

En la que denomina tercera etapa anuncia que  se  ocupará  de  la  responsabilidad  de  su  defendido  como autor de falsedad  material  de  particular  en  documento  público  y  la  falsedad  en documento  privado,   sobre   lo  cual  señala  que  “En  este  capítulo  la  violación directa por falta de aplicación indebida de normas de  carácter  positivo la defensa se limitará al plano de la punibilidad, tema que  se  desarrollará  en  la cuarta y última etapa”, la  cual   desarrolla   de  inmediato,  bajo  el  rótulo  de  que  su  representado  “es condenado como autor de plurales falsedades, sin  motivación”.   

Su desacuerdo en este aparte estriba sobre la  cantidad  y  naturaleza  de  la  pena  al haberse transgredido las mismas normas  referidas  por  inaplicación  (artículos  29  y  230 de la Carta Política) y,  adicionalmente,   “el   desconocimiento   radical  y  grosero  del  mandato  del  artículo   59   del   Código   Penal   de   2000,  aplicable  por  razones  de  favorabilidad,    favor   rei   que   consagra  la  Constitución  Nacional  (artículo  29)  y  los  Código  Penal  y Código de Procedimiento Penal en sus  artículos 6° y 10°”.   

En  la  demostración,  el  actor elabora la  dosificación  punitiva  que  en  su criterio se debe aplicar para su defendido,  partiendo  de  la pena mínima prevista en el primer cuarto y con los descuentos  correspondientes  a  la  calidad  de cómplice de su defendido y por no tener la  calidad  especial  exigida  en  el tipo, para un total de 18 meses de prisión y  multa de 7 y medio salarios mínimos.   

A    continuación,   resalta   que   su  cuestionamiento  se  circunscribe  a las falsedades al transgredir el mencionado  artículo  59 por falta de motivación, toda vez que en cuatro escasos renglones  el  juez  de  primera  instancia  aumentó  la  pena en 12 meses, incremento que  resulta inaplicable.   

Corolario  de  lo  expuesto,  el  demandante  solicita    casar    la    sentencia    de   acuerdo   con   los   tres   puntos  abordados.         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  objeto  de  examen, en el único reproche que contiene,  desconoce  los  presupuestos  de técnica que regentan este extraordinario medio  de impugnación y por ello se impone su inadmisión.   

          De  acuerdo  con  el actual estatuto procesal penal, vigente para el  momento   en   que   se   profirió   la   sentencia  de  segunda  instancia,  y  específicamente  en  consideración  a lo que indican  los  numerales  3°   y   4°   del   artículo   212,   la   demanda   de   casación   deberá  contener:   

“3.  La  enunciación  de  la  causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

4°   Si  fueran  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos separados.   

Es  permitido formular cargos excluyentes de  manera subsidiaria”.   

          En    procura   de   la   “claridad   y  precisión”  que  debe  ostentar el libelo a través  del  cual  se  sustenta  el  recurso  y por la misma naturaleza técnica de este  medio  extraordinario  de  impugnación,  en  tanto  debe  constituir  un juicio  técnico  a  la sentencia que llega precedida de la doble presunción de acierto  y  legalidad,  se  erigen  una  serie  de principios en pro de que el ataque sea  lógico,  ordenado  y  a  fin  de  evitar  confusiones  o  contradicciones en su  interior  que  terminen por convertir la propuesta en un escrito ininteligible y  contradictorio.   

          De  esa  manera, opera el principio de autonomía en la formulación  de  los  cargos,  el  cual  dimana  de  los señalados requisitos formales de la  demanda,  según  el  cual las propuestas que apunten hacia el resquebrajamiento  del fallo deben ser planteadas en forma independiente.   

Es  decir  que,  con el propósito de evitar  entremezclas  argumentativas  y  conceptuales,  más  aún  cuando  se  trata de  asuntos  que  tienen  fundamento en diversas causales de casación, las censuras  deben  ser  abordadas  por  separado  y,  en el caso de que sean excluyentes, no  basta    con   ello,   sino   que,   además,   debe   indicarse   cuáles   son  subsidiarias.   

Otro   principio   que   regula  el  medio  extraordinario  de impugnación es el de prioridad, consecuente con el anterior,  el  cual  consiste  en  que  cuando  son varias las propuestas, éstas deben ser  formuladas  de acuerdo con su incidencia procesal, por lo que, en principio, los  cargos  con  sustento  en  la  casual  tercera,  deben  ser presentados en forma  prevalente  respecto  de  los  demás  y si todos tienen soporte en esta última  causal,  también  deben  ser  esgrimidos  de  acuerdo  con  su incidencia en la  actuación.   

Esto,  porque  dado  el caso, la Corte puede  omitir  pronunciarse  sobre  reproches  que  tengan una menor repercusión en el  proceso  cuando  prospera  uno  de  mayor  cobertura, lo cual hace inoficioso el  estudio        de       los       secundarios       o       subsidiarios       a  éste.                  

Dicho lo anterior, es claro que el libelo que  concita  la  atención  de  la  Sala no satisface los principios referidos, como  pasa a verse:   

El casacionista propone una sola censura con  fundamento  en  la causal primera de casación, por violación directa de la ley  sustancial;    sin   embargo,  dentro  de  la  propuesta  involucra  varios  aspectos,  que  denomina  etapas,  cuatro  en  total, en las cuales  aborda  críticas  independientes  en  relación  con  los  diferentes delitos que se le  imputaron en el fallo.   

De  ese  modo,  en  la  primera  etapa  el  casacionista   discute  en  relación  con  la  imputación  por  el  delito  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de  los  requisitos legales, pues  insiste  que  su  prohijado  no  debe  responder  a  título  de coautor sino de  cómplice   dado  que  no  está  demostrada  su  condición  de  sujeto  activo  calificado  del  delito;   en la que llama segunda etapa, diserta acerca de  las  falsedades,  en  punto de lo cual señala que el desvío de responsabilidad  de  la  falsedad  ideológica  en  documento público hacia la falsedad personal  carece  de  motivación;   en  la  tercera  etapa  no hace un planteamiento  concreto  en  la  medida  en  que  remite a la cuarta en donde disiente sobre la  punibilidad,  con  el  argumento  de  que  también  se  incurrió  en  falta de  motivación.   

Como  se puede apreciar con facilidad, los  diferentes   tópicos   abordados   por   el  demandante  no  guardan  relación  conceptual,  ni  tienen  los mismos efectos frente al fallo y, por consiguiente,  debieron   tratarse  en  cargos  aparte.   Tanto  es  así,  que  el  mismo  casacionista  en  su  “petición final”,  solicita  la  casación  del  fallo por razón de cada uno de los  motivos  aludidos  en  forma  independiente, lo cual no resulta coherente con su  formulación dentro de un mismo reproche.   

Una   propuesta   coetánea   de  aspectos  sustancialmente   diversos,  como  la  que  presenta  el  censor,  sólo  genera  confusión  y  contradicción,  riñendo  precisamente  con  la  filosofía  que  inspira  el reseñado principio de autonomía que rige el recurso extraordinario  de  casación,  en el entendido de que los aspectos desafines conceptualmente, a  efectos    de    su    correcta    comprensión,   deben   ser   abordados   por  separado.   

Pero la incorrección se torna más grave al  lograrse  establecer  que en el interior del único cargo que se promueve contra  el  fallo,  se  involucran  aspectos  que  tienen  feudo en diversas casuales de  casación,  pues  en  ese caso la propuesta no sólo abarca conceptos disímiles  conceptualmente,  sino  que, además, resulta ser totalmente antagónica, cuando  bien   sabido   es  que  su  naturaleza  es  excluyente.       

En  efecto,  en la primera parte o etapa del  reproche,  el  casacionista  se  adentra  en una discusión sustancial en punto,  como  ya  se  dijo,  de  la  responsabilidad  de  LUIS  FERNANDO   SAID  LOZANO,  que  en  su criterio debió predicarse no como coautor  sino  como  cómplice  del  delito contra la administración pública, temática  que  podrá  abordarse  en  la causal primera por violación directa o indirecta  dependiendo  de  si  con ello compromete o no la apreciación de la prueba, para  el  caso  en  concreto  el  censor  opta por la vía inmediata, sobre lo cual se  profundizará  más adelante;  empero, en los apartes restantes del libelo,  expone  vicios  referidos  a la falta de motivación del fallo que impugna, cuyo  ataque,  en  sede  del recurso extraordinario, indefectiblemente proceden por la  causal tercera de casación.   

Tal propuesta comporta un yerro ostensible en  virtud  de la naturaleza opuesta de las causales primera y tercera de casación,  en  tanto  una  tiene como fundamento un error de juicio en el que  incurre  el    fallador,    vicio   in   iudicando,  al  cabo  que  la  otra  tiene  que  ver con un error atinente al  procedimiento,    yerro   in   procedendo.   Los  efectos, consiguientemente, no son los mismos, pues de  demostrarse  un  yerro  edificado sobre la causal primera se deberá proferir el  fallo  que deba reemplazarlo, mientras que, si se logra lo mismo con la tercera,  en  principio, se debe decretar la nulidad de la actuación procesal salvo, como  lo  señala  el  artículo  217,  numeral  tercero, comprometa exclusivamente el  fallo,  a  lo  que  se  agrega que ello también depende del tipo de defecto que  acuse, tal como lo ha precisado esta Sala.   

En todo caso, lo que importa subrayar para el  evento   objeto  de  estudio,  es  que  haber  involucrado  en  el  mismo  cargo  fundamentos  de dos causales de casación, implicó la vulneración del referido  principio  de  autonomía  que  regula  el  recurso  extraordinario  lo cual, en  consecuencia,  atenta  contra  la claridad y precisión a que refiere el numeral  3° del artículo 212 del estatuto procesal penal.   

También  se  desconoció  el  principio  de  prioridad,  porque  no  sólo bastaba con que los motivos tendientes a demostrar  la  ilegalidad del fallo se plantearan en forma separada y con indicación de la  subsidiariedad  en  caso  de  ser  excluyentes,  sino  que,  adicionalmente, tal  propuesta  debía,  según ya se anotó, presentarse de acuerdo con la cobertura  procesal  que generaban.  Era claro, en consecuencia, que los reproches que  el  actor  construyó  en  relación  con  la falta de motivación, que tocó al  final,   tenían  carácter  prevalente  frente  a  las  demás  temáticas  que  introdujo              en              la              única              tacha  propuesta.           

A  lo  anterior  se  suma que ninguno de los  argumentos  que  plantea el actor encuentra eco en la causal que selecciona para  emprender  el  reproche.   El  demandante  insiste  en que la censura   tiene   soporte   en   la   causal   primera   de   casación  por  “violación    directa   de   la   ley   sustancial”,  no  obstante, en las dos primeras partes o etapas de su escrito a  pesar  de que sostiene que en lo relacionado con la inocencia de su prohijado si  bien   no   comparte   los   fundamentos  del  fallo,  por  cuanto  “no    es   ya   la   oportunidad   de   debatirlas”,  en  el desarrollo, cuando toca lo concerniente con la adecuación  típica,  tanto  de  la  conducta contra la administración pública, como en lo  que  alude  sobre  la falsedad personal, cuyo soporte radica en que el procesado  no  ostentaba  la  condición de sujeto activo calificado, simplemente se aparta  de los contenidos fácticos y probatorios declarados en el fallo.   

Cuando  de desarrollar violación directa de  la  ley sustancial, como en forma reiterada lo ha manifestado esta Corporación,  el  actor  está compelido a respetar los fundamentos fácticos y probatorios de  la  decisión  impugnada  para así concentrar su atención exclusivamente en el  error  de juicio que sin mediación alguna recae sobre la norma sustancial, pues  si  pretende  ventilar discusiones en derredor de la apreciación de la prueba o  de  los  supuestos fácticos del fallo, para tal propósito cuenta con la causal  que  por  antonomasia está prevista para ello, esto es, la violación indirecta  de la ley sustancial.    

Pues  bien,  el  censor  con  el  objeto  de  estructurar  su  pretensión se aparta de un aspecto declarado en el fallo, como  lo   fue   la   condición   de   sujeto   activo   calificado  de  LUIS    FERNANDO    SAID    LOZANO,   en  consecuencia,  el  reproche,  en  la forma como lo desarrolla, por manera alguna  era   viable   bajo  los  lineamientos  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

Mucho  menos el ataque que desarrolla en las  etapas  tres y cuatro del libelo tiene relación con la causal propuesta, cuando  allí  advierte  unas  supuestas faltas de motivación del fallo recurrido, cuya  senda  apropiada  de  discusión,  como  ya se dijo en precedencia, es la causal  tercera de casación.   

Así las cosas, se concluye de lo dicho, que  en  la  demanda objeto de examen no se respetan principios como el de autonomía  y  consiguientemente  el de prioridad que gobiernan este recurso extraordinario,  al  proponer  dentro  de un mismo cargo aspectos diversos conceptualmente y que,  incluso,  tienen asidero en causales de casación diversas;  por otro lado,  ninguno  de los puntos que en forma atropellada propone, tienen relación con la  causal  que  invoca,  violación  directa  de  la ley sustancial, al discutir en  torno  de  los fundamentos fácticos y probatorios declarados en los fallos y al  aludir  a  errores  de procedimiento, todo lo cual repercute en menoscabo de los  presupuestos  contenidos  en  los  numerales  3°  y  4°  del artículo 212 del  estatuto     procesal     penal.           

          Por  todo  lo anterior, es evidente que la decisión que corresponde  adoptar  es  la  de inadmitir la demanda y devolver el expediente al despacho de  origen,     como    lo    indica     el    artículo    213    ibídem, dado que no reúne los requisitos  formales.   

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de  LUIS FERNANDO SAID  LOZANO,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Impedido  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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