21266(17-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21266  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 23  

          Bogotá,  D.  C.,  diecisiete  (17)  de  marzo  del  dos  mil cuatro  (2004).   

VISTOS  

          La  Sala  se  pronuncia sobre la demanda de revisión presentada por  el  apoderado  del  señor  Ramiro Pacheco.   

ANTECEDENTES  

          1.  El  11  de octubre de 1992, Luis Francisco Jaimes Hernández, en  compañía  de José Numa Bermúdez Gamboa, y a bordo de su vehículo, salió de  la  finca “La Primavera”, ubicada en la vereda “La Barca”, del municipio  de  Durania  (Norte  de  Santander),  con  destino  a Cúcuta. En el camino, fue  interceptado  por  varios  hombres  armados,  quienes  tras  retirar del lugar a  Bermúdez  Gamboa,  privaron  de  la  libertad  a  Jaimes Hernández, a quien se  llevaron  en el automotor. Por su liberación exigieron cien millones de pesos y  finalmente  fueron  cancelados  seis. Largo tiempo estuvo desaparecido el señor  Jaimes.  Después  de un año su cuerpo sin vida fue hallado en un sitio cercano  al de los hechos.   

          Desde  un  comienzo,  lo  ocurrido  fue puesto en conocimiento de la  justicia.  Un  rastreo  telefónico permitió establecer que una de las llamadas  extorsivas  se  había  originado en una oficina de “Telecom”, realizada por  Ramiro   Pacheco.  En  las  dependencias  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS), el señor  Bermúdez   Gamboa  señaló  una  fotografía  correspondiente  a  Pacheco,  a  quien determinó como uno de  los  participantes  en el hecho, afirmación corroborada por la explicación que  dio   sobre   una   cicatriz   que   tenía   el   reconocido  en  unos  de  sus  dedos.   

          2.  Adelantado  el  proceso,  mediante  sentencia del 16 de enero de  1996  un Juzgado Regional de Cúcuta condenó a Ramiro  Pacheco  a  la pena principal de 26 años y 8 meses de  prisión,  como  autor  del delito de secuestro extorsivo agravado. El fallo fue  ratificado  por  el Tribunal Nacional el 19 de junio siguiente, aunque modificó  la sanción, que fijó en 25 años.   

          3.   El   condenado   Pacheco designó defensor y éste acudió a la revisión.   

LA DEMANDA  

          El  apoderado  invocó  las  causales 3ª.  y  5ª. del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal. Quiso desarrollarlas así:   

          1.  No  existía prueba para condenar, pues su poderdante no es más  que un homónimo de quien realizó la llamada telefónica.   

          2.  No  hubo investigación integral, no se notificó el trámite de  la  instrucción  al  procesado  ausente  y  no  fue considerado el principio de  favorabilidad,  todo  en  detrimento  de  los  derechos  de  defensa y al debido  proceso.   

          3.  De las declaraciones extraproceso que aporta, rendidas por José  Elver  Gómez  Nova,  Cornelio  Galvis Mendoza, Pablo Ortega Niño, José Eliseo  Gallo  Villamizar  y  Domingo  Cáceres,  se  desprende  que el primero de ellos  laboró  con  el  sindicado desde 1992, y que los otros son contestes en afirmar  que   en   octubre   de   1997   Pacheco  sufrió un accidente que mutiló su dedo índice izquierdo, motivo  por el cual para el momento del secuestro no tenía lesión alguna.   

          4.  El  reconocimiento  fotográfico  es  falso,  porque  José Numa  Bermúdez  Gamboa  señaló  una fotografía que no correspondía a su asistido,  lo   que   aspira  acreditar  con  el  aporte  de  una  placa  que  –dijo-  era  de  esa  época,  y con la  conclusión  de  que  el DAS no podía tener fotos del acusado pues nunca había  delinquido.   

          5.  Bermúdez  Gamboa  faltó  a  la  verdad  en  sus declaraciones.  Primero,  no  pudo precisar  cuál era el dedo deforme del agresor, y luego  se     refirió    al    índice    –izquierdo-. Mientras tanto, el sentenciado es diestro.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  inciso segundo del  artículo  223  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Sala inadmitirá la  demanda. Las razones son las siguientes:   

1.  El  accionante  citó  las  causales     3ª.     y     5ª.    de  revisión.   

La  sentencia  del  Tribunal  Nacional  fue  proferida  el  19 de junio de 1996. Para ese momento regía el artículo 232 del  Decreto  2700  de  1991, cuyo texto era idéntico al del artículo 220 de la Ley  600  del  2000  (Código  de  Procedimiento  Penal vigente en la actualidad). De  conformidad  con  los  números  3  y  5  de  tales disposiciones, la acción de  revisión procede   

“3.  Cuando  después  de  la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos o surjan pruebas, no conocidas al tiempo  de   los   debates,   que   establezcan   la   inocencia  del  condenado,  o  su  inimputabilidad…”,   

y  

“5.  Cuando  se demuestre, en sentencia en  firme,  que  el  fallo objeto de pedimento de revisión se fundamentó en prueba  falsa”.   

2.  En su petición, el demandante no cumple  las  exigencias  previstas en los numerales 3 y 4 del artículo 222 del estatuto  adjetivo.  No  discrimina  los  fundamentos de hecho y de derecho que apoyan las  causales  postuladas,  ni  aporta  los  elementos  de juicio demostrativos de la  infracción.   

3.  Gran  parte  del estudio defensivo es un  cuestionamiento  del  trámite procesal en las dos instancias, como se desprende  de  las  mismas  palabras  del  actor,  quien  hace hincapié en la ofensa a los  principios  de  investigación  integral, in dubio reo  y favorabilidad.   

Aparte  que  en  el  último  supuesto  no  relaciona  las  normas  en  conflicto  por  razón  del  tránsito  legislativo,  concluye  que  su  acudido fue juzgado con infracción de sus derechos al debido  proceso  y  a  la  defensa, y que, además, las pruebas carecen de eficacia para  condenar.   

Con  ello  simplemente  busca  que de manera  extraordinaria   sea  reabierto  el  debate  probatorio  normal  -hace  bastante  culminado-  y  que  en  forma elemental la Corte se erija en una instancia más,  terreno  vedado pues la revisión no está prevista para adelantar otra disputa,  sin más, sobre las evidencias.   

4.    En    materia    de   causal  tercera, parece que el demandante  quiere   presentar   dos   hechos  nuevos.  Y  se  dice “parece”, porque no ofrece suficiente claridad al  respecto. Expresa:   

a)  Para  el  momento  del delito, el señor  Ramiro Pacheco se encontraba  trabajando,  afirmación  que  se  comprueba con la declaración extrajuicio que  rindió  el  17 de junio del 2003 José Elver Gómez Nova en la Notaría Primera  de    Cúcuta.    Dijo    el    “testigo”    que    en   1992   Pacheco  laboraba  en una mina y cumplía  una  de  tres  jornadas: de 4:00 de la mañana a 12:30 de la tarde; de 12:00 del  medio  día  a  8:30  de  la  noche,  y  de  8:00  de  la  noche  a  4:00  de la  madrugada.   

A  simple  vista  la versión es muy frágil  pues  nada  precisa  sobre cuál de esos tiempos cumplía el condenado, ni sobre  si   el   día   de  los  hechos  Pacheco  estuvo  trabajando,  si  dejó  de hacerlo o si contaba con algún  lapso   de   turno   que   le   permitiera  haber  intervenido  en  la  conducta  delictiva.   

b)  Para  el  momento  de  los  hechos,  el  sentenciado  no  tenía  la  cicatriz señalada por el testigo de cargo. Esto se  demuestra  con  las  declaraciones  extraproceso  rendidas  por  Cornelio Galvis  Mendoza,  Pablo  Ortega  Niño, José Eliseo Gallo Villamizar y Domingo Cáceres  Pedraza,   quienes   afirman   que   el  10  de  octubre  de  1997  –5   años  después  de  la  conducta  punible-,   Ramiro  Pacheco  sufrió  un accidente de trabajo, como consecuencia del cual sufrió amputación  de    varias    falanges,    y    que   antes   de   tal   suceso   Pacheco  “presentaba  sus manos y dedos  normales sin ninguna clase de fisuras”.   

Aparte   de   que   las  palabras  de  los  “testigos”  sean ciertas o no, lo evidente es que el propio actor resta toda  fuerza  a las piezas que denomina “prueba nueva”, porque él mismo aportó a  las   diligencias   copia   de   la   cédula  de  ciudadanía  de  Ramiro  Pacheco,  expedida el 24 de marzo  de  1987 –5 años antes del  secuestro-,  en  la cual consta que como señal visible tenía una “Cic. Pulg.  Anul.  Izqs”. Basta ojear los folios del expediente para percibir de inmediato  la total falta de robustez de la “prueba nueva”.   

Es  claro,  entonces,  que  las  “pruebas  nuevas”  no  acreditan ningún “hecho nuevo” y que, por tanto, ni siquiera  sumariamente restan eficacia a las conclusiones judiciales.   

5.   Tratándose   de   la   causal  quinta, la ley procesal exige que  “la  falsedad”  de  la  “prueba”  que  ha  sido  soporte del fallo esté  demostrada mediante “sentencia en firme”.   

Sin  embargo,  el  demandante no recuerda el  punto  ni  aporta  las  decisiones  ejecutoriadas  que  comprueben  el carácter  espurio  de  los  medidos  probatorios que sirvieron de apoyo a la sentencia. El  actor sencillamente conjetura sobre el tema.   

Con base en lo expuesto, la Sala de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

Inadmitir   la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  del  señor Ramiro Pacheco.   

Esta   decisión   no   admite   recursos.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                              ÁLVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTLLA                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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