20453(31-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20453  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

                                    Aprobada Acta N° 27.   

Bogotá,  D.  C., marzo treinta y uno (31) de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Procede   la  Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de  JOSÉ GUSTAVO PINZÓN BAUTISTA, GUSTAVO FAJARDO NOVA y  JOSÉ  JAIRO  RICO AVILA, quienes fueran condenados por  el  delito de hurto agravado en sentencias anticipadas proferidas por el Juzgado  13 Penal del Circuito y el Tribunal Superior de Bogotá.   

  HECHOS  

          De  acuerdo  con  las  pruebas  acopiadas, se tiene que JOSÉ  GUSTAVO  PINZÓN BAUTISTA, GUSTAVO FAJARDO NOVA y JOSÉ JAIRO  RICO  AVILA con otras personas, entre ellas el celador  FARITH       LARA      FAJARDO,      acordaron  perpetrar  un  hurto  en el edificio de la carrera 14 N°  79-60  de  esta  ciudad. Para ello, la noche del 11 de mayo de 2001 penetraron a  varias  oficinas,  entre ellas, a la N° 202, según su propietaria GINA  PATRICIA  CASTILLO  CARREÑO forzando  la  puerta  de  entrada,  sustrajeron  equipos  de  oficina  como  computadores,  impresoras,  fax  y otros elementos avaluados por ella  en $74.070.160, los  cuales  fueron  sacados  en bolsas plásticas transportadas en varios vehículos  automotores  al  igual  que  elementos  de  propiedad  de otras personas (Blanca  Nieves   Galindo   y   Orlando   Infante   Cárdenas,   según   informe  de  la  SIJÍN).   

ACTUACIÓN   PROCESAL   

          Vinculados  JOSÉ GUSTAVO PINZÓN BAUTISTA,  GUSTAVO  FAJARDO  NOVA  y JOSÉ JAIRO RICO AVILA a este  proceso  a  través  de  indagatoria,  la Fiscalía 153 Seccional de Bogotá con  fecha  12  de  julio  de  2001,  sin  pronunciarse sobre la violencia de que dio  cuenta  la  denunciante GINA PATRICIA CASTILLO CARREÑO  y  las  demás  personas  afectadas  con  la  conducta  punible,  les  dictó  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva como  presuntos   coautores   del   delito   de   hurto   agravado   por  la  cuantía  “y   numeral   9  del  artículo  351  del  C.P.”  de   que   fuera  víctima  la  señora  CASTILLO  CARREÑO, medida que en ese mismo  pronunciamiento  sustituyó  por  detención  domiciliaria,  con  excepción del  vinculado  PINZÓN BAUTISTA y  el   coprocesado   FARITH   LARA  FAJARDO.   

Atendiendo   solicitud   elevada   por  el  Ministerio  Público,  la  mencionada  Fiscalía  con  fecha 27 de julio de 2001  revocó  la  medida  de  aseguramiento  proferida  contra  los  procesados antes  mencionados,  al considerar que de acuerdo con el artículo 357 de la Ley 600 de  2000  no  era  necesario  resolver situación jurídica de los sindicados por el  delito  de  hurto agravado “por la confianza y por la  cuantía”.   

Con  fecha  16  de  agosto  de  2001,  en el  trámite  de  sentencia  anticipada  la  misma  Fiscalía formuló cargos por la  conducta  punible  de  hurto  agravado  por  las circunstancias previstas en los  numerales   9°   (“por  haber  sido  de  noche”)  y  10°  (“por ser cometido  por  más  de  dos  personas  que se hubieren reunido o acordado para cometer el  hurto”)  del artículo 351 del Decreto 100 de 1980 y  por   la  cuantía,  numeral  1°  del  artículo  372  ejusdem,  imputación  y  responsabilidad   que  los  procesados  JOSÉ  GUSTAVO  PINZÓN  BAUTISTA,  GUSTAVO  FAJARDO  NOVA  y JOSÉ JAIRO RICO AVILA aceptaron.   

Correspondió  al  Juzgado  13  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  conocer del asunto y el 8 de octubre siguiente condenó a  los  acusados  JOSÉ GUSTAVO PINZÓN BAUTISTA, GUSTAVO  FAJARDO  NOVA  y  JOSÉ  JAIRO  RICO AVILA a la pena de  cuarenta  (40)  meses  de prisión, a la accesoria de interdicción en ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un período igual al de la pena privativa  de  la  libertad  y  a  pagar  mil  quinientos  (1.500) gramos oro a favor de la  ofendida       GINA       PATRICIA       CASTILLO  CARREÑO    por   indemnización  de  perjuicios  materiales,  les  negó  la  condena  de  ejecución  condicional  y la prisión  domiciliaria,  al hallarlos coautores penalmente responsable del delito de hurto  agravado  por la cuantía “y por haberse realizado de  noche”,  excluyendo  la circunstancia de agravación  del  numeral  10  del  artículo  351  del  Decreto  100  de 1980, al considerar  equivocadamente  que la misma no se tuvo en cuenta en la formulación de cargos.   

También  negó  a los acusados la rebaja de  pena   por   confesión   al  considerar  que  esta  no  se  dio  en  tanto  que  “cada  uno  de los comprometidos intentó desfigurar  su  compromiso  penal en estos aconteceres intentando culpar a los otro hasta el  punto de hacer cargos directos.”   

Contra  la sentencia anterior el defensor de  los  procesados  interpuso  el  recurso de apelación el cual resolvió el 17 de  mayo  de  2002  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmando el fallo recurrido,  con  la modificación de fijar en treinta y seis (36) meses y diez (10) días la  pena  de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones  públicas,  como  coautores  penalmente  responsables  de  la  conducta  punible  descrita  en los artículos 349 y numeral 10° del 351 del Decreto 100 de 1980 y  numeral  1°  del  artículo  267  de  la  Ley 599 de 2000  “que  describen  el  hurto  agravado por la cuantía y por haber sido  cometido  por  dos  o  más  personas”, excluyendo de  esta  manera  la  circunstancia  de  agravación  prevista en el numeral 9° del  artículo  351 del Código Penal anterior, por cuanto la misma no la describe la  Ley 599 de 2000.   

Igualmente  negó  la  rebaja  de  pena  por  confesión   en   tanto  que  la  vertida  por  los  inculpados  “no  fue  trascendental  en  la  demostración de la responsabilidad,  toda  vez que existían elementos de prueba suficientes con los cuales se podía  establecer la misma.”   

El  defensor  de los procesados JOSÉ  GUSTAVO  PINZÓN BAUTISTA, GUSTAVO FAJARDO NOVA y JOSÉ JAIRO  RICO   AVILA   interpuso   y   sustentó  el  recurso  extraordinario de casación contra el fallo de segunda instancia.   

  LA  DEMANDA   

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  primero,  el  demandante acusa la sentencia proferida por el  Tribunal  de violación directa de la ley sustancial al transgredir la garantía  de    la    reformatio    in    pejus   prevista  en  el  artículo  31  de  la Constitución Política y la  reducción  de  pena  por  confesión de que trata el artículo 283 del estatuto  procesal penal.   

En  la  demostración  de  la  censura   afirma  que en el acta de formulación de cargos para sentencia anticipada a sus  prohijados  no  se  les  endilgó la circunstancia de agravación prevista en el  numeral  10° del artículo 351 del Decreto 100 de 1980, esto es, por haber sido  cometida  la  conducta punible por más de dos personas. Sin embargo, el ad quem  si  bien reconoció que no existía en la nueva normatividad la circunstancia de  agravación  del  delito  de  hurto  por haberse cometido de noche, modificó la  pena  para  imputar la agravante primeramente mencionada, la cual no sólo no se  imputó  sino  que no de demostraba, con lo cual transgredió la garantía de la  no reforma en perjuicio.   

En  relación  con  la  rebaja  de  pena por  confesión,  manifiesta  el  libelista que los jueces de instancia la negaron no  obstante   que  sus  defendidos  de  manera  libre  y  voluntaria  aceptaron  su  participación  en la conducta punible que dio origen al proceso, dando muestras  de  colaboración hacía la justicia que en esas condiciones se convirtió en el  fundamento   de   la   sentencia   por   lo   que  debieron  otorgar  la  rebaja  correspondiente.   

Por  lo  anterior,  solicita  que  se  case  parcialmente   la  sentencia  impugnada  y  se  fije  la  pena  que  en  derecho  corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Esta  Sala  ha  sido  insistente  y  reiterativa  en señalar que el  recurso  extraordinario  de casación, en tanto que no constituye sede adicional  para  continuar  el  debate  probatorio  que  sobre los hechos investigados y la  responsabilidad  del  procesado se cumplió en las instancias, que concluyó con  el  proferimiento  del  fallo  de  segundo  grado, exige para la admisión de la  demanda  que  el  sujeto  procesal  que en ejercicio del derecho de impugnación  acude  a  este  mecanismo observe las exigencias formales que la ley ha previsto  para  ello,  en  tanto  que  de  lo que se trata es de demostrar a través de un  juicio  técnico  jurídico que la declaración de justicia allí contenida, que  llega  a  esta  sede  amparada de la dual presunción de acierto y legalidad, se  sustentó  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  ostensibles y relevantes o se  profirió  en  un juicio viciado de nulidad, ocurrencias una y otra que reclaman  para sí el necesario correctivo.   

Por  tanto, cuando en el libelo impugnatorio  se  desatienden  los  requisitos señalados en la normatividad llamada a regular  el  caso  concreto  (artículo  212  de  la Ley 600 de 2000), y fundamentalmente  cuando  se  soslaya  aquélla exigencia relacionada con la adecuada formulación  de  los  cargos  y  se  omite  señalar con la claridad y precisión debidas sus  fundamentos,  la  consecuencia  procesal  inmediata  no  puede  ser  otra que su  inadmisión según así lo establece la referida norma.   

A  partir  del anterior marco conceptual, lo  primero  que  se  advierte  es  que en la demanda que concita la atención de la  Sala  se  acierta  en la identificación de los sujetos procesales, la sentencia  objeto  de  impugnación,  la  síntesis  de  los hechos materia del juicio y el  resumen  parcial  de  la  actuación del proceso, pero igual no acontece con los  restantes  requisitos  ya  que  si  bien  se  señala  como causal la primera de  casación,   cuerpo   primero,  no  se  procede  para  su  desarrollo  bajo  los  presupuestos  de  precisión  y claridad requeridos para la demostración de las  censuras.   

Antes  de  tratar  los aspectos formales del  libelo,  resulta  pertinente  destacar  que  al  libelista  le  asiste  interés  jurídico,   pues   en  “punto  de  la  impugnación  extraordinaria  de fallos anticipados realizada durante la vigencia del derogado  estatuto  procesal  penal,  tiene dicho la Sala que en virtud de lo dispuesto en  el  artículo  37  B  del referido ordenamiento, que restringía el interés del  procesado  y  de  su  defensor  para  interponer  el  recurso  de  apelación  a  cuestionar   exclusivamente  la  individualización  judicial  de  la  pena,  el  subrogado  de  la  condena de ejecución condicional y la extinción del dominio  sobre  bienes, tal restricción se hacía extensiva al recurso de casación, sin  que entonces resultara viable plantear temas diversos.   

“Lo expuesto se encuentra ahora consagrado  en  el  inciso  10° del artículo 40 de la Ley 600 de 2000, precepto al que fue  adicionada  la posibilidad de censurar las decisiones referidas a los mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad y a la indemnización de  perjuicios”1.   

Al    cuestionar    exclusivamente    la  individualización   judicial  de  la  pena  que  finalmente  se  impuso  a  sus  procurados,  en  la  forma  antes  expuesta,  es  claro  que la defensa técnica  ostenta    pleno    interés   jurídico   para   acudir   a   la   impugnación  extraordinaria.   

En relación con el cargo formulado al amparo  de  la causal primera de casación, cuerpo primero, el demandante expresa que la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  es  violatoria  de una norma de derecho  sustancial  por  transgresión  directa de los artículos 31 de la Constitución  Política y 283 del estatuto procesal penal.   

Cuando  en  casación  se  alega  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro  del  fallador surge de la falta de  aplicación,  la  aplicación  indebida  o la interpretación errónea de la ley  sustancial,  caso  en  el  cual  el  demandante  debe  aceptar  los  hechos y la  valoración  probatoria  efectuada  por  el sentenciador, planteando entonces un  enjuiciamiento estrictamente jurídico.   

En otras palabras, la Sala tiene definido que  quien  demanda  una  sentencia  por  violación  directa de la ley sustancial en  cualquiera  de  sus tres modalidades (falta de aplicación, aplicación indebida  o   interpretación   errónea),  debe  demostrar,  sin  desconocer  los  hechos  plasmados  en el fallo y sin discrepar de la forma como el juzgador los declaró  probados,  que  entre las partes motiva y resolutiva de la providencia no existe  armonía.   

Al   recurrente   le  resultaba  imperioso  acreditar,   mediante   la   confrontación   objetiva  de  esos  dos  elementos  constitutivos  de  la  sentencia,  que entre ambos, en lugar de un nexo lógico,  existía  falta  de correspondencia. Sin embargo, el demandante no establece que  el  Tribunal  en  la  motivación  del  fallo,  hubiera  reconocido  sin lugar a  equívocos  que  la circunstancia de agravación punitiva prevista en el numeral  10°  del  artículo  351de Decreto 100 de 1980 por haberse cometido la conducta  punible  “por  dos  o  más personas que se hubieren  reunido  o  acordado  para cometer el hurto” no sólo  no  fue imputada en el acta de formulación de cargos sino que no se acreditaba,  y,  pese  a  ello,  incrementó  la  pena  por  tal  motivo.  O  que en la parte  considerativa  reconoció  que  se  cumplían  los  requisitos  a  que  alude el  artículo  283  del  estatuto  procesal  penal,  y,  no  obstante ello, dejó de  aplicar la rebaja de pena por confesión.   

Por  el  contrario,  atentando  contra  los  requisitos  de  claridad  y  precisión, el libelista abandonó los linderos del  cargo  por  violación  directa  propuesto,  para  en su lugar, desconociendo el  carácter  limitado  y  rogado de la impugnación extraordinaria, oponerse a los  hechos  y  a  la  valoración  probatoria  efectuada por el Tribunal, negando la  imputación  y  demostración  de la circunstancia de agravación de la conducta  punible  de  hurto  antes  mencionada  y  la ausencia de los requisitos para que  operara  la  rebaja  de pena por confesión, puntos que ha debido abordar con la  debida  fundamentación  en  cargo  separado,  omisión  que  la  Corte no puede  reemplazar en virtud de los principios antes mencionados.   

Así  las  cosas,  en  tanto que la Corte no  puede  suplir  las  deficiencias ni corregir las imprecisiones de la demanda, se  impone  su inadmisión, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 212 y  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conlleva la consecuencia  procesal  de  declarar desierta la impugnación, mediante decisión que adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  en  que  es  suscrita  y  no  admite  recurso alguno.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación presentada  en  defensa  de  los  procesados  JOSÉ GUSTAVO PINZÓN  BAUTISTA,   GUSTAVO   FAJARDO  NOVA  y  JOSÉ  JAIRO  RICO  AVILA,  por las razones señaladas en la anterior motivación.   

Contra   esta   providencia   no   procede  recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE              ANÍBAL             GÓMEZ  GALLEGO              ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                  

ÉDGAR                       LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN        

MARINA               PULIDO               DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID         RAMÍREZ        BASTIDAS                    MAURO                     SOLARTE  PORTILLA         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1 Sent.  Cas. May.15/03, rad. 16352, M.P. Marina Pulido de Barón.     

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