21252(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 21252  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                           Magistrada  ponente:   

                                      MARINA PULIDO DE BARÓN   

Aprobado Acta N° 58  

Bogotá, D. C., junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la apoderada de la Parte Civil,  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Medellín, por cuyo  medio  revocó el fallo condenatorio proferido por el Juzgado Penal del Circuito  de  Girardota  y  en  su  lugar  absolvió  a HERMINZUL  OBANDO  CASTAÑO, de la acusación que se profirió en  su  contra  como  presunto  autor responsable del delito de homicidio culposo en  Gustavo   de   Jesús   Patiño   Zapata.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  hechos  tuvieron  ocurrencia  en  comprensión del municipio de  Girardota,  el  1º  de  mayo de 2001, aproximadamente a las 3 de la tarde, a la  altura  de la carrera 14 entre calles 5 y 5 A, cuando el vehículo tipo campero,  marca   Chevrolet   Samurai,   de   placas   BCP-288,  guiado  por  HERMINZUL   OBANDO  CASTAÑO  impactó  la  humanidad   del   señor  Gustavo  de  Jesús  Patiño  Zapata, quien de forma inmediata fue trasladado por el  conductor  a  la  Policlínica  Municipal,  en  donde  a  causa  de las lesiones  sufridas perdió la vida momentos después.   

Abierta la instrucción mediante resolución  de  septiembre  24  de  2001,  la  Fiscalía  Delegada ante el Juzgado Penal del  Circuito  de  dicho  municipio,  vinculó  mediante  indagatoria  a HERMINZUL   OBANDO   CASTAÑO.   Una  vez  clausurada  la  investigación, dictó en su contra resolución de acusación de  fecha  abril  5  de 2002, como autor responsable del delito de homicidio culposo  contemplado en el artículo 329 del anterior estatuto penal.   

          La  fase  del  juicio correspondió adelantarla al Juzgado Penal del  Circuito  de  Girardota,  despacho  que  una  vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  de  fecha  noviembre  21  de  2002, por cuyo medio condenó al  procesado  a  las  penas de prisión de veinticuatro (24) meses, multa de un mil  pesos  ($1000), suspensión de la actividad de conductor por un (1) año, y a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de la pena privativa de la libertad.   

Igualmente, lo condenó a pagar los daños y  perjuicios   morales   ocasionados  con  el  delito,  los  cuales  tasó  en  el  equivalente   a   “25   salarios  mínimos  legales  mensuales  a  cada  uno  de  los  herederos  reconocidos  legalmente”  y  le  concedió la suspensión condicional de ejecución de la  pena.   

          El  fallo  fue  apelado  por  la  defensa y el Tribunal de Medellín  mediante  sentencia  del 25 de febrero de 2003 absolvió al procesado, decisión  contra  la  cual  la  apoderada  de  la  Parte  Civil  reconocida  en el proceso  interpuso   “recurso   de  casación”.   

LA DEMANDA  

La  recurrente  formula  un  cargo contra el  fallo que postula y desarrolla así:   

Cargo Único: Violación indirecta de la ley  sustancial.   

“Acuso   la  sentencia  de violar la ley sustancial –comienza  por  señalar  la demandante- por  aplicación  indebida  del  art.  232  inciso  2º  del Código de procedimiento  –sic-    Penal  y  la  consecuente falta de aplicación del artículo 109 del  Código  Penal.  La violación se produjo al incurrir el fallador error de hecho  por  falso juicio de identidad por omisión total de unas pruebas y por omisión  parcial  de  otra.  De  no haber incurrido en tales omisiones el ad quem habría  tenido  el pleno convencimiento de que el procesado fue absolutamente negligente  y  descuidado, pues a plena luz del día, por una vía plana, recta y amplia, no  prestó  atención  a la presencia del peatón que caminaba delante suyo y en su  misma dirección, no obstante haberlo visto”.   

Seguidamente,  enuncia y analiza las pruebas  que    en   su   sentir   el   Tribunal   omitió   en   forma   “total”  concluyendo  que “de  haberlas  apreciado habría concluido que la causa eficiente del  accidente  fue que el vehículo conducido por el sindicado golpeó con su espejo  retrovisor  al  peatón  provocando  que  este cayera al piso sufriendo lesiones  cerebrales,  las mismas que horas después le determinaron la muerte”.   

Afirma,   también,  que  el  ad  quem  omitió en forma “parcial”  el  análisis de otros elementos de persuasión y  luego    de    referirse    a    los    mismos    afirma   que   “condujeron  al  Tribunal  de Medellín a un error de hecho por falta  de  identidad entre lo que las pruebas objetivamente dice y la conclusión a que  llegó   sobre  la  falta  de  prueba  para  atribuirle  la  responsabilidad  al  procesado.”   

Con base en lo expuesto, solicita de la Corte  casar  la  sentencia “y en sede de instancia confirme  integralmente  el fallo condenatorio proferido por el Juzgado Penal del Circuito  de Girardota”.   

INTERVENCION DEL NO RECURRENTE  

          El  actual  defensor  del  procesado,  aboga  porque  no  se case la  sentencia  y  para  ello  realiza  un  previo análisis de lo que en su concepto  corresponde  a  la  visión  “de la estructura de la  conducta  punible  culposa  a  la  luz de nuestro ordenamiento sancionatorio”,  para   concluir  que  “es  exigente  para hablar del punible culposo, en el evento preciso del homicidio de  tal  naturaleza,  tanto  de la omisión o falta aquél deber materializado en la  imprudencia  en  sus  manifestaciones  negligentes,  imperitas  o violatorias de  reglamentos   como   del   resultado   muerte,   además,  de  la  relación  de  determinación,  vale decir, que la imprudencia en sus distintas expresiones sea  la causa determinante de la misma”.   

          A   continuación,   con   referencia   a   las  pruebas  sobre  las  circunstancias   en   que  ocurrió  el  accidente,  señala  que  al  procesado  “no  se le puede endilgar falta de cuidado alguno en  la   conducción   de  su  vehículo  para  el  momento  del  accidente  y  como  consecuencia  lógica  jurídica, se imposibilita la atribuibilidad (sic)     a    éste    del    resultado  muerte”.   

          Adicionalmente,  sostiene que debe reconocerse la duda razonable que  emerge  del  proceso,  cuya aplicación debe hacerse a favor del acusado, por lo  cual   califica  de  inaceptables  los  planteamientos  de  la  demanda.  Luego,  cuestiona  la manera como la casacionista aborda la censura que dirige contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal, resaltado las incorrecciones en que en su  sentir  incurre,  para  solicitar  de  la  Corte,  finalmente,  que  mantenga su  vigencia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA:   

Desde  antes  de  la  reforma a la casación  adoptada   mediante   la   Ley   553  de  2000,  la  posterior  declaratoria  de  inexequibilidad  de  algunas de sus disposiciones y la entrada en vigencia de la  Ley  600 de 2000, la Sala ha venido sosteniendo que el recurso extraordinario se  debe  regir  por  la  ley  vigente  al momento de proferirse el fallo de segundo  grado,  pues  es  esa  decisión, la que es objeto de esta clase de impugnación  bien por la vía ordinaria ora por la excepcional.   

En  el  caso  que concita la atención de la  Sala,  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Medellín se profirió el 25 de  febrero  de  2003, fecha que delimita la norma aplicable tratándose del recurso  extraordinario  de  casación,  momento  para el cual regía la Ley 600 de 2000,  cuyo     artículo     205,     excepto     la     expresión    “ejecutoriadas”1,  lo  autoriza “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Tribunales  Superiores  de Distrito y el Tribunal Penal Militar, en los procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada pena privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aún cuando la sanción  impuesta haya sido una medida de seguridad.”   

El  inciso  3° del precepto que se acaba de  mencionar,  de  manera  excepcional  autoriza a la Sala de Casación Penal de la  Corte   para   admitir,  discrecionalmente,  una  demanda  de  casación  contra  sentencias  de segunda instancia distintas a las arriba mencionadas, a solicitud  de  cualquiera  de los sujetos procesales, cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos por la ley.   

Resulta claro, entonces, que en este caso, no  procede  la  casación  común, en consideración a que la pena prevista para el  delito  por  el cual fue juzgado el procesado, homicidio culposo (Decreto 100 de  1980,  artículo  329), tenía fijada pena de prisión que no excede de 8 años.   

En  consecuencia, para impugnar la sentencia  de  segunda  instancia  era  necesario  acudir  a  la  casación excepcional que  consagraba  el  inciso  tercero  del  citado artículo 205 del estatuto procesal  penal,   vigente   para  el  momento  en  que  se  dictó  el  fallo  impugnado.   

          En  tal  evento,  la jurisprudencia de la Sala ha venido sosteniendo  que  se hace necesario que el demandante exponga así sea de manera sucinta pero  clara  qué  es  lo  que  pretende  con  la  impugnación  excepcional, debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema jurídico  sobre  el  cual  considera se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por      parte      de     esta     corporación2.   

          Pronto  advierte  la  Corte  que  en  este  evento,  se interpuso el  recurso  extraordinario  de  casación contra una sentencia de segunda instancia  dictada  por  un Tribunal, por delito cuya pena no excede de 8 años, razón por  la  cual,  la  impugnación  sólo  podía  proceder por la vía excepcional, de  manera  que  era imprescindible para la demandante convencer a la Sala de que se  acreditaba   uno,   o  los  dos  motivos,  que  hacen  procedente  la  casación  excepcional.   

          No  obstante ello, la casacionista entró a plantear un cargo único  de  acuerdo  con  la  causal  primera, cuerpo segundo, sin asumir previamente la  demostración  de aquel requisito fundamental, lo que deviene insuficiente a los  propósitos  de  la  casación  excepcional,   pues  uno es el cargo que se  formula   dentro   del  marco  de  una   determinada   causal   y  otro   es  el  motivo  que  justifica  la  necesidad  de  ejercer  la   facultad    discrecional   de   abrir   la   puerta   de   la  impugnación  extraordinaria   a  un  asunto  que  ordinariamente  no  tiene  acceso  a  ella.   

          Por  ello,  los argumentos que sustentan la propuesta casacional han  de  estar  dirigidos  a  orientar  a  hacerle  ver  a la Sala la necesidad de su  pronunciamiento,  en  forma  tal  que si se trata de reclamar la garantía de un  derecho  fundamental,  al  casacionista le corresponde precisar los derechos que  fueron  desconocidos,  indicar  las  normas  constitucionales  y legales que los  protegen  y  la  determinación  que debe adoptarse para su salvaguarda. Y si el  motivo  invocado  es  el desarrollo de la jurisprudencia tendrá que puntualizar  el  tema  jurídico que requiere definición o precisión, sea porque es nuevo o  porque existen posiciones opuestas que deben ser unificadas.   

          Como   quiera   que   tales  presupuestos  fueron  omitidos  por  la  recurrente,  pues  ni siquiera atinó a solicitar formalmente la admisión de la  casación  excepcional  que era la procedente, de acuerdo con lo previsto por la  ley  en  la  forma  indicada,  ello impide a la Corte ocuparse de su libelo, que  así  no  será  admitido,  tal  como  lo  tiene  definido  la  Sala3.   

          En  consecuencia, como el líbelo no reúne los requisitos de forma,  ello  conduce  a la inadmisión de la demanda, de conformidad con lo previsto en  el  artículo  213  del  estatuto procesal penal, norma según el cual, si   “la demanda no reúne los requisitos, se inadmitirá  y se devolverá el expediente al despacho de origen.”   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada por la apoderada de la Parte Civil.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

          Cópiese,   notifíquese   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.  Cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                            

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS       

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  expresión  en comillas fue declarada inexequible  Corte Constitucional sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001.   

2  Radicaciones  20258,  Auto de agosto 27 de 2003, M.P.  Doctora  Marina  Pulido  de  Barón; 20327, auto de marzo 8 de 2004, M.P. Édgar  Lombana Trujillo.   

3  Radicación    19448,   auto   de   marzo   11   de  2003,   M.   P.   doctor   Jorge   Aníbal   Gómez  Gallego.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *