21248(21-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21248  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          Aprobado Acta No. 25   

Bogotá  D. C., veintiuno (21) de febrero de  dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Mediante  fallo del 25 de agosto de 2003, el  Tribunal  Superior  de Cali confirmó íntegramente la sentencia proferida el 16  de  enero  del  mismo  año  por el Juzgado Once Penal del Circuito de Cali, que  condenó  a  LUIS  GERARDO  PARODI  CHÁVEZ  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal,  a  la  pena  principal  de veintisiete (27)  años  y  seis  (6) meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por igual lapso; y le negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

El  defensor  del  implicado  interpuso  el  recurso  extraordinario;  y  la  demanda fue inadmitida por la Sala de Casación  Penal  con  auto  del  30  de noviembre de 2006. Empero, en dicha providencia se  dispuso  correr  traslado  a  la  Procuraduría  General  de la Nación para que  conceptuara sobre la legalidad de la pena accesoria.   

En  esta  oportunidad,  en  ejercicio  de la  facultad  otorgada  a  la Corte en el inciso final del artículo 216 del Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  la  Sala  emite  la sentencia de  casación que en derecho corresponda.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera por  el Tribunal Superior de Cali en la sentencia de segunda instancia:   

“Ocurrieron  el 5 de marzo de 2001, en el  barrio  Tierra  Blanca  de esta ciudad, mas concretamente en la carrera 48 Oeste  con  calle  11,  cuando  el señor Emilio Rincón Caicedo conducía un vehículo  llevando   como   pasajero   al  señor  Jhon  Jairo  Andrade  Valencia,  siendo  interceptados  en  dicha  carretera  por  dos sujetos quienes lo requirieron por  dinero  para  la  compra  de  estupefacientes,  el  señor Rincón Caicedo pasó  algunas  monedas  que  tenía,  pero  dicha cantidad les pareció irrisoria para  obtener  alcaloides,  procediendo quien le apuntaba con un changón (sic ) en la  cabeza  del  conductor, a insistirle por la suma de cinco mil pesos, la víctima  al  no  poseer  dicha  cantidad  ofreció  la  cadena de plata que colgaba en su  cuello,  así  que colocó su mano para deshacer el seguro de la cadena, momento  en  que recibió un disparo que le destrozó el cuello, alcanzándole igualmente  uno  de  sus  dedos.  Ante la situación acaecida el segundo sujeto reprochó al  primero  haber  accionado  el  arma y se alejaron del lugar. El pasajero ante la  situación   vivida  procedió  a  auxiliar  al  conductor  con  los  resultados  negativos que produjeron su deceso.” (Folio 197 cdno. 1)   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

1.   Adelantada   a   cabalidad  la  etapa  instructiva,  al  calificar  el  mérito  del  sumario,  el  28 de mayo 2002, la  Fiscalía  Veintiséis  Seccional  de  Cali dictó resolución acusatoria contra  LUIS  GERARDO  PARODI,  por  los  delitos de homicidio  agravado  (por  la  futilidad y la indefensión de la  víctima) y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  tipificados en los artículos 104 y 365 del  Código  Penal,  Ley  599 de 2000, que resultaba aplicable por favorabilidad, al  compararlo  con  el  Decreto 100 de 1980, que aún regía cuando se perpetró el  crimen. (Folio 397 cdno. 2)   

La resolución acusatoria no fue impugnada y  quedó  en  firme  después  de notificarse en el estado del 6 de junio de 2002.  (Folio 101 cdno. 1)   

2.  Al  culminar  la  fase  de  la causa, el  Juzgado  Once  Penal  del Circuito de Cali condenó a LUIS GERARDO PARODI CHAVEZ  por  los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal, a la pena  principal  de  veintisiete  (27)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo término, y adoptó las otras determinaciones indicadas  en la parte inicial de esta providencia.   

La  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  con  duración  de  27  años y 6 meses, fue  derivada  del  inciso  3°  del  artículo  52  del  Código  Penal (Ley  599 de 2000), que autoriza para esta  especie  de  sanción un tiempo igual al de la pena a que accede y hasta por una  tercera parte más, sin exceder el máximo fijado en la ley.   

3.  Al desatar la apelación interpuesta por  el  defensor,  con  fallo  del 25 de marzo de 2003, el Tribunal Superior de Cali  confirmó  íntegramente  la  decisión  de  primera  instancia  y sin objeción  alguna con relación al término de la pena accesoria.   

4. El defensor de LUIS GERARDO PARODI CHÁVEZ  interpuso  y  sustentó el recurso extraordinario de casación, cuya demanda fue  inadmitida  por  esta  Sala  de  la  Corte,  con  auto  del  30  de noviembre de  2006.   

Con  todo, al detectar irregularidades en la  dosificación   de   la   pena  accesoria,  se  ordenó  correr  traslado  a  la  Procuraduría Delegada para que expresara su criterio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora  Segunda  Delegada para la Casación Penal  diserta  sobre los principios de legalidad de las penas y de favorabilidad; y al  contrastar  esos  institutos  jurídicos  con  el devenir procesal, verifica que  ambos    fueron    vulnerados    en   el   presente  asunto,  en cuanto se refiere a la sanción accesoria  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas.   

Recuerda que a la  fecha     de     los     hechos     –5         de         marzo   de  2001-  aún  se  encontraba  vigente  el  Código  Penal,  Decreto  100  de  1980,  que  en  el  artículo 44  establecía  una  duración máxima de diez (10) años para la pena accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas; por lo cual, se extralimitaron  los  Jueces  al  fijar  la inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones  publica   en   veintisiete  (27)  años  y  seis  (6)  meses,  tomando   como  fuente  normativa  el  artículo  52  de  la  Ley  599  de  2000.   

En    consecuencia,   solicita   a   la  Corte     casar   parcialmente  y  de  oficio el fallo, para ajustar la  pena  accesoria  a la legalidad, como manera concreta  de reestablecer las garantías constitucionales del procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Razón  asiste  a  la  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal,  en  tanto  verifica  que los funcionarios  judiciales  se  equivocaron  en  la  dosificación de la pena de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas; y, por ende, es atinada su  solicitud  de intervención oficiosa de esta Sala, para ajustar aquella sanción  a los límites de la legalidad.   

1.   En  invariable  jurisprudencia,  esta  Corporación  ha  insistido  en  que  el  principio de  legalidad comprende no sólo la estricta reserva legal  en  la  creación  de los delitos y las penas; sino también, la prohibición de  aplicar  retroactivamente leyes desfavorables a los intereses del implicado y la  taxativa  e  inequívoca  descripción  de  los  elementos  que  estructuran  la  conducta punible.   

Como  en  el  caso  que  se  examina, por un  entendimiento  impreciso del principio de favorabilidad, se cometió un error en  la  en  las  operaciones  tendientes  a  cuantificar  la  sanción accesoria, se  casará  parcialmente  y  de oficio el fallo emitido por el Tribunal Superior de  Cali, como se indica a continuación.   

2.  Se  recuerda  que  en  las sentencias de  instancia  se  impuso  a  LUIS  GERARDO  PARODI CHÁVEZ, como pena accesoria, la  inhabilitación  para el ejercicio de derecho y funciones públicas por 27 años  y  6  meses, siguiendo el inciso 3° del artículo 52 del Código Penal, Ley 599  de   2000,   régimen  éste  que  empezó  a  regir  un  año  después  de  su  promulgación, esto es, el 25 de julio de 2001.   

En  esta materia se observa evidente exceso,  toda  vez  que por favorabilidad era aplicable el artículo 44 del Código Penal  de  1980,  vigente al tiempo de los hechos (5 de marzo  de  2001), que establecía diez (10) años de duración  máxima para la interdicción de derechos y funciones públicas.   

Con  relación a ese específico tópico, la  Sala  de Casación Penal, en sentencia del 28 de septiembre de 2006 (radicación 25539) acotó:   

“cuando  la  pena  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  se impone como accesoria a la de prisión, su  tiempo  de  duración  será  igual  a ésta, sin que pueda exceder de 10 años,  según  lo  establecen  los  artículos 44 (modificado por el 28 de la ley 40 de  1993  y  luego  por el 3° de la ley 365 de 1997) y 52 del Código Penal de 1980  aplicable al caso.   

En relación con este tópico, recientemente  la  Corte  precisó  que cuando la pena privativa de la libertad excede los diez  años  de  prisión,  no  resulta  aplicable  el artículo 52 del Decreto 100 de  1980.  Indicó,  además,  que,  en  dicha  hipótesis,  el artículo 44 ejusdem  (modificado  por  el 28 de la ley 40 de 1993 y luego por el 3° de la ley 365 de  1997),  no  faculta  al  juzgador  para  imponer  la interdicción de derechos y  funciones  públicas  por tiempo menor de diez años, prevalido de la expresión  ‘hasta’ allí utilizada.   

La genuina interpretación judicial, dijo la  Sala,  ‘conduce a entender  que  si  la  pena  principal  es  menor de diez años, la accesoria en cuestión  será  también  menor,  pero  que  si  la  pena principal es de diez años, por  ejemplo,  también  en  ese  rango  será  la accesoria, por contera, si la pena  principal  supera  los  diez  años,  por mandato del artículo 44 precitado, la  interdicción  será de 10 años, límite máximo, porque, la aplicación de las  normas  (52  y  44  del  Código  anterior)  en  cuestión obedece a un criterio  sistemático,    en    virtud   del   cual,   las   normas   no   pueden   obrar  aisladamente,   sino de manera complementaria, en función de un todo, que,  por   lo   mismo,   impide   aislarlas  para  su  cabal  aplicación’  (Cfr. sent. cas. julio 31/03,. Rad.  15063)”1.   

Por  consiguiente,  para  ajustar  la  pena  accesoria  a  la  legalidad, se declarará que LUIS GERARDO PARODI CHÁVEZ queda  condenado  a inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por el lapso de diez (10) años.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.  Casar   parcialmente  y  de  oficio  la  sentencia  del  veinticinco  (25)   de   marzo    de   dos   mil   tres  (2003),  proferida por el Tribunal  Superior          de          Cali.   

2.  Declarar que LUIS GERARDO PARODI CHÁVEZ  queda  condenado por los delitos de homicidio agravado  y   porte   ilegal   de   armas   de  fuego  de  defensa  personal  a  la  pena  principal  de veintisiete (27) años seis (6) meses de  prisión  y  a  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el lapso de diez (10) años.   

3.  En todos los  demás    aspectos    permanece    incólume    el    fallo   del   veinticinco         (25)        de        marzo    de   dos   mil   tres           (2003),  proferida  por el Tribunal Superior  de Cali.   

Contra  la  presente  sentencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

        Salvamento de voto   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO ENRIQUE          SOCHA           SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIS NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Como  lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  30  de  noviembre  de  2006, aquí obrante, hoy en día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda”  para realizar pronunciamiento de fondo por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental,  pues  así  se  prevé  en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de   la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy  de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema,  cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa  forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han  sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces, si así ha procedido, es decir, si  ha  casado  de  oficio sin contar ni conocer la opinión del Procurador Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de dictar la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al estudiar si  la  demanda  de  casación  reúne los requisitos de admisibilidad y después de  inadmitirla  ante  la  carencia  de tales requisitos, se dé lugar a un trámite  que la ley no prevé.   

En  otras  palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a  esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por  último,  debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En  tal  evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En cuanto sentencia de casación la que así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra de la misma naturaleza, también  debe  propender  por  el cumplimiento de los fines que la Constitución y la ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y la reparación de los agravios  inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos,  los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sent. Cas. agost.6/2003, rad. 16.680.     

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